PUERTO MADRYN. DE SANTAS GALESAS, BARONES, TEHUELCHES Y EXPLORADORES.
UN ESPACIO DE OPINIÓN DESDE LA PATAGONIA ARGENTINA.
Esta estrategia coincide con la información difundida previamente por la canadiense JHI Associates Inc., que antes de reestructurar su participación accionaria había informado el potencial hidrocarburífero de PL001. Posteriormente, el control del bloque pasó a manos de Eco (Atlantic) Oil & Gas Ltd. y de la propia Navitas.
De esta manera, al sumar el control del bloque PL001 al desarrollo de Sea Lion, la petrolera israelí consolida una posición dominante sobre buena parte de la actividad exploratoria en la Cuenca Malvinas Norte.
La empresa reconoce como parte de su estrategia el uso de la técnica conocida como tie-back, que consiste en conectar nuevos yacimientos a instalaciones ya existentes mediante infraestructura submarina. El esquema ya es utilizado en otros desarrollos offshore de la región para reducir costos y acelerar la puesta en producción.
En abril de este año, se comunicaron nuevos avances en la explotación de petróleo y gas en las Islas Malvinas a través del proyecto Sea Lion, operado por la compañía israelí Navitas Petroleum junto con su socio inglés Rockhopper Exploration, y cuya producción comenzará en 2028. En diciembre, el gobierno nacional había expresado su rechazo a la decisión final de inversión anunciada por ambas firmas.
Según lo indicado por la empresa inglesa mediante un comunicado, las dos primeras fases del desarrollo de Sea Lion están previstas para utilizar la unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga (FPSO) Aoka Mizu, que tendrá una capacidad de producción de 55.000 barriles diarios.
Sin embargo, la operadora Navitas Petroleum también estaba investigando la aceleración del desarrollo de las fases siguientes del proyecto. Para ello, firmó un memorándum de entendimiento para incluir una segunda FPSO con el objetivo de ampliar la capacidad de producción del proyecto en unos 125.000 barriles diarios adicionales.
Sumando ambas unidades, los recursos extraídos de la Cuenca Norte de Malvinas podrían aumentar en total a 180.000 barriles por día. Desde las compañías se dieron fechas estimativas para el proyecto: las obras de perforación y finalización están programadas para iniciar a principios de 2027, mientras que se espera que la producción comercial comience para el primer semestre de 2028.
En diciembre de 2025, las compañías habían anunciado su decisión final de inversión a través de un reporte en la Bolsa de Tel Aviv, que incluía un monto de 1.170 millones de dólares para ejecutar la primera parte de Sea Lion, lo que generó el rechazó del gobierno nacional y las provincias.
«Estas medidas constituyen acciones unilaterales e ilegítimas del Reino Unido, incompatibles con lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea General, que insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas se encuentran sujetas al proceso de negociación recomendado por las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas», se expresó entonces desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
En ese sentido, desde Nación se señaló que «toda participación directa o indirecta en actividades de exploración o explotación hidrocarburífera no autorizadas en las áreas en disputa constituye un acto ilícito a la luz del derecho internacional y del ordenamiento jurídico argentino, y que tomará todas las acciones pertinentes».
Por ese motivo, se advirtió que «se reserva el derecho de ejercer plenamente todas las acciones disponibles para impedir su desarrollo y salvaguardar sus derechos e intereses soberanos».
En un comunicado oficial, Nación apeló a la Resolución 31/49 de la ONU, que insta a la Argentina y el Reino Unido a acelerar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, y prohíbe las decisiones unilaterales que alteren la situación mientras dure el proceso.
La sanción que el Estado le impone a las petroleras que decidan operar en las islas es la inhabilitación a participar en las licitaciones de exploración, tanto en el territorio nacional como en la plataforma continental del país.
Corresponde a la ley 26.659 de Hidrocarburos de 2011, y a su modificación en 2013 (ley 26.915), en la que se prohíbe explorar o explotar hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin autorización previa del Gobierno argentino.
Publicado en Diario Río Negro.
El 17 de julio se cumplió otro aniversario del asesinato, a manos de los bolcheviques, del Zar Nicolás II, uno de los gobernantes más difamados de la Historia. Y una de las calumnias más persistentes es que no gobernaba él, sino “el monje Rasputin”.
La leyenda de Rasputin, minuciosamente armada en 1911-1912 por círculos hostiles al Zar, le atribuía una enorme influencia entre bambalinas sobre los asuntos de Estado, una influencia capaz “de cambiar las orientaciones y hasta cambiar a las personas”, como decía el político Alexandr Guchkov, uno los creadores del mito.
A partir de ahí, en círculos encumbrados se convirtió en costumbre endilgarle a Rasputin todos los nombramientos, las destituciones y en general cada una de las acciones del gobierno que no eran del agrado de esos cenáculos. Esta propaganda, llevada a cabo en forma diestra y tenaz, encontraba no pocos oídos crédulos, y a causa de su porfiada repetición, la leyenda de Rasputin, poco a poco fue cobrando en las mentes de la gente la dimensión de un hecho universalmente reconocido. Esto llevaba a la confusión a las mentes, sacando de su eje sobre todo a las personas de convicciones derechistas.
Bien podría haber ocurrido que esta leyenda sobreviviera para siempre, sin ser confirmada, ni desmentida. Aquellos que se la creyeron le contagiaban su fe a otros, negándose a reconocer que en realidad los habían engañado. Pero la correspondencia entre el Zar y la Zarina, publicada en la era soviética, permitió constatar documentalmente cuan falsa era la idea de que Rasputin decidía sobre la marcha de los asuntos de Estado. Estas cartas ponen en evidencia con diáfana claridad, que si bien la Zarina, por una cuestión de gratitud, - ya que Rasputin sabía detener las hemorragias que al príncipe heredero le provocaba su enfermedad, la hemofilia, - lo escuchaba y transmitía sus sugerencias al Zar, pero este no las tenía en cuenta para nada.
CONSEJOS TRANSMITIDOS.
Aquí va una lista de consejos transmitidos por Rasputin, -citados por el historiador Serguei Oldenburg- todos ellos desoídos por el monarca.
* El 6.4.1915 Rasputin sugiere al Zar que no viaje a Galitzia antes del fin de la guerra; el viaje se hace.
* El 1.6.1915 aconseja no convocar a la Duma; la Duma es convocada.
* El 15.11.1915 indica que “hay que comenzar la ofensiva en las cercanías de Riga”; no se produce ninguna ofensiva.
* El 15 y 19.11.1915 aconseja convocar a la Duma, aduciendo “ahora todos quiere trabajar, hay que otorgarles un poco de confianza”; la Duma es convocada recién tres meses más tarde.
* El 12.10.1916 ruega “detener el insensato derramamiento de sangre de los ataques en la direccion de Kovel. En esto Rasputin coincidía con amplios círculos de la sociedad, incluyendo a miembros de la Duma. Pero estos ruegos no tuvieron ningún efecto sobre las operaciones militares ordenadas por el Zar.
* El 19.12.1915 propone como candidato a ocupar el ministerio de Finanzas al conde Tatischev, como ministro de Guerra al General N. I. Ivanov y al ingeniero Valuiev
como ministro de Vías de Comunicacion. El Zar ignora olímpicamente sus deseos y ni siquiera le contesta a la Zarina. Es más, casi inmediatamente destituye al general Ivanov del puesto de comandante del frente suroccidental.
* El 16.6.1915 Rasputin pide no nombrar a Samarin como presidente del Sínodo (ministro de Culto) , y el 23.15.1916 no nombrar como ministro de Justicia a Makarov; de nuevo el Zar hace oidos sordos.
Cuando Rasputin, enemigo de Pavel Kurlov, propone nombrar como viceministro del Interior al principe Obolensky, el Zar eleva al cargo justamente a Kurlov.
El Zar desoye todos estos consejos en forma discreta, tratando de no herir los sentimientos de la Zarina, tan agradecida a Rasputin por salvarle una y otra vez la vida a su hijo Alexei, el heredero del trono. Sin embargo, a veces al monarca se le escapa cierta irritación: “Las opiniones de nuestro amigo sobre las personas suelen ser muy extrañas, como tu misma lo sabes” (9.11.1916). “Por favor no mezcles aquí a nuestro amigo…”
VERSIONES ABSURDAS.
Estos ejemplos, tomados de la correspondencia de un par de años, muestran hasta que punto es absurda la versión de que “Rasputin gobernaba”. Obviamente, tampoco tenía lugar el fenómeno contrario. El monarca no rechazaba ninguna decisión, ningún nombramiento solo porque a su favor se hubiera pronunciado Rasputin. Así, por ejemplo, en junio de 1915 Rasputin se expresó en contra de la movilización de los integrantes de la reserva de segunda clase, es decir de aquellas personas que son llamadas a las filas solo cuando se agotaron las reservas principales.
La movilización fue pospuesta para setiembre, pero por las siguientes razones de peso: 1) Faltaban fusiles hasta para el ejército en operaciones; 2) El Consejo de Ministros reconoció que para realizar la movilización había que hacer aprobar prmero la ley correspondiente en la Duma o parlamento; 3) Se decidió que es más conveniente hacer la leva luego de que finalicen las tareas agrícolas.
Hay que señalar que, si bien Rasputin “simpatizaba” con el nombramiento de ministros como Shturmer o Protopopov, todas esas designaciones tenían como base consideraciones políticas del Zar, absolutamente independientes de los deseos de este personaje.
Por otra parte Rasputin, quien siempre se preocupaba mucho por mantener viva la leyenda de su influencia (lo cual le daba muchas pequeñas ventajas), y quien no tenía convicciones definidas, generalmente trataba de hablar en el mismo tono del Zar y la Zarina, acomodándose a sus opiniones y a sus deseos. Y si lograba enterarse de alguna decisión aún no publicada del emperador, se apresuraba a adjudicarla a su influencia.
Así, por ejemplo, Rasputin se pronunció a favor de la lucha contra el alcoholismo, en contra de nombrar un ministerio responsable ante la Duma y a favor de que el Zar se hiciera cargo de la comandancia en jefe del ejército. No existe ningún indicio que permita suponer que en estas importantes cuestiones de Estado la opinión de Rasputin haya tenido el más mínimo peso para el Zar. Al contrario, en el caso de la comandancia en jefe, hay una desmentida directa del propio monarca en su carta a la Zarina del 8.8.1916.
ANTE LA GUERRA.
Muy característica para Rasputin, siempre temeroso de pifiarla, de resultar equivocado, es su posición ante la guerra. A través de Ana Vyrubova, dama de compañía de la Zarina, él envía un telegrama por demás ambiguo: “no se preocupen demasiado por la guerra, llegará el tiempo, hay que ponerle mucho, el tiempo todavía no llegó, los sufrimientos serán coronados”
. Sanata pura, para utilizar el término argentino. Y sin embargo de ese galimatías algunos medios extraían la conclusión de que Rasputin “rogaba no declarar la guerra”. En realidad, al no saber lo que en ese momento deseaba el Zar, Rasputin simplemente evitaba definirse concretamente.
Y sin embargo, la leyenda de Rasputin ejercía sobre determinada gente un efecto paralizador. Quienes caían bajo su influjo, comenzaban a poner en duda las intenciones del monarca, trataban de pescar en sus palabras la resonancia de “influencias” ajenas y se ponían a llevarle la contraria a su voluntad, sospechando que detrás de ella estaba la de Rasputin.
Es hora de decir la verdad sobre la supuesta influencia política del “monje Rasputin”… que además no era monje.
Publicado en LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/El-mito-del-mistico-Grigori-Rasputin-574153.note.aspx
Un presidente que abre el país a la economía mundial, se alinea con Washington, ataca a las dictaduras comunistas latinoamericanas y de cualquier lugar del mundo, refuta las opiniones “woke” y se proclama cruzado del capitalismo y de la hegemonía occidental constituye el blanco ideal para la izquierda progresista. No sólo porque eligiéndolo como enemigo legitima su propia existencia, sino también porque la mantiene vigente ideológicamente, algo casi milagroso después de la caída del Muro.
En ese marco el campeonato mundial de fútbol fue usado por el “wokismo” como escenario para reafirmarse y alimentar la guerra que despliega contra el resurgimiento de la derecha en América y Europa. El blanco elegido fue la Argentina porque su actual presidente se ha posicionado como un ícono internacional del ultraliberalismo hostigando continuamente al socialismo. La presencia de la selección argentina en la final contra un equipo europeo sirvió de excusa para una batalla más dura que la deportiva.
El enfrentamiento era político y tuvo consecuencias políticas, pero no las que esperaban quienes acusaron a todos los argentinos de racistas. Terminaron ayudando involuntariamente a acallar las críticas contra Milei, que personificaba por razones obvias la dignidad nacional agredida. La oposición interna cayó en la incómoda situación de quedar del lado de los agresores si cuestionaba al Presidente. Más aún, con la irrupción de la cuestión Malvinas en el enfrentamiento, los “gauchorriveristas” del PJ y del nacionalismo rancio no tuvieron otra opción que cerrar la boca.
En suma, la ofensiva “wokista” del “star system” de Hollywood o del periodismo europeo y americano era contra Milei, pero golpeó al país. Además, sus detractores no cometieron solo ese error, sino otro más incompresible: eligieron el racismo como arma de ataque después de haberlo practicado durante siglos. En realidad, lo hicieron para castigar a un país periférico que desafía a sus élites culturales, por ponerles algún nombre.
La supremacía que se ha autoatribuido histórica e injustificadamente el Primer Mundo hoy pretende ser moral, pero antes fue biológica. El ejemplo más claro fue el nazismo y sus veleidades arias, pero no el único. Para justificar la explotación colonial británica, Kipling hablaba de la “white man burden”, la carga o responsabilidad civilizadora del hombre blanco.
La controversia tampoco es nueva. Cuando en un editorial “The Washington Post” cuestionó que el equipo argentino no tenía jugadores negros no se trató de simple desconocimiento. Constituyó una impugnación moral. Supuso que la Argentina debía ordenarse social, deportiva y hasta políticamente con criterios raciales. Lo dicen los que practicaban un esclavismo inmisericorde, colgaban a los negros de los árboles y necesitaron una guerra civil atroz para dejar atrás semejante barbarie.
La realidad argentina es muy distinta. No hay “cuotas” raciales para lograr una sociedad más integrada. Existen los prejuicios, la discriminación y las desigualdades de distinto tipo. Hay grupos diversos por nivel económico, origen familiar y educación. Lo que no hay es una sociedad divida en razas en guerra. No hay cuotas porque el proceso argentino de inmigración fue más integrador que el norteamericano; ni qué decir del que tienen ahora los europeos con los africanos empobrecidos que les llegan de a miles.
Igualmente integrador es el fútbol en las competencias internacionales. La política divide, pero el equipo argentino (formado en su casi totalidad por jugadores que viven en Europa) tiene al 99% de la sociedad unida: peronistas, radicales, libertarios, etcétera. Hay jugadores de distintos colores y procedencias y se los selecciona por mérito no por la piel o por otra consideración extradeportiva.
En síntesis, el problema no es ni fue nunca el racismo, sino la política. Argentina llegó a la final con una hinchada y un equipo deportivamente desafiantes. Con un Gobierno también políticamente desafiante.
Eso produjo un intento de asimilar ambos factores por parte de los voceros del progresismo. Los que detestan al Presidente porque es aliado de Netanyahu y de Donald Trump pretendieron mezclar absurdamente a Messi en esa confrontación porque es la contrafigura de un transgresor. Se equivocaron.
Uno de los que se dio cuenta del favor que le estaban haciendo a Milei fue el actor Javier Bardem que después de criticar a los argentinos puso marcha atrás. Intentó aclarar dichos que habían generado fuerte rechazo por considerarlos una descalificación al país. "Nunca dije que la Argentina fuera un país xenófobo o racista", declaró, asegurando que sus palabras anteriores habían sido dirigidas contra Milei, no contra los argentinos. Pero ya era tarde.
Publicado en LA PRENSA.