sábado, febrero 28, 2026

LA BANDERA ARGENTINA: AZUL, CELESTE Y UNA HISTORIA QUE INVITA A PENSAR. Por Revisionismo Historico Argentino.


 LA BANDERA ARGENTINA: AZUL, CELESTE Y UNA HISTORIA QUE INVITA A PENSAR

Por Revisionismo Historico Argentino.
La bandera argentina no nació del capricho ni del romanticismo escolar. Nació en guerra. Nació en 1812, cuando Manuel Belgrano, al mando del Ejército del Norte, decidió crear un distintivo propio para diferenciar a sus tropas de las realistas. Lo hizo en Rosario, a orillas del Paraná. No pidió permiso previo. Actuó como jefe militar en campaña. Esa decisión, tomada en plena lucha por la independencia, es el verdadero punto de partida.
Belgrano ya utilizaba la escarapela blanca y azul aprobada por el Primer Triunvirato en febrero de 1812. La bandera fue continuidad de ese símbolo. No surgió aislada ni improvisada. Está documentado en oficios de la época que el color mencionado era azul y blanco.
LOS COLORES: ¿AZUL O CELESTE?
Aquí comienza el debate que todavía hoy genera discusión. Los documentos oficiales, especialmente la ley del Congreso de 1818 que fija la bandera nacional, hablan de “azul y blanco”. No dicen “celeste”. Dicen azul. Ese texto legal existe y es verificable. Es fuente primaria.
Sin embargo, el término “celeste” comenzó a utilizarse con mayor frecuencia durante la segunda mitad del siglo XIX y terminó imponiéndose en el lenguaje oficial y escolar. Esto es un proceso histórico posterior, no una denominación original documentada en 1812.
LAS BANDERAS DE MACHA Y LA PRUEBA TEXTIL
En 1883 fueron halladas en la capilla de Titiri, en Macha, Alto Perú, dos banderas ocultas detrás de un cuadro religioso. Una fue restituida a la Argentina en 1896 y hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional; la otra permanece en la Casa de la Libertad en Sucre.
Son de las piezas textiles más antiguas vinculadas al proceso independentista. Han sido objeto de estudios de conservación, restauración y análisis técnico por especialistas en patrimonio histórico. Los informes del Museo Histórico Nacional describen un tono azul celeste más intenso que el que suele utilizarse actualmente en muchas banderas oficiales.
Debe decirse con precisión histórica que no existe un documento firmado por Belgrano que certifique expresamente que esas piezas fueron las que él enarboló. La atribución se basa en tradición histórica, contexto militar y estudios posteriores. Es una atribución ampliamente aceptada, pero no respaldada por un acta directa del propio Belgrano. Lo que sí es indiscutible es que constituyen evidencia material fundamental para estudiar la tonalidad original del símbolo.
BORBONISMO, SIMBOLOGÍA Y CONTEXTO
El azul celeste era el color de la banda de la Orden de Carlos III en la monarquía borbónica. En 1810-1812 todavía no se había declarado formalmente la independencia y muchas comunicaciones públicas juraban fidelidad a Fernando VII. En ese contexto, algunos historiadores sostienen que el uso del azul y blanco podía funcionar como una señal política de transición.
No existe un documento donde Belgrano declare que eligió los colores por la Orden de Carlos III. La relación es contextual y simbólica, no textual. Es una interpretación histórica basada en el clima político de la época.
Por otro lado, el azul es tradicionalmente el color del manto de la Virgen María en la iconografía católica hispánica. La sociedad rioplatense era profundamente católica. El simbolismo mariano estaba arraigado en la cultura, en estandartes y devociones públicas. Tampoco aquí existe una afirmación escrita directa de Belgrano vinculando la elección a la Virgen, pero el contexto cultural permite entender esa asociación como plausible desde el punto de vista histórico.
FEDERALES, UNITARIOS Y LA DISPUTA POR EL SÍMBOLO
Durante las guerras civiles la bandera también fue atravesada por la disputa política. Bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas se incorporó la divisa punzó como símbolo federal, aunque la bandera nacional mantuvo su estructura azul y blanca. No hubo una modificación legal del pabellón, pero sí una carga política en su uso y en su entorno simbólico.
Tras la caída de Rosas en 1852, durante las presidencias de Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento se consolidó la construcción pedagógica del celeste y blanco como emblema homogéneo de la Nación organizada. Es en este período cuando el término “celeste” se afianza definitivamente en el discurso escolar y estatal. No se creó una bandera nueva, pero sí se consolidó una interpretación cromática dentro del relato oficial.
MITO ESCOLAR Y DOCUMENTO HISTÓRICO
La explicación del “cielo celeste y las nubes blancas” no aparece en escritos de Belgrano. Es una construcción didáctica posterior que simplifica el origen del símbolo. No es una fuente primaria. Es un recurso pedagógico que terminó fijándose como verdad absoluta en el imaginario colectivo. Distinguir entre documento y relato posterior no debilita el símbolo. Lo fortalece.
LA ESCARAPELA COMO PRECEDENTE DIRECTO
Antes de la bandera estuvo la escarapela. El 18 de febrero de 1812 el Primer Triunvirato aprobó oficialmente la escarapela blanca y azul. Ese antecedente demuestra que la combinación cromática ya estaba institucionalizada antes de la creación del pabellón.
Nuevamente la palabra utilizada fue azul. No celeste. La bandera hereda esos colores ya reconocidos oficialmente. Por eso el debate cromático no comienza con la bandera sino con la escarapela.
EL TONO Y SU REGULACIÓN POSTERIOR
En tiempos de Belgrano no existía una estandarización técnica del color. No había códigos industriales ni reglamentos cromáticos precisos. Las variaciones dependían de pigmentos, tintes y técnicas artesanales.
Recién en el siglo XX el Estado argentino comenzó a establecer parámetros más definidos sobre el tono del celeste mediante reglamentaciones técnicas. La fijación exacta del color es un proceso moderno. Por lo tanto, exigir una coincidencia milimétrica con el tono actual para 1812 es anacrónico.
POSICIONES HISTORIOGRÁFICAS SOBRE EL COLOR
Bartolomé Mitre consolidó en su narrativa histórica la identificación del símbolo como celeste y blanco dentro del proceso de organización nacional liberal. Su obra influyó profundamente en el sistema educativo.
En cambio, José María Rosa remarcó que la ley de 1818 dice azul y cuestionó la simplificación escolar posterior. Desde esa perspectiva, la diferencia no es trivial sino parte de la evolución del relato histórico argentino.
El Instituto Nacional Belgraniano reconoce la utilización histórica del término azul en documentos originales y la evolución posterior hacia el uso extendido de celeste.
LA BANDERA ACTUAL Y LA MEMORIA
Hoy la bandera argentina es celeste y blanca. Así está reconocida oficialmente y así la sentimos. Ese es el símbolo vigente.
Pero conocer que la ley de 1818 dijo azul, que existen paños históricos con tonalidades más intensas, que el contexto borbónico y mariano formaba parte del mundo cultural de 1812, que hubo disputas políticas en el siglo XIX y que recién en el siglo XX se reguló técnicamente el tono no debilita el símbolo. Lo fortalece.
La bandera no cambia por estudiar su historia. Lo que cambia es nuestra profundidad para comprenderla.
La discusión entre azul y celeste no divide. Divide la ignorancia de los hechos.
Y más allá del matiz exacto del color, sigue siendo la bandera que nació en guerra en 1812 y que terminó convirtiéndose en el emblema permanente de la Nación Argentina.
Autor: Damian Leandro Zanni.

27 DE FEBRERO DE 1812, CREACION DE LA BANDERA NACIONAL: María Catalina Echeverría de Vidal, la mujer que el 27 de febrero de 1812 confeccionó la primera enseña patria.


 

27 DE FEBRERO DE 1812, CREACION DE LA BANDERA NACIONAL: María Catalina Echeverría de Vidal, la mujer que el 27 de febrero de 1812, bajo las indicaciones de Belgrano, que se alojaba en su casa, confeccionó la primera enseña patria.

Fermín Echevarría fue un vasco que arribó al Río de la Plata al promediar el siglo XVIII. Se desconocen otros datos de sus orígenes, pero se sabe que aquí contrajo matrimonio con la criolla Tomasa de Acevedo y tuvo dos hijos: Vicente Anastasio y María Catalina. Falleció en 1784, dos años después que su esposa, dejando a sus hijos huérfanos.
Vicente se doctoró en leyes y vivió en Charcas —actual Bolivia— por 15 años, y luego volvió a Buenos Aires. Trabajó en el Consulado, donde entabló una gran amistad con Manuel Belgrano. Participó en las luchas de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, y se unió al grupo patriota revolucionario. Estuvo presente en el Cabildo Abierto del 22 de mayo, votando allí por la destitución del Virrey Cisneros. Participó como soldado en varias arremetidas del Almirante Brown contra las tropas realistas y fue nombrado delegado en Montevideo, donde recibió las llaves de la ciudad. Fue además, quien tuvo la idea de realizar campañas corsarias para atacar las colonias españolas en distintas partes del orbe, y armó la nave ‘La Argentina’, con la cual, al mando de Hipólito Bouchard, darían la vuelta al mundo ondeando en su mástil la bandera nacional. Murió en 1857 y sus restos se encuentran en la catedral de Rosario.
Su hermana María Catalina nació el 1º de abril de 1782. Siendo huérfana, fue criada por la familia de Pedro Tuella, quién la educó como a su propia hija. Se casó en 1810 con Juan Manuel Vidal.
Dada la amistad de Belgrano con su hermano Vicente, cuando arribó a la Villa del Rosario para inaugurar las baterías ‘Independencia’ y ‘Libertad’, se hospedó en su casa. Fue allí cuando le propuso y ella aceptó, confeccionar la primera bandera argentina, que María Catalina haría con sus propias manos junto a otras damas del poblado que le prestaron ayuda. El diseño de esta primera enseña, era de dos franjas horizontales blanca arriba y celeste abajo.
María Catalina Echevarría vivió sus últimos años en San Lorenzo, y falleció el 18 de julio de 1866, nueve años más tarde que su hermano. Esta argentina de origen vasco tuvo el privilegio de haber cosido con sus manos, la enseña patria que enarbolaron nuestros patriotas por la libertad de Argentina, Chile y Perú.

Asociación Belgraniana de Morón.

27 DE FEBRERO, ANIVERSARIO DE LA CREACION DE LA BANDERA NACIONAL: Cosme Maciel "el primer abanderado".

Aquel jueves 27 de febrero de 1812 a las seis y media de la tarde en las barrancas de Rosario, el Gral. Manuel Belgrano invitó a quien era la máxima autoridad civil presente, el Regidor tercero del Cabildo santafesino, Cosme Maciel, quien tuvo el honor de izar por primera vez la enseña de la patria naciente.
Este pedido de Belgrano no es un detalle menor, eligió a un civil y no a un militar para tan magno acto. Quizá, o no, fuera casual que un tío de Cosme Maciel, llamado Juan Baltasar Maciel, fuera quien había bautizado a Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González en 1770 en Buenos Aires. La relación entre los Maciel y los Belgrano venía desde el Plata pues el cura que además era abogado, llevaba los asuntos del padre del creador de la Bandera. Belgrano y Cosme se habían encontrado en 1811 cuando la Campaña al Paraguay.
Esa bandera, la primera, la que Belgrano nos legó, según el historiador Juan Manuel Castagnino: “Es la Bandera de Soberanía. Belgrano es el independentista máximo de 1810, que se manifiesta con el máximo acto de soberanía, que es el de crear una Bandera ante las naciones del mundo. Hay muchas banderas: de ejército, de regimientos, de batallones, de escuelas, de oficinas públicas pero hay una que es de Soberanía de una Nación y es la que creó Belgrano en Rosario”.
Quién fue Cosme Maciel
A veces la historia se tergiversa con el mensaje interpretativo de los historiadores. Lo hizo Bartolomé Mitre cuando omitió detalles del acto del 27 y desde allí las repeticiones sistemáticas anonimizaron a Cosme. Podemos ver también que en la película “Belgrano” interpretada por Pablo Rago dirigida por Sebastián Pivotto, Belgrano llama a un joven soldado afrodescendiente diciéndole: “A ver, vos Cosme vení”. Nada más lejano de la realidad excepto el nombre de pila.
Cosme Maciel, como ya dijimos, era la máxima autoridad civil presente. Oriundo de Santa Fe, nació el 1 de noviembre de 1784. Hijo del alcalde de la ciudad Domingo Maciel y Lacoizqueta y de su tercera esposa doña María López Pintado.
Después de adquirir una relativa instrucción se dedicó a tareas de cabotaje, donde evidenció una gran destreza en armado de embarcaciones y en una sumaca de su propiedad realizó viajes comerciales entre Santa Fe, La Bajada y Buenos Aires. No llegó a alistarse en la expedición al Paraguay con Belgrano por razones familiares (su madre estaba enferma) y comerciales pero colaboró con sus embarcaciones en el traslado de tropas a La Bajada (hoy la ciudad de Paraná).
En enero de 1812 ya se encontraba Maciel con su embarcación en la Capilla del Rosario y pronto prestó su colaboración al coronel de Ingenieros Ángel Monasterio proveyendo la madera necesaria transportada por su sumaca desde las islas a la costa. A la llegada de Belgrano y del comandante Celedonio Escalada, fue recomendado tan eficazmente por Monasterio que, al tomar el mando del cuerpo de cívicos que se había formado, Escalada lo nombró su ayudante principal. Al inaugurarse la “Batería Libertad” Belgrano le dio el honor de enarbolar la primera bandera argentina.
En 1816, intervino como uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mariano Vera contra Viamonte. Su acción dirigente lo caracteriza como uno de los fundadores de la autonomía de Santa Fe.
En 1819, el gobernador Estanislao López confió a Maciel una misión ante Artigas, que mantenía viva la resistencia de la provincia oriental contra Portugal. Fue secretario de López durante la campaña de este caudillo contra Dorrego y comisionado luego para tratar la paz en nombre del gobierno de Santa Fe.
Disidencias políticas produjeron más tarde -dice el historiador Azarola Gil- el rompimiento de Maciel con el brigadier López. Reducido a prisión bajo la inculpación de haber fomentado el asesinato del gobernante, procuró éste a Maciel los medios para alejarse de la provincia, a lo que se negó el acusado, siendo entonces remitido a Buenos Aires con la prevención que si regresaba a Santa Fe sería fusilado. Este destierro fue el término de su vida pública.
Su destierro
En 1838 es censado en los pagos de Barracas al Sur (Avellaneda, Buenos Aires) con la profesión de “pulpero”. Un trabajo de investigación realizado hace unos años nos permitió establecer que Cosme Maciel tenía su pulpería en la intersección de las hoy avenidas Mitre y Maipú, esquina desaparecida bajo la piqueta cuando la construcción de la bajada del hoy emblemático Puente Pueyrredón, que cruza el Riachuelo, a metros de un conocido Bingo.
En 1840 el gobierno rosista lo mantiene preso: “La ciudad por cárcel” es su presidio, es decir, no le era permitido salir de los límites de la ciudad.
Pastor Obligado, aquel historiador que nos brindara sus famosas “Tradiciones”, lo entrevistó en su chacra de Crucesita donde vivía con sus hijos y familia. Allí, bajo un ombú en 1862, Obligado visitó a Cosme Maciel y escribió que “un poco apartado a la derecha del Camino Real entre el Puente de Gálvez y el Puente viejo de la Crucesita, en el ancho corredor de la casita que blanquea sobre una lomada, bajo majestuoso ombú, tomaba el sol de otoño un anciano de blancos cabellos, sobre sillón de vaqueta, más viejo que él. Al saber que era portador de recuerdos de su familia (primer bordado de su nieta, la bella Manuelita), entre viejos cuentos del pasado nos refirió el presente”.
“- Aquí donde Ud. me ve esta mano trémula que apenas puede sostener el bastón de mi vejez fue la que izó la primera bandera argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido las emociones de aquel día. Vecino de Santa Fe, me hallaba accidentalmente en la Villa de Rosario y, entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria, ayudé al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca tras de la actual Iglesia. ¡Qué grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración acabado de plantar el mástil, formada ya la tropa sobre la batería me dijo el Gral. Belgrano!: ‘Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para llevarla bien alto, como debemos mantenerla siempre’. Fue para mí lo inesperado de tan grata sorpresa, que repitiéndose el hecho por todas partes al verme pasar me apodaban en los fogones de los campamentos: ‘¡Ahí viene la bandera de Belgrano! ¡Y esto señor Oficial porteño desvirtuará ante Usted el nombre de santafesino que odia a los porteños con que Fray Castañeda me sindicaba en sus papeles”.
La elección de Barracas al Sud para su destierro no fue casual. En el pago vivían desde los primeros tiempos sus parientes (lejanos y no tanto) radicados en el siglo XVIII de los que derivan los nombres (topónimos) del Arroyo Maciel y la célebre Isla Maciel otrora paraíso de esparcimiento de los porteños que cruzaban el Riachuelo. Compró tierras que heredaron sus hijos y sus descendientes vivieron allí hasta principios del siglo XX.
Don Cosme vivió sus últimos días al cuidado de su hija menor, casada con un funcionario gubernamental del partido. Falleció en Buenos Aires en 1863. Se presume que sus restos fueron sepultados en el Cementerio de la Recoleta bajo otro nombre.
Por Roberto Colimodio.
Asociación Belgraniana de Morón.-

jueves, febrero 26, 2026

Un hombre que amaba el mar.

 


Un hombre que amaba el mar.

Por Julio C. Borda.

Un gran marino que estuvo al servicio de la Armada Nacional durante largos años, fue Hipólito Bouchard. Dice uno de sus biógrafos que sobre la costa francesa del Mediterrán, se encuentra Saint Tropez en una zona de excelentes y mejores vinos que huele a mar y la acaricia un buen sol… Muy cerca de allí en la localidad de Bormes nacía el 15 de enero de 1780 André Paul Bouchard, quien en fecha desconocida se cambió el nombre por Hippolyte, Hipólito.

En 1798 se alistó en la marina de Francia, y desencantado con la Revolución Francesa se dirigió al Río de la Plata donde iba a realizar una destacada carrera naval, poniendo todos sus conocimientos marítimos al servicio de la Revolución de Mayo, a cuyos principios apoyaba en forma inequívoca.

En septiembre de 1810 se alistó en la marina de las Provincias Unidas del Río de la Plata, siendo elegido oficial de la corbeta 25 de Mayo. Debido a sus destacadas acciones en las aguas, Bouchard fue adquiriendo cierto prestigio, y el gobierno entonces lo designó comandante del bergantín 25 de Mayo; pero en el combate de San Nicolás tuvo una desafortunada actuación, pues no ofreció resistencia alguna. Por consiguiente le levantaron un sumario donde se lo absolvió de toda responsabilidad; posteriormente se lo puso al mando de una cañonera y siguió combatiendo contra los españoles entre julio y octubre de 1811. Participó de la Batalla de San Lorenzo, apropiándose de una bandera enemiga. Con motivo de esta acción, la Asamblea le otorgó la ciudadanía argentina.

Se le otorgó patente de corso, navegando por el Océano Pacífico; su relación con Brown fue distante. Como corsario obtuvo varias presas, entre ellas, las goletas Mercedes, Nuestra Señora del Carmen y Consecuencia, que luego pasó a llamarse La Argentina. Junto con Guillermo Brown cumplió exitosamente su función como corsario; estando en las Galápagos, informó al almirante irlandés que regresaba a Buenos Aires, y al repartirse las presas el corsario francés se quedó con dos embarcaciones: la fragata Consecuencia y la goleta Analaduza.

Pero el verdadero enemigo de Bouchard era su mal carácter lo que le originó varios dolores de cabeza; ello lo llevó a tener fuertes enfrentamientos no sólo con los oficiales, sino también con sus subordinados. Tanto fue así que al regresar a Buenos Aires después de una de sus travesías, fue juzgado por malos tratos contra su tripulación.

En 1817 recorre los mares del continente asiático al mando de La Argentina, donde protagonizó infinidad de aventuras que lo llevaron a distintos puertos; peleó contra buques piratas, combatió el tráfico de esclavos y su tripulación llegó a sufrir una peste de escorbuto que se cobró alrededor de cuarenta víctimas. Entre diciembre de 1817 y enero de 1818, estando en las cercanías de Filipinas apresó cerca de 16 buques. Era incansable, su talento de corso era incuestionable.

Vencer a España era el objetivo que se había trazado; en noviembre de 1818, al fondear en Monterrey, Capital de Nueva California se enfrentó contra la defensa española obteniendo un triunfo de gran impacto, pues luego de la victoria la bandera nacional fue enarbolada por unos días en aquella ciudad. Allí ocupó la gobernación durante unos días.

Siguió con su periplo hasta internarse en los mares de Centroamérica, apresando en las cercanías de Nicaragua cuatro buques españoles. Nuevas aventuras lo esperaban; su espíritu inquieto y belicoso lo llevó a enfrentar varios incidentes con autoridades marítimas, como por ejemplo en Valparaíso, donde se lo acusó de insubordinación y piratería. Su buque La Argentina fue saqueado y luego de un sumario estuvo preso durante cinco meses.

Al recuperar su libertad, se encuentra que su nave está muy arruinada, pero a pesar de ello, el bravo corsario la pone en condiciones navegables.

En Perú se pone a las órdenes del Padre de la Patria, y éste le da el mando de la fragata Prueba. Partió de Buenos Aires en julio de 1819 y nunca más regresó, ya que después de haber atravesado todo tipo de vicisitudes se instaló en una hacienda de su propiedad en la ciudad de Nazca, Perú, donde instaló un ingenio azucarero.

Tal vez por su mal genio su vida terminó trágicamente, pues fue asesinado por uno de los esclavos que trabajaba en ese ingenio. Este drama ocurrió el 4 de enero de 1837.

Sus restos descansan en el panteón del Centro Naval, ubicado en el Cementerio de la Chacarita.

Publicado en LA PRENSA.


HIPÓLITO BOUCHARD
EL GRANADERO DEL MAR.
Estuvo en el Combate de San Lorenzo, con el grado de Teniente, en el que de un sablazo en la cabeza, ultimó al abanderado de las Milicias de Montevideo, arrebatándole la bandera que portaba.
Había nacido con el nombre de André Paul Bouchard, nombre que cambiaría por el de Hippolyte (Hipólito). Algunos dicen que tomo el nombre de un hermano fallecido.
En 1815 abandona el Regimiento de Granaderos para ingresar a la Marina de Guerra en donde tiene acciones verdaderamente heroicas y memorables. Mañana 24 de noviembre, narraremos precisamente una de ellas, por ser justo el aniversario de la toma del Puerto de Monterrey en la Baja California.
Hoy queremos contarles a nuestros amigos sobre su poco conocido final.
En virtud de sus gloriosos servicios prestados al Perú, el Gobierno de ése país decide obsequiarle una hacienda en las proximidades de Palpa. Allí se establece en 1831, trabajando en la construcción de un importante ingenio azucarero.
Con el correr de los años, su genio fue tornándose hosco y agresivo, siendo muy severo con sus criados y sirvientes. Tal vez, recordando sus años sobre el puente de mando de "La Argentina", hacía que actuara de ésta manera. Así como había sido severo con sus marinos, así era de severo con sus sirvientes.
En la noche del 4 de enero de 1837, Hipólito Bouchard golpeó duramente a uno de sus sirvientes, provocando la ira del resto de la servidumbre. El Héroe de San Lorenzo y Monterrey tomó una pistola y su viejo y glorioso sable de abordaje, pero no pudo contra la turba enardecida y fue ultimado a puñaladas.
Sus reliquias mortales se extraviaron por más de ciento veinte años, desconociéndose su paradero. Hasta que en junio de 1962 fueron halladas casi de casualidad en la cripta de una vieja iglesia de Nazca.
Aquellos huesos gloriosos fueron repatriados ese mismo año a bordo de un crucero que llevaba el mismo nombre que su inmortal Fragata: "La Argentina".
Hoy descansa el sueño eterno en el Panteón Naval del Cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires.
Granaderos Bicentenario.

miércoles, febrero 25, 2026

5 de febrero de 1818: bandera nacional los dos colores blanco y azul. Bandera de guerra un sol pintado en medio de ella”.

 


25 de febrero de 1818: El diputado por Buenos Aires en el Soberano Congreso de las Provincias Unidas en Sud América (conocido como de Tucumán) Luis José de Choarrarín, a través de un dictamen que le fuera encomendado -debido a que se planteó el problema que, como los mismos colores celeste y blanco de la Bandera, componían también los estandartes o guiones que acompañaban a los generales al entrar en campaña- era conveniente añadir una marca o particularidad que determinase el significado de una u otra divisa, opinó que “sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma acostumbrada fuese distintivo peculiar de la bandera de guerra un sol pintado en medio de ella”.

*** Asociación Belgraniana de Morón. Fundada el 6 de noviembre de 1996.

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El Sol de Mayo, también llamado Sol incaico, es uno de los emblemas nacionales argentinos, uruguayos, y ecuatorianos presente en sus banderas y escudos.

Está también presente en diversas banderas históricas[​ y escudos estatales y militares del Perú, así como en la bandera de la Primera República filipina.

En 1985, la Ley 23.208 sobre Símbolos Patrios eliminó la existencia de las dos banderas y decretó que la única bandera argentina es la que lleva el sol. Desde entonces, el sol inca brilla en el centro de nuestra bandera donde sea que esté flameando.

Faustino Mazzucco (nacido en la localidad de Cervantes, provincia de Río Negro el 25 de mayo de 1931- fallece el 21 de agosto de 2018 en General Roca, provincia. de Río Negro). 

Fue Senador Nacional de la provincia de Río Negro.

Fue autor de la ley que unificó el uso de la bandera de Argentina, sancionada con el número 23.208 en Julio 25 de 1985. Promulgada el  Agosto 16 de 1985.

En 1985 la Ley 23.208 establece que "tienen derecho a usar la Bandera Oficial de la Nación, el Gobierno Federal, los Gobiernos Provinciales y del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, así como también los particulares, debiéndosele rendir siempre el condigno respeto y honor".
De esta manera quedó derogado el tercer artículo del decreto del año 1944 que permitía a los particulares el uso de "los colores nacionales en forma de bandera, sin sol, de escarapela o de estandarte".

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El Tamayo... "pa´que guardar patacones si el saco tiene un aujero?"... José Larralde.

 

fue resero, domador, amigo del pampa en los tiempos de huanguelén, cuando el camión lo dejó sin pique en eso de reserear Raul Quiroga se arreglaba como podía, cuando un día josé le preguntó porqué no se conseguía un laburo en el pueblo y dejaba de andar tirado por ahí, Raúl le contestó..."pa´que guardar patacones si el saco tiene un aujero?"...el de la izquierda en la foto es "el tamayo" personaje que inspirara a Larralde para escribir una de sus milongas mas populares y conocidas entre los larradeños...junto al tamayo está don Eduardo Saad (tio del pampa).
del tamayo queda el recuerdo en la milonga y esta foto y alguna mas...el rancho del tamayo en Huanguelén hoy en día se ha convertido en un taller de bicicletas al cual cada tanto llega un larraldeño de paso para tomarse una foto.
*** JOSE LARRALDE(UN GIGANTE OLVIDADO).



248° Aniversario del Natalicio del Libertador General Don José de San Martín - 1778 - 25 de febrero - 2026.

 


248° Aniversario del Natalicio del Libertador General Don José de San Martín - 1778 - 25 de febrero - 2026.

En la localidad correntina de Yapeyú nace José de San Martín. El Libertador se formó en España. Tuvo un rol destacado en la batalla de Bailén contra las tropas de Napoleón.
Llegó a Buenos Aires en 1812, formó el cuerpo de Granaderos a caballo y tuvo su bautismo de fuego en el Río de la Plata con el combate de San Lorenzo. Impulsó la independencia en 1816, tras lo cual desarrolló su estrategia continental: cruzar los Andes, liberar Chile y después llegar en barco a Lima, el corazón del colonialismo español en América del Sur. Cumplida su misión, tuvo lugar la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar. Se alejó de la vida pública y se radicó en Francia, donde murió en 1850.
Instituto Nacional Sanmartiniano.
En nuestraa Argentina se lo denomina "Padre de la Patria" y es el principal héroe y prócer nacional. En el Perú se lo reconoce como libertador, con los títulos de «Fundador de la Libertad del Perú», «Fundador de la República» y «Generalísimo de las Armas». En Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General. 

lunes, febrero 23, 2026

23 de febrero de 1927: nace en Villa Cañas (provincia de Santa Fé) Rosa María Juana Martínez, conocida por su seudónimo de Mirtha Legrand.

 

LOS 99 AÑOS DE MIRTHA LEGRAND.

Mirtha Legrand festeja hoy 99 años rodeada de familia y amigos.

  • La Chiqui celebrará con todo su cumpleaños, este lunes 23 de febrero, en la casa de su hija, Marcela Tinayre.

Mirtha Legrand soplará sus 99 velitas en una celebración íntima en Barrio Parque, donde familiares y figuras destacadas del espectáculo argentino se darán cita para homenajear a la histórica conductora. El festejo se realizará en la residencia de su hija, Marcela Tinayre, escenario habitual de los cumpleaños de la diva de los almuerzos.

*** Para otras publicaciones hacer click en etiquetas: Mirtha Legrand.

domingo, febrero 22, 2026

FATE, la caída de un símbolo de soberanía tecnológica.

 


FATE, la caída de una empresa que fue símbolo de soberanía tecnológica.

Construyó calculadoras de vanguardia, que se exportaban, desarrolladas por investigadores expulsados por la dictadura. Su cierre simboliza los embates recurrentes contra la idea de que un país periférico puede desarrollar tecnología soberana.

Por Nora Bär.

En estos días las quiebras de empresas se suceden a ritmo de vértigo. Suman decenas de miles en los últimos dos años; según Fundar, exactamente 21.938. Pero aunque todos son lamentables, algunos representan más que meras noticias económicas. El cierre de FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas, luego convertida en productora de neumáticos y pionera de la electrónica nacional) es el epílogo de una larga historia y un símbolo de los embates contra un proyecto de país. 

Para entender por qué su desaparición es trascendente, y no solo para sus casi mil trabajadores que quedan en la calle, hay que remontarse a hace más de ocho décadas. A un vendedor ambulante de impermeables en el barrio del Once. A la Segunda Guerra Mundial. A la “noche de los bastones largos”. A una calculadora que sacó del mercado argentino a Olivetti. Y a un ingeniero, entre varios otros, que todavía recuerda aquellos años como la aventura más importante de su vida.

Su fundador, Leiser Madanes, llegó a la Argentina desde Polonia en 1912 como tantos otros a “hacer la América”. Después de trabajar durante años como vendedor ambulante, pudo instalar un negocio en el corazón del Once: la Casa Madanes, cuyo producto estrella eran los “capotines”, impermeables de hule para la lluvia. Pronto comenzó a diversificarse hacia otros derivados del caucho, hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial y el caucho se convirtió en un material estratégico que empezó a escasear. Comenzó a procesarlo industrialmente, y en 1940 funda FATE Neumáticos. La primera planta, en el barrio porteño de Saavedra, tenía apenas 1.000 metros cuadrados. "Un detalle importante para percibir esta capacidad del desarrollo tecnológico que anida en el grupo FATE, es que para emprender esta empresa de tiras engomadas, sus hijos se asocian con el ingeniero Horn, que era quien realmente tenía el conocimiento técnico y tecnológico para fabricar las tiras engomad –subraya Bruno de Alto, autor de un libro sobre esta historia–. Cuando se percibe ya, durante la Segunda Guerra Mundial, un problema de provisión de importaciones, los hermanos Manuel y Adolfo Madanes, hijos de Leiser, piensan en el negocio de los neumáticos. Otro punto vital para el crecimiento tecnológico de la empresa fue cuando en 1956 se asocian con la empresa norteamericana General Tire, que no estaba en la Argentina, y hay un proceso de transferencia tecnológica. Esto lo señalo porque es una conducta que se va a ir instalando y creciendo en el grupo en cuanto a cómo crecer a través del conocimiento tecnológico".

“Cuando ellos se iniciaron, no había neumáticos nacionales –cuenta Bruno Massare, editor de la agencia de noticias científicas y tecnológicas TSS de la Universidad Nacional de San Martín, docente e investigador en ciencias sociales, cuya tesis doctoral se centra en FATE Electrónica–. Ellos literalmente crearon una industria, algo muy valioso. Y crecieron a pulmón. Desarrollaron el primer neumático radial del país y en los años setenta, una calculadora de primer nivel; al punto que llegaron a exportarla a Inglaterra, México y Brasil. Fueron, claramente, líderes en América Latina. Y pudieron hacerlo porque era una empresa que apostaba a la investigación en un momento en que eran pocas, muy pocas las compañías que hacían desarrollo de tecnología”. 

El gran salto vino al terminar la guerra, cuando Estados Unidos modernizó su aparato productivo y liberó equipamiento industrial para la exportación. Los Madanes negociaron con empresas norteamericanas, firmaron un convenio de transferencia de tecnología y en 1960 comenzaron la construcción de una nueva planta en San Fernando, en un predio de 65 hectáreas con 47.000 metros cuadrados cubiertos y maquinarias que representaban la más avanzada tecnología disponible. En 1969, fabricaron el primer neumático radial "made in Argentina”, que permitió sortear la escasez del mercado internacional, una revolución tecnológica impulsada por las terminales automotrices. Para ese momento, la planta ya empleaba a 800 personas.

Ese emprendimiento fue fruto de una serie de acontecimientos paradójicos. El 29 de julio de 1966, tres semanas después del golpe de Estado de Juan Carlos Onganía, la policía entró con bastones a las facultades de Ciencias Exactas, Arquitectura, Medicina e Ingeniería de la UBA, y golpeó a estudiantes y docentes que se resistían a la intervención. Muchos investigadores renunciaron o fueron expulsados. Otros emigraron. Manuel Madanes —hijo de Leiser y por entonces a cargo de la empresa— había sido compañero de escuela y era muy amigo de Manuel Sadosky, el matemático que sería luego conocido como el padre de la computación argentina (organizó el Instituto de Cálculo de la UBA y trajo al país la primera computadora en una universidad, Clementina). Tras la “noche de los bastones largos”, Madanes le enviaba dinero para sostener a algunos de los profesionales que habían sido desplazados de la universidad. Según explica Elio Díaz, que fue desde operario hasta gerente y estudioso del caso FATE y coautor del libro Una Experiencia de Desarrollo Independiente de la Industria Electrónica Argentina de Tecnología de Punta, Fate División Electrónica 1969-1976, fue el propio Sadosky quien un día le propuso un cambio de lógica: en lugar de darle dinero, ¿por qué no tomaba directamente a esa gente para trabajar en el desarrollo industrial de la empresa?

Así, Madanes incorporó a investigadores del Instituto de Cálculo, estadísticos, matemáticos, físicos de Exactas. Entre ellos, estaba el astrofísico Carlos Varsavsky, docente e investigador que terminó convirtiéndose en asesor de investigación. Un poco por la visión de estos pioneros y otro por la tragedia de la represión, FATE se convirtió en algo sin precedente en la historia industrial argentina: un ámbito en el que científicos trabajaban en el desarrollo de tecnología de punta.

"En ese tiempo eran muy pocas las compañías que hacían desarrollo de tecnología –destaca Massare–. La Argentina ya entonces tenía recursos humanos muy buenos para investigación, en química, en matemática, en lo que era la incipiente computación. Esa gente, que tenía cargos de investigación en la universidad, termina recalando en FATE”.

La calculadora que doblegó a Olivetti.

El ingeniero Roberto Zubieta, que dirigía un laboratorio de semiconductores en la Facultad de Ingeniería de la UBA, articuló el equipo que haría historia. A través de Carlos Varsavsky, la gente de FATE lo contactó con la idea de que la empresa pudiera realizar algo desarrollado por técnicos e ingenieros argentinos. Zubieta convocó a Pedro Joselevich, ingeniero en telecomunicaciones especializado en electrónica, que por esas cosas de la vida había ingresado al mundo de los sistemas digitales gracias a una beca en Philips. También se sumó Alberto Bilotti, nacido en Bahía Blanca y graduado en la Universidad Nacional de La Plata, a quien Joselevich (hoy de 89 años) describe como "un ingenierazo".

El objetivo era audaz: diseñar y fabricar en el país una calculadora electrónica de punta, usando lo más avanzado de la tecnología disponible. En ese momento, eso significaba la "lógica TTL, transistor-transistor", que era la vanguardia de los circuitos integrados.

"Fue una aventura tecnológica que recuerdo como la más importante de mi vida", cuenta ahora Joselevich, emocionado.  El proceso resultó largo y artesanal: primero diseñaron todo en papel, después construyeron un prototipo cableando manualmente los pines [terminales metálicas conductoras que permiten la conexión eléctrica entre el chip interno y componentes externos] de los circuitos integrados. Cada defecto se corregía, cada componente se ajustaba. “No tenían impresora, así que un colega que había partido a Palo Alto, en Silicon Valley, actuó como embajador técnico y consiguió una de la firma Seiko”, detalla Joselevich, que diseñó la interfaz que permitía que la calculadora la comandara.

El diseño físico de la caja fue otra batalla: se involucraron dos arquitectos expertos en diseño industrial, Silvio Grichener –que había trabajado en Philips de Brasil– y Arturo Montagú. Hubo grandes discusiones, porque hacerla de plástico, en pequeña escala,  resultaba muy costoso. Al final, la caja fue de aluminio. El teclado, al principio importado, luego se integró localmente. El diseño de los circuitos impresos, 154 elementos que había que ensamblar e interconectar, se realizó en Estados Unidos con métodos que Joselevich califica como muy laboriosos.

“La primera calculadora así construida fue bautizada Cifra 311. Tenía 150 circuitos integrados de tercera generación. Y era tan buena que puso en tela de juicio la existencia de Olivetti en el mercado argentino: la superaba tecnológicamente”, afirma Díaz. Así, FATE Electrónica, como fue llamada la división creada para este proyecto, fue creciendo, lanzando nuevas series. Una calculadora científica pequeña, otra en plástico fabricada en grandes cantidades, máquinas de contabilidad, circuitos impresos de doble faz, minicomputadoras. Llegaron incluso a desarrollar el prototipo funcional de una computadora completa.

Esta área de investigación llegó a tener 80 personas. “Para hacerse una idea –subraya Massare–,  en 1976, toda la industria manufacturera argentina contaba con apenas 245 científicos e ingenieros. Un tercio de ellos trabajaban en FATE”.

En 1975, FATE Electrónica —sin contar Aluar ni la división de neumáticos— tenía 860 empleados. Era una empresa enorme desde cualquier punto de vista, pero especialmente si se la mide en el contexto de la industria tecnológica latinoamericana de la época.

“Todo esto se hizo en un entorno político-económico en que el Estado nos ayudaba, permitiéndonos importar los componentes necesarios que no se fabricaban en el país con aranceles muy bajos, pero con el compromiso de FATE Electrónica de integrar cada vez más –recuerda Díaz–. Se hicieron varias series de calculadoras diferentes. Una científica chiquita, una ya con una matriz para plástico, porque las cantidades eran mayores, con una impresora nueva, mucho más pequeña. Después, se empezaron a fabricar circuitos impresos con una técnica muy avanzada. Eso fue un desarrollo tecnológico importante, porque no es nada simple de hacer. También máquinas de contabilidad”.

"La División Electrónica fue una apuesta fuerte y atrevida: encaró la producción escalonada de calculadoras de escritorio y de mano, sistemas contables y finalmente, una computadora argentina. Con el golpe de 1976 todo terminó. Dos arietes derribaron este proyecto de autonomía tecnológica: el fin de las protecciones y medidas de apoyo del Estado que recibió la empresay la apertura económica impulsada por el neoliberalismo del Ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, permitiendo la invasión de calculadoras y computadoras extranjeras que sí tenían apoyo de sus respectivos Estados. Todo agravado con un creciente clima de represión, persecución política y exilio para sus protagonistas", escribe Bruno Pedro de Alto en Visión País.

Durante unos años, fue una alianza entre empresa privada y política pública, algo paradójico, porque ocurrió durante un gobierno que había destruido la universidad. Como señala Díaz, el mismo golpe de Estado que expulsó a los científicos de las aulas, en un rasgo de nacionalismo, permitió el desarrollo tecnológico de la industriaPero el mismo mecanismo que habilitó el crecimiento fue también el instrumento de su destrucción. En 1976, con el golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla y la llegada de José Alfredo Martínez de Hoz al Ministerio de Economía, un nuevo esquema arancelario estableció que importar los componentes electrónicos costaría más que importar el producto terminado. De un día para otro, resultaba más barato traer una calculadora completa desde Japón que fabricar una en Argentina. “Todo eso se canceló cuando vino el señor Martínez de Hoz, que impuso aranceles sobre los componentes mayores que los que se aplicaban al producto terminado y la producción japonesa hizo inviable la existencia de FATE Electrónica”, cuenta Díaz

"La producción japonesa hacía inviable la existencia de FATE Electrónica", recuerda Pedro Joselevich con una amargura que no se disipó con los años. Massare coincide en que la ventaja tecnológica que FATE había construido con tanto esfuerzo se perdió de manera abrupta en 1976. No por razones técnicas ni por limitaciones del talento local, sino por un cambio en la idea de país. FATE Electrónica desapareció y el prototipo de computadora que había desarrollado, que podría haber marcado una época, quedó abortado.

Antes de que la electrónica colapsara, FATE había dado otro paso en su diversificación. A partir del asesoramiento de investigadores de Exactas, la empresa había explorado la posibilidad de producir aluminio a partir de tierras de Misiones. Era una ilusión técnicamente costosa. Pero la Fuerza Aérea tenía un proyecto propio de producción de aluminio y Manuel Madanes decidió asociarse. De esa alianza improbable nació Aluar, la única empresa productora de aluminio primario de la Argentina y una de las más importantes de Sudamérica. Con el tiempo, ese terminó siendo el principal negocio del grupo. 

“Podríamos decir que FATE tiene tres historias: sus inicios como fábrica argentina de telas engomadas, la producción de neumáticos, la electrónica, y la productora de aluminio”, resume Díaz. En 2015, FATE fabricaba anualmente más de 15 millones de neumáticos para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus, tractores y maquinaria vial. Tras la muerte de Manuel Madanes, el liderazgo de la empresa pasó por una serie de conflictos sucesorios hasta recaer en Javier, nieto de Leiser, que Elio Díaz describe como un hábil empresario, pero sin el espíritu de su abuelo. 

Más allá de los responsables individuales, el cierre de FATE tiene una dimensión que trasciende lo empresarial. Pedro Joselevich lo siente como un duelo. “Un país sin desarrollo industrial es un país para menos gente –afirma Massare–. No se puede vivir solamente de servicios o del agro. Sin industria se pierden capacidades como país, soberanía”. 

FATE es, en este sentido, una demostración empírica de ese principio. La empresa pudo hacer calculadoras porque ya tenía un laboratorio y una cultura de investigación forjados en la producción de neumáticos. Pudo hacer Aluar porque tenía el músculo institucional y el capital humano acumulado en tres décadas de industria y la capacidad de desarrollo tecnológico que había logrado en otra área.

La pregunta que plantea su desaparición no es solo qué perdemos, sino qué queremos ser. Sin políticas que permitan aprovechar el conocimiento y el talento de nuestros científicos, su traducción en industria, en exportaciones, en empleo calificado, en soberanía. Su cierre es el epílogo lamentable de una historia que llegó a mostrar que con políticas públicas adecuadas y talento científico es posible competir en la primera línea de la tecnología. 

*** Publicado en El Destape.

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