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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

domingo, septiembre 13, 2026

Una confluencia de historias, migrantes, intereses e ideas: 122 años de capitalidad neuquina. Por Beatriz Chávez.

 


Una confluencia de historias, migrantes, intereses e ideas: 122 años de capitalidad neuquina.

Por Beatriz Chávez.

El 12 de septiembre de 1904 la capital neuquina se inauguraba en la Confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Años habían transcurrido desde que la capital del territorio fuera instaurada en Chos Malal. Razones geopolíticas promovieron la nueva ubicación, lo que provocó sentidos reclamos por parte de los chosmalenses.

Destacados colegas, como la Dra. Orietta Favaro, analizaron las razones que se esgrimieron para fundarla en estas tierras. Consideramos que, los conflictos de límites con el vecino país de Chile y el arribo del Ferrocarril del Sud fueron algunos de los motivos inminentes para reorientar la mirada hacia el valle norpatagónico. Asimismo, el gobernador Carlos Bouquet Roldán enlazó intereses entre el estado territoriano y actores sociales privados que vinieron a instalarse en estas tierras, las que tomaron visibilidad para inversores con visión de futuro: Casimiro Gómez, López Lecube, Villa Abrille, entre otros compradores de vastas extensiones de tierras.

En la foto observamos la Procesión del día de la Virgen en la Avenida Argentina, -década del ’50-, con sus calles de tierra, frente a la Capilla de los Dolores, inaugurada en 1907 sobre tierras donadas por el mencionado inversor y su esposa doña Dolores Palmés de Gómez, quienes fueron sus padrinos. Lo mismo ocurrió con el sitio donde se erigió la casa de Gobierno “Chateau Gris”, el Monolito fundacional, entre otros.

En las últimas décadas del siglo XX surgió el debate acerca de si debe considerarse traslado de la capital o fundación. Historiadores valletanos, como Pablo Fermín Orejas, consideran el 12 de septiembre de 1977, que “el antecedente inmediato -para definir la fundación de la ciudad- lo constituyó el decreto del 19 de mayo de 1904, del presidente Roca, que declaraba a Chos Malal “capital provisoria hasta que se establezca el asiento de sus autoridades en el pueblo de la Confluencia que se erigirá en capital definitiva con la denominación de Neuquén”.

Por ese motivo don Orejas, continúa enumerando razones para considerar la fecha 12 de septiembre de 1904 como día de la fundación de la nueva ciudad: “lo del 12 de septiembre de 1904 fue, obviamente, la instalación de la capital en un pueblo ya existente, o mejor aún, la “fundación” de la nueva capital que el presidente Roca anticipara en el Decreto mencionado anteriormente. El Dr. Gregorio Álvarez, Juan Mario Raone, Ileana Lascaray, Agustín Ríos, entre otros, produjeron documentos sobre la fundación de nuestra ciudad, producto de sus minuciosas investigaciones.

El dictamen del 10 de noviembre de 1976, elaborado por la Junta de Estudios históricos y firmado por la Srta. Lascaray y don Agustín Ríos, establecía que “Debe mantenerse la fecha 12 de septiembre como fecha aniversario de la Ciudad de Neuquén, como Capital […]”. Eran varias las razones que se esgrimían; entre ellas, mencionamos: “[…] porque todas las tramitaciones de la capital del Territorio Nacional del Neuquén… dieron lugar a una nutrida correspondencia entre el Gobernador Carlos Bouquet Roldán y el Poder Ejecutivo Nacional”; “… porque hubo “Acto oficial de Inauguración” con la presencia del Ministro del Interior Dr. Joaquín V. González”, “ porque no existiendo ningún Decreto de Fundación del paraje “la Confluencia” ni del nuevo pueblo trazado por el Gobernador Carlos Bouquet Roldán que fuera denominado ‘Neuquén’, debe asentarse la fecha de inauguración oficial 12 de septiembre de 1904, por corresponderle históricamente e indiscutiblemente, como punto de partida oficial de todo el contexto administrativo y de toda la infraestructura de servicios aprobados por el Poder Ejecutivo Nacional […]”.

El 27 de agosto de 1980,la Junta de Estudios Históricos elevó una nota, firmada también por el Sr. presidente de la institución, Dr. Raúl Touceda, y por la secretaria, Srta. Ileana Lascaray, en donde se realiza un detallista análisis de los antecedentes tenidos en cuenta. Don Mario Raone informa el día 30 de octubre de 1980 lo siguiente: “El 12 de septiembre de 1904 se cumplió en Neuquén con todos los requisitos que para el caso se estilaba y aún se estila. Acto público y solemne, con acta protocolar, representantes del Gobierno y pueblo, que autorizan a considerar a ese día como el de la fundación de la ciudad del Neuquén”.

El dictamen de la Junta de Estudios Históricos, firmado por Gregorio Álvarez, Ileana Lascaray, Pablo Fermín Oreja y Juan Mario Raone, estableció que “[…] la población existente en la confluencia antes del 12 de septiembre de 1904 “no está avalada por acto fundacional”; que “no queda lugar a dudas que el gobernador Carlos Bouquet Roldán cumplimentó todos los requisitos exigidos para que se reconociera la nueva ciudad.

Este dictamen fue ratificado mediante nota de la Junta a su Presidente Dr. Touceda. Al encontrarnos transitando un nuevo aniversario de la capitalidad del Neuquén, queremos seguir apostando a la construcción de memoria que nos permita sostener vivas las raíces de lo que somos.

*** Carta de lectores de Beatriz Chávez publicada en Diario Río Negro.

Domingo 13 de septiembre del 2026.

Cápsulas de una historia que marcó a los neuquinos en estos 122 años.

La Capilla que no incluyeron en el diseño original de la ciudad, pero que igual se construyó.
Foto: Revista MásNeuquén.

Cápsulas de una historia que marcó a los neuquinos en estos 122 años.

Seleccionamos episodios locales poco conocidos, detrás de los objetos que escondieron y simbolizaron las distintas luchas políticas de cada época, pasando por los secretos que acompañan a edificios, monolitos y balnearios, hasta el misterio de la habitante más antigua.

Por Mario Rojas.

La amenaza del río.

Hoy el río Limay es una postal de la ciudad que se disfruta en cada estación pero sobretodo en verano. Sin embargo, durante gran parte de la historia de Neuquén, el Limay era una amenaza real y periódica. Antes de que las represas regularan su caudal, las crecidas llegaban a lo que hoy es la Avenida Mosconi, y por eso la Ruta 22 pasaba al norte de las vías del ferrocarril, en lo que hoy son las calles Independencia y San Martín, para mantenerse alejada del agua.

Los cuatro balnearios actuales llevan nombres que cuentan esa historia. Además del relacionado a Valentina Brun de Duclot, el que popularmente se conoce como “Gatica” se llama “Sandra Canale”, en homenaje a la primera mujer guardavidas de Neuquén, profesora de educación física que protegió vidas en ese mismo lugar durante años. El “Gustavo Fahler” también lleva el nombre de un vecino ligado al cuidado del río. Y el más antiguo de todos, el municipal “Albino Cotro”, inaugurado el 5 de febrero de 1961, recuerda al empleado municipal que más conocía los recovecos: participó del trazado de calles, del tendido de agua y, por supuesto, de las obras para contener las inundaciones.

Los mástiles que derribaron.

La Plaza de las Banderas, al final de la Avenida Argentina, en lo más alto de la barda norte, es hoy uno de los íconos de la ciudad. En tres mástiles, el más alto de la Patagonia con 49,6 metros, ondean las banderas argentina, provincial y de la ciudad. Pero eso no fue siempre así. La plaza fue inaugurada el 11 de junio de 1979 por el gobierno de facto, con la presencia del presidente de la Junta Militar, Jorge Rafael Videla, en homenaje al centenario de la Campaña del Desierto.

En ese entonces tenía 32 mástiles que representaban los regimientos y fortines que avanzaron sobre los territorios mapuches y tehuelches. En 2004, cuando la ciudad cumplió cien años, se remodeló el lugar. De los 32 mástiles quedaron tres, junto a una fuente, una roca porfírica para simbolizar los Andes y una confluencia de agua que evoca a los ríos.

Cruzar el río a nado.

Hay un monolito en el barrio Sapere, muy cerca del puente ferroviario, que casi nadie mira al pasar. Se dice que ahí, el 11 de junio de 1879, el teniente Ignacio Hamilton Fotheringham se arrojó a las aguas del río Neuquén para encontrar un paso. Era invierno, la temperatura rozaba los diez grados bajo cero, y el río venía crecido y torrentoso.

Lo acompañaban un sargento y un soldado. Los tres cruzaron a caballo, pero la correntada los derribó de sus monturas y los arrastró aguas abajo. Salieron empapados y helados en la costa de lo que hoy es Neuquén capital. Fotheringham subió una pequeña elevación que ese mismo día fue bautizada “Sierra Roca”, en honor al general que comandaba la expedición. El ministro de Guerra ordenó que el vado quedara para siempre con el nombre del teniente que se animó a cruzarlo.

El avión en la rotonda.

Quien llega al aeropuerto de Neuquén pasa frente a una rotonda donde se exhibe la silueta de un avión de combate. El aeropuerto lleva el nombre de Juan Domingo Perón, pero el modelo del avión exhibido reproduce el tipo de aparato que el 16 de junio de 1955 bombardeó la Plaza de Mayo en Buenos Aires, dejando cientos de muertos civiles. Ese episodio fue el ensayo de lo que semanas después sería la Revolución Libertadora, justamente, el golpe que derrocó a Perón. El contraste entre el nombre del aeropuerto y el símbolo en la rotonda de acceso concentra décadas de grieta política argentina en un solo cruce de calles.

La aeronave, una Gloster Meteor, cazabombardero que Gran Bretaña vendió a la Argentina a fines de los años ‘40, fue el primer modelo de jet de combate fabricado en 1944. Sobre este ejemplar específicamente, desde hace años existe una controversia sobre su posible participación en aquel evento de 1955: Juan Monzón, administrativo del aeropuerto, sostuvo que el avión llegó desde un desguace, fue restaurado y recibió una matrícula errónea, por lo que no fue el ejemplar que participó del ataque, aunque pertenece al mismo modelo. En cambio, la exsenadora y entonces diputada provincial Nanci Parrilli afirmó que esa aeronave sí participó de la masacre, en la que murieron 308 personas.

La mujer que nunca llegó.

El barrio Valentina, uno de los más extensos de la ciudad, y el balneario sobre el río Limay, inaugurado en 2014, llevan el nombre de Valentina Brun de Duclot, primera propietaria registrada de esas tierras en el siglo XIX. Su marido, el agrimensor Jorge Duclot, había obtenido 2.316 hectáreas en la zona de la Confluencia, probablemente como pago por sus trabajos de mensura al Estado nacional en los años posteriores a la Campaña del Desierto.

Tras la muerte de Duclot, Valentina heredó la propiedad y gestionó desde Buenos Aires los derechos sobre el sistema de riego. En 1911 vendió los lotes a José Fava, un empresario que vio el potencial agrícola de esas tierras y comenzó el loteo que dio origen a la colonia.

Valentina Brun de Duclot nunca pisó Neuquén. Compró, heredó y vendió desde lejos, como era habitual entre los terratenientes de la época que obtuvieron campos patagónicos en los remates que siguieron a la Campaña del Desierto. Pero su nombre quedó grabado en el mapa de la ciudad, mientras que los peones rurales que trabajaron esa tierra durante décadas no tienen ni una plaza a su nombre.

Edificio por partes.

El actual edificio municipal de Neuquén, situado en la esquina de Roca y Avenida Argentina, comenzó a ocuparse en 1972, aunque su habilitación fue progresiva. Ese año fue el turno del cuarto piso; en 1977, de la planta baja; en 1980, del centro de cómputos del primer subsuelo; y en 1981, las oficinas del primer piso. El segundo y el tercer piso quedaron cerrados y en obra durante un período prolongado.

La particular secuencia respondió a una cláusula del contrato celebrado con la empresa constructora. El pago se efectuaría una vez concluida la edificación hasta el cuarto piso. Para poder cobrar, la firma decidió levantar primero la planta baja y el primer piso, prolongar las columnas hacia los niveles superiores y completar luego la estructura. De ese modo, los pisos segundo y tercero quedaron transitoriamente sin terminar, mientras el resto del edificio comenzaba a utilizarse.

La elección de esa esquina fue el resultado de un proceso iniciado varias décadas antes, en 1944. Hasta entonces, la administración municipal había funcionado en casas particulares y locales alquilados.

Los bustos que cayeron.

Tras el golpe de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen, se dice que fue retirado el busto del expresidente que se encontraba en el edificio municipal. En 1955, tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, un grupo de vecinos derribó con un tractor el busto de Eva Perón ubicado frente a la Catedral, en la entonces avenida homónima que luego recuperó el nombre de Avenida Argentina.

El monumento a la primera dama fue reemplazado por un bajorrelieve, en 1973, por iniciativa de sectores del peronismo neuquino, pero con el tiempo sufrió ataques y hasta que fue restaurado en 2021.

La ciudad también tuvo durante décadas un busto del general Roca en el segundo piso del antiguo Palacio Municipal, acompañado por un cuadro referido a la Conquista. Pero ambos elementos fueron retirados en diciembre de 2019, en una revisión de los símbolos públicos y de una política vinculada con el reconocimiento de los derechos del pueblo mapuche. Todo esto muestra cómo los monumentos funcionaron como expresiones visibles de las disputas políticas y de la memoria oficial de cada época, dentro del espacio público.

Ciudad sin iglesia.

Hay ciudades fundadas alrededor de una plaza y una iglesia. Neuquén no. Cuando el gobernador Carlos Bouquet Roldán trazó el plano de la nueva capital en 1904, no reservó ningún terreno para una parroquia católica. Los historiadores que investigaron la masonería local señalan que tanto él como Joaquín V. González y el propio Eduardo Talero, quien diseñó el trazado urbano, pertenecían a esas logias. Su visión era laica, racionalista, iluminista. El trazado en diagonales que aún hoy define el centro de la ciudad replica el diseño de otras ciudades de origen similar, como La Plata.

Cuando la iglesia finalmente se construyó, en 1907, lo hizo sobre la Av. Argentina y no frente a ninguna plaza central. Una dama de la sociedad local donó el terreno para la capilla “Nuestra Señora de los Dolores”. Y casi al mismo tiempo, del otro lado del boulevard, en diagonal, los masones inauguraron la Biblioteca Rivadavia, actual Biblioteca Juan Bautista Alberdi.

La advocación de “Nuestra Señora de los Dolores” se vinculó directamente con el nombre de la esposa del terrateniente Casimiro Gómez, no como homenaje, pero sí en referencia a su identidad.

La primera mujer.

En septiembre de 2020, durante una obra en una vivienda de la calle Lanín al 700 del barrio Villa Florencia, apareció un esqueleto. La Fiscalía de Homicidios intervino primero, pero rápidamente fue convocada la Dirección Provincial de Patrimonio Cultural. Era un entierro antiguo, por la posición del cuerpo, apoyado sobre el costado derecho con piernas flexionadas en posición genuflexa, y los objetos que lo acompañaban: fragmentos de huesos de guanaco o puma y valvas de almeja de río.

Cuatro años después, una universidad alemana confirmó que esa mujer había muerto alrededor de 1644, integrante de un grupo nómade que habitaba la confluencia de los ríos cuando no había nada más que médanos, agua y viento, 260 años antes de que Bouquet Roldán llegara. No tiene nombre, ni monumento, ni calle. Es, sin embargo, la primera neuquina de la que se tiene registro.

Publicado en Suplemento 122 Aniversario de Neuquén Capital. Diario Río Negro, 12/9/2026.

jueves, septiembre 10, 2026

AIMÉ PAINÉ – “LA VOZ DEL PUEBLO MAPUCHE” (Ingeniero Luis A. Huergo, 23 de agosto de 1943 - Asunción, 10 de septiembre de 1987).

 


UNA VOZ "MALDITA" QUE MUCHOS Y MUCHAS QUISIERAN QUE SE OLVIDE´.

AIMÉ PAINÉ – “LA VOZ DEL PUEBLO MAPUCHE” (Ingeniero Luis A. Huergo, 23 de agosto de 1943 - Asunción, 10 de septiembre de 1987).
Cantante argentina de origen mapuche y tehuelche que se dedicó al rescate y difusión de la música folclórica de su pueblo. Nieta de un gran cacique tehuelche ranquelino, el lonco Painé Ngürü. Aimé fue activista y cantante, conocida como la ‘Princesa mapuche’ que dedicó su vida a rescatar y a preservar las tradiciones de la comunidad indígena. Forma parte de la historia de las mujeres más destacadas de Argentina por su dedicación a la cultura mapuche.
Los padres de Aimé tuvieron una relación muy especial porque se casaron cuando la madre, Gertrudis Reguera, era muy joven. Tenía trece, catorce años.
Tuvieron cuatro hijos; uno falleció. Aimé es la tercera. El hermano menor es el único que aún vive, en Chimpay. Luego de tener a los hijos, la madre abandona al padre. Él se queda solo con ellos. En ese entonces, Eva Perón había abierto unos hogares para huérfanos del interior. La llevan a Aimé a vivir allí; la sacan del lado de su padre y termina en un hogar en Mar del Plata. Separada de su comunidad indígena natal a los tres años, su vida fue siempre una búsqueda de sus raíces. Se cría como huérfana, como alguien que no tiene padres, que no tiene identidad, educada por las monjas del colegio.
Pero su vida da un vuelco porque desde chiquita tiene ese talento musical maravilloso que la lleva a integrar el coro en el colegio a los siete años. Una pareja de Mar del Plata la escucha cantar y decide adoptarla. La cambia de colegio, la mantiene pupila, pero ya con una guía dentro de la música. Ella siempre decía que sus tutores querían que se dedicara a la música clásica. De hecho cuando ella se independiza deja Mar del Plata, se va a Buenos Aires, trata de sobrevivir como puede e integra, en 1973, el Coro Polifónico Nacional, en un encuentro internacional de coros en Mar del Plata. Se indignó al comprobar que todos los países habían preparado al menos una obra de música indígena o folclórica, menos el coro argentino. Sintió que su país negaba sus raíces. Con una belleza y una personalidad arrolladoras, fue sin embargo, a través de su gran voz, con la que encontró su vocación.
Siempre consciente de su condición indígena, sus rasgos le hablaban de una ascendencia enraizada en la historia profunda de esta tierra, decidió investigar sus orígenes, conocer a su familia biológica y luchar por preservar las tradiciones y por los derechos de la comunidad mapuche en Argentina. Al fin, encontró a su familia luego de una intensa búsqueda que realizó ella misma, con la ayuda del paleontólogo Rodolfo Casamiquela, descubre que su sangre es mapuche-tehuelche. El mismo Casamiquela le acercó una grabación que la conmovió, había sido realizada a fines de la década de 1960 por Carmen Nahueltripay, una sobrina nieta del cacique Sayhueque, que incluía cerca de treinta canciones populares y sagradas, probablemente la primera muestra que Painé tuvo del canto mapuche. Viaja a la Patagonia para realizar un camino de autoconocimiento y entablar relación con su padre, hermanos biológicos y con las ancianas que mantenían viva la tradición oral de su pueblo.
Aprendió a cantar en mapudungun el idioma del pueblo mapuche. Con una grabadora recopilaba canciones entre las ancianas de las comunidades. “Cuando escuché cantar a las abuelas mapuches -contó Aimé-, me di cuenta de por qué me había gustado tanto el canto gregoriano."
Se convirtió en una abanderada de su pueblo, cambió su apariencia por completo, comenzó a dar conciertos con vestimenta tradicional y dejó la guitarra para tocar el kultrun y las cascahuillas, la pifilca y el trompe.
Luego de recorrer el sur de Chile y Argentina recopilando información de la cultura originaria, comenzó a presentar el canto y la visión del pueblo mapuche en los escenarios de América Latina. Se convirtió en la primera mujer mapuche en difundir la canción ancestral de su pueblo, explicando al público el significado de cada canción y la responsable de recuperar el bello cancionero de las abuelas de su comunidad,
Aimé Painé fue el nombre artístico de Olga Elisa Painé, su nombre “legal”, gracias a un sistema que sostenía que el pueblo mapuche-tehuelche no existía más. Nunca grabó un disco y tal vez por eso su trabajo fue ignorado durante mucho tiempo.
Cristina Rafanelli, biógrafa de Aimé, cuenta que: “Fue una investigación difícil. Nadie hablaba de Aimé. Estaba como silenciada. Durante 25 años nadie habló de Aimé Painé. De alguna manera, cuando sale el primer libro se trató de hacer visible la vida de una gran luchadora además de una gran artista".
"Una luchadora increíble que trató de devolverle a su pueblo la dignidad perdida. Ella se encontró con que las abuelas no querían hablar la lengua, habían dejado de transmitir su cultura a través de la oralidad. Luego de la Campaña del Desierto, y con toda la dignidad de aceptar una derrota para tratar de que las nuevas generaciones puedan sobrevivir, se había cortado esa cadena. Por eso el valor de Aimé. Ella empieza a recuperar de a poco esa cultura”. Explica Rafanelli.
Fue una mujer que luchó por mantener viva la cultura y las tradiciones de los pueblos originarios. La búsqueda por la memoria y la ampliación de derechos para su pueblo la llevó a participar de la Sub-comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que se realizó en Ginebra, evento en el que dio un conmovedor discurso en el que plasmó la dura realidad que vivía su gente: "Desde la invasión española, que nos quieren salvar, hoy surgen salvadores por todos lados, mientras que nuestro Pueblo sigue de mal en peor".
Presentó un proyecto de ley para que se garantizara la educación bilingüe en todo el país y no se perdieran los idiomas originarios.
Durante la Dictadura Cívico-Militar comenzó a hablar de temas que ya se daban por solucionado. Lo que pasó con la Campaña del Desierto es algo muy simple: la historia la escriben los que ganan. En todos los textos escolares figuraban los indios como malones, como los malos, como los peligrosos. Toda esa discriminación sirvió para que la sociedad apoye esta campaña que no fue otra cosa que un genocidio y despojo de territorio. Después de la campaña, mandaban a las mujeres sobrevivientes como empleadas domésticas a Buenos Aires, separaban a las familias, se llevaban a los niños para adoptar o para criar como esclavos de servidumbre. Lo mismo pasaba con los hombres que mandaban a las estancias. “El desarraigo es una de las cosas que nosotros más hemos sufrido” decía Aimé.
En la Dictadura, Aimé no la pasó bien pero no fue perseguida directamente porque para los militares los indígenas no eran ya un problema. Los libros de texto hablaban en pasado sobre ellos. Aimé decía “Basta de decir que los mapuches comían, vestían, vivían. Los mapuches están!”. Y lo mismo pasaba con los otros pueblos. Pero para la Dictadura en ese momento el enemigo era otro porque además era ella sola. Una vez se presentó en el programa de Mirtha Legrand vestida con el traje tradicional cuando las mujeres mapuches no usaban nada que pudiera reflejar su cultura.
El legado que Aimé deja es de absoluta dignidad. Además de hermosa, Aimé tenía una forma muy tierna y directa de comunicarse. Decía que ahora la lucha tenía que ser a través de la cultura; “el hombre blanco no nos respeta porque no nos conoce”.
Su vida se terminó inesperadamente a los 44 años, el 10 de septiembre de 1987, luego de una aneurisma cerebral sufrida en el Paraguay cuando estaba haciendo una presentación. Su cuerpo fue repatriado y enterrado en su pueblo natal según la tradición mapuche.
Existen bibliotecas, escuelas, complejos, coros y calles de la provincia de Río Negro con su nombre y una de las calles de Puerto Madero en Buenos Aires homenajea a esta mujer que llevó la cultura mapuche a ser conocida por el mundo.
También una imagen suya integra el Salón de la Mujer en la Casa Rosada, la sede de la Presidencia de la Nación Argentina.
En 2021, se realizó una ficción biográfica de cuatro episodios realizada íntegramente en la Patagonia, con dirección, producción y guion de la cineasta neuquina Aymará Rovera. Esta producción refleja los momentos más significativos de la vida de Aimé Painé -interpretada por Charo Bogarín- y la búsqueda constante de su identidad.
El 23 de agosto de 2021 Google le dedicó en homenaje el doodle del día con motivo de recordar su 78 cumpleaños.
Fuente: Pensamiento Discepoleano.

Conrado Varotto doctor honoris causa en un acto realizado en nuestro Instituto Balseiro

 CONRADO VAROTTO: DEL CONOCIMIENTO A LA TECNOLOGÍA ARGENTINA.

Conrado Varotto tuvo un rol clave en la transformación del conocimiento científico en desarrollo tecnológico argentino. Desde la CNEA impulsó el Programa de Investigación Aplicada que dio origen a INVAP, sentando las bases para que la Argentina consolidara capacidades propias en tecnologías de alta complejidad.
La Universidad Nacional de Cuyo lo distinguió como doctor honoris causa en un acto realizado en nuestro Instituto Balseiro, en el Centro Atómico Bariloche, en reconocimiento a una trayectoria que fortaleció el desarrollo científico y tecnológico del país y contribuyó a posicionar a la Argentina internacionalmente como exportadora de tecnología.

martes, septiembre 08, 2026

La historia de la mina de turquesa donde nació nuestro alfabeto.


La historia de la mina de turquesa donde nació nuestro alfabeto.

Oculta en una inhóspita región del Sinaí, ”custodiaba" un hallazgo revolucionario: el grafiti informal de unos trabajadores semitas que simplificó los jeroglíficos y dio origen al abecedario que usamos hoy.

Una representación de la diosa Hathor, la "Dama de la Turquesa", y una de las decenas de estelas. Getty Images.

A principios del siglo XX, en un remoto lugar de la península del Sinaí, la pareja de arqueólogos William y Hilda Petrie hizo un descubrimiento fascinante. Sucedió en un sitio llamado Serabit el-Khadim, una antigua región minera del suroeste del Sinaí, explotada desde la época faraónica y asentada sobre una meseta rocosa.

En uno de sus puntos más elevados, dominando el paisaje circundante, antaño se alzaba un templo en honor a la antigua deidad egipcia Hathor, la diosa del cielo, las mujeres, la fertilidad y el amor, y patrona de muchos minerales. Por esos lares la llamaban “Dama de la Turquesa”, pues esa era la piedra semipreciosa que se extrajo de allí por milenios.

Para los antiguos egipcios, la turquesa era un ingrediente importante para resucitar a los faraones a la vida eterna. Su vibrante tono azul verdoso no solo decoraba las paredes de sus suntuosas tumbas, sino que simbolizaba la alegría, la felicidad y la vida. No obstante, la tenían que ir a buscar a esos territorios inhóspitos lejos del fértil Nilo, así que le rezaban a Hathor para que los protegiera al embarcarse en la peligrosa tarea de arrancársela a la roca del desierto.

En las ruinas del complejo del templo, los Petrie, como otros exploradores antes que ellos, encontraron decenas de grandes lápidas de piedra llamadas estelas, muchas cubiertas con jeroglíficos. Eso no los sorprendió: para cuando fueron escritas, los egipcios llevaban utilizando esa compleja escritura pictórica durante más de mil años.

En las ruinas del templo a la diosa Hathor, establecido en el siglo XX a.C., las estelas cuentan historias sobre quienes trabajaron en las minas de turquesa.

Las estelas, además de revelar por qué se había construido un templo en un lugar tan lejano, relataban toda clase de historias, como le contó a la BBC el egiptólogo Pierre Tallet. En una de ellas, por ejemplo, el autor empieza lamentando que lo hubieran enviado al Sinaí en verano, cuando hacía demasiado calor, pero al final el relato se torna alegre, pues cuenta que su expedición ha extraído más turquesa que todas las anteriores, y que todos regresarían sanos y salvos al valle del Nilo.

Otra estela muestra que no eran solamente egipcios los que trabajaban en las minas. “En la parte inferior, aparece una persona montada sobre un burro y otra lo está guiando”, señala Tallet. “Los egipcios nunca eran representados montando en burro. Esa es una representación típica de alguien del Negev, alguien que había venido de Oriente”, explica.

Incluso se sabe quién era esa persona, ya que había participado en más de una expedición y aparece en otra estela. Los jeroglíficos nos dan su nombre: “El hermano del príncipe de Retenu, Khebdeb, se une a la expedición para ayudar a los egipcios”. Retenu era un nombre egipcio para la tierra bíblica de Canaán.


Los egipcios solían aparecer representados sobre camellos, no burros.

Pero fue adentro de las minas donde los Petrie hicieron su sorprendente descubrimiento. “Hilda pisó una piedra, la recogió y le dijo a Petrie: ‘Aquí hay algo’”, le contó a la BBC la egiptóloga Orly Goldwasser. “En esa piedra en la mina vieron la primera inscripción en algo muy extraño que nadie había visto antes”, continuó. “Petrie la miró y dijo: ‘Esto no es egipcio. Parecen jeroglíficos feos, pero hay muy pocos signos. Esto podría ser un alfabeto’... ¡BUM!”.

Buey, casa, camello...

Hasta el día de hoy persiste una disputa sobre quiénes inventaron la escritura: los babilonios, con la cuneiforme, o los egipcios, con los jeroglíficos. Lo que nadie niega es que fue un salto conceptual brillante, aquel de registrar lo que está en la mente de manera que pueda transportarse a muchas otras mentes más.

Se llama el Principio de Rebus, la idea de que una imagen puede representar más que el objeto mismo, lo que permite expresar hasta lo intangible. Ese salto, además, lo dieron de forma independiente los chinos y los mayas. Pero los Petrie se habían topado con algo que iba más allá.

Raspados sobre rocas, vasijas y objetos, encontraron garabatos de una naturaleza inesperada pero extrañamente familiar. Parecía que en ese período tan temprano, alrededor del 1700 a. C., los mineros y los esclavos semitas habían comenzado a utilizar un nuevo sistema informal de grafiti, brillantemente simple, infinitamente adaptable y perfectamente transportable. Era el alfabeto.


Labrada en una de las paredes de la mina de turquesa está una de las primeras "A" de la historia.

Habían llegado a él usando lo que se llamaría principio de la acrofonía, un método de escritura donde un símbolo pictográfico o ideográfico de un objeto se usa para representar el sonido inicial de la palabra que nombra ese objeto. La que se convirtió en la primera letra de la mayoría de los alfabetos del mundo, por ejemplo, empezó como un buey, el animal de granja más importante de la época en aquella región.

En el lenguaje canaanita, la palabra para buey era “aluf”, “alf” o “alef”, así que si dibujaban la cabeza de un buey, al ver el dibujo, no se leía como “alef”, sino que se quedaban solo con la “A”. Entonces, así como cuando necesitaban el sonido “A” pintaban la cabeza de un buey, para la “B” hacían una casa (que se decía “bait”) o para la “G”, un camello o “gamal”.

Parece obvio, pero, si te ponés a pensar, fue una hazaña sofisticada. Tuvieron que analizar su idioma para separar todos los sonidos principales y solo luego acordar un dibujo para representar cada sonido. Era un concepto tan distinto que los egipcios, quienes llevaban la delantera con su hermoso lenguaje escrito, ya habían hecho algo similar para deletrear nombres extranjeros como Cleopatra (que era griego), pero nunca se dieron cuenta de que tenían un alfabeto dentro de su sistema.

Seguían utilizando los alrededor de 600 signos de sus jeroglíficos, mientras que esta escritura que aparecía a su lado solo requería de unos 30. Eso la hacía más democrática: no se necesitaban años de instrucción para aprender a usarla. Por si fuera poco, ese ejemplo tan temprano de escritura alfabética, conocida como escritura protosinaítica, guardaba un asombroso parecido con la nuestra.

Hasta el día de hoy persiste una disputa sobre quiénes inventaron la escritura: los babilonios, con la cuneiforme, o los egipcios, con los jeroglíficos.

Y no solo es similar al nuestro. 


Ese revolucionario primer alfabeto viajó de su tierra natal con los fenicios hacia el Mediterráneo y de ahí más y más allá hasta conquistar tres cuartas partes del planeta. Su influencia se extendió geográfica y temporalmente, de manera que incluso alfabetos lejanos en tiempo y espacio llevan su impronta.

Las letras se fueron volviendo más abstractas y cambiando de forma, pero, a pesar de sus variantes cirílicas y árabes, y la infinidad de idiomas que lo usaron para escribir, los expertos aseguran que pueden rastrear las huellas de ese primer alfabeto en los demás. Tanto que llegan a afirmar que es posible considerar que existe esencialmente un solo alfabeto en todo el mundo.

El orden de los factores.

¿Por qué empezar por “A”, “B”, “C” y no por “J”, “X”, “M”? ¿Quién decidió cuál sería el orden del alfabeto? La verdad es que sigue siendo un enigma. No se sabe por qué motivo el abecedario está organizado de esa manera. Sin embargo, hay historias que revelan la razón de que algunas de las letras estén donde están.

El español heredó el abecedario latino; los romanos lo habían recibido, vía los etruscos, de los griegos, quienes lo habían adoptado de los fenicios, que llevaron la escritura protosinaítica al Mediterráneo. De herencia en herencia, las primeras letras quedaron así por tradición: del hebreo, “alef”, “bet”, “gimel”, al griego “alfa”, “beta”, “gama”, y en latín, “A”, “B”, “C”. Y sí, ahí hay una “G” que se volvió “C”.

Lo que pasó fue que el latín primitivo utilizaba la letra “C” tanto para el sonido /k/ como para /g/, pues el alfabeto etrusco, del que el latín tomó sus letras, no tenía una “G” independiente. Más tarde, la “G” fue creada (hacia el siglo III a.C.) mediante la modificación de la “C”, con el fin de distinguir el sonido /g/. La nueva letra se insertó en el alfabeto, pero para explicarte por qué quedó de séptima, primero tengo que contarte lo que le pasó a la “Z”.

En este ejemplo del alfabeto de manuscrito medieval, basado en una biblia que perteneció a Carlos el Temerario, aún faltan algunas letras. Getty Images.

Al principio, el latín no tenía realmente el sonido /z/, así que cuando los romanos heredaron el alfabeto, les pareció prescindible, y la eliminaron. Durante un tiempo, no hubo ningún problema. De hecho, a la “G” la insertaron en el lugar que había ocupado la descartada “Z”.

Pero a medida que Roma iba absorbiendo más cultura griega, surgió un pequeño inconveniente: ¿cómo escribir correctamente palabras griegas sin ella? La solución fue clara: había que recuperar la letra. Ahora bien, el alfabeto latino ya estaba firmemente establecido, y nadie tenía ganas de reorganizarlo entero, así que se optó por una solución pragmática: reintroducir la Z, pero colocarla al final. Siglos después, esa estrategia no se pudo repetir, así que hubo que abrir espacio para acomodar otras adiciones.

Hasta bien entrado el Renacimiento alto, ni la “J” ni la “U” existían como letras independientes, aunque sí como sonidos que compartían su representación gráfica con los símbolos “I” y “V”, de manera que, por ejemplo, el nombre Julius se escribía Ivlivs. Las formas gráficas de “U” y de “J” habían empezado a aparecer en la escritura medieval, pero solo se consolidaron entre los siglos XVI y XVII, gracias a la influencia de la imprenta, los humanistas y los gramáticos. La “W”, por su parte, llegó mucho más tarde.

No existía en el alfabeto latino clásico, pues era necesaria, pero se desarrolló en la Alta Edad Media en los idiomas germánicos como una “doble V”. En español, se empleó primero solo en préstamos extranjeros (como nombres o palabras foráneas), y recién fue incorporada oficialmente al alfabeto por la Real Academia Española en 1969. A cada una de esas tres recién llegadas se les hizo lugar junto a las letras con las que habían tenido tan estrecha relación: la “J” justo después de la “I”, y la “U” y la “W” a ambos lados de la “V”. Lo mismo ocurrió con la “Ñ”, esa letra que es exclusivamente nuestra.

Aunque tiene una larga historia, pues se empezó a usar en la Edad Media para abreviar “nn” como “n” con una tilde, no fue incorporada oficialmente al abecedario por la Real Academia Española hasta 1803, y ocupó su sitio junto a la “N”.

Así que ya tenés lo prometido: un puñado de razones por las cuales algunas de las 27 letras del abecedario están donde están. Pero al final, la colocación de las letras en el alfabeto parece esencialmente arbitraria, lo cual quizás no sea extraño, pues, a diferencia del orden numérico, el de las letras no tiene un significado intrínseco.

Incluso si hubiera una forma más sensata de organizarlas, es dudoso que cualquier otra secuencia fuera mejor o peor a la hora de leer o escribir. De lo que sí no hay duda es que, de la “A” a la “Z”, el alfabeto es una asombrosa proeza de ingeniería intelectual.

Por BBC Mundo.

BBC Mundo.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cr4kxkp7ke6o

 

José Gabriel Tedesco lanzó una campaña solidaria en Bahía Blanca. Regaló miles de anteojos y descubrió que los vendían en Facebook.

Regaló miles de anteojos y descubrió que los vendían en Facebook.


Regaló miles de anteojos y descubrió que los vendían en Facebook.

José Gabriel Tedesco lanzó una campaña solidaria en Bahía Blanca para entregar anteojos de primeras marcas a cambio de alimentos y productos de higiene, pero decidió suspenderla tras descubrir que algunos de los lentes aparecían publicados para la venta.

La Brújula 24.

Lo que había empezado como una de esas historias que devuelven un poco de fe en la solidaridad terminó dejando a José Gabriel Tedesco con una mezcla de bronca, decepción e impotencia. Hace apenas un mes, el óptico bahiense había decidido sacar a la vereda cientos de anteojos de sol de primeras marcas que ya no comercializaba y cambiarlos por alimentos no perecederos y productos de higiene destinados a Cáritas y el Cottolengo. La respuesta fue tan grande que durante días la puerta de su óptica se convirtió en un verdadero punto de encuentro solidario.

Pero cuando todavía quedaban miles de anteojos en las cajas y la campaña seguía adelante, Tedesco descubrió algo que no esperaba: algunos de los lentes que entregaba gratuitamente a cambio de una donación estaban siendo publicados para la venta en Facebook.

“Lo que estoy regalando lo están vendiendo por internet. Es una locura”, contó, todavía atravesado por la indignación. La noticia fue suficiente para que tomara una decisión drástica: por ahora, suspendió la campaña.

El hombre que había pensado que un anteojo que ya no tenía salida comercial podía convertirse en un alimento, un jabón o un elemento de higiene para alguien que lo necesitara terminó encontrándose con el lado más ingrato de la iniciativa. “Tengo una indignación, ¿qué voy a hacer? Nada. Suspendido”, dijo.

La campaña había comenzado con una idea sencilla. En sus ópticas tenía acumulados cientos de anteojos de temporadas anteriores y, en lugar de rematarlos o dejarlos indefinidamente guardados, decidió regalarlos. Solo pedía a cambio una colaboración para quienes estaban atravesando necesidades.

La propuesta era concreta: un alimento no perecedero o un producto de higiene personal por un par de anteojos de sol.

Y la gente respondió.


La repercusión fue mucho mayor de la que Tedesco imaginaba. Durante varios días se acercaron vecinos a donar y a llevarse los lentes, al punto de que tuvo que convocar a empleados para colaborar con la organización y la logística. Cáritas retiró mercadería y la campaña comenzó a transformarse en una cadena en la que todos, desde su lugar, podían aportar.

No era, de todos modos, la primera vez que el óptico utilizaba su oficio para ayudar. Durante la pandemia había entregado anteojos gratuitamente a personas que no podían pagarlos y, después de la inundación que sufrió Bahía Blanca el 7 de marzo de 2025, había protagonizado otra enorme campaña solidaria.

Aquella vez, una imagen lo había movilizado especialmente: una mujer mayor llorando porque había perdido sus lentes bajo el agua. Como tenía una fábrica de cristales, decidió publicar que regalaría mil anteojos. La convocatoria desbordó todas las previsiones: llegaron unas 1.200 personas y finalmente, con la ayuda de proveedores, terminaron entregando alrededor de 3.000 pares a vecinos afectados por la inundación.

Por eso esta vez creyó que podía volver a funcionar. Y funcionó, al menos en una primera etapa.

Las publicaciones en redes sociales,

Hasta que aparecieron las publicaciones en redes.

“Debo tener todavía 5.000 o 6.000 anteojos. Más de 5.500 seguro, por la cantidad de cajas que hay”, explicó. El problema es que ya no se siente seguro de continuar con el mismo mecanismo porque no quiere que aquello que pensó como una ayuda termine alimentando un negocio ajeno.

Uno de los episodios que más lo enfureció ocurrió durante el último día de la campaña. Según relató, una mujer llegó con alrededor de 20 jabones y se llevó 20 anteojos.

La situación lo hizo revisar incluso la manera en que se estaba organizando la entrega. “¿Ustedes permitieron eso?”, contó que les preguntó a algunos colaboradores, visiblemente molesto.

Pero entre la decepción también hubo una escena que, paradójicamente, volvió a mostrarle por qué había decidido hacerlo.

Durante la última semana, un grupo de jóvenes de la organización “Remar” se acercó a colaborar con la atención al público. Según explicó Tedesco, desde Cáritas le habían planteado que la cantidad de gente que estaba llegando hacía necesario sumar ayuda y los integrantes de la organización se ofrecieron a colaborar.

Para ellos, la campaña tenía otro significado.

“Estaban recontentos los pibes de Remar”, contó. Los jóvenes conocían al óptico porque algunos de ellos venden bolsitas de residuos en los semáforos y, cuando descubrieron que podían participar de la campaña, comenzaron a agradecerle y a saludarlo cada vez que lo veían.

Ese contraste terminó siendo todavía más fuerte para Tedesco: mientras algunos encontraban la forma de aprovecharse de una propuesta pensada para ayudar, otros se acercaban justamente para colaborar con ella.

La bronca no está puesta solamente en los anteojos. En el fondo, lo que le duele es sentir que alguien pudo mirar una acción solidaria y encontrar allí una oportunidad para hacer dinero.

Tedesco todavía tiene miles de anteojos guardados. Son pares que podrían seguir siendo útiles, pero por ahora decidió frenar la entrega hasta encontrar una manera de garantizar que lleguen a quienes realmente los necesitan.

La decisión tiene algo de amarga. La campaña que había nacido para convertir mercadería acumulada en ayuda concreta había conseguido justamente eso durante varias semanas: alimentos, productos de higiene y una enorme cantidad de vecinos dispuestos a colaborar.

Pero también le dejó una pregunta difícil de responder: ¿cómo se puede seguir confiando en la solidaridad cuando algunos encuentran la manera de sacar provecho de ella?

Por ahora, José Gabriel Tedesco eligió ponerle un freno. No porque haya dejado de querer ayudar, sino porque necesita procesar la decepción y pensar cómo continuar sin que sus anteojos terminen convertidos en un producto más de Facebook Marketplace.

Y en esas cajas todavía quedan miles de pares. La intención original sigue intacta. Lo que cambió, al menos por ahora, es la confianza.

La Brújula 24.

Cecilia Corradetti / La Brújula 24.

https://www.labrujula24.com/notas/2026/09/07/regalo-miles-de-anteojos-y-descubrio-que-los-vendian-en-facebook-n519461/

https://www.labrujula24.com/

Imágenes: LA BRÚJULA 24.

En Regina hace unos años un solidario del Club Atlético Regina con amigos fútboleros a una persona sin vivienda le construyeron una vivienda y una vez terminada la vendió por las redes sociales.

lunes, septiembre 07, 2026

El historiador revisionista Norberto Galasso falleció este lunes 7 de septiembre a los 90 años.


El historiador revisionista Norberto Galasso falleció este lunes 7 de septiembre a los 90 años.

Galasso es uno de los grandes referentes del revisionismo histórico argentino.

Exponente y  difusor permanente del pensamiento nacional y de las corrientes populares argentinas.

Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó como contador, en 1961.

En 1964 se incorporó al Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN) que lideraba Jorge Abelardo Ramos con la llegada del peronismo al poder, confrontó sus ideales de la izquierda marxista y cambia su trayectoria hacia el nacionalismo popular que llevaba las banderas de Perón, la tercera posición y se vincula a la Juventud Peronista (Montoneros).

En 1973 trabajó junto a Don Arturo Jauretche en Eudeba, donde se desempeñó como síndico.

Durante la última dictadura, fueron censurados dos de sus libros: Vida de Manuel Ugarte y ¿Qué es el socialismo nacional?

Entre sus títulos más reconocidos figuran Perón, Seamos libres e Historia de la Argentina: desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. 

También escribió sobre José de San Martín, Eva Perón, Mariano Moreno, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui,  Enrique Santos Discépolo, John William Cooke, Hipólito Yrigoyen, Manuel Ugarte, Atahualpa Yupanqui y los silenciados de nuestra Argentina, entre otros.