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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, junio 27, 2026

El pueblo que quedó en el plano. Por Edith Cabrera.

 


El pueblo que quedó en el plano.

Un plano de remate publicado en 1929 por Río Negro permite reconstruir la historia del frustrado pueblo Ministro Serú, un proyecto urbanístico que buscó instalarse dentro de la ya consolidada Colonia Rusa, entre General Roca y Cervantes.

Por Edith Cabrera.


Esta página histórica de la arqueología inmobiliaria nos traslada exactamente al jueves 12 de septiembre de 1929. Aquel día, las páginas de nuestro diario anunciaban con entusiasmo un mega-remate que prometía refundar un sector clave del Alto Valle de Río Negro: el nacimiento del futuro pueblo «Ministro Serú». Era un ambicioso proyecto urbano y agrícola diseñado sobre los papeles que ofrecía facilidades de pago sumamente tentadoras para la época: los solares urbanos se pagarían en mensualidades de 10 pesos cada una, sin intereses, mientras que las quintas se ofrecían en cuotas semestrales con el 7% de interés y garantía en primera hipoteca.

Los propietarios de esas tierras vieron el enorme potencial que otorgaban el paso del ferrocarril y la cercanía al Canal Principal de Riego. Por eso, lanzaron un remate que combinaba el clásico diseño en damero de las manzanas urbanas con parcelas agrícolas más grandes. Para seducir a los compradores, el anuncio de la época aseguraba: “Las tierras que ofrecemos en venta no precisan recomendación pues son reconocidas como las mejores de la zona, lo cual está justificado con las pequeñas granjas en que está dividida esta parte de la colonia, cultivadas con frutales, viñedos y donde existe numerosas bodegas”.

Para garantizar el éxito del pueblo, la parte vendedora había ofrecido al F. C. Sud, en donación gratuita, el terreno necesario para la estación: una franja paralela a la vía de 102.35 por 1000 metros de longitud. Además, el plano ya contemplaba solares reservados para la Escuela, el Correo, la Comisión de Fomento, el Juzgado de Paz, la Iglesia, la Plaza Pública y la Comisaría de Policía. El nombre elegido era un homenaje al Dr. Juan E. Serú, el histórico diputado que en 1884 había defendido la Ley de Territorios Nacionales en el Congreso.

Entre las chacras 277 y 283: el oasis que ya tenía dueño.

El aviso detallaba de forma muy precisa la geografía del negocio. Las tierras a subastar por los martilleros Oliveira y Argañaraz se ubicaban específicamente entre las chacras 277 B, C y 283, pertenecientes al entonces Establecimiento Santa Rosa, que operaba como una finca unificada de gran extensión.

Si quisiéramos encontrar esa ubicación en el mapa actual, estaríamos parados en el corazón de la actual Colonia Fátima, justo en el límite donde termina General Roca (Stefenelli) y comienza el ejido de Cervantes. De hecho, en esa misma chacra 277 funciona hoy la histórica Escuela Rural N° 31.

Sin embargo, detrás del marketing inmobiliario que intentaba imponer una «marca» comercial y política atractiva para los inversores de Buenos Aires, latía una realidad social inocultable. La zona ya había sido poblada por familias de inmigrantes ruso-alemanes que habían convertido el desierto en un oasis verde a fuerza de lomo y canales de riego. El plano del futuro pueblo «Ministro Serú» se iba a instalar, en realidad, dentro de la ya establecida Colonia Rusa, fundada en 1906 con la primera adjudicación de lotes.


Recreación visual inspirada en el proyecto Ministro Serú y el paisaje agrícola que caracterizaba a la Colonia Rusa en las primeras décadas del siglo XX (imagen generada con IA).

La investigación histórica demuestra que las chacras de esta colonia —desde el límite este de Roca hasta entrar en Cervantes— iban desde la 270 hasta la 296. Es más, la célebre “Guía Comercial Edelman” de 1924 ya registraba que la Colonia Rusa estaba situada “entre la Estación Río Negro y el kilómetro 1.134, comprendiendo los lotes números 271 al 302”. Para ese entonces, la colectividad ya estaba consolidada por unas 25 familias y organizada con sinagoga, escuelas, cementerio separado y sociedades de beneficencia, además de contar con la Escuela Nacional N° 31, fundada previamente en 1917.

Decretos, cambios de nombre y el peso de la identidad.

Casi un siglo después, el plano de Ministro Serú sigue siendo el testimonio más tangible de una ilusión de papel. El territorio prosperó, las chacras continuaron produciendo y la zona terminó integrada a lo que hoy conocemos como Colonia Fátima. Lo que aún permanece sin respuesta es cuánto de aquel ambicioso remate llegó a concretarse antes de que la brutal crisis económica de 1929 cambiara por completo las reglas del juego.

Aquel remate de 1929 fue quizás el primer intento inconcluso de cambiarle el nombre a algo que ya estaba firmemente establecido por sus habitantes. No fue el único. Décadas más tarde, los escritorios oficiales volvieron a la carga: el 26 de abril de 1963, el Decreto N° 873 de la Intervención Federal aprobó la Resolución N° 69/63 de la municipalidad de Cervantes, modificando oficialmente la denominación de Colonia Rusa por el de “Colonia Fátima”.

La metamorfosis burocrática no terminó ahí. El 16 de octubre de 1974, otra resolución municipal cambió nuevamente el estatus de la población a “Villa Fátima”, bajo el argumento de que el paraje ya había superado la actividad eminentemente agrícola.

Lo cierto es que la historia y la identidad suelen ser más fuertes que los planos y los sellos oficiales. Ni el ambicioso proyecto de Ministro Serú en 1929 con sus promesas de estación de tren, ni los cambios de nombre decretados en 1963 y 1974, lograron borrar de la memoria colectiva el nombre con el que los pobladores identificaron históricamente a ese sector del Alto Valle: la Colonia Rusa.

Bosquejo de una vivienda de la Colonia Rusa de los años ’30 realizado
por Héctor Mutchinick.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/historias-de-la-patagonia/el-pueblo-que-quedo-en-el-plano/

Escuela Rural Nº 31 de Colonia Fatima.

“Creada en 1911, por voluntad de un grupo de inmugrantes rusos, cumplió 112 años y es de las escuelas más antiguas de la región. Albergó a varias generaciones de familias. Al llegar, una tranquera, flores y acequias dan la bienvenida al inmenso y viejo edificio que data del Plan Quinquenal de Perón.

Primero funcionó en la casa de Itzjak Locev, un inmigrante ruso-judío asentado en esa zona. El 15 de junio de 1953 se fusionaron dos instituciones en una, la 31 y la 130, y así surgió el actual edificio ubicado a pocos kilómetros de Roca, en el éjido de Cervantes”.

- De lo publicado en Diario Río Negro.

Para leer nota completa hacer click en enlace.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/defendemos-a-muerte-la-educacion-publica-la-escuela-que-nacio-en-una-casa-hace-112-anos-3326174/

Enlace de interés.

Una historia educativa regional de integración positiva.

La promulgación de la ley 1.420 de Educación Común en 1884, coincidente con la iniciación del período de organización del Territorio Nacional en la Patagonia, propició la creación de escuelas primarias. Surgió entonces la primera escuela nacional en el «Pueblo Viejo» de General Roca y con ello la llegada de los primeros maestros, cuando aún permanecían las fuerzas militares de la llamada «Campaña del Desierto» en el fuerte de la localidad (Vapñarsky, 1983). El caso de la escuela Nº 31 representará un modelo de relación Estado-sociedad, algo diferente pasados veintisiete años de aquel puntapié educativo inicial.

Su historia comienza siendo la historia de la «Colonia Rusa», asentamiento poblacional agrícola gestado en 1906 por un grupo de pioneros, cuyo mentor principal y utopista fue Itzjak Locev, ruso-judío procedente del pueblo de Shumiatich, Rusia. Las motivaciones de este emprendimiento quizás las explique, en parte, el contexto socio-político posterior a 1880 vivido por la comunidad judía previa a la caída definitiva del régimen del zar, «las persecuciones religiosas, los impuestos voraces, los impedimentos para ejercer libremente sus profesiones, las trabas para acceder a las tareas agrícolas, fueron acorralándolos… situación que culminó en expulsiones y matanzas…» («Gauchos de sinagoga», Ema Wolf,1997).

Locev arribó a la Argentina en abril de 1906, munido de un poder mediante el cual representaba a cien familias para la adquisición de tierras en el extranjero (Kaspin, 2006). Merced a su tenacidad, perseverancia y optimismo racional, luego de interminables gestiones ante el poder central nacional, logró finalmente su cometido de ser autorizado a ocupar parcelas en las inmediaciones de Gral. Roca. Después de una larga espera obligatoria de finalización del loteo de las tierras, junto a 40 familias en el pueblo de Roca, sufrió un buen número de deserciones y en 1908 recién se habilitó para concretar la ansiada colonización.

La esperanza renació con mayor fuerza cuando comenzaron a llegar esposas e hijos y demás familiares que permanecían en Rusia y los nuevos contingentes judíos que asumieron la labor cotidiana de la construcción real de la Colonia, en el día a día, de jornadas extensas y extenuantes de labor.

A fines de 1910, algo más afianzados como chacareros y en «muy buenas relaciones con los vecinos no judíos… ayudándose unos a otros, prestándose herramientas o intercambiando opiniones acerca de los métodos de trabajo», decidieron reunirse para hablar de la necesidad de una escuela primaria para la educación de sus hijos. A comienzos de 1911 comenzó a funcionar en la casa de Locev, por cesión de dicho espacio, la escuela 31, con la asistencia de una maestra enviada por el Consejo Nacional de Educación procedente de San Luis.

Los registros de asistencia escolares históricos muestran la pluralidad de nacionalidades que se vieron implicadas en un proceso de integración social progresivo, mediados por el trabajo y la convivencia social, cuyo eje fue la escuela a través del lenguaje unificador y la cultura. Rusos, polacos, españoles, chilenos, alemanes, italianos, franceses y nativos.

Laura Riskin de Mutchinik, alumna en 1921 de la escuela, recuerda con inmenso cariño uno a uno los nombres completos de los compañeros y amigas de las tres secciones de grado: Elena, Anelo y Guarrino Verdechia, Luisita Genari, Antonia y Francisca Escales, Elvira Nervi, Pilar Matilla, Rosita Palmero, León y Rafael Liberman, Fanny Sour, Luisa Panich, Noemí y Naum Locev, Encarnación y Dolores Hernández, Hermegildo González, deteniéndose en cada recuerdo de cariño y protección recibido de sus maestros.

El Acta de Visita de Inspección más antigua que conserva la escuela data de 1913, inspector Juan De Luiggi, director interino José F. Font y el maestro Luis Barbeito. Los alumnos presentes: 59 en 1º grado y 23 en 2º. En 1914 se trasladó al terreno cedido por el señor Ulman primero y luego por el señor Sporle.

Entre los directores más antiguos de Colonia Rusa figuran: Rosalía Núñez de Alcaraz, Enrique Garro, Francisca V. de Rodríguez García, Delia Q. De la Canal, Hilda Blanca de Ochoa, Onofre Funes, Elías Cagarlisky, Raquel M. de Casanova.

De los primeros docentes: Petrona Astudillo, Otilia Lucero, María E. Lucero Milan, Humberto Nievas; Vicente Zabala, P. Molina, Bautista Fasola, Irma Amerio, Rosa Cruz, Clelia Genghini de Escude.

En 1953 se produjo la fusión con la escuela Nº 130, también de Colonia Rusa, estrenaron edificio propio y conservaron el número 31. La dirección quedó a cargo del Sr. Elías Cagarlisky y como maestros: Carmelo Vazzana, Raquel M. de Casanova, Ada Vial y Marta Gabarret. De ahí en adelante el camino de la cultura, el conocimiento y el trabajo siguieron presentando un sinnúmero de dificultades propias de toda realidad dinámica y cambiante, pero nunca pudo compararse con aquella etapa del período inicial de la Colonia, donde parecía ser que cada cosa tenía que ser creada, recreada o inventada por primera vez. Toda su gesta nos llena de orgullo y esperanza.

En cuanto a la Colonia en su conjunto, en la década del cincuenta ya había empezado un proceso de desgranamiento de la población originaria de la Colonia Rusa, que durante el sesenta se agudizó debido a distintos factores y quedaron sólo unas pocas familias de colonos fundadores. El remate final inesperado para aquella historia construida por una sociedad civil activa, con gran espíritu asociacionista y solidario, visiblemente integrada, fue el cambio de denominación de la ya histórica «Colonia Rusa» por el de «Colonia de Fátima» en 1963. Decisión apresurada y desafortunada, adoptada por algunos sectores que, desconociendo el proceso socio histórico de gestación y su memoria, avanzaron en tal medida. La sociedad mantiene en ese sentido una deuda histórica de reparación, que esperamos sea saldada en aras del fortalecimiento de nuestra propia identidad y dignidad valletana.

ROBERTO «TONY» BALMACEDA Especial para «Río Negro»   Docente e investigador de la historia. rbalmaceda@hotmail.com

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/una-historia-educativa-regional-de-integracion-positiva-NAHRN20061016282002/

sábado, septiembre 17, 2022

Rosalía Palermiti nos invita a conocer en DIGO la identidad de su pueblo, Cervantes.

 

"La historia que no está en los libros voy a intentar contárselas yo, con testimonios y documentación que fue investigando en los últimos años", comenta Rosalía.

POR HORACIO LARA.

Síiiiii, ella es una “agitadora cultural” 100%. Es un torbellino creativo, entusiasta y emprendedor.

Siempre lo fue. Y lo sigue siendo.

Estamos hablando de Rosalía Palermiti, quien se suma a DIGO donde todos los jueves nos va a contagiar su pasión por la historia y la cultura de Cervantes, su pueblo.

Desde su adolescencia investiga y escribe sobre el pueblo que la vio nacer: Cervantes. Impulsó en la década del ’90 la creación de la primera radio de frecuencia modulada de esa localidad. Proyectó y contagió a la comunidad para fundar, en forma colectiva, el primero y único museo de Cervantes. Es la editora de la revista “Mirá Cervantes”. desde hace casi treinta años coordina la revista escolar “Óxido”, una marca registrada de la Escuela Monotécnica de su localidad.

Ahora es parte de “DIGO” donde propone conocer la identidad de este pueblo valletano con un recorrido histórico que irá más allá de la llegada del escritor Blasco Ibáñez y las familias valencianas. Nos trasladará a muchos años atrás, hablará de pueblos originarios, de la Colonia Rusa y muchas otras historias de Cervantes que, “no sale en los libros, sino que se transmiten de boca en boca, de generación en generación”.

Será un recorrido por el patrimonio cultural y natural, ubicado en el corazón del Alto Valle de Río Negro, que te dejará con ganas de agarrar el equipo de mate y andar por los maravillosos caminos de chacras y monumentos históricos aún en pie, como fieles testigos de la historia de Cervantes.

Vicente Blasco Ibáñez y trabajadores en la construcción del sistema de riego, en el Alto Valle.



Primer galpón construído en Colonia Rusa en 1910, aún en pie, Chacra de Isaac Locev.

De lo publicado en diario río negro.

https://www.rionegro.com.ar/en-casa/rosalia-palermiti-nos-invita-a-conocer-en-digo-la-identidad-de-su-pueblo-cervantes-2500663/

sábado, septiembre 10, 2022

Vicente Blasco Ibáñez: Argentina y los cuatro jinetes del apocalipsis.

Argentina lo hizo pobre, Hollywood lo convirtió en millonario. La historia de un escritor que se batió a duelo 15 veces y vivió para contarlo.

Todos conocemos el sensual tango que Rodolfo Valentino baila en Los cuatro jinetes del apocalipsis, con un extravagante disfraz de gaucho. Muchos desconocen que el escritor de la novela que inspiró este film, Vicente Blasco Ibáñez, un autor algo olvidado en estos tiempos, vivió en Argentina y tuvo una existencia muy ajetreada, casi de película. Algunos afirman que su vida fue su mejor novela.

Precoz escritor y apasionado periodista (su primer libro lo escribió a los 25 años y desde los 15 ejerció el periodismo), fue 6 veces diputado por Valencia –su ciudad natal–, se batió a duelo no menos de 15 oportunidades y cuatro veces debió exiliarse de España por cuestiones políticas. Fue casi un milagro que haya sobrevivido a tantos duelos porque no tenía buena puntería ni era un buen espadachín pero vivió para escribir su extensa obra y especialmente este libro sobre la Primera Guerra Mundial a la que metafóricamente se refiere con los cuatro jinetes apocalípticos.

Esta costumbre de batirse en defensa de un muy puntilloso sentido del honor concluyó el 29 de febrero de 1904, en un enfrentamiento con un “tenientillo desvergonzado”. La bala disparada por este “tenientillo” dió en la hebilla del cinturón de Blasco. El impacto lo tumbó y por unos eternos segundos los presentes pensaron que el político y escritor había pasado a mejor vida… pero no, Blasco continuó con su incansable tarea de escritor y periodista, defendiendo sus ideas republicanas anticlericales con la pluma y la palabra.

Por su prestigio literario fue invitado a la Argentina en 1905 para dictar conferencias junto a Anatole France. El enamoramiento con la pujante nación sudamericana donde tantos coterráneos se habían afincado, fue instantáneo.

Blasco Ibáñez quedó impresionado por el país a tal punto que escribió un texto titulado Argentina y sus grandezas, alabando sus riquezas y augurando un futuro auspicioso. 

Tal fue su entusiasmo que decidió facilitar la tarea de traer “hombres de buena voluntad” a estas tierras, fundando dos colonias. Nueva Valencia (en Corrientes) y Cervantes (en Rio Negro), que aún subsisten, aunque, a pesar del empeño y su voluntad –que por poco le cuesta la vida por una infección–, la empresa fracasó.

“Me  dejé llevar por la quimera” fue la breve justificación de Blasco Ibáñez quien volvió a Europa justo para presenciar el inicio de esta contienda mundial de donde extrajo material para escribir su novela apocalíptica que le ganó prestigio imperecedero, aunque no haya sido la mejor de sus obras.

En realidad, el libro pasó sin pena ni gloria por las librerías europeas, pero fue furor en Estados Unidos, país que invitó a Blasco Ibáñez a dar una serie de conferencias que lo consagraron como autor. 

Enseguida Hollywood descubrió el perfil cinematográfico de su obra y además de Los jinetes del apocalipsis, produjo un film Sangre y arena, sobre las corridas de toros que, curiosamente, no eran del gusto del escritor. 

La película fue estrenada en 1922 con la casi inevitable actuación de Rodolfo Valentino, el latín lover por excelencia.

Argentina lo empobreció y Hollywood lo hizo millonario.

A diferencia de su experiencia colonizadora argentina que lo dejó al borde de la ruina, su paso por Hollywood lo convirtió en millonario. Compró una villa en la Costa Azul y se paseaba en su Rolls Royce mientras continuaba su imparable carrera literaria.

Escribió una historia de la Primera Guerra Mundial que abarcó nueve tomos, una crónica detallada de sus viajes por el mundo, escribió casi cincuenta novelas y miles de artículos, además de darse el lujo de quemar una edición de 12.000 ejemplares porque en su libro revelaba secretos de un amor impropio con una dama de la sociedad chilena que fue su amante por muchos años. A último momento se arrepintió, no vio oportuno revelar estas intimidades y quemó el libro ya impreso.

Si bien los años y su fortuna parecían haber sosegado su espíritu belicoso en el campo de la política, la dictadura de Primo de Rivera encendió, una vez más, su ánimo revolucionario. Esta vez escogió un homenaje a Émile Zola para pronunciarse contra el régimen de Alfonso XIII , ya que a su  criterio “A ningún hombre que pueda tener eco en España y el mundo entero le es lícito callar en estos momentos”. Poco tiempo después publicó Una nación secuestrada, texto crítico al régimen dictatorial español, de enorme impacto político. Primo de Rivera le inició una causa por injurias ante los tribunales franceses (recordemos que entonces Blasco Ibáñez vivía cerca de Marsella), pero la solidaridad del gobierno de Francia con el autor que había apoyado tanto al país durante la guerra, hizo que España retirase la demanda.  

Ante estas circunstancias adversas, Blasco Ibañez retiró su candidatura al ingreso de la Real Academia de Letras, evento que desató una campaña de difamación contra su figura que llegó a su apogeo cuando el Ayuntamiento de Valencia arrancó la placa con el nombre del autor que tenía dedicada en una calle de la ciudad. 

Cuando estaba a punto de cumplir 61 años, nuestro escritor murió de una neumonía en Francia, pero su féretro recién fue repatriado cinco años después del deceso, en 1933, durante la Segunda República.

Sobre su tumba en Valencia, diseñada por su amigo el escultor Mariano Benlliure, se ha tallado un libro abierto con una leyenda que recuerda el título de una de sus novelas Los muertos mandan.

“Yo he nacido para contar historias”, le gustaba repetir al escritor, “y siento la necesidad de crear novelas tan imperiosamente como necesito comer y beber”.

Así fue la vida de Vicente Blasco Ibañez, un torbellino de letras y pasiones, de relatos y de aventuras tanto propias como ajenas.

Autor: Omar López Mato.

PUBLICADO EN DIARIO PERFIL.

https://www.perfil.com/noticias/opinion/vicente-blasco-ibanez-argentina-y-los-cuatro-jinetes-del-apocalipsis.phtml

sábado, octubre 30, 2021

LOS TRES GIGANTES.

 LOS TRES GIGANTES.


"Lucho contra tres gigantes, querido Sancho;
estos son:
EL MIEDO, que tiene fuerte raigambre y que se apodera de los seres y los sujeta para que no vayan más allá del muro de lo socialmente permitido o admitido.
LA INJUSTICIA, que subyace en el mundo disfrazada de justicia general, pero que es una justicia instaurada por unos pocos para defender mezquinos y egoístas intereses.
Y LA IGNORANCIA, que anda también vestida o disfrazada de conocimiento y que embauca a los seres para que crean saber cuando no saben en realidad y que crean estar en lo cierto cuando no lo están.
Esta ignorancia, disfrazada de conocimiento, hace mucho daño, e impide a los seres ir más allá en la línea de conocer realmente y conocerse".
Miguel de Cervantes.
Don Quijote de la Mancha.

domingo, junio 07, 2020

El bandolero chileno que asoló el Alto Valle y dedicó sus memorias al pueblo de Roca por Javier Avena.

El bandolero chileno que asoló el Alto Valle y dedicó sus memorias al pueblo de Roca.

Víctor Elmez llegó a Roca en 1928 y se sumó a la banda de Vairoleto. Mató a dos policías y confesó sus delitos en sus memorias. Murió a orillas del río Negro después de fugarse. Una novela reconstruye sus pasos en la región.

“Me hice malo, me hice audaz / y con mi armadura por bagaje / me aparté del buen camino / y me di al bandidaje”.
Lo escribió el bandolero chileno Víctor Elmez en sus memorias pocos días antes de morir en la primavera de 1937, a los 30 años. Buen jinete, certero con el revolver, ágil y rápido con su metro sesenta y cuatro, galante con las mujeres, letal en la acción y tierno con las palabras, las dedicó al pueblo de General Roca y sus proximidades y se la entregó en la cárcel al periodista Antonio Vidal Oliver, director del periódico Alto Valle: 53 estrofas manuscritas en 11 páginas de un cuaderno ordenadas con números romanos.
Una confesión en verso que incluía asaltos de Neuquén a Villa Regina desde que llegó en 1928 desde Temuco. Y el asesinato de dos policías: el de Reynoso en La Pampa y el de Vidal en Cervantes en 1932, por el que fue detenido y pasó cuatro años preso en Viedma hasta que fue trasladado a Roca.
También se investigaba su participación en otros dos crímenes. El de una mujer que una noche iba de compras a un boliche en Villa Regina con una linterna y acaso confundieron en la oscuridad con un policía y el de Ismael González en Godoy, que quiso defender a su hermano en su almacén. Pero nunca se supo si las balas habían salido de su arma o había disparado otro de los otros integrantes de la banda del mítico Vairoleto.

La fuga.


Elmez había dicho que se iba a escapar. Y lo hizo cuando lo trasladaban del juzgado de Roca a la Colonia Penal en un camión de carga el lunes 25 de octubre de 1937. A pesar de las esposas, logró agarrar un hacha y tomar al volante. “Una fuga con zigzagueos espectaculares que despacharon a los demás ocupantes del vehículo”, dice la crónica de El Tribuno.
Los policías le dispararon desde la calle y abandonó el camión más adelante tras recibir un balazo en un neumático. Llegó a las bardas, cruzó el pueblo y llegó al río en Cervantes. “Quería ir hasta el lugar donde siempre se refugiaba en la isla”, dice César Aníbal Fernández, autor del primer libro sobre la historia del bandolero chileno, una crónica policial histórica que se lee como una novela de aventuras.
El fugitivo no pudo llegar a su guarida. Lo perseguían en automóvil, a caballo, a pie. Y dos policías estaban apostados donde se suponía que iba a ir: el cabo Arce junto a su perro Holmes y el agente Dix.
Cuando lo vieron aparecer entre los matorrales le dieron la voz de alto. Estaba armado, no obedeció e intentó huir. Fue entonces cuando le dispararon, según declararon antes de ser sobreseídos el 16 de noviembre por el juez Colman Lerner, quien recomendó un ascenso para ellos. “Todas las actuaciones judiciales fueron rápidas y tendientes a cubrir la responsabilidad policial en el hecho”, sostiene Fernández . El cuerpo de Elmez se perdió en el río. El arma también.
Lo hallaron el día siguiente a las 10.30 horas, a 135 metros de donde lo vieron por última vez en el agua. Aunque Holmes encontró su chaquetilla de presidiario con varios agujeros, la autopsia en Allen detectó dos heridas de bala: una en el torso y otra en un tobillo.
Su historia se había hecho mito en las charlas en las carneadas y las largas fiestas en las chacras . Y muchos se resistían a creer la noticia: las leyendas no mueren. Decían que la policía se equivocó, que le habían dado a un chivero.
“Ese mito me hubiera dado un final mejor para la novela, pero la verdad es que las evidencian indican que fue Elmez quien perdió la vida ahí. Y la policía exhibió su cadáver durante dos días en la comisaría y repartió las fotos del cuerpo”, dice Fernández.
No es un recién llegado a la historia. Nació en Godoy, creció en Stefenelli y su padre le contaba las andanzas del chileno. Después supo ganarse la confianza de Carriles, el chacarero que le daba refugio en la isla, que nunca dio señales de tener relación con la banda ni de saber nada sobre el otro mito, ese de que ahí guardaba los botines, pero le contó todo lo demás.
Fernández lo iba a ver con un cuaderno y anotaba cada detalle. Habló también con uno de los policías que le dispararon, con el periodista que recibió las memorias, trajinó los juzgados de Viedma y fotocopió seis expedientes, hurgó en los archivos de los diarios. Y muchos años después, con antiguos y nuevos datos, escribió su libro.

Elmez vs Vairoleto.

El chileno había llegado a Roca a los 21 años. Aunque empezó a trabajar en una chacra de Cipolletti, pronto se sumó a a la banda de Vairoleto con la que llegó a ir hasta Río Colorado. "Elmez engavillaba el pasto, cargaba la rastra y emparvaba.  Juntaban los choclos en las chacras que cultivaban el maíz con que se alimentaban los animales. Aprendió a bailar tango que le enseñó Vairoleto, la carneada y las visitas entre vecinos", narra Fernández.
Cuando le disputó el liderazgo, hubo pelea. La narró también en sus memorias, como aparece en otro libro, Rastreando bandoleros, de Elías Chucair:
“Nos disgustamos con Vairoleto / se enojó él / me enojé yo / Más al principio creyó / que yo no aceptaría el reto / Pero pronto se convenció / que si él era pesado / también lo era yo / Que siempre tuve más peso / al final de la porfía / lo mande a comer queso / pero no a la casa mía”.
No hubo vuelta atrás. Antes de ser detenido lideró su propia banda.
“Con la cooperación de Videla, Orellano y la mía / formamos la agrupación ‘Víctor Elmez y compañía’ / nuestra especialización asaltar a la luz del día / Para estreno Dios puso / causándonos alegría / al bolichito de un ruso / bien repleto de mercadería”, escribió.

Triste, solitario y final.

El 1 de noviembre de 1937 los restos de Víctor Elmez fueron inhumados en la fosa 129 cuadro 16 del cementerio de Roca.
En la requisa de su celda hallaron un diccionario, una gramática y novelas como Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Colmillo Blanco de Jack London y Robinson Crusoe de Daniel Defoe. También una de Vicente Blasco Ibañez: Hombre al agua.

El crimen de un policía en sus memorias.

“No me equivoqué, llegaron el oficial Reynoso y el agente Pérez / en una pieza me escondí / ligero a Flores como un cordero / tranquilamente lo ataron / cuando lo interrogaron / con acento muy sentido y girando la cabeza / dijo allí en esa pieza está Elmez escondido / Entonces el oficial / dio vuelta la cabeza / y al pensar que me mataría / con regular puntería / puse fin a su tristeza / ¡Mi compañero se muere! / dijo el valiente Pérez / y con su voluntad de hacer / despreciando su propia vida / fue a auxiliar al compañero”.

Una larga lista de golpes de Neuquén a Villa Regina.

Así los consignó el periódico El Tribuno en su edición de 31 de octubre de 1937. Según la información, son los que confesó. Se presume que participó en otros que no pudieron ser probados.
1. Robo de prendas de vestir en Neuquén el 24 de agosto de 1930 por denuncia de Manuel del Hoyo
2. Robo de ropas de vestir y efectos del que resultó víctima Segundo Repetti el 17 de noviembre de 1931.
3. Asalto en la casa de comercio de Inés Roquetti (viuda de Viterbori) en Estación Stefenelli en la madrugada del 3 de enero de 1932
4. Asalto en la Escuela Nacional N° 105 de Villa Regina en la noche del 8 de enero de 1932.
5. Asalto en la casa de comercio de Justo Fernández Flores de Villa Regina en la noche del 13 de enero de 1932.
6. Asalto en Cipolletti en la noche del 20 de enero de 1932
7. Asalto en la casa de comercio de Bernardo Ukrainski de Colonia Rusa en la noche del 5 de febrero de 1932
8. Asalto y lesiones graves a mano armada en la casa de comercio de Grieco y Macri en Allen el 7 de febrero de 1932 .
9. Desacato y resistencia a la autoridad con motivo del tiroteo del fugitivo a una comisión policial luego del robo de la casa Grieco y Macri en Allen.
10. Homicidio del meritorio de policía Macedonio Reynoso en 25 de Mayo (La Pampa) el 17 de marzo de 1932.
11. Robo de mercaderías en “Casa de Piedras” (La Pampa) de Eladio Betanzos el 20 de marzo de 1932
12. Homicidio del meritorio de policía Narciso Vidal el 30 de marzo de 1932 en Cervantes.
13. Hurto de objetos de Martín Moyano el 9 de abril de 1932.

El primer libro sobre la historia del bandido rural chileno.

“Elmez, bandoleros en Patagonia” es el libro de César A. Fernández que presentará cuando la pandemia quede atrás, el primero dedicado por completo al chileno.
Hoy con residencia en Cipolletti y 79 años, nació en Godoy y creció en las chacras de Stefenelli, donde los atracos de Elmez eran parte de la historial oral que narraban los vecinos. Visitó en varias ocasiones a Carriles, el hombre que le daba refugio en una isla del río Negro en Cervantes: “Tenía 25 años, iba a verlo en bicicleta y lo escuchaba hasta que me decía ‘basta por hoy’, recuerda. Y yo siempre volvía”, agrega.
Miembro de la Academia Argentina de Letras, profesor e investigador, eligió la crónica policial y la novela de aventuras como registro, echando mano a la ficción cuando lo encontró necesario. Entre otras fuentes, se nutrió de los archivos de los diarios, tarea que comenzó con el de “Río Negro” .
"En la novela se cuenta una historia contextualizada en el clima cotidiano de las actividades chacareras propias de la época -explica-. De ellas también participa Elmez. Era un valle dedicado fundamentalmente a la siembra y cosecha de alfalfa, a la cría de caballos, vacunos y cerdos. . Era un valle de granjas donde recién comenzaba a plantarse viña y frutales. Y  estaban las carreras cuadreras, los bailes."
"Es un delincuente que se reconoce como tal  y confiesa públicamente sus delitos (algunos) -continúa-. Su sensibilidad romántica se oculta tras una personalidad agresiva. Las lecturas en la cárcel cambian su manera de ver el mundo y, a su vez, agigantan su deseo de libertad".
"La novela tiene características etnográficas, ya que describe el modo de vida propio de una región repleta de inmigrantes, pero donde prevalecían las costumbres traídas de España y de Italia", afirma el autor.

El crimen del policía Narciso Vidal en Cervantes en sus memorias

"Caminando caminando / a los pocos días del hecho /                                       por el boulebard derecho / iba con rumbo a Roca /                                           cuando me topé boca a boca / con un hombre muy leal / a la ropa que vestía / un oficial de policía / apellidado Vidal.
Me apeé presuroso / al ver al policía / que tomó la misma vía /                       que siguió el pobre Reinoso / ¡Qué muchacho fastidioso! /                               con voz cansada y fría / me dio un ¡alto! furioso /                                             como para asustarme, creería que yo iba a abdicar /                                     entregánndome a la policía.
Meditabiundo quedé / cuando Vidal me dijo /                                                     ¿Quién es usted? / Soy un hijo engendrado por mi padre /                               fui el fruto de mi madre / lo digo sin vanidad /                                                     que no me entregaré / vivo a la autoridad /                                                           tristemente repliqué.
Vidal quiso proceder / pero la esquiva suerte /                                                     en nada lo acompañó / y la implacable muerte /                                                  con su vida se ensañó / apreté el disparador /                                                         por instinto conservador /  cuando un ¡ay! de dolor /                                           ¡un grito desgarrador! / me atravesó el corazón.
 Fue esta la triste suerte /  que corrió el pobre Vidal /                                         / al resistir la muerte / en cama de un hospital. /                                                 Siempre acude con dolor / el recuerdo a mi memoria /                                       de cómo terminó la historia / de ese leal servidor /                                             que Dios lo tenga en la gloria / y lo acoja con amor.

(Publicada en el libro Rastreando bandoleros de Elías Chucair).
Investigación: Javier Avena publicada en Diario "Río Negro", 
domingo 7 de Junio del 2020.

domingo, julio 28, 2019

Víctor Elmes: apogeo y final de uno de los bandoleros más buscados en Roca.

Victor Elmes: apogeo y final de uno de los bandoleros más buscados en Roca.

Era uno de los secuaces del famoso Vairoleto, cuando Río Negro aún era un territorio. Mató a dos policías, estuvo preso, y protagonizó una huida de película antes de lo que se supone que significó su muerte.

POR MELINA ORTIZ CAMPOS.

Pocos años agrupan, según los registros, el apogeo y desenlace de la intensa vida de Víctor Elmes. Fue uno de los sujetos más buscados por la policía entre las décadas del ‘20 y el ‘30, cuando Río Negro era sólo territorio. En 1937 informaron que murió de varios disparos. Pero otros dijeron que partió mucho después, camuflado por años como un empleado más, en Roca.
De nacionalidad chilena, hay quienes afirman que no siempre fue “bandolero” e incluyen en su pasado los trabajos como peón y carrero. Pero su trayectoria se volvió prontuario y fue de asalto en asalto, hasta matar a dos policías en Cervantes y cerca de Catriel.
Ya venía ‘marcado’ como uno de los secuaces de Juan Bautista Vairoleto (escrito tal como el famoso bandido firmaba, aunque en algunos papeles figura como Bairoletto) , pero tanta osadía por su cuenta lo puso en la mira de las autoridades, que salieron a cazarlo, con los recursos que había.
Así y todo, detenido en Roca y enviado en tren a Viedma, allí también organizó un intento de fuga que los vecinos escucharon desde lejos, según las crónicas, por los 60 disparos que los guardias usaron para frenarlo.

Narciso y Macedonio, los caídos.


Con la fama concentrada en Vairoleto o Butch Cassidy, la figura de Elmes parece hoy ocupar un plano secundario. Pero sólo basta profundizar un poco para saber lo que generó.
El año 1932 lo puso en el semanario “Río Negro” como protagonista, cuando el 29 de marzo hirió de muerte a Narciso Vidal, el policía de 20 años que encabezaba el incipiente destacamento de Cervantes. El agente volvía de visitar a los hermanos Zamboni, que vivían en su jurisdicción, cuando vio pasar al bandolero junto a otros y sospechó. Conociendo sus antecedentes, le dio la voz de “¡alto!”, pero la reacción derivó en los disparos mortales.
Los esfuerzos por salvarlo no fueron suficientes y Vidal murió en el Hospital Regional de Allen, inaugurado siete años antes. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de Cipolletti. “Solo, sin arma, sin experiencia, con un caballo viejo, así nomás con su coraje”, describió a Narciso el libro histórico de Hortensia Zamboni.
A modo de homenaje, el desaparecido club de fútbol “Urquiza” colocó una placa de bronce en el lugar del enfrentamiento, junto a lo que hoy es la Ruta 22. Actualmente es la chacra 316, que pertenece a Ana María Mosca, sobrina de los Zamboni, a 200 metros de la entrada a la localidad.
Hasta hace unos 10 años la fecha de la muerte se recordaba con flores, que dejaban allí las autoridades policiales. Pero en 2016 el municipio levantó la estructura para ensanchar la banquina. Prometieron reubicarlo, pero esa obra también está incompleta. Supuestamente lo guardaron en el Corralón de la comuna, pero hoy su paradero es incierto.
Similar fue la suerte de Reynoso, el “meritorio” que tenía a cargo el destacamento de Sargento Ocón, paraje cercano a Catriel. También en 1932, tiempo antes de lo ocurrido con Vidal, Macedonio visitaba el puesto de Flores, próximo al río, para esclarecer un robo.
Allí “fue atacado de imprevisto” por el bandido, que le disparó y luego huyó, según publicó “Río Negro”. El sepelio en la comisaría más cercana fue “un verdadero exponente de solidaridad”, muy concurrido por vecinos y autoridades.

Años violentos.



“Eran años difíciles y se vivía en continua zozobra. Se dormía con el arma abajo de la almohada. Se llevaba el revólver en el cinto”. Relata el libro de Zamboni.


En ese nivel de preocupación, el gobierno evaluaba crear una Gendarmería para sumar vigilancia donde aún no se habían consolidado las provincias.

Para Gabriel Rafart, profesor e investigador de la UNCo, ese clima cotidiano hacía que un atraco pudiera terminar de la peor manera. “El hecho de que en muchos asaltos ocurriera algún homicidio se debía a un escenario social donde víctimas y victimarios tenían las armas siempre listas para la autodefensa o la agresión”, analiza en su libro “Tiempo de violencia en la Patagonia”.
Hay que reconocer, en ese sentido, que nada era blanco o negro por aquellos tiempos. Así como algunos ciudadanos eran víctimas, otros ayudaban al “bandidaje”, por miedo o por conveniencia.
Lo mismo ocurría con la fuerza policial territoriana, que en 1932 sufría el recorte de fondos desde el Ministerio del Interior. Mientras algunos arriesgaban su vida otros engrandecían la peligrosidad del delincuente en sus informes, para ocultar alguna ayuda cómplice o colaboración, como sostiene Rafart. Tampoco faltaba el que sumara a los delitos cometidos, otros que no se pudieron probar.
Elmes, por su parte, supo hacerse llamar “Solano Rodríguez”, nombre falso que lo ayudaba a despegarse de sus antecedentes en tiempos de pocos documentos. Relatos orales lo recuerdan como un hombre “magro y de poca estatura, morocho”, según recopiló Julio Narváez,en el blog “Bien de Regina”, de Guillermo Pirri. Era caratulado como “bandolero” igual que otros tantos, fueran delincuentes amenazantes o no.

“El imaginario social acerca del bandido, era una construcción”. En un contexto de desigualdad, “denostaba a todos los actores que en algún aspecto mostraban sus diferencias con el orden del progreso” esclarece Rafart.
Diferenciado por la opinión pública de los gauchos y matreros que se valoraban casi como “héroes populares” en otras regiones del país, el bandido patagónico era sentenciado además como “pervertido” y “cobarde”.
Esa comparación ya se leía entre Elmes y Vairoleto: el segundo, solidario, distinto al primero, por ser “afecto a matar”, aunque integraran la misma banda.

Nada que perder, pero resistiendo.


Si algo se repite en las notas de archivo es la virulencia con la que representaban a Elmes cuando esquivaba ser arrestado.

“Perseguir y querer aprehender a un bandolero no era una empresa sencilla. Si no se entregaba a la primera voz de alto, la policía y los vecinos armados recurrían sin dilaciones al lenguaje de las carabinas”, explica Rafart.
Ese rechazo al calabozo se lee en las páginas de “Río Negro”, que inmortalizó el intento de fuga de Elmes de la cárcel de Viedma. Y Rafart lo amplía después, al reconstruir lo vivido en la vuelta a Roca, también como presidiario. En ambos, el bandido mostró hasta dónde podía llegar para defender su libertad.
El dato de un vecino lo delató en Roca, en abril de 1932, después de matar a Vidal. Lo encontraron escondido en un maizal de la chacra de David Cogan, residente de la Colonia Rusa. Retenido, según la policía, confesó seis robos, ambos homicidios policiales y una resistencia a la autoridad.

Muchos vecinos se acercaron a verlo a la comisaría, donde aseguran que conversó tranquilamente, con una “cínica sonrisa”.

Mientras tanto, Vairoleto seguía por su cuenta, alterando a los efectivos de El Cuy y Allen.
Otros tantos roquenses quisieron ver partir a Elmes desde la estación, cuando en tren lo enviaron a la cárcel de Viedma, ante la falta de un penal en Roca. Él seguía sereno:
“Si me porto bien y no logro escaparme antes, a los 15 años (de estar preso) es fácil que recupere mi libertad”, les dijo, sarcástico, anticipando lo que planeaba.
Aplicó su intento de fuga en la capital rionegrina el 18 de agosto de 1932, junto a otros dos internos, Rosamel Flores y Roberto Rojas, ambos condenados por homicidios múltiples. Aprovecharon una salida al patio, simulando lavar las tazas del desayuno, para revolucionarlo todo. Llegaron hasta el techo del edificio, pero tuvieron que desistir.
Hacia fines de octubre de 1937, la historia lo ubica de nuevo en Roca. Volvía con otros presos a la cárcel, en camión, después de pasar por el Juzgado. Según los relatos, esposado y todo Elmes logró tomar una hacha que usaban para cortar álamos y atacó a los vigilantes con el rodado en movimiento.
Tras el forcejeo con los guardias y los otros detenidos, logró bajarlos, tomar el volante y huir en dirección al río, mientras le disparaban a los neumáticos del vehículo. Con las ruedas en llanta, siguió el camino a pie, corriendo, hasta meterse a un canal que lo llevara al río, donde hallaron supuestamente su cuerpo luego, con dos balazos.
Los policías que le dispararon fueron llevados a juicio. El cabo Elías Arce fue sobreseído, mientras que el agente Harry Dix fue ascendido a cabo. El cadáver fue exhibido ante los vecinos, en el cementerio roquense. 
El caso parecía cerrado, pero ahí también nace el misterio. Pasados casi setenta años de su muerte, algunos vecinos de Roca todavía sostenían que...

“Falleció después de tener una vida sin sobresaltos, trabajando en una tapicería de la ciudad”.

Agradecimientos:

- Archivo Diario “Río Negro”.
- Rosalía Palermiti, Revista “Mirá Cervantes”.

- Gabriel Rafart, Neuquén. 

- Ana María Mosca, Cervantes. 

- Guillermo Pirri, Blog “Bien de Regina”.
- Hortensia Zamboni, Cervantes.
Publicado en Diario "Río Negro", domingo 28 de Julio de 2019. Imágenes del Diario "Río Negro".
https://www.rionegro.com.ar/victor-elmes-apogeo-y-final-de-uno-de-los-bandoleros-mas-buscados-en-roca-1051177/