viernes, enero 02, 2026

ADLER SALAME deleite de infancia.

 

Los icónicos triangulitos de queso fundido nacen en 1897, en Alemania.

Benedikt y Josef Wiedemann fundaron una empresa mayorista de quesos y manteca en 1892 en Wangen im Allgäu, al sur de Alemania. El negocio creció, incrementaron su volumen de producción y en 1906 tiene el nombre de ADLER.  

En 1922, la empresa de los Wiedemann produjo por primera vez en el mercado alemán un queso fundido procesado. Consistía en una porción triangular con una combinación de queso y manteca, que se utilizaba como queso untable. El producto fue bautizado con el nombre de Adler Edelcreme.

Llegaría a nuestra Argentina gracias a la intervención de otro empresario quesero de origen alemán: Francisco Huber. 

En 1910, Huber emigró a  la Argentina a la edad de 27 años, acompañado de su esposa, Águeda, y su hijo, Otto. Se establecieron en Chivilcoy, Provincia de Buenos Aires, donde fundó una fábrica de quesos. Junto a su socio, Eugenio Ortilep, sentó los cimientos de la empresa quesera que eventualmente se convertiría en Quelac SRL en 1943.

Años más tarde, en 1959, los quesitos Adler comienzan a elaborarse en la planta de San Jerónimo, provincia de Santa Fe.

Kulle, de viaje por la Argentina, le vendió la licencia a Quelac para que produzca los quesos Adler en su fábrica especializada en quesos blandos en la ciudad de San Jerónimo,

La planta santafesina pasó a manos de Refinerías de Maíz en 1968 y luego fue adquirida por Nestlé en 1991. Tres años después se renueva el packaging y sale al mercado la caja troquelada. Pero a fines de 1999 Nestlé decide desprenderse de su negocio de quesos y se la vende a la francesa Bongrain por $ 29 millones, que la compra a través de Cabaña y Estancia Santa Rosa.

Desde 2006 Adler forma parte de Milkaut, a la que Bongrain (hoy Savencia) entró como socio minorista y luego adquirió en 2011.

Tanto aquí como en Alemania, los “triangulitos” siguen vigentes.

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