A fines del año pasado adquirió un campo de más de 5.000
hectáreas entre Choele Choel y General Conesa y el paisaje ya comienza a
mostrar los primeros avances.
El silencio que reinaba en esa parte del Valle Medio entre Choele Choel y General Conesa empieza a cambiar. Donde hasta hace poco dominaban la extensión virgen y el viento patagónico, hoy hay movimiento, trazos de caminos, estructuras en marcha y familias que empiezan a echar raíces. La comunidad menonita Nueva Esperanza ya está en Negro Muerto y dio los primeros pasos concretos para convertir ese territorio en un nuevo enclave productivo.
Una colonia menonita compró más de 5.000 hectáreas en una
joya productiva de Río Negro.
A unos 30 kilómetros de General Conesa, en la margen norte
del río Negro, las más de 5.000 hectáreas adquiridas sobre finales del año
pasado comienzan a mostrar signos visibles de transformación. La llegada no fue
solo una operación inmobiliaria, va mucho más allá que eso. Es el inicio de un
proceso que combina trabajo, organización comunitaria y una visión productiva
de largo plazo.
Los primeros pasos en el campo.
Las primeras familias ya se instalaron en el predio. Con su
estilo característico, avanzan de manera ordenada y progresiva: delimitación de
parcelas, apertura de caminos internos, montaje de estructuras básicas y
planificación de las áreas productivas.
Estructuras básicas como el cerramiento del campo ya
comienzan a verse entre los primeros trabajos que desarrolla la comunidad
menonita en Negro Muerto.
La sistematización del campo y el desarrollo del riego
aparecen como ejes centrales de esta etapa inicial. El objetivo es claro:
convertir un valle con enorme potencial en una superficie agrícola intensiva.
Un valle que empieza a despertar.
Negro Muerto es, desde hace tiempo, una de las grandes
promesas productivas de Río Negro. Con unas 62.000 hectáreas potencialmente
irrigables, disponibilidad de agua de calidad del río Negro y condiciones
climáticas favorables, el área reúne características excepcionales para el
desarrollo agropecuario.
Medios de movilidad clásicos de la comunidad ya recorren el campo para los primeros trabajos.
Los antecedentes productivos en campos cercanos ya dan
cuenta de ese potencial: rendimientos destacados en cultivos como soja y trigo
confirman que, con infraestructura adecuada, el valle puede convertirse en una
nueva frontera agrícola de relevancia. En ese contexto, la llegada de la
colonia menonita no hace más que acelerar un proceso que, hasta ahora, avanzaba
de manera más lenta.
Una comunidad que construye desde el trabajo.
Se estima que entre 30 y 50 familias se radicarán en esta
nueva etapa. Fieles a su tradición, los menonitas replican un modelo basado en
el trabajo familiar, la autosuficiencia y la diversificación productiva.
A partir de ahora el campo tendrá un cambio radical en su fisonomía, a partir del trabajo de la comunidad menonita.
La experiencia de Nueva Esperanza en La Pampa es el
antecedente más cercano: producción lechera, agricultura, talleres de
carpintería y metalurgia forman parte de un esquema integral que combina
producción y agregado de valor. Ese mismo modelo comienza ahora a tomar forma
en suelo rionegrino.
Más que producción: el nacimiento de una comunidad.
Pero el impacto va más allá de lo productivo. La instalación
de la colonia implica, en los hechos, el surgimiento de una nueva comunidad rural
en la provincia.
Las primeras obras ya cobran forma en el campo adquirido por los menonitas en Negro Muerto.
Escuelas, espacios de trabajo, viviendas y redes internas
forman parte de una construcción que no se limita a lo económico. Es también un
proyecto de vida.
En un territorio aún en desarrollo, cada avance tiene un
peso significativo. Cada camino abierto, cada estructura levantada, cada poste
enterrado y cada parcela trabajada son parte de un proceso que empieza a
redefinir el paisaje.
Un punto de inflexión para la región.
El desarrollo pleno del Negro Muerto aún depende de obras
clave, como el proyecto de electrificación que impulsa la provincia. Sin
embargo, la iniciativa privada ya comenzó a marcar el ritmo.
La presencia activa de la comunidad menonita es, en ese
sentido, un punto de inflexión. No solo por la magnitud de la inversión, sino
por la velocidad con la que el proyecto empieza a materializarse.
Las imágenes que acompañan esta nota son testimonio de ese
momento inicial: el instante en que un territorio empieza a cambiar y una
comunidad comienza a escribir una nueva historia en la Patagonia.
Imágenes: Diario Río Negro.
Publicado en RURAL del Diario Río Negro.











