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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

jueves, marzo 19, 2026

Homenaje a Saúl Huenchul: un monumento para el payador que marcó el camino en la Patagonia.

 

Saúl Huenchul, el gran payador de la Patagonia. Foto Jorge Tanos.

Homenaje a Saúl Huenchul: un monumento para el payador que marcó el camino en la Patagonia.

Cientos de vecinos y artistas participaron del emotivo reconocimiento al cantor pampeano. La historia detrás del monumento, su vida sin escuela y el legado de una voz que llevó la cultura criolla a todo el país.

En una jornada cargada de emoción y tradición, la localidad de La Adela, en el departamento Caleu Caleu de La Pampa, rindió un merecido homenaje a Saúl Huenchul, el payador más convocante de la Patagonia argentina.

El sábado, cientos de vecinos, funcionarios municipales, artistas y admiradores se congregaron a la vera de la Ruta 22 para presenciar el descubrimiento de un monumento en su honor, obra del escultor Aldo Beroisa, ubicado en el acceso a La Adela, el pueblo que lo vio nacer y crecer como artista.

Homenaje al gran payador de la Patagonia.

La idea del monumento nació de una anécdota que el cantor y payador Adrián Maggi guardó durante años en su memoria. Durante el acto, Maggi relató con emoción cómo surgió la iniciativa que culminó con este histórico reconocimiento. “Hace muchos años, Saúl tuvo un accidente en Lincoln. Me llaman para reemplazarlo: era al otro día la actuación. Pero primero voy a pasar por el hospital a saludarlo”, comenzó diciendo ante el público.

En aquel entonces, Maggi subió una foto del encuentro a las redes sociales, lo que generó una ola de llamados de radios de toda la región preguntando por el estado de salud del artista. “Una radio de La Adela me dice: ‘¿Cómo está Saúl?’. Y ahí el periodista me dice: ‘Habría que hacerle un monumento’. Y le digo: ‘¿Qué están esperando? Es un hombre grande, es momento de hacérselo ahora’”, recordó, al destacar que aquella conversación quedó grabada en su mente como una asignatura pendiente.

Pasaron los años y la idea siguió dando vueltas en la cabeza del payador. Las conversaciones con amigos como Marcelo Mecina y Héctor Córdoba fueron tomando forma hasta que, en noviembre pasado, Maggi se reunió con el intendente de La Adela para proponerle el proyecto.

“Hablo con Martín Calí, mi amigo. Armamos la reunión con el intendente Federico Moro. Charlamos, tomamos un café y me dice: ‘Sí, yo acompaño’”, narró entre aplausos.

Saúl Huenchul y una vida de película en la Patagonia.

Saúl Huenchul nació el 3 de noviembre de 1947 en la zona rural del departamento Caleu Caleu, en la provincia de La Pampa, hijo de Ponciano Huenchul e Isabel Gatica. Su infancia estuvo marcada por el trabajo duro del campo pampeano: su padre lo envió a trabajar a los apenas 9 años a un puesto del sur provincial, donde aprendió el oficio de peón rural entre caballos, lazos y boleadoras.

Vecinos, artistas y autoridades se congregaron a la vera de la Ruta 22 para participar del reconocimiento al payador pampeano. Foto Jorge Tanos.

Fue en ese entorno agreste donde forjó su identidad de gaucho y trovador, cultivando la cultura del mestizo gaucho en la lucha diaria por la subsistencia.

Lo que hace aún más extraordinaria su trayectoria es que Huenchul nunca pudo ir a la escuela. Sin embargo, su sed de conocimiento lo llevó a aprender por sí mismo a leer, escribir y tocar la guitarra, instrumento que se convertiría en su compañero de vida y en la voz de miles de historias de la Patagonia.

En una publicación del diario RÍO NEGRO, que le dedicó un extenso reportaje en 2019, se destacó que Huenchul “le puso letra y música a la vida en el campo, esa que conocía tan bien sin que nadie se la contara”.

Con más de 50 discos grabados a lo largo de su carrera, Huenchul se convirtió en el artista criollo y payador que más discos vendió en Argentina, un logro notable considerando que, como señaló Maggi durante el homenaje: “Vivir del arte es más difícil que vivir del fútbol. En el fútbol hay 28 equipos en primera con 11 titulares que viven muy bien”.

La escultura de Aldo Beroisa retrata a Huenchul en su faceta de payador, símbolo de la cultura criolla patagónica. Foto Jorge Tanos.

Y agregó: “Del arte payadoril y del canto criollo seremos contados con los dedos de una mano los que podemos vivir de esto. Y don Saúl es uno de ellos, porque él marcó el camino”.

El sábado, cuando comenzaba a caer la noche, el acceso a La Adela se convirtió en el escenario de un momento histórico. El monumento, obra del reconocido escultor Aldo Beroisa, fue descubierto ante un público que no quiso perderse este reconocimiento sin precedentes a uno de los hijos más ilustres de la región. La escultura representa a Huenchul en su faceta de payador, eternizando su figura para las generaciones futuras.

La jornada continuó más tarde en el C.E.C.L.A. (Centro de Encuentros Culturales de La Adela) con un encuentro de payadores que contó con la participación de destacadas figuras del género. Junto a Saúl Huenchul compartieron escenario Pablo “Solo” Díaz, Marcelo Messina, Maximiliano Salas y Camilo Estigarraga, mientras que los cantores Germán Montes y el propio Adrián Maggi completaron el cartel.

Las emocionadas palabras de Saúl Huenchul.

Durante el homenaje sobre la ruta 22, visiblemente conmovido, Saúl Huenchul tomó la palabra para agradecer el gesto de sus compañeros y amigos. Con la humildad que lo caracteriza, comenzó diciendo: “Yo no tengo mucho para decir, porque todos lo han dicho los compañeros. Simplemente mi gran agradecimiento a este grupito de amigos que anda por ahí: Martín Calí, don Héctor Córdoba, que también tiene muchísimo que ver. Cuando levantó la voz Marcelo Mecina, Héctor Córdoba levantó la de él por acá. Y después llegó Adrián. Y entre todos habrán conformado esto, que realmente me contenta mucho el corazón”.

Huenchul también agradeció a los compañeros que viajaron desde distintos puntos de la región para acompañarlo y mencionó especialmente a “Soco”, a quien definió como “uno de los compañeros que yo admiro siempre”.

Pero fue al final cuando demostró por qué es considerado un maestro de la improvisación. Como broche de oro, cerró su discurso con un verso improvisado que resume su arte y su agradecimiento:

“Voy a despedirme en rima,
y al Gaucho Adrián le agradezco este arte payadoresco,
tiene bajo y tiene cima,
y aunque no suena la prima, algo les quiero decir:
la vida es ir y venir,
y en un momento preciso como este es un compromiso,
gracias, gracias que les quiero decir”.

Un legado que trasciende generaciones: Saúl Huenchul.

Adrián Maggi cerró su alocución con una reflexión que resume el sentido profundo del homenaje: “¿Por qué el homenaje? Porque es un ejemplo para la generación que está atrás de él. Hay que respetar y honrar a la generación que nos precedió”.

También destacó que no hay que esperar para reconocer a los grandes maestros: “Estamos esperando para homenajear a los abuelos”.

El payador subrayó la importancia de figuras como Huenchul como embajadores culturales de sus pueblos: “Muchas veces el pueblo es conocido por el artista. Es un embajador, más allá de ser la voz de la Patagonia”.

El monumento a Saúl Huenchul no solo representa un reconocimiento a su trayectoria artística, sino también un testimonio perdurable de que la cultura del payador sigue viva en la Patagonia. “Él marcó el camino. Es uno de los abuelos que marcó el camino. Nos dijo: ‘Es por acá’. Y nosotros tenemos que honrarlos, seguir ese camino”, resumió Maggi.

Al finalizar la jornada, el público despidió a Saúl Huenchul con una ovación de pie y el grito unísono de “¡Gracias, Saúl!”. El payador, con su sombrero calado, sonrió como quien sabe que la vida es ir y venir, pero que algunos momentos —como este homenaje en su tierra— quedan grabados para siempre en el corazón de la Patagonia.




Fotos Jorge Tanos.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/homenaje-a-saul-huenchul-un-monumento-para-el-payador-que-marco-el-camino-en-la-patagonia/

MOMENTO MUSICAL.

LA YAPA.
Alfredo Contizanetti de Villa Regina quién desde hace años cultiva el folclóre argentino.
Foto en el monumento a Saúl Huenchul.

lunes, marzo 16, 2026

Alcides Biagetti, artista de Patagones para el mundo. “Salía a pintar a la calle, que fue su taller”.



Alcides Biagetti, artista de Patagones para el mundo. “Salía a pintar a la calle, que fue su taller”.

Alcides Biagetti nació en Carmen de Patagones el 28 de mayo de 1912. Su madre fue Emma Rostagno (1890-1938), hija de inmigrantes italianos, y su padre fue Luis Biagetti (1876-1964), italiano, quien llegó a La Argentina en 1900. Se radicó en Patagones, donde ejerció el oficio de carpintero y conoció a Emma, con quien contrajo matrimonio seis años después.

Alcides tuvo tres hermanos: Héctor (1907-1981), Atilio (1909-1987), ambos carpinteros; y Luis (1921-1972), mecánico.

El 2 de septiembre de 1942 se casó con Beatriz Manfredi, de Patagones. Tuvieron un hijo, Alcides Mario Biagetti, nacido el 16 de noviembre de 1944, quien actualmente reside en la ciudad de Viedma.

Trabajó desde la adolescencia como pintor de casas y “letrista”, pintando carteles y vidrieras en los comercios del lugar. Estos fueron los oficios que desempeñó hasta sus últimos días, los cuales le proporcionaron su subsistencia y la de su familia.

Su vocación artística comenzó a manifestarse desde temprana edad. En una entrevista que dio a la revista Mundo Argentino, en 1952, con motivo de su primera exposición en la Galería Argentina de Buenos Aires, dijo: “Deben saber ustedes que desde muy niño me sedujeron los colores y las formas”.

Nelly Coccé, una allegada suya, cuenta que “no tuvo escuela, ni sé de nadie que se haya acercado a él con mayores conocimientos como para orientarlo.” Norma Walter, otra allegada del pintor, recuerda que “él repetía y repetía que no había aprendido pintura, que haciendo cuadros y mezclando colores era como había aprendido, que era un autodidacto”. Y su hijo, confirma estas apreciaciones al relatar que su padre “no tuvo maestros; comenzó pintando y siguió avanzando solo en la pintura; luego habrá ido conversando, conociendo gente y otras cosas fuera de Patagones, como cuando estuvo en Buenos Aires”.

En Patagones no había escuela de arte. En la revista citada, él mismo confesó: “Como sucede a menudo, mi precaria situación económica jamás me permitió darme el lujo de asistir a ningún instituto de arte. De manera que, a fuerza de observación, amor y voluntad, pude, poco a poco, informándome, lograr una discreta cultura pictórica”.

Este detalle, referido a que su base fuera “la observación”, se reafirma con una anécdota -contada por Nelly Coccé- de una importante historiadora maragata, Juana Emma Nozzi. Una vez, Emma le llevó un libro sobre perspectiva y le dijo: “Alcides, le traigo este libro. Por ahí encuentra algo útil. Es para usted”. A los pocos días Alcides se lo devolvió diciéndole: “no… no me pongan a leer a mí.” Sobre este aspecto, Nelly describe a Alcides como alguien “completamente libre, autodidacto; incluso se negaba a leer nada… yo creo que era mejor”.

Evidentemente, la representación del paisaje se basó en la experiencia, y en ésta su condición de autodidacto. Por otro lado, sabemos por su hijo que no tenía biblioteca.

En la entrevista señalada, el pintor agregó: “A pesar de todo mi empeño, es poco lo que he podido aprender, pues en un medio tan pequeño como mi pueblo, donde no es posible ver cuadros, si no es en una que otra exposición que de tanto en tanto llega, la formación artística que pude alcanzar es muy pequeña”. Su formación en pintura, condicionada por las carencias del medio, fue el resultado de su experiencia e intuición. Su interés en el aprendizaje se expresó en la inquietud por conocer obra de otros pintores. Con motivo de su primera muestra en la Galería Argentina de Buenos Aires, con la humildad que lo caracterizaba, Alcides reveló a la revista Mundo Argentino: “Esto que les voy a contar deja de ser una anécdota para convertirse en un fogonazo en mi vida (…) Hace cosa de un año era tal mi deseo de venir a Buenos Aires para conocer pintura que no vacilé en contratarme en casa de un amigo residente en la capital para pintar su casa y, de este modo, financiar mi viaje y estada. Trabajé durante un mes todos los días, quedándome libres las horas del atardecer para saciar esa ansia mía de conocer pintura. Es así como pude ver algo de lo mucho que en materia pictórica posee esta maravillosa capital argentina”.

El lugar que frecuentó para pintar, como temática de su obra, fue la zona del Casco Antiguo de Patagones. Su hijo menciona que “salía a pintar a la calle; su taller era la calle”. Norma Walter recuerda que “él tomaba sus pinceles, el atril, un pedazo de cartón o la tela que tenía -porque no podía comprar otra cosa- y salía a pintar al aire libre y ahí imaginaba sus cuadros. Prácticamente él en su casa no pintaba nada. Tal vez terminaba de hacer lo que había hecho.

Salía con el banquito plegable, el atril y se ponía a pintar”. Edgardo Melluso, que solía observarlo, nos detalla que “él pintaba en la calle, todo era en el lugar. Salía en su bicicleta con el atril y su valijita con las pinturas. Y quizá llevaba algo en la memoria para darle luego en su casa algún toque final. Porque afuera hacía todos los rasgos”.

Alcides también trabajó con otros medios expresivos, como el dibujo y la acuarela, en la realización de caricaturas y retratos caricaturescos. En sus comienzos también realizó murales, que aún se conservan, en el interior de algunas casas de Patagones.

Una nota publicada en el diario Río Negro así lo describe:

Por entonces pianista informal y vocacional de un cuarteto típico formado en Patagones -Los Maragatos- y pintor de ‘brocha gorda’ como se autodenominaba. (…) Pudo llamarse, respetuosamente: bohemio empedernido. Alternaba aquella simple ocupación de pintor de obras con retratos caricaturescos realizados expresamente para los salones de baile y corsos, en la época de los carnavales, a los que agregaba hilarantes textos emanados de su humor e inspirados en la idiosincrasia de su pueblo al que tanto conocía. Fino humorista de una vena plena, rebosante de filosofía de calle y barrio, comenzaba por entonces el vuelo de su inigualable genio de fino y calificado pintor artístico.

En efecto, Biagetti también fue músico, tocaba el piano “de oído”.

Un conocido músico de Patagones, Miguel Sitanor, relata que “era un músico de muy buen gusto; no era un músico de esos profesionales que conocen el arte del ‘dos por cuatro’, la teoría, el solfeo… no; era un pianista excelso en el gusto. Esos hombres que, como decimos los músicos, tocan ‘de oreja’. Y cuando tenía la oportunidad de levantar la tapa de un piano, dejaba en la gente -que tenía la suerte de poder escucharlo- su gusto y su forma de tocar. Su estilo se caracterizaba por imitar a Carlos Disarli, ése era el gusto de él. Con un marcado compás en los bajos. Y su fuerte era el tango ‘La gran muñeca’.”

Francisco Ferría, un amigo suyo de la adolescencia, rememora que en 1930 con Biagetti tenían un quinteto: “éramos los hermanos La Pérgola -Tono tocaba la guitarra y José, que aún vive, el violín-; un amigo, Rial, tocaba la guitarra; Biagetti, el armonio; y yo, el bandoneón. (…) Nosotros teníamos la orquestita para ir a tocar a casas de familia. Entonces, había una fiesta e íbamos a tocar. (…)

Todos los carnavales hacíamos una murga. Biagetti nos pintaba a los del grupo -no había antifaz- y subíamos a un camión. (…) Entonces íbamos tocando arriba del coche y alrededor del palco”; y señala: “Biagetti tendría hoy noventa y tres años. Era dos años mayor que yo, que nací en 1914”.

En cuanto a su personalidad, la mayoría de la gente rescata su condición humana; su humildad y sencillez. Nelly Coccé se refiere a él como un ser “muy tranquilo, ésa era su personalidad, muy humilde… demasiado.” Esther Caminos menciona: “muchas veces lo vi pintando en la calle, pero nunca me animé a conversar con él. (…) En Biagetti veía la tranquilidad. Su forma de andar era pacífica y denotaba paz interior.” Edgardo Melluso nos ejemplifica sobre algunos aspectos de su personalidad:

Tenía mucho humor aun cuando estaba enfermo. No era de venirse abajo anímicamente. Siempre estaba con buen humor y era muy bien visto en todos lados. Sobre todo era una persona humilde. Un hombre que no tenía nada pero a la vez tenía mucho: el cariño de la gente. No tenía nada económicamente pero tenía mucho más que otros. (…)

Aunque era mayor que yo, lo trataba de ‘vos’ -eso que en aquella época no se usaba- y era un ‘vos’ con respeto a la persona que era. Se merecía ese ‘vos’ cariñoso. Era muy gaucho y fue una persona muy especial para la gente de Patagones. Comencé a tratarlo a los quince años. En casa ha hecho muchos trabajos de pintura. Papá lo llamaba porque era una persona de mucha confianza. Con los cuadros no me daba bolilla porque éramos amigos. Yo le decía: ‘Alcides, pintame un cuadro.’ Y él me contestaba: ‘no Peti. ¿Vos creés que cualquier día puedo pintar un cuadro?.’ Y así fue que nunca me lo pintó; y recién pude llegar a tener uno gracias a una rifa que organizó el Club Emilio Mitre, cuando Biagetti estuvo enfermo, en 1970. Y Dios quiso que pueda tener un cuadro de él de esa forma.

Y Carlos San Juan lo define como “un bohemio, el prototipo del bohemio. No le daba importancia a las cosas que no la tienen. Generalmente, uno en la vida le da valor a cosas banales. Él no le daba importancia a esas cosas, como el bienestar económico; él cultivaba más la amistad, y desde ya, su arte. Como te dije: era un elegido. Del que yo me enorgullezco de haber tenido esa relación de amistad con él.”

En 1934, con veintidós años de edad, participó junto a otros artistas plásticos de Viedma y Patagones de la Primera Muestra de Pintura de Aficionados Locales, organizada por el periódico local La Nueva Era, siendo elogiado por el público.

El periódico, a propósito de su pintura, escribió: “la obra de Alcides Biagetti expuesta en la primera muestra tuvo la virtud de ofrecer una demostración de la labor de uno de los valores más representativos y conocidos de Patagones. La reproducción que corre bajo el título de ‘Visión Macabra’ es una de las notas de mayor relieve. En presencia de este trabajo se llega a la convicción de que este aficionado tiene también un inmenso porvenir artístico.” Tres meses antes la organización de esta exposición ya trascendía en la ciudad de Bahía Blanca, por entonces un importante referente para el campo cultural local; el periódico La Nueva Era reprodujo la opinión del periódico bahiense La Nueva Provincia: “En la ciudad de Carmen de Patagones se está organizando una exposición de arte pictórico, lo que indica que en la lejana ciudad sureña se está gestando un movimiento hacia la formación de un núcleo de artistas plásticos, a semejanza de lo que se hizo en nuestra ciudad”.

Es entonces, a principios de la década del ´30, cuando en Patagones comenzó a gestarse un movimiento cultural. Ernesto Garrafa recuerda que los pintores “eran pintores solitarios; no es que tenían un lugar de encuentro. (…) Todos pintaban paredes, se dedicaban a eso. Biagetti se dedicaba a hacer letreros, era el medio de vida que tenía; y a la vez hacía esos cuadros que después empezaron a comprar.”

En 1936, junto a algunos pintores locales conformó la Agrupación de Artistas Plásticos Fernando Fader. En aquellos momentos, de debate y tensión entre la vanguardia y la tradición, Fader era un artista consagrado dentro de esta tendencia. El hecho de haber elegido a este referente nos indica la inclinación de los pintores locales por la temática del paisaje nacional, local y rural.

Aunque esta agrupación permaneció activa casi dos años, es importante señalar la iniciativa por parte de los pintores de generar un núcleo de reunión y proyectar actividades en un campo institucionalmente vacío en ese entonces; por ejemplo, la creación de una biblioteca de arte y la organización del Primer Salón Anual de Arte en la ciudad. Estas iniciativas contaron con el apoyo de la Municipalidad de Patagones. Para el campo artístico local, la creación del salón, además de significar un espacio de visibilidad de la actividad artística, también significaba un espacio de legitimidad institucional.

Entre 1948 y 1965 participó regularmente en varios salones regionales de Bahía Blanca, en los que fue destacado en varias oportunidades con distintos premios.

Un dato para destacar es que en 1952 realizó en Buenos Aires su primera exposición en la Galería Argentina. En una entrevista otorgada a la revista Mundo Argentino, con respecto a los pintores que atrajeron su atención, Alcides expresó: “de lo poco que he podido ver les diré que Gastón Jarry me parece simplemente maravilloso; los payasos de Enrique de Larrañaga me seducen, lo mismo que Fader, Bernaldo de Quirós y Quinquela Martín; los paisajes de Ditaranto me conmueven y la pintura nueva y joven me hace pensar.” En ese momento, en que la abstracción era el centro de atención, Biagetti tomaba como referentes a estos artistas, ya consagrados y vigentes dentro de la temática tradicionalista; que, además, representaban el gusto predominante de los maragatos.

Expuso en la Galería Argentina de Buenos Aires en 1952, en 1964 y en 1967, lo cual constituyó un hito importante dentro de su carrera artística. Esto influyó para que en los últimos años del pintor, la gente sintiera interés en adquirir muchos de sus cuadros. Norma Walter testimonia que “cuando él expone en Buenos Aires, los pintores que van a ver su obra eran todos famosos y conocidos y lo ven tan humilde, porque realmente era humildísimo.

Él decía: ‘yo no sé cómo me pagan por lo que pinto, si no vale nada’. Entonces nosotros le decíamos: ‘no; vale mucho’.” Al respecto, su hijo reflexiona que su padre “vendió cuadros recién en los últimos años de su vida, pero siempre se rompió el lomo blanqueando paredes, haciendo letreros.” Esta condición lo llevó a depender de sus oficios, trabajando como pintor de casas y letrista hasta sus últimos días.

En los años ’60, una década más tarde, Biagetti continuó fiel a su preferencia por la representación del paisaje: “me inclino por los paisajes lugareños, sin desechar las naturalezas muertas y bodegones.” Incluso, ante la pregunta sobre qué opinión tenía sobre la pintura moderna, él -muy modesta y sinceramente- declaró: “no me atrevo a emitir un juicio categórico, ya que es algo que no entiendo… ni creo entenderé nunca”.

En un libro publicado recientemente, Perfiles y Postales, de Carlos Espinosa, el autor lo ha llegado a comparar con Quinquela: “Alcides Biagetti fue para Carmen de Patagones como Benito Quinquela Martín para la Boca del Riachuelo, allá en Buenos Aires, con la diferencia (de) que en sus cuadros nunca aparecen seres humanos, sólo casas y calles desiertas.” Se cree, además, que llegó a tener un encuentro personal con el pintor Quinquela Martín, a quién admiraba. Al respecto, en una entrevista con su hijo, él afirma que “en uno de sus viajes a Buenos Aires fue a verlo.”

Alcides Biagetti murió en Carmen de Patagones el 24 de octubre de 1971.

FRAGMENTO:

SONIA PEZZANO RICKERT. TESIS “ALCIDES BIAGETTI: EL PINTOR DE LOS GRISES DE PATAGONES”, 2006.

CITAS:

Malisa Moretti Canedo, “Muestran a un pintor de porvenir las obras de Alcides Biagetti”, Mundo Argentino, 17/12/1952.

Nelly Coccé. Entrevista realizada por la autora. Viuda de Guillermo Rica. Ambos allegados del pintor.

Alcides Mario Biagetti (hijo de Alcides Biagetti). Entrevista realizada por la autora.

Juana Emma Nozzi estuvo durante muchos años a cargo de la dirección del entonces Museo Histórico Regional Francisco de Viedma (hoy llamado Museo Histórico Regional Emma Nozzi). Fue una admiradora de la obra de Biagetti, lo motivó y apoyó en su carrera y, además, mantuvieron una amistad. En el resto del texto aparece como “Emma”, puesto que así se la conoce en Patagones.

Edgardo Melluso. Entrevista realizada por la autora. Allegado del pintor.

José León Martínez, “La Mesa de la vidriera”, Noticias de la Costa, 04/05/1997.

Miguel Sitanor. Testimonio transcripto del video citado en Archivos Consultados. Músico maragato, creador del “Cuarteto Típico Los Ases”. Biagetti lo acompañó en el piano a en 1951. Hoy es el “Cuarteto Típico Amanecer”.

Ester Caminos. Entrevista realizada por la autora. Nuera de Julio Gironde, allegado del pintor.

Carlos San Juan. Entrevista realizada por la autora. Allegado del pintor.

S/a, “Se inauguró el domingo la Primera muestra de pintura organizada por La Nueva Era”, La Nueva Era, 24/03/1934.

S/a, “La exposición de artistas locales”, La Nueva Era, 16/12/1933.

Ernesto Garrafa. Entrevista realizada por la autora. Allegado al pintor.

Tomado de: S/a, “Ha recibido importantes adhesiones y ofrecimientos la Agrupación Fernando Fader”, La Nueva Era, 18/09/1937.

Basado en: S/a, “El Primer Salón Anual de Arte”, La Nueva Era, 11/07/1936.

Esta galería funcionó en la calle Paraguay 1312, de Bs. As. En ese momento su director era Luis Martín Castellanos.

Vila, “Reportajes y comentarios a Alcides Biagetti”, 1963. Archivo de Alcides Luis Biagetti.

Carlos Espinosa, Perfiles y Postales. Crónicas de la historia chica de Viedma y Carmen de Patagones, 1° ed., C. de Patagones, ed. del autor con auspicio de la Municipalidad, 2005.

Jorge Bustos. Entrevista realizada por la autora. Historiador. Desde 1997 es el director del Museo Histórico Regional Emma Nozzi.

Héctor Rey y otros, Historia del Valle Inferior del Río Negro, 1° ed., Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1987, p. 119.

Emma Nozzi, Carmen de Patagones y su historia, págs. 24 y 25.

Los primeros africanos llegaron a Patagones en condición de esclavos, durante el proceso de la colonización.

Basado en Graciela N. Suárez, Historia del Valle Inferior del Río Negro, p. 138.

Basado en Emma Nozzi, Carmen de Patagones y su historia, p. 12.

El 18 de abril de 1986, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Almendáriz, por decreto provincial nº 2141, declara al Casco Antiguo de Carmen de Patagones como “Centro Histórico Provincial y Polo de Desarrollo Turístico de la provincia de Buenos Aires”.

El río Negro -denominado “Currú Leuvú” por los aborígenes y “río de los Sauces” por los españoles- nace de la unión de sus afluentes, el río Limay y el Neuquén, y desemboca en el Océano Atlántico.

Roberto Arlt, “El pueblo de Patagones, vida portuaria en Patagones”, En el País del Viento, 1° ed., Buenos Aires, Ediciones Simurg, 1997.

El río Negro, además de ser un importante recurso para el desarrollo productivo de la población, por mucho tiempo fue una amenaza para sus pobladores, testigos de importantes inundaciones. A pocos días de fundarse el fuerte, debido a una gran crecida del río, hubo que trasladarlo a la rivera más alta, donde hoy está Carmen de Patagones. En Historia del Valle Inferior del Río Negro, los historiadores Héctor Rey y Jorge Bustos cuentan que hubo crecidas extraordinarias como las de 1829; 1845-1847, la gran inundación de 1899, la de 1922, 1928. La sucedida en 1899 dejó bajo el agua a Viedma y también a la calle General Roca, de Patagones, situada a metros del río. Desde la construcción de la represa El Chocón, se evitaron estas extraordinarias crecientes y los consecuentes desbordes del río.

Marchesi, Juan. Entrevista realizada por la autora. Artista Plástico.

Nicodemo Agostino. Testimonio transcripto del video citado en Archivos Consultados. Peluquero maragato, contemporáneo a Biagetti.

Alcides Mario Biagetti, ídem 13.

El puente ferrocarretero, inaugurado el 17 de diciembre de 1931, cruza el río Negro, une las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones y concede el cruce del tren de una provincia a la otra. Posee un tramo levadizo que permitió el ingreso de los barcos al puerto marítimo de Patagones durante su funcionamiento.

Jorge Bustos, ídem 39.

Pedro Biagetti. Entrevista realizada por la autora. Sobrino del pintor.

S/a, “Biagetti, dos pinceladas que pintan afecto”, Río Negro, 28/04/1996. .

Jorge Catellani. Entrevista realizada por la autora. Pintor paisajista. Aprendió a pintar con Alcides Biagetti.

Mario Pino. Entrevista realizada por la autora.

Juan Marchesi. Catálogo muestra / homenaje al pintor, 22/04/1990.

Mario Pino, “Biagetti, dos pinceladas que pintan afecto”, Río Negro, 24/04/1996.

Omar N. Livigni, “Aquella Paleta”, Diálogo, año II, N° 14, 1974.

Herberto Gironde. Entrevista realizada por la autora. Hijo de Julio Gironde, amigo del pintor. Con respecto a “La Carlota”, es un rancho colonial ubicado sobre una importante pendiente del Casco Antiguo.

María Elena Ayarra. Entrevista realizada por la autora. Ella hizo alrededor de cincuenta y cinco reproducciones fotográficas de su obra. Comenzó este registro en 1986. Según sus palabras, su intención fue hacerlo “lo más fiel posible a la obra” para lograr “una buena transmisión”. Varias familias de la comarca tienen una o más de estas reproducciones, colgadas en las paredes de sus casas y, en algunos casos, en espacios públicos (sus oficinas o estudios, etc.).

Ubicada sobre la calle Bynon, en una esquina frente al río.

Edgardo Catellani. Entrevista realizada por la autora.

Omar N. Livigni, “Homenaje al pintor de Patagones”, Clarín, 02/07/1976.

Difundido este lunes 14 de marzo de 2022 en Facebook

Raúl Díaz - 15 de marzo de 2022.
Publicado en Más Río Negro.
https://www.masrionegro.com/2022/03/15/alcides-biagetti-artista-de-patagones-para-el-mundo-salia-a-pintar-a-la-calle-que-fue-su-taller/

BIAGETTI, ALCIDES - Una Mirada hoy de las callecitas que Biagetti pintó.

 



"Algunas imagenes compartidas desde una labor del municipio de Carmen de Patagones: "Una Mirada hoy de las callecitas que Biagetti pintó".

Nació en Carmen de Patagones, Buenos Aires el 28 de mayo de 1912 y falleció en la misma ciudad en 1971. Dibujos y manchas fue amontonando en su juventud y despertó el interés de quienes veían la expresión de un sentir tradicionalista. Pintor autodidacta, las primeras exposiciones de sus obras las realizó en su pueblo natal y en Viedma, Río Negro. Expuso individualmente en la Galería Argentina de Buenos Aires en 1950 y 1951, y en el Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario en 1966. Obtuvo en 1949 el Premio Estímulo en el Salón Regional de Bahía Blanca, en 1950 la Plaqueta de Plata al Mejor Pintor Regional en el Salón Nacional de Pintura de Bahía Blanca, en 1951 el Primer Premio en la Exposición Regional de Bahía Blanca y el Primer Premio en el Salón Nacional de Pintura de Bahía Blanca en 1963. Manejó una paleta de unos pocos y esenciales colores, rica en grises, ocres y verdes aplacados con suaves tierras.

*** COMARCA PATAGONES - VIEDMA: UN VIAJE AL PASADO.


Alcides Biagetti nació en Carmen de Patagones el 28 de mayo de 1912. Su madre fue Emma Rostagno (1890-1938), hija de inmigrantes italianos, y su padre fue Luis Biagetti (1876-1964), italiano, quien llegó a La Argentina en 1900. Se radicó en Patagones, donde ejerció el oficio de carpintero y conoció a Emma, con quien contrajo matrimonio seis años después.

Su vocación artística comenzó a manifestarse desde temprana edad. Como en aquella época en Patagones no había escuela de arte, su aprendizaje y evolución en la representación del paisaje se basó en la experiencia.

El lugar que frecuentó para realizar sus obras fue el “Casco Antiguo” o “Poblado Histórico” de Carmen de Patagones y se inspiró en la arquitectura colonial y en la quietud de sus calles, fue un pintor autodidacta que se destacaba por su estilo tradicionalista y su uso de una paleta de colores esencial, con grises, ocres y verdes, lo que destacó su trabajo artístico a lo largo de los años.

Físicamente nos dejó en el año 1971, y a pesar del paso del tiempo, cuando recorremos el Poblado Histórico Nacional de Carmen de Patagones, su legado permanece inalterable, en el recuerdo de quienes lo conocieron y en cada pincelada que supo obsequiar a la comunidad toda.

Fuente de publicación: Municipalidad de Carmen de Patagones.


domingo, marzo 15, 2026

15 de marzo de 1951: fallece, en Viedma, Artémides Zatti.

 


"15 de marzo de 1951 - 2026: 75° aniversario de la muerte de san Artémides Zatti".
  • Datos en la imagen compartido desde revista La Galera.
  • Enfermedad y Muerte: Tras sufrir una caída en 1950, se le diagnosticó un cáncer que él mismo identificó, falleciendo el 15 de marzo de 1951, recordado con gran cariño por la comunidad.
  • Legado: Fue beatificado el 14 de abril de 2002 por Juan Pablo II y declarado santo el 9 de octubre de 2022. Es considerado patrono de los enfermeros y farmacéuticos.
  • Publicado en COMARCA PATAGONES - VIEDMA :UN VIAJE AL PASADO.
  • Don Zatti en la memoria colectiva, como un ejemplo de fe y solidaridad
    Por Carlos Espinosa
    Se cumplen 75 años de la muerte de Artémides Zatti, sencillamente Don Zatti (aunque a él no le gustaba eso de “don”), el “pariente de todos los pobres”; el enfermero santo cuya veneración en los altares fue oficializada, primero por el Papa Juan Pablo Segundo en abril de 2002 -al consagrarlo beato- y después por nuestro Papa argentino, Francisco, en octubre de 2022.
    La figura de Don Zatti está presente en Viedma a través de su nombre, que identifica al hospital público que es cabecera sanitaria de toda la región del este provincial; un populoso barrio que fue el primero construido a través de operatoria Fonavi; una importante avenida de intensa vida comercial; y un colegio perteneciente a la orden salesiana de Don Bosco.
    ¿Quién fue Zatti?
    Don Zatti vivió 71 años, de los cuales 49 transcurrió en Viedma dedicado a la acción cristiana como Coadjutor Salesiano y Enfermero del Hospital San José.
    Artémides Joaquín Desiderio Zatti nació el 12 de octubre de 1880 en el pueblo de Boretto, Italia, en la región de la Reggia Emilia; llegó a la Argentina en febrero de 1897 junto con sus padres y hermanos.
    Entre 1897 y 1900 vivió en Bahía Blanca, donde se despertó la vocación sacerdotal que lo hace partir, ya con 20 años, hacia la ciudad bonaerense de Bernal para iniciar su aspirantado en la orden de San Francisco de Sales.
    En 1902 Zatti cuidó en su lecho de muerte al padre salesiano Ernesto Giuliani y contrajo tuberculosis. Sus superiores lo separaron del claustro y decidieron enviarlo a Junín de los Andes “para cambiarlo de aire”.
    Cuando llegó a Bahía Blanca estaba tan enfermo y exhausto que el padre Carlos Cavali, amigo de la familia, opinó que era más seguro destinarlo a Viedma. El 3 de marzo de 1902 Don Zatti llegó aquí. De de inmediato fue amparado por el padre Evasio Garrone, ”el padre dotor” (según el apelativo de la gente) que lo internó en el Hospital “San José”, ubicado en la esquina de Alvaro Barros e Yrigoyen (donde hoy se levanta el edificio del Obispado).
    Don Zatti inició el difícil proceso de su curación y le fue confíado el acompañamiento y atención de otro joven aspirante salesiano, también enfermo de tisis: Ceferino Namuncurá.
    Ceferino partirá hacia Italia, con Monseñor Juan Cagliero, en el año 1904, y allá habrá de encontrar su muerte.
    Impulsado por Garrone, DON ZATTI hizo una solemne promesa ante la Virgen María Auxiliadora: si se sanaba se consagraría como Coadjutor Salesiano para dedicar toda su vida a atender los enfermos del hospital “San José”.
    En 1911 falleció el padre Garrone, y desde ese momento, hasta su propia muerte en marzo de 1951, Zatti estuvo al frente del hospital salesiano de Viedma.
    Se cuentan por centenas las anécdotas maravillosas que describen su enorme humildad, su vocación de servicio hacia los más necesitados y, sobre todo, su profunda espiritualidad de firme convicción cristiana.
    Cuando murió Don ZattiI, en la madrugada del 15 de marzo de 1951, ya estaba consagrado en el corazón de la comunidad viedmense como “el pariente de todos los pobres”.
    En 1975 se le impuso su nombre al hospital regional público de Viedma. En 1979 los obispos argentinos, en respuesta al pedido del pueblo de Viedma y Patagones, pidieron formalmente al Sumo Pontífice que se iniciara el proceso de beatificación.
    En marzo de 1980 se declaró abierto el proceso y el 25 de octubre de 1996 “son aprobadas sus virtudes heroicas”, que lo reconocen como Siervo de Dios.
    El siete de julio de 1997 fue declarado Venerable y el 9 de marzo del 2000 la “Congregación de los Santos” reconoció oficialmente el milagro de la curación del padre Carlos Bosio, quien estando al borde de la muerte en 1980 –mientras era seminarista- se sanó prodigiosamente cuando sus maestros y condiscípulos realizaron “un novenario de oración a Don Zatti”. El 14 de abril de 2002, en Roma, el Papa Juan Pablo II beatificó a Don Zatti.
    En fecha más reciente, en una jornada memorable para los tiempos, el 9 de octubre de 2022 el Papa Francisco concretó en el Vaticano la canonización de Zatti, colmando de alegría a millones de personas que han encontrado Fe y Esperanza en la figura del Enfermero Santo de la Patagonia.
    En los recuerdos
    Hasta no hace muchos años el recuerdo de Zatti estaba vivo porque sus anécdotas de vida eran contadas por personas que lo habían conocido y tratado bien de cerca. Es el caso del maestro Juan Carlos Tassara (1915-2007), (ver foto)quien allá por el 2002 brindó el siguiente testimonio, para una publicación alusiva a la beatificación.
    “Yo compartí la vida de Zatti, la tarea, la dedicación, el entusiasmo, la fe cristiana de este hombre y como es lógico también aprecié los beneficios que le reportó al ambiente donde actuaba, el hospital San José” comenzó su relato; y aseguró que “tengo en mi memoria muchos ejemplos que ponen en evidencia que Zatti era un ser fuera de lo común”.
    “Hay tres virtudes de Zatti que quiero destacar : su santidad, su laboriosidad y su alegría. Estas tres características son el resumen de su vida. Sobresale su religiosidad, porque todo lo hacía por amor a Dios. Una vez desde el sur ( donde Tassara era maestro rural ) le mandé un enfermo y al mes me lo devolvió con una nota: ‘Carlitos, ahí te lo mando a Painenao sano de cuerpo y de alma’...” recordó.
    También contó que “su forma de trabajo era muy práctica y sus procedimientos directos. Un día, yo con 17 años, llegué al hospital con tres forúnculos enormes en el cuello que me hacían doler mucho. Le pregunté por el doctor Harosteguy que ya me había visto unos días antes, pero en ese momento no estaba, y entonces me pregunta: ‘Qué es lo que te pasa?’, le digo que iba por el problema del cuello, que no me dejaba usar camisa... me miró y dijo ‘Ah, bueno, vení acercate..’.Ví que tomaba un elemento como un clavo grueso, que lo puso al rojo en el fuego y me lo acerca. ‘Qué es eso Zatti?’ le pregunté, asustado y me contestó: ‘Esto es el termo cauterio... apoyá la cabeza en la camilla’ y allí nomás me clavó el aparato en los tres forúnculos. Yo grité de dolor y él, con total tranquilidad, me contestó: ‘más sufrió Cristo cuando estaba en la cruz y no decía nada, Carlitos’. Me hizo volver al día siguiente para ver cómo estaba la cosa y se me curaron los tres forúnculos, todavía tengo la marca en el cuello... así lo recuerdo siempre alegre, siempre trabajando”.
    Otra anécdota que recordó el maestro Tasara “una vez entró al quirófano y dejó la puerta mal cerrada. El médico le gritó ‘Zatti por Dios la puerta’, él la cerró y volvió riéndose. Entonces el médico le preguntó, enojado ‘¿y ahora por qué se ríe?’. Y Zattii contestó ‘porque al dejar la puerta abierta logré que se acordara de Dios, doctor”.
    Rememoró también que “hubo una época en que los salesianos no andaban bien con el gobierno y cada uno trataba de cascar al otro. Un preso de la comisaría se enfermó y se lo mandaron al hospital, a la noche el policía de guardia se durmió y el tipo se escapó. A la mañana siguiente Zatti fue detenido. ¿Se imaginan el espectáculo de Don Zatti paseándose por las calles de Viedma con dos policías al lado, de la comisaría al juzgado? Pero iba siempre sonriendo y saludando a la gente. Fue la banda de música de los Exploradores de Don Bosco a tocar a la puerta de la comisaría, para pedir que lo soltaran. Estuvo dos días, dijo siempre Zatti que fue la única vez en su vida que se tomó vacaciones”.
    “Cuando descubrimos el cuadro de Don Zatti en el hospital de Viedma, un médico dijo ‘hay un libro sobre Don Zatti que lo califica como el Pariente de Todos los Pobres... pero está mal, porque Zatti fue el Pariente de Todos’. Él iba a la casa de la puerta de roble y entraba, pero también iba al ranchito de barro, sin puerta, y entraba con el mismo cariño, con dedicación, con fe en Dios. Zatti no hacía distinciones y todos estos elementos se sumaron en el juicio...” subrayó finalmente.
    Su imagen a través de los artistas
    La iconografía de Zatti es variada y tiene en Viedma, en el sitio que él eligió para su vida y su muerte, tres expresiones importantes realizadas en distintos tiempos por diferentes artistas y con técnicas disímiles.
    El primer caso es el monumento en bronce inaugurado en mayo de 1956, hace casi 70 años, en la esquina de Lavalle (hoy José María Guido) y Rivadavia, que fue financiado por suscripción popular y se le encargo al calificado escultor Luis Perlotti (1890-1969). La obra tiene tres partes: el busto que muestra al enfermero con su beatífica sonrisa, sosteniendo un crucifijo en la mano izquierda y extendiendo la derecha en actitud de dar; acompañado por dos bajos relieves, que lo muestran en actitudes comunes de su vida, la atención de un paciente y la recorrida por un barrio, con su infaltable bicicleta.
    El segundo caso es una escultura en cemento armado, que se inauguró en abril de 2002, La obra, de dos metros de altura, representa a Zatti en un gesto de protección y solidaridad; está arrodillado sobre su pierna derecha y sostiene con sus brazos –al mismo tiempo apoyado sobre su muslo izquierdo- a un niño que descansa relajado y feliz, como aliviado de todo mal. Fue realizada por el arquitecto y artista plástico Alejandro Santana, por especial pedido del padre Lucio Sabatti, por entonces párroco de Don Bosco en esta capital. Cabe agregar que Santana es también el autor de las esculturas del gigantesco Vía Crucis de Junín de los Andes, en Neuquén.
    El tercer caso, del año 2008, es el vitral colocado en el atrio de la parroquia de Don Bosco, santuario de los venerados restos de Zatti, que fue creado y realizado por el plástico Victor Hugo Davis, como una donación a la comunidad de Viedma. En el vidrio se representa el rostro sonriente del beato y también aparece dos escenas de su vida.
    Nota de Carlos Espinosa, con material de la publicación de su autoría “Don Zatti estuvo entre nosotros”, Viedma, Perfiles Patagónicos, 2002.