GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

lunes, 1 de junio de 2015

¿Dónde estabas cuando anunciaron plan de trasladar la Capital a Viedma?

"El proyecto alfonsinista del traslado de la Capital fue el plan más ambicioso y grandilocuente de la historia argentina de los últimos 50 años. Así que su fracaso tuvo un fuerte significado para el país. Aquella Argentina que parecía reencaminarse a la grandeza a mediados de los 80 dejó sepultadas buena parte de sus esperanzas en esas costas del Río Negro. Así que Viedma es un poco eso: la ilusión perdida", afirma Gonzalo Álvarez Guerrero, publicista, periodista y escritor, quien ahora presenta su primera novela, "Viedma".
"El Papa pisó suelo de Viedma ese 7 de abril de 1987 para bendecir a la futura capital de la Nación. Ya nadie recuerda que el Papa estuvo en Viedma. Mucho menos se recuerda para qué estuvo. Aquella fotografía de Juan Pablo II bajando del viejo Boeing con trasfondo patagónico fue eliminada del álbum patrio.
Los pueblos prefieren olvidar sus fracasos: pequeñas correcciones de la historia. Viedma capital fue el último gran proyecto nacional. Si se lo piensa bien, quizá haya sido todo un acierto borrar de la memoria colectiva aquel enorme desengaño. La maquinaria del olvido funcionó a la perfección.
Gonzalo tendría que haber estado en el multitudinario acto del aeropuerto Castello, acompañando a su padre gobernador.
Catalina también, porque hizo la primaria en el María Auxiliadora y porque usaba un pequeño crucifijo de oro y le rezaba a Dios antes de las pruebas del colegio. Pero no".
En el inicio mismo de "Viedma" (editorial Reservoir Narrativa), Gonzalo Álvarez Guerrero plantea en su primera novela de qué viene su relato. 50 y 50. Un porcentaje de no-ficción pura y dura, como un manual de historia argentina rigurosamente documentado, y el resto, de intensa ficción que no nos soltará desde la primera página dedicado a una historia de amor transformada en un tratado de educación sentimental. Un publicista exitoso que pisando los 40 años siente que su vida quedó detenida en aquel momento de mediados de los años 80, en un amor juvenil tan imposible como esa democracia que renacía, prometía todo y a fin de cuentas iba a cumplir poco. Un romance con Catalina que duró tres meses y 22 días cuando tenía 14 años, recién llegado de Bariloche, en Viedma. El protagonista como el autor, Gonzalo, es hijo de quien fuera el gobernador de Río Negro en el momento en el que el presidente Raúl Alfonsín planeaba trasladar la Capital a Viedma. En esta dualidad también reside perversamente el otro gran magnetismo de esta obra.
Viedma, el lugar.
-Viedma es para mí el lugar de la pérdida de la inocencia. Allí dejé mi infancia. Llegué con 13 años desde Bariloche, cuando mi padre fue elegido gobernador, en el 83. Cuando me fui, cuatro años después, estaba enojado. No sé la razón, aunque me costó dos décadas regresar a la ciudad… Pero creo que en Viedma, también la Argentina dejó su propia inocencia. El proyecto alfonsinista del traslado de la Capital fue, seguramente, el plan más ambicioso y grandilocuente de la historia argentina de los últimos 50 años. Así que su fracaso tuvo un fuerte significado para el país. Aquella Argentina que parecía reencaminarse a la grandeza a mediados de los 80 dejó sepultadas buena parte de sus esperanzas en esas costas del Río Negro. Así que Viedma es un poco eso: el futuro que no fue, la gran oportunidad desperdiciada. La ilusión perdida. La pregunta suena hoy melancólica: ¿Qué hubiese pasado con nuestro país si se hubiese trasladado la Capital? ¿Qué hubiese cambiado en la política? ¿Cuánto habrían cambiado nuestras vidas? ¿Cómo sería Viedma ahora?
"La palabra que le viene a la mente cuando recuerda los tres meses de noviazgo con Catalina es "obsesión". Fueron casi cien días de una obsesión enfermiza. Ella ni sospechaba de la obsesión de Gonzalo; tampoco sus padres, tampoco sus amigos, superfluos, infantiles, incapaces de entender tales profundidades del alma. Con Catalina sentía que se le salía el corazón por la boca, sentía que se quedaba sin oxígeno. Por ella padeció los más fuertes escalofríos del amor. Cuando juntaban sus cuerpos en la cama marinera de colchón duro, era plenamente consciente de que no podía haber nada más placentero en el mundo, en el universo, infinito punto cero, que tocarse con Catalina. La piel de gallina, el éxtasis, las cosquillas, la erección eterna, el roce, las caricias. Con ella aprendió también cuánto se podía sufrir.
Lo atravesaba una angustia agobiante cuando se demoraba en llamarlo media hora más de lo convenido. Se le acalambraban los músculos cuando llegaba el fin de semana y los padres se la llevaban a su casita del balneario y él debía esperar hasta el lunes para volver a verla. Lo atormentaba el pánico cuando ella le decía "tenemos que hablar", y hasta que hablaban y Gonzalo se enteraba que el tema del que Catalina quería hablar era una tontería, no podía evitar imaginarse abandonado.
Muchos creen que así es el amor adolescente. Y opinan a la ligera que eso no es amor verdadero. No sos más que un chico, no tenés idea lo que es el amor, le habría dicho su padre si le hubiera contado su desesperación por Catalina. Los adultos creen que el amor romántico es solo posible en estado de madurez.
Para Gonzalo esa es una ridículez. Él nunca más volvió a sentir nada como aquello que sintió por Catalina. Tanta alegría, tanta tristeza, tanto miedo, tanto coraje, tanta inseguridad, tanta certeza, tanto pudor.
Eso había sido amor".


El traslado de la Capital del país a Viedma y la locura por Catalina, la locura por Catalina y el traslado de la Capital del país a Viedma: todo el tiempo el lector inmerso en una narrativa que va directo al corazón. Es que el protagonista y el autor sienten que pasan los presidentes, pasan los papas, pasa el proyecto para mudar la Capital a Viedma, pasan los padres por nuestras vidas...y lo único que queda es el amor.
"Viedma", la novela.
-Cuando empecé a escribirla no tenía ni nombre ni formato. No era novela ni ensayo. Apenas se trataba de textos sueltos, recuerdos que me iban surgiendo de aquellos cuatro años insólitos que viví en Viedma. Un día mi viejo me contó que el presidente de la Nación Alfonsín quería mudar la capital de la Nación a Viedma, y me hizo jurar que no se lo contaría a nadie. Otro día, Alfonsín vino en secreto a nuestra casa. Poco después, hasta el Papa llegó para bendecir a la nueva Brasilia. Supongo que no había otra forma de contar todo aquello que no fuera en una novela… Y el nombre surgió con la misma naturalidad: los capítulos se amontonaban en mi computadora en una carpeta que se llamaba Viedma. La verdad es que es una linda palabra, un lindo nombre para una ciudad, así que también es un lindo nombre para un libro. Bueno, dicen que Alfonsín quería que la nueva capital se llamara San Martín. Si hubiese tenido más fortaleza para imponer sus ideas, esta novela podría llamarse San Martín.
Gonzalo cuenta a "Río Negro" que esta historia surgió a partir de un mail. "Estaba en un hotel de Madrid, donde había ido a presentar mi libro anterior, cuando recibí un mail de mis compañeros de secundario invitándome a una fiesta de graduados en Viedma. Por algún motivo, ese mail desató una hola de recuerdos, algunos de ellos bastante oxidados. Pero después empezó a imponerse la ficción: la historia de un amor adolescente en el contexto político y social de esa ciudad convulsionada por el proyecto de traslado de la capital. En algún momento abandoné la escritura. Pero las ideas y los recuerdos seguían apareciéndose, en cualquier momento, en cualquier lugar. Supuse que si se resistía a ser abandonada, debía ser una buena historia. Cuando murió mi viejo, el libro se convirtió en un deber, tal vez en una forma de homenajearlo".
"Sucedió una tarde, en la residencia de verano de Chapadmalal, mientras analizaban modificaciones al plan económico.
El ministro Tróccoli telefoneó a Alfonsín desde Buenos Aires para contarle que la CGT preparaba un nuevo paro general, con movilización a la Casa Rosada incluida.
—Me tienen podrido estos hijos de puta. Me tengo que alejar de toda esa mierda. Se creen que la Plaza es solo peronista. Hay que sacar al Gobierno de Buenos Aires…"
Aparecen todo el tiempo nombres reales, bien conocidos. Como el del periodista viedmense Omar Livigni.
"El 2 de abril, el Negro Livigni —que además de tener su propio periódico local era el corresponsal de Clarín en la capital rionegrina— fue el primer periodista en enterarse. Listo: no hubo forma de parar la noticia. Sucedió una noche de copas, en un bar de mala muerte sobre la avenida Moreno. Mientras un grupo de funcionarios y amigotes jugaban a los dados, un estrecho colaborador de Guerrero se fue de boca, empujado por la ginebra de mala calidad que lo ponía abombado:
—Viedma va a ser la capital de la Argentina. Por eso anda tanta gente rara por acá…
Nadie le creyó ni lo tomó en serio, claro.
Excepto Livigni.
Al día siguiente llamó a la Casa de Gobierno para pedir una entrevista urgente con Guerrero. La secretaria le dijo: el gobernador me solicitó que lo comunique directamente si llamaba.
Y le pasó la comunicación. Livigni supo que su instinto no le había fallado. Tenía la primicia de su vida… Y sucedería en su pueblo, en el pueblo donde había nacido. Le temblaron las piernas; tuvo que sentarse en la mesita de vidrio, con cuidado para no romperla, despacio para controlar la emoción.
(...)
—Ya sé a qué venís.
—¿Sí?
—Sé quién es el boludo que se fue de boca. Y sé que estabas vos, acodado en la barra, como siempre…
Livigni rió.
—Es cierto, entonces.
—Hagamos un pacto de caballeros. Dame diez días. Yo tengo que conversar esto con Alfonsín. Si lo sacás ahora en Clarín, el Presi me cuelga de las pelotas en un sauce llorón de la costanera y el proyecto corre riesgo de caerse. Dejanos avanzar un poco más y yo arreglo para que te demos a vos la primicia. Pero tenemos que prepararnos mejor para salir de la cueva, Negro.
¡¿Diez días?! Imposible. Livigni le dijo que su responsabilidad era informar a la gente. Que no le podía pedir semejante cosa. Guerrero, sin perder nunca la calma, apeló al orgullo viedmense del periodista: "Es un acto de fe, Negro. Tenés que ayudarnos. Si no estamos bien preparados, nuestros enemigos nos cogen de parados".
Acá el suspenso es tremendo. Se sabe como sigue porque todo fue historia reciente, la vivimos todos. De todos modos siempre está latente esa duda de hasta dónde llega la verdad, hasta dónde la ficción. ¿Qué nombres son verdaderos y cuáles de ficción? Sabemos que Omar Livigni existe, lo vimos ayer cuando cruzaba una calle en Viedma, pero ¿el resto?. "Algunos sí, otros no. Supongo que sin querer les propongo un juego a los lectores: así como tienen que estar adivinando cuando están leyendo ficción o realidad en esta novela, también se encuentran con personajes reales e inventados. Los nombres de funcionarios y técnicos son reales, en general. Los amigos del personaje central, en cambio, son ficticios. O, más bien, son construcciones, que toman su personalidad y sus rasgos de uno u otro de mis viejos amigos de Viedma".
"Viedma", un género literario.
El relato transforma todo en hechos reales. "Lo más extraño fue la forma en que la ficción y lo real iban entremezclándose en el relato. A veces me peleaba con eso. A medida que crecía la historia de amor, o de desamor, entre Gonzalo y Catalina, más me forzaba a rodearlos de verdades. Supongo que mi vocación periodística me llevaba a buscar datos precisos, a no escribir nada que no estuviera chequeado. Por eso, durante la escritura, viajé cinco veces a Viedma, a buscar aquellas esquinas, aquellos amigos, aquellos lugares que componían en contexto. A veces, escribiendo en Buenos Aires, hasta sentía que no estaba contando bien el viento patagónico, que ese viento de mis páginas no podía ni mover las ramas de los sauces del Río Negro. Entonces me tomaba un avión, y me iba a escribir a un bar de la costanera viedmense. No sé si logré contar aquel clima que se respiraba en los ochenta, pero para escribir Viedma hice más de treinta entrevistas. Me reuní con antiguos funcionarios de mi padre, con ministros de Alfonsín, con los técnicos y arquitectos que trabajaron en el proyecto. La verdad es que el plan y la idea del traslado eran fascinantes. La Argentina podría ser hoy un país distinto. Pero también era un plan delirante, de esos que al fracasar dejan heridas demasiado grandes, demasiado amargas. Y dejan también la sensación de que ya no vale la pena encarar grandes epopeyas nacionales. Desde entonces, los grandes proyectos nacionales se reducen a ganar el Mundial… Como sea, escribir esta novela fue revelador en varios sentidos. Descubrí cosas de mi padre que ni imaginaba. Me contaron historias increíbles de Alfonsín. Y me amigué con Viedma, claro. No fui a la ciudad durante 20 años. Pero al volver, me sorprendió que mis amigos de la adolescencia siguieran siendo tan divertidos como entonces".
Finalmente, Gonzalo admite que "Viedma" bien podría encuadrarse en esa "literatura del yo", género que cada vez tiene mejores exponentes y genera obras tan interesantes. "Para mi, de hecho, el escritor más interesante de la actualidad es Karl Ove Knausgård, que escribió una enorme y larguísma obra sobre su propia vida. Pero "Viedma", sinceramente, no nació para recorrer ese camino. Simplemente tuve la suerte de vivir de adolescente un momento muy singular de la historia. Estaba obligado a contar todo aquello".
Nota de Horacio Lara publicada en el diario "Río Negro", 1° de junio de 2015. Las imágenes y comentarios pertenecen a la misma.
http://www.rionegro.com.ar/diario/donde-estabas-cuando-anunciaron-plan-de-trasladar-la-capital-a-viedma-7616204-62202-nota_multifoto.aspx

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La diferencia de opiniones conduce a la investigación, y la investigación conduce a la verdad. - Thomas Jefferson 1743-1826.