GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria." Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.” Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

lunes, 19 de junio de 2017

Juan Bautista Alberdi a 129 Años de su Muerte por Gastón Saint Martin.

HONOR, GLORIA y GRACIAS! al Padre y Salvador de La Patria: Juan Bautista ALBERDI (1810 – 1884 al Presente 2017)

JUAN BAUTISTA ALBERDI a 129 Anos de su Muerte.
Juan Bautista Alberdi El Canciller de La Paz y autor de La Constitución Argentina 1853 y del visionario Articulo 29 incluido en ella (1810-1884) Nació en Tucumán el 29 de Agosto de 1810 y falleció en Paris el 18 de Junio de 1884.
A mas de un siglo y cuarto de su muerte, ni EEUU ni El Mundo, ni siquiera Argentina; han todavía comprendido la genialidad del Articulo 29 que nos lego incluido en el Capitulo de Derechos y Garantías de La Constitución Argentina 1853 y aun vigente.
      El Articulo 29 es una herramienta de Paz que define a los Enemigos Internos de La Patria, nada mas ni nada menos que “La Suma del Poder Publico Vamos por Todo incluido el único remedio capaz de curar tanta maldad y daño ya causado por “Los Infames Traidores a La Patria” (SIC)
El Remedio y Antídoto a tanto veneno y maldad, esta incluido y aun VIGENTE en La Constitución. ¿Que esta esperando para USARLO el actual gobierno de Cambiemos? ¡Solo debe abrazarse a La Constitución y OBEDECER las ordenes de Alberdi, a menos que (claro esta) ya estubiesec sumado a los “infames traidores a La Patria”. ¿Qué dudas tiene sobre la “NULIDAD INSALVABLE EL PRODUCTO MALIGNO de los INFAMES TRAIDORES A LA PATRIA? (SIC) que ya se han  infiltrado todo el sistema legal Argentino hasta la Presidencia Corte Suprema. (Ver Nota http://Wp.Me/P75ef4-

Estudió en Buenos Aires, en el “Colegio de Ciencias Morales”, vinculándose con Echeverría y J. M. Gutiérrez, basta fundar la “Asociación de Mayo” En 1837 publicó su “Preliminar al estudio del derecho”, emigrando a Montevideo en 1838, donde comienza su apasionada vida publica desde la prensa y mediante el libro. En esa primera época de su vida cultivó casi todos los géneros literarios, hasta que su vocación se decidió́ por las ciencias políticas y económicas. Después de un viaje por Europa (1843) se estableció́ en Valparaíso, Chile, alcanzando gran éxito como jurisconsulto.
Su obra fundamental, “Bases para la organización política de la Confederación Argentina” (1852) marca una fecha memorable en la historia de la nacionalidad.
Siguieron a esa obra el “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina”, de grandísimo valor económico y socio- lógico, y las “Cartas Quillotranzas”, famosa polémica con D. F. Sarmiento. Sus “Obras Completas” fueron editadas poco antes de su muerte, conteniendo los escritos publicados en vida del autor. Sus “Escritos Póstumos“, editados por D. Francisco Cruz en XVI volúmenes, constituyen un magnifico archivo de historia Argentina, desde 1830 hasta 1880.
Desterrado la mayor parte de su vida, por motivos de política interior, Alberdi puso grandísima pasión en cuanto escribió especialmente los aspectos económico y sociológico de su obra, que es unánimemente reconocida como la más docta y clarovidente pensada por argentino alguno.
La transformación política ocurrida en la Argentina en 1880 es la realización de las ideas básicas que Alberdi defendió́ sin descanso durante medio siglo.
El Gran Filosofo Político, Jurisconsulto, Constitucionalista y Profeta Falleció́ en París el 18 de Junio do 1884.
 Recuerdos del mismo Alberdi:
“Durante mis » estudios de jurisprudencia, que no absorbían y todo mi tiempo, me daba también a estudios libres de derecho filosófico, de literatura y de materias políticas.  En ese tiempo contraje relación estrecha con dos ilustradísimos jóvenes, que influyeron mucho en el curso ulterior de mis estudios y aficiones literarias Don Juan María Gutiérrez y Don Esteban Echeverría, ejercieron en mí ese profesorado indirecto, más eficaz que el de las escuelas que es el de la simple amistad entre iguales.
Nuestro trato, nuestros paseos y conversaciones, fueron un constante estudio libre, sin plan ni sistema, mezclado a menudo a diversiones y pasatiempos de mundo. Por Echeverría, que se había educado en Francia, durante la Restauración, tuve las primeras noticias de Lerminier, de Villemain, de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas, de Lamartine, de Byron y de todo lo que entonces se llamó romanticismo, por oposición a la vieja escuela clásica. Yo había estudiado filosofía en la Universidad, por Condilla y Locke me habían absorbido por años las lecturas de Helvecio, Cabanis, de Holbach, de Bentham, de Rousseau. A Echeverría debí́ la evolución que se operó en mi espíritu, con las lecturas de » Víctor Cousin, Villemain, Chateaubriand, Jouffroy y todos los eclécticos procedentes de Alemania, en favor de lo que se llamó espiritualismo.
«Echeverría y Gutiérrez propendían, por sus aficiones y estudios, a la literatura; yo a las materias filosóficas y sociales. A mi ver, yo creo que algún influjo ejercí́ en este orden sobre mis cultos amigos. Yo les hice admitir, en parte, las doctrinas de la Revista Enciclopédica, en lo que más tarde llamaron » el dogma socialista. Yo tenía invencible afición por los estudios metafísicos y psicológicos. Gutiérrez me afeaba esta afición y trataba de persuadirme de mi aptitud para estudios literarios.
Mi preocupación de este tiempo contra todo lo que era español, me enemistaba contra la misma lengua castellana, sobre todo con la más pura y clásica, que me era insoportable por lo difusa. Falto de cultura literaria, no tenía el tacto ni el sentido de su belleza. No hace sino muy poco, » que me he dado cuenta de la suma elegancia y cultísimo lenguaje de Cervantes.
Pero mi educación no se hizo únicamente en la Universidad, por las doctrinas de Locke » y Condillac, enseñadas en las cátedras de filosofía, ni por las conversaciones y tratos de amigos más ilustrados.  Más que todo ello contribuyeron a formar mi espíritu, las lecturas libres de los autores, que debo nombrar para complemento de la historia de mi educación preparatoria. Mis lecturas favoritas, por muchos años de mi primera edad, fueron hechas en las obras más conocidas de los siguientes autores: Volney, Holbach, Rousseau, Helvecio, Cabanis, Richerand, Lavater, Buffon, Bacon, Pascal, La Bruyére, Bentham, Montesquieu, Benjamín Constant, Lerminler, Tocqueville, Chevalier, Bastiat, Adam Smith, Say, Vico, Villemain, Cousin, Guizot, Rossi, » Fierre Leroux, San Simón, Lamartine, Destut de Tracy, Víctor Hugo, Dumas, P. L. Conrrier, Chateaubriand Madamade Stáel, Lamennais, Jouffro, Kant, Merlin, Pothier, Pardessus, Troplong, Heineccio, El Federalista, » Story, Balbi, Martínez de la Rosa, Donoso Cortés, Capmany.  
Se vé por este catálogo que no frecuenté mucho los autores españoles, no tanto por las preocupaciones antiespañolas, producidas y mantenidas por la guerra de nuestra independencia como por la dirección filosófica de mis estudios. En España no encontré filósofos como Bacon y Locke, ni publicistas como Montesquieu, ni jurisconsultos como Pothier. La poesía, el romance y la crónica en que su literatura es tan fuerte, no eran estudios de mi predilección, pero más tarde se produjo en mi espíritu una reacción en favor de los libros clásicos de España, que no era tiempo de aprovechar, infelizmente para mí, como se echa de ver en mi manera de escribir la única lengua que no obstante escribo. Todas esas lecturas, como mis estudios preparatorios, no me sirvieron sino para ensenarme a leer en el libro original de la vida real, que es el que más he hojeado, por esta razón sencilla, entre otras: que mis otros libros han estado casi siempre encajonados y guardados durante mi vida, pasada entre continuos viajes.”

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