NI VIEJOS, NI SIETE, NI GRANADEROS...
UN ESPACIO DE OPINIÓN DESDE LA PATAGONIA ARGENTINA.
![]() |
| Andrés Nápoli, magíster en derecho ambiental. |
Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), una organización independiente y no partidaria que busca la protección del ambiente y la defensa de los derechos humanos, no está de acuerdo. Según el especialista, que también es abogado y magíster en Derecho Ambiental, si bien las empresas mineras pueden traer emprendimientos asociados, los proyectos que se impulsan cerca de los glaciares implican muchos pasivos ambientales.
“Desaparece la montaña, desaparecen los glaciares, se restringe la fuente de agua, se contaminan los ríos”, enumera. Y concluye: “Cuando un glaciar desaparece, es irremediable, es irreversible”. Al respecto, Nápoli conversó con RÍO NEGRO.
El gobierno busca un programa de reprimarización de la economía. Esto impacta con consecuencias muy específicas, porque en este caso estás privilegiando a muy poquitos proyectos.
Hay una decisión acordada por el gobierno y las provincias. Previo a la media sanción de la semana pasada, hubo un voto favorable a la reforma laboral.
Andrés Nápoli es Director Ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
Es Abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Magíster en Derecho Ambiental (Universidad del País Vasco).
Es Vicepresidente del Comité de Apoyo a la Aplicación y Cumplimiento del Acuerdo de Escazú. Además, fue representante electo del Público ante el Comité de Negociación del Acuerdo de Escazú.
![]() |
| El inglés John Stuart Mill (1806-1873) fue el pensador liberal más influyente del siglo XIX. |
John Stuart Mill fue el pensador liberal más influyente del siglo XIX. Hijo de James Mill, uno de los fundadores del utilitarismo en filosofía política, y amigo dilecto de Jeremías Bentham (que tanta influencia tendría en el Río de la Plata, de la mano, entre otros, de Bernardino Rivadavia); recibió una esmerada educación de parte de su padre, que había sido criado en el Presbiterianismo pero que pronto había desechado la creencia en toda Revelación, según cuenta el propio John Stuart en su Autobiografía.
En ese mismo libro, afirma ser “uno de los escasos ejemplos en este país, no del hombre que abjuró de la creencia religiosa, sino del que nunca la ha tenido…”
Para Bertrand Russell -otro prócer del “socialismo liberal” y, por cierto, ahijado “secular” de Stuart Mill- hay dos libros de éste que resultan fundamentales: Sobre la libertad y Sobre la sujeción de las mujeres. En el primero, Stuart Mill teorizó sobre lo que llamó el “Principio de Daño” (“harm principle”) que, muy básicamente expuesto, implica que la sociedad [es decir, la autoridad política del Estado] solo tiene derecho a interferir en la libertad de una persona para evitar que dañe a terceros.
En todo lo demás, en las acciones “hacia uno mismo”, que solo afectarían al individuo, exige libertad absoluta. Habrá advertido el lector atento que este “principio” se repite ad nauseam en los círculos libertarios vernáculos con el latiguillo aquel de “el respeto irrestricto del proyecto de vida del otro”.
Quede para otra nota explicar cómo funciona este “Principio de Daño” toda vez que el famoso proyecto personal del otro consista en consumir pasta base hasta morir, o en la eutanasia [que ya tiene proyectos libertarios dando vueltas], o en el usufructo de niños para uso de pedófilos. Aquí queremos extendernos acerca del otro libro de Mill mencionado por Russell, en el que trata acerca de la sujeción o sometimiento de las mujeres, y que quedó establecido como obra fundacional del radical feminismo.
Es cierto también que los combates por la llamada emancipación femenina ya tenían cierta historia cuando Mill escribió su ensayo. En esas luchas se buscaba ante todo la igualdad sufragista, como se postuló en la Convención de Seneca Falls, celebrada en Nueva York en julio de 1848, que es considerada el acto fundacional del movimiento feminista y un hito clave de la "primera ola" del feminismo. Pero la verdad es que Mill -que en su paso por la Cámara de los Comunes intentó sin éxito que se aprobara el sufragio femenino- llegó mucho más lejos con su opúsculo: postuló allí una teoría, un plexo de argumentos que constituye la base de todo el feminismo, de izquierdas a derechas, que lo mismo da. Veámoslo.
Dice Stuart Mill que, salvo un par de naciones, las más avanzadas del mundo [entre las que se encuentra Inglaterra, claro, que había llevado a cabo la Revolución de 1688, en la que “se realizó la mejor y más temprana organización de las clases democráticas (…) al establecer leyes igualitarias e instituciones libres”], el resto de la humanidad sostiene la rémora de la esclavitud de la mujer, que es comparable para él a la esclavitud de los negros en Estados Unidos.
Para Mill -que, insistimos, es uno de los padres del liberalismo clásico- los dos pilares de las sociedades modernas, la libertad y la igualdad, en los que se funda el Progreso de la Humanidad, son violentados por el Patriarcado, fundado en la dominación de los hombres –“de todo varón cabeza de familia y de todo aquel que aspira a serlo”, afirma taxativamente- sobre las mujeres.
No es que todos los hombres sean malos, mitiga Mill, pero a todos las leyes les permiten, si así lo desean, dejándose llevar por el instinto viril, convertirse en tiranos domésticos. Del mismo modo que un rey absolutista. Por lo mismo, sigue el ideólogo, hasta que la relación humana "más universal y que todo lo penetra", como es la relación entre hombres y mujeres, no deje de basarse en la injusticia, es difícil, por no decir imposible, que el resto de las relaciones sociales sean justas y libres.
Mill llama a una batalla contra las rémoras del mundo antiguo, las antiguallas del cristianismo, las costumbres de los tiranos. Afirma que la sujeción de la mujer se “erige como un hecho aislado en las instituciones sociales modernas (…) una reliquia única de un viejo mundo de pensamiento y práctica que ha desaparecido en todo lo demás”.
Por eso, para que no se obstaculice más “el movimiento progresivo del que se jacta el mundo moderno”, convoca a una guerra contra la tradición, contra la familia -esa “escuela de despotismo”- y, en fin, contra la naturaleza.
Uno de los pilares del pensamiento feminista de Mill es la idea de que el matrimonio y la familia, que posibilitan la opresión de las mujeres, no son de instituciones naturales, sino el resultado de normas sociales impuestas, de una “construcción social”, como se dice hoy.
Así como Mill niega la politicidad natural, pues afirma que la comunidad es una convención y no constitución propia del carácter ontológicamente político (social) del hombre, tampoco acepta que haya distinción natural entre hombre y mujer: “lo que ahora se llama naturaleza de las mujeres es una cosa eminentemente artificial, el resultado de la represión forzada en algunas direcciones…”.
Para Mill, la apelación a la naturaleza obra como una suerte de excusa para justificar la opresión sobre las mujeres. En el mismo sentido, llama a desconocer la biología como distintivo entre hombres y mujeres pues conlleva una forma de legitimación de la tiranía doméstica.
Mill, y su mujer, Harriet Taylor (que según dice el mismo autor colaboró mucho en el libro), consideran que todo matrimonio conlleva, en potencia, la realidad de la tiranía doméstica. Toda mujer, al casarse, encuentra un amo. Escribe el ideólogo: “Los amos de todos los demás esclavos se basan en el miedo para obtener la obediencia, ya sea en el miedo a sí mismos o en el miedo religioso. Los amos de las mujeres querían algo más que la simple obediencia, han puesto todo en práctica para esclavizar sus mentes”.
En la época de Mill, mediados del XIX, los postulados del feminismo -como el sufragio, la independencia económica, el acceso a la educación- resultaban banderas de la militancia en la calle, en las asambleas constituyentes, en la politiquería diaria; pero nuestro autor va más allá. No le alcanza con victorias importantes pero episódicas, necesita inspirar un proceso revolucionario, subvertidor en lo profundo de la cultura. Para él, es necesario tomar la “ciudadela del enemigo”.
Es digno de nota la semejanza de esta metáfora de Mill con aquella de Gramsci, acerca de la necesidad de tomar el poder “tomando las casamatas de la cultura”.
En efecto, para el marxista italiano la “guerra de posiciones” consiste en asaltar la red de casamatas, de fortificaciones, de lo que llama la sociedad civil, esto es, las escuelas, los medios de comunicación, los gremios, y por supuesto, la Iglesia. Se trata de conquistar esos locus culturales para “construir hegemonía” logrando trastrocar el sentido común de la sociedad. Pues bien, para Mill, allanadas las debidas distancias, la Ciudadela del Enemigo -que él llama “costumbres y prejuicios”- es esencialmente el matrimonio y la familia, que impiden el Progreso de la sociedad.
La familia, afirma, “es una escuela de obstinación, de prepotencia, de indulgencia egoísta sin límites, y de un egoísmo idealizado y redoblado del cual el sacrificio mismo no es más que una forma particular: el cuidado de la esposa y de los hijos no es más que el cuidado de ellos como parte de los propios intereses y pertenencias del hombre”.
Mill y Gramsci, el teórico liberal y el marxista, son partidarios de la Revolución que subvierte a la comunidad, desarraigando sus ideas y creencias constitutivas. Para Mill, asaltar la Ciudadela es un acto de liberación individual mediante la razón; para Gramsci, tomar las "casamatas" es una estrategia política colectiva para sublevar la estructura moral y cultural de la sociedad. Para ambos, se trata de consumar el revoltijo de la sublevación que, al buen decir de Chesterton, es toda revolución. Pues, “en principio, la sublevación, subleva, y no es más que un vómito”.
Estimado lector, vaya este recordatorio que quizás pueda ser útil para que, al volver a escuchar la perorata de los influencers batalladores culturales contra el feminismo del marxismo cultural -mientras ensayan genuflexiones al globalismo liberal-, tenga presente que el marxismo es inentendible sin el liberalismo, que no son antinómicos, pues tienen un vínculo filial, y que ambos son cómplices en la destrucción de nuestras comunidades.
Publicado en LA PRENSA.https://www.laprensa.com.ar/El-padre-del-feminismo-radical--569556.note.aspx
Hace menos de dos meses Javier Milei declaró en Davos la muerte de Maquiavelo, pero lo que afirmó con palabras lo desmintió de inmediato con hechos. En los últimos siete días demostró que posee dos de las condiciones que exigía el pensador florentino para el príncipe ideal: “virtú” y fortuna. “Virtú” en el sentido de astucia, determinación, audacia y “fortuna” en el de oportunismo para aprovechar las situaciones favorables.
El domingo pasado el presidente también anunció en el Congreso una nueva etapa de moralización de la política, pero en la práctica el pragmatismo aparece cada vez más nítidamente en su gestión. Y los resultados lo estimulan a seguir por ese camino.
Desde que ganó las elecciones con el 40% de los votos sigue de racha y no para de concentrar poder. Sacó un paquete de leyes reformistas del Poder Legislativo que ningún otro presidente había conseguido sancionar. Lo hizo desde una segunda minoría tanto en Diputados como en el Senado, gracias a una mayoría artificial y la total desorientación peronista.
Pocos días después decidió avanzar en la Justicia, nombrando un ministro, Juan Bautista Mahiques, que será el encargado de enviar al Senado un candidato por cada una de las más de 200 ternas de jueces y fiscales que ya remitió el Consejo de la Magistratura al Ejecutivo. Quedan cerca de un centenar de candidatos en distintas etapas del proceso de selección y, por último, pero no menos importante, dos sillas vacías en la Corte Suprema.
Esa capacidad de decisión le da al nuevo ministro un poder institucional decisivo. Lo prueba la catarata de críticas y sospechas vertidas sobre él desde los medios. La Justicia, especialmente el fuero federal donde los políticos buscan impunidad, navega sobre un mar de intereses cruzados, operaciones de prensa y las proverbiales maniobras de los “servicios”. Se estima que Mahiques, miembro de la familia judicial, conoce el paño de manera que el gobierno pueda conseguir de los tribunales los mismos resultados que obtuvo durante las últimas semanas en el Parlamento.
La promoción de Mahiques fue además un triunfo en la interna del gobierno de la hermana del presidente y una derrota para el asesor Santiago Caputo. Con esa decisión el presidente premió, en primer lugar, la eficiencia. Karina Milei había sido la promotora de la concurrencia a las elecciones de octubre con candidatos propios y no de la “casta” de las provincias como proponía Caputo. El acierto de esa estrategia quedó plasmado en el nuevo Congreso que saca en tiempo récord las leyes que envía el Ejecutivo.
Caputo había sido además el arquitecto de la maniobra para ubicar en la Corte a Ariel Lijo. Ese traspié lo hizo retroceder varios casilleros en las luchas de palacio. Milei se maneja con criterio empresario: se paga la eficiencia y no hay sentimentalismo con los que se equivocan.
El presidente ha demostrado hasta ahora capacidad para mantener un plan económico de estabilización y aprovecharlo políticamente para arrinconar a la oposición. Pero, más allá de la esfera doméstica, se enfrenta desde hace una semana con una contingencia que no estaba en la agenda, la guerra de los EE.UU. contra Irán, con un impacto impredecible en la economía global.
¿Cómo puede afectar esta nueva situación a la Argentina? Los analistas señalan que lo hará en por lo menos dos áreas: el aumento de la tasa de interés y el costo de la energía. En la primera, el impacto es casi nulo para un país que no puede tomar deuda en los mercados voluntarios internacionales. En la segunda, hasta Morgan Stanley -que no es fan de Milei- recordó que Argentina es un exportador neto y que el alza podría favorecerla, al menos en el corto plazo.
En enero hubo superávit energético de 618 millones de dólares, consecuencia de exportaciones de 781 millones de dólares. Se esperan que en 2026 se alcancen exportaciones por 10.000 millones dólares. Esto fortalece la confianza de un gobierno que trasmite el mensaje optimista de una macroeconomía ordenada.
Desde el equipo económico apuestan a que la inflación bajará y el nivel de actividad se recuperará. Consecuencia: seguirán con el plan de apertura que tiene en pie de guerra a la UIA, la AEA y los medios que ofician de voceros del Círculo Rojo. También con el plan de equilibrio fiscal, porque creen que el shock externo todavía no llegó. Ya aumentó el precio de los combustibles y se espera que lo haga también el de los alimentos. Nada de esto favorece el plan antiinflacionario.
La confianza que se percibe en el gobierno se debe en gran medida a la parálisis de la oposición (ver “Adelante con la Ley de Glaciares”). Las acusaciones y agravios que le propinó el presidente el domingo pasado quedaron sin respuesta, porque el kirchnerismo hace rato que no presenta signos vitales.
Publicado en LA PRENSA.
7 de MARZO de 1827 fuerzas navales brasileñas llevan a cabo
un ataque naval - terrestre contra la poblacion y puerto de Carmen de
Patagones.
Las goletas bresileñas Escudeiro. Constanza e Itaparica
fueron apresadas.
Dos banderas capturadas a los brasileños se exhiben para la
memoria de los argentinos en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen en Patagones.
Batalla del 7 de marzo, 1827 – Combate del 7 de Marzo.
Compartido desde la web del Museo.
Alrededor de las dos de la mañana del 7 de marzo de 1827,
las tropas brasileñas inician sumarcha hacia El Carmen desde un punto ubicado a
unos dieciocho kilómetros río abajo, al este del Cerro Dirección. La fuerza,
compuesta por cuatrocientos efectivos y trece oficiales, fue conducida hasta el
Cerro de la Caballada por un negro brasileño. El baqueano - que había vivido un
tiempo en Patagones luego de ser tomado en una de las presas del corsario
"Lavalleja" -, para eludir las zonas barrancosas y cortadas de la
costa se internó por el monte cerrado, sometiendo a los invasores a una difícil
travesía. El calor sofocante y los terrenos arenosos de la ruta elegida, pronto
comenzaron a minar la energía de los agresores que durante todo el trayecto
estuvieron privados de agua y con el río demasiado lejos para obtenerla.
A las cinco y media de la mañana, cuando ya el negro del
"Lavalleja" había enfilado la columna hacia el Cerro de la Caballada,
distante a unos cuatro kilómetros, los hombres del subteniente Olivera apostados
en Laguna Grande se preparaban para una nueva vigilia.
Ninguno de los dos bandos sabía, obviamente, que estaban
separados por apenas un kilómetro de monte y que en pocos minutos se trabarían
en combate. En esos momentos, Francisco Herrero y Domingo Miguel son mandados
por Olivera a buscar unas reses para carnear y racionar a los milicianos. Se
internan hacia el norte. A poco andar no comprueban una infinita cantidad de
huellas que delatan la presencia del enemigo. En menos de quince minutos están frente
a Olivera con la novedad y toda la caballada, a brida suelta, sale en busca de
la gloria.
Los brasileños, por su parte, ignoraban que los milicianos
estaban alertados y empeñaron los últimos alientos para trepar por el cerro
desde el que pensaban rendir sin mayor trámite al pueblo de Patagones. En los
pliegues del uniforme del capitán James Shepherd - uno de los primeros enemigos
que cayó bajo el fuego de los defensores - se encontró una carta en la que
requería la rendición: "Permaneced tranquilos en vuestros hogares;
vuestras personas y propiedades serán respetadas, en caso de acceder a mi justa
solicitud; pero en caso contrario incendiaré todasvuestras propiedades".
Para su desazón, el comandante imperial comprobó que toda la población estaba
en pie de guerra y que su demanda, en Patagones y Viedma, jamás encontraría
destino.
"Carmen de Patagones, Cerro de la Caballada, 07 de
marzo de 1927".
Este monolito fue inaugurado el 7 de marzo de 1927 en el
marco de una solemne celebración que contaron con la presencia del presidente
de la república General Agustín Justo, oficiales y naves de la Armada.
Publicaciones de "COMARCA PATAGONES - VIEDMA :UN VIAJE
AL PASADO".