UNA VOZ "MALDITA" QUE MUCHOS Y MUCHAS QUISIERAN QUE SE OLVIDE´.
UN ESPACIO DE OPINIÓN DESDE LA PATAGONIA ARGENTINA.
CONRADO VAROTTO: DEL CONOCIMIENTO A LA TECNOLOGÍA ARGENTINA.
Oculta en una inhóspita región del Sinaí, ”custodiaba"
un hallazgo revolucionario: el grafiti informal de unos trabajadores semitas
que simplificó los jeroglíficos y dio origen al abecedario que usamos hoy.

Una representación de la diosa Hathor, la "Dama de la Turquesa", y una de las decenas de estelas. Getty Images.
A principios del siglo XX, en un remoto lugar de la
península del Sinaí, la pareja de arqueólogos William y Hilda Petrie hizo un
descubrimiento fascinante. Sucedió en un sitio llamado Serabit el-Khadim, una
antigua región minera del suroeste del Sinaí, explotada desde la época
faraónica y asentada sobre una meseta rocosa.
En uno de sus puntos más elevados, dominando el paisaje circundante,
antaño se alzaba un templo en honor a la antigua deidad egipcia Hathor, la
diosa del cielo, las mujeres, la fertilidad y el amor, y patrona de muchos
minerales. Por esos lares la llamaban “Dama de la Turquesa”, pues esa era la
piedra semipreciosa que se extrajo de allí por milenios.
Para los antiguos egipcios, la turquesa era un ingrediente
importante para resucitar a los faraones a la vida eterna. Su vibrante tono
azul verdoso no solo decoraba las paredes de sus suntuosas tumbas, sino que
simbolizaba la alegría, la felicidad y la vida. No obstante, la tenían que ir a
buscar a esos territorios inhóspitos lejos del fértil Nilo, así que le rezaban
a Hathor para que los protegiera al embarcarse en la peligrosa tarea de
arrancársela a la roca del desierto.
En las ruinas del complejo del templo, los Petrie, como
otros exploradores antes que ellos, encontraron decenas de grandes lápidas de
piedra llamadas estelas, muchas cubiertas con jeroglíficos. Eso no los
sorprendió: para cuando fueron escritas, los egipcios llevaban utilizando esa
compleja escritura pictórica durante más de mil años.
En las ruinas del templo a la diosa Hathor, establecido en el siglo XX a.C., las estelas cuentan historias sobre quienes trabajaron en las minas de turquesa.
Las estelas, además de revelar por qué se había construido un templo en un lugar tan lejano, relataban toda clase de historias, como le contó a la BBC el egiptólogo Pierre Tallet. En una de ellas, por ejemplo, el autor empieza lamentando que lo hubieran enviado al Sinaí en verano, cuando hacía demasiado calor, pero al final el relato se torna alegre, pues cuenta que su expedición ha extraído más turquesa que todas las anteriores, y que todos regresarían sanos y salvos al valle del Nilo.
Otra estela muestra que no eran solamente egipcios los que
trabajaban en las minas. “En la parte inferior, aparece una persona montada
sobre un burro y otra lo está guiando”, señala Tallet. “Los egipcios nunca eran
representados montando en burro. Esa es una representación típica de alguien
del Negev, alguien que había venido de Oriente”, explica.
Incluso se sabe quién era esa persona, ya que había
participado en más de una expedición y aparece en otra estela. Los jeroglíficos
nos dan su nombre: “El hermano del príncipe de Retenu, Khebdeb, se une a la
expedición para ayudar a los egipcios”. Retenu era un nombre egipcio para la
tierra bíblica de Canaán.
Pero fue adentro de las minas donde los Petrie hicieron su
sorprendente descubrimiento. “Hilda pisó una piedra, la recogió y le dijo a
Petrie: ‘Aquí hay algo’”, le contó a la BBC la egiptóloga Orly Goldwasser. “En
esa piedra en la mina vieron la primera inscripción en algo muy extraño que
nadie había visto antes”, continuó. “Petrie la miró y dijo: ‘Esto no es
egipcio. Parecen jeroglíficos feos, pero hay muy pocos signos. Esto podría ser
un alfabeto’... ¡BUM!”.
Buey, casa, camello...
Hasta el día de hoy persiste una disputa sobre quiénes
inventaron la escritura: los babilonios, con la cuneiforme, o los egipcios, con
los jeroglíficos. Lo que nadie niega es que fue un salto conceptual brillante,
aquel de registrar lo que está en la mente de manera que pueda transportarse a
muchas otras mentes más.
Se llama el Principio de Rebus, la idea de que una imagen
puede representar más que el objeto mismo, lo que permite expresar hasta lo
intangible. Ese salto, además, lo dieron de forma independiente los chinos y
los mayas. Pero los Petrie se habían topado con algo que iba más allá.
Raspados sobre rocas, vasijas y objetos, encontraron
garabatos de una naturaleza inesperada pero extrañamente familiar. Parecía que
en ese período tan temprano, alrededor del 1700 a. C., los mineros y los
esclavos semitas habían comenzado a utilizar un nuevo sistema informal de
grafiti, brillantemente simple, infinitamente adaptable y perfectamente transportable.
Era el alfabeto.
Habían llegado a él usando lo que se llamaría principio de
la acrofonía, un método de escritura donde un símbolo pictográfico o ideográfico
de un objeto se usa para representar el sonido inicial de la palabra que nombra
ese objeto. La que se convirtió en la primera letra de la mayoría de los
alfabetos del mundo, por ejemplo, empezó como un buey, el animal de granja más
importante de la época en aquella región.
En el lenguaje canaanita, la palabra para buey era “aluf”,
“alf” o “alef”, así que si dibujaban la cabeza de un buey, al ver el dibujo, no
se leía como “alef”, sino que se quedaban solo con la “A”. Entonces, así como
cuando necesitaban el sonido “A” pintaban la cabeza de un buey, para la “B”
hacían una casa (que se decía “bait”) o para la “G”, un camello o “gamal”.
Parece obvio, pero, si te ponés a pensar, fue una hazaña
sofisticada. Tuvieron que analizar su idioma para separar todos los sonidos
principales y solo luego acordar un dibujo para representar cada sonido. Era un
concepto tan distinto que los egipcios, quienes llevaban la delantera con su
hermoso lenguaje escrito, ya habían hecho algo similar para deletrear nombres
extranjeros como Cleopatra (que era griego), pero nunca se dieron cuenta de que
tenían un alfabeto dentro de su sistema.
Seguían utilizando los alrededor de 600 signos de sus
jeroglíficos, mientras que esta escritura que aparecía a su lado solo requería
de unos 30. Eso la hacía más democrática: no se necesitaban años de instrucción
para aprender a usarla. Por si fuera poco, ese ejemplo tan temprano de
escritura alfabética, conocida como escritura protosinaítica, guardaba un
asombroso parecido con la nuestra.
Hasta el día de hoy persiste una disputa sobre quiénes
inventaron la escritura: los babilonios, con la cuneiforme, o los egipcios, con
los jeroglíficos.
Y no solo es similar al nuestro.
Las letras se fueron volviendo más abstractas y cambiando de
forma, pero, a pesar de sus variantes cirílicas y árabes, y la infinidad de
idiomas que lo usaron para escribir, los expertos aseguran que pueden rastrear
las huellas de ese primer alfabeto en los demás. Tanto que llegan a afirmar que
es posible considerar que existe esencialmente un solo alfabeto en todo el
mundo.
El orden de los factores.
¿Por qué empezar por “A”, “B”, “C” y no por “J”, “X”, “M”?
¿Quién decidió cuál sería el orden del alfabeto? La verdad es que sigue siendo
un enigma. No se sabe por qué motivo el abecedario está organizado de esa
manera. Sin embargo, hay historias que revelan la razón de que algunas de las
letras estén donde están.
El español heredó el abecedario latino; los romanos lo habían recibido, vía los etruscos, de los griegos, quienes lo habían adoptado de los fenicios, que llevaron la escritura protosinaítica al Mediterráneo. De herencia en herencia, las primeras letras quedaron así por tradición: del hebreo, “alef”, “bet”, “gimel”, al griego “alfa”, “beta”, “gama”, y en latín, “A”, “B”, “C”. Y sí, ahí hay una “G” que se volvió “C”.
Lo que pasó fue que el latín primitivo utilizaba la letra
“C” tanto para el sonido /k/ como para /g/, pues el alfabeto etrusco, del que
el latín tomó sus letras, no tenía una “G” independiente. Más tarde, la “G” fue
creada (hacia el siglo III a.C.) mediante la modificación de la “C”, con el fin
de distinguir el sonido /g/. La nueva letra se insertó en el alfabeto, pero
para explicarte por qué quedó de séptima, primero tengo que contarte lo que le
pasó a la “Z”.
En este ejemplo del alfabeto de manuscrito medieval, basado en una biblia que perteneció a Carlos el Temerario, aún faltan algunas letras. Getty Images.
Al principio, el latín no tenía realmente el sonido /z/, así
que cuando los romanos heredaron el alfabeto, les pareció prescindible, y la
eliminaron. Durante un tiempo, no hubo ningún problema. De hecho, a la “G” la
insertaron en el lugar que había ocupado la descartada “Z”.
Pero a medida que Roma iba absorbiendo más cultura griega,
surgió un pequeño inconveniente: ¿cómo escribir correctamente palabras griegas
sin ella? La solución fue clara: había que recuperar la letra. Ahora bien, el
alfabeto latino ya estaba firmemente establecido, y nadie tenía ganas de reorganizarlo
entero, así que se optó por una solución pragmática: reintroducir la Z, pero
colocarla al final. Siglos después, esa estrategia no se pudo repetir, así que
hubo que abrir espacio para acomodar otras adiciones.
Hasta bien entrado el Renacimiento alto, ni la “J” ni la “U”
existían como letras independientes, aunque sí como sonidos que compartían su
representación gráfica con los símbolos “I” y “V”, de manera que, por ejemplo,
el nombre Julius se escribía Ivlivs. Las formas gráficas de “U” y de “J” habían
empezado a aparecer en la escritura medieval, pero solo se consolidaron entre
los siglos XVI y XVII, gracias a la influencia de la imprenta, los humanistas y
los gramáticos. La “W”, por su parte, llegó mucho más tarde.
No existía en el alfabeto latino clásico, pues era
necesaria, pero se desarrolló en la Alta Edad Media en los idiomas germánicos
como una “doble V”. En español, se empleó primero solo en préstamos extranjeros
(como nombres o palabras foráneas), y recién fue incorporada oficialmente al alfabeto
por la Real Academia Española en 1969. A cada una de esas tres recién llegadas
se les hizo lugar junto a las letras con las que habían tenido tan estrecha
relación: la “J” justo después de la “I”, y la “U” y la “W” a ambos lados de la
“V”. Lo mismo ocurrió con la “Ñ”, esa letra que es exclusivamente nuestra.
Aunque tiene una larga historia, pues se empezó a usar en la
Edad Media para abreviar “nn” como “n” con una tilde, no fue incorporada
oficialmente al abecedario por la Real Academia Española hasta 1803, y ocupó su
sitio junto a la “N”.
Así que ya tenés lo prometido: un puñado de razones por las cuales algunas de las 27 letras del abecedario están donde están. Pero al final, la colocación de las letras en el alfabeto parece esencialmente arbitraria, lo cual quizás no sea extraño, pues, a diferencia del orden numérico, el de las letras no tiene un significado intrínseco.
Incluso si hubiera una forma más sensata de organizarlas, es
dudoso que cualquier otra secuencia fuera mejor o peor a la hora de leer o
escribir. De lo que sí no hay duda es que, de la “A” a la “Z”, el alfabeto es
una asombrosa proeza de ingeniería intelectual.
Por BBC Mundo.
BBC Mundo.
https://www.bbc.com/mundo/articles/cr4kxkp7ke6o
José Gabriel Tedesco lanzó una campaña solidaria en Bahía
Blanca para entregar anteojos de primeras marcas a cambio de alimentos y
productos de higiene, pero decidió suspenderla tras descubrir que algunos de
los lentes aparecían publicados para la venta.
La Brújula 24.
Lo que había empezado como una de esas historias que devuelven un poco de fe en la solidaridad terminó dejando a José Gabriel Tedesco con una mezcla de bronca, decepción e impotencia. Hace apenas un mes, el óptico bahiense había decidido sacar a la vereda cientos de anteojos de sol de primeras marcas que ya no comercializaba y cambiarlos por alimentos no perecederos y productos de higiene destinados a Cáritas y el Cottolengo. La respuesta fue tan grande que durante días la puerta de su óptica se convirtió en un verdadero punto de encuentro solidario.
Pero cuando todavía quedaban miles de anteojos en las cajas
y la campaña seguía adelante, Tedesco descubrió algo que no esperaba: algunos
de los lentes que entregaba gratuitamente a cambio de una donación estaban
siendo publicados para la venta en Facebook.
“Lo que estoy regalando lo están vendiendo por internet. Es
una locura”, contó, todavía atravesado por la indignación. La noticia fue
suficiente para que tomara una decisión drástica: por ahora, suspendió la
campaña.
El hombre que había pensado que un anteojo que ya no tenía
salida comercial podía convertirse en un alimento, un jabón o un elemento de
higiene para alguien que lo necesitara terminó encontrándose con el lado más
ingrato de la iniciativa. “Tengo una indignación, ¿qué voy a hacer? Nada.
Suspendido”, dijo.
La campaña había comenzado con una idea sencilla. En sus
ópticas tenía acumulados cientos de anteojos de temporadas anteriores y, en
lugar de rematarlos o dejarlos indefinidamente guardados, decidió regalarlos.
Solo pedía a cambio una colaboración para quienes estaban atravesando
necesidades.
La propuesta era concreta: un alimento no perecedero o un
producto de higiene personal por un par de anteojos de sol.
Y la gente respondió.
No era, de todos modos, la primera vez que el óptico
utilizaba su oficio para ayudar. Durante la pandemia había entregado anteojos
gratuitamente a personas que no podían pagarlos y, después de la inundación que
sufrió Bahía Blanca el 7 de marzo de 2025, había protagonizado otra enorme
campaña solidaria.
Aquella vez, una imagen lo había movilizado especialmente:
una mujer mayor llorando porque había perdido sus lentes bajo el agua. Como
tenía una fábrica de cristales, decidió publicar que regalaría mil anteojos. La
convocatoria desbordó todas las previsiones: llegaron unas 1.200 personas y
finalmente, con la ayuda de proveedores, terminaron entregando alrededor de
3.000 pares a vecinos afectados por la inundación.
Por eso esta vez creyó que podía volver a funcionar. Y
funcionó, al menos en una primera etapa.
Las publicaciones en redes sociales,
Hasta que aparecieron las publicaciones en redes.
“Debo tener todavía 5.000 o 6.000 anteojos. Más de 5.500
seguro, por la cantidad de cajas que hay”, explicó. El problema es que ya no se
siente seguro de continuar con el mismo mecanismo porque no quiere que aquello
que pensó como una ayuda termine alimentando un negocio ajeno.
Uno de los episodios que más lo enfureció ocurrió durante el
último día de la campaña. Según relató, una mujer llegó con alrededor de 20 jabones
y se llevó 20 anteojos.
La situación lo hizo revisar incluso la manera en que se
estaba organizando la entrega. “¿Ustedes permitieron eso?”, contó que les
preguntó a algunos colaboradores, visiblemente molesto.
Pero entre la decepción también hubo una escena que,
paradójicamente, volvió a mostrarle por qué había decidido hacerlo.
Durante la última semana, un grupo de jóvenes de la
organización “Remar” se acercó a colaborar con la atención al público. Según
explicó Tedesco, desde Cáritas le habían planteado que la cantidad de gente que
estaba llegando hacía necesario sumar ayuda y los integrantes de la organización
se ofrecieron a colaborar.
Para ellos, la campaña tenía otro significado.
“Estaban recontentos los pibes de Remar”, contó. Los jóvenes
conocían al óptico porque algunos de ellos venden bolsitas de residuos en los
semáforos y, cuando descubrieron que podían participar de la campaña,
comenzaron a agradecerle y a saludarlo cada vez que lo veían.
Ese contraste terminó siendo todavía más fuerte para Tedesco: mientras algunos encontraban la forma de aprovecharse de una propuesta pensada para ayudar, otros se acercaban justamente para colaborar con ella.
La bronca no está puesta solamente en los anteojos. En el
fondo, lo que le duele es sentir que alguien pudo mirar una acción solidaria y
encontrar allí una oportunidad para hacer dinero.
Tedesco todavía tiene miles de anteojos guardados. Son pares
que podrían seguir siendo útiles, pero por ahora decidió frenar la entrega
hasta encontrar una manera de garantizar que lleguen a quienes realmente los
necesitan.
La decisión tiene algo de amarga. La campaña que había
nacido para convertir mercadería acumulada en ayuda concreta había conseguido
justamente eso durante varias semanas: alimentos, productos de higiene y una
enorme cantidad de vecinos dispuestos a colaborar.
Pero también le dejó una pregunta difícil de responder:
¿cómo se puede seguir confiando en la solidaridad cuando algunos encuentran la
manera de sacar provecho de ella?
Por ahora, José Gabriel Tedesco eligió ponerle un freno. No
porque haya dejado de querer ayudar, sino porque necesita procesar la decepción
y pensar cómo continuar sin que sus anteojos terminen convertidos en un producto
más de Facebook Marketplace.
Y en esas cajas todavía quedan miles de pares. La intención
original sigue intacta. Lo que cambió, al menos por ahora, es la confianza.
La Brújula 24.
- Cecilia Corradetti / La Brújula 24.
https://www.labrujula24.com/
Imágenes: LA BRÚJULA 24.
En Regina hace unos años un solidario del Club Atlético Regina con amigos fútboleros a una persona sin vivienda le construyeron una vivienda y una vez terminada la vendió por las redes sociales.
Galasso es uno de los grandes referentes del revisionismo
histórico argentino.
Exponente y difusor
permanente del pensamiento nacional y de las corrientes populares argentinas.
Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Buenos Aires, de donde egresó como contador, en 1961.
En 1964 se incorporó al Partido Socialista de la Izquierda
Nacional (PSIN) que lideraba Jorge Abelardo Ramos con la llegada del peronismo
al poder, confrontó sus ideales de la izquierda marxista y cambia su
trayectoria hacia el nacionalismo popular que llevaba las banderas de Perón, la
tercera posición y se vincula a la Juventud Peronista (Montoneros).
En 1973 trabajó junto a Don Arturo Jauretche en Eudeba, donde se
desempeñó como síndico.
Durante la última dictadura, fueron censurados dos de sus
libros: Vida de Manuel Ugarte y ¿Qué es el socialismo nacional?
Entre sus títulos más reconocidos figuran Perón, Seamos libres e Historia de la Argentina: desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner.
También escribió sobre José de San Martín, Eva Perón, Mariano
Moreno, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui, Enrique Santos Discépolo, John William Cooke,
Hipólito Yrigoyen, Manuel Ugarte, Atahualpa Yupanqui y los silenciados de
nuestra Argentina, entre otros.
Una leyenda del deporte en General Roca y la zona, estaba
radicado en Chile donde también es reconocido como figura destacada.
Este sábado falleció en Chile, donde estaba radicado desde
hace varios años, el exbasquetbolista Carlos "El Loco" Iglesias, uno
de los jugadores más recordados e idolatrados por los aficionados al básquet de
General Roca.
El Loco atravesaba un delicado tratamiento de salud tras ser
diagnosticado con cáncer y en la tarde de este sábado se informó la triste
noticia de su deceso.
Quienes lo vieron jugar lo recuerdan como “Maestro; el
mandrake del amague, la finta. Con su danza deportiva que fue el básquet hizo
vibrar en Roca: el viejo gimnasio del Progreso, El Cajón y el Poli”.
Medios periodísticos de Chile e incluso desde el Municipio
de Temuco dedicaron palabras de despedida y elogios para su trayectoria y
presencia dentro y fuera de la cancha.
- Publicado en Todo Noticias Roca de General Roca.
![]() |
| Año 1985. Carlos Iglesias es marcado por Gustavo Esteybar. El americano que se ve atrás es Solester Johnson. |
¡NO PASARAN! parece decir "Tatu" Esteybar del Club Atlético Regina a Carlos Iglesias.Años de esplendor para el básquet del Deportivo Roca y del Club Atlético Regina. |
::: ::: ::
Un legado inolvidable en el deporte local.
“Carlos es uno de los grandes ídolos de la historia
"naranja" dejando momentos imborrables con su básquet. Fue el que
maravilló a propios y extraños con sus fantasías, sus tiros increíbles, sus
planillas llenas de grandes números, sus actuaciones sensacionales y su
liderazgo en una década del 80, tiempos de furor en la región por la pelota
"naranja", los triples, rebotes y tapas con grandes equipos,
encuentros espectaculares y canchas llenas.
Iglesias, el mismo que una noche de 1985, por la Liga C,
metió 60 puntos en un 120-118 del Depo sobre Independiente de Neuquén...el
mismo de las jugadas espectaculares que para muchos eran
"locuras"...el mismo que muchos comparaban con un
"extranjero", con un "norteamericano", en tiempos de
arribos de los primeros estadounidenses que llegaban para reforzar al
"Naranja" y a todos los clubes zonales.
Para muchas y muchos que lo vieron jugar lo calificaron y
califican de genio, malabarista, talentoso, mágico...y los adjetivos siguen.
Se fue el "Loco", el gran jugador, el excelente
técnico y el que dejó consejos, huellas, momentos y noches de básquet que son
muy difícil de olvidar” - Club Deportivo Roca-.
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Con profundo pesar, la Municipalidad de Temuco despide a
Carlos Iglesias, figura histórica del básquetbol comunal y referente de pasión,
entrega y resiliencia para toda la comunidad. Su huella queda para siempre guardada
en la memoria colectiva y en las páginas de nuestra historia deportiva.
Municipalidad de Temuco.
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Carlos Iglesias dirigió a Estudiantes en la Liga Nacional en la temporada 1995-96 de Bahía Blanca en la Liga Nacional, cuando reemplazó a Beto Cabrera.
Destacado basquetbolista, Iglesias marcó una época en General Roca -que consideran la época
dorada- (donde llegó al Deportivo Roca en década del ’80) y rápidamente se
convirtió en una figura emblemática, con talento, personalidad y actuaciones
memorables que lo transformaron en una verdadera figura.
A Chile arribó en 1977 y vistió las camisetas de clubes como
Unión Deportiva Española (UDE), Salesianos de Valdivia y Universidad de
Concepción en la liga Dimayor.
Más tarde, en 1988 se nacionalizó chileno y después comenzó
su carrera como entrenador.
Fue campeón en 1994 de la División Mayor de Básquetbol (Dimayor) de Chile con la Universidad de Temuco, ciudad en la que se radicó con su familia.
La carrera como técnico también lo llevó a dirigir la UDE, Universidad Autónoma, Puente Alto, Ancud, Puerto Varas y CEB Puerto Montt, además de Español de Talca, equipo con el que volvió a ser campeón de la Liga Nacional 2012/2013.