GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura.. Mostrar todas las entradas

martes, septiembre 01, 2026

Su Majestad Dulcinea. El sacerdote Castellani empezó a escribir la novela en 1946, la abandonó y luego la concluyó en 1955.

 


‘SU MAJESTAD DULCINEA’, DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI.

La novela del Cura Loco.

Publicada setenta años atrás, la obra imagina el fin de los tiempos en una Argentina sometida a una tiranía internacional. Los católicos encarnan la última resistencia contra ese nuevo orden despótico.

Por Jorge Martínez.

Han pasado ya setenta años desde la publicación, en 1956, de Su Majestad Dulcinea, la novela más famosa y uno de los libros más queridos del extraordinario P. Leonardo Castellani.

Como sucede con buena parte de la obra castellaniana, la novela no puede entenderse sin reparar en sus referencias autobiográficas, que son constantes, y sin apelar a la exégesis del Libro del Apocalipsis, disciplina a la que Castellani (1899-1981) dedicó buena parte de su vida como sacerdote y como escritor.

Es también el libro de un patriota, un patriota sufrido y desesperado, “una especie de nacionalista despechao” que contra viento y marea se empecina en salvar lo que pueda salvarse de su tierra y su pueblo. “No puedo soportar la pudrición de este país”, clama muy al comienzo su protagonista, el Cura Loco, en un tono que va a marcar el resto de la historia.

Se trata de una “novela de anticipación” en la línea de Señor del Mundo, la formidable obra del P. Robert Hugh Benson que Castellani leyó de adolescente en castellano, releyó más tarde en inglés y luego tradujo añadiéndole un penetrante postfacio fechado en el “Día de San Juan Evangelista de 1956”, el mismo año en que se publicó Dulcinea.

Aclaraba Castellani en el postfacio que Benson había escrito una “imaginación, es decir, una novela, con la verdad propia de este género. Inventa una manera como la cosa puede pasar, sabiendo que puede haber otras manera. Lo importante es que la Cosa va a pasar, de esta manera u otra”. Que es más o menos la misma definición que puede aplicarse al libro del argentino.

PODER TOTAL

La trama de Su Majestad Dulcinea está situada a fines del siglo XX, en una Argentina que, como el resto del mundo, vive los días de la “gran tribulación”. El país integra un nuevo Virreynato del Río de la Plata, subordinado a la América del Norte, que gobierna “Su Irreprochabilidad, el Señor Adelantado”. Buenos Aires ha sido declarada Puerto Internacional Interamericano; ya no es la capital, que fue trasladada a “Marel Plata”.

Impera un internacionalismo (hoy diríamos “globalismo”) de cuño liberal, masónico y anglosajón. Por caso, la Plaza de Mayo se llama “plaza Roosevelt”; la Plaza Miserere es “Plaza Confraternidad”; la ciudad de Olavarría fue rebautizada “Jefferson”, y Resistencia, ahora sede de la “Gobernación del Paraguay”, es “Walt Whitman”.

Sometidas a esta forma de tiranía todas las personas están obligadas a llevar el distintivo del nuevo poder, una “marka” formada por dos triángulos cruzados “con el extraño signo verde que parece una letra hebrea”.

DEFECCION

También la Iglesia se ha sometido por completo a ese nuevo orden mundial. Se ha formado una “Iglesia Americana Unificada” y sus fieles integran el “Movimiento Vital Católico” que dice defender la “verdadera doctrina” de Jesús, ese “gran moralista de Nazareth”: “Dulzura, Democracia y Prosperidad”.

Hay dos Papas en el mundo, o mejor un Papa y un Antipapa. La nueva Iglesia apóstata obedece a Cecilio I, afincado en España, y descendiente de la familia Cecil de Inglaterra, perseguidores de católicos en tiempos de la reina Isabel; el Papa verdadero, que curiosamente eligió el nombre de León XIV, reina en Jerusalén.

Se ha impuesto, por tanto, “la herejía más sutil que existe, la última herejía, dentro de cuyo caldo nacerá el Anticristo”, explica el Cura Loco.

“La adoración de Dios -agrega el sacerdote levantisco- está siendo sustituida imperceptiblemente por la adoración del Hombre; y eso sin suprimir a Cristo, sino reduciéndolo súbdolamente a hombre. El misterio de iniquidad, que consiste en la inversión monstruosa del movimiento adoratorio de hacia el Creador en hacia la Creatura se ha verificado del modo más completo posible, sin suprimir uno solo de los dogmas cristianos, como la Virgen Madre, el Santísimo Sacramento, el Crucificado, solamente con convertirlos en ‘mitos’…”.

A la descripción de semejante estado de cosas le sigue una exhortación a la batalla: “De vosotros no sé; de mí sé decir que no hay descanso para mí, fuera de la muerte, mientras esta abominación subsista…”.

LOS ‘CRISTOBALES’

Contra ese régimen siniestro se alza la rebelión de los “cristóbales”, es decir, los cristeros, los viejo-católicos, conducidos por el Cura Loco y guiados por la figura misteriosa, esquiva, de Su Majestad Dulcinea.

Los “cristóbales” están en la mira de los “federales” (la Policía) porque se niegan a usar la oprobiosa “marka”, y por sus acciones de guerrilla y los espectaculares sabotajes que ejecuta el Cura. Sobre ellos pende la amenaza de ser capturados, torturados y deportados a los campos de concentración de la remota “Tierral Fuego”.

Su causa parece ser una causa perdida en un mundo sin caridad, pero la mantienen en alto con heroísmo cristiano y la certeza -que no todos aceptan por igual- de que su destino inminente es el martirio ya que Dios “nunca ha pedido al hombre que venza sino que no sea vencido”.

“Estamos defendiendo millares de hogares como el que fue nuestro -los arenga el Cura Loco-. Estamos defendiendo las ruinas y la posibilidad de una gran nación, y eso es defender nuestra fe y nuestra salvación. Defendemos a Dios”.

Su divisa no es la “marka” infame sino la enigmática Dulcinea, a la vez una mujer de carne y hueso seductora y repelente en partes iguales, y un símbolo de la Patria, de la Reina del Cielo, de la Iglesia y de la Hermosura, “la representación viva del Ideal, de la Belleza, de la Fe (…) del Entusiasmo de la Poesía”.

Estos nuevos “quijotes” van tras ella porque la novela de Cervantes, explica el Cura Loco, expresó el núcleo de la filosofía del cristianismo: “la empresa quijotesca por la búsqueda de la hermosura ideal”.

Ejemplo de ese quijotismo es el tercer personaje en importancia de la novela, Edmundo Florio, el policía que, enamorado de Dulcinea, traiciona a sus jefes para sumarse a los “cristóbales”.

Florio no es creyente y no comprende muy bien el sentido de su lucha; al acercarse a ellos se ve insertado “en un espacio irreal y en un tiempo irreal”, un “mundo nuevo” para él, y que sin embargo era “lógico y aun admirable...mirado con los ojos de ellos. Había que retorcerse el cerebro para mirar como ellos”.

TRES PARTES

En la primera parte de la novela (“La rebelión de los cristóbales”) se presentan los personajes y las líneas generales de la batalla física y espiritual que libran los cristianos de la resistencia. En la segunda (“En pos de Dulcinea”), el combate se torna cada vez más adverso, a medida que el planeta queda atrapado en una vasta “guerra de continentes” que no prescinde de catastróficos bombardeos atómicos.

Entre las ruinas y el estrépito de las batallas planetarias va asomando la figura temible y tenebrosa del Anticristo, Juliano Felsenburgh, nombre que el autor toma prestado de Señor del Mundo.

Al comienzo de la tercera parte (“Finale Lento Maestoso”) Felsenburgh es designado, por aclamación, “Presidente del Universo”. Poco después usurpa también el título de Papa, con lo que “ahora reunía en sus manos todos los poderes…”. El Papa verdadero, Juan XXIV, es de “raza judía” y vive oculto “allá en el Oriente”.

HOMBRE Y OBRA

Según sus propias palabras, Castellani empezó la redacción de Su Majestad Dulcinea en 1946 (la primera parte), y la terminó en 1955 (segunda y tercera parte), dato que pudo confirmar Sebastián Randle en el segundo tomo de su monumental biografía del sacerdote (Castellani maldito: 1949-1981, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Vórtice, 2023, segunda edición revisada).

Las páginas de la novela dan testimonio a cada paso de su informado y cautivante interés por la exégesis del Apocalipsis y la Parusía, junto con sus críticas de toda la vida al liberalismo entreguista y cipayo; sus burlas de la prensa rastrera y engañosa y de los adjetivos (todavía vigentes) que utilizan en sus campañas de descrédito; su desprecio por la politiquería insustancial y corrupta; su caricatura mordaz de los jerarcas eclesiásticos melifluos, oportunistas y, en el fondo, apóstatas, que tanto había padecido como hombre de fe.

Pero también se permitió infiltrar, unas veces con humor y otras con dolorosa franqueza, un reguero de experiencias, ideas, anécdotas o sentimientos extraídos de su atormentada vida de sacerdote, en tiempos en que había sido expulsado de la Compañía de Jesús y le habían prohibido celebrar la santa misa, castigo que iba a extenderse por cerca de dos decenios.

Las biografías del protagonista y el autor son idénticas. “El cura -se lee en el capítulo IX de la segunda parte- había pertenecido a una orden religiosa, había estudiado en Roma, había tenido un lío fenomenal con sus Superiores, había estado ‘recluído’ (es decir, preso) dos años, se había fugado, había sido echado de los Jeromianos y excomulgado por el finado Arzobispo. Parece ser, según decía él, que el Papa León XIV le había arreglado el asunto según él decía; y debía ser verdad”.

El Cura Loco es Castellani en su máxima expresión. Los sermones que pronuncia, las agudas definiciones que desliza, sus humoradas, sus guiños a amigos y adversarios (el líder cristero Fermín Chávez hijo, un “coronel Jauretche”, el “Código Damonte”, el “palacio Botana”, “las profecías de un tal Padre Menvielle”), más sus confesiones tan emotivas (“La vida del cristiano es una enfermedad. Lo peor de todo es la soledad, no tener ante quien llorar”) pintan de cuerpo entero al escritor y al religioso.

Para ambos vale la descripción que en la novela alguien hace del primero: “Es un hombre Singular, de esos que hay uno solo, un Unico”.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/La-novela-del-Cura-Loco-575248.note.aspx

viernes, junio 19, 2026

Yrigoyen es la continuidad argentina. Carta de Jorge Luis Borges a Enrique y Raúl González Tuñon. 1928.

 

"YRIGOYEN ES LA CONTINUIDAD ARGENTINA": Carta de Jorge Luis Borges a Enrique y Raúl González Tuñon (marzo de 1928).
"Razonar esta convicción de yrigoyenista es empresa fácil. Equivale a pensar ante los demás lo que ya ha pensado mi pecho.
Yrigoyen es la continuidad argentina. Es el caballero porteño que supo de las vehemencias del alsinismo y de la patriada grande del Parque y que persiste en una casita (lugar que tiene clima de Patria, hasta para los que no somos de él), pero es el que mejor se acuerda con profética y esperanzada memoria de nuestro porvenir.
Es el caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir.
Esa voluntad de heroísmo, esa vocación cívica de Yrigoyen, ha sido administrada (válganos aquí la palabra) por una conducta que es lícito calificar de genial. El fácil y hereditario descubrimiento de los políticos era éste: la publicidad, la garrulidad, la franqueza, provoca simpatía.
El de Yrigoyen es el reverso adivinatorio de aquel y es enunciable así: el recatado, el juramentado, el callado, es también simpático. Esa intuición ha bastado para salvarlo de las obligadas exhibiciones callejeras de la política.
Yrigoyen, nobilísimo conspirador del Bien, no ha precisado ofrecernos otro espectáculo que le de su apasionado vivir, dedicado con fidelidad celosa a la Patria."
Historia UCR

viernes, mayo 22, 2026

22 de mayo de 1975: se estrena la película argentina LOS GAUCHOS JUDÍOS. Basada en el libro de Alberto Gerchunoff.





Los gauchos judíos.

Los gauchos judíos es un libro del escritor argentino de origen ucraniano judío Alberto Gerchunoff, considerado el padre de la literatura judía en nuestra  América  publicado en La Plata en 1910, en homenaje al Centenario de la Revolución de Mayo.

El libro “Los gauchos judíos” de Gerchunoff  ocupa el lugar N.º 35 del "Canon judío", la lista de las mejores 100 obras de la literatura judía moderna, establecido por el National Yiddish Book Center de los Estados Unidos.


Alberto Gerchunoff (Proskurov, Imperio ruso, 1 de enero de 1883 - Buenos Aires, Argentina, 2 de marzo de 1950) fue un narrador, ensayista y periodista argentino. Su nombre de nacimiento era Abraham, el cual modificó por "Alberto" al acceder a la ciudadanía argentina. Escribió numerosas obras, entre las cuales se destacó Los gauchos judíos, posteriormente llevada al cine (Datos:  Wikipedia),

Su familia emigró en 1889 a Argentina, instalándose en la colonia judía de Moisés Ville, ubicada en la provincia de Santa Fe.

Después del asesinato de su padre la familia se trasladó a una colonia de la misma índole que la anterior, llamada Colonia Rajil, en la provincia de Entre fundada por el filántropo Barón Moritz Hirsch, como refugio para los judíos que huían de los pogroms europeos.

Las primeras ocho familias judías llegaron a la Argentina en octubre de 1888. En agosto de 1889, comenzó la inmigración judía a la Argentina a través de la Jewish Colonization Association del Barón Mauricio de Hirsch que compró tierras donde miles de judíos provenientes de Rusia, Rumanía. Esta inmigración dio origen a las colonias de Carlos Casares y otras en la provincia de Entre Ríos.

Los gauchos judíos es el nombre que se les dio a los inmigrantes judíos que se instalaron en la Argentina, fundando “colonias agrícolas” similares a los kibutz existentes en Israel. El término fue inventado por el escritor Alberto Gerchunoff en su libro Los gauchos judíos (1910).

La población judía en la Argentina es la tercera en el continente americano y la quinta más grande del mundo fuera de Israel.

Si bien la mayoría se establecieron en las zonas urbanas de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, también optaron por la vida rural y agrícola y fundaron las colonias de Carlos Casares, Mauricio Hirsch, Moctezuma, Smith, Lapin y Rivera en el oeste de Buenos Aires, Bernasconi en La Pampa, Moises Ville, Ceres y Montefiore en Santa Fé, y Basavilbaso, Villaguay, Ingeniero Sajaroff, Villa Clara y Villa Dominguez en Entre Rios.

El 22 de mayo de 1975 se estrenó la película Los Gauchos Judios, dirigida por Juan José Jusid y basada en los relatos de dicho libro. Guión de Ana María Gerchunoff, Jorge Goldenberg y Oscar Viale.

Es protagonizada por Pepe Soriano, Dora Baret, Víctor Laplace, Jorge Barreiro, Luisina Brando, María José Demare, Ignacio Finder, Golde Flami,  Raúl Lavié, Oscar Viale, China Zorrilla. Ignacio Finder,  Marta Gam, Adrián Ghio, Zelmar Gueñol, Maurice Jouvet, Raúl Lavié, Luis Politti, Oscar Viale, María Rosa Gallo, Max Berliner, Martín Ajdemián, Arturo Mally, Zulema Katz, Héctor Bidonde, Salo Pasik, Divina Gloria, Osvaldo Terranova y Ginamaría Hidalgo.

Fue producida por Leopoldo Torre Nilsson,

Se estrenó el 22 de mayo de 1975 en la Argentina.


Judío, Argentino y Gaucho Alberto Gerchunoff.



Imágenses: Internet.

ALFREDO ZITARROSA "LOS GAUCHOS JUDÍOS" UNA EXTRAORDINARIA VERSIÓN.



lunes, mayo 11, 2026

Estanislao del Campo por JOSÉ NAROSKY.


 Estanislao del Campo.

por JOSÉ NAROSKY.

Con el seudónimo de Anastasio el Pollo, entró Estanislao del Campo en el mundo de las letras.
Su poema gaucho-burlesco, Fausto, alcanzó casi de inmediato, una enorme popularidad, que ha persistido y aumentado si cabe, hasta nuestros días.
Su aparición fue entusiastamente saludada por la crítica, y lo que nunca había ocurrido antes en nuestro medio, suscitó una larga polémica entre dos jóvenes talentos que habían de afirmarse más tarde, Pedro Goyena y Eduardo Wilde.
La polémica interesante y animadísima derivó hacia conceptos generales de la poesía, pero contribuyó indudablemente a tener a Del Campo y su libro sobre el tapete de la actualidad.
Escribió también otras muchas composiciones de diferentes estilos. Sin embargo es en la cuerda gauchesca donde da las mejores notas.
De humor festivo, tiene una pluma llena de colorido para verter su fácil filosofía campera y fresca imaginación. Es curioso advertir que no obstante el género escogido, era más bien un hombre de ciudad.

TRAYECTORIA
Nació en la capital el 7 de febrero de 1834, hijo de padre porteño y madre tucumana. Entro luego a prestar servicio en la aduana y más tarde fue secretario de la cámara de diputados. Le tocó posteriormente luchar en las batallas de Cepeda y Pavón. Llegó así a capitán teniendo sólo 27 años. A los 40 ya es teniente coronel.
Fue diputado nacional. Se desempeñó en todos estos cargos con escrupulosidad y competencia.
Formó asimismo parte activa en las luchas políticas, pero sin abandonar la poesía, que fue sin duda su vocación más íntima.
Murió el 6 de noviembre de 1880. Tenía sólo 46 años. Los mejores poetas de la época, José Hernández y Guido Spano, pronunciaron conmovedoras oraciones en su tumba.
Entre sus obras, son de destacar: “Los Debates de Mitre” y “Carta de Anastasio el Pollo”, ambas escritas teniendo sólo 23 años. Esta última es una anticipación de “Fausto”, su máxima creación, escrita teniendo 32 años.

FAUSTO
En “Fausto”, un paisano, llamado Anastasio el Pollo, asiste por casualidad, a una función en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se representaba la ópera “Fausto” de Gounod.
El hombre, en su libro, conversa largamente con Don Laguna, un gaucho amigo al que encuentra en la soledad del campo bonaerense, y le relata lo visto en el teatro. Anastasio no distingue entre realidad y ficción, y queda muy impresionado, como si todo hubiese sido real.
El argumento de “Fausto” es conocido. Lo escribió el escritor alemán Gohete y Gounoud lo musicalizó para su ópera. Hastiado de la vida que llevaba, el anciano doctor Fausto, invoca a Mefistófeles –el diablo- para que le proporcione una nueva y placentera juventud, vendiéndole a cambio su propia alma.
El demonio acepta y entonces el anciano, ya con apariencia veinteañera, puede seducir a la joven e inocente Margarita a la que luego abandona. Sigue teniendo todos los placeres terrenales, pero no la felicidad. Transformado en un joven atractivo, seduce mujeres y obtiene cargos y honores. Pero se siente triste. El cansancio lo abruma. En ese momento llega el demonio a reclamarle lo que fijaba el contrato: debe darle su alma, es decir, su vida. Le corresponde morir. Ya en el cielo, encuentra a Margarita, la joven seducida y siente que realmente la ama. Recién en ese momento se siente feliz.
Entonces comprende que la felicidad total es un horizonte y que la verdadera, está sólo en el momento en que nos sentimos felices.
José Hernández, el creador de nuestro Martín Fierro, nacido como Estanislao del Campo, en 1834, 8 ó 9 meses menor que este, expresó en su tumba: “Se nos fue un hombre que supo extraer vida de la vida, que no escribió para enseñar, sino sólo para dar”. Y un aforismo final para Estanislao Del Campo: “El verdadero escritor es como un niño. Porque nos muestra la magia de las cosas cotidianas”.

Publicado en diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Estanislao-del-Campo-571594.note.aspx

jueves, abril 30, 2026

Textual. El pensamiento vigente de Ernesto Sabato.


"Ahora la humanidad carece de ocios, en buena parte porque nos hemos acostumbrado a medir el tiempo de modo utilitario, en términos de producción. Antes los hombres trabajaban a un nivel más humano, frecuentemente en oficios y artesanías, y mientras lo hacían conversaban entre ellos. Eran más libres que el hombre de hoy que es incapaz de resistirse a la televisión. Ellos podían descansar en las siestas, o jugar a la taba con los amigos. De entonces recuerdo esa frase tan cotidiana en aquellas épocas: “Venga, amigo, vamos a jugar un rato a los naipes, para matar el tiempo, no más”, algo tan inconcebible para nosotros. Momentos en que la gente se reunía a tomar mate, mientras contemplaba el atardecer, sentados en los bancos que las casas solían tener al frente, por el lado de las galerías. Y cuando el sol se hundía en el horizonte, mientras los pájaros terminaban de acomodarse en sus nidos, la tierra hacía un largo silencio y los hombres, ensimismados, parecían preguntarse sobre el sentido de la vida y de la muerte".

De "La resistencia" de Ernesto Sabato.

Ernesto Sabato nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires el 24 de junio de 1911.

Fallece en Santos Lugares, Buenos Aires el 30 de abril de 2011. Escritor, pintor y físico argentino.

En el Colegio Nacional de La Plata, donde conoció al profesor Pedro Henríquez Ureña,[10]​ a quien luego citaría como inspiración para su carrera literaria, y a Ezequiel Martínez Estrada.[11]​ En 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.

Su obra narrativa consiste en tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador.

Fue el segundo argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes (1984) luego de Jorge

Entre sus ensayos algunas de sus obras con Uno y el Universo,Hombres y engranajes, El otro rostro del peronismo, El escritor y sus fantasmas, La cultura en la encrucijada nacional, Entre la letra y la sangre, Antes del fin, La resistencia, Confesiones de un viejo escritor.

sábado, diciembre 27, 2025

Ambrosio Romero Carranza promotor de la beatificación de Enrique Shaw.

 

Ambrosio Romero Carranza.

Enrique Shaw.


Ambrosio Romero Carranza promotor de la beatificación de Enrique Shaw.

Por Roberto Elissalde.

La alegría de la beatificación de Enrique Shaw, nos trajo a la memoria a don Ambrosio Romero Carranza, abogado, magistrado, académico, católico militante, vicentino, caballero sin estridencias. Preocupado por el cariz de los acontecimientos del país había creado, inspirado en la doctrina social de la Iglesia, la revista Rumbo Social, cuyo primer número salió en setiembre de 1976, hace casi medio siglo.

Anunciaba como colaboradores a Raúl Oscar Abdala, Gerardo Ancarola, Atilio Cornejo, Estanislao del Campo Wilson, Jorge L. García Venturini, Carlos María Gelly y Obes, Albero D. Leiva, Manuel Ordóñez, Alberto Rodríguez Varela, Eduardo Ventura y Marcelo Salerno, entre otros. Los secretarios de redacción eran José García Enciso y Roberto Jorge Starke y el tesorero (de poca plata) era Juan Isidro Quesada.

Con el tiempo se fueron agregando colaboradores, como León Rebollo Paz, monseñor Octavio Nicolás Derisi, Alejandro de Gainza, Pbro. Carlos Cuchetti, Victoria Pueyrredon, Hernán Santibánez Vieira, Ramón Barbadori, Roberto Azaretto y un joven que habría de ser presidente por 12 horas, Federico Pinedo, preocupado en abril de 1977 por “el mundo en gran parte antinatural que nos toca vivir, mundo de la ciudad industrial, de las chimeneas que despiden humo ennegrecedor, del automóvil con sus apuros y sus olores, de multitudes y al mismo tiempo de soledad, trae, como consecuencia, el anhelo de evadirse de la realidad. De allí los muchos y distintos modos de escapismos que hoy existen”.

AMABLES TERTULIAS.

Todos los jueves por la noche Ambrosio celebraba unas amables tertulias en su departamento de la calle Uruguay al 1000, donde figuras relevantes como Manuel Ordóñez, García Venturini, Néstor Auza o el padre Cuchetti solían a veces ser expositores, y en las que se comentaba la realidad social. Pero había otra reunión, que no tenía día y hora que era entre las 18 y las 18.30 a la que se accedía solo tocando el timbre, lo único que podía suceder era que el dueño de casa llegara tarde (20.30) de las reuniones a las que concurría en las Academias Nacionales de Derecho y Ciencias Sociales y de la Ciencias de Buenos Aires, de la que era numerario. Si volvía enseguida, su mujer María Cristina nos servía una taza de té ante una mesa repleta de papeles, mientras que la luz de iba apagando en el magnífico contrafrente. Uno de los habituales en ese horario, que recuerdo y con el que a través de los años hemos mantenido una afectuosa relación era Alejandro Domínguez Benavídes, algo más joven que colaboraba muchísimo con Ambrosio en distintas tareas de la administración de la revista. Uno de los temas recurrentes para él, era la figura de monseñor Miguel de Andrea, y la doctrina social de la iglesia, de allí el nombre de la revista, no dejaba de hacernos comentarios sobre el obispo que había renunciado al arzobispado porteño, y había hecho de la Casa de la Empleada una organización modelo para la mujer.

El otro personaje que nos refería en forma permanente era Enrique Shaw, un joven de fortuna, huérfano de madre, que había ingresado a la Escuela Naval en 1935, sin embargo preocupaciones de otra naturaleza lo llevaron a pedir la baja en agosto de 1945, cuando era teniente de navío. “Dada su situación social, la fortuna heredada de su madre y la alta posición de su padre” bien podía darse esa oportunidad y comienza su tarea en la empresa familiar, donde desarrolla una obra increíble, amado por su personal. Cuando una cruel enfermedad lo ataca en plena juventud, llegando un día a presentarse 260 personas para dar sangre y poder recibir las transfusiones. Finalmente este hombre extraordinario había fallecido el 27 de agosto de 1962. Romero Carranza, en poder toda de la documentación que le facilitó la familia, escribió la biografía de Enrique Shaw que se publicó en 1984.

Magnífica obra que es además una historia de la preocupación social de ciertos laicos en lo que hace a la doctrina social de León XIII. El libro finaliza con estas palabras: “Y ese ser alguien, ¿fue verdaderamente llegar a ser un santo?”. En esta beatificación que alegra a la iglesia argentina, no debemos olvidar que el gran promotor de la misma, fue Ambrosio Romero Carranza, fallecido en 1999, a los 95 años, aunque él nacido un 29 de febrero, solía decir cuando llegaba ese día que cumplía muchos menos, recuerdo que para sus 80 decía en broma tengo 20 años bisiestos. Evocábamos esto con Alejandro Domínguez Benavídes colaborador de este diario, que mucho colaboró con el autor en la tarea documental, y sin duda como testigo de ese tiempo, él podrá dar también su valioso testimonio; a la vez que cumplir el sentido homenaje a quien fue el Anunciador, especialmente porque gente por demas interesada y vinculada a la causa había olvidado su nombre.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Ambrosio-Romero-Carranza-promotor-de-la-beatificacion-de-Enrique-Shaw-567432.note.aspx

Dios recuerda los libros que olvidan los hombres POR ALEJANDRO A. DOMÍNGUEZ BENAVIDES.

 

Dios recuerda los libros que olvidan los hombres.  

Por ALEJANDRO A. DOMÍNGUEZ BENAVIDES.

Muchas veces los libros cumplen una misión y misteriosamente desaparecen; tal es el caso de Enrique Shaw y sus circunstancias de Ambrosio Romero Carranza.

En el Buenos Aires de la década del ochenta del siglo pasado, solo los muy allegados al biografiado podían dar testimonio de su espiritualidad profunda y de su santidad. Era imprescindible que se diera a conocer su vida a los católicos laicos del siglo XX, ya que su ejemplo de liderazgo ético en el mundo empresarial ofrece un modelo inspirador para quienes buscan conciliar fe y vida profesional. Los recuerdos de la familia, amigos y empleados debían quedar plasmados en un libro.

Una mañana en su departamento de Uruguay 1064, Romero Carranza recibió la visita de Hernando Campos Menéndez que presidia por aquel entonces la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas con una propuesta concreta: “Vos tenés que escribir la biografía de Enrique, vas a recibir todo el material que necesites, ya tenemos la editorial y además un cheque como adelanto”. Ambrosio quedó atónito.

Esa misma tarde, cuando nos encontramos, Ambrosio me relató lo sucedido y añadió: "No hay dudas de que es una propuesta propia de un empresario". Por supuesto que aceptó, pero se negó a recibir el cheque. Su actitud fue motivo de nuestras bromas irreverentes, diciéndole que por esos cheques la escribíamos nosotros…

Cecilia Bunge de Shaw entregó un cúmulo impresionante de documentación, cuidadosamente almacenada en varias valijas que ocupaban todo un cuarto de la casa. Entre esos documentos se encontraban cartas inéditas y diarios personales que revelan aspectos desconocidos de la vida del biografiado, aportando un inmenso valor histórico y personal a la investigación.

Bajo secreto profesional, tuve la oportunidad de clasificar el material que el autor aceptaba o desechaba; durante este proceso, la responsabilidad de seleccionar qué conservar y qué descartar me hizo sentir parte de una historia íntima trascendental, divina. Leer tantas cartas, diarios y reflexiones fue una experiencia profunda que me permitió comprender la dimensión humana detrás de los hechos y la memoria.

A los ochenta años, Romero Carranza escribió el libro con fruición, Había recorrido una extensa trayectoria: magistrado, profesor universitario, académico de Derecho y Ciencias Sociales y de Ciencias Morales y Políticas, conferencista, historiador y colaborador de La Prensa

.No obstante, por encima de todos esos logros, prevalecía el agitador social cristiano -como lo caratulaban los servicios de inteligencia peronista- infatigable difusor de la tradición católica en nuestra patria.

Tuvo el privilegio de cultivar la amistad con el hoy beato Shaw y como biógrafo se adentra en su trayectoria, destacando su profunda espiritualidad, el desafío de mantener valores cristianos en el mundo empresarial y su capacidad de desprenderse de lo material sin abandonar sus responsabilidades terrenales.

La biografía abarca momentos significativos como la persecución religiosa que llevó a Shaw a prisión, en 1955 en el estertor de la tiranía peronista, su gesto de generosidad al compartir su colchón con otro detenido, y la ausencia de rencor hacia quienes lo interrogaron, lo que pone de manifiesto su carácter ejemplar y su entrega al prójimo.

Estos episodios, junto con la descripción de sus vínculos familiares y su paso por la Acción Católica y la Democracia Cristiana, ilustran por qué esta obra es considerada una de las más intensas y reveladoras de Romero Carranza, permitiendo al lector comprender en profundidad la dimensión humana y espiritual del beato Enrique Shaw.

Desde su primer libro, El triunfo del cristianismo, hasta este que recordamos de una serie de más de diez títulos diferentes la pluma de Romero Carranza, tan incesante como apostólica, regaló horas de lectura, estudio y placer estético.

Con este libro cumplió su mayor objetivo: ayudar a qué se revalorice la santidad de los laicos en medio del mundo y nos confirma que Dios recuerda los libros que olvidan los hombres.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Dios-recuerda-los-libros-que-olvidan-los-hombres-567434.note.aspx

jueves, diciembre 25, 2025

En un nuevo aniversario del nacimiento de Sara Gallardo.

Sara Delfina Gallardo Drago Mitre.

En un nuevo aniversario del nacimiento de Sara Gallardo.

Sara Delfina Gallardo Drago Mitre, tales sus nombres y apellidos completos fue periodista, traductora, novelista. En lo que va de este siglo XXI prácticamente todos sus libros han vuelto a publicarse encontrando buen eco en los lectores y renovado interés en la crítica especializada.

Por Antonio Las Heras.

El 23 de diciembre de 1931 nacía quien habría de ser la escritoria Sara Gallardo, que nos legara libros que siguen siendo reeditados y leídos con intensa emoción como “Pantalones azules”, “Los galgos, los galgos” y “Eisejuaz”, entre otros textos notables. Gracias a otro escritor antológico como lo fue Juan-Jacobo Bajarlía, puede conocerla, compartir un té de la media tarde y conversar extensamente. Eso sí, nunca olvidaré que cuando le comenté que “Pantalones azules” era un libro que yo solía releer con frecuencia, me contestó de manera tajante: “Ese el libro que yo menos quiero…” Así iniciamos nuestro vínculo.

 “Toda frase es una fachada”, escribe en uno de sus textos la autora. Y, tal vez, con sólo esa frase ya sería posible desentrañar su intenso entramado de vida. Pero podemos agregar esta otra: “Escribir es un oficio absurdo y heroico.”

Y para comprender mejor a quien nos estamos refiriendo, vayan dos frases por ella expresadas:

"En mi caso escribir – y escribir mucho, aunque sea de manera imperfecta – significa un esfuerzo por desenrollar una especie de madeja interna. Llegar a ser, mediante el trabajo, uno mismo. Es decir, trascenderse a sí mismo para llegar a ser quien uno es y no sabe".

“Un libro es un buen sitio donde conocerse, mucho mejor que un ascensor, por ejemplo, donde nadie sabe de qué hablar.”

Este 23 se cumplen 95 años del nacimiento de Sara Gallardo, quien se convertiría en una de las más notables escritoras argentinas del siglo XX. Tal vez, nadie como ella para describir ciertos climas, especiales situaciones, sugerir emociones tales que el lector las sintiera propias.

Sara Delfina Gallardo Drago Mitre, tales sus nombres y apellidos completos, nació en la casona que la familia habitaba en la calle Libertad al 1.200 de la Ciudad de Buenos Aires. Pero su crianza – al igual que la de sus cinco hermanos (ella era la segunda) – aconteció en una quinta construida en el siglo XIX, situada en la localidad bonaerense de Bella Vista.

Era nieta del Dr. Ángel Gallardo, naturalista de prestigio internacional, bisnieta del escritor Miguel Cané, autor de Juvenilia, y tataranieta del Gral. Bartolomé Mitre.

Estuvo casada con Luis Pico Estrada quien desarrolló amplia actividad como periodista y guionista de radio, cine, televisión y teatro. Luego, contrajo matrimonio con Héctor Alberto Álvarez Murena (quien firmaba H. A. Murena), escritor, ensayista, narrador, poeta y traductor.

Periodista, traductora, novelista. En lo que va de este siglo XXI prácticamente todos sus libros han vuelto a publicarse encontrando buen eco en los lectores y renovado interés en la crítica especializada.

El escritor Pedro Mairal comenta: “Cuando entrevisté a la hija de Sara, Paula Pico Estrada, para un programa para canal Encuentro me contó que Sara Gallardo se iba a un departamento que nadie sabía que tenía, en la calle Paseo Colón, y le decía a su familia que se iba a Bahía Blanca, a trabajar en la radio. Llamaba por teléfono y tapaba el auricular para que sonara como de larga distancia.” Y agrega: «Los libros de ella, al no estar pegados a una moda de la época y al haber seguido siempre un estilo personal, son libros que están vivos (...)».

"Enero", su primera novela, la escribió en torno a sus 25 años. Publicada durante 1958 fue, asimismo, traducida al checo y al alemán. Por “Los galgos, los galgos”, seguramente su obra más conocida, obtuvo el Primer Premio Municipal en 1968.

Es autora de las novelas Enero (1958), Pantalones azules (1963), Los galgos, los galgos (1968), Eisejuaz (1971) y La rosa en el viento (1979), ésta última fue la única que publicó primero fuera de la Argentina. Lo hizo en España y también la redactó durante una larga estadía en aquel país.

A ello debemos agregar dos libros de cuentos: El país del humo (1977) y Los trenes de los muertos. Cuatro de cuentos infantiles: Los dos amigos (1974), Teo y la T.V. (1974), Las siete puertas (1975) y ¡Adelante la isla! (1982) Y los compilados de sus escritos periodísticos: Páginas de Sara Gallardo (1987) y Macaneos. Las columnas de Confirmado (2016)

Esteban Bitesnik, curador de la muestra sobre la vida y obra de Sara Gallardo, realizada durante 2018 en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional, describe: “Nos encontraremos con espacios donde habita lo fantástico, como en el El país del humo, o la desazón y la soledad de la mítica Patagonia que sirve como escenario de una de las historias de La rosa en el viento. Las representaciones del ámbito rural cobran otra fuerza y se distancian de la tradición nacional en Los galgos, los galgos y Enero, obras en las que los paisajes rurales acompañan a las pasiones de los personajes y van transformándose con ellos. Otro caso es Eisejuaz, en el que la distancia se evidencia por dos vías: el espacio hostil y violento del Chaco salteño, donde el mataco alucinado intentará encontrar la respuesta de Dios, y el uso de un habla inventada. La ciudad también funciona como telón de fondo de sus obras, particularmente en Pantalones azules.”

En una carta, dirigida a Sara Gallardo, Manuel Mujica Láinez señala refiriéndose a Eisejuaz: «¡Qué libro extraño y bello has logrado! No imagino cómo se te ocurrió ni cómo te atreviste a emprenderlo. ¡Qué audacia! (…) Ojalá la gente comprenda lo valioso de tu texto. Ojalá deje atrás la sorpresa de las primeras páginas y se interne en su singularidad alucinante.»

Precisamente en un prólogo a Eisejuaz, Martín Kohan anota: “Lo más justo es inscribirla en esa zona de la literatura latinoamericana de los libros que no se parecen a nada, y que no encajan ni aun en el canon de la heterodoxia finalmente establecida, y que no van a aparecer o a recordarse sin dejar de ser un descubrimiento.”

Ricardo Piglia, en el año 2.000, en su texto “Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)” afirmaba: “… el escritor, al preguntarse por el futuro de la literatura define el país literario argentino a partir de los nombres de cuatro escritores, entre ellos a Sara Gallardo: ¿Cómo nos plantearíamos ese problema nosotros, hoy? El país de Sarmiento, de Borges, de Sara Gallardo, de Manuel Puig. ¿Qué tradición persistirá, a pesar de todo?”

«Se dice que la reaparición de Sara Gallardo – ha sostenido Leopoldo Brizuela – en la escena literaria se debe a la buena memoria de ciertos colegas, como Griselda Gambaro o como Ricardo Piglia; esta generosidad valdría de poco, sin embargo, si no sintiéramos a cada página que de alguna manera hemos nacido de un mundo que ella tempranamente vislumbró, que somos hermanos de los personajes de sus ficciones, que sus búsquedas son las nuestras y su lenguaje y sus metáforas un don inesperado, irreemplazable.»

«La prosa de Sara Gallardo – afirmó María Sonia Cristoff – no es solamente impactante por la “calidad poética” que suelen remarcar los espíritus amantes de las bellas letras sino, como sucede cuando hay un escritor, por la toma de partido implícita: su literatura en grageas como respuesta, como contrapartida frente a cualquier forma de realismo mimético y ramplón.»

La autora falleció en Buenos Aires, el 14 de junio de 1988, a causa de un ataque de asma, cuando sólo tenía 57 años. Fue un hecho repentino e impredecible, según explicaron sus familiares. Entre sus papeles fueron halladas notas mostrando que estaba trabajando en la realización de una biografía de Edith Stein, de nombre religioso Teresa Benedicta de la Cruz, doctora en Filosofía, mística, religiosa perteneciente a la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, mártir y santa alemana de origen judío, asesinada en Auschwitz el 9 de agosto de 1942. Corresponde señalar que Edith Stein fue canonizada, por el papa Juan Pablo II, poco antes que se cumplieran tres meses de la muerte de Sara Gallardo: el 11 de octubre de 1.998.

::: ::: :::

Por Antonio Las Heras.

* El autor es doctor en Psicología Social, filósofo, historiador y escritor. “Las búsquedas espirituales de Ricardo Güiraldes y otros escritos sobre escritores y escrituras”, es uno de sus libros. www.antoniolasheras.com

*** Publicado en Diario Los Andes.

23/12/2025.

https://www.losandes.com.ar/opinion/en-un-nuevo-aniversario-del-nacimiento-sara-gallardo-n5974511

martes, octubre 21, 2025

Sados y Masoquistas: una historia de preferencias. Por Omar López Mato.

Sados y Masoquistas: una historia de preferencias.

Por Omar López Mato.

Estos términos que se usan casi a diario no nacen de la observación clínica, sino de confesiones literarias de dos individuos que pasaron a la historia por sus particulares aventuras sexuales.

Los caballeros en cuestión eran personas cultivadas, de nobles familias, pero víctimas de pasiones descontroladas y de características divergentes, que volcaron sus preferencias en libros autorreferenciales. Estos se hicieron famosos no por sus méritos literarios, sino por las crudas descripciones de sus prácticas sexuales. 
Vale aclarar que ambos terminaron sus días en manicomios.
El más conocida de ellos fue Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), más recordado como el Marqués de Sade (valga decir que era conde, pero el señor se daba aires con títulos superiores a los propios), cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de crueldad durante el acto sexual.
Tanto el sadismo como el masoquismo no necesariamente son una perversión, pero se convierte en tal cuando estas conductas afectan la vida social del individuo.
Vale aclarar que en casi todo acto sexual hay una pizca de violencia y otra de sometimiento, como describía el otro integrante de la esta dupla, el menos conocido de ellos, Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), cuyo nombre fue utilizado por el Dr. Richard von Krafft-Ebing (1840-1902) en su clásico Psicopatía sexual, escrito en 1886, para describir esta sumisión y búsqueda de placer en el dolor.
 
Leopold von Sacher-Masoch
Nació en el Imperio austrohúngaro y cursó estudios de Derecho e Historia en Graz, ciudad en la que se dedicó a la docencia y, con el tiempo, al periodismo y la literatura. Al principio de su carrera escribió cuentos folclóricos y novelas históricas. Así logró cierto prestigio que le granjeó la amistad de literatos de la talla de Émile Zola, Henrik Ibsen y Victor Hugo. 
De no haber revelado sus atribuladas preferencias sexuales, von Sacher-Masoch hoy sería un literato extraviado en el tiempo, pero sus preferencias se fueron abriendo camino en sus textos, especialmente al relatar la truculenta vida de la condesa húngara Isabel Bathory (1560-1614), acusada de torturar y matar a más de 600 personas con la ayuda de sus sirvientes. Este número la convierte en la asesina serial más prolífica de la historia. 
La condesa, obsesionada por la belleza, usaba la sangre de jóvenes vírgenes para bañarse en ella, en busca de la eterna juventud.
El primer  textos donde von Sacher-Masoch describe su gusto por ser maltratado fue en  su libro Las Venus de las pieles (1870), donde relata el curioso contrato suscrito con la baronesa Fanny Pistor, comprometiéndose a ser su esclavo a lo largo de seis meses, sometiéndose a todo tipo de vejámenes y a obedecer las órdenes de la baronesa so pena de ser castigado como y cuando ella lo desease. 
Pasados seis meses, el contrato fue olvidado, aunque preservado como prueba de las preferencias del escritor, que incluían generosos azotes en las nalgas propinados por la baronesa, quien debía usar prendas de piel, tal como lo señala el título de la novela.
La baronesa se cansó del escritor y sus manías, cosa que lo obligó a buscar otra compañera de juegos eróticos, que en este caso se convirtió en su esposa: Angelica Aurora Rümelin (1845-1908).
Una vez fallecida, su marido, y un año antes de su propia muerte, Aurora escribió Confesión de vida, donde relata cómo su cónyuge organizaba juegos de salón que él llamaba “de bandoleros”, en los que Aurora y su criada debían vestirse con pieles, perseguir a von Sacher-Masoch por su casa como si fuesen malhechores, capturarlo, desnudarlo, maltratarlo y finalmente azotarlo con tanto entusiasmo que sangraba, cosa que estimulaba a Masoch al punto de rogarle que le pegase sin piedad.
“¡Cuánto más me haces sufrir, más feliz soy!”, exclamaba extasiado.
En 1887, Aurora pidió el divorcio y, en el proceso judicial describió con lujo de detalles los escabrosos hábitos de su cónyuge, que había tolerado (y compartido) por 14 años.
Parece que la divulgación de sus hábitos no lo desanimó en lo más mínimo, y Masoch volvió a casarse con Hilda Meister, hasta entonces secretaria de la revista Sobre la cima, que el mismo escritor dirigía.
Dicen que ella lo curó de esa obsesión, o quizás el hombre ya no estaba para esos trotes. En 1895 fue internado en un asilo porque se cría un gato y, como felino cruel, atacaba a su cónyuge a arañazos. Allí murió por una afección cardiaca.
 
Richard von Krafft-Ebing
Fue el primer psiquiatra que estudió los hábitos sexuales a los que clasificó y sistematizó.
Médico de extensa formación, había estudiado en Zúrich, Viena, Praga y Heidelberg, acumulando distintas historias clínicas de “desviaciones sexuales”, clasificadas a partir del objeto (pedofilia, zoofilia, homofilia, etc.) y la finalidad (masoquismo, exhibicionismo y fetichismo) del impulso sexual.
Como los textos de von Sacher-Masoch eran de público conocimiento, von Krafft-Ebing usó su nombre para describir esta tendencia en vida del autor, circunstancia que no le cayó muy bien al aludido.
La posterior publicación del diario de su esposa confirmó las tendencias de Masoch, hoy recordado por su deseo impostergable de ser flagelado.
 
Donatien Alphonse François de Sade
Fue más conocido como el Marqués de Sade, título que usurpaba porque le otorgaba una precaria –muy precaria– inmunidad, ya que de los 74 años que vivió paso casi 30 años encerrado en cárceles (como la célebre Bastilla) y clínicas para lunáticos. 
Su filosofía se resumía en una frase: “El único y más alto placer del amor se encuentra en la certeza de hacer sufrir al ser amado”. 
Estas inclinaciones afloraban en orgías desenfrenadas donde daba rienda suelta a su ánimo de libertino. 
Su padre, preocupado por la violencia de su hijo, lo instó a canalizar su libido en el ejército durante la Guerra de los Siete Años, donde llegó a servir como capitán de caballería. Sade evocaba esos tiempos con una sonrisa, recordando el fragor de la guerra con sablazos por acá ,sablazos por allá, sangre, violencia y sexo por todos lados.
Terminado el conflicto, volvió a su vida poco ejemplar, frecuentando casas de juego, lupanares y protagonizando escándalos de todo tipo. Su pobre padre pensó que el matrimonio aplacaría las tendencias violentas de su hijo y lo casó en 1763 con una bella jovencita llamada  Renée-Pélagie Cordier de Launay, oriunda de Montreuil (1741–1810). 
El progenitor pronto se dio cuenta de su equivocación porque lo de François era una idea fija. Bastó un año para que la policía debiese intervenir a fin de  frenar los impulsos del conde-marqués, que latigaba a las prostitutas de un burdel. Aun así, tuvo tres hijos con la bella Renée.
“En el amor todas las cumbres son borrascosas”, y Sade alcanzó muchas cimas  que lo llevaron a pasar varios años de su vida en una prisión. En abril de 1768 fue acusado de torturar a una joven a la que había llevado engañada a su finca en Arcueil. Obviamente, hubo más de una versión y solo fue condenado a siete meses de prisión y al pago de 100 libras. Para entonces, todo el mundo hablaba de Sade.
En 1772 organizó una orgía en Marsella y, a falta de viagra, repartió cantarida o “mosca española” que actuaba como un afrodisiaco. Tanto se entusiasmaron con esta sustancia que pasaron el límite recomendable y varios participantes murieron de sobredosis. Cuando la policía intervino le llamó la atención una serie de números escritos en la pared: era la suma de traseros flagelados que sumaban  859 nalgas “rojas como mandriles” (sic , nihil novus sub sole).
La sentencia se dictó en rebeldía, ya que el marqués se fue a Italia en compañía de su cuñada. Al final fue capturado y conducido a la prisión, donde, para matar el tiempo, empezó a escribir su novela más famosa, Justine o los males de la virtud.
De esa época data una carta que le dirigió a su esposa donde confesaba:
 “Que no he hecho, ni sin duda haré, todo lo que he imaginado. Soy un libertino, mas no un criminal”. 
Y probablemente no lo haya sido, ya que durante el Terror abogó por la suspensión de la pena de muerte, mientras rodaban las cabezas de sus amigos aristócratas.
Probablemente, además de esta perversión que ha llevado su nombre (y este caso sus preferencias sexuales perturbaron su vida diaria), el conde-marqués haya sido un obsesivo porque solía llevar un exacto registro numérico de todo: los latigazos propinados, sus amantes, los días prisión, el tiempo que llevaba separado de su esposa, las cartas que él le había escrito (140) y sus respuestas (100). Quizás sea obvio decir  que el matrimonio terminó en divorcio y que Sade no puedo cumplir con las obligaciones pecuniarias porque murió en la ruina.
Como no podía con su genio, cuando Bonaparte se convirtió en el hombre fuerte de Francia, Sade publicó un relato llamado Zoleó y sus dos acólitos (1800), donde describe un triángulo amoroso entre Napoleón, Josefina y Paul Barras (miembro del Directorio, antiguo amante de la ahora esposa del corso y conocido por su conducta inmoral y corrupta).
Todos pensaron que este sería el fin de la vida de Sade, pero, en lugar de ser ejecutado fue una vez más internado, esta vez en el nosocomio de Charenton, donde entró bajo el diagnóstico de “demencia libertina”. Allí organizaba obras de teatro donde él dirigía a los demás internos. Eran tan interesantes que había gente que venía de París a verlo.
Murió en 1814 y fue enterrado bajo una lápida que dice:
“Arrestado bajo todos los regímenes, 
Paseante, arrodíllate para rezar
Por el más desdichado de los hombres”.
Años más tarde fue desenterrado y su cráneo estudiado por frenólogos para  determinar si entre sus accidentes óseos podía descubrirse la causa de su libertinaje. Obviamente, no llegaron a ninguna conclusión válida.
Probablemente ambos personajes hubiesen coincidido con Oscar Wilde, quien, casi un siglo más tarde, afirmaba que la mejor manera de liberarse de la tentación era caer en ella. 
Publicado en LA PRENSA.