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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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viernes, septiembre 04, 2026

Santa Rosa de Lima. Primera santa del continente americano, Patrona de Perú, América y las Filipinas.

 


Fiesta: 30 de agosto - Santa Rosa de Lima, la primera santa del continente americano, Patrona de Perú, América y las Filipinas.

Rosa de Santa María"
Patrona de América, Perú y las Filipinas
Fiesta: 30 de agosto

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.
Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva.
Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.

Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.

Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones.
Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían.

El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.

Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.

Extraordinarias pruebas y gracias.

Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual.

El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales.

Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".

Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.

El Papa Clemente X la canonizó en 1671.

Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente nos reta a todos a entregarnos con más pasión al amado, Jesucristo. Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en el desierto o en el claustro.
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Tomado de:
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https://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2009/08/santa-rosa-de-lima.html

miércoles, agosto 26, 2026

Zefferino Namuncurà nasce il 26 agosto 1886 a Chimpay.

 


Zefferino Namuncurà nasce il 26 agosto 1886 a Chimpay, sulle rive del Rio Negro. Suo padre Manuel, ultimo grande cacico delle tribù indios araucane, aveva dovuto arrendersi tre anni prima alle truppe della Repubblica argentina. Dopo undici anni di libera vita agreste, Manuel Namuncurà invia Zefferino a studiare a Buenos Aires, perché un domani possa difendere la sua razza. Il clima di famiglia che si respirava nel collegio salesiano lo fece innamorare di don Bosco.


Crescita spirituale
Crebbe in lui la dimensione spirituale e iniziò a desiderare di diventare salesiano sacerdote per evangelizzare la sua gente. Scelse Domenico Savio come modello, e durante cinque anni, attraverso lo sforzo straordinario per inserirsi in una cultura totalmente nuova, divenne egli stesso un altro Domenico Savio. Esemplare l'impegno nella pietà, nella carità, nei doveri quotidiani, nell'esercizio ascetico.

Aspirante salesiano
Questo ragazzo, che trovava difficile "mettersi in fila" o "obbedire alla campana", diventò pian piano un vero modello. Come voleva don Bosco, era esatto nell’adempimento dei suoi doveri di studio e di preghiera. Era l'arbitro nelle ricreazioni: la sua parola veniva accolta dai compagni in contesa. Impressionava la lentezza con cui faceva il segno della croce, come se meditasse ogni parola; col suo esempio correggeva i compagni insegnando loro a farlo adagio e con devozione. Nel l903 (ha sedici anni e mezzo, e suo padre è stato battezzato a ottant’anni), Mons. Cagliero lo accetta nel gruppo degli aspiranti a Viedma, capoluogo del Vicariato apostolico, per iniziare il latino.

Italia
A causa della sua scarsa salute, il vescovo salesiano decide di condurlo in Italia per fargli proseguire gli studi in modo più serio e in un clima che sembra più adatto. In Italia incontra don Rua e il Papa Pio X, che lo benedice con commozione. Frequenta la scuola a Torino e in seguito nel collegio salesiano di Villa Sora, a Frascati. Studia con tanto impegno da essere il secondo della classe.

La morte
Ma un male non diagnosticato a tempo, forse perché non si lamentava mai, lo minava: la tubercolosi. Il 28 marzo 1905 è trasportato all'ospedale Fatebenefratelli dell'Isola Tiberina a Roma. Troppo tardi. Vi muore serenamente l'11 maggio. Dal 1924 i suoi resti mortali riposano nella sua patria, a Fortín Mercedes, dove folle di pellegrini accorrono a venerarlo.

Venerabile il 22 giugno 1972; beatificato l'11 novembre 2007 sotto il pontificato di Benedetto XVI 

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, a orillas del Río Negro. Su padre, Manuel, el último gran cacique de las tribus indígenas araucanas, se había rendido tres años antes a las tropas de la República Argentina. Después de once años de vida rural libre, Manuel Namuncurá envía a Ceferino a estudiar a Buenos Aires, para que en un mañana pueda defender a los de su raza. El ambiente de familia que se respiraba en el colegio salesiano lo hizo enamorarse de Don Bosco.

Crecimiento espiritual
Creció en él la dimensión espiritual y comenzó a desear el llegar a ser sacerdote salesiano para evangelizar a su gente. Eligió a Domingo Savio como modelo, y durante cinco años, a través de su extraordinario esfuerzo por inserirse en una cultura totalmente nueva, él mismo se convirtió en otro Domingo Savio. Fue ejemplar su empeño en la piedad, en la caridad, en los deberes diarios y en el ejercicio ascético.
Aspirante salesiano
Este muchacho, a quien le resultaba difícil "alinearse" u "obedecer a la campana", gradualmente se convirtió en un verdadero modelo. Era exacto en el cumplimiento de sus deberes de estudio y oración, como quería Don Bosco. Era el árbitro en las recreaciones: su palabra era bien recibida por los compañeros en disputa. Impresionaba la calma con la que hacía la señal de la cruz, como si estuviera meditando cada palabra; con su ejemplo corregía a sus compañeros enseñándoles a hacerlo lentamente y con devoción. En l903 (contando él con dieciséis años y medio, su padre fue bautizado a la edad de ochenta años), Mons. Cagliero lo acepta en el grupo de aspirantes en Viedma, capital del Vicariato Apostólico, para comenzar el latín.
Italia
Debido a su precaria salud, el obispo salesiano decide llevarlo a Italia para que continúe sus estudios de una manera más seria y en un clima que parece más adecuado. En Italia se encuentra con Don Rua y con el Papa Pío X, quien lo bendice con emoción. Asistió a la escuela en Turín y más tarde en el colegio salesiano de Villa Sora, en Frascati. Él estudia con tanto empeño que llega a ser el segundo de la clase.
La Muerte
Pero un mal no diagnosticado a tiempo, tal vez porque nunca se quejaba, lo socavó: la tuberculosis. El 28 de marzo de 1905 fue trasladado al hospital de los hermanos juaninos en la isla Tiberina de Roma. Fue demasiado tarde. Murió allí, pacíficamente, el 11 de mayo. Desde 1924 sus restos mortales descansaron en su tierra natal, en Fortín Mercedes, hasta que en 2009 fueron trasladados a Chinpay, donde multitudes de peregrinos van a venerarlo.
Venerable el 22 de junio de 1972; beatificado el 11 de noviembre de 2007 bajo el pontificado de Benedicto XVI.
Traducción de Facebook Italiano - Español.

domingo, marzo 15, 2026

15 de marzo de 1951: fallece, en Viedma, Artémides Zatti.

 


"15 de marzo de 1951 - 2026: 75° aniversario de la muerte de san Artémides Zatti".
  • Datos en la imagen compartido desde revista La Galera.
  • Enfermedad y Muerte: Tras sufrir una caída en 1950, se le diagnosticó un cáncer que él mismo identificó, falleciendo el 15 de marzo de 1951, recordado con gran cariño por la comunidad.
  • Legado: Fue beatificado el 14 de abril de 2002 por Juan Pablo II y declarado santo el 9 de octubre de 2022. Es considerado patrono de los enfermeros y farmacéuticos.
  • Publicado en COMARCA PATAGONES - VIEDMA :UN VIAJE AL PASADO.
  • Don Zatti en la memoria colectiva, como un ejemplo de fe y solidaridad
    Por Carlos Espinosa
    Se cumplen 75 años de la muerte de Artémides Zatti, sencillamente Don Zatti (aunque a él no le gustaba eso de “don”), el “pariente de todos los pobres”; el enfermero santo cuya veneración en los altares fue oficializada, primero por el Papa Juan Pablo Segundo en abril de 2002 -al consagrarlo beato- y después por nuestro Papa argentino, Francisco, en octubre de 2022.
    La figura de Don Zatti está presente en Viedma a través de su nombre, que identifica al hospital público que es cabecera sanitaria de toda la región del este provincial; un populoso barrio que fue el primero construido a través de operatoria Fonavi; una importante avenida de intensa vida comercial; y un colegio perteneciente a la orden salesiana de Don Bosco.
    ¿Quién fue Zatti?
    Don Zatti vivió 71 años, de los cuales 49 transcurrió en Viedma dedicado a la acción cristiana como Coadjutor Salesiano y Enfermero del Hospital San José.
    Artémides Joaquín Desiderio Zatti nació el 12 de octubre de 1880 en el pueblo de Boretto, Italia, en la región de la Reggia Emilia; llegó a la Argentina en febrero de 1897 junto con sus padres y hermanos.
    Entre 1897 y 1900 vivió en Bahía Blanca, donde se despertó la vocación sacerdotal que lo hace partir, ya con 20 años, hacia la ciudad bonaerense de Bernal para iniciar su aspirantado en la orden de San Francisco de Sales.
    En 1902 Zatti cuidó en su lecho de muerte al padre salesiano Ernesto Giuliani y contrajo tuberculosis. Sus superiores lo separaron del claustro y decidieron enviarlo a Junín de los Andes “para cambiarlo de aire”.
    Cuando llegó a Bahía Blanca estaba tan enfermo y exhausto que el padre Carlos Cavali, amigo de la familia, opinó que era más seguro destinarlo a Viedma. El 3 de marzo de 1902 Don Zatti llegó aquí. De de inmediato fue amparado por el padre Evasio Garrone, ”el padre dotor” (según el apelativo de la gente) que lo internó en el Hospital “San José”, ubicado en la esquina de Alvaro Barros e Yrigoyen (donde hoy se levanta el edificio del Obispado).
    Don Zatti inició el difícil proceso de su curación y le fue confíado el acompañamiento y atención de otro joven aspirante salesiano, también enfermo de tisis: Ceferino Namuncurá.
    Ceferino partirá hacia Italia, con Monseñor Juan Cagliero, en el año 1904, y allá habrá de encontrar su muerte.
    Impulsado por Garrone, DON ZATTI hizo una solemne promesa ante la Virgen María Auxiliadora: si se sanaba se consagraría como Coadjutor Salesiano para dedicar toda su vida a atender los enfermos del hospital “San José”.
    En 1911 falleció el padre Garrone, y desde ese momento, hasta su propia muerte en marzo de 1951, Zatti estuvo al frente del hospital salesiano de Viedma.
    Se cuentan por centenas las anécdotas maravillosas que describen su enorme humildad, su vocación de servicio hacia los más necesitados y, sobre todo, su profunda espiritualidad de firme convicción cristiana.
    Cuando murió Don ZattiI, en la madrugada del 15 de marzo de 1951, ya estaba consagrado en el corazón de la comunidad viedmense como “el pariente de todos los pobres”.
    En 1975 se le impuso su nombre al hospital regional público de Viedma. En 1979 los obispos argentinos, en respuesta al pedido del pueblo de Viedma y Patagones, pidieron formalmente al Sumo Pontífice que se iniciara el proceso de beatificación.
    En marzo de 1980 se declaró abierto el proceso y el 25 de octubre de 1996 “son aprobadas sus virtudes heroicas”, que lo reconocen como Siervo de Dios.
    El siete de julio de 1997 fue declarado Venerable y el 9 de marzo del 2000 la “Congregación de los Santos” reconoció oficialmente el milagro de la curación del padre Carlos Bosio, quien estando al borde de la muerte en 1980 –mientras era seminarista- se sanó prodigiosamente cuando sus maestros y condiscípulos realizaron “un novenario de oración a Don Zatti”. El 14 de abril de 2002, en Roma, el Papa Juan Pablo II beatificó a Don Zatti.
    En fecha más reciente, en una jornada memorable para los tiempos, el 9 de octubre de 2022 el Papa Francisco concretó en el Vaticano la canonización de Zatti, colmando de alegría a millones de personas que han encontrado Fe y Esperanza en la figura del Enfermero Santo de la Patagonia.
    En los recuerdos
    Hasta no hace muchos años el recuerdo de Zatti estaba vivo porque sus anécdotas de vida eran contadas por personas que lo habían conocido y tratado bien de cerca. Es el caso del maestro Juan Carlos Tassara (1915-2007), (ver foto)quien allá por el 2002 brindó el siguiente testimonio, para una publicación alusiva a la beatificación.
    “Yo compartí la vida de Zatti, la tarea, la dedicación, el entusiasmo, la fe cristiana de este hombre y como es lógico también aprecié los beneficios que le reportó al ambiente donde actuaba, el hospital San José” comenzó su relato; y aseguró que “tengo en mi memoria muchos ejemplos que ponen en evidencia que Zatti era un ser fuera de lo común”.
    “Hay tres virtudes de Zatti que quiero destacar : su santidad, su laboriosidad y su alegría. Estas tres características son el resumen de su vida. Sobresale su religiosidad, porque todo lo hacía por amor a Dios. Una vez desde el sur ( donde Tassara era maestro rural ) le mandé un enfermo y al mes me lo devolvió con una nota: ‘Carlitos, ahí te lo mando a Painenao sano de cuerpo y de alma’...” recordó.
    También contó que “su forma de trabajo era muy práctica y sus procedimientos directos. Un día, yo con 17 años, llegué al hospital con tres forúnculos enormes en el cuello que me hacían doler mucho. Le pregunté por el doctor Harosteguy que ya me había visto unos días antes, pero en ese momento no estaba, y entonces me pregunta: ‘Qué es lo que te pasa?’, le digo que iba por el problema del cuello, que no me dejaba usar camisa... me miró y dijo ‘Ah, bueno, vení acercate..’.Ví que tomaba un elemento como un clavo grueso, que lo puso al rojo en el fuego y me lo acerca. ‘Qué es eso Zatti?’ le pregunté, asustado y me contestó: ‘Esto es el termo cauterio... apoyá la cabeza en la camilla’ y allí nomás me clavó el aparato en los tres forúnculos. Yo grité de dolor y él, con total tranquilidad, me contestó: ‘más sufrió Cristo cuando estaba en la cruz y no decía nada, Carlitos’. Me hizo volver al día siguiente para ver cómo estaba la cosa y se me curaron los tres forúnculos, todavía tengo la marca en el cuello... así lo recuerdo siempre alegre, siempre trabajando”.
    Otra anécdota que recordó el maestro Tasara “una vez entró al quirófano y dejó la puerta mal cerrada. El médico le gritó ‘Zatti por Dios la puerta’, él la cerró y volvió riéndose. Entonces el médico le preguntó, enojado ‘¿y ahora por qué se ríe?’. Y Zattii contestó ‘porque al dejar la puerta abierta logré que se acordara de Dios, doctor”.
    Rememoró también que “hubo una época en que los salesianos no andaban bien con el gobierno y cada uno trataba de cascar al otro. Un preso de la comisaría se enfermó y se lo mandaron al hospital, a la noche el policía de guardia se durmió y el tipo se escapó. A la mañana siguiente Zatti fue detenido. ¿Se imaginan el espectáculo de Don Zatti paseándose por las calles de Viedma con dos policías al lado, de la comisaría al juzgado? Pero iba siempre sonriendo y saludando a la gente. Fue la banda de música de los Exploradores de Don Bosco a tocar a la puerta de la comisaría, para pedir que lo soltaran. Estuvo dos días, dijo siempre Zatti que fue la única vez en su vida que se tomó vacaciones”.
    “Cuando descubrimos el cuadro de Don Zatti en el hospital de Viedma, un médico dijo ‘hay un libro sobre Don Zatti que lo califica como el Pariente de Todos los Pobres... pero está mal, porque Zatti fue el Pariente de Todos’. Él iba a la casa de la puerta de roble y entraba, pero también iba al ranchito de barro, sin puerta, y entraba con el mismo cariño, con dedicación, con fe en Dios. Zatti no hacía distinciones y todos estos elementos se sumaron en el juicio...” subrayó finalmente.
    Su imagen a través de los artistas
    La iconografía de Zatti es variada y tiene en Viedma, en el sitio que él eligió para su vida y su muerte, tres expresiones importantes realizadas en distintos tiempos por diferentes artistas y con técnicas disímiles.
    El primer caso es el monumento en bronce inaugurado en mayo de 1956, hace casi 70 años, en la esquina de Lavalle (hoy José María Guido) y Rivadavia, que fue financiado por suscripción popular y se le encargo al calificado escultor Luis Perlotti (1890-1969). La obra tiene tres partes: el busto que muestra al enfermero con su beatífica sonrisa, sosteniendo un crucifijo en la mano izquierda y extendiendo la derecha en actitud de dar; acompañado por dos bajos relieves, que lo muestran en actitudes comunes de su vida, la atención de un paciente y la recorrida por un barrio, con su infaltable bicicleta.
    El segundo caso es una escultura en cemento armado, que se inauguró en abril de 2002, La obra, de dos metros de altura, representa a Zatti en un gesto de protección y solidaridad; está arrodillado sobre su pierna derecha y sostiene con sus brazos –al mismo tiempo apoyado sobre su muslo izquierdo- a un niño que descansa relajado y feliz, como aliviado de todo mal. Fue realizada por el arquitecto y artista plástico Alejandro Santana, por especial pedido del padre Lucio Sabatti, por entonces párroco de Don Bosco en esta capital. Cabe agregar que Santana es también el autor de las esculturas del gigantesco Vía Crucis de Junín de los Andes, en Neuquén.
    El tercer caso, del año 2008, es el vitral colocado en el atrio de la parroquia de Don Bosco, santuario de los venerados restos de Zatti, que fue creado y realizado por el plástico Victor Hugo Davis, como una donación a la comunidad de Viedma. En el vidrio se representa el rostro sonriente del beato y también aparece dos escenas de su vida.
    Nota de Carlos Espinosa, con material de la publicación de su autoría “Don Zatti estuvo entre nosotros”, Viedma, Perfiles Patagónicos, 2002.

sábado, diciembre 27, 2025

Ambrosio Romero Carranza promotor de la beatificación de Enrique Shaw.

 

Ambrosio Romero Carranza.

Enrique Shaw.


Ambrosio Romero Carranza promotor de la beatificación de Enrique Shaw.

Por Roberto Elissalde.

La alegría de la beatificación de Enrique Shaw, nos trajo a la memoria a don Ambrosio Romero Carranza, abogado, magistrado, académico, católico militante, vicentino, caballero sin estridencias. Preocupado por el cariz de los acontecimientos del país había creado, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, la revista Rumbo Social, cuyo primer número salió en setiembre de 1976, hace casi medio siglo.

Anunciaba como colaboradores a Raúl Oscar Abdala, Gerardo Ancarola, Atilio Cornejo, Estanislao del Campo Wilson, Jorge L. García Venturini, Carlos María Gelly y Obes, Albero D. Leiva, Manuel Ordóñez, Alberto Rodríguez Varela, Eduardo Ventura y Marcelo Salerno, entre otros. Los secretarios de redacción eran José García Enciso y Roberto Jorge Starke y el tesorero (de poca plata) era Juan Isidro Quesada.

Con el tiempo se fueron agregando colaboradores, como León Rebollo Paz, monseñor Octavio Nicolás Derisi, Alejandro de Gainza, Pbro. Carlos Cuchetti, Victoria Pueyrredon, Hernán Santibánez Vieira, Ramón Barbadori, Roberto Azaretto y un joven que habría de ser presidente por 12 horas, Federico Pinedo, preocupado en abril de 1977 por “el mundo en gran parte antinatural que nos toca vivir, mundo de la ciudad industrial, de las chimeneas que despiden humo ennegrecedor, del automóvil con sus apuros y sus olores, de multitudes y al mismo tiempo de soledad, trae, como consecuencia, el anhelo de evadirse de la realidad. De allí los muchos y distintos modos de escapismos que hoy existen”.

AMABLES TERTULIAS.

Todos los jueves por la noche Ambrosio celebraba unas amables tertulias en su departamento de la calle Uruguay al 1000, donde figuras relevantes como Manuel Ordóñez, García Venturini, Néstor Auza o el padre Cuchetti solían a veces ser expositores, y en las que se comentaba la realidad social. Pero había otra reunión, que no tenía día y hora que era entre las 18 y las 18.30 a la que se accedía solo tocando el timbre, lo único que podía suceder era que el dueño de casa llegara tarde (20.30) de las reuniones a las que concurría en las Academias Nacionales de Derecho y Ciencias Sociales y de la Ciencias de Buenos Aires, de la que era numerario. Si volvía enseguida, su mujer María Cristina nos servía una taza de té ante una mesa repleta de papeles, mientras que la luz de iba apagando en el magnífico contrafrente. Uno de los habituales en ese horario, que recuerdo y con el que a través de los años hemos mantenido una afectuosa relación era Alejandro Domínguez Benavídes, algo más joven que colaboraba muchísimo con Ambrosio en distintas tareas de la administración de la revista. Uno de los temas recurrentes para él, era la figura de monseñor Miguel de Andrea, y la doctrina social de la iglesia, de allí el nombre de la revista, no dejaba de hacernos comentarios sobre el obispo que había renunciado al arzobispado porteño, y había hecho de la Casa de la Empleada una organización modelo para la mujer.

El otro personaje que nos refería en forma permanente era Enrique Shaw, un joven de fortuna, huérfano de madre, que había ingresado a la Escuela Naval en 1935, sin embargo preocupaciones de otra naturaleza lo llevaron a pedir la baja en agosto de 1945, cuando era teniente de navío. “Dada su situación social, la fortuna heredada de su madre y la alta posición de su padre” bien podía darse esa oportunidad y comienza su tarea en la empresa familiar, donde desarrolla una obra increíble, amado por su personal. Cuando una cruel enfermedad lo ataca en plena juventud, llegando un día a presentarse 260 personas para dar sangre y poder recibir las transfusiones. Finalmente este hombre extraordinario había fallecido el 27 de agosto de 1962. Romero Carranza, en poder toda de la documentación que le facilitó la familia, escribió la biografía de Enrique Shaw que se publicó en 1984.

Magnífica obra que es además una historia de la preocupación social de ciertos laicos en lo que hace a la doctrina social de León XIII. El libro finaliza con estas palabras: “Y ese ser alguien, ¿fue verdaderamente llegar a ser un santo?”. En esta beatificación que alegra a la iglesia argentina, no debemos olvidar que el gran promotor de la misma, fue Ambrosio Romero Carranza, fallecido en 1999, a los 95 años, aunque él nacido un 29 de febrero, solía decir cuando llegaba ese día que cumplía muchos menos, recuerdo que para sus 80 decía en broma tengo 20 años bisiestos. Evocábamos esto con Alejandro Domínguez Benavídes colaborador de este diario, que mucho colaboró con el autor en la tarea documental, y sin duda como testigo de ese tiempo, él podrá dar también su valioso testimonio; a la vez que cumplir el sentido homenaje a quien fue el Anunciador, especialmente porque gente por demas interesada y vinculada a la causa había olvidado su nombre.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Ambrosio-Romero-Carranza-promotor-de-la-beatificacion-de-Enrique-Shaw-567432.note.aspx

Dios recuerda los libros que olvidan los hombres POR ALEJANDRO A. DOMÍNGUEZ BENAVIDES.

 

Dios recuerda los libros que olvidan los hombres.  

Por ALEJANDRO A. DOMÍNGUEZ BENAVIDES.

Muchas veces los libros cumplen una misión y misteriosamente desaparecen; tal es el caso de Enrique Shaw y sus circunstancias de Ambrosio Romero Carranza.

En el Buenos Aires de la década del ochenta del siglo pasado, solo los muy allegados al biografiado podían dar testimonio de su espiritualidad profunda y de su santidad. Era imprescindible que se diera a conocer su vida a los católicos laicos del siglo XX, ya que su ejemplo de liderazgo ético en el mundo empresarial ofrece un modelo inspirador para quienes buscan conciliar fe y vida profesional. Los recuerdos de la familia, amigos y empleados debían quedar plasmados en un libro.

Una mañana en su departamento de Uruguay 1064, Romero Carranza recibió la visita de Hernando Campos Menéndez que presidia por aquel entonces la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas con una propuesta concreta: “Vos tenés que escribir la biografía de Enrique, vas a recibir todo el material que necesites, ya tenemos la editorial y además un cheque como adelanto”. Ambrosio quedó atónito.

Esa misma tarde, cuando nos encontramos, Ambrosio me relató lo sucedido y añadió: "No hay dudas de que es una propuesta propia de un empresario". Por supuesto que aceptó, pero se negó a recibir el cheque. Su actitud fue motivo de nuestras bromas irreverentes, diciéndole que por esos cheques la escribíamos nosotros…

Cecilia Bunge de Shaw entregó un cúmulo impresionante de documentación, cuidadosamente almacenada en varias valijas que ocupaban todo un cuarto de la casa. Entre esos documentos se encontraban cartas inéditas y diarios personales que revelan aspectos desconocidos de la vida del biografiado, aportando un inmenso valor histórico y personal a la investigación.

Bajo secreto profesional, tuve la oportunidad de clasificar el material que el autor aceptaba o desechaba; durante este proceso, la responsabilidad de seleccionar qué conservar y qué descartar me hizo sentir parte de una historia íntima trascendental, divina. Leer tantas cartas, diarios y reflexiones fue una experiencia profunda que me permitió comprender la dimensión humana detrás de los hechos y la memoria.

A los ochenta años, Romero Carranza escribió el libro con fruición, Había recorrido una extensa trayectoria: magistrado, profesor universitario, académico de Derecho y Ciencias Sociales y de Ciencias Morales y Políticas, conferencista, historiador y colaborador de La Prensa

.No obstante, por encima de todos esos logros, prevalecía el agitador social cristiano -como lo caratulaban los servicios de inteligencia peronista- infatigable difusor de la tradición católica en nuestra patria.

Tuvo el privilegio de cultivar la amistad con el hoy beato Shaw y como biógrafo se adentra en su trayectoria, destacando su profunda espiritualidad, el desafío de mantener valores cristianos en el mundo empresarial y su capacidad de desprenderse de lo material sin abandonar sus responsabilidades terrenales.

La biografía abarca momentos significativos como la persecución religiosa que llevó a Shaw a prisión, en 1955 en el estertor de la tiranía peronista, su gesto de generosidad al compartir su colchón con otro detenido, y la ausencia de rencor hacia quienes lo interrogaron, lo que pone de manifiesto su carácter ejemplar y su entrega al prójimo.

Estos episodios, junto con la descripción de sus vínculos familiares y su paso por la Acción Católica y la Democracia Cristiana, ilustran por qué esta obra es considerada una de las más intensas y reveladoras de Romero Carranza, permitiendo al lector comprender en profundidad la dimensión humana y espiritual del beato Enrique Shaw.

Desde su primer libro, El triunfo del cristianismo, hasta este que recordamos de una serie de más de diez títulos diferentes la pluma de Romero Carranza, tan incesante como apostólica, regaló horas de lectura, estudio y placer estético.

Con este libro cumplió su mayor objetivo: ayudar a qué se revalorice la santidad de los laicos en medio del mundo y nos confirma que Dios recuerda los libros que olvidan los hombres.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Dios-recuerda-los-libros-que-olvidan-los-hombres-567434.note.aspx