Un país próspero, visitas de príncipes y científicos, y lluvia de capitales extranjeros: radiografía de la Argentina hace cien años.
Hace un siglo el país era otro. Con sus contradicciones y
desigualdades sociales, la economía había pasado los años de recesión producto
de la Primera Guerra Mundial. A continuación, algunos de los hechos que
marcaron a la Argentina de 1925.
Por Adrián Pignatelli.
Marcelo T. de Alvear había asumido la presidencia en octubre
de 1922.
Argentina era gobernado desde 1922 por Marcelo T. de Alvear,
de 56 años, un liberal bon vivant de pedrigree patricio, ya que su abuelo había
sido el general Carlos María de Alvear y su papá el intendente porteño Torcuato
de Alvear. Era un hombre corpulento, de escasa cabellera, de carácter afable y
cordial, emoción fácil, y que a veces sorprendía con arranques de ira.
Fue uno de los presidentes argentinos que llegó a la Casa
Rosada sin hacer campaña, y se enteró de su postulación estando en Europa. En
tiempos en que el período presidencial era de seis años y no contemplaba la
reelección, el dedo incuestionable del líder radical Hipólito Yrigoyen, que
dejaba la presidencia, dispuso que su discípulo fuese el sucesor. Como vice fue
el yrigoyenista Elpidio González quien, años más tarde, sumido en la pobreza,
se negaría a cobrar una jubilación de privilegio, la que había sido impuesta a
partir de su caso y que por esos insólitos vericuetos burocráticos, se seguiría
repartiendo a diestra y siniestra.

Einstein, en una de las conferencias que dio en el aula magna del Colegio Nacional de Buenos Aires (UBA).
Fue un hombre con suerte, ya que le tocó gobernar en un
período de bonanza: cuando asumió en 1922 ya el país había hecho los ajustes
provocados por la Primera Guerra Mundial. Durante su gestión hubo moneda
estable, había trabajo, vivienda y llegaron capitales extranjeros, muchos
norteamericanos, como el caso en 1925 de la General Motors (Chrysler se había
establecido el año anterior) y hubo inversiones en frigoríficos, energía y bienes
de consumo.
El país era rico, contaba con cerca de diez millones de
habitantes y los que habitaban la ciudad y la provincia de Buenos Aires gozaban
de un ingreso per cápita similar al de Australia y Canadá.
Alvear fue políticamente correcto y manejó un gabinete que tuvo
libertad de acción, lo que contrastaba con el manejo hiper personalista de la
gestión de Yrigoyen. “Por fin quiere hacer política”, bromeaba la revista Caras
y Caretas en enero de 1925, presentándolo como una persona que dejaba todo en
manos de su gabinete. Definido el equipo de gobierno como la de un secretario
general que coordinaba a ocho presidentes, no continuó la obra de su predecesor
en cuanto a la política social, agraria, universitaria ni internacional. Retomó
la costumbre de ir a la asamblea legislativa a leer el mensaje anual, algo que
Yrigoyen no hacía, e instruyó a sus ministros a que fueran al congreso a rendir
cuenta de sus gestiones.
Eduardo, Príncipe de Gales, en su visita en 1925. Volvería con su hermano en marzo de 1931
Fueron notorios los enfrentamientos entre yrigoyenistas y
alvearistas y para el presidente fue todo un desafío demostrar que era posible
gobernar sin el concurso de los primeros. La primera gran crisis partidaria del
radicalismo ocurrió en 1924 con la división entre estos sectores y con la
creación de la Unión Cívica Radical Antipersonalista, con Leopoldo Melo a la
cabeza.
En 1925 Argentina era un país próspero, en el que no pasaban
demasiadas cosas resonantes. La ciudad contaba con 1.575.000 habitantes, la
avenida Nueve de Julio ni el obelisco existían, Corrientes era angosta y la
única línea de subterráneos era la “A”. Sobresalían las industrias dedicadas a
la alimentación, a la construcción y los textiles.
Había una Caja Nacional de Ahorro Postal para fomentar el
ahorro y funcionaba, desde el gobierno de Yrigoyen, una comisión nacional de
Casas Baratas para atender el problema habitacional.
El suizo Aimé Félix Tschiffely con sus dos amigos inseparables, Gato y Mancha. Recorrieron todo el continente americano
Existían cinco universidades: de Buenos Aires, Córdoba, La
Plata, del Litoral y Tucumán. Funcionaban 174 establecimientos educativos
estatales de nivel primario y secundario que dependían del ministerio de
Justicia e Instrucción Pública y 147 instituciones particulares. En las
provincias se contabilizaban cerca de 4300 escuelas primarias oficiales y 5000
privadas. Había un millar de bibliotecas populares.
El año había empezado con una noticia policial. El 10 de
enero ocho presos se fugaron en el puerto porteño. Embarcados en la bodega del
vapor “Buenos Aires” junto a otros 95 condenados que enviarían al penal de
Ushuaia, rompieron sus grilletes y, disfrazados de estibadores, escaparon sin
problemas. Entre los evadidos, dos eran condenados a reclusión perpetua.
En la cuestión social, era visible la lucha del sindicato de
los panaderos, quienes bregaban por terminar con el trabajo nocturno. La
protesta coincidió con un aumento del pan. Por entonces, el único organismo que
mediaba entre los obreros y los patrones era el Departamento Nacional de
Trabajo, que funcionaba en la avenida Córdoba 2235. También existía la Caja
Nacional de Jubilaciones y Pensiones para empleados civiles, una Caja de
Accidentes de Trabajo.
En el centro, el Mahrajá de Kapurtala. A su lado el presidente Alvear y el Príncipe de Gales
Se empezó a hablar de un anarquista que operaba en
solitario. En la velada del Teatro Colón del 6 de junio en homenaje a los 25
años del advenimiento al trono del italiano Víctor Manuel III, Severino Di
Giovanni, al grito de “Viva la anarquía”, arrojó volantes al palco
presidencial, ocupado por Alvear y el embajador italiano Luigi Aldrovandi
Marescotti.
Hubo noticias más amables, como la del 24 de abril, cuando
desde la puerta de la Sociedad Rural partió el suizo Aimé Tschifelly quien
planeaba unir Buenos Aires con Nueva York montado en dos caballos criollos,
Gato y Mancha. Entonces hubo muchos incrédulos, los que se sorprendieron cuando
el 20 de septiembre de 1928 desfilaron en esa ciudad norteamericana.
Visitas internacionales.
En enero vino al país el general norteamericano John J.
Pershing, quien ese año y el siguiente sería árbitro en la disputa entre Chile
y Perú por Arica. Pershing había comandado a las tropas norteamericanas en la
Primera Guerra Mundial y un año antes había protagonizado el papelón de no
haber podido atrapar al escurridizo Pancho Villa, lo que terminó por empeorar
las relaciones entre Estados Unidos y México.
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El anarquista Severino Di Giovanni.
El anarquista Severino Di Giovanni. En 1925 hizo su
presentación en sociedad con un protesta en el Colón. Terminaría fusilado el 1
de febrero de 1931.
Proveniente de Chile, se dirigió a la Patagonia, visitó la
ciudad de Bariloche y recorrió el Nahuel Huapi. En una estancia bailó tango y
probó el mate amargo. Viajó a Bahía Blanca y de ahí a la ciudad de Buenos
Aires.
El 25 de marzo arribó otra figura de renombre internacional,
Albert Einstein. Con 46 años cumplidos el 14 de marzo, el científico era una
suerte de celebrity mundial de trato encantador, sencillo y amable, con un
especial sentido del humor. Durante un mes, fue saturado por homenajes,
banquetes, visitas, recorridos por la ciudad, a la que encontró cómoda, lujosa,
pero aburrida y superficial; fue recibido por el presidente Alvear; habló con
los periodistas y dio una docena de conferencias en francés en las
universidades de Buenos Aires y La Plata a estudiantes ávidos de conocer más sobre
la famosa Teoría de la Relatividad.
Recorrió el Delta, visitó La Plata, La Falda, en una
ajustadísima agenda que lo hizo desaparecer por un par de días cuando consiguió
descansar en una casaquinta en Llavallol. Se fue el 23 de abril.
En agosto llegó el Príncipe de Gales, quien en diciembre de
1936 abdicaría al trono porque había preferido unirse a Wallis Simpson, una
plebeya norteamericana. Enviado por la corona para motorizar inversiones
británicas ante el embate norteamericano, los diarios lo describieron como “el
aburrimiento personificado” y siempre se mostró inquieto e impaciente por irse.
Su visita coincidió con la llegada del Maharajá de
Kapurtala, un miembro de la realeza hindú quien, amante de la cultura europea,
se había hecho amigo de Alvear de aquellos años de vida en París.
El 31 de octubre falleció José Ingenieros. Fue médico,
farmacéutico, criminólogo, docente universitario, un entusiasta defensor de la
Reforma Universitaria de 1918, pionero del socialismo argentino. Sus libros
sobre la sociedad argentina son esclarecedores y, a lo largo de su vida, fue
escritor, miembro de la Sociedad Médica, fundador de periódicos y de memorables
colecciones de libros reunidos en “La Cultura Argentina”.
En ese año terminó el dúo Gardel Razzano, por problemas en
la garganta del cantante uruguayo, de entonces 38 años. Habían comenzado a
actuar por 1911 y cantaban lo que entonces se llamaban temas camperos, lo que
hoy denominados folklore. El dúo, además, animaban los actos del Partido
Conservador.
En deportes, Boca Jrs se fue de gira, transformándose en el
primer club argentino en realizar un viaje por Europa. En marzo debutó con un
triunfo en Vigo. Volvieron el 12 de julio y fueron recibidos por una multitud.
En 1907, Alvear había escandalizado a la sociedad porteña al
casarse con una cantante lírica, la portuguesa Regina Paccini. Por 1925 estaba
en construcción Villa Regina, un espléndido chalet en Mar del Plata, a donde
Alvear solía ir. Se lo cuenta como uno de los precursores en establecerse en la
zona de Playa Grande cuando el aluvión de turistas había copado el centro de
esa ciudad.
El 25 de diciembre Argentina se consagró campeón
sudamericano de fútbol, lo que hoy equivaldría a la Copa América. Fue un torneo
reducido, disputado entre nuestro país, Brasil y Paraguay. No participaron
Uruguay y Chile.
El año terminó con una desgracia. El 28 de diciembre hubo un
espectacular incendio de los depósitos de la Compañía General de Combustibles
en Dock Sud, lo que alertó a las autoridades del peligro que suponía contar con
semejante planta tan cerca de los centros urbanos.
Más allá de ello, el país continuaba su marcha de
prosperidad, aunque los años por venir no serían para nada benévolos y, tal vez
por eso, 1925 nos parece tan lejano.
Publicado en INFOBAE.


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