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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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viernes, septiembre 06, 2024

Los casos del Club Evaristo (parte XXXVI): las muertes de Urquiza y López Jordán. Por Juan Luis Gallardo.

 



IN MEMORIAM DE JUAN LUIS GALLARDO.

Los casos del Club Evaristo (parte XXXVI): las muertes de Urquiza y López Jordán.

Seguimos publicando los capítulos de uno de los mejores libros de nuestro apreciado colaborador, fallecido el 29 de agosto pasado.

Por Juan Luis Gallardo.

Dada su proximidad cronológica con el caso de Leandro Antonio Alen, Los Evaristos resolvieron tratar en la siguiente reunión las muertes de Justo José de Urquiza y de Ricardo López Jordán, vinculadas además entre sí. Asumió la tarea Bob O’Connor.
–Aquel 11 de abril de 1870 atardecía en el Palacio San José, la magnífica residencia de Justo José de Urquiza, amo y señor de la provincia de Entre Ríos. Vestido de blanco, conversa en el patio principal con un escribiente. Trabajan cerca el ministro Baltoré y el abogado Julián Medrano. Su mujer e hijas andan por allí, alguna toca el piano en la sala, el maestro de música, un profesor de portugués y el capellán están en sus cuartos. El servicio prepara la cena.
”Pero, no obstante el carácter apacible de este cuadro, la provincia está agitada. El predominio de Urquiza ya es demasiado largo, la gente que coloca en el gobierno está desgastada, se acusa al general de ser demasiado dócil con los porteños, algunas de sus iniciativas encuentran tropiezos en la legislatura. Y la oposición se va agrupando en torno a Ricardo López Jordán, quien se dice que conspira. Para peor López Jordán, sobrino de Pancho Ramírez, El Supremo Entrerriano, es hombre de prestigio, de buen criterio y valor probado.
”Serían las siete y media de la tarde cuando algunos disparos y fuertes gritos hicieron trizas la tranquilidad del Palacio San José. Urquiza, que sigue siendo un hombre de acción, reacciona con presteza, sube al mirador y allí se hace de un fusil, vuelve al patio, se encara con la partida que ha ingresado en el mismo y dispara contra uno de sus integrantes. Pero otro le pega un tiro de pistola en la cara y, cuando cae en brazos de su hija Dolores, un tercero lo remata con varias puñaladas”.
”Los atacantes se hacen servir la cena en el comedor. El doctor Medrano escapa, enviando la noticia del tremendo suceso a Concepción del Uruguay”.
”¿Cómo se ha llegado a tal suceso, tremendo por cierto? Trataré de explicar sus instancias previas y las que le sucedieron, en rápida secuencia”.
”El 9 de abril, López Jordán convoca una reunión en su estancia Arroyo Grande. Son unos treinta hombres y les anuncia el comienzo de una revolución justiciera, que establecerá un gobierno que otorgue mayores libertades. Se conforma una columna al mando del co- rrentino Robustiano Vera que, en el establecimiento San Pedro, pro- piedad de Urquiza, se junta con el encargado del mismo, el oriental Nicomedes Coronel, con el cordobés Simón Luengo, el entrerriano José María Mosqueira y el pardo Ambrosio Luna. Desde allí, todos se dirigirán al Palacio San José para detener a don Justo José”.
”Mientras tanto, Mariano Querencio, otro de los jefes del alzamiento, al frente de un grupo de insurgentes procurará detener, en Concordia, a dos hijos de Urquiza: Justo Carmelo y Waldino”.
”La primera columna llega a San José hacia las siete y media de la tarde del día 11. Vera copa la guardia exterior y reduce a su jefe Miguel Míguez. Mosqueira fuerza la entrada al palacio y prende al oficial Carlos Anderson, a cargo de la vigilancia. Todos irrumpen en la morada de Urquiza. Parece que fue Luna quien disparó sobre éste y Nicomedes Coronel el que lo apuñaló”.
”En cuanto al cometido encomendado a Querencio, tiene asimismo un trámite sangriento. Aunque tampoco tendría instrucciones de matar a los hijos de Urquiza, Justo Carmelo fue muerto en la casa de comercio La Provincia, en la calle Entre Ríos, de Concordia, y su cadáver arrojado al arroyo Yuquerí. A Waldino lo apresaron en la jefatura de policía local, lo llevaron a los suburbios y también lo ultimaron.
”Querencio trató de ocultar a López Jordán los asesinatos y, en una carta que le dirige la madrugada del 12 le dice: ‘Participo a Vd. que anoche como a las 10 y media tomamos al jefe del Departamento Comandante Don Justo C. de Urquiza y como a las 11 al Cnl. Don Waldino, los mismos que en el acto los remití escoltados por el ca- pitán Don Cándido Prieto’”.

ÑAEMBE.
”No hace falta recordar el resto de esta historia. López Jordán fue elegido gobernador por la legislatura entrerriana, el presidente Sarmiento envía tropas contra él que, finalmente, será vencido en Ñaembé, en enero de 1871. Del lado jordanista peleó José Hernández, futuro autor del Martín Fierro”.
”¿Cuál sería la materia de nuestra discusión? Más que tratar de establecer quiénes fueron los autores materiales de las muertes de Urquiza y sus dos hijos, pienso que lo que habría que dilucidar es si la responsabilidad de ellas recae sobre don Ricardo o no”.
”Fermín Chávez, en su libro Vida y Muerte de López Jordán, se ocupa largamente del asunto, analizando incluso los expedientes judiciales labrados a raíz de los hechos. Y, aunque se advierte su intención de exculpar al caudillo entrerriano, son muchas las dudas que quedan flotando al respecto. Sin embargo, no obstante ello, diría que, al menos formalmente, los causantes de esas muertes no tenían órdenes de ejecutarlas sino de aprisionar a las víctimas. Cosa que confirmaría la carta de Querencio, pretendiendo engañar a López Jordán sobre la suerte corrida por Justo Carmelo y Waldino”.
–Hay un punto que debe aclararse previamente. ¿López Jordán era el único jefe de la revolución o compartía su jefatura? –preguntó Alvarado.
–En el momento de los hechos, no parece que fuera el único jefe, aunque sí su figura más destacada. Querencio era otro de los jefes, pero su carta demuestra que se sentía obligado a darle explicaciones a López Jordán, lo que hace pensar que se consideraba subordinado a él.
–Otra cosa. ¿Los autores de las muertes fueron juzgados cuando López Jordán alcanzó el poder? –quiso saber Fabiani.
–A Querencio lo juzgaron más tarde y parece que fue sobreseído, aunque, según Chávez, faltan las páginas del expediente donde consta el sobreseimiento.
–Bien, aunque López Jordán fuera el jefe supremo de la revolución, parecería que no dispuso los asesinatos de Urquiza y sus hijos, ocurridos porque las cosas se les fueron de las manos a quienes debían capturarlos –opinó Zapiola.
–Tal vez. Pero esperen, que el caso tiene una segunda parte, también sangrienta –informó O’Connor.

LA VUELTA.
“Después de su derrota en Ñaembé, López Jordán se exiló en el Uruguay y, en 1873, vuelve a la acción invadiendo Entre Ríos con una pequeña fuerza, que pronto se acrecienta con el afluir de voluntarios. La lucha, igual que la vez anterior, se desarrolla en base a una táctica de guerrillas, por un lado, y, por el otro, mediante las evoluciones convencionales que practica el ejército nacional. Que ahora cuenta con fusiles Remington, ametralladoras francesas y cañones Krupp”.
”La lentitud de las operaciones impacienta al presidente Sarmiento, que resuelve llevar personalmente las flamantes ametralladoras al campo de batalla en el vapor Emilia. Ansioso por comprobar el funcionamiento de las mismas, hace detener el buque en Rosario, ordena desembarcar una de ellas y se da el gusto de probarla, abriendo fuego contra los muros del Colegio Nacional, que está en construcción, a los cuales acribilla jubiloso”.
–Cosas de Sarmiento –acota Gallardo.
–Sí, cosas de Sarmiento. Que, además, salió victorioso en el enfrentamiento pues, el 8 de diciembre, la vanguardia entrerriana es vencida en El Talita y, al día siguiente, el general Martín de Gainza, en Don Gonzalo, derrota al propio López Jordán, que vuelve a tomar el camino del exilio.
”Quince años se prolonga el mismo, en Montevideo. Hasta que, en diciembre de 1888, Juárez Celman decreta una amnistía para los emigrados políticos y don Ricardo regresa al país. Sus hijos viven en Buenos Aires, donde tiene también muchos amigos, de modo que allí se radica. Como cuenta con el grado de general, inicia los trámites para reincorporarse a la milicia”.
”El 22 de junio del año 89, a mediodía, se dirige a casa de su amigo Dámaso Salvatierra, caminando por la calle Esmeralda hacia el sur, entre Tucumán y Lavalle. Saluda al coronel Leyría, que marcha en sentido contrario por la vereda opuesta y, frente al número 562, lo ataca por atrás un hombre moreno, alto, de bigote negro, que le pega un tiro en la cabeza con una pistola Lafaucheaux de calibre 12. López Jordán cayó y resultaron inútiles los esfuerzos realizados en la farmacia de José Menier para salvarlo”.
”El asesino fue arrestado inmediatamente, se llamaba Aurelio Casas y dijo haber obrado por venganza, ya que hacía responsable a López Jordán del fusilamiento de su padre, cuando la segunda rebelión de aquél. Lo cual no sería así, pues al padre de Casas lo habría mandado fusilar un comandante uruguayo de apellido Oviedo. Y, detalle a tener muy en cuenta, la familia de Urquiza le regaló 35.000 pesos a la mujer del matador de don Ricardo.”
–Lo que hace pensar que consideraban a López Jordán algo peor que un adversario político de la familia –dedujo Kleiner.
–Sí, ese premio sugiere que le imputaban las muertes de Justo José y sus dos hijos –coincidió Medrano.
–Y ustedes ¿qué creen?
La votación absolvió por mayoría a López Jordán como instigador de los asesinatos de Justo José, Justo Carmelo y Waldino Urquiza. Pero lo condenó por haber fallado en la conducción de los autores de esas muertes. En cuanto a éstos, se entendió que los atacantes del Palacio San José pudieron haber perdido el control de las cosas al resistirse Urquiza, mientras que Querencio resultaría plenamente responsable por las muertes de sus hijos en Concordia.

Publicado en LA PRENSA.

martes, agosto 29, 2023

LA FRASE DEL DÍA DE HOY: JUAN BAUTISTA ALBERDI.

 


“La libertad no nace de un sablazo es el parto lento de la civilización”. Juan Bautista Alberdi, Obras Selectas.

Juan Bautista Alberdi fue, sin duda alguna y sin exagerar, uno de los grandes pensadores que tuvo nuestro país (que sufrío en carne propia la Argentina que se devora a sus propias hijos… luego castigado y silenciado por histografía oficial argentina… ).

Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante vasco dueño de una importante pulpería, que había dirigido una de las cuatro compañías que organizó José Ignacio Garmendia y Alurralde para la defensa de Buenos Aires en las Invasiones Inglesas. Su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, una criolla que falleció a causa del parto de Juan Bautista, era miembro de una de las más importantes familias tucumanas.

Juan Bautista Alberdi nacido en San Miguel de Tucumán, en el territorio donde se declararía la Independencia Argentina en 1816, el 29 de agosto de 1810, en el año de la Revolución de Mayo.

Alberdi fue uno de los tantos opositores que tuvo el gobernador de la provincia de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas. En noviembre de 1838, Alberdi se negó a prestar juramento al régimen del gobernador porteño, enfrentando al régimen rosista. Se disolvió el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven Argentina", cuyos estatutos fueron confiados a Alberdi.

La persecución de parte de Rosas al Salón Literario llevó al exilio a la mayoría de sus miembros, los cuales se vieron obligados algunos a refugiarse en países limítrofes. Alberdi hizo lo mismo, exiliándose en Montevideo, Uruguay.

Vivió extensos períodos de exilio en Uruguay, Chile y Europa.

Escribió Bases y puntos de partida para la organización política de la República. Argentina para la organización política de la Confederación Argentina, que hizo llegar a Justo José de Urquiza, triunfante en Caseros, Estas Bases constituyeron el antecedente central de la Constitución Argentina sancionada en 1853, cimiento de la Organización Nacional.  En las Bases escribió su lema central: "Gobernar es poblar".

Con Domingo Faustino Sarmiento, con quien había sostenido viva polémica en sus Cartas Quillotanas, respondidas por Sarmiento en Las ciento y una. El eje profundo de la controversia era la aceptación o no de la jefatura de Urquiza.

Juan Bautista Alberdi fue consejero del gobierno de Urquiza y representante plenipotenciario de la Confederación Argentina en las legaciones de París, Madrid y Londres. Donde estableció relaciones cordiales y logró que España reconociera la independencia argentina.

Fallecido en Neuilly-sur-Seine, un suburbio de París, Francia, el 19 de junio de 1884.

En 1958, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) definió el 29 de agosto como el Día del Abogado en la Argentina, en homenaje al nacimiento de Alberdi.

domingo, mayo 22, 2022

El sillón de Urquiza Por Rubén Bourlot.

 

El sillón de Urquiza

Por Rubén Bourlot.

3/12/15.

Un lugar común, en particular utilizado por el lenguaje de los medios llamados “nacionales” - es decir de Buenos Aires -, es denominar el “sillón de Rivadavia” al asiento del presidente de la Nación. Y a la institución presidencial misma. Una crónica que escribió Prudencio Bustos Argañarás en la Voz del Interior manifiesta que “cuando el presidente de la Nación concurre a la Catedral de Buenos Aires con motivo de algún acto de carácter oficial, ocupa un asiento conocido como ‘el sillón de Rivadavia’.”
Sello postal con la imagen de Rivadavia
El origen de esta expresión es más bien oscuro, tanto como el personaje a que alude. Ese tal Rivadavia del sillón no es otro que el vanagloriado Bernardino Rivadavia, elevado al procerato por sobre muchos otros buenos patriotas gracias a los historiadores que construyeron el relato histórico liberal desde una visión centralista porteña.
Rivadavia fue titulado Presidente de la Nación en 1826, entre gallos y medianoche, ante el seguro fracaso en el intento de imponer una constitución unitaria. Más bien se asemeja a una presidencia de facto. Como dice Argañarás, la legislatura de Córdoba lo llamó irónicamente “El presidente de la ciudad de Buenos Aires”. La “presidencia” rivadaviana se prolongó por poco más de un año, entre febrero de 1826 y junio de 1827, cuando se vio obligado a renunciar como consecuencia de las escandalosas negociaciones de paz con el Brasil, llevadas a cabo por su ministro Manuel José García. 
¿Cuál sería el argumento de quienes sostienen esta zoncera? (Jauretche lo sabría explicar mucho mejor). Que Rivadavia inauguró el ciclo de las presidencias de la Argentina, que fue el “primer presidente” y que su escultura se encuentra emplazada Galería de los Bustos de la Casa Rosada. Argumentos muy endebles. Es muy otra la verdad histórica.

El primer presidente
En 1826 faltaban décadas para que el país lograra su organización constitucional y por lo tanto consagrara la institución presidencial. El país en ese momento era un caótico conjunto de provincias si una autoridad nacional reconocida. Guste o no, a partir de 1831, tras la firma del Pacto Federal de ese año, se reconoció como autoridad nacional al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Pero hubo que esperar hasta 1853, cuando la constitución sancionada en Santa Fe estableció que “El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de Presidente de la Nación Argentina”.
Busto de Urquiza en Villa Elisa
Al año siguiente se llevó a cabo la primera elección presidencial que recayó en el entrerriano Justo José de Urquiza. Por lo tanto cuando se hace referencia a la institución presidencial debiera decirse “el sillón de Urquiza”, aunque éste estuviera circunstancialmente instalado en la capital provisoria de la Confederación que fue Paraná.
El mueble en sí carece de significación puesto que el aposento donde hoy se sienta el o la presidente no es el original al que alude la leyenda. Se dice que Rivadavia cuando renunció se llevó a su casa todo el mobiliario que utilizó durante su gestión, inclusive el famoso sillón donde sentaba sus reales. Y según parece, cuenta la tradición, lo hizo para cobrarse los servicios prestados a la patria.
Gustavo Gabriel Levene, en su Historia de los presidentes argentinos escribe que “no existe un sillón que habiendo pertenecido a Rivadavia continúe ostentando la categoría de mueble que en la Casa de Gobierno sigan usando los jefes de Estado de la Argentina.
“Existen sí algunos sillones que Rivadavia usó cuando era gobernante. Uno de ellos al asistir, siendo ministro de la Provincia, a la ceremonia inaugural de la Universidad de Buenos Aires y volvió a ocuparlo en ocasiones sucesivas en que repitió sus visitas a la naciente Institución. Después quedaría en la Universidad como sillón de los Rectores de la Universidad, hasta que envejecido, tomaría el camino del Museo Histórico.
Sillón utilizado por el presidente Derqui
“Otro sillón de elevado respaldo, coronado por un sol radiante dorado a fuego, con su asiento y brazos de apoyo forrados en celeste terciopelo, según la tradición habría sido obsequiado por Rivadavia al Cabildo Eclesiástico, al abandonar el gobierno. Y después de hacerlo usado Rivadavia en alguna ceremonia religiosa de fuste, sigue en la catedral de Buenos Aires y desde los tiempos de Mitre lo han ocupado durante las ceremonias religiosas todos los presidentes argentinos.”
Como una ironía, en el Museo del Bicentenario, inaugurado en 2011, se encuentra el Sillón presidencial utilizado por el presidente Santiago Derqui entre 1860 a 1861. Y es el más antiguo sillón de mando utilizado por un primer mandatario, precisamente instalado en Paraná, capital provisoria de la Confederación. Tallado en el respaldo el mueble ostenta el Escudo de la Confederación Argentina.
A la zoncera del “primer presidente” se debe agregar esa otra con que se machaca a los alumnos de la secundaria, aún hoy. La de las “presidencias históricas”, en referencia a las encabezadas por Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, esquivando ex profeso a la de Urquiza, que para los historiadores y sus repetidores - los profesores - no sería “histórica”. Tampoco las que vinieron después.

Bibliografía:
Prudencio Bustos Argañarás, El “sillón de Rivadavia”,  suplemento Temas, La Voz del Interior, el 20 de agosto de 2006.
Levene, Gustavo Gabriel, Historia de los presidente argentinos, Bs. As., Sánchez Terruelo Editor, 1992.

lunes, septiembre 20, 2021

El General Don José Garibaldi se apodera de Gualeguaychú en Entre Ríos (20 de Septiembre de 1845).

 


El General Don José Garibaldi se apodera de Gualeguaychú en Entre Ríos (20 de Septiembre de 1845).

A raíz de la intervención del Gobernador de Buenos Aires y líder de la Santa Confederación Argentina, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, en la política de la República Oriental del Uruguay, “los gobiernos de Gran Bretaña y Francia llevaron a cabo el Segundo Bloqueo al puerto de Buenos Aires”. Así, el 5 de Septiembre de 1844, la Coalición Anglo-francesa, y las fuerzas orientales, se apoderaron de la Escuadrilla Argentina, surta en el puerto de Montevideo a las órdenes del Almirante Don Guillermo Brown, y de la Isla de Martín García, en tanto se entregó al General Don José Garibaldi una Escuadrilla Volante “para comenzar el bloqueo de los puertos argentinos”.
Más tarde, en horas de la noche del 19 de Septiembre de 1845 (durante la Gobernación de Entre Ríos del General Don Justo José de Urquiza), entró por la boca del río Gualeguaychú una pequeña expedición naval, comandada por el General Don Garibaldi (luego héroe de la unidad italiana), “que de inmediato preparó el asalto a la ciudad”. La excursión “estaba formada por 500 hombres de desembarco, transportados en trece buques menores”.
Finalmente, 20 de Septiembre, “atacó y tomó Gualeguaychú, sin mayor resistencia”. Así, “la urbe estuvo sometida al saqueo hasta la noche del 21”, cuando los invasores la abandonaron “llevándose un apreciable botín de guerra”.
De Archivo de Entre Ríos.
Publicado en Procesos Históricos Argentinos / Facebook.

sábado, septiembre 18, 2021

17 de septiembre de 1861: La batalla de Pavón. LOS HERMANOS SEAN UNIDOS.


La Historia que nos ocultaron
. La derrota del pueblo.


17 de septiembre de 1861, batalla de Pavón.

Por José María Rosa.

Chocan cerca de la estancia de Palacios, junto al arroyo Pavón en la provincia de Santa Fe, los ejércitos de Urquiza y Mitre. A Urquiza, a pesar de Caseros, lo rodea el pueblo entero; Mitre representa la oligarquía porteña. Aquél es un militar de experiencia, éste ha sido derrotado hasta por los indios en Sierra Chica. El resultado no parece dudoso, y todos suponen que pasará como en Cepeda, en octubre de 1859, cuando el ejército federal derrotó a los libertadores.

Parece que va a ser así. La caballería de Mitre se desbanda. Ceden su izquierda y su derecha ante las cargas federales. Apenas si el centro mantiene una débil resistencia que no puede prolongarse, y Mitre como Aramburu en Curuzú Cuatiá, emprende la fuga. Hasta qué le llega un parte famoso: "¡No dispare, general, que ha ganado!". Y Mitre vuelve a recoger los laureles de su primera – y única – victoria militar.

¿Que ha pasado? .. Inexplicablemente Urquiza no ha querido coronar la victoria. Lentamente, al tranco de sus caballos para que nadie dude que la retirada es voluntaria, ha hecho retroceder a los invictos jinetes entrerrianos. Inútilmente los generales Virasoro y López Jordán, en partes que fechan "en el campo de la victoria" le demuestran el triunfo obtenido. Creen en una equivocación de Urquiza. ¡si nunca ha habido triunfo más completo! Pero Urquiza sigue su retirada, se embarca en Rosario para Diamante, y ya no volverá de Entre Ríos.

¿Qué pasó en Pavón?.. Es un misterio no aclarado todavía. Se dice que intervino la masonería fallando el pleito en contra del pueblo, sin que Urquiza pagara las costas (las pagó el país), que un misterioso norteamericano de apellido Yatemon fue y vino entre uno y otro campamento la noche antes de la batalla concertando un arreglo, que Urquiza desconfiaba del presidente Santiago Derqui, que estaba cansado y prefirió arreglarse con Mitre, dejando a salvo su persona, su fortuna y su gobierno en Entre Ríos. Todo puede conjeturarse. Menos que lo que dirá en su parte de batalla: que abandonó la lucha "enfermo y disgustado al extremo por el encarnizado combate". ¡Urquiza con desmayos de niña clorótica! ..

LA MASACRE DEL PUEBLO.

Derqui ingenuamente intentará la resistencia. El grueso del ejército federal está intacto y lo pone a las órdenes de Juan Saa, mientras espera el regreso de Urquiza. Lo cree enfermo y le escribe deseándole "un pronto restablecimiento para que vuelva cuanto antes o ponerse al frente de las tropas". Pero Urquiza no vuelve, no quiere volver. A cuarenta días de la batalla, el 27 de octubre, el inocente Derqui todavía escribe al sensitivo guerrero interesándose por su salud y rogándole que "tome el mando".

La trompetería oligárquica anuncia la gran victoria, aunque Mitre no puede mover a los suyos de la estancia de Palacios porque no tiene caballada. Sarmiento, desde Buenos Aires, le escribe el 20 de setiembre: "No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos" (Archivo Mitre, tomo IX, pág. 363). Pero Urquiza quiere medidas radicales "o Southampton o la horca". En Southampton pasaba su ancianidad, pobre pero jamás amargado, Juan Manuel de Rosas.

Ni uno ni otro. Urquiza no será un prófugo. Quedará en Entre Ríos y no perderá ni el gobierno de esa provincia ni una sola de sus muchas vacas. Derqui, Pedenera, Saa, el Chacho Peñaloza, Virasoro, Juan Pablo López, esperan que vuelva Urquiza de Entre Ríos y en una sola carga desbarate las atemorizadas tropas mitristas. Por toda la República, de Rosario al Norte, vibra el grito ¡Viva Urquiza! en desafío a los oligarcas: todos llevan al pecho la roja divisa federal con el dístico "Defendemos la ley federal jurada. Son traidores quienes la combaten". Urquiza tiene trece provincias consigo y un partido que es todo, o casi todo, en la República. Se lo espera con impaciencia. Derqui suponiendo que es el obstáculo para el regreso del general, opta por eliminarse de la escena y en un buque inglés se va silenciosamente a Montevideo, renunciando la presidencia. Lo reemplaza Pedernera, que tiene toda la confianza de Urquiza. Pero Urquiza no viene.

Entonces las divisiones mitristas a las órdenes de Sandes, Iseas Irrazabal Flores, Paunero, Arredondo (todos jefes extranjeros) entran implacables en el interior o cumplir el consejo de Sarmiento. Hombre encontrado con la divisa federal es degollado; si no lo llevan es mandado a un cantón de fronteras a pelear con los indios. No importa que tenga hijos y mujer Es gaucho, y debe ser eliminado del mapa político. Todo el país debe "civilizarse".

Venancio Flores, antiguo presidente uruguayo, a las ordenes de los porteños, sorprende en Cañada de Gómez el 22 de noviembre al grueso del ejército federal que sigue esperando órdenes de Urquiza. Ahí están sin saber a quién obedecer, ni qué hacer. Flores pasa tranquilamente a degüello a la mayoría e incorpora a los otros a sus filas. Nuestras guerras civiles no se habían distinguido por su lenidad precisamente, pero ahora se colma la medida. Hasta Gelly y Obes, ministro de Guerra de Mitre, se estremece con la hecatombe: "El suceso de la Cañada de Gómez – informa – es uno de los hechos de armas que aterrorizan al vencedor... Este suceso es la segunda edición de Villamayor, corregida y aumentada" (en Villamayor, Mitre había hecho fusilar al coronel Gerónimo Costa y sus compañeros por el sólo delito de ser federales).

Esa limpieza de criollo que hace el ejército de la Libertad entre 1861 y 1862 es la página más negra de nuestra historia, no por desconocida menos real. Debe ponerse el país "a un mismo color" eliminando a los federales. Como los incorporados por Flores desertan en la primera ocasión, en adelante no habrá más incorporaciones: degüellos, nada más que degüellos. No los hace Mitre, que no se ensucia las manos con esas cosas; tampoco Paunero ni Arredondo. Serán Flores, Sandes, Irrazabal, todos extranjeros. Y los ejecutores materiales tampoco son criollos: se buscan mafiosos traídos de Sicilia: "En la matanza de la Cañada de Gómez – escribe José María Roxas y Patrón a Juan Manuel de Rosas, los italianos hicieron despertar en lo otra vida a muchos que, cansados de los trabajos del día, dormían profundamente" (A. Saldías: La evolución republicana, pág. 406).

Así avanza la ola criminal, estableciendo "El reinado de la libertad", como dice La Nación Argentina, el diario de Mitre.

Sarmiento sigue con sus aplausos: "Los gauchos son bípedos implumes de tan infame condición, que nada se gana con tratarlos mejor", dice el apóstol de la civilización. Los pobres criollos que caen en manos de los libertadores, solo pueden exclamar ¡Viva Urquiza! al sentir el filo de la cuchilla. Algunos consiguen disparar al monte a hacer una vida de animales bravíos.

Seguirá la matanza en Córdoba, San Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja, mientras se oiga el ¡Viva Urquiza! en alguna pulpería o se vea la roja cinta de la infamia. Que viva Urquiza mientras mueren los federales. Y Urquiza vive tranquilo en su palacio San José de Entre Ríos, porque ha concertado con Mitre que se le deje su fortuna y su gobierno a condición de abandonar a los federales. Dentro de poco hará votar por Mitre en las elecciones de presidente.

"Pavón no es solo una "victoria militar – escribe Mitre o su ministro de Guerra – es sobre todo el triunfo de la civilización sobre los elementos de la barbarie".

EL CHACHO PEÑALOZA.

Fue entonces que se alzó la noble figura del general Ángel Vicente Peñaloza, llamado El Chacho por todos. Era brigadier de la Nación y jefe del III ejército nacional acantonado en Cuyo. Al ver que los libertadores proceden de esa manera, escribe a uno de ellos, el general Antonino Taboada, el 8 de febrero de 1862: "¿Por qué hacen una guerra a muerte entre hermanos con hermanos?", contraria a la hidalguía de la raza. No hay objeto porque Urquiza ya no vuelve más y los federales han aceptado su derrota. Pero de allí a exterminarlos, va mucho "¿No es de temer que las generaciones futuras nos imitaran tan pernicioso ejemplo?".

La carta es tomada como una provocación, y Peñaloza queda despojado de su rango militar y declarado indigno de vestir el uniforme. Las tropelías siguen: degüellos, saqueos, raptos, violaciones. En Guaja, Sandes ordena quemar la casa del Chacho, después de saquearla.

Peñaloza se revuelve como un jaguar herido. No tiene tropas de línea, ni armas, ni jefes, Pero su grito de guerra resuena por todos los contrafuertes andinos, y van a reunírseles cientos, miles, de paisanos que llegan con su caballo de monta y otro de tiro, agenciado quién sabe cómo. Con medio tijera de esquilar fabrican una lanza acoplándola a una caña Tacuara. Y el Chacho empieza sus victoriosas marchas y contramarchas de La Rioja a Catamarca, de Mendoza a San Luis. La montonera crece y se hace imbatible. Poco pueden contra ella los ejércitos de línea formados por milicos enganchados o condenados a servir las armas: las cargas de los jinetes llanistas desbaratan a los ejércitos de la libertad.

Le ofrecen la paz, y el Chacho la acepta porque es un ingenuo. Cree en la sinceridad y buena fe de los libertadores. El no pelea para imponerse a nadie, sino para defender a los suyos. En La Banderita el 30 de mayo se firma el compromiso: no se perseguirá más a los criollos, y Peñaloza desarmará su montonera. José Hernández, el autor de Martín Fierro, cuenta la entrega de los prisioneros tomados por el Chacho: "Ustedes dirán si los he tratado bien – pregunta éste – ¡Viva el general Peñaloza! fue la respuesta. Después el riojano pregunto: – ¿Y bien? ¿Dónde está la gente que ustedes me apresaron? .. ¿Por qué no responden? .. ¡Qué! ¿Será verdad lo que se ha dicho? Será verdad que los han matado a todos? .. Los jefes de Mitre se mantenían en silencio,- humillados. Los prisioneros habían sido fusilados sin piedad, como se persigue y se mata a las fieras de los bosques; sus mujeres habían sido arrebatadas por los vencedores". (Vida del Chacho, p. 176).

LA LEY MARCIAL.

Todo es mentira en los libertadores. No habrá paz. Al Chacho lo han engañado valiéndose de su buena fe de caballero y de criollo. Apenas se licencia el ejército federal, que Sarmiento - ahora gobernador de San Juan y director de la guerra – incita o Mitre a no cumplir el compromiso: "Sandes está saltando por llegar a La Rioja y darle una buena tunda al Chacho. ¿Qué regla seguir en esta emergencia? Si va, déjelo ir. Si mata gente, cállese la boca".

Recomienza la persecución de la gente. "Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía – escribe Mitre a Sarmiento –. Declarando ladrones a los montoneros sin hacerles el honor de considerarlos partidarios políticos ni elevar sus depredaciones al rango de reacciones, lo que hay que hacer es muy sencillo..." (D. F. Sarmiento Obras Completas, XIX 292). No dice lo que es sencillo, porque hay cosas que Mitre no escribe y debe ser entendido a medias palabras. Pero Sarmiento, que tiene otra pasta, reúne a los jefes militares, les lee instrucciones de Mitre y acota: "Está establecido en este documento la guerra a muerte... es permitido quitarles la vida donde se los encuentre".

Con todo hay en Mitre y Sarmiento un homenaje al derecho. Mitre debe dictar una cátedra para decir que debe aplicarse a la gente del Chacho la guerra de policía, Sarmiento debe aclararla que es a muerte, que Sandes y los suyos no tengan escrúpulos. Un siglo más tarde, la ley marcial se aplicará en la Argentina – sin retorcerla, ni interpretarla, ni valerse de subterfugio alguno – a todo prisionero vencido, aún a quienes se entregan voluntariamente, aún a los tomados antes de iniciarse las operaciones. Pero no estoy escribiendo sobre años tan estúpidamente crueles (*), de retroceso moral tan manifiesto, sino sobre cosas ocurridos hace un siglo cuando Sarmiento y Mitre – algo distintos a sus sucesores de 1956 – debían explicar con razonamientos especiosos, pero razonamientos al fin, porque aplicaban la ley marcial a los adversarios
Tiempos que Chacho con su generosidad criolla temía que llegaran si los libertadores de 1861-62 encontraban quienes los tomaran como modelo. "¿No es de temer que las generaciones futuras nos imitarán tan pernicioso ejemplo?" ... ¿Imitarán?

(*) Rosa escribía esto en 1964

Fuente: Periódico Retorno, 5/11/1964.
Publicado por Revisionismo Histórico Argentino / Facebook.
Imagen: Revisionismo Historico Argentino / Facebook.

lunes, mayo 03, 2021

La impresionante descendencia de Urquiza Justo José de Urquiza fue presidente y gobernador pero, sobre todo, padre. La historia de sus 23 hijos reconocidos y el mito sobre los extraoficiales.

 

1 de abril de 1870. El general está tomando mate debajo del corredor en su imponente casa. Con él se encuentran algunos de sus tantos hijos. A pesar de que el atardecer está calmo, la rebelión jordanista está por comenzar. Y arranca con una tragedia. De repente, una partida de 104 hombres armados irrumpe en la estancia del general. Cinco de ellos ingresan a sus dependencias privadas, que se incorpora de golpe y va en busca de un arma. “¡Son asesinos!”, grita. El que es gobernador de Entre Ríos, y previamente fue presidente de la Confederación Argentina, logra dispararle a uno de sus agresores. Sin embargo, a cambio recibe un balazo que le causa una herida mortal al lado de la boca. Como si fuera poco, Nicomedes Coronel, capataz de una de sus estancias, le pega dos puñaladas. Dolores Costa, la esposa del general, y Lola, una de sus muchos hijos, toman su cuerpo, lo llevan a una pieza y lo recuestan en el piso. Pero ya no hay nada para hacer, Urquiza muere en el acto.


“Gobernar es poblar”, decía Alberdi. Pero quien puso en práctica esta frase fue Justo José de Urquiza. Al morir dejó sin padre a muchos hijos. El general, que tuvo su primer descendencia a los 19 años, tuvo en total 23 vástagos reconocidos. Incluso hay mitos que dicen que tuvo más de 100, aunque estos datos nunca se pudieron confirmar. Sin embargo, 23 hijos desde luego no es poco, y existen motivos para suponer que tuvo varios más. 
El historiador Carlos Canavessi cuenta que en esa época era habitual que hombres como Urquiza, con mucho poder militar y económico, y con grandes extensiones de campo, tuvieran relaciones pasajeras con muchas mujeres. Es muy posible que haya tenido más hijos además de los que reconoció, y también es probable que él ni siquiera supiera de la existencia de ellos. Canavessi agrega que en los tiempos de Urquiza existían las denominadas “cuarteleras”, es decir, mujeres que tenían relaciones y ofrecían servicios sexuales a los soldados. Estas mujeres seguían a los ejércitos cuando se desplazaban y, como Urquiza, entre otras cosas, era militar, seguramente estuvo en contacto ellas.
Urquiza no solo reconoció a sus hijos nacidos antes del matrimonio, sino que los legitimó. A través de la Ley 41, que él mismo impulsó, logró que sus 12 hijos previos al matrimonio fueran legitimados y estuvieran en una posición de igualdad “en cuanto á la patria, potestad, herencia y demás derechos civiles” con los hijos que nacieran como fruto de su relación con su esposa Dolores Costa.

Los 23 hijos de Justo José de Urquiza. A la edad de 18 años, en 1820, una relación furtiva de Urquiza con Encarnación Díaz los convirtió en padres de María de la Concepción de Urquiza Díaz.
Tres años más tarde, Urquiza conoció a Segunda Calvento, quien pertenecía a una de las familias más importantes de Entre Ríos. Calvento dio a luz a Pedro Teófilo Urquiza Calvento. A pesar de que Urquiza y Calvento no formalizaron la relación mediante el matrimonio, tuvieron 3 hijos más: José Diógenes, Waldino y José Francisco.
Al terminar su relación con Segunda Calvento, Urquiza estuvo con Cruz López Jordán, su cuñada y, a la vez, madrina de Waldino. Con López Jordán tuvo a Ana Dolores de Urquiza López Jordán. En los meses de 1839, Urquiza asistió a tertulias de doña Pascuala Ferreira de Sambrana, en Concepción del Uruguay. Allí conoció a Juana, la madre de sus hijos Justo José del Carmen y María Juana de Urquiza y Sambrana.

Cándida Margarita de Urquiza Mercado nació en 1856, meses antes de María Juana, aunque la madre de esta fue la riojana Tránsito Mercado y Pazos. Con ella tuvo también a Clodomira del Tránsito de Urquiza y Mercado. 
Pero la lista sigue. Ese mismo año María Romero dio a luz a Norberta de Urquiza Romero. Pocas semanas después llegó Medarda de Urquiza Cardoso, fruto de la relación con Cándida Cardoso y Perez. 

Pocas semanas después del histórico Pronunciamiento del primero de mayo de 1851, Urquiza, que por entonces tenía 49 años, asistió en Gualeguaychú a una fiesta organizada para recibir a Domingo Sarmiento, que había venido de Montevideo, donde estaba exiliado por ser unitario anti rosista, para unirse al Ejército Grande de Urquiza. Allí el general conoció a Dolores Costa, quien sería su esposa. Con ella tuvo a Dolores, Justa, Justo José Salvador, José Cayetano, Flora del Carmen, Juan José, Dominga Micaela, Teresa, Cipriano José, José del Monte Carmelo y Cándida Amelia. En total, Urquiza tuvo entre 1820 y 1846 siete novias y doce hijos extramatrimoniales.

Un padre atento. Canavessi explica que Urquiza brindó a todos sus hijos con la atención económica que necesitaban, e impulsó sus estudios y carreras. Los más chicos convivieron en el Palacio San José con Costa y los hijos que tuvo con ella, de manera tal que la esposa del general crío tanto a sus hijos como a los que Urquiza tuvo con otras mujeres. A algunos de los varones los mandó a estudiar a Buenos Aires, al colegio San Carlos, donde él mismo había cursado.
José Diógenes se recibió de abogado y luego fue a estudiar a Río de Janeiro. Waldino siguió una carrera militar, al igual que Pedro Teófilo. José Francisco también se dedicó a la abogacía.
En cuanto a las hijas, Urquiza se encargó de que tuvieran profesores de música, de idioma, maestros, de pintura, etc. Muchas de ellas se casaron con prominentes personajes de la época, y ninguna de ellas tuvo problemas económicos.

Hijos reconocidos de Justo José de Urquiza:
 
María de la Concepción de Urquiza Díaz (1820-1892)
Pedro Teófilo de Urquiza Calvento (1823-1893)
José Diógenes de Urquiza Calvento (1825-1904)
Waldino de Urquiza (1827-1870)
José Francisco de Urquiza Calvento(1829-1864)
Ana Dolores de Urquiza López Jordán (1835-1899)
Justo José del Carmen de Urquiza Sambrana (1840-1870) 
María Juana de Urquiza Sambrana (1842 - 1886) 
Cándida Margarita de Urquiza Mercado (1842 - 1869)
Clodomira del Tránsito de Urquiza y Mercado (1846 - 1888)
Norberta de Urquiza Romero (1846 - 1929)
Medarda de Urquiza Cardoso (1846 - 1910)
Dolores de Urquiza y Costa (1853 - 1940)
Justa de Urquiza y Costa (1854 - 1940)
Justo José Salvador de Urquiza y Costa (1856 - 1923)
José Cayetano de Urquiza y Costa (1858 - 1920)
Flora del Carmen de Urquiza y Costa (1859 - 1945)
Juan José de Urquiza y Costa (1861 - 1915)
Dominga Micaela de Urquiza y Costa (1862 - 1871)
Teresa de Urquiza y Costa (1864 - 1945)
Cipriano José de Urquiza y Costa (1866 - 1949)
José del Monte Carmelo de Urquiza y Costa (1868 - 1909)
Cándida Amelia de Urquiza y Costa (1870 - 1872).

*Juana Alonso y Natalia Gnes son alumnas de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

https://noticias.perfil.com/noticias/cultura/la-impresionante-descendencia-de-urquiza.phtml

sábado, mayo 01, 2021

Urquiza: las cartas de la polémica entre Sarmiento y Alberdi.

Urquiza: las cartas de la polémica entre Sarmiento y Alberdi.

Los dos intelectuales argentinos más importantes del siglo XIX se cruzaron varias veces por el entrerriano. Chicana de Alberdi y bronca de Sarmiento.

Justo José de Urquiza es hoy una figura olvidada del panteón de personajes históricos de la Nación. Pero hubo un día en que fue el tema de una discusión ardiente entre dos de los más destacados intelectuales de la historia argentina. La polémica quedó plasmada en una larga correspondencia - conocida luego como las Cartas Quillotanas- donde se discute sobre su figura, pero sobretodo, sobre el futuro del país. Estos dos escritores fueron Sarmiento y Alberdi. 

Qué estaba pasando. Urquiza, caudillo gobernante de Entre Ríos, había traicionado y derrotado a Juan Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros en 1852, ocupando luego su lugar. Lejos de seguir el estilo autoritario de su antecesor, Urquiza llamó a la unidad de las provincias, se comprometió a ordenar el país bajo una Constitución federal e invitó a olvidar los viejos enfrentamientos. Es decir: a reconciliar a unitarios con federales, empresa nada fácil luego de diez años de lucha. Y es que la pacificación era rechazada por amplios sectores, especialmente porteños, que desconfiaban de Urquiza. Sobre todo porque su proyecto de país terminaba con la hegemonía de Buenos Aires,  largamente consolidada durante el periodo rosista.
La polémica. Tanto Sarmiento como Alberdi habían sufrido años de persecución y exilio por parte de Rosas. Cuando la victoria de Urquiza aparece como una posible solución, Sarmiento empieza apoyándolo, e incluso llega a decir de Urquiza que es “la gloria más alta de la Confederación”. Luego lo conoce personalmente y lo acompaña, como corresponsal de guerra en la campaña de su ejército. Pero luego, Sarmiento cambia: en las cartas dice que duda de que Urquiza esté a la altura de hacerse cargo del país. 
Por otro lado, Sarmiento estaba alineado con los intereses centralistas de Buenos Aires. Alberdi, en cambio, se abrazaba al proyecto de la Confederación, y hasta influye fuertemente en la concepción de la nueva Constitución prometida por Urquiza. 
Las distintas miradas de estos dos hombres sobre el “fenómeno Urquiza” respondían a discrepancias políticas, ideológicas y hasta estéticas. Para empezar, Urquiza no respondía al ideal sarmientino de un hombre moderno e ilustrado, educado a la francesa, cercano a la cultura de las ciudades y progreso industrial y cultural de estas. Era un hombre de acción, que gobernaba la provincia de Entre Ríos como si fuera su hacienda, un hombre del campo y del Interior profundo, con todas las características que a los ojos de Sarmiento eran propias de los “bárbaros” y los “salvajes”. Alberdi crítica esta mirada, que es también la mirada de la prensa porteña, antirrosista y unitaria, a la que en una de sus cartas Alberdi califica como imitación de la prensa francesa revolucionaria, “inspirada por un ardor patriótico, sincero, si se quiere, pero pueril”. 
Alberdi expone en varias de las Cartas Quillotanas es que es irrelevante el origen de Urquiza, en tanto estuviera dispuesto a llevar al proyecto de país a un verdadero orden constitucional y federal. El intelectual llega a decir que el pensamiento de Sarmiento y los porteños era de “jacobinos franceses, que buscan un modelo de conducta puro (...) y condenan todo aquello que se aleje del ideal”. “Así comprendo la democracia”, dice Sarmiento, “ilustrar la opinión y no dejarla extraviarse por ignorar la verdad y no saber medir las consecuencias de sus desaciertos”. Para él la posición de Alberdi no es “práctica” sino ingenua. 

Sarmiento vs. Alberdi: ¿abrir o cerrar la grieta? La visión de Sarmiento y la elite porteña tenía fuerte representación en la prensa. Abogaban por exterminar y  combatir ya no a Rosas, derrotado en Caseros y fuera de circulación, sino a todo el rosismo en general. 
Alberdi, en línea con Urquiza,  cuestiona a esa prensa y la acusa de “inventar un Rosas cuando ya no lo hay”. “No estoy por el sistema de esos escritores, que nada tienen que hacer el día que no tienen qué atacar”, dice el tucumano. Para él, ese revanchismo contra los rosistas imitaba las formas bárbaras del antiguo tirano, y retrasaba la llegada de un orden constitucional que requería unión de las provincias. Sostenía que lo que importaba era desterrar no tanto a Rosas o a los rosistas sino “al rosismo”, y no perder el tiempo en perseguir a sus antiguos partidarios. Dirá a Sarmiento en las cartas: “Si tenemos derecho para suprimir al ‘caudillo’ y sus secuaces porque no piensan como nosotros, ellos le invocarán mañana para suprimirnos a nosotros porque no pensamos como ellos”. 
Pero Sarmiento se empecina en su forma de concebir la sociedad civilizada que debe llegar luego de Caseros como una especie de paraíso. Escribe: “Yo era el único oficial del Ejército Argentino que en la campaña ostentaba una severidad de equipo, estrictamente europeo (...) en lugar de poncho (...)”, y también se queja, describiendo a los soldados del ejército de Urquiza, que “mientras no cambie el traje del soldado argentino ha de haber caudillos”. Para Alberdi la civilización no tiene tanto que ver con las “formas y costumbres”, si no con el sistema de reglas que debe existir, el cual debe incluir y comprometer al caudillo, el gaucho y el indio, sin distinciones. “Todos son parte de la familia”, sentencia Alberdi. 
¿Un problema personal? Hay otros motivos para explicar el enojo de Sarmiento. En las cartas, Alberdi llega a objetarle que su encono contra Urquiza se debe a que cuando se presentó ante él y su ejército para ofrecerle sus “servicios de escritor”, Urquiza le restó importancia. No le interesó su fama como hombre de letras (que ya estaba consolidada) y apenas le permitió ser el corresponsal de guerra, sin apreciar ni su consejo ni su opinión sobre el curso de las acciones militares. Esta hipótesis cobra sentido, sobre todo si se observa el llamativo cambio de opinión de Sarmiento sobre Urquiza luego de conocerlo: de considerarlo “la gloria más alta de la Confederación”, a un bárbaro más. “¿Hallaba usted extraño que el general Urquiza no le admitiese a su consejo? Sin negar su brillante aptitud de periodista, (...) yo creo que (Urquiza) habría dado muestra evidente de poco juicio, entregando parte de la dirección de la guerra a cualquier periodista, por espiritual y elocuente que fuese”, le reprocha Alberdi.

 
El final de la historia (pero no de la polémica). Luego de múltiples conflictos entre Buenos Aires y la Confederación (incluyendo la secesión de Buenos Aires de 1852 a 1861) Mitre, al mando de las tropas porteñas, vence a Urquiza en la Batalla de Pavón en 1861. Es el fin de la Confederación, y del proyecto federal de Urquiza. Buenos Aires recupera su hegemonía. 
La figura de Urquiza se invisibilizará con el paso del tiempo: el revisionismo histórico, primero el mitrista y luego el “rosista”, lo recordarán sólo para legitimar posiciones críticas a él. Pero siempre quedará la correspondencia de Sarmiento y Alberdi, cronistas de su época, para seguir preguntándose qué hubiera pasado si ese “caudillo” hubiera sido el ganador y el definitivo pacificador de aquella grieta. 

*Por Tomás Rodríguez, alumno de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

https://noticias.perfil.com/noticias/cultura/urquiza-las-cartas-de-la-polemica-entre-sarmiento-y-alberdi.phtml

Constitución de 1853. Las provincias juran la Patria organizada y el Puerto se separa. Por CARLOS PISTELLI.


Constitución de 1853. Las provincias juran la Patria organizada y el Puerto se separa. 

Por CARLOS PISTELLI.

Fue el 1° de mayo de 1853 cuando el General Urquiza mandó promulgar la Constitución de todos los argentinos. Bueno, no todos. Porque los porteños, al estilo Larreta, rechazaron el acuerdo provincial que delegó en el General Urquiza, vencedor de Morón que los brasileños llaman Caseros, la dirección de la Confederación. Con la revolución septembrina de 1852, que la Plaza Once honra y rememora con los restos de Rivadavia coronándola, Buenos Aires rompió el país en acto de alta traición a la Patria.

Estas notas solamente tocarán lo concerniente a la Convención Nacional, aunque algunos aspectos de los tiempos que corrieron, se hablarán al pasar.

Por el Acuerdo en San Nicolás de los Arroyos, dos diputados reunidos en las provincias partirían a Santa Fe a iniciar las deliberaciones. Fueron ellos:

Juan del Campillo, cordobés de 1812, hijo de la Revolución, Campillo fue un intelectual federal vinculado al partido conservador de su provincia, católico recalcitrante que impuso la condición religiosa para ser Presidente. Fue ministro de Urquiza y diplomático ante la Santa Sede, Su último cargo fue ser ministro santafesino de Oroño, que buscaba suavizar su conflicto con el curataje.

Salvador María del Carril, el doctor lingotes era un viejo conocido.

El doctor Lingotes, nacido en 1798, era un viejo tertuliano rivadaviano, gobernador fugaz de su provincia natal, San Juan, allá por el veintitantos. Ministro de Don Bernardino, su obra financiera fue un desastre y uno de los primeros que priorizó negociados para unos pocos en desmedro de la mayoría popular. Dorrego le dio duro y eso le ganó un odio para hacer dulce. Carril es el principal instigador del asesinato del coronel del Pueblo. Años secretario de Lavalle, finalmente Urquiza lo convocó en prendas de paz y puente de plata a los viejos enemigos del Federalismo. Carril, vicepresidente de Urquiza, gobernaba el país cuando el Castellano se retiraba a San José.

Siendo miembro de la Corte Suprema, en el año 1880, una bomba vino a estallarle en la cara. Nadie sabía de sus cartas recomendando el asesinato de Dorrego, y ese año se dieron a publicidad.

Agustín Delgado, unitario mendocino de 1790, al que Urquiza también le tendió un puente político. Cumplió diferentes roles en su provincia, pues fue nulo en la Convención.

Santiago Derqui, el segundo Presidente constitucional de nuestro país, era una sardina aceitosa difícil de agarrar. Gustaba del mate y la siesta, y de las trapisondas políticas para llegar a buen Puerto. Estaba llamado a grandes cosas, pero terminó indisponiéndose con Urquiza, y selló su fin. Había nacido en Córdoba en 1809.

Pedro Díaz Colodrero, nacido en 1787, federal antirrosista como todos los correntinos. Don Pedro cumplió distintos roles en su provincia y armó alto bardo en el Congreso. Urquiza se cansó del congresal, le dejó de pagar las dietas, obligándole el cargo. Sería uno de los actores centrales de la Convención.

Pedro Juan Ferré, el correntino que prácticamente hizo su provincia, como dice en sus Memorias, era convencional por Catamarca (?) Su primer gobierno fue en 1824 desde donde empezó a sentar las bases de su legado. Artífice aunque no firmante del Pacto del ’31, inicia sus peleas con los doctrinarios porteños, Que terminan, al volver Rosas al gobierno (´35) con la ruptura definitiva. Corrientes será baluarte antirrosista (y antinacional) y a Ferré le cupó papel completo en la jornada. Triunfante Urquiza en las guerras civiles en la región, la provincia pasó a sus manejos más de veinte años y don Pedro desapareció de la escena política. El Castellano en prenda de unidad, le otorgó sus últimas misiones hasta que, como siempre, Ferré saltó el charco descaradamente y se unió a todos sus enemigos.

Ruperto Godoy, sanjuanino de 1803, amigo personal de Sarmiento al que le narraba todas las sesiones en carta. Cumplió un rol entre los unitarios en favor de su amigo y futuro Presidente. 

José Benjamín Gorostiaga, el joven Benjamín (1823) fue el Hacedor de la Constitución. Este santiagueño movidizo fue el alma de la redacción de los artículos. Dice don Raúl Lima de él en el blog de Olaza Pallero, Curioso destino el suyo. Se ha dicho que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, desde el momento en que su misión es interpretar la letra de la Constitución, funciona como una especie de Convención constituyente en sesión continua. A Gorostiaga, integrante de la primera Corte -en la que estuvo veinte años- le tocó interpretar la Constitución de la que fue su principal redactor. Es decir, le tocó interpretarse a sí mismo ¿puede pretenderse intérprete más autorizado?

Gorostiaga gozaba de la deferencia de Urquiza, y eso le dio un status en la Convención. Formada la comisión redactora, todo lo hizo Benjamín. Cuenta Pepe Rosa, Con el texto norteamericano a la vista, Gorostiaga depuró algunas equivocaciones y no pocas exageraciones de Alberdi. Por desgracia la traducción que encontró fue también la persistente de García de Sena y la corrección fue tan errónea con el original de Valparaíso al reproducir el derecho norteamericano. Pero Gorostiaga fue más allá de Alberdi: al proyecto de éste le acopló algunas disposiciones de la constitución unitaria de 1826, sugeridas por Carril tal vez en melancólica compensación póstuma del texto tan agriamente rechazado en 1827. De ese incongruencia de “dos senadores por la capital”, comprensibles en la carta unitaria pero que desvirtuaba la esencia de un senado federativo donde los integrantes representaban a las provincias federales. Veinte días trabajó Gorostiaga. A mediados de enero tuvo lista la tarea que no consistió- como dijo modestamente en el congreso- sólo en “verter a un lenguaje llano los trabajos abstractos del doctor Alberdi”. (…) “Como ministro dejó la impresión de su eficacia sin provocar celos o la envidia de nadie;… fue modesto en palabras y moderado en sus acciones. Comprendió, en fin, que en política el gran arte de tener talento está precisamente en saber ocultarlo“.

Lo ve Vanossi: ¿Dónde consta la obra constitucional de Gorostiaga? Surge del “Anteproyecto”, que es un testimonio irrefutable de su autoría. Son los borradores del esbozo de Gorostiaga, redactado de su puño y letra, que abarcan prácticamente la totalidad de la “parte orgánica” de la Constitución y el “Preámbulo” de la misma. Allí están casi intactos los artículos correspondientes al texto actual en los capítulos referentes a: facultades del Congreso, formación y sanción de las leyes, Poder Ejecutivo, Poder Judicial, y gobiernos de provincia. También son incuestionables las fuentes de su redacción en esas partes: el Proyecto de Alberdi, la Constitución argentina de 1826, la Constitución norteamericana de Filadelfia (1787), y los comentarios de “El Federalista” de Hamilton, Madison y Jay. Tanto Gutiérrez como Gorostiaga conocían el idioma inglés, que el último de ellos utilizaría después para la correlación de las Sentencias de la Suprema Corte norteamericana con la jurisprudencia constitucional argentina de nuestro máximo tribunal”.

Cumplió rol político con Urquiza y luego en la Corte Suprema, siendo fugaz ministro de Sarmiento. El Roquismo impone los tantos en el páis en los ’80, y toda la opo encuentra en él al candidato contra Juárez (1886) Tan resentido quedó éste, que lo hizo renunciar a su cargo, ya triunfante. La venganza es un plato que se sirve frío: Miembro de la Junta Revolucionaria, Gorostiaga lo ve descender del cargo a Juárez de forma ignominiosa en 1890.

http://olazapallero.blogspot.com/2011/01/jose-benjamin-gorostiaga-hacedor-e.html

Don Juan María Gutiérrez había quedado elegido junto a Gorostiaga para redactar la Constitución, pero delegó en su joven colega tan magna tarea. Él se quedó con los manifiestos.

Fue un joven mayo, vinculado a Echeverría y a Alberdi, jefes de la Asociación, con los que formó amistad y lograba evitar los choques de egos. Retirado a Montevideo, convenció a varios que Urquiza era el hombre contra Rozas, y el Castellano lo hizo su secretario todo poderoso diez años. Casó con una joven del Clan Cullen, dueños de Santa Fe unos años, forjando el liberalismo urquicista del que tanto pudiéramos hablar. Le mortificó tanto el verlo caer en las traiciones, que le abandonó y volvió a Buenos Aires.

Descolló en el ámbito de las letras y fue el Rector de la mayor generación universitaria porteña, que lo eligió como su maestro. Naturalista, historiador, intelectual, lo pudo ser todo. Hizo el ridículo en un debate sobre la pertenencia, o no, de nuestro país dentro de la lengua española, que se retiró de la vida pública. Encontraría la muerte, resentido de todo y con todos, allá por enero de 1878.

Delfín Huergo, liberal salteño elegido representante de San Luis, Urquiza quedo embelezado del joven y sus charlas, dándole un espaldarazo a su carrera pública. Huergo terminó mitrista, como no podía ser de otra manera.

Benjamín Juan Lavaisse, cura santiagueño hechura de quien fuera gobierno. Un “oficialista”, llamémoslo. Salvó la libertad de cultos opinando favorablemente, porque era liberal en lo político. Falleció muy joven y se le recuerda su correspondencia con Taboada, sobrino del caudillo Ibarra, del que heredó el cargo. José Ma. Zuviria, hijo de Facundo, y secretario del Congreso dice de él: un genio arrebatado, de imaginación desbordante”, no obstante su “espíritu patriótico y sincero” y su “piedad evangélica”. Bellas palabras que el cura devolvía sobre el padre de Josema: “viejo palangana, boliviano y apologista de sí mismo” e “hideputa salteño“.

Manuel Leiva, el queridísimo viejo Leiva cumplía finalmente sus ensueños cullenistas de 1831-32. Condiscipulo del manco Paz y Tadeo Acuña, con los que anduvo en algunas patriadas. Legislador de López, participa de una asonada contra el Caudillo, que lo mete en cana. Lo libera y lo raja a Entre Ríos donde hace migas con el joven Urquiza. Leiva vuelve a Santa Fe en el año ’30 y congenia con el gallego Cullen. López mete en cana a Urquiza por masón y unitario, e intercede por él. La barra de Cullen, tras él Leiva, Urbanito Iriondo, Acuña, y los doctrinarios le pelean los tantos a Rosas, pretendiendo usar a López. Quiroga les marcó los tantos y quedaron flotando en el aire. Leiva se retiró a Rosario y luego vagó en cuanta aventura antirrosista hubiera. Urquiza lo rescató del exilio, y lo hizo diputado. Su sueño de Constitución Federal se cumplió, pero sintió que Bs As tarde o temprano se impondría. Su luz se fue apagando pero sus destellos seguirían molestando unos años más.

Juan Llerena, el soñador llegó con lo justo a Santa Fe para reemplazar al rimbombante Gondra, del cual hablaremos luego. Venía en representación de San Luis. Es antepasado del gran relator boxístico de Combate Space.

Regis Martínez, cordobés en representación de La Rioja, hijo de un famoso militar unitario. Cumplió un rol destacado en la Convención.

Manuel Padilla, joven cordobés de actuación en Jujuy, a quien representaba, en el bando unitario.

José Manuel Pérez, domínico tucumano discípulo del maestro Chorroarín, el amigo de Passo en el Congreso del 22 de mayo. Se opuso a la Constitución por anticatólica y prenda de paz con los unitarios, a los que detestaba. Urquiza lo apuró un poco, y la votó.

José Ruperto Pérez, porteño que se inicia al lado de Rozas para terminar con Urquiza y el Pronunciamiento. Insólitamente, votó contra la Constitución con las mismas argumentaciones del Restaurador: Que no es tiempo, que el país debe pacificarse. Urquiza le hizo dar un boleo y desapareció de la política.

José de la Quintana, jujeño que hizo carrera en su provincia, llegó a ser gobernador. Unitario hasta las tarlipes.

Juan Francisco Seguí, hijo de un político homónimo, hechura del Caudillo Estanislao López, este santafesino del ’22 fue una de las grandes promesas del Rosismo. Del círculo de Manuelita, la princesa federal lo ayudó a escapar de Bs. As. tras un lío de polleras. ¡Y va y termina al lado de Urquiza al que le escribe el Pronunciamiento! ¡Canalla, qué pretende Ud. de nosotros!

Seguí era un fenómeno llamado a grandes cosas. Pero, claro, no lo quería nadie porque era un mal llevado total. Falleció prematuramente, cantando loas… al mitrismo y su Jefe. Un saltinbanky al final.

Luciano Torrent, correntino de Goya (1823), vinculado al partido liberal de su provincia, hará carrera política en Santa Fe y con el mitrismo.

Martín Zapata, mendocino sin mayores pergaminos que ser yerno del Gobernador Segura. Falleció en el terremoto de 1861.

Salustiano Zavalía, uno de los jefes de la Coalición del Norte que armaron con Avellaneda para romper con Rozas y matar al gobernador Heredia. Este tucumano culto y andariego, forjó el temple del unitarismo post Caseros. Ya lo trataremos con más detenimiento.

Pedro Alejandrino Zenteno o Centeno, cura catamarqueño, federal hasta la médula que armó alto bardo contra la Constitución liberal. Urquiza le respetaba sus viejas luchas, y le permitió lisonjearse como el único que se mostraba contra la Constitución. Falleció al poco tiempo al volver a su casa.

Juan Facundo Zuviría, quien fuera el Presidente de la Convención, Salteño del año 1794. Opositor descarado de Rozas, huyó del país tras participar en alguna que otra intentona unitaria. Cumplió roles institucionales en Bolivia hasta que también lo rajaron por hablar de más: He ahí su problema! Hablaba mucho y por demás. Analizaremos su rol importante en la Convención, haciéndole zancadillas a los redactores.

Data en:

https://sites.google.com/site/historiadeayerparaalumnosdehoy/la-constitucion-nacional-argentina/diputados-de-1853

Publicado en el Blog de CARLOS PISTELLI, 28 de abril del 2021.

https://carlospistelli.wordpress.com/2021/04/28/constitucion-de-1853-las-provincias-juran-la-patria-organizada-y-el-puerto-se-separa/