—Yo a Guarany lo conocía pero nunca había tratado con él. Lo conocí en el exilio en México. Yo también fui a México porque tenía un amigo allá que me iba a dar cobijo y con la idea de volver cuanto antes. Unos días después se fueron para allá mi mujer y mis hijas que en ese momento eran chicas. Ahí nos conocimos. El exilio es atroz, una cosa muy angustiante y tratábamos de sobrellevarlo de la mejor manera. Horacio era un tipo muy afable, entretenido, solidario. Forjamos una amistad que duró unos pocos meses porque él después decidió irse a España. Ahí recibí una herencia, un día me dijo “mirá Beto yo tengo una cantidad enorme de discos”, porque la noticia de la amenaza cundió por el mundo entero y muchos intérpretes le mandaban sus discos con temas de él que sumaban como treinta o cuarenta Long Play… “Yo no puedo irme a España con esto, te los regalo, vos hacé lo que quieras…” fue un lindo regalo y los tuve durante bastante tiempo. Entre esos discos había uno de Camilo Sesto que cantaba espectacularmente “Si se calla el cantor”. Ahí lo perdí de vista a Horacio. Yo a los diez meses volví a Argentina. Nadie me daba la seguridad para poder volver, pero no aguanté más y volví. Horacio se había hecho hacer allá con un tanque de petróleo una parrilla. Fue a un herrero y se la hizo. Cuando la tuvo, la llevó a la terraza del edificio y la gente de ahí lo quería matar, hasta que él les dijo: “no, pero yo necesito comer asado por prescripción médica”.
¡Una cosa de locos!
—Cuando él volvió a Argentina me lo encontré un día en la
confitería Rex, que estaba pegada al Gran Rex, una confitería importante. Un
día apareció él por ahí y estuvimos charlando y dijo una cosa muy graciosa que
no me la olvido: “pero ¿cómo andás querido?” le pregunté yo… “Bien…puebleando…
sabés que voy a
cada pueblo, que no me creen que soy yo”. ¡Extraordinario!
Al igual que Horacio yo estaba prohibido en cine, teatro y televisión, durante
esos años de dictadura sólo trabajaba haciendo funciones de teatro
independiente. Menos mal que tuvimos gente que nos siguió apoyando. Ocho años
duró esta situación.
Vos sabés el orgullo que se puede sentir en el caso de
Horacio, mío o de otros, de haber sobrevivido a eso. En el ’84 la gente me
decía “que suerte que volvió” y yo decía “no volví, siempre estuve en el exilio
interno”.
Testimonio de Luis BRANDONI en el libro "Horacio
Guarany Toda una Vida".
Horacio Guarany Toda una Vida.
Momento musical.












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