LA "PATRIADA" QUE NO PUDO TORCER LA HISTORIA.
El Rey de Italia lo condecoró mientras dirigía 600 obreros
en el desierto patagónico sin agua. La historia del ingeniero que fundó una
región con rieles.
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| Guido Amadeo Jacobacci, el ingeniero que cruzó la Patagonia con rieles, en su casa. |
En el verano austral de 1908, un ingeniero italiano de 44
años plantó su campamento en la orilla del Golfo San Matías y miró hacia el
oeste. Ante él no había caminos, ni ríos, ni sombra. Solo viento, piedra y 800
kilómetros de nada. Su nombre era Guido Amadeo Jacobacci, y acababa de recibir
una orden del Estado argentino que pocos habrían aceptado sin dudar.
Nacido en Módena el 1 de noviembre de 1864, Jacobacci se
había formado como ingeniero civil en la Universidad de Turín antes de cruzar
el Atlántico en 1889. Su talento apareció pronto en Buenos Aires: primero en el
diseño de las vías del puerto, después en los primeros proyectos de la red de
subterráneos. Era un hombre acostumbrado a la precisión, a los planos y a las
ciudades. La Patagonia era otra cosa.

Seiscientos obreros, viento implacable y casi nada de agua: así nació el ferrocarril patagónico.
En octubre de 1908, el ministro de Obras Públicas Ezequiel
Ramos Mexía lo nombró Director General de los Ferrocarriles Patagónicos. Su
misión era ejecutar la Ley 5559 de Fomento de los Territorios Nacionales: un
ferrocarril colonizador, en manos del Estado, que no especulara con la tierra y
garantizara fletes económicos para los productores. Una línea que no solo
conectara puntos en un mapa, sino que creara un país donde todavía no lo había.
La epopeya.
Jacobacci lideró 600 obreros en condiciones que hoy
resultarían inimaginables. El viento era el enemigo constante, el agua dulce
era casi un lujo. De hecho, ese fue el primer problema a resolver antes de
tender un solo riel: ¿Cómo mantener vivos a seiscientos hombres en el desierto?
Cada riel tendido sobre la meseta fue una victoria contra el desierto y el olvido del Estado.
La solución llegó desde el mar, literalmente: barcos y
aljibes abastecieron el campamento hasta que los rieles alcanzaron el arroyo de
Colonia Valcheta en 1909, a 110 kilómetros del inicio. Desde entonces, vagones
tanque llevaron el agua hacia el frente de avance. La logística se convirtió en
una obra de ingeniería en sí misma.
El mundo notó el esfuerzo. En 1910, el Rey de Italia lo
nombró Caballero de la Orden de la Corona. Pero los reconocimientos no pagan
jornales ni compran durmientes. La falta de fondos y las internas políticas
comenzaron a frenar el avance. En 1913, Jacobacci presentó su renuncia. Murió
en 1922, en Andalgalá, Catamarca, sin haber visto el fin de lo que empezó. El
tren llegó a Bariloche recién en 1934.

El primer desafío no fue técnico: fue conseguir agua dulce para los hombres en el desierto.
El impacto en la estructura productiva regional.
Lo que Jacobacci sembró, la región cosechó durante décadas.
El ferrocarril estatal organizó la salida de lana y cueros hacia los puertos
del Atlántico y rompió la dependencia comercial con Chile, que hasta entonces
absorbía gran parte de la producción patagónica.
El ramal que nació en la localidad que llevaría su nombre,
la trocha angosta de 0,75 metros conocida como La Trochita, extendió esa red
hasta Esquel. "Nosotros tenemos, dentro del patrimonio ferroviario
mundial, una reliquia: uno de los trenes a vapor con más de 100 años de
historia. Cada vez que ese tren funciona, todos los lugareños —sobre todo los
que tienen ese pasado— se acercan a ver qué pasa. Suena el silbato de la
Trochita, se ve el humo, y genera en los jacobaccinos una pasión que no se
puede describir con palabras", contó José Mellado, intendente de la
localidad, en diálogo con +P.
Cuenta la historia que estancias como la Argentine Southern
Land Company despacharon miles de vellones por esas vías. El departamento
Veinticinco de Mayo concentró el mayor stock ovino de la provincia.
"El ferrocarril llegó a tener aquí talleres donde se
reparaban las máquinas, con tornería incluida. Jacobacci era punta de riel:
llegaba el tren desde Plaza Constitución vía Viedma, y a su vez salía la
Trochita. Esos talleres llegaron a dar trabajo a más de 400 personas", recordó
Mellado.
"El legado de Jacobacci está más vivo que nunca. La
mayoría de los jacobaccinos que uno se cruza en la calle tiene algún familiar
que trabajó en el ferrocarril o que llegó a Jacobacci gracias a él", dijo
Mellado.
No todo fue prosperidad uniforme: la llegada del ferrocarril
también trajo competencia externa que golpeó a las moliendas cerealeras
locales. El progreso, como suele ocurrir, no llegó parejo para todos.
Nacido en Módena, condecorado por un rey, yace en el desierto que transformó. Claudio Espinoza.
Un pueblo forjado por el vapor y el acero.
El paraje llamado Huahuel Niyeu tenía historia mapuche antes
de que llegaran los rieles. En septiembre de 1910, con la llegada de las vías,
nació oficialmente el pueblo. En enero de 1925, sus habitantes pidieron
cambiarle el nombre para honrar al hombre que lo hizo posible.
Jacobacci había muerto tres años antes. Pero en 2004, tras
gestiones con su familia, sus restos regresaron a la localidad que lleva su
nombre. El traslado se hizo por las mismas vías que él diseñó. El círculo se
cerró sobre el acero: el ingeniero que cruzó la meseta con rieles volvió a casa
por ellos. Hoy, los talleres históricos y La Trochita —Monumento Histórico
Nacional— siguen contando esa historia a quien quiera escucharla.
Publicado en Más Producción de La Mañana de Neuquén.
Por Revisionismo Histórico Argentino.
FORMACIÓN, MÉTODO Y VOCACIÓN DE VERDAD.
Raúl Scalabrini Ortiz nació el 14 de febrero de 1898 en
Corrientes. Hijo del científico Pedro Scalabrini, heredó un método de
observación riguroso y casi experimental. No fue un ideólogo improvisado: fue
un investigador que aplicó precisión técnica al estudio de la política y la
economía.
Agrimensor de profesión, trasladó esa lógica geométrica al
análisis nacional. Medía, comparaba, verificaba. Su pregunta central no era
retórica sino estructural: ¿quién controla los resortes económicos del país?
Desde joven transitó ambientes de izquierda y también
círculos nacionalistas, pero pronto comprendió que el problema argentino no cabía
en esquemas importados. Ni marxismo dogmático ni conservadurismo aristocrático:
la cuestión era nacional.
LA DIMENSIÓN LITERARIA: EL ALMA DEL PORTEÑO.
Antes de convertirse en el gran denunciante del coloniaje
económico, fue escritor. En El hombre que está solo y espera realizó un estudio
casi poético del espíritu porteño. No analizaba estadísticas; analizaba
conciencias.
Allí aparece su idea del pueblo como sujeto silencioso que
observa, recuerda y finalmente actúa. Decía:
“El pueblo escucha, mira, coteja y continúa en silencio su
tráfico habitual.”
No era romanticismo. Era intuición histórica.
LA DÉCADA INFAME Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COLONIAJE.
El golpe de 1930 fue la revelación. Renunció a su puesto en
La Nación y comenzó la investigación que culminaría en Política británica en el
Río de la Plata. Su conclusión fue demoledora: Argentina funcionaba como una
estructura organizada para beneficiar al capital británico.
Ferrocarriles, frigoríficos, banca, seguros, comercio
exterior: no eran actividades aisladas, eran piezas de un engranaje. Su método
era simple y letal:
“Rastreando el dinero se descubren los verdaderos motores de
la política.”
Y su definición más contundente:
“Lo extranjero aquí
no es el hombre. Lo extranjero es el capital esclavizador.”
Con una sola frase desmontó tanto la xenofobia como el
liberalismo ingenuo.
FORJA.
En 1935 se integró a FORJA junto a Arturo Jauretche. Allí
desarrolló una idea central: la Argentina no era solo colonia económica, era
colonia pedagógica. La dominación operaba también en la historia oficial, en la
prensa, en la educación.
Decía:
“La historia argentina es la historia de una larga intriga
diplomática.”
“La prensa no necesita mentir; le basta callar.”
Comprendía que el diario no convence: impregna. Que la
colonización mental precede a la económica.
LA SOBERANÍA COMO ESTRUCTURA Y NO COMO DISCURSO
Para Scalabrini la soberanía no era una proclama. Era
estructura. Sin control del transporte, de la energía, del crédito y del
comercio exterior, la independencia era una ficción jurídica.
“Donde no hay independencia económica no puede haber
soberanía política.”
Por eso sostuvo que la economía es el esqueleto de la
política. Si el esqueleto está subordinado, el cuerpo entero se arrodilla.
EL 17 DE OCTUBRE Y LA IRRUPCIÓN DEL SUBSUELO.
El 17 de octubre de 1945 confirmó sus intuiciones. Vio al
pueblo emerger como sujeto histórico. Tras dialogar con Juan Domingo Perón
sobre la necesidad de nacionalizar los ferrocarriles, celebró la medida de 1947
como acto estructural de independencia.
Apoyó al gobierno popular, pero nunca fue cortesano. No
ocupó cargos ni buscó beneficios. Cuando consideró que su crítica podía
perjudicar el proceso, se retiró en silencio antes de 1955. Lealtad sin
obsecuencia.
EL REGRESO DEL ESQUEMA DEPENDIENTE.
Tras el golpe de 1955 denunció el Plan Prebisch y la
restauración financiera. Más tarde, cuando el gobierno de Arturo Frondizi firmó
contratos petroleros con capital extranjero, volvió a advertir que la
estructura colonial reaparecía bajo nuevos ropajes.
Su diagnóstico era claro:
“El capital extranjero no viene a colaborar; viene a
organizar el país en función de sus propias necesidades.”
“Los pueblos coloniales trabajan para enriquecer a otros
pueblos y se empobrecen en la medida en que producen.”
No era consigna: era balance contable.
EL PUEBLO COMO SUJETO HISTÓRICO.
Scalabrini rechazaba el desprecio elitista hacia las masas.
Sostenía:
“El pueblo no se equivoca; es llevado al error.”
Para él, el problema argentino no era moral ni racial: era
estructural. Cuando el pueblo parecía equivocarse, era porque operaban
mecanismos de manipulación económica y cultural.
SU LEGADO
Su pensamiento fue matriz del pensamiento nacional del siglo
XX. No fue un comentarista de coyuntura: fue arquitecto conceptual. Cada debate
sobre deuda externa, control del comercio exterior o soberanía energética lleva
su impronta. Enseñó que la economía no es un misterio técnico:
“Estos asuntos son
tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar
y restar.”
Despojó al poder financiero de su aura sagrada.
REFLEXIÓN FINAL.
Raúl Scalabrini Ortiz no fue un opositor circunstancial ni
un oficialista complaciente. Fue un centinela. No denunció solo contratos
injustos: denunció una forma de mirar la Argentina con ojos prestados.
Mientras la Argentina discuta deuda, soberanía, control del
comercio exterior o subordinación financiera, Scalabrini no será recuerdo: será
presente.
Porque la verdadera independencia como él enseñó no se declama.Se estructura.
*** REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO.
*** Autor: Damián Leandro Zanni.
Conocido como “El Patriarca de la Federación”, fue un personaje clave en épocas de unitarios y federales. Su enemistad con las autoridades de la capital impidieron que tenga el homenaje correspondiente.
La historia argentina, como la universal, está escrita casi
en su totalidad por quienes salieron victoriosos. En esa construcción del
pasado no hay dudas de que hay héroes y villanos, pero con el correr del tiempo
ese “relato oficial” se ha ido cuestionando y reversionando para tener la más
fidedigna posible.
Entre aquellos hombres olvidados está la de un caudillo que
fue fundamental en el devenir del país, pero que por su enemistado con los
porteños, su figura no ha sido lo suficientemente reivindicada. Tanto es así
que ninguna calle de CABA lo recuerda. ¿Por qué?
Hablamos de Estanislao López, un caudillo federal y militar
que fue el primer gobernador de Santa Fe entre 1818 y 1838. Fue una figura
clave en la defensa del federalismo, la organización nacional y la autonomía de
las provincias frente al poder central de Buenos Aires.
Participó con el grado de sargento en la expedición al
Paraguay bajo el mando de Manuel Belgrano. Fue capturado en la batalla de
Paraguarí y al terminar la contienda fue conducido prisionero desde Asunción a
un buque frente a Montevideo. La leyenda afirma que se escapó nadando y se
incorporó al ejército sitiador de esa ciudad.
Recientemente, el Congreso avanzó con la aprobación inicial
de una iniciativa presentada por el legislador santafesino Roberto Mirabella,
para reconocer al Brigadier López como héroe nacional.
La propuesta fue respaldada de forma unánime por la mayoría
de los diputados, con 133 votos a favor, ninguna oposición y cinco
abstenciones. La normativa impulsa al Estado a llevar adelante actividades que
promuevan la memoria, el análisis y la difusión del legado histórico,
ideológico y político de López, tanto en el ámbito nacional como internacional.
En su provincia es considerado como “el de un verdadero
padre de la patria santafesina” y de la “confederación argentina”. Pero su
importancia no fue solo a nivel provincial, sino por una gran influencia en la
República Argentina. Estratega político y militar, es a él a quien hay que
mencionar si hablamos del primer antecedente constitucional de Argentina, ya
que impulsó y proclamó el Estatuto de 1819.
Santa Fe tuvo la segunda constitución más antigua del
continente americano, después de la de Estados Unidos. Sus aportes no quedan
ahí porque fue López quien propuso el diseño actual de la bandera provincial y
el escudo santafesino, que dice provincia invencible, es en su homenaje porque
nadie le pudo ganar. General Paz, Viamonte, Dorrego, Lavalle; ninguno pudo con
él.
Dentro de sus cualidades está la de haber sido un
extraordinario estratega militar, ganándole sin pelear a Lavalle. Sabía que
había un pastizal en el sur santafesino y si los caballos lo comían, morían.
Entonces lo llevó hasta ese lugar y los 600 caballos de Lavalle murieron. Sin
derramar sangre, López ganó la batalla y lo hizo volver a Buenos Aires.
Reivindicar a López como héroe nacional.
El legislador santafesino, Roberto Mirabella, habló con
Radio Rafaela sobre la iniciativa de que sea declarado Héroe Nacional y
mencionó que este proyecto data de 2022, pero perdió estado parlamentario antes
de su aprobación. “La había presentado, apenas asumí como diputado nacional y
nadie me había dado bola. Ahora la volvimos a presentar y logramos darle media
sanción. Ojalá el Senado le dé sanción definitiva”, afirmó.
Mirabella reivindicó el sentido profundo del reconocimiento:
“Esto lo hago en función de lo que nos demanda nuestra historia como
santafesinos, pero también para poner sobre la mesa qué nación queremos y qué
Estado queremos para qué proyecto de país”.
Sin feriados ni calles.
Al igual que Juan de Rosas, su nombre no se tradujo en un
feriado nacional y tampoco tiene calles que le rindan homenaje en la Ciudad de
Buenos Aires, aunque sí hay una avenida con su nombre en Pilar, territorio
provincial bonaerense.
Estanislao López, el patriarca de la federación, murió en Santa Fe en junio de 1838. El luto por su muerte duró un mes y Santa Fe fue escenario del mayor cortejo fúnebre de su historia. Sus restos están enterrados en el Convento de San Francisco.