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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

domingo, 8 de enero de 2017

Mapas amputados por FEDERICO LORENZ.

La silueta inconfundible del archipiélago de Malvinas es omnipresente en nuestro país: carteles de Vialidad Nacional, el espejo de agua del Museo Nacional, tótems marcando las distancias entre distintas comunas y las islas, avenidas, monumentos, tatuajes, pintadas... Las islas que nos faltan están por todas partes, como si quisiéramos reparar, con esa hiperrepresentación, la falta real del territorio ocupado ilegalmente por Gran Bretaña.
La ausencia o presencia de un territorio en los mapas tiene que ver con lo simbólico: con las formas en las que representamos la nación. Los mapas construyen identidades mientras reflejan realidades históricas. El tiempo consolida la idea de que, si el mapa es Argentina, al omitir una parte en su trazado se mutila su territorio. Pero si los mapas reflejan construcciones históricas 
–porque son construcciones culturales–, una ausencia gráfica, un error en un nombre, es un síntoma. En un arranque de psicologismo cartográfico, nos obligan a interpretarlos para, de alguna manera, volver a incidir en la realidad.

De manera recurrente, aparecen errores que van en contra de la posición argentina en la disputa por la soberanía del archipiélago. El último hit fue el saludo de fin de año enviado por el Ministerio de Desarrollo Social, en el que el mapa de Argentina omitió a las Islas Malvinas. Pero hubo otros: desde folletos turísticos con el nombre en inglés del archipiélago (Falkland Islands) hasta libros de texto provinciales, para llegar a una publicación del Ministerio de Defensa. El actual Ministerio de Desarrollo pidió disculpas y atribuyó la omisión a un “error del departamento de diseño”. En el 2008, el Ministerio de Defensa explicó que la alusión a Malvinas como Falklands se debía a que “hubo un error en la diagramación y se bajó un mapa de internet”. La culpa de todo la tienen los diseñadores.
Aunque suene una herejía, lo que evidencian tanto esos (escasos) errores como la hiperabundancia de imágenes de las islas (ese mapa que todos coloreamos alguna vez) es el peso que tienen esas representaciones sobre nosotros a la hora de pensar un tema sensible como Malvinas. El aferramiento a los símbolos es tranquilizador, pero puede ser peligroso: nosotros dibujamos a las Malvinas como argentinas, pero ¿qué hacemos para lo sean? Esto es, ¿cómo hacemos para que el estado de cosas que el mapa representa refleje la realidad? ¿Cómo hacer para no quedar atrapados dentro de sus límites, para reconocer una realidad compleja y que nos desafía a pensar creativamente y cumplir el mandato constitucional de la recuperación pacífica de esas aguas y territorios?
¿Tenemos olvidadas a las Malvinas? ¿Los errores responden a políticas de desmalvinización? Salvo que imaginemos una conspiración antimalvinera de los diseñadores gráficos, en línea con las declaraciones de ministros de signo político opuesto, es válido preguntarnos por qué ese tipo de errores se repiten. ¿Qué significa que dibujemos el mapa incompleto, cuando durante generaciones aprendimos a “dibujar algo que nos falta” pero que sabemos que es nuestro?
Para colmo, la polémica se dio en coincidencia con un nuevo aniversario de la usurpación británica de Malvinas, en 1833. Cuando los británicos ocuparon las islas por la fuerza, abortaron un proceso extraordinario de poblamiento y explotación liderado por Luis Vernet. Este comerciante concebía a las islas Malvinas como un enclave estratégico tanto en las rutas comerciales como por su proyección sobre el litoral patagónico, y de allí que en el proyecto de explotación pedía el “monopolio de la pesca en Tierra del Fuego, Malvinas e Islas del Atlántico Sur”. Imaginó una trama económica, política y marítima que a su juicio el gobierno de Buenos Aires no debía dejar de controlar. Su proyecto derivó en la creación de la comandancia política y militar, en 1829. Vernet parceló las Malvinas en secciones, que ofertó a la colonización y explotación. El tráfico con la Isla de los Estados, de donde obtenía maderas, era permanente, y para ello empleaba barcos que contrataba cuando tocaban eventualmente en las islas. De a poco, la llegada de naves desde Buenos Aires y Montevideo se hizo más regular: iban y venían la correspondencia, la carga y las personas. Durante su gobierno, los pobladores de Malvinas realizaron reconocimientos topográficos, construyeron casas sólidas y relevaron la flora y la fauna, además de ejercer, en la medida de sus posibilidades, un poder de policía en la zona, para frenar la depredación de los loberos y balleneros estadounidenses e ingleses. Vernet tampoco descuidó la política: dos de los pequeños poblados que estableció en las islas fueron bautizados “Dorrego” y “Rosas”.
Desde aquel entonces, la silueta inconfundible del mapa encarnó una causa nacional. Orientó nuestras miradas sobre Malvinas, hasta que se transformaron en un símbolo, más que de una porción del país, de la Argentina misma.
¿Hasta qué punto esa consolidación no congeló nuestro pensamiento? ¿En qué imaginaciones de país, del Atlántico Sur, anidan los mapas que dibujamos hoy? Y más aún, ¿cómo deberíamos dibujarlos?
¿Qué significa que dibujemos el mapa incompleto, cuando durante generaciones aprendimos a “dibujar algo que nos falta” pero que sabemos que es nuestro?

¿Hasta qué punto esa consolidación no congeló nuestro pensamiento? ¿En qué imaginaciones de país, del Atlántico Sur, anidan los mapas que dibujamos hoy?
Publicado en Diario "Río Negro", 7/1/2017.

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