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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

miércoles, enero 08, 2014

¿Qué hacer con el peronismo? por Norberto Zingoni.

Ya hace sesenta años -luego del golpe de 1955- se discutía ¿qué hacer con el peronismo? Como si el peronismo en lugar de un novedoso movimiento político y social y votado por la mayoría del pueblo argentino fuese un bien mostrenco o un gigante descerebrado. Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano (La batalla de las ideas), Mario Amadeo, E. Sábato, Borges, Martínez Estrada -de un lado- y Jauretche, Scalabrini Ortiz, Abelardo Ramos del otro, o el emblemático número 237 de la Revista Sur de noviembre de 1955 discutían sobre el peronismo recién caído en 1955.

En el 2013 seguimos igual. O peor: No sabemos que fue ni -lo más importante- qué es el peronismo. Y tampoco sabemos si existe o no el Partido Justicialista. O si aquello que creó Perón -y que duró hasta su muerte- el Movimiento Nacional Justicialista, sigue existiendo.

Quién no entiende al peronismo no entiende al país. Esto decía (La Nación,Enfoques, 21/3/2010) el prestigioso científico argentino Mario Bunge. Y reconocía que en su momento él y muchos intelectuales antiperonistas (refiere una conversación con el fundador de la sociología argentina Gino Germani que tampoco entendió al peronismo), no supieron comprender ni a Perón ni al peronismo.

El peronismo recorre desde su origen el espinel de la vida nacional de la segunda mitad del siglo XX. Eso lo reconocen muchos autores, en especial extranjeros, que estudian al peronismo. Dice uno de ellos acerca de su investigación sobre nuestro país: “En ese capítulo, explicar el peronismo fue sinónimo de explicar la Argentina” (Federico Neiburg, Los intelectuales y la invención del peronismo, Alianza editorial, 1998). Es cierto que los dirigentes peronistas se esfuerzan en tornar al peronismo más complicado aún de lo que es. Kirchner, y su vuelta a los ‘70, Menem y su hiperliberalismo privatista, Chacho Álvarez un peronista destacado en la Renovación aliado con De la Rúa. ¿Cómo explicar todo este menjunje? Brevemente:

El Estado de Bienestar que no fue: Creo -luego de muchos años de estudio del peronismo y haber militado en el peronismo en su momento- que el peronismo era -fundamentalmente el Estado del Bienestar que venía a reemplazar y acoplarse con el final del Proyecto del 80. Y que esa misión histórica se abortó en 1955 y culminó su frustración en 1976; el Proyecto del 80, basado en la derrota de los caudillos federales, en la Constitución de 1853 y en los principios liberales predominantes en Europa y estructurado como un capitalismo dependiente y colonial tenía a Inglaterra como potencia dominante y receptora de nuestras materias primas. El peronismo aparece en el preciso momento en que surge un nuevo orden mundial que emergía de las dos guerras mundiales (14/18 y 39/45) y dejaba anacrónica la alianza de los factores de poder de nuestro país con el viejo imperio, Inglaterra. Surgía un nuevo imperio que reemplazaba a Inglaterra luego de las dos guerras mundiales: los EEUU.

Sin perjuicio de que el Proyecto del 80’ hiciera avanzar al país en sus números macroeconómicos, lo cierto es que estaba ya agotado cuando surge el peronismo. Hipólito Irigoyen había dado el primer gran golpe contra el proyecto oligárquico incorporando a la vida política al hijo del inmigrante. Precisamente allí surgía el peronismo. Ésa era la misión histórica que tenía que cumplir: constituir el Estado del Bienestar que reemplazara al Proyecto del 80.

Los logros justicialistas como la protección social, el IAPI, los barrios obreros, los sindicatos, las escuelas, los hospitales, la industrialización con el diferencial de renta agraria, el ascenso social de los trabajadores y las clases medias, la integración social, pueden pasar perfectamente por logros del “estado de bienestar” europeo.

La instalación del Estado del Bienestar justicialista a continuación del Proyecto del 80 hubiera sido muy útil para el país. Ése era el camino correcto. Lo que transitamos, en cambio, fueron golpes de Estado, gobiernos débiles, máscaras y/o caricaturas de lo que pudo y debió ser. La contumacia de los sectores de la burguesía oligárquica y en especial los factores de poder que habían mandado en el país durante tantos años no pudieron soportar el advenimiento de un nuevo orden basado en el intervencionismo del Estado y el ascenso de la clase trabajadora; se lamentaban de la fuerza de los sindicatos sin darse cuenta que venía junto con el aumento del consumo y la demanda agregada; tampoco soportaron una política exterior independiente.

La lucidez de Abelardo Ramos vio lo que pasó luego del golpe de 1955: una situación de empate absurdo y retardatario entre los dos Proyectos: “Si la Revolución Libertadora implica un retroceso, aunque en modo alguno el retorno al punto de partida, o sea el 3 de junio de 1943, tampoco llega la oligarquía a realizar su programa hasta el fin. El crecimiento del país y los grandes intereses industriales creados impiden esos propósitos de Rojas. De ahí que los libertadores (se refiere al golpe de Estado de 1955) se sientan tan frustrados como los peronistas. Ni la vieja Argentina ni la nueva logran vencerse de modo completo”.

El segundo fracaso del peronismo fue no poder continuar en los años setenta la revolución social interrumpida en 1955. Perón volvía como el garante de una Argentina unida y solidaria. Descarnado. Culto e informado por sus años de estudio en Europa y en contacto con los grandes líderes mundiales. Pero viejo y enfermo. Y allí éramos nosotros, la generación de los sesenta, los que debíamos tomar la antorcha. Que era, por otra parte, lo que el mismo Perón y la vieja generación peronista pedían.

Lamentablemente unos pocos jefes mesiánicos originados en la Juventud Estudiantil Católica y la Acción Católica (Firmenich, Ramus, Abal Medina, Mazza) constituyeron -dentro del justicialismo- la organización militarizada Montoneros, (del ERP y Cía. no me ocupo ya que su ideología era marxista-leninista cuando no trotskista y nunca tuvieron nada que ver con el ideario nacional y popular del peronismo). Montoneros frustró en gran medida al gobierno peronista, a Perón y frustró de paso a una generación que tenía la obligación de gobernar en los 70’. Si bien hubo otros errores (López Rega, Isabel) y también otras causas (conspiración militar permanente), lo cierto es que el éxito o el fracaso de la organización más importante de la Juventud Peronista (Montoneros) signaba el éxito o el fracaso de toda una generación. Lamentablemente optaron por:

-militarizar la política

-promover la toma del poder por las armas para imponer un difuso “socialismo nacional” y

-copar la conducción del Movimiento justicialista.

El peronismo actual; ni Partido ni Movimiento: Lo que viene luego del cruento golpe de Estado de Videla y cía., con la reaparición de la democracia en 1983 es un peronismo difuso, contradictorio, y que en más de una ocasión pierde el rumbo de lo que fue su impronta original. Un peronismo más práctico, ávido de poder pero vaciado de contenido. Luego de los golpes de estado de 1955 y 1976 (en ambos golpes de estado gobernaba el peronismo), y luego de la muerte de Perón, del fracaso del gobierno de 1973 y de la debacle electoral de 1983, se imponía una reflexión profunda de los dirigentes peronistas para saber, como dice el tango, “qué rumbo hay que tomar”. Lo primero que no hicimos fue organizar un Partido democrático, horizontal, previsible. Se lo intentó con la Renovación (1983/1987) que encabezaron Antonio Cafiero y Eduardo Duhalde. Pero -como dice un conocido poeta peronista- “no cuajó”. La Renovación se quedó a mitad camino y hoy puede decirse que el peronismo no es ni un Movimiento, como en vida del líder y creador del movimiento, Juan Perón, ni un Partido político tradicional. El peronismo actual es un partido de Poder (quién tiene el gobierno tiene al peronismo, se dice), y no hay estructura legal, ni política ni cultural que represente aquello que fue el peronismo original y que -como hemos visto- no pudo cumplir la misión histórica para la cual fue fundado por su líder y el pueblo aquel 17 de octubre de 1945. El peronismo actual no tiene misión histórica que lo justifique ni estructura legal que lo represente. Queda su rica historia, sus logros, el sacrificio de sus fundadores, la Resistencia, etc., pero, parafraseando a otro estudioso del peronismo: hoy hay muchos peronistas pero no hay más peronismo…

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