Regaló miles de anteojos y descubrió que los vendían en Facebook.
José Gabriel Tedesco lanzó una campaña solidaria en Bahía
Blanca para entregar anteojos de primeras marcas a cambio de alimentos y
productos de higiene, pero decidió suspenderla tras descubrir que algunos de
los lentes aparecían publicados para la venta.
La Brújula 24.
Lo que había empezado como una de esas historias que devuelven un poco de fe en la solidaridad terminó dejando a José Gabriel Tedesco con una mezcla de bronca, decepción e impotencia. Hace apenas un mes, el óptico bahiense había decidido sacar a la vereda cientos de anteojos de sol de primeras marcas que ya no comercializaba y cambiarlos por alimentos no perecederos y productos de higiene destinados a Cáritas y el Cottolengo. La respuesta fue tan grande que durante días la puerta de su óptica se convirtió en un verdadero punto de encuentro solidario.
Pero cuando todavía quedaban miles de anteojos en las cajas
y la campaña seguía adelante, Tedesco descubrió algo que no esperaba: algunos
de los lentes que entregaba gratuitamente a cambio de una donación estaban
siendo publicados para la venta en Facebook.
“Lo que estoy regalando lo están vendiendo por internet. Es
una locura”, contó, todavía atravesado por la indignación. La noticia fue
suficiente para que tomara una decisión drástica: por ahora, suspendió la
campaña.
El hombre que había pensado que un anteojo que ya no tenía
salida comercial podía convertirse en un alimento, un jabón o un elemento de
higiene para alguien que lo necesitara terminó encontrándose con el lado más
ingrato de la iniciativa. “Tengo una indignación, ¿qué voy a hacer? Nada.
Suspendido”, dijo.
La campaña había comenzado con una idea sencilla. En sus
ópticas tenía acumulados cientos de anteojos de temporadas anteriores y, en
lugar de rematarlos o dejarlos indefinidamente guardados, decidió regalarlos.
Solo pedía a cambio una colaboración para quienes estaban atravesando
necesidades.
La propuesta era concreta: un alimento no perecedero o un
producto de higiene personal por un par de anteojos de sol.
Y la gente respondió.
La repercusión fue mucho mayor de la que Tedesco imaginaba. Durante varios días se acercaron vecinos a donar y a llevarse los lentes, al punto de que tuvo que convocar a empleados para colaborar con la organización y la logística. Cáritas retiró mercadería y la campaña comenzó a transformarse en una cadena en la que todos, desde su lugar, podían aportar.
No era, de todos modos, la primera vez que el óptico
utilizaba su oficio para ayudar. Durante la pandemia había entregado anteojos
gratuitamente a personas que no podían pagarlos y, después de la inundación que
sufrió Bahía Blanca el 7 de marzo de 2025, había protagonizado otra enorme
campaña solidaria.
Aquella vez, una imagen lo había movilizado especialmente:
una mujer mayor llorando porque había perdido sus lentes bajo el agua. Como
tenía una fábrica de cristales, decidió publicar que regalaría mil anteojos. La
convocatoria desbordó todas las previsiones: llegaron unas 1.200 personas y
finalmente, con la ayuda de proveedores, terminaron entregando alrededor de
3.000 pares a vecinos afectados por la inundación.
Por eso esta vez creyó que podía volver a funcionar. Y
funcionó, al menos en una primera etapa.
Las publicaciones en redes sociales,
Hasta que aparecieron las publicaciones en redes.
“Debo tener todavía 5.000 o 6.000 anteojos. Más de 5.500
seguro, por la cantidad de cajas que hay”, explicó. El problema es que ya no se
siente seguro de continuar con el mismo mecanismo porque no quiere que aquello
que pensó como una ayuda termine alimentando un negocio ajeno.
Uno de los episodios que más lo enfureció ocurrió durante el
último día de la campaña. Según relató, una mujer llegó con alrededor de 20 jabones
y se llevó 20 anteojos.
La situación lo hizo revisar incluso la manera en que se
estaba organizando la entrega. “¿Ustedes permitieron eso?”, contó que les
preguntó a algunos colaboradores, visiblemente molesto.
Pero entre la decepción también hubo una escena que,
paradójicamente, volvió a mostrarle por qué había decidido hacerlo.
Durante la última semana, un grupo de jóvenes de la
organización “Remar” se acercó a colaborar con la atención al público. Según
explicó Tedesco, desde Cáritas le habían planteado que la cantidad de gente que
estaba llegando hacía necesario sumar ayuda y los integrantes de la organización
se ofrecieron a colaborar.
Para ellos, la campaña tenía otro significado.
“Estaban recontentos los pibes de Remar”, contó. Los jóvenes
conocían al óptico porque algunos de ellos venden bolsitas de residuos en los
semáforos y, cuando descubrieron que podían participar de la campaña,
comenzaron a agradecerle y a saludarlo cada vez que lo veían.
Ese contraste terminó siendo todavía más fuerte para Tedesco: mientras algunos encontraban la forma de aprovecharse de una propuesta pensada para ayudar, otros se acercaban justamente para colaborar con ella.
La bronca no está puesta solamente en los anteojos. En el
fondo, lo que le duele es sentir que alguien pudo mirar una acción solidaria y
encontrar allí una oportunidad para hacer dinero.
Tedesco todavía tiene miles de anteojos guardados. Son pares
que podrían seguir siendo útiles, pero por ahora decidió frenar la entrega
hasta encontrar una manera de garantizar que lleguen a quienes realmente los
necesitan.
La decisión tiene algo de amarga. La campaña que había
nacido para convertir mercadería acumulada en ayuda concreta había conseguido
justamente eso durante varias semanas: alimentos, productos de higiene y una
enorme cantidad de vecinos dispuestos a colaborar.
Pero también le dejó una pregunta difícil de responder:
¿cómo se puede seguir confiando en la solidaridad cuando algunos encuentran la
manera de sacar provecho de ella?
Por ahora, José Gabriel Tedesco eligió ponerle un freno. No
porque haya dejado de querer ayudar, sino porque necesita procesar la decepción
y pensar cómo continuar sin que sus anteojos terminen convertidos en un producto
más de Facebook Marketplace.
Y en esas cajas todavía quedan miles de pares. La intención
original sigue intacta. Lo que cambió, al menos por ahora, es la confianza.
La Brújula 24.
- Cecilia Corradetti / La Brújula 24.
https://www.labrujula24.com/
Imágenes: LA BRÚJULA 24.
En Regina hace unos años un solidario del Club Atlético Regina con amigos fútboleros a una persona sin vivienda le construyeron una vivienda y una vez terminada la vendió por las redes sociales.




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