GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

martes, 31 de enero de 2012

Las Malvinas y el dulce de naranja.


TEMAS DE OPINIÓN Y DEBATE.

Las Malvinas y el dulce de naranja por Enrique Szewach Para LA NACION
Los buenos negociadores son los que logran descifrar los verdaderos "intereses" detrás de las "posiciones" de las partes en pugna.

Francisco Ingouville, en su excelente libro "Del mismo lado", presenta un muy buen ejemplo para entender esta diferencia. Se trata de dos hermanas peleando por una naranja. La madre, en fallo salomónico, decide darle la mitad de la naranja a cada una, para zanjar el pleito. Sin embargo, si hubiera indagado en los intereses de cada una de ellas, hubiera sabido que una quería la naranja para hacer jugo y la otra para hacer dulce, de manera que una solución superior hubiera surgido de pelar la naranja y entregarle la cáscara a una, para que hiciera dulce, y la naranja entera pelada a la otra hermana, para su jugo.

La negociación, o mejor dicho la no negociación en torno a Malvinas , admite también un análisis de este tipo. Las posiciones son claras, tanto la Argentina como el Reino Unido, reclaman la soberanía sobre las Islas Malvinas. Sin embargo, ¿cuáles son los verdaderos intereses detrás de este reclamo? Haciendo abstracción de eventuales bajezas de corto plazo de cada gobierno, que podrían apelar a cierto patriotismo barato, porque "rinde" en circunstancias políticas internas complicadas, lo cierto es que el interés de cada país sobre las islas, parece trascender el atractivo "geográfico" de dos islas perdidas en el sur, dónde nadie quisiera ir a vivir, salvo por lazos afectivos o vocación de ermitaño. Y a las que nadie quiere "volver", porque nunca ha vivido allí.

Lo cierto es que el verdadero interés, como puntualizara muy bien Rosendo Fraga en una columna en LA NACION, surge de la explotación de recursos naturales en el mar y en la posibilidad de que, en algún momento de este siglo, la Antártida sea abierta a dicha explotación para los países con derechos geográficos o políticos sobre esa zona.

En otras palabras, detrás de la posición de reclamar la soberanía de las islas, se esconde el interés por la explotación de recursos naturales, tanto en el mar, como en el territorio antártico.

Hace falta, sin embargo, a estas alturas, incorporar un dato no menor. Los habitantes de las Islas Malvinas, que eran, antes de la guerra, ciudadanos de segunda, para el Reino Unido, han adquirido derechos de ciudadanía británica, derivados, precisamente, de la guerra y sus consecuencias.

La guerra, en ese sentido, ha sido clave para incorporar a la negociación a los habitantes de las islas, nos guste o no, y para otorgar una excusa extraordinaria a la política británica. Hubo una guerra irracional, con muchos muertos, demasiados y con una rendición. Y eso es parte de la nueva realidad. Es cierto que la Argentina tiene el descargo de imputar a un grupo de militares descontrolados esa acción bélica insensata, pero no es menos cierto, que la Plaza de Mayo se llenó de ciudadanos civiles de todo origen para vivar a Galtieri y los suyos, y que muy pocos políticos, líderes de opinión, y ciudadanos, manifestaron (manifestamos) su (nuestra) oposición a esa loca aventura.

Tenemos, entonces, el escenario delineado. Una disputa territorial por el derecho a explotar recursos naturales en el mar y en la Antártida y habitantes de las islas que, habiendo sido ciudadanos de segunda antes de la guerra, ahora tienen otro status, otro pasar económico y prefieren seguir siendo británicos.

Esto último, paradójicamente, resulta muy fácil de resolver. Existen hoy en la Argentina, miles de ciudadanos, muchos más que los que habitan las islas del sur, que han preferido tener, además de su ciudadanía local, el pasaporte de una nación extranjera, de su "madre patria", y no por ello tienen menos derechos que el resto de los argentinos, o son denostados o acusados de "vende patrias". Permitirles a los ciudadanos de Malvinas, conservar su ciudadanía británica y sus costumbres y otorgarles, simultáneamente, el pasaporte argentino, resulta entonces, de bajo costo. Permitir, inclusive, que puedan optar por manejarse en sus contratos y disputas, con las leyes y jueces británicos, o con las leyes argentinas, tampoco resulta grave. (De hecho, "puestos a elegir", y dado el funcionamiento de la justicia argentina, muchos compatriotas, también preferiríamos, con dolor, aceptar otro marco legal y otros jueces, antes que muchos de los nuestros).

No sería, entonces, un problema mayor, tener en las Islas ciudadanos con doble pasaporte, que pudieran optar por el marco legal británico o local, con dos banderas, libre circulación para todos de y hacia el continente, y una delegación local de justicia y policía, cuyas atribuciones y jurisdicciones resultarían más fáciles de negociar que lo que hoy sucede entre el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires.

Despejado el tema de los "ciudadanos", queda el tema de fondo de la explotación de los recursos naturales. Mi modesta opinión es que podemos seguir otro par de siglos reclamando la soberanía absoluta sobre las Islas, y aumentando los "costos" para Gran Bretaña, sin éxito alguno. ¿Alguien sinceramente cree que Gran Bretaña va a declinar sus reclamos sobre las Islas, porque haya que tener aviones con mayor autonomía de vuelo, o porque haya que cambiar una banderita en los barcos, cada vez que tocan puertos del continente, o inclusive, porque empresas británicas no puedan operar en la Argentina, si operan en torno a Malvinas? La única forma de presionar y dejar en evidencia la política del Reino Unido, es quitarle argumentos a su posición e iniciar un proceso de presión seria para un esquema de soberanía compartida y trabajo conjunto en el ámbito de la explotación de recursos naturales, sumando a los países de la región, también con reclamos y ambiciones de derechos antárticos y, en algún caso, como el chileno, superpuesto a los nuestros y a los de los ingleses.

Pero para iniciar un serio trabajo regional y global en pos de una negociación positiva, no basta con conseguir declaraciones de compromiso, válidas pero insuficientes. La Argentina tiene que mostrarse como un país serio en las relaciones internacionales y dispuesto a aceptar las reglas de juego globales, en lugar de ser el "rebelde" y "pendenciero" habitual, para luego sentarse a pedir favores. La solidaridad mundial y regional y el trabajo conjunto no se merecen, se negocian. Eso implica que la Argentina tiene que dejar de enfrentarse con el mundo en materia de comercio internacional, acatar fallos de organismos internacionales, normalizar, dentro de lo posible y en condiciones razonables, las relaciones financieras, en síntesis, mostrarse como un país "normal" que "juega con las reglas" y no que anda reclamando excepciones hasta en la FIFA.

Presentarse al mundo, como un país normal que defiende sus derechos, pero que reconoce las limitaciones de la ley y las buenas costumbres y que tiene una propuesta negociadora concreta más allá de un justo reclamo, le quitará argumentos al Reino Unido y a los habitantes de las islas.

Trabajar con la región, avanzar en la integración y no en el aislamiento y sumarla a los beneficios de una explotación racional y ordenada de los recursos naturales parece ser, al menos, un camino alternativo que debería explorarse en profundidad.

De lo contrario, lo más probable es que nos quedemos con la razón, pero sin jugo y sin dulce.

http://www.lanacion.com.ar/1444785-las-malvinas-y-el-dulce-de-naranja


domingo, 29 de enero de 2012

29 DE ENERO DE 1997: FALLECIMIENTO DE OSVALDO SORIANO (II).



Hace 15 años partía el “Gordo” Osvaldo Soriano un “escritor hecho a sí mismo” y castigado por “académicos” Vivió en el Alto Valle de Río Negro.


"Un grande, como Arlt y como Cortázar, que fundó su propio lenguaje y su propio reino de imaginación", lo definió el escritor Tomás Eloy Martínez.
Con gran fama fuera de su país, "se fue, como corresponde a un argentino cabal, sin haber recibido nunca ninguno de los numerosos premios oficiales o institucionales que este país concede a otros con menos obra, menos talento y menos grandeza creadora", escribió Eloy Martínez

"Acaso cometo el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños", dijo vez Osvaldo Soriano.
Había nacido en “La feliz” Mar del Plata el 6 de enero de 1943 en una modesta casa sobre la calle Alvear. Su padre era inspector de Obras Sanitarias trabajaba en la instalación de la red cloacal. Su padre un catalán que convencido de que con trabajo se podía progresar en la vida llevó a la familia Soriano de mudanza tras mudanza.
Y cuando Osvaldo Soriano tenía unos 13 años les anunció que quería probar suerte en los pozos de petróleo de la Patagonia. Su mujer Eugenia y el pequeño Osvaldo lo a miraron a José Vicente con una mezcla de resignación y de fastidio y no era para menos cuando Osvaldo tenía tres años tuvieron que instalarse en la provincia de San Luis, luego en Río Cuarto.
Llegaron a Neuquén y un tiempo después alquilaron un chalet en la esquina de Mengelle y Alem, en Cipolletti, donde actualmente funcionan las oficinas de la estatal Aguas Rionegrinas. Para Osvaldo, Cipolletti se presentaba ante sus ojos como "un verdadero Far West", con calles de tierra, sin librerías, con diarios que llegaban con tres días de retraso, ni siquiera un lugar donde escuchar música o ver alguna obra de teatro, y con sólo tres únicos entretenimientos: cine, carreras de motos y fútbol y el amor de sus amores: San Lorenzo de Almagro. En su dormitorio mostraba a sus amigos del barrio las fotos de aquella delantera azulgrana que integraban: Facundo, Ruiz, Omar Higinio García, Sanfilippo y Boggi, esos ídolos deportivos, que sólo conocía por la revista "El Gráfico" de los relatos de la radio LU5 Radio Splendid de Neuquén.
Esos años de residencia en tierra patagónica fueron reflejados con mucho cariño y precisión y calidad literaria por el escritor en los relatos incluidos en los libros "Cuentos de los años felices" y "Piratas, fantasmas y dinosaurios".
Fútbolero desde chico su padre era el que ponía el dinero para comprar las camisetas (blancas con una raya roja similar a la de River Plate) del equipo en que jugaba Osvaldo, llamado Defensores de Belgrano, junto a sus amigos Eduardo Garnero, Juan Carlos de Rioja, Juan Honorio, los hermanos Rosauer y Ramón Vásquez... Todos ellos se pasaban las tardes en el parque de la casa de Osvaldo tirando centros para que la metiera de cabeza o de chilena.

Pero hay algo que tanta vida llena mudazas en busca de trabajos mejores que permitieran mejorar la vida de esta familia cuando se trasladan a Tandil y que hicieron que Osvaldo jamás le perdonara a su padre el haber tenido que dejar el fútbol en Cipolletti (también jugó en un equipo llamado Confluencia) y un pedazo de felicidad que es la adolescencia. Con los años reflexionaba: "El viejo era un luchador y nos llevaba de pueblo en pueblo porque creía que, a pesar de alguna caída, había un mañana mejor para la Argentina. Pero ¿por qué no me preguntó si yo quería vivir en todos los sitios adonde lo llevaba su trabajo?".
En 1973 publicó su primera novela “Triste, solitario y final”. En 1976, poco antes del golpe de Estado, Soriano se trasladó a Bélgica.
En 1974 en la ciudad de Capitán Sarmiento escribió su segundo libro “No habrá más penas ni olvido”, el título proviene del tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, Mi Buenos Aires querido ("Mi Buenos Aires querido/cuando yo te vuelva a ver/no habrá más penas ni olvido"), publicada viviendo en Bélgica en 1978. Dice Soriano: “Yo estaba muy sensibilizado por ese disparate que ocurría en el país y que nos desbordaba en todos los aspectos: ¿qué era eso de que Perón bautizara como peronistas a quienes no lo eran y echara peronistas que sí lo eran?”. En las páginas de "No habrá más penas ni olvido", uno de sus personajes pronuncia la ya célebre frase: "Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista". Fue llevada al cine por Héctor Olivera, ganó el Oso de Plata en el festival de Berlín. Luego vivió en París en donde junto a Julio Cortázar, Hipólito Solari Yrigoyen y Carlos Gaveta fundan el periódico "Sin Censura", en el que se denunciaban las aberraciones y los crímenes perpetrados por los militares en la Argentina.
En 1983 se publicó “Cuarteles de invierno”. En 1984 regresó a nuestro país y fundó el diario "Página/12"; ese mismo año apareció “Artistas, locos y criminales” y en 1988 “Rebeldes, soñadores y fugitivos, colecciones de historias de vidas”. Ese mismo año se publicó “A sus plantas rendido un león”. En 1990 escribió “Una sombra ya pronto serás”, novela que fue llevada al cine en 1994 por Héctor Olivera. En 1993 publicó “Cuentos de los años felices”. Las novelas “Triste, solitario y final”, “No habrá más penas ni olvido”, “Cuarteles de invierno” y “A sus plantas rendido un león”, fueron publicadas en 20 países y traducidas a los idiomas inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés, griego, polaco, húngaro, checo, hebreo, danés y ruso.
Fragmentos del reportaje de Cristina Castello a Osvaldo Soriano el 19 de noviembre de 1995.
- ¿Por qué gana el menemismo desde el '89?
- La anterior es una de las razones entre varias. Otra es que la alta dirigencia y la clase más disminuida, son dos polos opuesto, que se miran en el mismo espejo y dicen: "en una de esas, mañana nos va mejor. Y otra causa es que desaparecieron los partidos: el radicalismo no existe.
- Sobre todo después del Pacto de Olivos ,entre Alfonsín y Menem.
Sí pero seamos sinceros: el peronismo tampoco existe y hay "políticos" pero sin partidos, porque s fueron desbordados por una condición "new age" del subdesarrollo. Por eso no hay capacidad crítica ni se tiene en cuenta que el voto cobra sentido cuando se cumplen las promesas.
- Y no sólo no se cumplen: se traicionan.
- ...Y por eso se pierde la confianza en el prójimo y - en el hecho de votar.
- Pero es que no hay educación, no hay cultura, no hay memoria, ni lazos de solidaridad: el retroceso de Argentina es feroz.
- ¡Claro! Entonces alguien le dice a algún chico: "¿cómo votaste a (Antonio Domingo) Bussi, si él mató a tu papá?", y el chico contesta: "no me di cuenta, no me enteré".

- ¿Dónde están hoy los próceres?
- Hoy no hay próceres: hay "ídolos". Pero es bueno escuchar a qué patriotas nombran los presidentes en sus discursos. O si no los nombran: en ambos casos hay un mensaje bien interesante.

- ¿Tu certeza hoy se llama Manuel?
- Mi hijo Manuel es una esperanza. Pero también es mi último gol.

Fuente de información: Internet.

Osvaldo Soriano: a quince años de la muerte del escritor elogiado y discutido por igual.


“El Gordo” Osvaldo Soriano instituyó un estilo que caló hondo en su generación y en las siguientes, pese a que la crítica académica local le fue casi siempre esquiva por no ser un "escritor académico" Murió el 29 de enero de 1997, después de luchar contra un cáncer de pulmón. Tenía 54 años.

El reino de la imaginación por Pablo Montanaro (La Mañana del Neuquén)Escritor cuestionado pero al mismo tiempo celebrado, sin formación académica pero que supo retratar la realidad argentina como pocos, fanático del fútbol, curioso de los contrastes del peronismo, con costumbres noctámbulas y un apasionado por el cine y los gatos. Osvaldo Soriano murió el 29 de enero de 1997, a los 54 años, a raíz de una serie de complicaciones luego de una operación en que le extirparon un cáncer de pulmón.
Antes de su muerte, Soriano era el escritor argentino de ficción que más libros vendía en el país (dos años antes había firmado un contrato por 500.000 dólares con el Grupo Editorial Norma). Su obra compuesta de siete novelas y cuatro crónicas periodísticas fueron traducidas a más de veinte idiomas y tres de ellas llevadas al cine.
Nació en Mar del Plata un día de Reyes de 1943, en una modesta casa de madera sobre la calle Alvear. Hasta allí había llegado su padre, José Vicente Soriano, de origen catalán, para participar como empleado de Obras Sanitarias en la instalación de la red cloacal. Trece años después de ese caluroso día, una fría mañana, José despertó a su mujer, Eugenia y a su único hijo, Osvaldo, para anunciarles que se trasladarían a Neuquén. Entusiasmado, les dijo que quería probar suerte en los pozos de petróleo en el sur del país.
Llegaron a Neuquén y un tiempo después alquilaron un chalet en la esquina de Mengelle y Alem, en Cipolletti, ciudad que se presentaba ante los ojos de ese preadolescente como “un verdadero Far West”, con calles de tierra, sin librerías y ni siquiera un lugar donde escuchar música o ver teatro, y con tres únicos entretenimientos: cine, carreras de motos y fútbol. “Queríamos madurar pronto y triunfar en alguna cosa viril y estúpida como las carreras de motos o los partidos de fútbol”, escribió en el cuento “Primeros amores”, incluido en el libro “Cuentos de los años felices”.
Fanático de San Lorenzo de Almagro, Osvaldo soñaba con jugar al fútbol y tener la “9” en la espalda como su ídolo José Sanfilippo.
A su padre jamás le perdonaría haber tenido que dejar a los amigos de la barra de Cipolletti, a su novia de entonces, sus sueños de convertirse en delantero y un pedazo de felicidad que es esa etapa de la adolescencia. Fue cuando la familia volvió a mudarse, esta vez a Tandil. “El viejo era un luchador y nos llevaba de pueblo en pueblo porque creía que, a pesar de alguna caída, había un mañana mejor para la Argentina. Pero ¿por qué no me preguntó si yo quería vivir en todos los sitios adonde lo llevaba su trabajo?”, afirmó ya de grande, sin haber podido cicatrizar aquel dolor.
Fue en Tandil donde después de trabajar en una metalúrgica a los 21 años dio sus primeros pasos como periodista en el diario “El Eco de Tandil”. En esa ciudad dejó de pensar que sería jugador de fútbol y decidió ser escritor. “Las dos actividades tenían algo en común: eran perfectamente inútiles pero muy placenteras”, afirmó. Y se sumergió de manera caótica en la literatura: Dostoievski, William Faulkner, Raymond Chandler, Ernest Hemingway y Ray Bradbury, entre otros.
Su estilo fluido, simple y directo pero tan eficaz lo fue forjando desde el oficio periodístico en las redacciones de las revistas Primera Plana y Panorama y en el diario La Opinión. Cuando llegó “el mal absoluto” –así definió a la dictadura militar encabezada por Jorge Videla en marzo de 1976- se exilió, primero en Bruselas y después en París, en donde junto a Julio Cortázar fundó el periódico “Sin Censura”, en el que se denunciaban los crímenes de los militares.
Con el retorno de la democracia regresó a la Argentina. “Soriano fue protagonista de su tiempo histórico. Ni se refugió en la torre de marfil ni colaboró con dictadores ni tuvo doble mensaje con la ética. Pocos tuvieron su conducta en tierra argentina”, escribió Osvaldo Bayer.
Amante de la novela negra, de Raymond Chandler, Georges Simenon, Graham Greene, devoto de las obras de Roberto Artl, Adolfo Bioy Casares; el fútbol, la actualidad política y la figura de su padre fueron motivos centrales de los relatos que escribió en las contratapas del diario “Página 12” hasta su muerte.

Pasiones.
Soriano construyó ese universo de personajes perdedores sentimentales con la base de sus desarraigos de chico y adolescente. Admitió que acaso cometía “el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños”.
En su primera novela, “Triste, solitario y final” (1973), Soriano recrea la historia de Laurel y Hardy, los célebres “Gordo y Flaco”, en la que también aparece Marlowe, un detective en decadencia.
Devoto del cine y los gatos, estaba fascinado por las sombras y las luchas internas del peronismo, que logró reflejar en las novelas “No habrá más penas ni olvido” (1978) –llevada al cine por Héctor Oliveira-, en la que aparecen las partes de ese movimiento peronista ya fracturado y enfrentado sangrientamente; y “Cuarteles de invierno” (1980), un fresco de esa contienda en donde aparece una excelente definición: “Yo nunca hice política, siempre fui peronista”, y donde Soriano no denuncia directamente el horror de la dictadura sino que, con una alegoría entre los personajes, metaforiza la historia argentina centrada en el boxeador que representa al pueblo y pierde la pelea contra un teniente primero del Ejército Argentino.
Para Ricardo Piglia se trata del mejor libro escrito en el exilio sobre la dictadura argentina. “No es un libro de denuncia directa. Es una metáfora concentrada en el enfrentamiento entre ese boxeador que se ve obligado a luchar, en una pelea decisiva, con el hombre que había elegido el Ejército”, describió.
Las desopilantes aventuras de un cónsul argentino en un remoto país africano se pueden disfrutar en “A sus plantas rendido un león” (1986), que el cómico Alberto Olmedo intentó llevar al cine y que refleja esa perfecta conjugación de melancolía y diversión.
Un hombre que vuelve del exilio encuentra en la ruta a otros compatriotas que quieren irse del país en “Una sombra ya pronto serás” (1990), una clásica novela de carretera. Soriano observa la Argentina como un turista sorprendido; recorre caminos, se pierde en los pueblos abandonados y da vueltas en círculo sobre la piel del fracaso.
Humor negro, absurdo y realismo feroz se desenvuelven en “El ojo de la patria” (1992), en que Soriano cuenta la historia del cadáver de un prócer argentino enterrado en París y de quien debe traerlo. Novela policial, de espionaje, donde el detective Carré vive en París entre el mundo de la ley, la Policía y el delito poniendo su vida en riesgo por la “gran patria argentina”.

Encuentros.
Después de este libro, Soriano sintió que era el momento de escribir una novela en la que el padre fuera uno de los protagonistas. “La hora sin sombra” (1995), está protagonizada por un escritor que trata de saldar las deudas pendientes con su padre, con las experiencias del pasado, con la vida y con la muerte.
Sus artículos periodísticos fueron reunidos en “Artistas, locos y criminales” (1983), artículos aparecidos en el diario “La Opinión” entre 1972 y 1974, “Cuentos de los años felices” (1993), relación con su padre, San Lorenzo y los hombres que hicieron la Revolución de Mayo como temas centrales, y “Piratas, fantasmas y dinosaurios” (1996), en donde conjuga el fútbol con personajes de la literatura y simples mortales.
Sobre la figura del escritor, Soriano confesó que “está siempre igual de solo que un corredor de maratón”. Y agregó “De esa soledad debe sacarlo todo: música celeste y ruido de tripas. Y también la peregrina ilusión de que un día, alguien decida abrir su libro para ver si vale la pena robarle horas al sueño con algo tan absurdo y pretencioso como una página llena de palabras”.
Sus fieles lectores siguen abriendo esas páginas llenas de palabras para no sentirse ni tristes ni solitarios, recorren las rutas por las que deambulan sus personajes, siguen reconociendo a los hombres de la historia argentina, siguen admirando esa prosa ágil y atrevida, cotidiana y cercana.
Alguien dijo que leer la obra de Soriano es repasar la gran comedia humana argentina y que cada uno de los personajes de sus novelas y relatos tiene un mundo aparte, una historia a punto de estallar.


Bien nuestro.

Alguna vez, su amigo Osvaldo Bayer definió a Soriano como “Un Cortázar de los arrabales y de la mersada, que también, y cómo, es literatura. De la buena, profunda”, y destacó que cuando lo leía se sentía “en mis ciudades o en mis pampas”.
Además subrayó que el autor de “La hora sin sombra” escribía como hablaba y como era, por eso “era un escritor bien nuestro”.
Para Bayer, Soriano dejó un legado, una nueva escuela “sin alejarse de la calle y el baldío; pero también de la carretera y las pampas, esa melancolía y tristeza repentinas pero con ironía. La ironía de saber que el autor y sus personajes son nada más que juguetes en manos de lo indescubrible”.

Felicidades: el fútbol y la literatura.

Soriano comparaba la sensación de hacer un gol con la de escribir una línea genial. Consideraba que las emociones más fuertes en su vida fueron: un instante en una cancha jugando con amigos y un instante a solas, escribiendo una línea. “Son emociones muy violentas”, afirmaba. “Cuando la pelota supera al arquero y entra en el arco se siente algo muy fuerte. Pero el fútbol y la literatura son cosas opuestas, y le ha hecho muy mal a la cultura que no hayan podido ser acercadas”.
Respecto a esa tendencia que en los últimos años se pudo observar en la relación fútbol-cultura, el autor de “No habrá más penas ni olvidos” reflexionó citando el ejemplo de Jorge Valdano, “que le pasó al revés que a mí. Él estaba en la cancha y soñaba con escribir, su frustración era inversa, y ahora escribe y lo hace bastante bien”.

Soriano por Soriano.

“Soy alguien que tiene que ver con los momentos de interrogantes sociales y eso es, quizá, también lo que me limita a los ojos de los demás. Soy alguien que no sacralizó nunca la literatura como no sacralizó nunca nada. Cuando me di cuenta de que iba a ser escritor pensé que una buena cantidad de novelas para una vida eran cuatro. No sé si llevo una de más… o me equivoqué en el cálculo. Yo soy alguien que nunca va a ganar premios, que no los busca y que cree que no hay que merecerlos. Si tuviera que haber unas líneas sobre mí en algún manual o en alguna guía turística de la Boca serían: ‘Es un tipo que hizo pasar un buen rato a sus lectores y que no se tomaba nada demasiado en serio”. (Fragmento de un texto escrito por Osvaldo Soriano en 1991).


Un cuento "AQUEL PERONISMO DE JUGUETE" de OSVALDO SORIANO.Cuando yo era chico Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventanilla que decía “Perón cumple, Evita dignifica”, era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público y no tenía la tozudez de Bartleby el escribiente, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos.

Estar en la fila agitaba el corazón: ¿quedaría todavía una pelota de fútbol cuando llegáramos a la ventanilla? ¿O tendríamos que contentarnos con un camión de lata, acaso con la miniatura del coche de Fangio? Mirábamos con envidia a los chicos que se iban con una caja de los soldaditos de plomo del general San Martín: ¿se llevaban eso porque ya no había otra cosa, o porque les gustaba jugar a la guerra? Yo rogaba por una pelota, de aquellas de tiento, que tenían cualquier forma menos redonda.

En aquella tarde de 1950 no pude tenerla. Creo que me dieron una lancha a alcohol que yo ponía a navegar en un hueco lleno de agua, abajo de un limonero. Tenía que hacer olas con las manos para que avanzara. La caldera funcionó sólo un par de veces pero todavía me queda la nostalgia de aquel chuf, chuf, chuf, que parecía un ruido de verdad, mientras yo soñaba con islas perdidas y amigos y novias de diecisiete años. Recuerdo que ésa era la edad que entonces tenían para mí las personas grandes.

Rara vez la lancha llegaba hasta la otra orilla. Tenía que robarle la caja de fósforos a mi madre para prender una y otra vez el alcohol y Juana y yo, que íbamos a bordo, enfrentábamos tiburones, alimañas y piratas emboscados en el Amazonas pero mi lancha peronista era como esos petardos de Año Nuevo que se quemaban sin explotar.

El General nos envolvía con su voz de mago lejano. Yo vivía a mil kilómetros de Buenos Aires y la radio de onda corta traía su tono ronco y un poco melancólico. Evita, en cambio, tenía un encanto de madre severa, con ese pelo rubio atado a la nuca que le disimulaba la belleza de los treinta años.

Mi padre desataba su santa cólera de contrera y mi madre cerraba puertas y ventanas para que los vecinos no escucharan. Tenía miedo de que perdiera el trabajó. Sospecho que mi padre, como casi todos los funcionarios, se había rebajado a aceptar un carné del Partido para hacer carrera en Obras Sanitarias. Para llegar a jefe de distrito en un lugar perdido de la Patagonia, donde exhortaba al patriotismo a los obreros peronistas que instalaban la red de agua corriente.

Creo que todo, entonces, tenía un sentido fundador. Aquel “sobrestante” que era mi padre tenía un solo traje y dos o tres corbatas, aunque siempre andaba impecable. Su mayor ambición era tener un poco de queso para el postre. Cuando cumplió cuarenta años, en los tiempos de Perón, le dieron un crédito para que se hiciera una casa en San Luis. Luego, a la caída del General, la perdió, pero seguía siendo un antiperonista furioso.

Después del almuerzo pelaba una manzana, mientras oía las protestas de mi madre porque el sueldo no alcanzaba. De pronto golpeaba el puño sobre la mesa y gritaba: “¡No me voy a morir sin verlo caer!”. Es un recuerdo muy intenso que tengo, uno de los más fuertes de mi infancia: mi padre pudo cumplir su sueño en los lluviosos días de setiembre de 1955, pero Perón se iba a vengar de sus enemigos y también de mi viejo que se murió en 1974, con el general de nuevo en el gobierno.

En el verano del 53, o del 54, se me ocurrió escribirle. Evita ya había muerto y yo había llevado el luto. No recuerdo bien: fueron unas pocas líneas y él debía recibir tantas cartas que enseguida me olvidé del asunto. Hasta que un día un camión del correo se detuvo frente a mi casa y de la caja bajaron un paquete enorme con una esquela breve: “Acá te mando las camisetas. Pórtense bien y acuérdense de Evita que nos guía desde el cielo”. Y firmaba Perón, de puño y letra. En el paquete había diez camisetas blancas con cuello rojo y una amarilla para el arquero. La pelota era de tiento, flamante, como las que tenían los jugadores en las fotos de El Gráfico.

El General llegaba lejos, más allá de los ríos y los desiertos. Los chicos lo sentíamos poderoso y amigo. “En la Argentina de Evita y de Perón los únicos privilegiados son los niños”, decían los carteles que colgaban en las paredes de la escuela. ¿Cómo imaginar, entonces, que eso era puro populismo demagógico?

Cuando Perón cayó, yo tenía doce años. A los trece empecé a trabajar como aprendiz en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven las manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; standard las que quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón: su nombre y el de Evita estaban prohibidos. Los diarios llamaban “tirano prófugo” al General. En los barrios pobres las viejas levantaban la vista al cielo porque esperaban un famoso avión negro que lo traería de regreso.

Ese verano conocí mis primeros anarcos y rojos que discutían con los peronistas una huelga larga. En marzo abandonamos el trabajo. Cortamos la ruta, fuimos en caravana hasta la plaza y muchos gritaban “Viva Perón, carajo”. Entonces cargaron los cosacos y recibí mi prime¬ra paliza política. Yo ya había cambiado a Perón por otra causa, pero los garrotazos los recibía por peronista. Por la lancha a alcohol que casi nunca anduvo. Por las camisetas de fútbol y la carta aquella que mi madre extravió para siempre cuando llegó la Libertadora.

No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo. Aunque el país sea distinto, y la felicidad esté tan lejana como el recuerdo de mi infancia al pie del limonero, en el patio de mi casa.


Osvaldo Soriano por Rep.

GOBERNAR ES UNA TAREA COMPLEJA.



GOBERNAR ES UNA TAREA COMPLEJA.
“Gobernar es una tarea compleja. Incluye la necesidad de combinar habilidad política con una configuración cabal de hacia dónde se quiere ir y qué armas y tiempos se utilizarán en el intento de alcanzar la meta. Y esto, multiplicado por tantas áreas como tiene una gestión. Combinando en cada una de ellas ventajas, dificultades, recursos y estrategias y sabiendo que no todas las herramientas estarán disponibles en el momento en que sean necesarias y que habrá otros actores sobre el tablero, interviniendo con sus propios intereses en el curso de la situación.”

>>> Conceptos tomados de un artículo de la periodista Alicia Miller del Diario “Río Negro” de la columna “Después de Soria” públicada el día 22-1-2012.

sábado, 28 de enero de 2012

Nada es para siempre por Carlos Schulmaister.


Nada es para siempre por el Reginense Carlos Schulmaister.
Durante los tiempos finales del optimismo de la Modernidad el mundo continuaba siendo posible como objeto de conocimiento, y por ende de transformación, sin importar que simultáneamente existieran tendencias impugnadoras.

Cincuenta años atrás la ciencia era la sala de una biblioteca y la historia la llave para entrar. De ahí que las enciclopedias y el enciclopedismo tuvieran sentido. Y de ahí que se leyera más que ahora, que se tuviera fe en lo leído y que se guardaran con orgullo y amor los libros, cual joyas valiosas que se transmitirían por herencia, en el futuro...

¿Y la filosofía..? ¡Aaaah, la filosofía es otra cosa..! ¡Siempre lo fue..!

Nada es eterno. Acaso tampoco esta afirmación. Y no sólo desde los mandatos de la razón sino también desde el psiquismo y las emociones, pues lo que la conciencia conserva el olvido lo destruye. Y si a eso se agregan las ficciones provocadas por los errores y los espejismos del conocimiento tendremos el no ser del ser: aquello que no es en acto ni puede serlo en potencia.

Nada es igual a sí mismo ya, y ni siquiera un segundo después. No sólo para las conciencias de quienes estén pensando o percibiendo ese algo, pues éstas mismas tampoco son ya las mismas, sino porque el vestuario, las formas, tampoco permanece igual. De allí que permanentemente las palabras “encojan” de tamaño y no alcancen a cubrir alguna parte del cuerpo que cubrieron o que tan sólo intentaron cubrir, o que por el contrario se “estiren” y resulten demasiado laxas e imprecisas para cubrir, contener, sostener y vestir un cuerpo o alguna de sus partes.

Es por eso que la representación de las cosas mediante las palabras y sus combinaciones siempre resulta una tentativa insatisfecha en su totalidad, pues además de sus limitaciones descriptivas operan definiendo, delimitando, dividiendo, precisando, fijando, estableciendo, condicionando, autorizando, imperando, entre otros gerundios constrictivos de sus respectivos significados. Incluso comportándose en forma totalmente opuesta.

Todo está en movimiento, pero sin dirección uniforme, de modo que todo va o viene, se acerca o se aleja. Y lo está para el hombre y la aventura de su existencia en este ambiente humano que nada tiene que ver con la caja de cristal de Dios... su cajita preciosa, digo, ni tampoco con la supuesta de un dios-hombre-máquina.

El hombre no está seguro jamás, pero puede construir seguridad y raíces, aunque no sea para siempre ni para todos. Pero, aun cuando lograra esto último, es decir, si incorporara a la humanidad toda en un mismo y compartido status, no podría detener el cambio, pues esa humanidad y cada hombre en particular ya no serían los mismos en su esencia. Tal vez ese estado tan anhelado como superación de conflictos particulares fuera un nuevo mal para el hombre, porque fuera menos hombre, menos plenamente humano, ya que él se revela creativa y sorprendentemente en su plenitud en el desafío de las encrucijadas y los conflictos, en las búsquedas, en suma, más que en los hallazgos, en los logros eventuales, y los puntos de llegada.

El hombre es más azar que destino. Más contingencia que norma. Un fuerte viento puede hacerlo volar hoy, mañana tal vez no. O tal vez sí, pero nada lo puede asegurar como definitivo y universal ni como poseedor de una brújula que funciona correctamente.

Esa brújula intenta ser la cultura, pero a menudo sus agujas fallan en sus indicaciones de rumbo. Si la aventura humana es —entre tantas otras cosas que es en este momento— la historia de las escalas desde el individuo hasta los colectivos más amplios, el universalismo de los auténticos cristianos y de los anarquistas es un deseo, una apuesta, una lucha contra la nada, un sueño de absoluto, un reclamo de amor, una lucha contra la muerte y la nada puesto que no hay trascendencia sin una mirada humana que la perciba.

Lo dicho hasta aquí pone en duda los fueros históricos de la verdad. La verdad a secas es como una dama bella y casquivana que se insinúa a quien la persigue haciéndole creer que podrá hacerse con ella para quitarle uno a uno todos sus velos y así dejarla crudamente al desnudo; sin embargo, ella nunca se entrega del todo, de modo que aunque alguien pueda poseerla ocasionalmente, nunca será del todo suya, nunca lo será completamente, nunca nadie será su propietario, y ni siquiera un mero poseedor con plazo establecido.

De modo que no conviene confiar de entrada en ella puesto que cuando se presentó como la verdad no lo juró, ni confesó sus secretos; pero de haberlo hecho también podría haber mentido. Por lo tanto, cuando inexorablemente el Don Juan de todas las verdades que es el hombre genérico llega a sentirse traicionado por ellas, en realidad se equivoca. En ese caso lo correcto es pensar que el ingenuo ha sido él mismo doblemente: primero al creer en sus mohines engañosos, y luego al descreer de éstos, al sentir que no le atraen como antes, o bien al sentirse como un idiota frente a quienes antes lo han visto defender su honor con inmerecido entusiasmo.

Por eso es que la verdad no existe, la inventamos y reinventamos millones de veces, y seguimos haciéndolo constantemente de un modo singular, siguiendo nuestras inclinaciones, mezclando fórmulas conocidas con ingredientes novedosos que tomamos de otros, más algunos que creemos de nuestro propio coleto, y así, pasado un tiempo, de vuelta a empezar. Creer y descreer y empezar de nuevo, ése es el camino.

Y a cada resultado lo vamos sedimentando en infinitas versiones de provisorias certezas, apilables en los estantes de las dos bibliotecas: la de las sabidurías humanas y la de nuestra conciencia, hasta que llega un momento, un presente, un instante, en el cual repasamos mentalmente tantos saberes formateados y decidimos que a ambas les vendría bien un expurgo, y a la sala —por qué no— una mano de pintura.


Obras de Salvador Dalí: La persistencia de la memoria y El enigma infinito.

jueves, 26 de enero de 2012

EL 26 DE ENERO DE 1914: MUERE POBRE EL "CURA GAUCHO" JOSÉ GABRIEL BROCHERO.

La Cruz tiene dos líneas: ¿cómo las traza un pueblo?
Con la marcha fogosa de sus héroes abajo
(tal es la horizontal)
Y la levitación de sus santos arriba
(tal es la vertical de una cruz bien lograda).
Josef, si como pueblo no trazamos la Cruz,
porque la Patria es joven y su edad no madura
la debemos trazar como individuos,
fieles a una celosa geometría.
¡La vertical del santo, la horizontal del héroe!
Leopoldo Marechal.

Y la Patria con celosa geometría de la Cruz que decía Leopoldo Marechal la trazó en el suelo argentino, también, el CURA BROCHERO.

El 26 de enero de 1914 muere pobre, leproso, ciego, rodeado de sus pobres en Córdoba, el “CURA GAUCHO” JOSÉ GABRIEL BROCHERO; en un lenguaje llano manifestaba: "ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje" y en su lecho de muerte partió rumbo al silencio mientras apretando el crucifijo entre sus manos: “Yo me fío de la Misericordia de Dios”.“Cristo lavó mis pecados en su sangre...”.
Brochero a sus paisanos haciéndoles mirar la cruz de la Capilla de la Casa de Ejercicios les aconsejaba: “En la cruz está nuestra salud y nuestra vida... la fortaleza del corazón, el gozo del espíritu... la esperanza del cielo... ¿Tendremos valor para mirar al Salvador sin conmovernos y sin resolvernos a seguirlo, aunque sea caminando por el medio de la amargura, y aunque sea derramando nuestra sangre gota a gota hasta exhalar el alma?”.

José Gabriel del Rosario Brochero, el popular sacerdote católico, nació el 16 de marzo de 1840, en los aledaños de Santa Rosa de Río Primero, Córdoba de la Nueva Andalucía, el 16 de marzo de 1840, en un paraje conocido como Carreta Quemada, provincia de Córdoba. Creció en el seno de una familia de profunda vida cristiana. Sus padres fueron Ignacio Brochero y Petrona Dávila. José fue el cuarto de diez hermanos, dos de sus hermanas fueron religiosas del Huerto.
El 5 de marzo de 1856 ingresó al Seminario de Nuestra Señora de Loreto y en 1858 concurre a la Universidad Nacional Mayor de San Carlos Entre los compañeros de estudios se encontraban Juárez Celman ( quien sería futuro gobernador de Córdoba y Presidente de la Nación), Eleazar Garzón (futuro gobernador de Córdoba y agrimensor), Martín Yañis (futuro Obispo de Santiago del Estero). Brochero tomó los hábitos de sacerdote a los 26 años de edad en 1866 y el 10 de diciembre del mismo año da su primera misa.
Como ayudante de las tareas pastorales de la Catedral de Córdoba, desempeño su ministerio sacerdotal durante la epidemia de cólera que desbastó a la ciudad.
El 24 de diciembre de 1869 migró desde la ciudad de Córdoba a las sierras altas para hacerse cargo del curato de San Alberto, instalado en la localidad de Villa del Tránsito. El estado moral y la indigencia material de sus habitantes eran lamentables.
Se trataba de una zona de más de 4.000 kilómetros cuadrados, sin caminos y salvaje, con unos diez mil habitantes desparramados en villorrios de casas de paja y barro; va montado sobre un mulo o una mula con la sotana atada a la cintura, las espuelas sobre botines gruesos, el poncho, un sombrero negro de ala ancha, cruzaba arroyos y quebradas para ir a visitar a los paisanos. Llevaba en sus alforjas algo de comida, lo necesario para la Misa, el breviario y el rosario y también chala para sus cigarros, sin olvidar un cuchillo en la cintura por si se encontraba con algún animal salvaje.
Siempre decía:
“Aunque no sea capaz de expresarme en forma elegante, puedo decir que conozco palmo a palmo y mejor que cualquier literato todas las sierras de Córdoba”.El corazón apostólico de BROCHERO no se desanima, sino que desde ese momento dedicará a educar y promocionar a sus lugareños; es allí donde levanta un templo y traslada luego la sede parroquial a la mejor ubicada Villa del Tránsito, que es el actual Villa Cura Brochero.
El “CURA GAUCHO” HACEDOR de varias obras como la fundación de 3 escuelas; el Colegio de las Hermanas Esclavas a la que asistían niñas y señoritas de las provincias de San Luis, La Rioja y Córdoba; un molino harinero para moler el trigo de la zona; trazó unos 66 caminos vecinales, realizando la carretera de unos 200 km. que incluían puentes de piedra y que une a Soto con Villa Dolores. En el año 1870 el propio Cura Brochero trazó el camino de herradura que une San Pedro con Altautina, posteriormente lo mejoró y ensanchó llegando hasta la laguna de Ciénega de Allende; fue también el impulsor de la construcción de canales de regadío, extensión de acequias y canales y el pedido de la construcción de escuelas. Por último, fue también el promotor de extensión de un ramal del ferrocarril que correría desde Soto correría hasta Villa Dolores que no se ejecutó por inconvenientes presupuestarios. Es decir cumplió esa máxima del Martín Fierro:
“debe el gaucho tener casa / escuela, iglesia, derechos”.
A lomo de mula, con un sombrero de ala y su clásico poncho, el cura Brochero recorría los rancheríos de Traslasierra llevando la palabra de Dios, acompañando y asistiendo a los enfermos, levantando paredes al lado de los serranos y colaborando en las faenas camperas mientras compartía un mate con los feligreses.

Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas; también proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar de la pobreza en que se encuentran "abandonados de todos pero no por Dios", decía de sus queridos serranos.
Fue declarado "Venerable" por el Papa Juan Pablo II en el 2004.

UN CENTENARIO GLORIOSO por el Padre LEONARDO CASTELLANI.
Poco observado ha pasado este año el cincuentenario de la muerte del nombrado CURA BROCHERO y el centenario de su ordenación clerical. Sin embargo el departamento oficial lo recordó con un acto muy digno en el Correo Central, con una nutrida y amena conferencia del poeta cordobés (Gaspar Pío) DEL CORRO, y con la emisión de un sello postal con que las energías facciones del criollo de linaje castellano, popularmente “CURA GAUCHO”. El cura gaucho fue un santo y una de las puras siluetas de nuestra historia.
Tres santos solamente ha habido en nuestro país (olvidando dos incanonizables) que son el CURA BROCHERO, el Obispo ESQUIÚ y la Beata ANTULA.
JOSÉ GABRIEL DEL ROSARIO BROCHERO y DAVILA nació en 1840 en el puesto campestre Carreta Quemada, y no en Santa Rosa como reza su fe de bautismo, conforme ha puesto en claro el último de sus biógrafos, P. ANTONIO AZNAR S. J. Este misionero - que ha seguido los pasos del otro misionero serrano no sólo con su pluma sino con su vida – produjo en 1951 una biografía de la cual dijo Monseñor de la Rioja que era la primera excelente; no reparando quizás en la escrita antes por Don RAMÓN CÁRCANO, nada despreciable. Primero de todos MARTÍNEZ ZUVIRÍA en su prístina novela FLOR DE DURAZNO había revelado (con el nombre transparente de FILOMÓN ROCHERO) la pintoresca y pertinaz tradición oral cordobesa acerca del cura gaucho – y canónigo de la Catedral y maestro de Filósofo – que ha servido a AZNAR para reconstruir su heroica VIDA. Acaba de hacerlo en una nueva biografía más brece, que es amena, exquisita, completa; elegantemente editada por el Colegio Sagrada Familia (Bouchardo 260) de Córdoba. La habían precedido, además de la susodicha, una serie de monografías sobre puntos particulares, recopilados en 20 años de viajes misionales, a saber: “El Padre Brochero y la Beata Antula”; “Las dos banderas y el Cura Brochero”; “Los “caranchos” y el Cura Brochero”; “El Cura Brochero y la Eucaristía”. También pertenece a esta bibliografía incompleta el enjundioso ensayo filosófico BROCHERO de VIDAL FERREYRA VIDELA, Buenos Aires, 1964, edición del autor. Su vida y su recia figura están resumidas insuperablemente en aquel libro. Ordenado sacerdote, fue mandado de cura a San Alberto más allá de Pampa de Achala – cordillera de 2.000 metros que había que trasponer a mula -. Allí emprendió la construcción de la Iglesia, fue desairado por el vecindario, y se puso él mismo de albañil y maestro de obra. Allí se quebró una pierna al bajar una cuesta trayendo una viga a cinchas. Lo mismo hizo después en el Tránsito – Iglesia y Casa de Ejercicios – pueblo de su curato que se volvió su centro de operaciones y hoy lleva su nombre. Cuando los indolentes criollos vieron alzarse las paredes por milagro, se desperezaron, y empezaron a ayudar a porfía a cambio de caña y yerba; y es fama qe hasta abogados, médicos, sacerdotes y legisladores que venían de visita, contagiados echaban una manito; y que mujeres serranas con sus guaguas a cuestas traían cal viva a pie y en árganas de la canteras de Panaholma. El caso es que los edificios de “El Tránsito” calculados por los ingenieros de JUÁREZ CELMAN en 400.000 pesos los hizo DON GABRIEL con 52.000… de limosnas; conseguidas con lágrimas algunas veces.

*** Dinámica Social revista, nº 151, Noviembre-Diciembre de 1964. Buenos Aires, Argentina.
LEONARDO CASTELLANI CRITICA LITERARIA NOTAS A CABALLO DE UN PAÍS EN CRISIS, EDICIONES DICTIO, BUENOS AIRES, páginas 445-451.

miércoles, 25 de enero de 2012

25 DE ENERO DE 1997: ASESINATO DEL PERIODISTA GRÁFICO JOSÉ LUIS CABEZAS.

25 DE ENERO DE 1997: ASESINATO DEL PERIODISTA GRÁFICO JOSÉ LUIS CABEZAS.
NO SE OLVIDEN DE CABEZAS.





El empresario Alfredo Yabrán quien había logrado hacer culto del anonimato es sorprendido por una foto que le sacó José Luis Cabezas en Pinamar para la revista "Noticias".
Alfredo Yabrán era conocido por la opinión pública por el alegato de Domingo Cavallo en el Congreso de la Nación Argentina en el año 1995 donde fue identificado porque manejaba los depósitos fiscales de Ezeiza por ser propietario de la empresa Bosquemar, la inmobiliaria dueña del Hotel Arapacis en ciudad de Pinamar.
Al imperio Yabrán, se le adjudican empresas postales, aéreas, depósitos fiscales, free shops, compañías de impresión de documentos y padrones electorales, transportadoras de caudales, inmobiliarias, empresas turísticas, de seguridad y de cargas, entre otras, cobró muchísimo poder haciendo negocios con el Estado.
La foto de Alfredo Yabran caminando junto a su mujer por las playas de Pinamar se tomó el 16 de febrero de 1996. En este balneario el empresario tomaba sus vacaciones.

La nota del diario “La Nación”.


La foto que le costó la vida a Cabezas.



El 16 de febrero de 1996, Cristina Cabezas jugó ser una turista más en las playas de Pinamar. Su marido, José Luis, simuló hacerle fotos con su cámara, pero el objetivo no era la madre de su hija Candela. Metros detrás de Cristina, Alfredo Yabrán caminaba junto a su mujer, María Cristina Pérez. El torso del empresario estaba desnudo y vestía una bermuda blanca con rayas cruzadas color bordó.
Así consiguió José Luis Cabezas la foto del todopoderoso empresario de la década menemista que le costó la vida, y que vio la luz el 3 de marzo de aquel año cuando la revista Noticias la publicó en su tapa. Poco menos de doce meses después, el reportero gráfico fue encontrado asesinado en una cava en General Madariaga, hecho del que hoy se cumplen 15 años
El rostro de Yabrán era un bien preciado para todos los medios de comunicación desde el 25 de agosto de 1995, cuando el por entonces ministro de Economía Domingo Cavallo acusó al empresario de ser "jefe de una mafia enquistada en el poder".
Su cara nunca había sido publicada y él se ufanaba de eso. "Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente", dijo alguna vez en una entrevista. "Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía", también fue una frase que se le atribuye. Rara vez concedía entrevistas, y cuando lo hacía exigía que el periodista no esté acompañado por un fotógrafo.
Detrás de la imagen
"No sé si es Yabrán, pero por las fotos que tenemos me da la sensación. Fijate vos que con tu ojo de fotógrafo quizás lo reconoces", le dijo Gabriel Michi a José Luis Cabezas el 15 de febrero de 1996.
"Sí, es él", le respondió el fotógrafo a su compañero de trabajo, tras haberse acercado unos metros al balneario de Pinamar donde Yabrán comenzaba sus vacaciones.
El equipo de periodistas de la revista Noticias volvió al estacionamiento donde estaba el auto que habían alquilado. Cabezas sacó su cámara y, mientras su compañero le hacía de trípode para sostener el teleobjetivo, comenzó a disparar. Una foto, dos, tres. Yabrán tomaba sol en una reposera, con un perro al lado, en el balneario Marbella.
"Teníamos información sobre Yabrán desde hacía bastante tiempo. Y nuestros contactos en Pinamar que nos avisaron cuando él llegó a la playa", recuerda hoy ante LA NACION Gabriel Michi. "Con José Luis hicimos una guardia primero frente a su casa. Y ese mismo día, el 15 de febrero, por la tarde pasamos por el balneario que por entonces se llamaba Marbella".
Allí hicieron las primeras fotos del empresario en la playa, con Michi haciendo de trípode para la cámara de Cabezas. Al rato bajaron a la playa, se instalaron en un balneario contiguo del de Yabrán, y utilizaron por primera vez la estrategia del "falso turista".
"Lo vemos que viene caminando para el lugar donde estábamos nosotros. Pasa y sigue -relata Michi-. A los pocos metros vuelve, y ahí me puse en pose, como que José Luis me sacaba la foto a mí, pero en realidad le estaba sacando a Yabrán".
Al día siguiente, con la intención de hacer más imágenes, Michi y Cabezas alquilaron una carpa cerca del empresario. "Nos quedamos todo el día y alrededor de las 16 lo vemos pasar caminado. Estaba con su mujer. Iban hacia el norte de Pinamar", cuenta el periodista.
Cuando Yabrán volvió caminando junto a su esposa, fue Cristina Cabezas la que simuló ser turista, mientras José Luis disparaba el obturador de su cámara.
"Yabrán ataca de nuevo", tituló Noticias en su tapa del 5 de marzo de 1996. La imagen de Cabezas acompañaba una investigación escrita por Michi donde revelaba los negocios del empresario en Pinamar.
Lo que vino después es una historia tristemente conocida: Cabezas fue asesinado el 25 de enero de 1997. Había recibido varias amenazas de muerte durante todo 1996. "Sabíamos que la foto le había molestado. Hay versiones que dicen que los custodios recibieron algún tipo de reprimenda y que después fueron reincorporados", señala Michi.
Yabrán fue investigado por la Justicia como autor intelectual del crimen, pero nunca se enfrentó ante un juez: se suicidó el 20 de mayo de 1998. Y de los nueve condenados que tuvo el caso, ninguno cumple prisión efectiva.


www.lanacion.com.ar/1443287-la-foto-que-le-costo-la-vida-a-cabezas

martes, 24 de enero de 2012

EL 24 DE ENERO DEL 2001: A 9 años del día que Duhalde marcó el destino de Kirchner.

HISTÓRICAS ARGENTINAS.
MEMORIA HISTÓRICA.

A nueve años de la reunión del Congreso Nacional Justicialista que, con predominio duhaldista, suprimió las internas presidenciales. Esta decisión contribuyó notablemente a que Néstor Kirchner, el "favorito" de Duhalde -según el Página/12 de entonces- llegue a ser Presidente de la Nación.

(Informe de Urgente24.com).


El 24 de enero de 2003 el Congreso Nacional Justicialista (CNJ) se reunió en el miniestadio del club Lanús. No fue una sesión más ya que el duhaldismo impuso su cómodo dominio y tomó una decisión inédita: suprimió las internas, aprobando la aplicación de los denominados neolemas para las elecciones generales del domingo 27 de abril.
De esta forma, las fórmulas encabezadas por Carlos Saúl Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá pudieron presentarse a los comicios presidenciales.
Cabe destacar que Menem quería ir a internas porque, según los analistas políticos, tenía altas probabilidades de ganar y surgir como el candidato peronista. Pero la intención de Eduardo Duhalde - entonces senador en ejercicio de la Presidencia- era que Kirchner llegue a los comicios. Y así lo impuso.
La decisión fue tomada por el máximo órgano deliberativo de la agrupación, con claro predominio del duhaldismo.
Publicó entonces el diario Página/12: "Hubo cuatro fechas diferentes de internas fijadas en distintos momentos pero ayer Duhalde pudo echar por tierra con esos compromisos para evitarle a su favorito, el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, el mal trago de enfrentar a Menem. Ahora, Kirchner, Menem y también Adolfo Rodríguez Saá podrán competir directamente en la elección general como candidatos oficiales del justicialismo. El riesgo es que dividirán votos, pero Duhalde sostiene que igual habrá dos peronistas en el ballottage".
Por supuesto, Menem no se quedó de brazos cruzados y emitió un comunicado para protestar por lo ocurrido, calificando al CNJ de tomar actitudes autoritarias. "La decisión es nula de toda nulidad", manifestó.
"Las características oligárquicas, elitistas -añadió-, del método formulado por el duhaldismo expropian los derechos electorales de más de dos millones de afiliados peronistas y quince millones de ciudadanos independientes en beneficio de un puñado de personas", se quejó. Pero ya no había vuelta atrás. El duhaldismo también se encargó de votar una cláusula según la cual si la Justicia impedía los neolemas -en caso de que Menem impugne- sería el partido a través de su Comisión de Acción Política (CAP) la que designe a los integrantes de la fórmula presidencial.
La suerte ya estaba echada, y todos conocemos el final. En las elecciones del 27 de abril de 2003, el Frente para la Victoria (de Kirchner) obtuvo solo un 22% de los votos, resultando superado por Menem (“Alianza Frente por la Lealtad -UCD), que obtuvo el 24,3%. La legislación electoral argentina prescribe que si ningún candidato alcanza el 45% de los votos válidos emitidos, los dos más votados deben disputar una segunda vuelta.
El balotaje debía llevarse a cabo el 18 de mayo de 2003, pero cuatro días antes -el 14 de mayo- Menem, después de una larga cadena de rumores y desmentidos, anunció su decisión de renunciar a su candidatura, lo que automáticamente convirtió a Kirchner en presidente electo. Muchos analistas señalan que esta maniobra tuvo como propósito evitar una fuerte derrota y, al mismo tiempo, condicionar a su rival, que accedió a la presidencia con el nivel más bajo de votos jamás registrado en la historia argentina. El 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner prestó ante el Congreso el juramento de ley para convertirse en presidente de la República hasta 2007.
Cómo fue la histórica sesión, qué se votó y quiénes votaron.
Cuenta Página/12 que ese 24 de enero "Lanús amaneció preparado como para una invasión armada. Había vallas dos cuadras a la redonda del microestadio en donde se realizó el congreso, protegidas por dos filas de policías. El menemismo había amenazado enviar diez mil manifestantes pero apenas si habrán ido unos veinte. Se fueron junto a sus congresales arrojando unos panfletos que decían “chirolita” y en los que se veía a Kirchner en las rodillas de un Duhalde ventrílocuo".
"Estaba previsto un primer llamado a las 11 y un segundo a las 13, pero el congreso recién comenzó pasadas las 14, una vez que se solucionaron los inevitables problemas de acreditación y demás. Dentro del microestadio, los congresales se ubicaron en sillas de plástico de cara a la mesa de autoridades. Afuera era un día peronista, pero en el gimnasio no circulaba el aire y todos se apantallaban con lo que tuvieran a mano.
Las autoridades se reunieron en una oficina en el segundo piso del Club Lanús y decidieron el sistema de oradores: en caso de que alguna provincia tuviera más de una posición hablarían dos congresales, cinco minutos cada uno. La mesa estuvo encabezada por el bonaerense Eduardo Camaño y también participaron los menemistas Juan Carlos Romero y Angel Maza", continúa el relato de Página/12.

lunes, 23 de enero de 2012

MALENA CANTA EL TANGO... A YUYO DE SUBURBIO SU VOZ PERFUMA.



A yuyo de suburbio Malena canta el tango con el corazón...
Malena es un famoso, clásico tango escrito por ese gran poeta argentino Homero Manzi y la música por Lucio Demare en el año 1.941. Fue interpretado por primera vez por la orquesta de Lucio Demare en Buenos Aires en la Boite Novelty,registrada en la película El viejo Hucha, dirigida por Lucas Demare y estrenada el el 29 de abril de 1942. El 8 de enero de 1942 fue grabada en RCA Víctor por la orquesta de Aníbal Troilo, con la voz de Francisco Fiorentino, con gran éxito.Pertenece a la que se considera la "década prodigiosa del tango" la del ´40 una época de grandes cambios políticos y sociales que marcarían para siempre a la Argentina moderna.
MALENA POEMA DE HOMERO MANZI.
Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.
Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón,
o acaso aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro.
Tu canción
se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la flor de una pena,
só1o sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,
tus labios apretados como el rencor,
tus manos dos palomas que sienten frío,
tus venas tienen sangre de bandoneón.
Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan sobre el barro del callejón,
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada,
Malena tiene pena de bandoneón.


domingo, 22 de enero de 2012

MARÍA ESTELA MARTÍNEZ, EX-PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA NACIÓN ARGENTINA.



Esta entrada es un avance no más, si Dios quiere seguiré ampliando y todo viene por una nota publicada por el Diario El País-España, el 21 de enero 2012 "La sombra de Isabelita Perón recorre Madrid". Foto cuando asume la presidencia.


DATOS DE MARÍA ESTELA MARTÍNEZ.María Estela Martínez Cartas, nacida en un hogar de clase media en la provincia de La Rioja (Argentina) en 1931 su familia se mudó a Capital Federal cuando tenía 3 años, conocida popularmente como Isabelita o Isabel Perón por el nombre artístico Isabel Gómez que usó en su época de bailarina, fue Presidente Constitucional de la Nación Argentina y una de las primeras mujeres en el mundo en tener el título de presidente o presidenta como se dice en los tiempos Nac&Pop.
Estando Perón en el exilio en Panamá, apareció María Estela Martínez quien era bailarina, había integrado el elenco estable del Teatro Cervantes y estaba de gira con una compañía. Hizo todo lo posible por acercarse a Perón (tanto que despertó las sospechas de que se trataba de una espía) y le pidió trabajo como secretaria, a cambio de la casa y la comida, tenía 24 años. Se ganó el cariño del viejo caudillo argentino, que en ese entonces no tenía un peso y vivía rodeado de enemigos, por lo que cabe descartar que se hubiera acercado por interés. Dicen que la conocía en la segunda presidencia de Perón y que formalizaron en Panamá. Llegan a España en 1960 y se convierte en una especie de embajadora y negociadora de Perón ante emisarios y sindicatos; y secretaria (hasta la llegada del nefasto José López Rega en el ´66); también absorbe todo el credo de la dictadura española del Caudillo por la Gracia de Dios, Francisco Franco. Como Perón no podía casarse por haber sido excomulgado por la Iglesia (algunos historiadores aseveran que no lo fue), el Obispo de Madrid les dispensa un "matrimonio de conciencia" en noviembre de 1961. En lo cierto es que se casaron en Madrid en 1961, y fue la última mujer en la vida de Perón, quien la recompensaría depositando en ella toda su confianza.
Palabras de Perón a su amigo Ramón Landajo en su exilio panameño: “quien me desvirgó fue Potota, y Eva fue la que encendió el fuego de la revolución. Ella hizo la hoguera que siempre me mantuvo encendido”. Años después, ya en Madrid, el propio Landajo le preguntaría qué papel había jugado Isabel en este universo femenino y recibió como respuesta que “ella es el ladrillo caliente que me entibia los pies”.

La memoria colectiva la recuerda como una gobernante débil e inoperante, superada por las circunstancias y las pujas políticas que la rodeaban caracterizada por la violencia interna entre distintos grupos peronistas.
María Estela Martínez fue entonces juzgada y condenada por malversación de fondos públicos, y permaneció detenida, sin juicio previo, durante más de cinco años, primero en la residencia de El Messidor, provincia del Neuquén, en las cercanías de Villa la Angostura a orillas del Lago Nahuel Huapi donado en 1964 a la provincia del Neuquén para sea un lugar de descanso de los gobernadores neuquinos, su segundo destino fue en Azul, ciudad bonaerense, en cuya Base Naval llamada Juan Bautista Azopardo, permaneció un poco mejor atendida, gracias al buen trato del almirante Emilio Massera. En octubre de 1978 nuevamente fue mudado su cautiverio, esta vez a la quinta de San Vicente, propiedad de Perón, donde permaneció hasta el 12 de julio de 1981, fecha en que fue liberada, por orden del Gral. Roberto Eduardo Viola, que había sustituido al Tte. Gral. Jorge Rafael Videla en el mando de la Junta Militar (+), y decidió exiliarse a Madrid, fijando su residencia en Puerta de Hierro, y sin tener más contacto con la política argentina; continuó siendo titular del Partido Justicialista por algunos años más.
En 1983 volvió al país para la asunción del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín el 10 de diciembre.

Con acento de española se la recuerda por su frase evasiva "¡No me atosiguéis, no me atosiguéis!", reiterada hasta el cansancio cuando, en las elecciones presidenciales de 1989, la prensa le preguntaba si iba a votar al candidato peronista Carlos Saúl Menem (gobernador de La Rioja) o al oficialista de la U.C.R. Eduardo Angeloz (gobernador de Córdoba).


Foto con Videla y Massera quienes la derrocarían el 24 de marzo de 1976.


(+)Massera, Videla y Viola fueron juzgados y condenados por crimenes y violaciones a los derechos humanos.

LA CLAUSURA DE MARÍA ESTELA MARTÍNEZ
La sombra de Isabelita Perón recorre Madrid
La tercera esposa de Juan Domingo Perón asumió la presidencia argentina tras enviudar. Detenida por una junta militar, fue liberada en 1981. Desde entonces reside en España, donde trata de huir de sus fantasmas entre timbas con pastas, misas de precepto y reflexiones astrales con su amigo Octavio Aceves.




Mario Rotundo, pícaro albacea de los bienes del expresidente argentino Juan Domingo Perón (1895-1974), se declaró testigo de la pesadilla supuestamente sufrida en España por la segunda viuda del caudillo gaucho: María Estela Martínez, Isabelita, que en 1973 accedió a la jefatura del Gobierno del país sudamericano por voluntad de Perón y sin otra preparación que la propia incompetencia. Los militares la derrocaron en 1976, y desde principios de los ochenta Madrid se convirtió en su residencia habitual.
Isabelita Perón."Sufrió mucho al ser detenida en 2007; necesitó ayuda psicológica", dice Aceves
"Ella dice que no entendía de política, que fue puesta en la presidencia por designio de Dios"
Verdades, misterios y fabulaciones convergen sobre la evanescente María Estela Martínez Cartas, de 80 años, que no sabe, no contesta, o se hace la loca cuando la prensa indaga sobre los episodios y responsabilidades de su pasado personal y político. La pesadilla mencionada por el albacea argentino habría ocurrido en los noventa: una noche madrileña, Isabelita despertó a Rotundo, que en esos años era su amigo, con el apremio de que acudiera a toda prisa a su domicilio de la calle de Casado del Alisal. Cuando entró en el dormitorio de la compatriota, la encontró de pie sobre la cama, pálida, desencajada, dando aterradores gritos. La alucinada habría dicho a Rotundo que durante media hora la habitación fue tomada por una luz cenital, intensa, envolvente, que salía de la cómoda donde guardaba el sudario de Eva Duarte de Perón, Evita (1919-52), primera viuda del general.
Rotundo, de 61 años, debió llevarse el mueble para que la perturbada dejara de chillar, según afirmó. "Por eso me da la risa cuando leo o escucho que López Rega [José, exministro y secretario privado de Isabel Perón, alias El Brujo] hacía acostar a Isabel junto al cadáver de Eva para pasarle su alma".
El delirio narrado por Rotundo, presidente de la nebulosa Fundación por la Paz y Amistad de los Pueblos, viene recogido en el libro El heredero del general, publicado en mayo del año pasado por el periodista Miguel Prenz, que no entra en valoraciones sobre la veracidad del relato. "En la historia que cuento, quienes podrían confirmarla o negarla murieron o prefieren callar", dice el autor, profesor de la escuela de periodismo TEA de Buenos Aires.
Analfabeta políticamente, el desgobierno de 632 días de Martínez de Perón, que sentó a militares gorilas en el Consejo de Ministros, facilitó el cuartelazo de 1976 y un terrorismo de Estado cuyos desmanes aún estremecen.
María Estela Martínez, bailarina de vocación, se casó con Juan Domingo Perón en España en 1961, donde habían decidido establecerse. El amancebamiento de la pareja repelía a las sotanas y monaguillos de la democracia orgánica, apostólica y romana de Franco. Fue nombrada vicepresidenta de Argentina el 12 de octubre de 1973, y el fallecimiento del fundador del peronismo en julio del año siguiente la colocó directamente en la presidencia, donde fue presa fácil de los conspiradores castrenses. La historiadora argentina María Sáenz Quesada dice en una biografía sobre su trayectoria que la Isabelita joven nunca representó al feminismo moderno y, contrariamente, exhalaba "un sabor añejo, casi machista". "Miren qué linda la señora, ¿qué me dicen de su vestido?", comentaba Juan Domingo Perón al paso de su señora por el Senado.
La presidenta, derrocada en marzo de 1976, arrancó su prolongada residencia española en el año 1983, cobijada por un franquismo residual deudor de Perón que había sido despachante de carne de la Pampa hacia la madre patria cuando esta padecía subdesarrollo. Isabelita congenió con Pilar Franco, hermana del Generalísimo; frecuentó sacristías del Opus Dei, mesas petitorias y alcurnias de otro siglo; hubo saraos y abolengos de Madrid y Marbella que se disputaron su presencia para vestir las tertulias. María Estela Martínez vivió en una mansión de Puerta de Hierro hasta su venta para sufragar el juicio por la herencia de Perón promovido por las hermanas de Evita, a las que debió pagar cerca de cuatro millones de euros. Al objeto de impedir que los bienes del caudillo almacenados en la casona, desde el sudario del desvarío hasta el capote de gala del general, pudieran ser objeto de nuevas reclamaciones, María Estela Martínez optó por donarlos ante notario madrileño a Mario Rotundo. La viuda se arrepintió pronto y quiso anular el trato, pero no pudo. Para entonces, el taimado adulador de Perón, quien supuestamente le había nombrado su albacea, ya había puesto a buen recaudo el patrimonio. Actualmente vende los objetos, más de 14.000, por Internet. El sudario fue comprado en 2004 en una subasta por el español Antonio Mata, entonces presidente de Aerolíneas Argentinas, para regalarlo al Congreso argentino.
El itinerario existencial de la señora discurre hoy plácido, monacal, encarrilado en el conservadurismo y en una rutina de ancianidad apenas rota por esporádicas merendolas y reuniones con amigas y comadres de salón de belleza. Coqueta y frugal, juega a cartas, charla con su amigo Octavio Aceves y sus asesores fiscales y abogados la tienen al día. Ocasionalmente, pega la hebra con las caritativas damas del rastrillo Nuevo Futuro, en cuya mesa de famosos colabora con donativos y filantrópicas manualidades. Leandro de Borbón, hijo natural del rey Alfonso XIII, ha sido compañero de cuestación. La embajada argentina asegura saber poco sobre los hábitos de una mujer que cumplió seis años de reclusión en su país tras la asonada de los generales genocidas. "Los militares la quisieron asesinar mientras estuvo detenida", afirma un argentino que la frecuenta. "Fue después de una intervención quirúrgica de ovarios. Se llegó a decir que la vaciaron y le dejaron las gasas del quirófano dentro para que se muriera".
La clausura de la anciana en Villanueva de la Cañada sufrió un sobresalto el 12 de enero de 2007, cuando la policía acudió a su domicilio después de que la justicia argentina hubiera pedido su extradición por supuestos delitos de lesa humanidad durante su presidencia. Denegada la entrega, Isabelita, ciudadana española desde 2000, pudo regresar a su cenobio madrileño, a las misas de precepto y a las timbas con pastas y reflexiones astrales. "Sufrió mucho al ser detenida y necesitó ayuda psicológica. Ese proceso le pareció inverosímil y la consumió", se duele el hispano-argentino Aceves, con despacho profesional de vidente. "La conozco desde hace más de 30 años. Fue una víctima de las circunstancias. Contrariamente a lo que algunos creen, es muy culta y divertida, muy afectiva, que ayuda a los amigos. A mí me ha ayudado mucho, incluso económicamente". El adivino es generoso, superlativo, en el elogio de la amiga y en la negación de que fuera bailarina de cabaré y de teatrillos de tercera cuando conoció a Perón en Panamá en 1955. "Isabel ha bailado danza clásica desde que era jovencita. Llegó a bailar en el teatro Colón. Todavía es capaz de hacerme posturas de ballet con 80 años. Le pides hoy en día que te haga una pose y te la hace. Pone los pies donde hay que ponerlos y levanta la pierna hasta la altura del hombro. Camina erguida, y se mantiene guapa. Tiene una agilidad fantástica", agrega Aceves.
Pero si María Estela Martínez Cuartas nunca rebatió públicamente las calumnias de quienes casi la llamaron furcia de garito, tampoco se manifestó muy combativa en la defensa de su inocencia política. Le llovieron las acusaciones y demandas de quienes atribuyen a su nulidad como presidenta, cuando no a la complicidad por acción u omisión, el nacimiento de la criminal Triple A (Alianza Anticomunista Argentina): los escuadrones ultraderechistas concebidos por quien fuera su ministro de Bienestar Social José López Rega, El Brujo, responsables de cientos de atentados y asesinatos. Les tomaron el relevo los verdugos uniformados de la dictadura militar (1976-1983), que acabaron con la vida de más de 20.000 personas en los calabozos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) de Buenos Aires y otras dependencias castrenses.
El abogado argentino Carlos Slepoy piensa que María Estela Martínez de Perón se hace la pendeja y la enferma bipolar, y establece una analogía entre la postración física y psiquiátrica esgrimida por sus abogados durante las citaciones judiciales de hace cinco años y los argumentos de la defensa de Augusto Pinochet en Londres, en 2000, para evitar su entrega a Chile. Nada más aterrizar en Santiago, el dictador chileno saltó de la silla de ruedas.
"Ella dice que no se enteraba de nada, que no entendía de política, que fue puesta en la presidencia por designio de Dios", dice Slepoy. "Pero de ninguna manera puede alegar desconocimiento. Sabía perfectamente lo que ocurría en Argentina". Baltasar Garzón la citó como testigo en 1997 y llegó a la conclusión de que María Estela Martínez de Perón poco pudo decidir porque otros, fundamentalmente los generales y sus cómplices en la vida civil, lo hicieron en su nombre.
Para el abogado español Antonio Hierro, que fue miembro del Tribunal Supremo y la defendió hace cuatro años, el capítulo reabierto por la justicia argentina está cerrado. "Las resoluciones de la Audiencia Nacional denegando la extradición ganaron firmeza con arreglo a nuestras leyes y, como usted entenderá, se acabó el asunto". No acabó para los jóvenes argentinos de la asociación HIJOS, víctimas de la Triple A y de la dictadura militar, que un día empapelaron los accesos a su chalé en la urbanización Mocha Chica de Villanueva de la Cañada con exigencias de juicio y castigo: "Aquí vive una genocida", escribieron en un afiche.
María Estela Martínez todavía es pieza apetecible para aquellos que, como Rotundo, pleitean por el resto de los bienes de Perón y por los millones supuestamente ingresados en cuentas suizas y españolas. De hecho, la jueza Pilar Saldaña, del Juzgado de Instrucción de Móstoles, ordenó en 2007 el embargo de los bienes de Isabelita en respuesta a una reclamación judicial del albacea. "La jueza Saldaña no va a decir nada, pero, de todas formas, su sentencia fue recurrida ante la Audiencia Nacional, y una resolución definitiva puede tardar tiempo", precisan fuentes de ese juzgado.
Como el tiempo es valioso, Isabelita lo aprovecha virtuosamente, según sus amigos. Le encanta hablar sobre ópera y música de cámara, y se conserva estupendamente para su edad. No camina como una abuela, sino erguida, ágil, cuentan. Isabelita fue una víctima de las circunstancias. ¿Y por qué no atiende a la prensa para explicarse? "Pues porque está harta de que le pregunten sobre Perón". Está harta de que le pregunten por Juan Domingo Perón y, muy a su pesar, por los asesinatos cometidos por pistoleros con licencia para matar durante su Gobierno.
http://www.elpais.com/articulo/Revista/sabado/sombra/Isabelita/Peron/recorre/Madrid/elpepirsa/20120121elpepirsa_3/Tes


NOTA ADICIONAL:El sudario de Evita
Subastados en Roma los objetos personales de Perón y su esposa.
Fue el último sudario sobre el cadáver embalsamado de Evita Duarte de Perón: tres velos casi imperceptibles, blancos y celestes como la bandera argentina, confeccionados por las monjas madrileñas de la Merced. Ése fue el tejido que cubrió el cuerpo más errabundo del siglo XX cuando en 1971 fue extraído de la sepultura de Milán en la que estaba oculto, bajo el nombre falso de Maria Maggi Magister, y enviado a Madrid. Desde allí hizo el viaje final hacia Argentina. Consta en certificado que un sacerdote mercedario, Elías Gómez, bendijo la tela el 10 de septiembre de ese año. Una mujer, en nombre de Aerolíneas Argentinas, adquirió ayer el sudario por 130.000 euros, en una subasta celebrada en la sala Christie's de Roma.
Subasta de objetos de Eva Perón- EFE
Algunos peronistas trataron de impedir la venta de recuerdos del general argentino y de Eva Duarte.
Fue una subasta peculiar, que algunos peronistas trataron de impedir hasta el último momento. A golpe de maza fueron vendidos el sudario de Evita y el uniforme de gala de Perón, la biblioteca del general, abundante en dedicatorias, y la piel de oso regalada por el Gobierno de la Unión Soviética, las medallas, el ajado tocadiscos, los discos de Mario Clavel, los ceniceros, los zapatos, el batín verde, los muebles, los espejos... Eran los objetos valiosos o nimios que acompañaron a Juan Domingo Perón en su exilio madrileño.
La herencia del general, dejada a Antonio Mario Rotundo, uno de sus últimos colaboradores y amigos, se dispersó definitivamente. El dinero recaudado debía servir, según Rotundo, para abrir dispensarios en Argentina y para conceder créditos a gente con ideas pero sin recursos. "Ojalá los compradores sean argentinos", dijo Rotundo tras el definitivo martillazo. "Lo ofrecimos todo al Gobierno de Argentina, para que se incorporara al Patrimonio Nacional, pero no lo quisieron. Quisimos organizar una exposición itinerante en Argentina, pero nadie adelantó el dinero". "Ahora", añadió, "que no se quejen".
El ex diputado Lorenzo Pepe, presidente del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, había exigido la suspensión de la subasta. "Es un atentado contra la memoria colectiva de los argentinos y viola los tratados internacionales y la legislación nacional vigente", dijo. Rotundo, que creó la Fundación por la Paz y la Amistad de los Pueblos y que en 2001 estableció en Roma la asociación Funpas-Onlus, se remitía a los testamentos: "Evita cedió a Perón todos sus bienes, sin ninguna condición, e incluso dijo que su mortaja debía servir para paliar el hambre de la gente; Perón, a su vez, nos lo cedió todo a nosotros".
La subasta se desarrolló casi enteramente por teléfono. La oferta que se llevó el sudario la hizo, sin embargo, una mujer de mediana edad presente en la sala. Era una empleada de Aerolíneas Argentinas que salió a toda prisa en cuanto cerró la operación y huyó de la prensa. Horas después Aerolíneas difundió un comunicado para informar que el presidente de la compañía, Antonio Mata, había comprado el sudario para ponerlo a disposición del Estado.
Algunos lotes apenas suscitaron interés. Los objetos de María Estela Martínez, llamada Isabelita, segunda esposa de Perón y presidenta de Argentina tras su muerte, en 1974, salieron por debajo del precio de tasación. Sólo contaba el recuerdo de Evita y su general. El uniforme de gala de Perón, expuesto en el Museo de la Casa Rosada en 1995 y valorado en 5.000 euros, se vendió por 75.000, tras un largo e intenso juego de pujas. Y alguien pagó 120.000 euros por la biblioteca de la residencia madrileña, más de 700 tomos entre los que había de todo. Ahí estaba, por ejemplo, el apático regalo del general Franco en el momento del retorno de Perón a Argentina, en junio de 1973: un tomo titulado Palacios y Museos de España.
Todo se fue. Hasta la lápida de Canela, un gran pedazo de mármol roto con la siguiente inscripción: "El mejor y más fiel de los amigos, 1955-1966". Bajo esa piedra reposaron los restos del perrillo de Perón en el jardín de Puerta de Hierro.

http://www.elpais.com/articulo/ultima/sudario/Evita/elpepiult/20040319elpepiult_1/Tes.
19/03/2004