GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta revisionismo argentino. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta revisionismo argentino. Mostrar todas las entradas

miércoles, junio 03, 2026

DÍA DEL INMIGRANTE ITALIANO.


 DÍA DEL INMIGRANTE ITALIANO.

Hoy se celebra el Día del Inmigrante Italiano en la Argentina, instituido en 1995 mediante Ley 24.561/95, fecha que fue puesta por el Congreso Nacional en homenaje al natalicio de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, ya que su padre, don Doménico Belgrano había nacido en Oneglia, Génova.
Desde el siglo XIX, el pueblo italiano sintió que las puertas de este país estaban abiertas de par en par a sus sueños y aspiraciones. Prepararon sus valijas y con el alma aventurera y sin miedo a lo desconocido, como la mayoría de los pueblos latinos, ganó espacio al mar y se convirtió en la comunidad más numerosa de inmigrantes en nuestro país. Así, arribaron a estas tierras comerciantes, industriales, técnicos, operarios y hasta algunos artistas, pero la mayoría de los recién llegados fueron agricultores que trajeron la cultura del duro trabajo campesino.
Su presencia colmó los infinitos campos argentinos y se convirtieron en los pilares fundamentales del progreso del país, sobre todo en la primera mitad del siglo XX.
Un fragmento de un poema de José Pedroni los identifica:
“un mar de setenta noches
y un río de tres mañanas
separa la tierra vieja
de la tierra nunca arada”
Nuestro homenaje a los millones de italianos que durante dos siglos dejaron su patria natal para venir a estas tierras a forjarse un futuro, formar sus familias y contribuir al crecimiento de Argentina.
Hoy sus descendientes debemos sentirnos orgullosos de ellos y no olvidar nunca nuestras raíces.

Revisionistas.
Ciriaco Cuitiño.

lunes, mayo 25, 2026

25 de mayo de 1862: murió en la pobreza y casi olvidada Juana Azurduy de Padilla.

 


25 DE MAYO DE 1862

MUERE JUANA AZURDUY, HEROÍNA DE LA INDEPENDENCIA EN EL ALTO PERÚ.
Por Revisionismo Histórico Argentino.
Por Damian Leandro Zanni.
El 25 de mayo de 1862 murió en la pobreza y casi olvidada Juana Azurduy de Padilla, una de las mayores heroínas de la independencia sudamericana. Su fallecimiento ocurrió exactamente cincuenta y dos años después de la Revolución de Mayo, la misma revolución por la que entregó su vida combatiendo en los campos del Alto Perú contra el dominio español. Mientras muchos de los grandes nombres de la historia oficial ocupaban monumentos y libros escolares, Juana moría lejos del reconocimiento que merecía, después de haber comandado tropas, organizado guerrillas y sostenido durante años la resistencia patriota en una de las regiones más difíciles de la guerra emancipadora.
Nacida el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca, en el Alto Perú —actual Bolivia—, Juana Azurduy creció en una sociedad profundamente desigual, atravesada por jerarquías coloniales y tensiones sociales entre españoles, criollos, mestizos e indígenas. De origen mestizo y vinculada desde joven a las tradiciones populares e indígenas de la región, desarrolló una fuerte sensibilidad hacia las injusticias que sufrían los sectores más humildes del territorio colonial.
Desde muy joven aprendió a montar a caballo, manejar armas y desplazarse por las geografías difíciles del Alto Perú. Aquella formación práctica, poco habitual para una mujer de la época, sería decisiva años más tarde cuando la revolución transformó completamente la vida política de América del Sur.
LA REVOLUCIÓN Y EL NACIMIENTO DE UNA GUERRERA.
La Revolución de Mayo de 1810 repercutió rápidamente en el Alto Perú, región estratégica para la guerra de independencia por su riqueza minera y su posición geográfica. Juana y su esposo, Manuel Ascencio Padilla, abrazaron inmediatamente la causa patriota, comprendiendo que la lucha no era solamente contra España, sino también contra siglos de explotación colonial sobre indígenas, campesinos y mestizos.
Mientras los ejércitos patriotas intentaban consolidar posiciones desde Buenos Aires y el norte argentino, el Alto Perú se convirtió en uno de los territorios más violentos y disputados de toda la guerra. Allí Juana Azurduy emergió como una figura extraordinaria.
Lejos de limitarse a tareas auxiliares, organizó milicias populares, coordinó guerrillas y participó directamente en combate. Su liderazgo no provenía de títulos nobiliarios ni de jerarquías heredadas, sino de la confianza que despertaba entre indígenas, campesinos y gauchos que combatían bajo su mando.
LA GUERRA DE GUERRILLAS EN EL ALTO PERÚ.
Tras las derrotas patriotas de Vilcapugio y Ayohuma, la situación revolucionaria en el norte parecía derrumbarse. Sin embargo, Juana Azurduy y Manuel Ascencio Padilla reorganizaron la resistencia en las llamadas “Republiquetas”, pequeños focos guerrilleros que mantuvieron viva la lucha independentista durante años. Juana comprendió rápidamente que enfrentar de manera convencional a los ejércitos realistas era imposible. Por eso desarrolló tácticas de guerra de guerrillas basadas en movilidad constante, ataques sorpresa, emboscadas nocturnas y conocimiento del terreno.
Sus tropas estaban integradas principalmente por indígenas, campesinos, mestizos y gauchos pobres que encontraban en la revolución una posibilidad concreta de transformación social además de independencia política. La lucha de Juana no era solamente militar. También defendía a las poblaciones locales frente a saqueos, represalias y abusos del ejército español. Su figura terminó convirtiéndose en símbolo de resistencia popular en todo el Alto Perú.
EL RECONOCIMIENTO DE BELGRANO Y GÜEMES.
La valentía de Juana Azurduy impresionó profundamente a Manuel Belgrano. Después de su destacada actuación en la batalla de El Villar, donde logró derrotar fuerzas españolas superiores en número, Belgrano la ascendió al grado de Teniente Coronel y le entregó su propio sable como reconocimiento.
Aquel gesto no era simbólico únicamente: representaba el reconocimiento político y militar de una mujer que había demostrado capacidad estratégica y liderazgo en plena guerra revolucionaria.
Martín Miguel de Güemes también comprendió la importancia decisiva de Juana en la defensa del norte. Las guerrillas del Alto Perú y las milicias gauchas salteñas formaban parte de una misma estrategia de resistencia popular que impedía el avance realista hacia el sur. Juana colaboró activamente en operaciones vinculadas a Humahuaca, Maimará y otras regiones estratégicas donde las fuerzas patriotas necesitaban mantener abiertas rutas de abastecimiento y comunicación.
LA MUERTE DE PADILLA Y LA CONTINUIDAD DE LA LUCHA.
Uno de los golpes más duros de su vida fue la muerte de Manuel Ascencio Padilla en 1816. Los realistas decapitaron su cuerpo y exhibieron su cabeza como escarmiento público. Sin embargo, Juana no abandonó la lucha. Recuperó los restos de su esposo y reorganizó nuevamente las fuerzas patriotas, demostrando una fortaleza política y humana extraordinaria.
Incluso embarazada participó de campañas militares y continuó dirigiendo tropas en condiciones extremadamente precarias. Su vida estuvo atravesada por pérdidas constantes: hijos muertos durante la guerra, hambre, persecución y pobreza.
Aun así jamás abandonó la causa independentista.
JUANA AZURDUY Y LA PATRIA GRANDE.
La figura de Juana Azurduy también expresa el carácter latinoamericano de las guerras de independencia. Combatió en territorios que hoy pertenecen a Bolivia y Argentina, colaboró con fuerzas vinculadas a Belgrano y Güemes, y formó parte de una revolución continental que no entendía las fronteras nacionales modernas como límites definitivos.
Por eso su figura fue reivindicada tanto en Argentina como en Bolivia. Simón Bolívar reconoció públicamente su valentía y, según diversas versiones históricas transmitidas por la tradición americana, llegó a afirmar que Bolivia debería llamarse “Padilla o Azurduy” por el sacrificio realizado por ambos en la guerra emancipadora. Más allá de debates sobre la literalidad exacta de esa frase, el reconocimiento de Bolívar hacia Juana existió y reflejaba el enorme prestigio que había alcanzado entre los líderes independentistas sudamericanos.
EL OLVIDO DE LA HISTORIA OFICIAL.
Tras la independencia, Juana Azurduy no recibió el reconocimiento material que merecía. Como ocurrió con muchos combatientes populares de la revolución, fue marginada por las nuevas élites políticas surgidas después de las guerras independentistas.
Murió el 25 de mayo de 1862 en condiciones de extrema pobreza en Chuquisaca. Sus bienes habían sido confiscados años antes y gran parte de su vida quedó relegada al olvido oficial durante décadas.
La historiografía liberal tradicional tendió a reducir la independencia a una sucesión de grandes hombres ilustrados y campañas militares regulares, dejando en segundo plano el papel de mujeres, indígenas, gauchos y guerrillas populares que sostuvieron gran parte de la resistencia revolucionaria.
La figura de Juana Azurduy rompía además con muchos prejuicios de la época: era mujer, mestiza, guerrillera y líder militar popular. Por eso su reconocimiento tardó tanto en ocupar el lugar central que merecía dentro de la historia sudamericana.
EL LEGADO DE JUANA AZURDUY.
Con el tiempo, Juana Azurduy fue reivindicada como una de las grandes figuras de la emancipación americana. Su nombre hoy identifica escuelas, monumentos, espacios públicos y unidades militares tanto en Argentina como en Bolivia. Su historia representa mucho más que una hazaña individual. Expresa el protagonismo de los sectores populares en las guerras de independencia y demuestra que la emancipación americana no fue obra exclusiva de élites ilustradas, sino también de indígenas, campesinos, gauchos y mujeres que combatieron directamente por la libertad de sus pueblos.
Juana Azurduy se convirtió en símbolo de coraje, resistencia y entrega absoluta a la causa de la independencia. Su vida recuerda que la libertad americana no fue concedida: fue conquistada en los campos de batalla por hombres y mujeres dispuestos a sacrificarlo todo por la soberanía de su tierra.
Por Damian Leandro Zanni.

sábado, febrero 28, 2026

LA BANDERA ARGENTINA: AZUL, CELESTE Y UNA HISTORIA QUE INVITA A PENSAR. Por Revisionismo Historico Argentino.


 LA BANDERA ARGENTINA: AZUL, CELESTE Y UNA HISTORIA QUE INVITA A PENSAR

Por Revisionismo Histórico Argentino.
La bandera argentina no nació del capricho ni del romanticismo escolar. Nació en guerra. Nació en 1812, cuando Manuel Belgrano, al mando del Ejército del Norte, decidió crear un distintivo propio para diferenciar a sus tropas de las realistas. Lo hizo en Rosario, a orillas del Paraná. No pidió permiso previo. Actuó como jefe militar en campaña. Esa decisión, tomada en plena lucha por la independencia, es el verdadero punto de partida.
Belgrano ya utilizaba la escarapela blanca y azul aprobada por el Primer Triunvirato en febrero de 1812. La bandera fue continuidad de ese símbolo. No surgió aislada ni improvisada. Está documentado en oficios de la época que el color mencionado era azul y blanco.
LOS COLORES: ¿AZUL O CELESTE?
Aquí comienza el debate que todavía hoy genera discusión. Los documentos oficiales, especialmente la ley del Congreso de 1818 que fija la bandera nacional, hablan de “azul y blanco”. No dicen “celeste”. Dicen azul. Ese texto legal existe y es verificable. Es fuente primaria.
Sin embargo, el término “celeste” comenzó a utilizarse con mayor frecuencia durante la segunda mitad del siglo XIX y terminó imponiéndose en el lenguaje oficial y escolar. Esto es un proceso histórico posterior, no una denominación original documentada en 1812.
LAS BANDERAS DE MACHA Y LA PRUEBA TEXTIL
En 1883 fueron halladas en la capilla de Titiri, en Macha, Alto Perú, dos banderas ocultas detrás de un cuadro religioso. Una fue restituida a la Argentina en 1896 y hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional; la otra permanece en la Casa de la Libertad en Sucre.
Son de las piezas textiles más antiguas vinculadas al proceso independentista. Han sido objeto de estudios de conservación, restauración y análisis técnico por especialistas en patrimonio histórico. Los informes del Museo Histórico Nacional describen un tono azul celeste más intenso que el que suele utilizarse actualmente en muchas banderas oficiales.
Debe decirse con precisión histórica que no existe un documento firmado por Belgrano que certifique expresamente que esas piezas fueron las que él enarboló. La atribución se basa en tradición histórica, contexto militar y estudios posteriores. Es una atribución ampliamente aceptada, pero no respaldada por un acta directa del propio Belgrano. Lo que sí es indiscutible es que constituyen evidencia material fundamental para estudiar la tonalidad original del símbolo.
BORBONISMO, SIMBOLOGÍA Y CONTEXTO
El azul celeste era el color de la banda de la Orden de Carlos III en la monarquía borbónica. En 1810-1812 todavía no se había declarado formalmente la independencia y muchas comunicaciones públicas juraban fidelidad a Fernando VII. En ese contexto, algunos historiadores sostienen que el uso del azul y blanco podía funcionar como una señal política de transición.
No existe un documento donde Belgrano declare que eligió los colores por la Orden de Carlos III. La relación es contextual y simbólica, no textual. Es una interpretación histórica basada en el clima político de la época.
Por otro lado, el azul es tradicionalmente el color del manto de la Virgen María en la iconografía católica hispánica. La sociedad rioplatense era profundamente católica. El simbolismo mariano estaba arraigado en la cultura, en estandartes y devociones públicas. Tampoco aquí existe una afirmación escrita directa de Belgrano vinculando la elección a la Virgen, pero el contexto cultural permite entender esa asociación como plausible desde el punto de vista histórico.
FEDERALES, UNITARIOS Y LA DISPUTA POR EL SÍMBOLO
Durante las guerras civiles la bandera también fue atravesada por la disputa política. Bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas se incorporó la divisa punzó como símbolo federal, aunque la bandera nacional mantuvo su estructura azul y blanca. No hubo una modificación legal del pabellón, pero sí una carga política en su uso y en su entorno simbólico.
Tras la caída de Rosas en 1852, durante las presidencias de Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento se consolidó la construcción pedagógica del celeste y blanco como emblema homogéneo de la Nación organizada. Es en este período cuando el término “celeste” se afianza definitivamente en el discurso escolar y estatal. No se creó una bandera nueva, pero sí se consolidó una interpretación cromática dentro del relato oficial.
MITO ESCOLAR Y DOCUMENTO HISTÓRICO
La explicación del “cielo celeste y las nubes blancas” no aparece en escritos de Belgrano. Es una construcción didáctica posterior que simplifica el origen del símbolo. No es una fuente primaria. Es un recurso pedagógico que terminó fijándose como verdad absoluta en el imaginario colectivo. Distinguir entre documento y relato posterior no debilita el símbolo. Lo fortalece.
LA ESCARAPELA COMO PRECEDENTE DIRECTO
Antes de la bandera estuvo la escarapela. El 18 de febrero de 1812 el Primer Triunvirato aprobó oficialmente la escarapela blanca y azul. Ese antecedente demuestra que la combinación cromática ya estaba institucionalizada antes de la creación del pabellón.
Nuevamente la palabra utilizada fue azul. No celeste. La bandera hereda esos colores ya reconocidos oficialmente. Por eso el debate cromático no comienza con la bandera sino con la escarapela.
EL TONO Y SU REGULACIÓN POSTERIOR
En tiempos de Belgrano no existía una estandarización técnica del color. No había códigos industriales ni reglamentos cromáticos precisos. Las variaciones dependían de pigmentos, tintes y técnicas artesanales.
Recién en el siglo XX el Estado argentino comenzó a establecer parámetros más definidos sobre el tono del celeste mediante reglamentaciones técnicas. La fijación exacta del color es un proceso moderno. Por lo tanto, exigir una coincidencia milimétrica con el tono actual para 1812 es anacrónico.
POSICIONES HISTORIOGRÁFICAS SOBRE EL COLOR
Bartolomé Mitre consolidó en su narrativa histórica la identificación del símbolo como celeste y blanco dentro del proceso de organización nacional liberal. Su obra influyó profundamente en el sistema educativo.
En cambio, José María Rosa remarcó que la ley de 1818 dice azul y cuestionó la simplificación escolar posterior. Desde esa perspectiva, la diferencia no es trivial sino parte de la evolución del relato histórico argentino.
El Instituto Nacional Belgraniano reconoce la utilización histórica del término azul en documentos originales y la evolución posterior hacia el uso extendido de celeste.
LA BANDERA ACTUAL Y LA MEMORIA
Hoy la bandera argentina es celeste y blanca. Así está reconocida oficialmente y así la sentimos. Ese es el símbolo vigente.
Pero conocer que la ley de 1818 dijo azul, que existen paños históricos con tonalidades más intensas, que el contexto borbónico y mariano formaba parte del mundo cultural de 1812, que hubo disputas políticas en el siglo XIX y que recién en el siglo XX se reguló técnicamente el tono no debilita el símbolo. Lo fortalece.
La bandera no cambia por estudiar su historia. Lo que cambia es nuestra profundidad para comprenderla.
La discusión entre azul y celeste no divide. Divide la ignorancia de los hechos.
Y más allá del matiz exacto del color, sigue siendo la bandera que nació en guerra en 1812 y que terminó convirtiéndose en el emblema permanente de la Nación Argentina.
Autor: Damian Leandro Zanni.

sábado, febrero 14, 2026

4 DE FEBRERO DE 1898: NATALICIO DE RAÚL SCALABRINI ORTIZ.


4 DE FEBRERO DE 1898 NATALICIO DE RAÚL SCALABRINI ORTIZ.

Por Revisionismo Histórico Argentino.

FORMACIÓN, MÉTODO Y VOCACIÓN DE VERDAD.

Raúl Scalabrini Ortiz nació el 14 de febrero de 1898 en Corrientes. Hijo del científico Pedro Scalabrini, heredó un método de observación riguroso y casi experimental. No fue un ideólogo improvisado: fue un investigador que aplicó precisión técnica al estudio de la política y la economía.

Agrimensor de profesión, trasladó esa lógica geométrica al análisis nacional. Medía, comparaba, verificaba. Su pregunta central no era retórica sino estructural: ¿quién controla los resortes económicos del país?

Desde joven transitó ambientes de izquierda y también círculos nacionalistas, pero pronto comprendió que el problema argentino no cabía en esquemas importados. Ni marxismo dogmático ni conservadurismo aristocrático: la cuestión era nacional.

LA DIMENSIÓN LITERARIA: EL ALMA DEL PORTEÑO.

Antes de convertirse en el gran denunciante del coloniaje económico, fue escritor. En El hombre que está solo y espera realizó un estudio casi poético del espíritu porteño. No analizaba estadísticas; analizaba conciencias.

Allí aparece su idea del pueblo como sujeto silencioso que observa, recuerda y finalmente actúa. Decía:

“El pueblo escucha, mira, coteja y continúa en silencio su tráfico habitual.”

No era romanticismo. Era intuición histórica.

LA DÉCADA INFAME Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COLONIAJE.

El golpe de 1930 fue la revelación. Renunció a su puesto en La Nación y comenzó la investigación que culminaría en Política británica en el Río de la Plata. Su conclusión fue demoledora: Argentina funcionaba como una estructura organizada para beneficiar al capital británico.

Ferrocarriles, frigoríficos, banca, seguros, comercio exterior: no eran actividades aisladas, eran piezas de un engranaje. Su método era simple y letal:

“Rastreando el dinero se descubren los verdaderos motores de la política.”

Y su definición más contundente:

 “Lo extranjero aquí no es el hombre. Lo extranjero es el capital esclavizador.”

Con una sola frase desmontó tanto la xenofobia como el liberalismo ingenuo.

FORJA.

En 1935 se integró a FORJA junto a Arturo Jauretche. Allí desarrolló una idea central: la Argentina no era solo colonia económica, era colonia pedagógica. La dominación operaba también en la historia oficial, en la prensa, en la educación.

Decía:

“La historia argentina es la historia de una larga intriga diplomática.”

“La prensa no necesita mentir; le basta callar.”

Comprendía que el diario no convence: impregna. Que la colonización mental precede a la económica.

LA SOBERANÍA COMO ESTRUCTURA Y NO COMO DISCURSO

Para Scalabrini la soberanía no era una proclama. Era estructura. Sin control del transporte, de la energía, del crédito y del comercio exterior, la independencia era una ficción jurídica.

“Donde no hay independencia económica no puede haber soberanía política.”

Por eso sostuvo que la economía es el esqueleto de la política. Si el esqueleto está subordinado, el cuerpo entero se arrodilla.

EL 17 DE OCTUBRE Y LA IRRUPCIÓN DEL SUBSUELO.

El 17 de octubre de 1945 confirmó sus intuiciones. Vio al pueblo emerger como sujeto histórico. Tras dialogar con Juan Domingo Perón sobre la necesidad de nacionalizar los ferrocarriles, celebró la medida de 1947 como acto estructural de independencia.

Apoyó al gobierno popular, pero nunca fue cortesano. No ocupó cargos ni buscó beneficios. Cuando consideró que su crítica podía perjudicar el proceso, se retiró en silencio antes de 1955. Lealtad sin obsecuencia.

EL REGRESO DEL ESQUEMA DEPENDIENTE.

Tras el golpe de 1955 denunció el Plan Prebisch y la restauración financiera. Más tarde, cuando el gobierno de Arturo Frondizi firmó contratos petroleros con capital extranjero, volvió a advertir que la estructura colonial reaparecía bajo nuevos ropajes.

Su diagnóstico era claro:

“El capital extranjero no viene a colaborar; viene a organizar el país en función de sus propias necesidades.”

“Los pueblos coloniales trabajan para enriquecer a otros pueblos y se empobrecen en la medida en que producen.”

No era consigna: era balance contable.

EL PUEBLO COMO SUJETO HISTÓRICO.

Scalabrini rechazaba el desprecio elitista hacia las masas. Sostenía:

“El pueblo no se equivoca; es llevado al error.”

Para él, el problema argentino no era moral ni racial: era estructural. Cuando el pueblo parecía equivocarse, era porque operaban mecanismos de manipulación económica y cultural.

SU LEGADO

Su pensamiento fue matriz del pensamiento nacional del siglo XX. No fue un comentarista de coyuntura: fue arquitecto conceptual. Cada debate sobre deuda externa, control del comercio exterior o soberanía energética lleva su impronta. Enseñó que la economía no es un misterio técnico:

 “Estos asuntos son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar.”

Despojó al poder financiero de su aura sagrada.

REFLEXIÓN FINAL.

Raúl Scalabrini Ortiz no fue un opositor circunstancial ni un oficialista complaciente. Fue un centinela. No denunció solo contratos injustos: denunció una forma de mirar la Argentina con ojos prestados.

Mientras la Argentina discuta deuda, soberanía, control del comercio exterior o subordinación financiera, Scalabrini no será recuerdo: será presente.

Porque la verdadera independencia como él enseñó no se declama.Se estructura.

*** REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO.

*** Autor: Damián Leandro Zanni.

sábado, febrero 07, 2026

¿El primer desclasado? Bernardino Rivadavia, alias "doctor Chocolate", el afrodescendiente oligárquico.

 


¿El primer desclasado? Bernardino Rivadavia, alias "doctor Chocolate", el afrodescendiente oligárquico.

Un 7 de febrero de 1826, Bernardino Rivadavia fue nombrado por el Congreso General Constituyente a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, inaugurando formalmente la figura del “primer presidente argentino”.

La efeméride suele presentarse como un hito institucional, pero omite un dato central: Rivadavia asumió bajo una Constitución unitaria rechazada por la mayoría de las provincias, que nunca reconocieron ni el texto ni su autoridad. No fue electo por el pueblo, sino designado por una elite porteña que pretendía imponer un proyecto centralista, liberal y profundamente excluyente.
Su breve presidencia estuvo marcada por el endeudamiento externo, el alineamiento con los intereses británicos, el desprecio por el federalismo y un modelo político pensado para Buenos Aires, no para una nación diversa y en construcción. La resistencia provincial fue inmediata. El experimento fracasó. Rivadavia renunció en 1827 y partió al exilio.

Por eso, más que el nacimiento del poder ejecutivo nacional, el 7 de febrero de 1826 recuerda el intento de imponer de manera tramposa un acontecimiento que no es más que una farsa.

Pero hay un detalle más que no quiero dejar de pasar que en el fondo es la humillación del sentir unitario, porteño, racista... de aquellos que en el barrio los llamamos Mabel y Rubén.

Acá viene lo entretenido y verdaderamente sorpresivo. Resulta que el breve gobierno de Bernardino Rivadavia es lo que se enseña en las escuelas argentinas como el sueño de todo liberal. Un gobierno centralista, en detrimento de las provincias y con un claro proyecto donde se beneficiaba claramente a la oligarquía porteña son sus rasgos principales.

El Profesor de Historia en la Universidad de Pittsburgh, con especialización en América Latina y estudios de raza comparada, George Reid Andrews reveló en su libro "Los afroargentinos de Buenos Aires" que el "ídolo" de la derecha argentina era un afrodescendiente.

Transcribimos esta breve referencia de su libro que, sin lugar a dudas, pondría muy nerviosa a cualquier señora paqueta de la Recoleta o de La Paternal pero que piensa igual que la señora rica.

Dice George Reid Andrews:

"Un número de importantes individuos, en la Argentina del siglo XIX, parecen haber sido de ascendencia mixta afro-indio-europea, pero la sociedad de la época los aceptaba como blancos. La familia Taboada, uno de los pilares de la oligarquía gobernante en la provincia de Santiago del Estero, era conocida en toda la Argentina por sus numerosos miembros de piel oscura." 51

José Bernardo Monteagudo, un temprano patriota y luego ministro de Guerra y Marina de Perú, se cree que tenia antepasados negros. 52 Los argentinos están familiarizados con el debate acerca de los antecedentes raciales de Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino. Rotulado como blanco en el censo de Buenos Aires de 1810, también se desempeñó como oficial en un regimiento de milicianos blancos.
Se rumoreaba que la familia de Rivadavia incluía antepasados africanos, y "doctor Chocolate" era uno de los despectivos motes que le daban sus opositores políticos. Este retrato probablemente date aproximadamente del periodo de su presidencia (1825-27). Fotografía, cortesía del Archivo General de La Nación. sus ancestros africanos eran lo bastante persistentes como para que se le adjudicara el apodo de "doctor Chocolate", entre sus opositores políticos. Un ingles que escribió una memoria anonima de su propia residencia en Buenos Aires durante la década de 1820, describió al presidente como de piel oscura, observando al pasar que el aspecto de Rivadavia "ofrece algunas peculiaridades" que hubiesen hecho de el una fácil victima de los caricaturistas ingleses.53 El historiador J. A. Rogers incluyo a Rivadavia como uno de los ocho latinoamericanos en su antología biográfica Great Men of Color. 54

El estigma del ancestro africano era una pesada cruz que se debía soportar en la sociedad de Buenos Aires; toda vez que se presentaba la posibilidad de quitársela de encima y de pasar como blanco, solo una persona rara no la hubiese aprovechado. Es sumamente difícil documentar el proceso por el cual los afroargentinos dejaban la categoría racial negra o mulata y entraban en la blanca, dado que una parte integrante de ese proceso era la destrucción o el oscurecimiento de los registros relativos ala ascendencia africana. Solo una investigación exhaustiva y tediosa del ancestro de miles de individuos podría establecer de manera definitiva la tasa a la cual la gente de raza mixta experimentaba una alteración de su condición racial social y legal. Sin embargo hay una buena cantidad de evidencias indirectas que sirve para sugerir tanto el mecanismo por el cual se producía el proceso como la frecuencia con que se verificaba."

Reid Andrews, George. Los afroargentinos de Buenos Aires. Ediciones de la Flor, 1989. Pág 96-98

Referencias

51. Tulio Halperin Dong hi, Revoluci6n y guerra (Buenos Aires, 1972), p. 57.

52. Rout, African Experience, p. 171.

53. Un ingles, Cinco afws en Buenos Aires (Buenos Aires, 1962), p. 105.

54. J. A. Rogers, Great Men of Color, 2 vols. (Nueva York, 1972), 2: 187-91.
George Reid Andrews es Profesor de Historia en la Universidad de Pittsburgh, con especialización en América Latina y estudios de raza comparada. Entre sus publicaciones destacan Afro-Latin America: Black Lives, 1600-2000 (Links to an external site.) (Harvard University Press, 2016), Blackness in the White Nation: A History of Afro-Uruguay (Links to an external site.) (University of North Carolina Press, 2010), Afro-Latin America, 1800–2000 (Links to an external site.) (Oxford University Press, 2004). 

Bernardino Rivadavia circa de 1809 (Archivo General de la Nación).

Publicado en
https://walteronorato.blogspot.com/

sábado, enero 24, 2026

SAÚL PATRICH Y LA REFRES-COLA. Haga cola con... REFRES-COLA.

 


SAÚL PATRICH Y LA REFRES-COLA.

Por Revisionismo Histórico Argentino.
A fines de la década del ’40, en una Argentina que avanzaba en su industrialización y ampliaba el consumo popular, un joven bioquímico de apenas 22 años llamado Saúl Patrich protagonizó una de esas historias nacionales que rara vez aparecen en los manuales. Trabajaba en una fábrica de Fernet, donde su tarea consistía en catar bebidas y crear nuevas recetas. En ese ámbito técnico y experimental accedió a uno de los secretos industriales más protegidos del mundo: la fórmula de la Coca-Cola.
DEL LABORATORIO AL PATIO DE SU CASA.
Lejos de someterse a las lógicas de las multinacionales, Patrich decidió producir en el país. Trasladó su laboratorio al patio de su casa en el barrio de Devoto y comenzó a desarrollar una bebida propia. Así nació la Refres-Cola, una creación argentina que no pretendía copiar servilmente a la gaseosa norteamericana, sino ofrecer una alternativa popular, accesible y pensada para el consumo familiar.
UNA BEBIDA DISTINTA Y POPULAR.
La Refres-Cola no era una gaseosa tradicional, sino un jarabe concentrado para diluir con soda. Su presentación reflejaba una escena cotidiana: una familia tipo y el padre accionando el sifón sobre la mesa. El producto podía conservarse durante mucho tiempo una vez abierto y permitía regular la intensidad del sabor según el gusto de cada consumidor, anticipando una forma de consumo flexible y doméstica.
ECONOMÍA Y SALUD COMO BANDERAS.
Uno de los grandes atributos de la Refres-Cola era su rendimiento. El slogan lo expresaba sin rodeos: “Con una botella sola / 40 vasos de Refres-Cola”, lo que equivalía a casi diez litros por envase. En un país donde el salario crecía pero el ahorro seguía siendo un valor, esto resultaba decisivo. Además, Patrich remarcaba que su bebida no contenía ácido fosfórico ni cafeína, dos componentes presentes en la Coca-Cola y cada vez más cuestionados, lo que la convertía en una opción más saludable para toda la familia.
PRODUCCIÓN ARTESANAL Y ESFUERZO FAMILIAR.
Imponer la Refres-Cola no fue sencillo. La producción era casi artesanal: una cuba de madera de 200 litros, sin bombeadores ni filtros, y botellas llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por Saúl Patrich y sus hermanos. A pesar de esas limitaciones, el producto logró expandirse y conquistar el mercado nacional.
EL JUICIO CONTRA LA COCA-COLA.
Uno de los hitos más notables de esta historia fue el triunfo judicial de Patrich frente a la multinacional. Ganó el primer juicio del mundo contra la Coca-Cola por el uso de la palabra “Cola”, demostrando que incluso un emprendimiento nacido en el patio de una casa podía enfrentar y vencer a un gigante internacional cuando había convicción y fundamentos legales.
UN ÉXITO NACIONAL EN TIEMPOS DE PERÓN.
Durante casi veinte años, la Refres-Cola fue un éxito en todo el país. Su presencia fue tan fuerte que muchos llegaron a atribuir su creación al propio Perón, lo que revela hasta qué punto era percibida como un producto ligado a la Argentina industrial, popular y soberana. No era solo una bebida, sino parte del paisaje cotidiano de los almacenes de barrio y de la mesa familiar.
EL FINAL DE UNA EXPERIENCIA NACIONAL.
La historia de la Refres-Cola se apaga con el desmantelamiento de la industria nacional, la desaparición de los almacenes tradicionales y el avance de las grandes marcas internacionales. No cayó por falta de calidad ni de aceptación, sino por un cambio de modelo que dejó de proteger lo propio. La figura de Saúl Patrich y su creación quedan como testimonio de una Argentina capaz de inventar, producir y competir, incluso frente a los monopolios más poderosos del mundo.
Por Zanni Damián.

sábado, enero 03, 2026

3 de enero de 1833: LOS PIRATAS INGLESES SE APODERAN DE MALVINAS.

 


MALVINAS: EL CASO JOSÉ MARÍA PINEDO Y LA OCUPACIÓN BRITÁNICA SIN COMBATE.

Por Revisionismo Histórico Argentino.
Por Damian Leandro Zanni.
SOBERANÍA EJERCIDA Y UN ESCENARIO FRÁGIL
Al iniciarse la década de 1830, la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no era una mera declaración formal. Desde Buenos Aires se ejercía autoridad efectiva, con funcionarios designados, población estable, producción ganadera y presencia militar. La Comandancia Política y Militar creada en 1829, bajo Luis Vernet, había consolidado esa situación, aunque la agresión norteamericana de la corbeta Lexington en 1831 dejó a la colonia seriamente debilitada.
Frente a ese escenario, el gobierno de Juan Manuel de Rosas resolvió restablecer el orden institucional en las islas. En septiembre de 1832 se designó gobernador interino al mayor de artillería José Francisco Mestivier y se dispuso su traslado a bordo de la goleta de guerra Sarandí, comandada por el teniente coronel de marina José María Pinedo.
LAS ÓRDENES ESCRITAS Y EL DEBER MILITAR
Las instrucciones impartidas a Pinedo no fueron ambiguas. Estaban firmadas por el ministro de Guerra y Marina, Juan Ramón Balcarce, y establecían que debía conducirse con prudencia frente a buques extranjeros, pero que, en caso de agresión, debía resistir aun frente a fuerzas superiores, sin rendirse y sin abandonar las islas sin orden expresa.
El propio texto de las órdenes señalaba que, si era atacado violentamente, debía defenderse “con el mayor valor”, y que jamás podía retirarse de las Malvinas sin autorización competente. Estas directivas no dejaron margen para interpretaciones posteriores basadas en la conveniencia o la oportunidad política.
EL COLAPSO INTERNO EN PUERTO SOLEDAD
Mientras la Sarandí realizaba tareas de patrullaje, se produjo en Puerto Soledad un motín encabezado por parte de la guarnición. El gobernador Mestivier fue asesinado, en circunstancias brutales, mientras su esposa daba a luz. El responsable directo fue el soldado Manuel Sáenz Valiente, acompañado por otros seis soldados.
La autoridad militar en tierra, el teniente primero José Gomila, no sólo no sofocó el motín sino que quedó comprometido por su conducta posterior. El propio Pinedo dejaría constancia en su declaración de que, al regresar, encontró la colonia en completo desorden y con parte de la tropa implicada en la rebelión.
Con ayuda de marinos franceses y peones de la isla, Pinedo logró detener a los insurrectos y enviar a los responsables a Buenos Aires para ser juzgados. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho y la autoridad argentina se encontraba debilitada ante cualquier intento externo.
LA LLEGADA DE LA CLIO Y LA NOTIFICACIÓN BRITÁNICA
El 2 de enero de 1833 arribó a Puerto Soledad la corbeta británica Clio, al mando del capitán John James Onslow. El propio Onslow dejaría constancia por escrito, en su parte elevado al Almirantazgo, de que su misión consistía en “reafirmar los derechos de Su Majestad sobre las Islas y proceder al reemplazo de las autoridades existentes.
Pinedo fue notificado formalmente de que debía arriar la bandera argentina y evacuar la plaza en el plazo de veinticuatro horas. Ante esta intimación, el comandante argentino presentó una protesta verbal y escrita, señalando que las islas pertenecían a la República Argentina y que no existía estado de guerra entre ambas naciones.
LA DECISIÓN DE NO RESISTIR
Pinedo reunió a sus oficiales y ordenó cargar los cañones de la Sarandí. Sin embargo, según declaró luego ante el consejo de guerra, la resistencia no se concretó debido a que la mayoría de su tripulación era de origen británico y se negó a combatir contra una nave de su propia bandera. Esta situación no fue excepcional ni fortuita. En 1833 la Marina argentina carecía de marineros propios en número suficiente y dependía, como desde los tiempos de la Independencia, de personal extranjero contratado en los puertos del Atlántico, especialmente británico, por su experiencia técnica y disponibilidad.
El servicio de estos marinos en buques extranjeros no estaba prohibido por el Reino Unido, siempre que no combatieran contra fuerzas de la Corona. El límite apareció cuando la Sarandí quedó frente a la corbeta Clio. Los tripulantes ingleses sabían que, de abrir fuego y ser capturados, podían ser juzgados como traidores y ejecutados. Esta circunstancia fue confirmada por el cirujano del buque, John Clark, quien declaró que los marineros extranjeros se negaron a acudir a los cañones por temor a ser ahorcados si combatían contra fuerzas británicas.
Aun así, la responsabilidad última de la decisión recayó en el comandante del buque. Pinedo conocía de antemano la composición de su dotación y había aceptado el mando en esas condiciones. Pese a contar con órdenes escritas que lo obligaban a resistir, optó por no forzar la situación ni cumplirlas. El 3 de enero de 1833, la bandera argentina fue arriada y entregada doblada a Pinedo, quien la recibió desde la Sarandí mientras se izaba el pabellón británico en tierra.
PINEDO Y SU FALTA GRAVE A LA OBEDIENCIA DEBIDA
Pinedo no estaba ante una disyuntiva entre obedecer órdenes imposibles y preservar a su tripulación, sino ante la obligación de cumplir un mandato estatal aun en condiciones adversas. Las órdenes que había recibido le imponían resistir una agresión y no abandonar las islas sin autorización expresa. Esa obligación no desaparecía por la composición de la dotación, que el propio comandante conocía y había aceptado al asumir el mando.
La negativa de parte de la tripulación extranjera a combatir no anulaba la orden, sino que planteaba un problema de disciplina interna que debía ser resuelto por el comandante. Aun con medios limitados, Pinedo conservaba la facultad de imponer autoridad, emplear a los oficiales y marineros leales, y ejecutar una resistencia defensiva, aunque fuera breve o simbólica. Resistir no significaba vencer ni sostener un combate prolongado, sino afirmar la soberanía y obligar al agresor a emplear la fuerza.
Incluso en el supuesto de una resistencia materialmente mínima, Pinedo podía negarse a arriar la bandera bajo intimidación y forzar a que la ocupación se realizara por la violencia directa del ocupante. Ese acto, habitual en la práctica militar de la época, habría transformado la evacuación en un hecho de guerra y dejado constancia inequívoca del incumplimiento británico del derecho vigente.
Al optar por no resistir y sustituir la orden recibida por una evaluación personal de conveniencia basada en la renuencia de su tripulación, Pinedo se apartó del deber militar que le había sido impuesto. La imposibilidad alegada no fue absoluta, sino el resultado de una decisión. Por eso, la pérdida de la plaza no puede explicarse únicamente por las circunstancias, sino por la renuncia del comandante a ejecutar, aun de manera limitada, la misión que se le había confiado.
*obediencia debida, en su sentido clásico.
Las órdenes que recibió Pinedo eran legítimas y claras: resistir una agresión y no abandonar las islas sin autorización. No le exigían iniciar una guerra, sino cumplir un deber defensivo. Por lo tanto, no tenía margen para reemplazar esa orden por su propio criterio, aun con una tripulación renuente.
La obediencia debida operaba hacia arriba: Pinedo debía obedecer al Estado, y la tripulación a su comandante. Al no resistir, no actuó amparado por la obediencia debida, sino que incumplió una orden legítima.
DOCUMENTOS Y TESTIMONIOS POSTERIORES
En su informe al gobierno de Buenos Aires, Pinedo sostuvo que carecía de instrucciones para iniciar hostilidades contra una potencia en paz con la República y que su situación material hacía imposible la resistencia. Estas afirmaciones fueron cuestionadas durante el proceso judicial, ya que las órdenes escritas demostraban lo contrario.
Por su parte, el capitán Onslow informó al Almirantazgo que la ocupación se realizó “sin oposición armada” y que la autoridad argentina se retiró voluntariamente. El cónsul británico Woodbine Parish, en su correspondencia privada, celebró el hecho como una recuperación pacífica de un territorio que Inglaterra nunca había dejado de considerar propio.
Rosas, en comunicaciones diplomáticas posteriores, calificó el episodio como un acto de fuerza ilegítimo y dejó constancia de que la Argentina nunca consintió la ocupación. La protesta formal presentada en 1833 marcó el inicio del reclamo diplomático ininterrumpido que llega hasta la actualidad.
EL CONSEJO DE GUERRA Y LA SANCIÓN
El consejo de guerra fue implacable con los responsables del motín, que fueron fusilados tras un proceso ejemplar. Sin embargo, la sanción aplicada a Pinedo fue leve. Se lo suspendió por cuatro meses, se lo apartó transitoriamente de la Marina y luego se lo reincorporó ante la necesidad de oficiales.
El contraste entre la severidad aplicada a los subalternos y la indulgencia con el comandante refleja una lógica institucional que privilegió el linaje, los vínculos y la trayectoria previa por sobre el resultado concreto de los hechos.
MEMORIA OFICIAL Y CONSTRUCCIÓN DEL RELATO
Con el paso del tiempo, la historiografía oficial fue atenuando la responsabilidad de Pinedo. Su conducta fue presentada como prudente y justificada por las circunstancias, mientras se omitía el contenido preciso de las órdenes recibidas y el hecho central de que la soberanía fue abandonada sin combate.
La Armada argentina llegó incluso a homenajearlo dando su nombre a unidades navales, consolidando una versión edulcorada del episodio. De este modo, la ocupación británica de 1833 quedó desligada de responsabilidades individuales y convertida en un hecho casi inevitable.
UNA USURPACIÓN SIN BATALLA
Las Malvinas no se perdieron en una guerra. Se perdieron en una decisión. No hubo derrota militar, sino retirada. La ocupación británica se consolidó a partir de la inacción de quien tenía órdenes precisas de resistir y no lo hizo.
Ese acto, consumado sin disparar un solo tiro, marcó el inicio de una usurpación que aún perdura y explica por qué la cuestión Malvinas no es sólo un problema diplomático, sino también un debate pendiente sobre responsabilidad, memoria y soberanía.
Por Damian Leandro Zanni.
FUENTES
Rosa, José María. Historia Argentina.
Chávez, Fermín. Rosas y la política exterior argentina.
Rivera, Enrique. La usurpación de las Islas Malvinas. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1983.
Galasso, Norberto. Juan Manuel de Rosas.
Halperín Donghi, Tulio. Historia contemporánea de América Latina.
Escudé, Carlos. La política exterior argentina.
::: ::: :::

3 de enero de 1833

LOS PIRATAS INGLESES SE APODERAN DE MALVINAS.
FUERON... SON... Y SERÁN ARGENTINAS!
El 10 de septiembre de 1832, el Ministerio de Guerra y Marina nombró por decreto al Sargento Mayor de Artillería José Francisco Mestivier como Comandante Civil y Militar interino de las Malvinas y sus adyacentes. La goleta Sarandí partió de Buenos Aires el 23 de septiembre y llegó a las Puerto Soledad 15 días después. La goleta era de origen estadounidense, se llamaba Grace Ann, y tuvo que ser reparada antes de partir de Buenos Aires en junio de 1832. Solo tenía diez tripulantes argentinos. También se trasladaron cincuenta hombres con sus respectivas familias y cierto número de presos por delitos comunes, con los que pensaba iniciarse un penal.
Estas eran las instrucciones dadas a Pinedo por el gobierno de Buenos Aires:
"Luego que esté desembarcado el Comandante [Mestivier] y su guarnición reunirá el Comandante de la Sarandí los oficiales del Buque de su mando y le dará posesión del Establecimiento, comprendiendo la isla de Soledad y las demás adyacentes hasta el Cabo de Hornos, enarbolando a bordo y en tierra el pabellón de la República y haciendo una salva de veintiún cañonazos. De esta posesión y del pormenor de las formalidades con que haya sido dada, firmará el teniente Coronel Don José María Pinedo una acta por triplicado [...]. Se pondrá de acuerdo con el expresado Comandante para facilitarle los auxilios que necesite para hacer respetar su destino y la comisión de que ve encargado suministrándole los víveres necesarios para el mantenimiento de su guarnición.
En caso de ser atacada la isla facilitará al comandante los auxilios que necesite, poniéndose de acuerdo previamente con él [...] Correrá la costa NE-SE desde la Isla Soledad hasta la Isla Nueva es decir ciento cincuenta millas observando en toda ella los buques extranjeros que se hallaren a la pesca a los que hará las intimaciones que le prevenga el comandante de la Isla según las instrucciones que tiene [...] guardará la mayor circunspección con los buques de guerra extranjeros, no los insultará jamás; mas en el caso de ser atropellado violentamente y que se le hiciere fuego llenará en toda su extensión el Código Naval que previene que todo comandante de bajel de guerra suelto deberá defenderse de cualquier superioridad de que fuere atacado con el mayor valor, nunca se rendirá a fuerzas superiores sin cubrirse de gloria en su gallarda resistencia [...] no podrá retirarse de las islas Malvinas mientras no le fuera orden competente para efectuarlo [...] "
PINEDO SE RINDE SIN OFRECER RESISTENCIA
Al mando de la nave Clio, el marino inglés John Oslow se apodera de las islas Malvinas el 3 de enero de 1833, "para hacer efectivo el derecho de soberanía de Su Majestad Británica", según dice en la nota enviada al comandante José María Pinedo, al mando de la goleta Sarandí. Pinedo, de conducta sospechosamente errática durante la guerra con el Imperio del Brasil, consideró inútil resistirse y se limitó a dejar al colono Juan Simón como comandante provisional. El pabellón argentino fue arriado por un oficial inglés que lo hizo llegar a la Sarandí, donde Pinedo había ya embarcado todas sus fuerzas. A su arribo a Buenos Aires, Pinedo fue sumariado por no resistirse de manera apropiada a la usurpación.
El artículo 9º del Código de Honor Naval de las Provincias Unidas obligaba a Pinedo a defender el pabellón de un ataque extranjero hasta las últimas consecuencias.
En 1840 las islas son declaradas ilegítimamente como colonia de la Corona Británica, y el primer gobernador británico, el teniente Richard Moody asume desde el Reino Unido (1841).
Desde entonces y cada año se conmemora el 3 de enero la usurpación británica, como parte de los muchos y fundados antecedentes que dan apoyo a los reclamos de la soberanía Argentina sobre el archipiélago.
(Qué extraño, no sabemos por qué nos suena tanto el apellido de este cipayo Pinedo que no quiso resistirse)
Publicado en Pensamiento Discepoleano.