GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

sábado, 30 de julio de 2011

PRIMO LEVI: SI ESTO ES UN HOMBRE.



UNIVERSO POESÍA.


FILOSÓFICAS.


Si esto es un hombre
Se questo è un uomo

Fragmento.

Autor: Primo Levi.


Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.



Primo Levi nació en la Ciudad italiana de Turín, 31 de julio de 1919 y falleció en la misma ciudad. Escritor italiano de origen judío sefardí, autor de memorias, relatos, poemas y novelas. Fue un resistente antifascista, superviviente del Holocausto. Su obra “Si esto es un hombre” es considerada como una de las más importantes del siglo XX.
Primo Levi fue entregado a la Gestapo en 1.944, en cumplimiento de las leyes de Benito Mussolini por ser de origen judío le correspondían la deportación y la muerte. El joven licenciado en Química sobrevivió gracias a sus conocimientos (los alemanes le emplearon como técnico-esclavo en una factoría de I. G. Farben) y a una escarlatina que estuvo a punto de matarle, pero le evitó una nueva y fatal deportación hacia Alemania cuando las tropas rusas llegaron a Polonia. La suya fue una supervivencia relativa.



Ladrones
por Primo Levi



Llegan de noche como hilos de niebla,
con frecuencia incluso en pleno día.
Inadvertidos, se introducen a través
de las hendiduras, de los huecos de las cerraduras,
sin ruidos. No dejan huellas
ni quebrados cerrojos, ni desórdenes.
Son los ladrones del tiempo,
líquidos y viscosos como sanguijuelas:
se beben tu tiempo y lo escupen
como si botaran inmundicia.
Nunca les has visto el rostro. ¿Tienen rostro?
Labios y lengua sí,
y dientes muy pequeños y afilados.
Chupan sin causar dolor dejando sólo una lívida cicatriz.

jueves, 28 de julio de 2011

La influencia africana en el idioma castellano. Americanismos y cultura afro.



OPINIONES.La influencia africana en el idioma castellano.

Americanismos y cultura afro.
Un español

nada casto.

La castidad de las lenguas no existe. Todas se nutren de sus predecesoras, de vocablos traídos de otros lugares o surgidos del habla popular. El lenguaje de Latinoamérica es sincrético, se nutre de muchas culturas, entre ellas la africana.

Por: Maruja Muñoz Ochoa.

“José Arcadio Buendía amaba la época en que el circo llegaba a Macondo” Gabriel García Márquez usa un vocablo de origen bantú, para designar el lugar donde se desarrolla “Cien años de soledad”. Según el autor de “Estudios lingüísticos hispánicos, afrohispánicos y criollos”, Germán de Granda, makondo en idioma bantú significa plantación de banano. Efectivamente, la cuna del Premio Nobel colombiano fue tierra de cultivos de plátano y crianza de ganado, donde estuvieron arraigados descendientes de africanos. “La sociedad abigarrada, multirracial, mulata, que describe García Márquez y que corresponde a la fisonomía de un territorio en el que indios, blancos y, sobre todo, africanos han vivido juntos durante varios siglos”, precisa De Granda. Y García Márquez, al rememorar su pueblo de Aracataca, revela la existencia de una hacienda vecina al lugar llamada Macondo.
Familia numerosa
Unas 750 lenguas de las más habladas en África, forman parte de la familia bantú, entre ellas el zulú y el xosa de Sudáfrica, el makua de Mozambique, el shona de Zimbabue, el bemba de Zambia, el kimbundu y umbundu de Angola, el swahili y sukuma de Tanzania, el kikuyu de Kenia, el ganda de Uganda, etc., habla original de millones de hombres y mujeres traídos en condición de esclavos a tierras europeas y americanas, a quienes se quiso extirpar su idioma, cultura y religión. Pero ellos supieron perpetuar su esencia mediante el sincretismo.

Fernando Romero en su libro “Quimba, Fa, Malambo, Ñeque” rescata unos quinientos vocablos que aportaron los africanos a Hispanoamérica. De allí que al saborear un delicioso cau cau, sin saberlo, usamos un vocablo de Guinea, kaukau, y otro del bantú: mondongo. Lo mismo si comemos una banana (aporte bantú a la lengua inglesa) o libamos un guarapo, no así ajiaco de origen nigeriano, ni tacu tacu del yoruba.

Rumba chévere
“Ahora sí la conga, señora Manonga y no se componga, que se desmondonga. ¡Vamos! Quien no vio bailar la conga no ha visto cosa buena y sabrosa”, relata Ricardo Palma en su tradición “La conga”, canto de aire africano que se bailaba como la zamacueca y que en lengua bantú: kong, significa montaña. Para el antropólogo y etnólogo cubano Fernando Ortiz, la explosión cultural de la diáspora africana se instala con la música y la religión en el continente americano, así como en España y Portugal donde, asegura, influyeron al flamenco más que la cultura mora.

La condición de comunidad marginal compartida por negros y gitanos originó una tácita solidaridad: “muchos desertores de la España oficial, entre ellos negros esclavos o libertos, eran acogidos por los gitanos, lo que debió favorecer la fusión de músicas. En el siglo XVI y siguientes, África invadió los pueblos de un lado y otro del Atlántico con sus tambores, marimbas y sambombas y con sus mojigangas, ñaques, gangarillas, bululúes y demás bailes e histrionismos que van a las procesiones, a los teatros, y a todo jolgorio popular”, dice Ortiz.

Mambo swahili
“Los instrumentos usados por las orquestas de hoy son, en su mayoría, un legado africano como las panderetas, sonajas, casi todos los instrumentos de percusión: tambores bata (usados para convocar a los orishas), bongó, marimba, o de viento como el banjo.

¿Sabrían los admiradores de Louis Armstrong que el jazz viene de la voz mandinga yas? El “Merengue apambichao” de la Sonora Matancera es un baile de Senegal donde merengue significa temblar, estremecerse como el enfermo de dengue, voz swahili. En los años 50 también hizo furor el chachachá, onomatopeya quimbundú del sonido de los cascabeles que las bailarinas de Angola usan alrededor de las piernas.

El colombiano Carlos Vives debe su fama a una música ancestral de la costa Caribe colombiana, fusión de ritmos indígenas y africanos. En el vallenato, salvo el germánico acordeón, los demás instrumentos son creación afrocolombiana: la guacharaca, instrumento musical de rascado, la caja, tambor pequeño cuyo parche se fabricaba con el buche del caimán y actualmente de cuero de chivo o carnero. El vallenato también se interpreta con guitarra, instrumento que los afrodescendientes adoptaron en sustitución del banjo.

Entre los atractivos de la fiesta de La Candelaria, en Puno, destacan las danzas saya, surgida del tun tun del tambor africano usado por los esclavos que trabajaban en las minas de Potosí.

Otras danzas afroaltiplánicas son la morenada y la diablada, comparsa mixta donde las mujeres cantan y bailan moviendo las caderas, hombros y manos, mientras que los hombres, guiados por el diablo mayor, ejecutan la música al son del bombo, originario del norte de África e introducido a las cortes europeas en el siglo XVIII.

El tango y la tanga
“...hace un tiempo que los negros de Malambo en lugar de marinera bailan tango” (Manuel Covarrubias).

Hacia 1810, casi la mitad de la población bonaerense era negra y como en toda América, la influencia africana en Argentina es tan notable como negada. El candombe fue perseguido y prohibido como aquí la zamacueca. Lo mismo ocurrió con su pariente sucedáneo, el tango.

Se denominaba tango a los lugares de concentración de africanos previo al embarque y al sitio donde, ya en tierra americana, se los ofrecía en venta. Eran igualmente tangos las sociedades de negros y sus bailes se convirtieron en la milonga (del bantú, que significa mezcla) y el tango porteño. A principios del siglo XIX, la melodía que dio fama a Gardel, era baile de hombres, típico de la cultura africana.

La chacarera y la payada, reciben también influencia africana. El lenguaje argentino desborda de términos afro como mina (mujer), mucama, quilombo, marote, mandinga, zamba, etc.

La tanga no es un invento de Carlos Ficcardi. “Esta voz que impropiamente se cree que ha comenzado a emplearse en el traje de baño femenino, en realidad vino a Sudamérica con los esclavos negros, como la única pieza de vestuario y con el propósito de que cubriera sus vergüenzas”, refiere Romero.

Etimológicamente tanga deriva del kumbundu “ntanga” que significa cobertura para tapar algo. Dice Romero que hasta bien entrado el siglo XX “la tanga fue usada por los cargadores negros que trabajaban en los muelles de Río de Janeiro” y lo que hizo el genovés Ficcardi en Brasil (1974) fue recrear la tanga africana para uso femenino y deleite visual masculino.
Fuente: Diario El Comercio (Suplemento Domingo). 28 de Marzo del 2010.
Publicado por EDDY W. ROMERO MEZA
http://clioperu.blogspot.com

DEL AUTOR AL LECTOR. RIQUEZA Y LIMITACIONES DE LA LECTURA por CARLOS SCHULMAISTER.


OPINIONES.

DEL AUTOR AL LECTOR. RIQUEZA Y LIMITACIONES DE LA LECTURA
por CARLOS SCHULMAISTER.

En el campo del pensamiento especulativo volcado a la escritura, en líneas generales, y del arte literario, poético y comunicativo en particular, los actos de lectura de una obra —incluidos los análisis críticos de especialistas— no implican traducción ni apropiación exactamente idéntica de contenidos conceptuales, representaciones, emociones, sentimientos o sensibilidad del autor, plasmadas en la urdimbre de su discurso. Todo ello aun reconociendo la notoria diversidad en cuanto a niveles de formación cultural, literaria y comunicativa que aquellos lectores suelen poseer y poner en ejercicio. Y especialmente por esto mismo.

En consecuencia, dichas obras, estrictamente consideradas, brindan una variada gama de signos de los que pueden extraerse múltiples niveles de significado y de impresiones por parte de sus lectores mediante operaciones intelectuales de lectura que incluyen suboperaciones de análisis, explicación, comentario, interpretación, crítica y síntesis, utilizando múltiples códigos y patrones de significación explícitos e implícitos.

Las obras de esta naturaleza tienen una fecundidad potencialmente ilimitada en cuanto a la obtención de significados e impresiones sensibles que recalarán en la integridad del ser de los lectores. Frecuentemente aparecen representaciones, explicaciones conceptuales e impresiones que suelen tener un alto grado de representatividad, o sea, altos grados de coincidencias, sin que esa posibilidad constituya una regularidad, por cierto, ni tampoco constituyen un patrón de objetividad, cualquiera sea su representatividad.

Entre la obra, tal cual fue entregada a la imprenta, y los actos de lectura posteriores, existe un diálogo virtual que puede ser contemporáneo o posterior a la vida del autor. Así, aquello que los lectores medios, los especializados y los medios de comunicación de masas consideren relevante y lo divulguen e instalen en la opinión pública, terminará siendo por cierto tiempo un reflejo consentido y con sentido en determinados contextos.

La opinión y la academia constituyen miradas externas movilizadas por múltiples y diversas motivaciones que pueden ser fructíferas para reorientar al autor, a sus críticos o a la posteridad a efectuar en obras posteriores aclaraciones, agregados, omisiones, confirmaciones, rechazos, abandonos, nuevos descubrimientos, o bien asociaciones o errores lamentables, para no entrar en detalles.

Se trata de un juego dialéctico la mayoría de las veces superador y enriquecedor, con múltiples interacciones cruzadas entre la obra, el autor y su época, con los hombres y los contextos del presente y del futuro, permitiendo sucesivas relecturas como si se tratara de exploraciones nuevas (aun cuando este carácter pudiera no ser plenamente consciente en sus realizadores) que permitan hallar nuevos tesoros en un cofre al que ya se creía totalmente saqueado.

Esos tesoros estéticos y espirituales de nuevos sentidos originados en recreaciones posteriores infunden a la creación original vitalidad y novedad antes que juventud, ya que aquellas visitaciones operarán necesariamente con palabras, estilos, representaciones y nociones de tiempos más cercanos o más lejanos, estableciéndose con ellas las correspondientes distancias simbólicas.

Esa sobrevida de la obra, de sus personajes, situaciones y mensajes, y del recuerdo del autor, será posible siempre y cuando cada relectura sea fecunda, lo cual depende de numerosas variables tales como la ecuación personal de los lectores posteriores, integrada por su sensibilidad, sus obsesiones, sus sueños, sus fracasos y frustraciones, y todo ello en el marco de la dialéctica de esas mismas variables en tanto fenómenos sociales situados.

A lo anterior hay que agregarle ciertas condiciones específicas combinadas de mil formas diversas en tiempos y lugares también diversos: a) que la obra sea de buena madera, o de maderas nobles, aunque fuera sencilla y “humilde”; b) que sus lectores posteriores también sean de buena madera; y c) que las peripecias de la vida colectiva, cualquiera sea la escala en que se desarrolle la posteridad de la obra en cuestión, y cualquiera sean sus consecuencias, permitan que los seres humanos continúen creyendo, produciendo, valorando y gustando la creación intelectual. Es decir, que persistan en abonar todos los suelos, los de la naturaleza, los del alma y los del espíritu, para fertilizarlos formando el imprescindible humus para nuevas siembras de subjetividad que brinden futuras cosechas de sensibilidad estética.

En tan dilatados como eventuales recorridos históricos, una obra originaria en tales condiciones y ambientes como los antes mencionados, podrá eventualmente llegar a adquirir una dimensión descomunal para la condición humana. Algo que en su tiempo de creación ni siquiera pudo imaginarse.

Sin embargo, siempre quedará sin poder resolverse la ecuación representada por la existencia real de la obra y la existencia virtual de su autor, por un lado, es decir, entre sus nociones, conceptos, representaciones, intenciones y mensajes conscientes e inconscientes, e incluso por la personalísima e intransferible experiencia de sensibilidad puesta en juego durante su escritura por aquél; y por el otro lado todo el sobreagregado de significados y sentidos que, incluidas holguras y flaquezas, la recubrieron posteriormente como capas sucesivas de época.

A título de ejemplo, es posible que al llegar al final de la lectura de una obra, cualquiera sea su formato, los lectores pudieran intuir que en ella sobrevuelan “fantasmas que no termina de nombrar” el autor (como si éste estuviera obligado a decirlo todo con palabras en lugar de insinuar, aludir o sugerir, incluso cambiando u omitiendo palabras poéticamente).

Y aun cuando este juego de presencias o ausencias de palabras pudiera ser reconocido por el autor de una pieza así considerada, hasta por haber sido deliberadamente realizado, será casi imposible o al menos muy difícil que muchos lectores puedan develar que lo más relevante e importante en la condición creativa de algún autor pudiera ser el hecho vigente y constantemente actualizado por su conciencia de que, no ya en el tema de una obra o de un título particular, sino en toda su temática, arraiga una herida que no termina de sangrar.

Esa porción de subjetividad del autor se halla a mayor profundidad que el nivel de las palabras, por lo que permanecerá siempre inextricable en el ámbito más arcano de su existencia y de su creatividad, por más que ésta pueda ser conocida, compartida o apreciada por otros que no sean él mismo.

He ahí, pues, un ejemplo claro, el más importante por cierto, de la existencia de singularidad, contradicciones, diversidad y limitaciones de las subjetividades humanas obrantes en el circuito del conocimiento y la experiencia estética de la obra.

* Fuente de información: Noticias de Huergo, 26-7-2011.
http://www.noticiasdehuergo.com.ar/noticia.php?id=6207


Carlos Schulmaister
Villa Regina – Río Negro - Argentina.


BREVE BIOGRAFÍA:
Carlos Schulmaister es un educador reginense, escritor y columnista argentino, maestro, profesor de Historia, Máster en Gestión y Políticas Culturales en el MERCOSUR, docente durante más de treinta años en el área de Pedagogía y Didáctica de las Ciencias Sociales en institutos terciarios del profesorado.
Fue Director Normalizador en Instituto de Formación Docente Continua de Villa Regina. desde 1989 a 1990, Director fundador del Museo Comunitario de Villa Regina , desde marzo de 1992 a diciembre de 2000 (hoy Museo Histórico “Felipe Bonoli”), Director Municipal de Cultura, desde 1987 a 1990.
Es autor de De la patria y los actos patrios escolares; Los intelectuales: entre el mito y el mercado; Gestión cultural municipal: de la trastienda a la vidriera; y otros títulos.

martes, 26 de julio de 2011

EVITA PERÓN AL ESTILO CUBANO.


Mural de día.
Mural de noche.


Al estilo arquitectónico que recuerda el mural del “Che” Guevara en la "Plaza de la Revolución" de La Habana en Cuba se inaugura un mural de Eva Perón sobre la fachada sur del ministerio de Desarrollo Social, ex Ministerio de Obras Públicas, donde el 22de agosto de 1951 Eva renunció a la candidatura a vicepresidenta de la Nación.
El 22 de agosto se cumplieron 60 años del discurso donde, al final, no anunció que sería candidata como pedía la Confederación General del Trabajo cuyo Secretario General era José Espejo. Por iniciativa de la Confederación General del Trabajo, se realizó el Cabildo Abierto del Justicialismo, en un palco levantado en la avenida 9 de julio, frente al ministerio de Obras Públicas, para proclamar la formula: Juan Domingo Perón-Eva Perón por el periodo 1952-1958. Evita no aceptó en principio y rogó que no la obligaran a hacer lo que no quería hacer. Luego de una larga charla con la multitud Evita dijo: "como dijo el General Perón, yo haré lo que diga el pueblo".
En la noche del 31 de agosto de 1951 y por la cadena de radiodifusión el país conoció oficialmente la respuesta de Evita. Comunicó su "decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor....". "y que esa resolución surgía de lo mas intimo de su conciencia".
El retrato fue realizado en hierro por el artista Daniel Santoro y reproduce la imagen de Evita que aparece en la portada del libro "La Razón de Mi Vida" y que de noche estará iluminado con leds (diodos emisor de luz ) de luces multicolores.

El mural, de 31 metros de alto por 24 de ancho y que pesa 15 toneladas, estará ubicado en la parte superior del edificio, en la fachada que da a la avenida Belgrano.
Además de la imagen que se descubrirá hoy, se está montando otro perfil de Evita sobre la fachada norte, que mira hacia el Obelisco, y que se prevé inaugurar el próximo 22 de agosto, día del renunciamiento de Evita a la candidatura a la vicepresidencia de la Nación.



Acto del Cabildo Abierto Justicalista de 1951.



Mural de Ernesto "Che" Guevara de día.


Mural del "Che" Guevara de noche.


* Fuente de información para esta entrada e imágenes diversos sitios de internet.

lunes, 25 de julio de 2011

CARLOS GUIDO Y SPANO ¡ARGENTINO HASTA LA MUERTE!

EFEMÉRIDES HISTÓRICAS ARGENTINAS.




CARLOS GUIDO Y SPANO.
EL 25 de julio de 1918, a los 91 años de edad fallece Carlos Guido y Spano.

Sus exequias fueron imponentes. Una multitud acompañó al patriarca; era el homenaje de Buenos Aires a su poeta cantor, a quien se había ufanado de ser porteño y “argentino hasta la muerte”. “La Prensa” y “La Nación” publicaron sentidas notas necrológicas; este último compuso una imponente página entera de duelo, con el retrato de Guido viviente, y otra con “la cabeza yacente del poeta” en el ataúd. La última imagen de él, era la de un anciano de aspecto venerable, enmarcado el rostro por barba y cabellos blancos. Era la suya, una cabeza de profeta, a lo Leonardo da Vinci; poderosa y espiritual. Miguel Cané, en un artículo “Salud al poeta”, reunió una corona de alabanzas. Entre los poetas argentinos del pasado, Guido y Spano, es el que se halla menos lejos de nuestra sensibilidad actual, ha dicho Ricardo Rojas, agregando que es el “primer artista verdadero que hayamos tenido en nuestro país”. “Perfeccionó el verso, después del vehemente Mármol; civilizó la prosa a la par del elegante Avellaneda; dio a la poesía una función desinteresada, al margen de la política, y nos dejó en el recuerdo de su propia vida, un espectáculo de belleza casi legendaria en el ambiente de nuestras embrionarias repúblicas”

Puede decirse que pertenece a la generación del Ochenta, conjuntamente con Olegario V. Andrade, Ricardo Gutiérrez y Rafael Obligado. Su obra emana en su casi totalidad del romanticismo y, si bien, convivió un poco con la inspiración parnasiana aportada por Rubén Darío, la labor poética de Guido y Spano es de esencia romántica. Hay suavidad y grandeza en su verso.

En 1911, al editarse sus “Poesías Completas”, Joaquín V. González y Santiago Estrada, escribieron en esa oportunidad sendos prólogos laudatorios. Sus poesías más conocidas son: “At home”, canto de las virtudes domésticas, en tono digno y sencillo; “Nenia”, elegía dulce y melancólica, que llora al Paraguay después de la guerra de la Triple Alianza, cuya segunda quintilla es conocida en toda América:

Llora, llora urutaú

en las ramas del yatay,

ya no existe el Paraguay

donde nací como tú.

Llora, llora urutaú.

Un conocido escritor argentino, contemporáneo del poeta, el general Lucio Victor Mansilla, comentó humorísticamente la estrofa de este modo: “el urutaú es un pájaro que no llora; el yatay, tiene hojas, no ramas; el Paraguay existe…”

Otras poesías son: “Marmórea”, retrato romántico; “La Aurora”, juego de colores y de música; “Myrta en el Baño”, un revivir de la Grecia de mármoles luminosos; “En los Guindos”, idilio juvenil de las horas felices del despertar de la vida; “A mi hija María Pilar y a mi Madre”, versos delicados, hechos con unción y ternura exquisitas; “¡Adelante!”, admonitorio y viril; “Patagonia”, voz airada y vibrante, que en momentos críticos tuviera tanta resonancia en la Argentina y aun en Chile; “Amira”, un canto de terneza, y así muchos otros.

Dentro de su estilo cuidado y sereno, está presente su admiración y culto a los poetas griegos, y como un escultor ático burila con esmero sus versos. Su obra conjunta es amplia y diversa. Aparte de la suavidad y grandeza que se observa en su verso, sobresale por encima de todo, una gran nobleza de pensamiento, y una elevación que han hecho de él, una personalidad profundamente respetada en nuestras letras.

El “Album Guido y Spano” preparado en ocasión de las fiestas en honor del poeta (Buenos Aires, 1895), contiene innumerables colaboraciones laudatorias de los mejores escritores y poetas de la época. De él, dijo Luis Berisso: “Leyendo a Guido, parece que el hombre se olvida de las duras batallas de la vida, que la humanidad es menos egoísta, que hay más bondad en los corazones, más esperanzas en el porvenir, y que hasta el espíritu, desatándose de la mortal envoltura, se eleva por encima de las miserias de esta vida”.

Su voz, genuinamente argentina, voz de tierra y de pueblo, voz de América, fue innovadora, fecunda y sincera, como expresó Joaquín V. González: “Una vida consagrada entera a las musas amadas de la Patria y una honrada y pura ancianidad semejante a las encinas por lo vigorosas y floridas. ¡Es que lo alentó una gran salud de cuerpo y espíritu; por eso no hay debilidad en su canto, ni sombra en su ideal! Toda su obra respira los dos sentimientos, que son dos fundamentales virtudes: el amor del suelo nativo con su tradición, sus pompas y desnudeces, sus alegrías y dolores, sus sueños de gloria y de tristeza, y el amor santo y fecundo del hogar, que el poeta ha divinizado en estrofas de eternal perfume y mística unción”.

He nacido en Buenos Aires.

¡Qué me importan los desaires

con que me trate la suerte!

Argentino hasta la muerte,

he nacido en Buenos Aires.

Fuente: Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo diccionario biográfico argentino – Buenos Aires (1971, Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

* Fuente de información: www.revisionistas.com.ar

sábado, 23 de julio de 2011

SABER PERDER.

SABER PERDER (*)


Desde la más temprana infancia, cuando jugábamos al “fulbito” nuestros mayores nos gritaban, pará la pelota, levantá la cabeza! y a partir de allí, entre otras cosas, podíamos crecer, nos íbamos diferenciando de ese modo en que juegan los mas chiquitos, todos atrás de la pelota.

Sin embargo, algunos hechos recientes nos advierten que a los adultos no solo nos cuesta parar la pelota, ni hablar de levantar la cabeza, sino especialmente lo que se hace ingobernable es saber perder.

Sin dudas es doloroso para un hincha que su equipo descienda, nos pasó a varios. Y si de un Titanic se trata resulta por lo menos impactante. Quizás porque solemos naturalizar aquello de que algunas cosas siempre fueron así y entonces ni nos animamos a suponer que pueden ser de otra forma. O es probable que sea realmente incómodo para buena parte de la sociedad, en sintonía con los medios (y viceversa) aceptar que hay cosas que pueden cambiar.

Hace solo un par de días, nuevamente la caída libre del exitismo contagioso, jugamos mal y los resultados de la copa América no son, por ahora, los esperados.

En los bares y las fabricas, en las oficinas y en las escuelas, en todos lados, vamos punteros, pero en el campeonato mundial del culpable. Buscamos culpables, y entonces casi sin juicio (pero no ese del “debido proceso”, sino el juicio que alude al uso de la razón) vamos despojándonos de lo más humano, insultamos a este o al otro, le deseamos peor vida y luego, desde la tribuna y también desde los micrófonos aparecen aquellos que piden linchamiento público. Quienes hace dos minutos eran Gardel y Le Pera se transforman en culpables, como si hubieran cometido un delito. Y no faltan aquellos dirigentes que van a la cabeza del razonamiento culpabilístico, se victimizan y señalan culpables, a los más jóvenes porque “hacen política”, a otros porque no lo dejan gobernar. Razonamientos que solo marcan la cancha estableciendo culpables y victimas, un esquema binario que simplifica las cosas, y nos hace creer que no pueden explicarse de otra forma.

Después nos sorprendemos cuando los medios de comunicación prenden las sirenas de alarma por la violencia en las escuelas, como si algunas de esas violencias pertenecieran a pequeños demonios que surgen por generación espontánea. Quiero decir, cuando los más chicos, o sea, nuestros hijos o alumnos reproducen ese razonamiento culpabilístico pasando en forma inmediata al golpe y enalteciendo la cultura del aguante.

Quizás sea momento para aprovechar la fuerza de esta violencia exitista, pero de otro modo. Tomar distancia de estos hechos y volver a mirar las mismas cuestiones, asumiendo una posición de responsabilidad, y un sincero hacerse cargo de uno mismo y de los otros. . En vez de culpar a los pibes porque fracasan en las escuelas, o porque son violentos, hacernos cargo de ellos como sociedad adulta y ofrecerles un mejor lugar, por más complicado que eso sea. Hacernos cargo, los que gobiernan, los dirigentes de los clubes, los DT , los jugadores, los que salen por la tele y los que vamos de a pie, y volver a encarar lo que sigue, con los costos que haya que asumir, pero no de culpabilidad, mejor que sea de responsabilidad. Lo anterior confunde o peor, ensucia la cancha, porque se asocia la culpa a una especie de delito. Culpable de robarnos algo, quizás la eternización del pasaporte en 1era división, o del don maradoniano contraído en el 86, quien sabe. Culpable de ser joven y depositario de las peores desconfianzas.

Será cuestión de echar menos la culpa y recoger más el guante, cada uno allí donde transita, cada uno con el tamaño de guante que le corresponde. Porque es posible que eso que se conoce como fracaso escolar no sea la culpa del adolescente que deja el colegio sino responsabilidad de esa escuela y de las políticas educativas. O que referirse a los pibes como la juventud perdida es la muestra más evidente del que renuncia a hacerse cargo. Y entonces la autoridad no se mide solo con la regla del castigo (que es lo que hace tope en las encuestas, como si resolviera algo) sino especialmente con la sensibilidad y la firmeza de adultos que se hacen responsables, que significa hacerse garantes de las generaciones más jóvenes.

Por otro lado, parece que seguimos anestesiados por buenas dosis del individualismo feroz de los 90 y del “self made man”, aunque circulen los discursos de que formamos equipos en todos lados. Nos creemos que el todo es solo la suma de las partes, y nada más alejado que eso cuando se trata de armar una construcción colectiva que logre aquello que se propone. Seducidos por los efectos del mercado construimos el valor de la selección por la suma en euros de lo que cotizan los jugadores, pero advertimos que el juego colectivo no responde a dichos parámetros. De muy pequeños nos vamos acostumbrando a significar las cosas con un precio y le asignamos vital importancia, entonces ni nos animamos a ponderar otros valores. Será por eso que en la escuela muchas veces las notas se parecen al dinero, porque se trata de eso que uno tiene que acumular para poder pasar (aprobar) y entonces se otorga poco o ningún sentido a lo que se enseña o se aprende. Quien saca mas nota puede competir mejor en el juego, ya sea el de alumno o el de docente, entonces puede ascender, de grado, de cargo. Qué curioso, en nuestro fútbol de cada día el descenso también depende de las notas, del promedio y esas cuentas…

Parar la pelota, levantar la cabeza y mirar a los compañeros es una condición necesaria para pasar la pelota, pero no para sacársela de encima, sino para hacerse cargo del pase e intentar ver como se puede construir en equipo. Y el error podrá ser más que objeto de sanción la mejor fuente de aprendizaje. Y saber perder, una condición de grandeza y madurez.

Armar equipo es un desafío que supone la construcción de un relato común, que nutre identidad colectiva, y que requiere de tiempo, de ese bien que tanto escasea. Armar equipo supone algo del mediano o del largo plazo y eso va a contramano de una sociedad que parece componerse de episodios y fragmentos, en la era de los medios y de la urgencia.

8 de julio de 2011.

- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.

http://alainet.org/active/47924&lang=es

(*) El siguiente artículo fue publicado por: Revista Digital "EDUCACIÓN ALTERNATIVA" Villa Regina, Río Negro Soledad López, Directora General E A T. Asesora Pedagógica. Diplomado Superior en Constructivismo y Educación-FLACSO Asociación Civil INCA, FADECS- Integrante de la Comisión Educación del Consejo Local de las Personas con Discapacidad.

viernes, 22 de julio de 2011

La desaparición de Martita Ofelia - R.P. Leonardo Castellani, S.J.

Un caso que conmovió a la sociedad cordobesa en los años 30 y trascendió los límites de la provincia para convertirse en una noticia de nivel nacional.
Por desgracia nunca se pudo resolver el crimen que aún sigue impune.
Una crónica o resumen del caso publicado en el diario La Nación.
Y les recomiendo que lean al Padre Leonardo Castellani y su libro “Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas” caso que le recuerda a uno al de Soledad Morales de la provincia de Catamarca
¡pero esa es otra historia!



La desaparición


de Marta Stutz.




A Martita Ofelia Stutz su mamá le había dado permiso para que fuera a comprar el Billiken en el quiosco de la esquina. Nunca regresó. Nadie la volvió a ver, ni viva ni muerta. Martita tenía nueve años y vivía en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba. Como sucede con los crímenes que perturban a la sociedad, que rompen algo profundo en ella, nada fue igual después del caso Martita Stutz. Todo sucedió en 1938, el año en que Hitler ocupó Austria, México nacionalizó el petróleo, se suicidaron Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni, y River Plate inauguró el Monumental.

Los Stutz eran gente modesta, pero vivían con ciertas comodidades características de las familias argentinas de la época. El padre era empleado y la madre, ama de casa. Ocupaban una casa amplia en la calle Galán, a unos metros del boulevard Castro Barros. Córdoba era una ciudad provinciana en la que despuntaban rasgos modernos. Siesta y pujanza, peperina y cambio. Calles tranquilas, largos paseos al borde del arroyo La Cañada, pero también rascacielos en construcción. Los Stutz podían darse algún lujo, como tener una sirvienta con cama adentro.

Eran las once y cuarto de la mañana del sábado 19 de noviembre de 1938.

-Mamita, ¿me das veinte centavos para comprar el Billiken? -preguntó Marta Ofelia.

-Sí Martita, acá tenés. Tené cuidado al cruzar la calle.

¿Por qué habría de tener miedo esa mamá? Martita iba todos los días a la escuela en tranvía, con su papá, y volvía con una compañera que vivía en la misma cuadra. De todas maneras, rara vez salía sola. Pero aquella mañana la casa estaba revuelta: habían venido parientes de Buenos Aires.

Martita vestía un traje azul marino con la pollera tableada, medias tres cuartos, y en la cabeza, un moño blanco. La mañana del 19 de noviembre inauguraban un centro cívico en el barrio y había venido el gobernador, Amadeo Sabattini, motivo por el cual había mucha gente. El quiosquero se llamaba Manuel Cardozo y era de confianza. Luego, cuando la policía le preguntó, recordaría perfectamente cuando, tras comprar la revista, la nena Martita Ofelia se había vuelto a su casa, distante algunas cuadras. No notó nada raro. El boulevard Castro Barros estaba muy concurrido, pero la comisaría 9ª, que tenía su sede allí mismo, daba tranquilidad.

Al cabo de media hora, como Martita no volvía, la mamá comenzó a preocuparse. Fue hasta el quiosco. Llamaron por teléfono al padre, que estaba trabajando en las oficinas del Molino Centenera. La familia, junto con los vecinos, empezó a buscar a la niña por todos lados.

Al día siguiente, los titulares de los diarios de Córdoba olvidaron la Guerra Civil en España y salieron a la calle con un terrible anuncio: "Desaparece una niña misteriosamente". "Toda Córdoba busca a una nena. Podría ser un secuestro." Debajo, la foto de Marta Ofelia Stutz.

"Su carita de conejo blanco, de durazno maduro, llena de candor, sobre un torso macizo y desarrollado. ¡Nueve años!", escribiría Leonardo Castellani. Una imagen que se volvió pesadilla para los argentinos durante muchos meses.

¿Por qué la desaparición de Martita Stutz conmovió de esa forma al país? Quizá porque simbolizaba un miedo ancestral: el mal puede golpear también a los inocentes. Ese miedo se corporizó en los peores monstruos: los asesinos de niños; en 1440 fue Gilles de Reis, que mató a centenares de inocentes. En 1931, Peter Kûrten, llamado "el vampiro de Düsseldorf", cuya cabeza rodó bajo el hacha del verdugo.

La policía de Córdoba se puso a buscar frenéticamente a Martita. Desde el principio, flotaba en el ambiente un funesto presagio: estaba fresca la tragedia de Charles Lindbergh, el héroe de la aviación mundial, cuyo pequeño hijo había sido secuestrado y asesinado en 1932. En la Argentina, la Maffia había consumado raptos resonantes: en 1932, el del doctor Jaime Favelukes, luego liberado. El mismo año, el del joven Abel Ayerza, que apareció muerto. En febrero de 1937 fue secuestrado y asesinado en la estancia que sus padres tenían en Camet, Mar del Plata, el niño Eugenio Pereyra Iraola, de dos años.

Sin embargo, el caso de Martita Stutz era distinto. ¿De dónde sacaría la familia de un modesto contador los 100.000 pesos que se pidieron -y se pagaron- por el niño Pereyra Iraola? Aunque hubo algo más extraño aún en el corazón del caso Stutz: lo que todos daban por hecho no se produjo: no llegó ningún mensaje pidiendo rescate.

La cacería Al desvanecerse la hipótesis del secuestro extorsivo, quedaban dos posibilidades: venganza o crimen sexual.

La policía intentó reconstruir el posible itinerario de la niña.

-A Martita -repetía la madre, angustiada- yo le había enseñado todo lo que debe saber una nena: que tuviera cuidado al cruzar la calle, que nunca aceptara caramelos de un hombre, que no hablara con extraños.

La madre, quizás influida por los diversos rabdomantes y adivinos convocados para encontrarla, creía que Martita estaba prisionera en algún lugar de la misma manzana. ¿Se habría extraviado? ¿Era una travesura? ¿Estaba en casa de alguna compañerita? Cuadrillas policiales y efectivos del ejército recorrieron esa manzana; luego siguieron con ese y otros barrios. La ciudad entera fue rastreada en busca de pistas. Dragaron el fondo de La Cañada. Entraron en los viejos túneles que se abren en las barrancas del río Primero. Allanaron viviendas, chozas, depósitos, comercios. No quedó en toda Córdoba ningún presunto delincuente, ningún vagabundo, ningún sospechoso sin investigar.

El misterio se convirtió en un rompecabezas. Porque los testigos que la policía convocaba decían cosas distintas. Según el quiosquero, la niña había comprado la revista y regresado en dirección a su casa sin que nadie se le acercara. Domingo Flores, un peón de Obras Sanitarias que trabajaba en el lugar, la había visto a Martita alejándose de la mano de una mujer rubia con un vestido floreado. Dos niños, Hugo Giménez, de 7 años, y Antonio Cobos, de 12, del barrio de Villa Cabrera, se presentaron para contar que habían visto a alguien parecida a la niña en el camino a Pajas Blancas, donde hoy está el aeropuerto de Córdoba, que entonces era un siniestro descampado. Fue -decían los pequeños testigos- un rato después de la de­saparición. Iba en una voiturette verde, con la capota blanca baja. Según Hugo, la niña viajaba con dos hombres; según Antonio, con "un hombre gordo".

La policía buscaba ahora a una mujer rubia y una voiturette verde. No quedó rubia sin investigar. Tanto, que numerosas rubias cordobesas se tiñeron el pelo en aquellos días para poder pasear tranquilas por la avenida Olmos.

Entre tanto ir y venir, la policía descubrió una voiturette verde circulando no muy lejos del barrio San Martín. Detenido el conductor, resultó ser un hombre gordo llamado Domingo Sabattino, con antecedentes policiales por tráfico de licores sin estampillar. Sabattino siguió siendo sospechoso y pasó tres años preso. Finalmente, se determinó que nada tenía que ver con la desaparición de Marta Ofelia.

Los sospechosos Comienza una cadena de delaciones, un desfile de personajes estrambóticos que parecen salidos de una película delirante. Uno de los tantos investigados es un conductor de tranvías llamado José Bautista Barrientos, de 31 años, casado con una partera no diplomada, especialista en abortos y tiradora de cartas. En el patio de tierra de la casa que ocupaban los Barrientos, en el pasaje Rioja, la policía encuentra tierra removida. Cavan y aparece un colchón con manchas que parecían de sangre. Barrientos complica a un vecino llamado Humberto Vidoni, propietario de un horno de ladrillo en las afueras de Córdoba. La policía anuncia que se recogieron cenizas en ese horno. ¿Humanas?

Vidoni, interrogado en el Departamento de Policía de Córdoba, fue literalmente muerto a golpes: era una piltrafa cuando lo llevaron al hospital San Roque, donde falleció el día de Navidad de 1938. La investigación se había cobrado ya una vida. Según se averiguó después, las cenizas no pertenecían a una niña, sino a una persona adulta.

Se busca al monstruo La opinión pública, conmovida por la tragedia de los Stutz, pide a gritos que se encuentre a Martita, o al menos su cuerpo, y que se castigue a los culpables. El jefe de Policía Argentino Aucher -que en 1946 sería gobernador peronista de Córdoba- y el juez de instrucción Wenceslao Achával desatan una auténtica cacería. El juzgado contrata a Mono, un célebre perro-sabio que es llevado a la casa de la niña y luego al domicilio de los Barrientos. El animal, tras olfatear largo rato, se queda inmóvil ante. un tambor vacío. El juzgado llama al adivino y astrólogo Lucio Berto, a quien se atribuía haber descubierto a los autores de un asalto bancario, y el rab­domante formula un anuncio sensacional: ¡Martita está viva!

Esta premonición conmueve a la madre, para quien la niña no puede haber ido lejos:

-Si la hubieran forzado, Martita, que es una nena robusta y fuerte, se hubiera defendido.

La policía de Córdoba es reforzada por algunas figuras de la Policía Federal, como los comisarios Finochietto y Viancarlos. Este último era uno de los detectives que habían atrapado al Pibe Cabeza y otros mafiosos de fuste. ¿Podía ser la desaparición de Martita una venganza familiar? Se investigan a fondo los parientes de ambas ramas: los Stutz eran de Nueva Helvecia, Uruguay, y los Ceballos, apellido de la familia de la madre de Marta Ofelia, de Villa María. No había conflictos ni situaciones irregulares. Quedaba una sola hipótesis: el crimen sexual.

El padre de la niña ofreció recompensa y perdón a quien informara sobre su hija. La madre formuló un llamado dramático:

-¡Les daremos lo que quieran, pero devuelvan a la nena.!

En todas las paredes de la ciudad, afiches con la cara de Martita claman: "Se busca a esta niña". Los diarios de Buenos Aires dedican creciente espacio al caso. Crítica titula: "Como los antiguos caldeos, el juez Achával emplea la astrología para resolver un crimen".

El gobernador Amadeo Sabattini, enfrentado al gobierno conservador del presidente Roberto Ortiz, presiona a la policía para que resuelva el caso. Pero el resultado de esa presión es catastrófico. La pesquisa se vuelve incongruente y errática, orientada por las delaciones: llegaron a recibirse 3000 denuncias anónimas. Mitómanos y exhibicionistas envenenaron la investigación con mentiras y ocultamientos.

La creación del monstruo Durante toda la investigación, se sospechó que la clave del secuestro la tenía el matrimonio Barrientos. El hombre era una bala perdida: personaje turbio pero menor de la ciudad, en las diez declaraciones que formuló y en los tres careos a los que fue sometido, admitió su conexión con el crimen para luego desdecirse alegando torturas, que sin duda existieron. Sus confesiones hicieron perder mucho tiempo y no condujeron a nada.

La policía intentó una y otra vez probar esta hipótesis: los Barrientos, oscura pareja conformada por un confidente policial o mafioso de pacotilla y su celestinesca esposa, proveían menores para la diversión a ciertos personajes influyentes de la ciudad. Alguien, quizá los Barrientos o el propio Suárez Zavala, solos o en ilícita asociación, habrían raptado a Martita con esos fines y ella "se les quedó", por lo que fue necesario "hacerla desparecer". En esa trama, la policía intentaba involucrar a diversas mujeres rubias basándose en algunas de las muchas declaraciones espontáneas o "inducidas", como la del dueño de un restaurante en el camino a La Calera que dijo haber servido el almuerzo a una pareja (una rubia con un señor maduro) acompañados por una nena que parecía dormida o enferma. Ese gastrónomo terminó internado en un manicomio.

Pero faltaba alguien a quien acusar: "el monstruo". Entonces apareció en escena un perfecto candidato a culpable: un hombre que merodeaba por la ciudad, que conocía prostitutas, que estaba en contacto con figuras públicas y que, si bien no era un delincuente -no tenía antecedente alguno-, no era trigo limpio.

Quien introdujo en el caso a ese hombre fue una tal María Rivadero, huérfana de 17 años que había sido madre soltera a los 13, internada en el Asilo del Buen Pastor, pero que salía de vez en cuando para hacer faenas domésticas en casas que la requerían. Esto fue la que reveló la huérfana:

-Una tarde yo estaba en casa de una señora C., escuché a un hombre llamado Suárez Zavala, amigo de la familia; decía que le gustaban las menores.

-¿Qué menores?

-Niñas de 9 o 10 años.

Otra prostituta, una veinteañera llamada Laura Fonseca, tenía a S.Z. como cliente habitual y remachó el caso afirmando que, poco antes de la desaparición de la Stutz, el tal S.Z. le "pidió chicas".

Así se construyó la figura de Suárez Zavala como "el Vampiro de Córdoba". La defensa consiguió demostrar que los Barrientos traficaban con los favores sexuales de menores, incluidas algunas internas del hospicio, pero Martita Ofelia Stutz no estaba entre ellas. Antonio Suárez Zavala tenía un coche que no era una voiturette, sino un sedán Chevrolet, con el que se paseaba por toda Córdoba, pero no a la caza de presas incautas, sino para vender remedios a las farmacias (representaba a un laboratorio). Si bien al hombre no le disgustaba tirarse alguna cana al aire -y alguna de sus "amigas", como la Fonseca, lo traicionó acusándolo sin piedad- no era más que un señor casado y con hijos en busca de alguna distracción.

Las amistades del sospechoso con algunos policías y políticos le jugaron en contra. Contribuyó a su desgracia la incontinencia verbal de que hizo gala, sus contradicciones frecuentes.

Deodoro, por la defensa Suárez Zavala fue incomunicado y el juez le dictó la prisión preventiva. Nunca admitió ser el culpable, ni siquiera bajo tortura. Pero el juez Abalos elevó la causa a plenario acusando a Suárez Zavala por secuestro y homicidio y a los Barrientos por grave complicidad.

La esposa y los hijos del acusado lo acompañaron, pero la prensa lo lapidó, y estuvo muy cerca de ser linchado. De hecho, la policía apenas consiguió salvarlo de la multitud que llegó a pegarle y escupirle cuando, el 19 de diciembre, ingresó en los Tribunales para comparecer ante el juez.

Sólo una cosa le salió bien a Suárez Zavala. Aceptó defenderlo uno de los mejores abogados argentinos: el doctor Deodoro Roca, nacido en 1890, redactor del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, polemista vigoroso, antifascista visceral, progresista sin partido. Roca estaba convencido de que Suárez Zavala era un chivo expiatorio. A pesar de ser una figura muy respetada en Córdoba, una muchedumbre apedreó la casa de Deodoro, que, desalentado, renunció a la defensa. Pero una carta abierta que le envió la esposa de Suárez Zavala convenció al jurista para reasumir el cargo. La defensa que hizo Deodoro Roca de Suárez Zavala es una pieza admirable que desmonta la manipulación de la opinión popular: "El sumario se fabricó bajo la presión de una enorme excitación pública. -sostiene allí Deodoro Roca-. Fue una inmensa marea donde iba turbiamente mezclado lo bueno y lo malo, el horror del crimen monstruoso y la indignación pública. junto con las más bajas pasiones, los intereses más oscuros."

El caso se politiza Como no podía ser de otra manera, la de­saparición de Marta Ofelia Stutz, un crimen que en principio sólo tocaba esferas privadas, se politizó. ¿Qué pasaba en la Argentina y en Córdoba en 1938? Eran muy distintos los respectivos gobiernos. Ocupaba la presidencia desde comienzos de ese año el doctor Roberto Ortiz, radical antipersonalista, candidato de la Concordancia, alianza entre los conservadores y los radicales antiyrigoyenistas. Ortiz, un abogado de empresas extranjeras, estaba afectado de diabetes y cedió el cargo a su vicepresidente, el opaco dirigente conservador de Catamarca Ramón S. Castillo.

Pero en Córdoba el panorama era distinto. Gobernaba desde 1936 el líder radical Amadeo Sabattini, carismático médico de Villa María, de probada popularidad en la provincia, sobre todo entre los chacareros. Para Sabattini era peligrosísima la repercusión del caso Stutz porque el gobierno nacional amenazaba al de Córdoba con la espada de Damocles de la intervención federal, un recurso que entonces se usaba con frecuencia. El crimen impune, el fracaso de la investigación, las salpicaduras que ella arrojó sobre la corrupción y la ineficacia de los políticos, hicieron tambalear el gobierno de Sabattini, que estuvo al borde de ser defenestrado. Los conservadores convirtieron el sepelio del hornero Vidoni en un acto político contra lo que llamaban despectivamente "el klan radical".

Desde muy distintas perspectivas, la de­saparición de Marta Ofelia fue considerada un símbolo de la decadencia política argentina: "Odiosa politiquería, infinitamente corrupta", apostrofó el escritor jesuita y heterodoxo Leonardo Castellani. No se quedó atrás el director de la revista Criterio, monseñor Gustavo J. Franceschi, al acusar a la "pasquinería" de oscurecer la investigación. Deodoro Roca, desde una perspectiva opuesta, también acusaba a la "prensa amarilla". Sostuvo que "para salvar grandes y proficuas ediciones, hubo que llenar páginas con títulos torcidos, con «picantes» escabrosos."

Crimen impune En abril de 1939 se cerró el sumario. Ni Suárez Zavala ni nadie pudo ser inculpado por homicidio, ya que al no hallarse los restos de Marta Ofelia Stutz no existía el cuerpo del delito. La acusación había sido por secuestro y proxenetismo. Suárez Zavala fue hallado culpable y condenado a 17 años de prisión. "Para ser culpable era poco y para ser inocente, mucho", se dijo sobre aquella sentencia que no conformó a nadie. El fallo del juez Wenceslao Achával fue apelado. Al emitir la sentencia definitiva, en enero de 1943, la Cámara del Crimen se dividió. El vocal Antonio de la Rúa consideró culpable a Suárez Zavala pero los otros dos camaristas, Alfredo Vélez Mariconde y Jorge Díaz, entendieron que las pruebas no bastaban para inculparlo. Por dos votos a uno se revocó el fallo de primera instancia: Antonio Suárez Zavala quedó en libertad.

El acusado había estado cinco años en prisión. Cuando salió de la cárcel, se expatrió a Chile. ¿Qué fue de él? Se perdió en el anonimato. Otros crímenes y los infinitos vaivenes de una historia agitada hicieron que la tragedia de Martita Stutz fuera olvidada o, mejor dicho, ingresara en esa forma distinta del olvido que es la mitología criminal.

Entre 1938 y 1943, cuando el telón se corrió sobre el caso, muchas cosas habían pasado: la suerte de Hitler estaba por cambiar en los campos helados de Rusia, pero ya había muerto buena parte de los sesenta millones de víctimas que dejó en herencia. Lisandro de la Torre se había pegado un tiro en su casa de la calle Esmeralda. El cardenal primado de la Argentina, Santiago Luis Copello, había sido el principal candidato para suceder al papa Pío XI, pero en su lugar el Cónclave nombró a un italiano.

No se supo más nada de Martita Ofelia Stutz. Si estuviera viva, hoy tendría 75 años.

Alvaro Abos.


Fuentes: La misteriosa desaparición de Martita Stutz, de Esteban Dómina; Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas, de Leonardo Castellani; La trayectoria de una flecha, de Horacio Sanguinetti.

* El autor es escritor. Publicó más de veinte libros en diversos géneros: novela, cuento, biografía, ensayo y crónica. Entre ellos, Xul Solar, pintor del misterio y Macedonio Fernández - La biografía imposible. Colabora con La Nacion y El País, de Madrid
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/

 Leonardo Castellani, escritor argentino
autor del libro
"Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas".



ROMANCE DE
MARTITA OFELIA


Martita Stutz, ¿será cierto
que no hay infierno?
Martita Stutz, por lo menos
yo estoy seguro que hay cielo.

¡Hubierais visto la entrada
de Marta Stutz en el cielo!
San Dominguito del Val,
que mataron los hebreos,
Justo y Pastor que mataron
los fachistas de aquel tiempo.
El Santo Niño Pelayo
muerto por los sarracenos.
Santa Inés, muerta de niña
por un lascivo frenético,
y los Santos Inocentes
que por el Niño murieron.
(Cristo a nosotros nos salva,
y a Cristo salvaron ellos),
con los niños bautizados,
que son las flores del séquito,
con las vírgenes intactas,
con las madres que cumplieron,
brincan y gritan y chillan
y con bulla de jilgueros
en torno de un gran soldado
que porta dormido un cuerpo,
entonan el coro antiguo,
inventan un coro nuevo.

“Como una madre bañando
su niñito desnudito,
San Sebastián trae un cuerpo
muerto como un pajarito,
que viva Martita Stutz”.

“San Sebastián pisa fuerte,
como haciendo el ejercicio,
y el cuerpo está recién hecho
por Santa Inés y Tarsicio,
que viva Martita Stutz”.

“El cuerpo está recién hecho
nieve, nácar, rosa y luz.
La niña viene durmiendo
con los bracitos en cruz,
que viva Martita Stutz…”

La Virgen besa sus ojos
para borrar lo que vieron.
El Niño Jesús le pasa
las manitos por el pelo.
Y el Niño Jesús le dice,
del regazo descendiendo:
“—Vamos a jugar, Martita
—tironeándola de un dedo—.
No te avergüences de nada,
que sin querer vos te hicieron”.

Pero Martita no juega
ni en la tierra ni en el cielo:
“—De la tierra en que he nacido
—dice Marta—, me avergüenzo”.
Y se pone de rodillas
entre el coro boquiabierto.

“—Vamos a jugar, Martita
—de noche no más yo rezo—;
ahora es tiempo de jugar,
vamos a jugar primero”.

“—Ahora es tiempo de rezar
por el argentino pueblo,
y los que son para más,
besen la cruz del acero”.
Y se puso de rodillas
Martita Stutz en el cielo.
“—Ruego a Dios, que me ha sacado
de un horror que no me recuerdo,
que no castiguen al monstruo
que vi en el mal sueño, sueño”.

“—Martita, Martita, calla;
Martita, ¡no pidas eso!
Eso es crueldad excesiva,
peor que matarlo a tormentos”.

“—¿Qué pedir al Niño, entonces,
en el primer dulce encuentro?”

“—Pide, Marta, por la tierra
donde reposan tus huesos.
La Conferencia de Lima
con los premios, y los premios,
y los premios literarios
y el progreso y el progreso.
La Avenida, el Obelisco,
la democracia y el crédito.
El libro criollo en París
y el libro francés-porteño.
La prensa mejor del mundo
y el libro barato a un peso.
Las elecciones frecuentes
y los gordos presupuestos.
Mar del Plata, las ruletas,
el Hipódromo, el Congreso,
la plata en poder de pocos
y la Escuela del Gobierno…”

“—¿Y yo qué sé de política?”
—dice Martita sonriendo.

“—Es que con tu vida, Marta,
compramos ese progreso.
Ese progreso epatante,
todo ese progreso inmenso,
con sangre y almas de niños
pagamos ese progreso.
Tú no sabías, Martita,
los avances del progreso.
Tú naciste en esta tierra,
bandera color de cielo.
Te enseñaron qué es la Patria,
que es amor como el paterno.
Te decían en la Escuela
que hay que amar el patrio suelo.
Que Dios mismo lo mandaba,
que es de Dios como un reflejo…
Saliste un día a la calle;
cayó sobre ti el infierno.
Ahora veremos qué dice
la sangre del criollo pueblo.
¡Oh Dios, que no hagan discursos,
que alce un grande y noble gesto!
¡Oh, que limpien los que pueden
la forma de nuestro ensueño!”

“—Mi misión —dice Martita—,
ha de ser rogar por eso”.

“—¡Oh Dios, escucha a Martita
y el grito de todo un pueblo!
¡Que no caiga sobre todos
lo que unos cuantos hicieron!”


R.P. Leonardo Castellani, S.J.

* Nota: Martita Ofelia Stutz, de 9 años, desapareció en Córdoba en diciembre de 1938, cuando iba a comprar una revista infantil, y jamás se supo nada de ella.

miércoles, 20 de julio de 2011

Forenses confirman que Allende se suicidó en 1973.



"estamos en condiciones de poder asegurar que se trata de una muerte violenta de explicación médico legal suicida y para ello no tenemos absolutamente ninguna duda".


SANTIAGO DE CHILE (AP) — El presidente Salvador Allende se suicidó en medio de las balas, los gases lacrimógenos y el incendio que consumía el palacio presidencial durante el golpe militar de 1973, confirmó el martes un equipo internacional de forenses.

La conclusión de los peritos fue unánime. "Estamos en condiciones de poder asegurar que se trata de una muerte violenta de explicación médico legal suicida y para ello no tenemos absolutamente ninguna duda", dijo el perito español Francisco Etxeberría en rueda de prensa tras entregar los resultados de la pericia al juez Mario Carroza, a la senadora socialista Isabel Allende, hija del mandatario, y a la abogada de la familia Pamela Pereira.

El análisis de los restos del mandatario, exhumados el 23 de mayo, puso punto final a varias teorías en torno a las causas de su muerte: mientras la versión de los militares señalaba que se había suicidado, otra indicaba que había muerto combatiendo con los sublevados y una tercera que había intentado matarse y, al fallar, fue rematado por uno de sus colaboradores.

El experto balístico británico David Prayer dijo a periodistas que "hubo dos balas disparadas en la escena, dos vainillas fueron recuperadas, pero solamente una bala fue recuperada. No tenemos evidencia de dónde terminó la segunda bala".

Agregó que "no hay evidencia de que una tercera persona haya estado involucrada" e indicó que el fusil AK 47 con el que Allende se disparó estaba en posición automática, lo que explica que haya recibido dos balas en la cabeza.

La información sobre el suicidio de Allende fue entregada a la prensa por el director del Servicio Médico Legal (SML), doctor Patricio Bustos.

Bustos precisó que primero se determinó la identidad del mandatario, "en segundo lugar que la causa de muerte --que es conocida por toda la opinión pública-- es herida de proyectil; en tercer lugar, la forma de muerte corresponde a suicidio y en cuarto lugar, como en muchos informes periciales se incorpora, el contexto corresponde al golpe de Estado durante el bombardeo de (la sede presidencial) La Moneda".

Los expertos determinaron además que Allende se disparó con el fusil de asalto que fue encontrado entre sus piernas, un AK 47 que le había regalado su amigo el entonces presidente cubano Fidel Castro, cuando visitó Chile en 1971.

Carroza investiga por orden de la Corte Suprema la muerte de Allende y de otras 725 personas que fueron ejecutadas o desaparecidas durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990).

La conclusión científica confirmó la versión del suicidio sostenida por 38 años por el doctor Patricio Guijón, uno de varios médicos que acompañaron hasta el último minuto a Allende.

La senadora Allende reaccionó aliviada por las conclusiones del equipo internacional de expertos.

"Tenemos una gran tranquilidad porque este informe concluye con algo (de lo) que teníamos la convicción", dijo a la prensa.

Agregó que "el presidente Allende, el día 11 de septiembre de 1973, ante las circunstancias extremas que vivió, tomó la decisión de quitarse la vida antes de ser humillado o vivir cualquier otra situación".

Allende murió el 11 de septiembre de 1973 durante la sublevación militar dirigida por Pinochet.

Guijón relató recientemente a la AP que Allende ordenó a los 30 ó 40 hombres leales que lo acompañaron hasta el final --un puñado de médicos y sus guardias personales-- que se rindieran y retornó al Salón Independencia, donde murió.

El médico regresó a buscar una máscara antigases para llevarla de recuerdo a sus hijos arrastrándose a tientas por un pasillo a oscuras, cuando divisó una luz y entró a la habitación, que era el salón donde se encontraba Allende.

"Me asomo, había luz y veo al presidente, aunque en ese momento no sabía si era el presidente,... sentado en un sillón a unos cinco u ocho metros", recordó Guijón.

Agregó que "lo que yo vi fue la levantada del cuerpo por el impacto de la metralleta, que era un arma de guerra. Y corrí (hacia él) y vi que no había nada que hacer".

La conclusión de la nueva pericia coincidió también con la creencia final de la familia Allende, que luego de entregar versiones iniciales de que el mandatario había caído bajo las balas de los militares, sostenida por famosos como Castro y el escritor Gabriel García Márquez, llegó a la convicción del suicidio.

La senadora Allende se negó durante años a exhumar los restos de su padre, pero finalmente aceptó tras convencerse de que era necesario establecer la verdad histórica sobre su muerte.

Esta fue la segunda autopsia a la que fue sometido el cadáver de Allende. La primera, dispuesta por los militares, no fue realizada en el SML como establece la ley sino en el departamento de otorrinolaringología del Hospital Militar en medio de la noche y en presencia de un reducido grupo de personas autorizadas por el fiscal militar.

El cuerpo de Allende fue luego inhumado en forma casi clandestina en un cementerio del balneario de Viña del Mar, donde permaneció 17 años.

JOSÉ MARTÍ POLÍTICO Y LIBERTADOR AMERICANO.



"La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada."



Testamento Político

de José Martí.


Carta a Manuel Mercado
Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.
Sr. Manuel Mercado
.
Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir; ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo-de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin. Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos,-como ese de Vd., y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino, que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal q. los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos. Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas;-y mi honda es la de David. Ahora mismo; pocos días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, q. me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yankee o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y negros. Y de más me habla el corresponsal del Herald; Eugenio Bryson:--de un Sindicato yankee,-que no será,-con garantía de las Aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles pª q. quede asidero a los del Norte,-incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno . Y de más me habló Bryson,-aunque la certeza de la conversación q. me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución,-el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,-y la incapacidad de España pª allegar, en Cuba o afuera, los recursos contra la guerra q. en la vez anterior sólo sacó de Cuba:-Bryson me contó su conversación con Martínez Campos , al fin de la cual le dio a entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E. Unidos a rendir la Isla a los cubanos:-Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro, y de lo q. en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, pª cdo. el actual presidente desaparezca, a la presidencia de México. Por acá, yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana. -Y México-¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará,-o yo se lo hallaré. Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quien la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pº estas cosas son siempre obra de la relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle,-alzamos gente a nuestro paso; siento en las benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas q. antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,-la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la cometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres con quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga yo por garantía o servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad.-Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.
Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce, y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece. Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto q. le dimos, de toda nuestra alma, y callado él¡ ¡Qué engaño es esta y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día¡Hay efectos de tan delicada honestidad!.

La carta queda inconclusa. Al día siguiente, 19 de mayo de 1895, Martí cae en combate en la zona llamada Dos Ríos, al pie de la Sierra Maestra.