GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta valle del río negro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta valle del río negro. Mostrar todas las entradas

martes, septiembre 29, 2026

29 de septiembre 1910. Fundacion formal del pueblo de Allen.

29 de septiembre 1910.

Fundacion formal del pueblo de Allen.


La fundación del pueblo.

Previo a la fundación de Allen se estableció cercano al lugar pero a menor distancia del río Negro el poblado de Guerrico. El Gobierno Nacional se mostraba predispuesto a entregar tierras en el lugar y formar una colonia estable, sin embargo, como todavía no se habían realizado las obras de retención en los ríos Limay y Neuquén, la creciente de 1899 devastó la incipiente villa. Patricio Piñeiro Sorondo estaba decidido a erigir un pueblo allí, por lo que con la ayuda de Gregorio Maza —gran conocedor de la zona— resolvieron encontrar el lugar más apropiado. El futuro poblado de Allen estaba asentado sobre una elevación del terreno, según el ingeniero Severini:
Allen representa algo así como una enorme tortuga que está sobre los terrenos del Valle.

Este hecho fue el que impulsó a la elección del terreno como el nuevo pueblo, abandonando definitivamente la idea de la reconstrucción de Guerrico. En 1909 comenzarían los trámites para la instalación de una estación de ferrocarril, la empresa Ferrocarriles del Sud recibió los terrenos para la nueva estación y para la construcción de elevadores de granos. El 20 de marzo de 1910 se inauguró al público la estación de ferrocarril Allen, que pronto adquiriría más comodidades e instalaciones como oficinas de espera, un embarcadero de animales y obras para el tráfico de fruta, todo en menos de una década; esta seguidilla de obras otorgó a Allen un considerable movimiento económico.

La fundación del pueblo ocurrió poco tiempo después de la estación, sin embargo, los trámites se habían iniciado un año antes, con la petición de los colonos de la creación de un pueblo en el kilómetro 1172 del Ferrocarril del Sud a la Dirección General de Tierras y Colonias. El Presidente José Figueroa Alcorta autorizó el mismo mediante decreto del 16 de julio de 1909, el decreto asignaba una suma máxima para las tareas de mensura y exploraciones en los lotes rurales 43, 44, a, b, c, 55, 56 y 57. La fecha de aprobación de la mensura realizada por el ingeniero Quesnel fue decretada el 29 de septiembre de 1910; un hecho curioso es que el decreto obligaba al asentamiento de casas de material, por lo cual Allen fue el único asentamiento del lugar sin ranchos. No obstante, en la tradición quedó como fecha de fundación el 25 de mayo del mismo año, fecha que tenía una significación especial por haberse cumplido el centenario del primer Gobierno Patrio que coronó la Revolución de Mayo. El 25 de mayo un grupo de colonos y autoridades había procedido de facto a la subdivisión de tierras con un sencillo acto alrededor del campamento de la Dirección de Tierras y Colonias. Dicha fecha fue refrendada cuando 25 años más tarde el municipio decidió entregar medallas de oro a los primeros pobladores. En el decreto fundacional, también se reservaron algunas parcelas para la construcción de edificios públicos, como la estafeta postal, que fue inaugurada ese mismo año.

La región del Alto Valle del Río Negro y del Neuquén fue un área de frontera Interna hasta fines del siglo XIX, pero tuvo un cambio social y productivo a partir de su integración al resto del país. Los primeros asentamientos en la desembocadura del Río Negro dieron paso a fundaciones aguas arriba del río y solo después de la expedición del Gral. Roca se pudo ocupar la isla de Choele Choel, defendida tenazmente por los indígenas por ser punto clave en el camino de los arreos de ganado que llevaban a Chile.

La decisión política de impulsar el avance de las fundaciones en esta zona correspondía al auge creciente del comercio internacional relacionado con el nuevo esquema económico. Nuestro país se incorporo al mercado mundial, abasteciendo a los países industrializados con los bienes primarios de bajo costo y creciente demanda en los mercados europeos, como carme, trigo, etc. A partir de 1890, los productos agrícolas argentinos irrumpen en el mercado internacional y aumentan los saldos comerciales positivos. El cambio en la explotación de la tierra hace necesario aumentar las áreas de cultivos y así deciden que estas tierras al sur del Colorado, sean incorporadas al proceso productivo.

Los asentamientos indígenas, después de las campañas militares, quedaron dispersos en la meseta rionegrina y en los valles cordilleranos. Los que no murieron y se rindieron a las tropas militares, fueron trasladados como sirvientes a Buenos Aires, llevados a la isla Martín García o a la zona norte del país, especialmente al Chaco.
En el valle se levantaron cuatro fortines Chichinales, Gral. Roca, Primera división y Sargento Vidal.

https://www.museodeallen.com.ar/historia-de-allen

Información: Museo de Allen.

sábado, septiembre 26, 2026

Jairo y Ricardo Mollo cantan "Chacarera de las piedras" de Don Atahualpa Yupanqui.

Jairo fue rockero hasta que vio a Sandro y supo de inmediato que no, que rockero eran tipos como Sandro. Y, todavía llamándose Marito González, se aferró a un cancionero popular entre folclórico y melódico que lo consagró, primero en Buenos Aires y luego en España, donde, por impulso de Luis Aguilé, grabó Emociones, su primer disco. Era 1970 y Jairo, que recién comenzaba a llamarse así, tenía veintiún años.

Fue el comienzo de una trayectoria impresionante de más de cincuenta años de música que aún sigue abierta, a tal punto que acaba de estrenar una versión de “Chacarera de las piedras”, junto a Ricardo Mollo y que será parte de un nuevo disco. Por cierto, tiene otros dos por editar.

Del reportaje a Jairo que publica el diario Río Negro.

Jairo fue rockero hasta que vio a Sandro y supo de inmediato que no, que rockero eran tipos como Sandro. Y, todavía llamándose Marito González, se aferró a un cancionero popular entre folclórico y melódico que lo consagró, primero en Buenos Aires y luego en España, donde, por impulso de Luis Aguilé, grabó Emociones, su primer disco. Era 1970 y Jairo, que recién comenzaba a llamarse así, tenía veintiún años.

Fue el comienzo de una trayectoria impresionante de más de cincuenta años de música que aún sigue abierta, a tal punto que acaba de estrenar una versión de “Chacarera de las piedras”, junto a Ricardo Mollo y que será parte de un nuevo disco. Por cierto, tiene otros dos por editar.

P: ¿Cómo le resultó cantar con Mollo?
R: Bueno, primero, una de las razones fundamentales es que tenemos un registro vocal parecido. En la extensión vocal, digamos, ¿no? Entonces, podíamos cantar muy bien en una tonalidad determinada, sin que ninguno de los dos tuviera que hacer ningún esfuerzo, y dedicar pura y exclusivamente a la interpretación el tiempo. Entonces, fue muy fácil con él, porque además es alguien muy generoso, Ricardo es un hombre muy amoroso, encantador, muy generoso y muy trabajador. U ejemplo de esto la cantidad de solos que hizo, ¿no? Es muy exigente también, tiene un nivel de autoexigencia, que es el que deben tener los artistas que perduran.

*** Para leer de manera completa hacer click en enlace.
Jairo vuelve a Río Negro y Neuquén para celebrar sus cincuenta años de música.

miércoles, agosto 26, 2026

Zefferino Namuncurà nasce il 26 agosto 1886 a Chimpay.

 


Zefferino Namuncurà nasce il 26 agosto 1886 a Chimpay, sulle rive del Rio Negro. Suo padre Manuel, ultimo grande cacico delle tribù indios araucane, aveva dovuto arrendersi tre anni prima alle truppe della Repubblica argentina. Dopo undici anni di libera vita agreste, Manuel Namuncurà invia Zefferino a studiare a Buenos Aires, perché un domani possa difendere la sua razza. Il clima di famiglia che si respirava nel collegio salesiano lo fece innamorare di don Bosco.


Crescita spirituale
Crebbe in lui la dimensione spirituale e iniziò a desiderare di diventare salesiano sacerdote per evangelizzare la sua gente. Scelse Domenico Savio come modello, e durante cinque anni, attraverso lo sforzo straordinario per inserirsi in una cultura totalmente nuova, divenne egli stesso un altro Domenico Savio. Esemplare l'impegno nella pietà, nella carità, nei doveri quotidiani, nell'esercizio ascetico.

Aspirante salesiano
Questo ragazzo, che trovava difficile "mettersi in fila" o "obbedire alla campana", diventò pian piano un vero modello. Come voleva don Bosco, era esatto nell’adempimento dei suoi doveri di studio e di preghiera. Era l'arbitro nelle ricreazioni: la sua parola veniva accolta dai compagni in contesa. Impressionava la lentezza con cui faceva il segno della croce, come se meditasse ogni parola; col suo esempio correggeva i compagni insegnando loro a farlo adagio e con devozione. Nel l903 (ha sedici anni e mezzo, e suo padre è stato battezzato a ottant’anni), Mons. Cagliero lo accetta nel gruppo degli aspiranti a Viedma, capoluogo del Vicariato apostolico, per iniziare il latino.

Italia
A causa della sua scarsa salute, il vescovo salesiano decide di condurlo in Italia per fargli proseguire gli studi in modo più serio e in un clima che sembra più adatto. In Italia incontra don Rua e il Papa Pio X, che lo benedice con commozione. Frequenta la scuola a Torino e in seguito nel collegio salesiano di Villa Sora, a Frascati. Studia con tanto impegno da essere il secondo della classe.

La morte
Ma un male non diagnosticato a tempo, forse perché non si lamentava mai, lo minava: la tubercolosi. Il 28 marzo 1905 è trasportato all'ospedale Fatebenefratelli dell'Isola Tiberina a Roma. Troppo tardi. Vi muore serenamente l'11 maggio. Dal 1924 i suoi resti mortali riposano nella sua patria, a Fortín Mercedes, dove folle di pellegrini accorrono a venerarlo.

Venerabile il 22 giugno 1972; beatificato l'11 novembre 2007 sotto il pontificato di Benedetto XVI 

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, a orillas del Río Negro. Su padre, Manuel, el último gran cacique de las tribus indígenas araucanas, se había rendido tres años antes a las tropas de la República Argentina. Después de once años de vida rural libre, Manuel Namuncurá envía a Ceferino a estudiar a Buenos Aires, para que en un mañana pueda defender a los de su raza. El ambiente de familia que se respiraba en el colegio salesiano lo hizo enamorarse de Don Bosco.

Crecimiento espiritual
Creció en él la dimensión espiritual y comenzó a desear el llegar a ser sacerdote salesiano para evangelizar a su gente. Eligió a Domingo Savio como modelo, y durante cinco años, a través de su extraordinario esfuerzo por inserirse en una cultura totalmente nueva, él mismo se convirtió en otro Domingo Savio. Fue ejemplar su empeño en la piedad, en la caridad, en los deberes diarios y en el ejercicio ascético.
Aspirante salesiano
Este muchacho, a quien le resultaba difícil "alinearse" u "obedecer a la campana", gradualmente se convirtió en un verdadero modelo. Era exacto en el cumplimiento de sus deberes de estudio y oración, como quería Don Bosco. Era el árbitro en las recreaciones: su palabra era bien recibida por los compañeros en disputa. Impresionaba la calma con la que hacía la señal de la cruz, como si estuviera meditando cada palabra; con su ejemplo corregía a sus compañeros enseñándoles a hacerlo lentamente y con devoción. En l903 (contando él con dieciséis años y medio, su padre fue bautizado a la edad de ochenta años), Mons. Cagliero lo acepta en el grupo de aspirantes en Viedma, capital del Vicariato Apostólico, para comenzar el latín.
Italia
Debido a su precaria salud, el obispo salesiano decide llevarlo a Italia para que continúe sus estudios de una manera más seria y en un clima que parece más adecuado. En Italia se encuentra con Don Rua y con el Papa Pío X, quien lo bendice con emoción. Asistió a la escuela en Turín y más tarde en el colegio salesiano de Villa Sora, en Frascati. Él estudia con tanto empeño que llega a ser el segundo de la clase.
La Muerte
Pero un mal no diagnosticado a tiempo, tal vez porque nunca se quejaba, lo socavó: la tuberculosis. El 28 de marzo de 1905 fue trasladado al hospital de los hermanos juaninos en la isla Tiberina de Roma. Fue demasiado tarde. Murió allí, pacíficamente, el 11 de mayo. Desde 1924 sus restos mortales descansaron en su tierra natal, en Fortín Mercedes, hasta que en 2009 fueron trasladados a Chinpay, donde multitudes de peregrinos van a venerarlo.
Venerable el 22 de junio de 1972; beatificado el 11 de noviembre de 2007 bajo el pontificado de Benedicto XVI.
Traducción de Facebook Italiano - Español.

sábado, junio 27, 2026

El pueblo que quedó en el plano. Por Edith Cabrera.

 


El pueblo que quedó en el plano.

Un plano de remate publicado en 1929 por Río Negro permite reconstruir la historia del frustrado pueblo Ministro Serú, un proyecto urbanístico que buscó instalarse dentro de la ya consolidada Colonia Rusa, entre General Roca y Cervantes.

Por Edith Cabrera.


Esta página histórica de la arqueología inmobiliaria nos traslada exactamente al jueves 12 de septiembre de 1929. Aquel día, las páginas de nuestro diario anunciaban con entusiasmo un mega-remate que prometía refundar un sector clave del Alto Valle de Río Negro: el nacimiento del futuro pueblo «Ministro Serú». Era un ambicioso proyecto urbano y agrícola diseñado sobre los papeles que ofrecía facilidades de pago sumamente tentadoras para la época: los solares urbanos se pagarían en mensualidades de 10 pesos cada una, sin intereses, mientras que las quintas se ofrecían en cuotas semestrales con el 7% de interés y garantía en primera hipoteca.

Los propietarios de esas tierras vieron el enorme potencial que otorgaban el paso del ferrocarril y la cercanía al Canal Principal de Riego. Por eso, lanzaron un remate que combinaba el clásico diseño en damero de las manzanas urbanas con parcelas agrícolas más grandes. Para seducir a los compradores, el anuncio de la época aseguraba: “Las tierras que ofrecemos en venta no precisan recomendación pues son reconocidas como las mejores de la zona, lo cual está justificado con las pequeñas granjas en que está dividida esta parte de la colonia, cultivadas con frutales, viñedos y donde existe numerosas bodegas”.

Para garantizar el éxito del pueblo, la parte vendedora había ofrecido al F. C. Sud, en donación gratuita, el terreno necesario para la estación: una franja paralela a la vía de 102.35 por 1000 metros de longitud. Además, el plano ya contemplaba solares reservados para la Escuela, el Correo, la Comisión de Fomento, el Juzgado de Paz, la Iglesia, la Plaza Pública y la Comisaría de Policía. El nombre elegido era un homenaje al Dr. Juan E. Serú, el histórico diputado que en 1884 había defendido la Ley de Territorios Nacionales en el Congreso.

Entre las chacras 277 y 283: el oasis que ya tenía dueño.

El aviso detallaba de forma muy precisa la geografía del negocio. Las tierras a subastar por los martilleros Oliveira y Argañaraz se ubicaban específicamente entre las chacras 277 B, C y 283, pertenecientes al entonces Establecimiento Santa Rosa, que operaba como una finca unificada de gran extensión.

Si quisiéramos encontrar esa ubicación en el mapa actual, estaríamos parados en el corazón de la actual Colonia Fátima, justo en el límite donde termina General Roca (Stefenelli) y comienza el ejido de Cervantes. De hecho, en esa misma chacra 277 funciona hoy la histórica Escuela Rural N° 31.

Sin embargo, detrás del marketing inmobiliario que intentaba imponer una «marca» comercial y política atractiva para los inversores de Buenos Aires, latía una realidad social inocultable. La zona ya había sido poblada por familias de inmigrantes ruso-alemanes que habían convertido el desierto en un oasis verde a fuerza de lomo y canales de riego. El plano del futuro pueblo «Ministro Serú» se iba a instalar, en realidad, dentro de la ya establecida Colonia Rusa, fundada en 1906 con la primera adjudicación de lotes.


Recreación visual inspirada en el proyecto Ministro Serú y el paisaje agrícola que caracterizaba a la Colonia Rusa en las primeras décadas del siglo XX (imagen generada con IA).

La investigación histórica demuestra que las chacras de esta colonia —desde el límite este de Roca hasta entrar en Cervantes— iban desde la 270 hasta la 296. Es más, la célebre “Guía Comercial Edelman” de 1924 ya registraba que la Colonia Rusa estaba situada “entre la Estación Río Negro y el kilómetro 1.134, comprendiendo los lotes números 271 al 302”. Para ese entonces, la colectividad ya estaba consolidada por unas 25 familias y organizada con sinagoga, escuelas, cementerio separado y sociedades de beneficencia, además de contar con la Escuela Nacional N° 31, fundada previamente en 1917.

Decretos, cambios de nombre y el peso de la identidad.

Casi un siglo después, el plano de Ministro Serú sigue siendo el testimonio más tangible de una ilusión de papel. El territorio prosperó, las chacras continuaron produciendo y la zona terminó integrada a lo que hoy conocemos como Colonia Fátima. Lo que aún permanece sin respuesta es cuánto de aquel ambicioso remate llegó a concretarse antes de que la brutal crisis económica de 1929 cambiara por completo las reglas del juego.

Aquel remate de 1929 fue quizás el primer intento inconcluso de cambiarle el nombre a algo que ya estaba firmemente establecido por sus habitantes. No fue el único. Décadas más tarde, los escritorios oficiales volvieron a la carga: el 26 de abril de 1963, el Decreto N° 873 de la Intervención Federal aprobó la Resolución N° 69/63 de la municipalidad de Cervantes, modificando oficialmente la denominación de Colonia Rusa por el de “Colonia Fátima”.

La metamorfosis burocrática no terminó ahí. El 16 de octubre de 1974, otra resolución municipal cambió nuevamente el estatus de la población a “Villa Fátima”, bajo el argumento de que el paraje ya había superado la actividad eminentemente agrícola.

Lo cierto es que la historia y la identidad suelen ser más fuertes que los planos y los sellos oficiales. Ni el ambicioso proyecto de Ministro Serú en 1929 con sus promesas de estación de tren, ni los cambios de nombre decretados en 1963 y 1974, lograron borrar de la memoria colectiva el nombre con el que los pobladores identificaron históricamente a ese sector del Alto Valle: la Colonia Rusa.

Bosquejo de una vivienda de la Colonia Rusa de los años ’30 realizado
por Héctor Mutchinick.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/historias-de-la-patagonia/el-pueblo-que-quedo-en-el-plano/

Escuela Rural Nº 31 de Colonia Fatima.

“Creada en 1911, por voluntad de un grupo de inmugrantes rusos, cumplió 112 años y es de las escuelas más antiguas de la región. Albergó a varias generaciones de familias. Al llegar, una tranquera, flores y acequias dan la bienvenida al inmenso y viejo edificio que data del Plan Quinquenal de Perón.

Primero funcionó en la casa de Itzjak Locev, un inmigrante ruso-judío asentado en esa zona. El 15 de junio de 1953 se fusionaron dos instituciones en una, la 31 y la 130, y así surgió el actual edificio ubicado a pocos kilómetros de Roca, en el éjido de Cervantes”.

- De lo publicado en Diario Río Negro.

Para leer nota completa hacer click en enlace.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/defendemos-a-muerte-la-educacion-publica-la-escuela-que-nacio-en-una-casa-hace-112-anos-3326174/

Enlace de interés.

Una historia educativa regional de integración positiva.

La promulgación de la ley 1.420 de Educación Común en 1884, coincidente con la iniciación del período de organización del Territorio Nacional en la Patagonia, propició la creación de escuelas primarias. Surgió entonces la primera escuela nacional en el «Pueblo Viejo» de General Roca y con ello la llegada de los primeros maestros, cuando aún permanecían las fuerzas militares de la llamada «Campaña del Desierto» en el fuerte de la localidad (Vapñarsky, 1983). El caso de la escuela Nº 31 representará un modelo de relación Estado-sociedad, algo diferente pasados veintisiete años de aquel puntapié educativo inicial.

Su historia comienza siendo la historia de la «Colonia Rusa», asentamiento poblacional agrícola gestado en 1906 por un grupo de pioneros, cuyo mentor principal y utopista fue Itzjak Locev, ruso-judío procedente del pueblo de Shumiatich, Rusia. Las motivaciones de este emprendimiento quizás las explique, en parte, el contexto socio-político posterior a 1880 vivido por la comunidad judía previa a la caída definitiva del régimen del zar, «las persecuciones religiosas, los impuestos voraces, los impedimentos para ejercer libremente sus profesiones, las trabas para acceder a las tareas agrícolas, fueron acorralándolos… situación que culminó en expulsiones y matanzas…» («Gauchos de sinagoga», Ema Wolf,1997).

Locev arribó a la Argentina en abril de 1906, munido de un poder mediante el cual representaba a cien familias para la adquisición de tierras en el extranjero (Kaspin, 2006). Merced a su tenacidad, perseverancia y optimismo racional, luego de interminables gestiones ante el poder central nacional, logró finalmente su cometido de ser autorizado a ocupar parcelas en las inmediaciones de Gral. Roca. Después de una larga espera obligatoria de finalización del loteo de las tierras, junto a 40 familias en el pueblo de Roca, sufrió un buen número de deserciones y en 1908 recién se habilitó para concretar la ansiada colonización.

La esperanza renació con mayor fuerza cuando comenzaron a llegar esposas e hijos y demás familiares que permanecían en Rusia y los nuevos contingentes judíos que asumieron la labor cotidiana de la construcción real de la Colonia, en el día a día, de jornadas extensas y extenuantes de labor.

A fines de 1910, algo más afianzados como chacareros y en «muy buenas relaciones con los vecinos no judíos… ayudándose unos a otros, prestándose herramientas o intercambiando opiniones acerca de los métodos de trabajo», decidieron reunirse para hablar de la necesidad de una escuela primaria para la educación de sus hijos. A comienzos de 1911 comenzó a funcionar en la casa de Locev, por cesión de dicho espacio, la escuela 31, con la asistencia de una maestra enviada por el Consejo Nacional de Educación procedente de San Luis.

Los registros de asistencia escolares históricos muestran la pluralidad de nacionalidades que se vieron implicadas en un proceso de integración social progresivo, mediados por el trabajo y la convivencia social, cuyo eje fue la escuela a través del lenguaje unificador y la cultura. Rusos, polacos, españoles, chilenos, alemanes, italianos, franceses y nativos.

Laura Riskin de Mutchinik, alumna en 1921 de la escuela, recuerda con inmenso cariño uno a uno los nombres completos de los compañeros y amigas de las tres secciones de grado: Elena, Anelo y Guarrino Verdechia, Luisita Genari, Antonia y Francisca Escales, Elvira Nervi, Pilar Matilla, Rosita Palmero, León y Rafael Liberman, Fanny Sour, Luisa Panich, Noemí y Naum Locev, Encarnación y Dolores Hernández, Hermegildo González, deteniéndose en cada recuerdo de cariño y protección recibido de sus maestros.

El Acta de Visita de Inspección más antigua que conserva la escuela data de 1913, inspector Juan De Luiggi, director interino José F. Font y el maestro Luis Barbeito. Los alumnos presentes: 59 en 1º grado y 23 en 2º. En 1914 se trasladó al terreno cedido por el señor Ulman primero y luego por el señor Sporle.

Entre los directores más antiguos de Colonia Rusa figuran: Rosalía Núñez de Alcaraz, Enrique Garro, Francisca V. de Rodríguez García, Delia Q. De la Canal, Hilda Blanca de Ochoa, Onofre Funes, Elías Cagarlisky, Raquel M. de Casanova.

De los primeros docentes: Petrona Astudillo, Otilia Lucero, María E. Lucero Milan, Humberto Nievas; Vicente Zabala, P. Molina, Bautista Fasola, Irma Amerio, Rosa Cruz, Clelia Genghini de Escude.

En 1953 se produjo la fusión con la escuela Nº 130, también de Colonia Rusa, estrenaron edificio propio y conservaron el número 31. La dirección quedó a cargo del Sr. Elías Cagarlisky y como maestros: Carmelo Vazzana, Raquel M. de Casanova, Ada Vial y Marta Gabarret. De ahí en adelante el camino de la cultura, el conocimiento y el trabajo siguieron presentando un sinnúmero de dificultades propias de toda realidad dinámica y cambiante, pero nunca pudo compararse con aquella etapa del período inicial de la Colonia, donde parecía ser que cada cosa tenía que ser creada, recreada o inventada por primera vez. Toda su gesta nos llena de orgullo y esperanza.

En cuanto a la Colonia en su conjunto, en la década del cincuenta ya había empezado un proceso de desgranamiento de la población originaria de la Colonia Rusa, que durante el sesenta se agudizó debido a distintos factores y quedaron sólo unas pocas familias de colonos fundadores. El remate final inesperado para aquella historia construida por una sociedad civil activa, con gran espíritu asociacionista y solidario, visiblemente integrada, fue el cambio de denominación de la ya histórica «Colonia Rusa» por el de «Colonia de Fátima» en 1963. Decisión apresurada y desafortunada, adoptada por algunos sectores que, desconociendo el proceso socio histórico de gestación y su memoria, avanzaron en tal medida. La sociedad mantiene en ese sentido una deuda histórica de reparación, que esperamos sea saldada en aras del fortalecimiento de nuestra propia identidad y dignidad valletana.

ROBERTO «TONY» BALMACEDA Especial para «Río Negro»   Docente e investigador de la historia. rbalmaceda@hotmail.com

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/una-historia-educativa-regional-de-integracion-positiva-NAHRN20061016282002/

lunes, mayo 04, 2026

GENERAL ENRIQUE GODOY (1910).

 


GENERAL ENRIQUE GODOY (1910).

Enrique Godoy (San Juan, Argentina; 3 de mayo de 1850 - Buenos Aires, 18 de mayo de 1912) fue un militar y político argentino, que participó en la Conquista del Desierto, fue gobernador de la Provincia de San Juan y ministro de Guerra de la Nación.
Comenzó su carrera militar a los 18 años, participando brevemente en la Guerra del Paraguay. Posteriormente participó en la Conquista del Desierto.​ Entre noviembre de 1882 y abril del año siguiente, a órdenes del general Conrado Villegas, fue el jefe de una de las brigadas de ejército que llevaron adelante la campaña a los Andes meridionales: ocupó la zona del río Collón Curá y persiguió a los caciques Manuel Namuncurá, Reuque-Curá y Ñancucheo; logró capturar a Reuque-Curá —tío del cacique mayor Namuncurá— y otros 700 indígenas prisioneros.
Fue elegido diputado nacional en 1890, y era considerado un amigo personal y partidario político del general Julio Argentino Roca. Fue comandante de una brigada de Ejército y residió cierto tiempo en el Alto Valle del Río Negro. El 8 de febrero de 1897 fundó la localidad de Las Lajas, en el Territorio Nacional del Neuquén.
Fue elegido Gobernador de San Juan el 5 de enero de 1902, integrando la fórmula Godoy – Balaguer,​ y asumió el gobierno el 12 de mayo de ese año. Durante su mandato se sancionó la ley que proponía la llegada del ferrocarril a la provincia de San Juan. Renunció en octubre de 1904, cuando el presidente Manuel Quintana lo nombró ministro de Guerra de la Nación.
Dejó el ministerio en mayo de 1906, al fallecer el presidente Quintana, y poco después fue elegido diputado nacional. A fines de ese mismo año fue nombrado senador nacional por la Legislatura sanjuanina.
Considerado el hombre fuerte de la provincia durante el gobierno de Manuel José Godoy, pero su influencia política terminó con la revolución del 6 de febrero de 1907.
Falleció el 18 de mayo de 1912, una semana después de cumplido su período como senador, a los 62 años, en la ciudad de Buenos Aires.
La localidad de General Enrique Godoy recuerda a este militar y gobernante.

BELLE EPOQUE - La Argentina del Centenario.

Maximo Puskovas.


miércoles, abril 29, 2026

La comunidad menonita Nueva Esperanza ya late en la zona de Negro Muerto. A fines del año pasado adquirió un campo de más de 5.000 hectáreas entre Choele Choel y General Conesa en Río Negro.


La comunidad menonita Nueva Esperanza ya late en la zona de Negro Muerto.

A fines del año pasado adquirió un campo de más de 5.000 hectáreas entre Choele Choel y General Conesa y el paisaje ya comienza a mostrar los primeros avances.


E
l silencio que reinaba en esa parte del Valle Medio entre Choele Choel y General Conesa empieza a cambiar. Donde hasta hace poco dominaban la extensión virgen y el viento patagónico, hoy hay movimiento, trazos de caminos, estructuras en marcha y familias que empiezan a echar raíces. La comunidad menonita Nueva Esperanza ya está en Negro Muerto y dio los primeros pasos concretos para convertir ese territorio en un nuevo enclave productivo.

Una colonia menonita compró más de 5.000 hectáreas en una joya productiva de Río Negro.

A unos 30 kilómetros de General Conesa, en la margen norte del río Negro, las más de 5.000 hectáreas adquiridas sobre finales del año pasado comienzan a mostrar signos visibles de transformación. La llegada no fue solo una operación inmobiliaria, va mucho más allá que eso. Es el inicio de un proceso que combina trabajo, organización comunitaria y una visión productiva de largo plazo.

Los primeros pasos en el campo.

Las primeras familias ya se instalaron en el predio. Con su estilo característico, avanzan de manera ordenada y progresiva: delimitación de parcelas, apertura de caminos internos, montaje de estructuras básicas y planificación de las áreas productivas.

Estructuras básicas como el cerramiento del campo ya comienzan a verse entre los primeros trabajos que desarrolla la comunidad menonita en Negro Muerto.

La sistematización del campo y el desarrollo del riego aparecen como ejes centrales de esta etapa inicial. El objetivo es claro: convertir un valle con enorme potencial en una superficie agrícola intensiva.

Un valle que empieza a despertar.

Negro Muerto es, desde hace tiempo, una de las grandes promesas productivas de Río Negro. Con unas 62.000 hectáreas potencialmente irrigables, disponibilidad de agua de calidad del río Negro y condiciones climáticas favorables, el área reúne características excepcionales para el desarrollo agropecuario.


Medios de movilidad clásicos de la comunidad ya recorren el campo para los primeros trabajos.

Los antecedentes productivos en campos cercanos ya dan cuenta de ese potencial: rendimientos destacados en cultivos como soja y trigo confirman que, con infraestructura adecuada, el valle puede convertirse en una nueva frontera agrícola de relevancia. En ese contexto, la llegada de la colonia menonita no hace más que acelerar un proceso que, hasta ahora, avanzaba de manera más lenta.

Una comunidad que construye desde el trabajo.

Se estima que entre 30 y 50 familias se radicarán en esta nueva etapa. Fieles a su tradición, los menonitas replican un modelo basado en el trabajo familiar, la autosuficiencia y la diversificación productiva.


A partir de ahora el campo tendrá un cambio radical en su fisonomía, a partir del trabajo de la comunidad menonita.

La experiencia de Nueva Esperanza en La Pampa es el antecedente más cercano: producción lechera, agricultura, talleres de carpintería y metalurgia forman parte de un esquema integral que combina producción y agregado de valor. Ese mismo modelo comienza ahora a tomar forma en suelo rionegrino.

Más que producción: el nacimiento de una comunidad.

Pero el impacto va más allá de lo productivo. La instalación de la colonia implica, en los hechos, el surgimiento de una nueva comunidad rural en la provincia.


Las primeras obras ya cobran forma en el campo adquirido por los menonitas en Negro Muerto.

Escuelas, espacios de trabajo, viviendas y redes internas forman parte de una construcción que no se limita a lo económico. Es también un proyecto de vida.

En un territorio aún en desarrollo, cada avance tiene un peso significativo. Cada camino abierto, cada estructura levantada, cada poste enterrado y cada parcela trabajada son parte de un proceso que empieza a redefinir el paisaje.

Un punto de inflexión para la región.

El desarrollo pleno del Negro Muerto aún depende de obras clave, como el proyecto de electrificación que impulsa la provincia. Sin embargo, la iniciativa privada ya comenzó a marcar el ritmo.

La presencia activa de la comunidad menonita es, en ese sentido, un punto de inflexión. No solo por la magnitud de la inversión, sino por la velocidad con la que el proyecto empieza a materializarse.

Las imágenes que acompañan esta nota son testimonio de ese momento inicial: el instante en que un territorio empieza a cambiar y una comunidad comienza a escribir una nueva historia en la Patagonia.

Imágenes: Diario Río Negro.

Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/la-comunidad-menonita-nueva-esperanza-ya-late-en-la-zona-de-negro-muerto-4556862/

martes, marzo 03, 2026

Ocho leguas para el cacique. Por Edith Cabrera.

Ocho leguas para el cacique.

En agosto de 1894, el cacique Manuel Namuncurá se presentó en el Congreso Nacional para reclamar tierras en Chimpay. Con el apoyo de Julio A. Roca y la mediación de Bartolomé Mitre, se sanciona la Ley 3092 que marcó el destino de su tribu en el valle del río Negro y el origen de la tierra donde nació Ceferino Namuncurá.

*** Por Edith Cabrera.

El 16 de agosto de 1894, el cacique Manuel Namuncurá, hijo de Juan Calfucurá, nacido en 1811, se presentó en el antiguo edificio del Congreso Nacional, vestido de luto por el reciente fallecimiento de uno de sus hijos. Su objetivo era solicitar que le otorgaran en propiedad unas leguas de campo en las que había levantado una ranchada junto con su tribu, luego de la rendición.

Manuel Namuncurá (Buenos Aires, circa 1884).
Fuente: Archivo General de la Nación (Argentina).

El lugar, hoy conocido como Chimpay, se encuentra en la margen norte del río Negro. Allí, años antes, en 1886, había nacido su hijo Ceferino, quien luego de un largo peregrinaje y posterior fallecimiento, fue beatificado en 2007. Su figura, educada por los salesianos, se convertiría con el tiempo en un símbolo de unión entre dos mundos.

El proyecto de cesión fue enviado al Congreso por el Poder Ejecutivo durante la presidencia de Luis Sáenz Peña, aunque los historiadores destacan que Julio A. Roca, líder político de la época, apoyó activamente la iniciativa. El proyecto contemplaba la cesión de 4 leguas de campo (10.000 ha) en el paraje de Chimpay, pero Namuncurá consideró que era insuficiente, dado que su tribu contaba con 300 integrantes y porque también consideraba que los campos de esa región no eran aptos para el cultivo.

El debate en el Senado.


Mapa del Territorio Nacional de Río Negro de 1886.

Una vez en el Congreso, conversó con los integrantes de la Comisión del Interior de la Cámara de Senadores, Carlos Doncel y Antonio del Pino, quienes presentaron esa tarde el proyecto de ley del Poder Ejecutivo a consideración de la cámara. Tras evaluar los argumentos del cacique, modificaron la propuesta y pusieron a votación la cesión de 10 leguas de campo, distribuyendo las primeras 4 leguas para él y las restantes para ser distribuidas proporcionalmente entre las familias de la tribu, con el objetivo de evitar conflictos posteriores.

Dentro del debate, el senador Lorenzo Anadón se opuso a esta nueva oferta, considerando que el Poder Ejecutivo “habría tenido en cuenta el número de personas que formaban la tribu y la posibilidad de que la explotación del área asignada baste para su subsistencia”. El general Bartolomé Mitre, presente en la sesión, propuso que se redujeran las leguas otorgables a ocho, con el fin de que todos estuvieran conformes. Por su parte, el senador Oses Guiñazú expresó que “este cacique y su tribu han sido propietarios de centenares de leguas que la Nación recuperó por razones de humanidad y de civilización; pero el hecho es que los indígenas eran propietarios de lo que se trata de conceder ahora y de muchísimo más».

La Ley 3092 y el destino final.


Imagen de Anales de Legislación Nacional, tomo 1889-1919 y el texto de la Ley Nº 3092 (Archivo).

Tras una nueva intervención de Mitre a favor de la petición, se votó y se aceptó el proyecto de cesión de ocho leguas, estableciendo que “… tres leguas para don Manuel Namuncurá y las otras cinco distribuidas proporcionalmente entre las familias de la tribu”. En definitiva, según la Ley 3092 del 24 de agosto de 1894, se autorizó la cesión de tierra en el área de Chimpay, donde estaban asentados tras su rendición.

Posteriormente, la comunidad se trasladó al valle de San Ignacio, al este de Junín de los Andes, en la provincia de Neuquén, donde finalmente se estableció de manera permanente y donde Manuel falleció en 1908, consolidando allí el territorio definitivo de su pueblo. Aquel debate de 1894 no solo definió el destino geográfico de la tribu, sino que dejó testimonio de un intento de institucionalizar la relación entre el Estado y los pueblos originarios tras el fin de la frontera.

*** Por Edith Cabrera.

Publicado en Diario Río Negro - 01/03/2026.

https://www.rionegro.com.ar/historias-de-la-patagonia/sociedad/ocho-leguas-para-el-cacique/

martes, enero 27, 2026

Stefenelli, el agricultor: recuerdo de la escuela audaz que se convirtió en semillero. Por Melina Ortiz Campos.

 Stefenelli, el agricultor: recuerdo de la escuela audaz que se convirtió en semillero.

Cuando apenas algunos cultivos sobrevivían, este referente mejoró el riego, explicó las técnicas y brindó un oficio rural que sirvió además, para desarrollar el Valle. Décadas después, esa formación se convirtió en título de Nivel Medio, orgullo en el testimonio de un protagonista.

Por Melina Ortiz Campos.

Belleza original: así lucía la Escuela Agrícola en Gómez, su segunda sede, donde hoy funciona el INTA. Las arcadas servían para el ingreso de carros.
Foto: Archivo Histórico Salesiano.

Una placa en el patio del Colegio San Miguel, al este de Roca, señala con su dedicatoria el aspecto que quizás define mejor el legado que dejó Alejandro Stefenelli: lo reconocen como el “propulsor de la agricultura en el Alto Valle”.

Fue sacerdote católico, es cierto, salesiano para ser más precisos (de hecho fue el primero ordenado en Patagones), pero poner el foco en ese aspecto, sin desmerecer su consagración religiosa, limita la posibilidad de entender sus talentos, su visión de desarrollo y la confianza que él tuvo en el potencial de los cultivos en esta zona, algo que se terminó cumpliendo.

El repaso habitual y las reseñas en torno al aporte de este italiano, nacido en Fondo (Trento), nos remiten generalmente a cómo parte de su obra, el actual edificio escolar ubicado en Pellegrini y Ruta 22, sobrevivió a la gran crecida que registró el río Negro en 1899.

Pero esa fue solo una de varias estructuras que logró construir, cortando y cocinando ladrillos y consiguiendo dinero y materiales por donde fuera posible, apenas una muestra del empuje que Stefenelli sostuvo y la siembra que dejó, a pesar de las amarguras. Y es allí donde cobra relevancia su Escuela Agrícola o la Escuela de Agricultura Práctica, como él mismo la llamó, porque con ella sentó las bases de una formación que sirve hasta el presente.

Enfrentar la pobreza.


Foto: Archivo Histórico Salesiano.

“En numerosos viajes tuve ocasión de conocer palmo a palmo las riberas de los ríos Negro y Colorado, y desde entonces, formó mi ensueño la idea de ver transformadas aquellas tierras en preciosos centros agrícolas, activados por laboriosos agricultores, que disfrutando de las aguas corrientes, enriquecerían a sus hogares y al país”, escribió Stefenelli en la memoria que envió, en 1899, a la Cámara de Diputados y Senadores nacionales, buscando aportes.

Desde su arribo a la por entonces Colonia General Roca, su designación apuntaba al rol de misionero, tras el avance de la Campaña al Desierto sobre tierras y familias originarias, pero, como rescata el libro “Stefenelli, la agricultura y el riego en el Alto Valle”, se le ocurrió un proyecto más abarcativo e incluso desafiante para los intereses de las autoridades.

Niños indígenas y criollos, aprendieron las técnicas rurales, adaptadas al Nivel Primario.
Foto: Archivo Histórico Salesiano.


Escrito por Jaime Belli, otro respetado presbítero, ese rescate describe el panorama con el que Alejandro se encontró al llegar, cuando tenía 24 años: niños y niñas, indígenas y criollos, que padecían la extrema pobreza, por el avance previo y posterior de las tropas, y cuyo número crecía por los hijos naturales o adoptivos que resultaron con el tiempo, sin que nadie los cuidara.

Él mismo era huérfano así que por eso, esas situaciones lo interpelaron aún más. Entonces, siguiendo la mirada de su época, Stefenelli pensó en contenerlos y darles enseñanza “para que fueran útiles a la sociedad y a la Patria”, pero además (y aquí empieza a verse una cuota extra de conciencia), para ofrecerles un oficio que les permitiera autosustentarse junto a sus familias. Se animó a creer que así como podían trabajar en establecimientos ganaderos y agrícolas ajenos, también podían obtener sus propias parcelas, “en los pueblos fundados o a fundarse”.

Potencial y fertilidad.


Foto: Ing. Carlos Magdalena – INTA.

Las condiciones del suelo esperanzaron al cura, que conocía de Ciencias Naturales y Meteorología. Sabía que aprovechando la nivelación natural, con la ayuda del riego, sería posible reemplazar la zampa, el alpataco y el piquillín y que el impulso de unos pobladores, alentaría a los demás.

Las crecidas intempestivas le demostraron también que con buen caudal de agua, los pastos criollos como el trébol, la cebadilla, el alfilerillo y la cola de zorro lograban crecer con exuberancia y por eso, sabía que garantizando un riego regular y extensivo, el desarrollo era posible.

Ya había experiencias perseverantes en las hectáreas del por entonces coronel Fernández Oro, con trigo, alfalfa y viñedo, además de incipientes álamos y frutales en crecimiento, pertenecientes a Hilarión Furque, José Escales, Francisco Díaz y otros más.

Con todo eso en mente, Stefenelli se las ingenió para avanzar, aprovechando las pocas promesas de presupuesto cumplidas y esquivando unos cuantos desengaños. Gracias a su tenacidad, la ansiada Escuela Agrícola tuvo varias instancias, pero con la misma esencia: con la coordinación de algunos instructores y un ingeniero agrónomo, decenas de estudiantes aprendían la teoría y completaban las prácticas, adaptadas al Nivel Primario lógicamente, pero ya con nociones para la preparación del suelo y la cosecha, teniendo en cuenta la calidad y la sanidad de cada proceso.


Foto: Centro Regional Patagonia Norte del INTA.

A la primera etapa de formación, a mil metros del actual edificio del Colegio San Miguel, en dirección al río, la siguió una segunda ubicación, en el predio histórico que hoy custodia el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) en la zona de Gómez, cercano al antiguo “Canal de Los Milicos”.

En el medio Alejandro sumó maquinarias, avances y generó recursos vendiendo parte de la producción, además de abastecer a sus niños. Sin embargo, entre 1912 y 1913, las diferencias con las autoridades de Irrigación por el uso de la tierra y la permanencia de los pequeños productores motivaron su desalojo, pese a que se trataba de terrenos donados y comprados. El armado de una Estación Experimental y vivero fue el argumento, pero eso nunca prosperó.

“¿Es posible que los bien intencionados políticos no pudieran encontrar otra tierra para expropiar?”, cuestionó Belli en su libro, sabiendo que la Colonia tenía 50.000 hectáreas y 45 kilómetros de canal.

Después de eso, Alejandro partió a Italia y no volvió, aunque lo llamaron para superar con su experiencia, las dificultades que sufría el intento de proyecto que quiso reemplazarlo. Murió a los 88 años, en 1952, después de conocer que en su homenaje, habían bautizado a la estación de tren del Pueblo Viejo, con su nombre.

Hoy el ingeniero Carlos Magdalena, exdirector del Centro Regional Patagonia Norte del INTA, es quien recibió a RÍO NEGRO en la sede, que aún funciona a la vera de la Ruta 65. Testigo de la última etapa del proceso de restauración, 90 años después de la partida de Stefenelli, el profesional habló de la admiración que les genera su figura, la relevancia de su legado y las sensaciones encontradas que provoca conocer la historia y el amargo revés que sufrió aquel italiano, con alma de agricultor.

Multiplicar la siembra.

Bachilleres agrónomos: la prueba de que perduró el legado de Stefenelli, décadas después – Foto: Gentileza Ernesto Wolfschmidt.



Foto: Gentileza Ernesto Wolfschmidt, agachado, el primero a la derecha.

El desenlace parece terminal pero la formación que soñó Alejandro logró trascender el tiempo, superando cambios y complicaciones. Gracias a eso, en 1972 y a partir de la perseverancia de los estudiantes, se logró la primera promoción de “Bachiller agrónomo”, cuando todavía se sostenía el sistema de internado, con pupilos a cargo.

Ernesto Wolfschmidt es uno de ellos, que atesora desde Allen todo lo aprendido y que pudo transmitírselo a su hijo Andrés, quien actualmente heredó la coordinación del vivero familiar sobre Ruta 22, cerca del acceso Biló. Junto a otros 12 compañeros lograron el nivel máximo que pudo alcanzar esa experiencia, que se extendió por 15 años, desde 1964, al cumplirse los 75 años del Colegio, según el blog de la institución.


Padre e hijo con el mismo amor a la tierra. Foto: Gentileza.

El uso de las herramientas, las técnicas de poda e injerto, el armado de invernaderos aislados con matras de carrizo para el techo en tiempo de heladas, la elaboración de compost, el cuidado de animales de granja fueron algunos de los conocimientos que aprendieron de la mano de reconocidos ingenieros pero con mucha experiencia de campo, algo tanto o más valioso. Saberes que incorporó mejor en esos años en Roca, que en lo cursado en la Universidad del Sur, en Bahía Blanca.


Ernesto y su esposa Susana Michetti, otro de los pilares de la continuidad del vivero. Foto: Archivo.

El propio Jaime Belli, cuyo nombre hoy bautiza a la sede del INTA en Gómez, fue quien sostuvo la revalorización de la obra de Stefenelli, recordó Ernesto, al hablar de cómo le sumó su impronta, respetada por muchos, por su visión del devenir productivo.

Colaborador en su momento del CET 14, el actual secundario con orientación agroindustrial allense, este vecino defendió esta opción académica como algo lógico, que se debe profundizar en una región como la nuestra. Con alumnos de diversas localidades que viajan para cursar en ese sitio, por ejemplo, “eso da la pauta de la necesidad creciente que hay en la zona, de estudiar algo propio”. Como ocurrió con su propia trayectoria, remarcó: “Hay que darles la posibilidad al menos y que ellos luego se especialicen”.


El CET 14 Agroindustrial de Allen es uno de los colegios de Nivel Medio con esta modalidad en la región. Foto: Gentileza.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 25 de enero del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/rural/stefenelli-el-agricultor-recuerdo-de-la-escuela-audaz-que-se-convirtio-en-semillero/