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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, enero 24, 2026

SAÚL PATRICH Y LA REFRES-COLA. Haga cola con... REFRES-COLA.

 


SAÚL PATRICH Y LA REFRES-COLA.

Por Revisionismo Histórico Argentino.
A fines de la década del ’40, en una Argentina que avanzaba en su industrialización y ampliaba el consumo popular, un joven bioquímico de apenas 22 años llamado Saúl Patrich protagonizó una de esas historias nacionales que rara vez aparecen en los manuales. Trabajaba en una fábrica de Fernet, donde su tarea consistía en catar bebidas y crear nuevas recetas. En ese ámbito técnico y experimental accedió a uno de los secretos industriales más protegidos del mundo: la fórmula de la Coca-Cola.
DEL LABORATORIO AL PATIO DE SU CASA.
Lejos de someterse a las lógicas de las multinacionales, Patrich decidió producir en el país. Trasladó su laboratorio al patio de su casa en el barrio de Devoto y comenzó a desarrollar una bebida propia. Así nació la Refres-Cola, una creación argentina que no pretendía copiar servilmente a la gaseosa norteamericana, sino ofrecer una alternativa popular, accesible y pensada para el consumo familiar.
UNA BEBIDA DISTINTA Y POPULAR.
La Refres-Cola no era una gaseosa tradicional, sino un jarabe concentrado para diluir con soda. Su presentación reflejaba una escena cotidiana: una familia tipo y el padre accionando el sifón sobre la mesa. El producto podía conservarse durante mucho tiempo una vez abierto y permitía regular la intensidad del sabor según el gusto de cada consumidor, anticipando una forma de consumo flexible y doméstica.
ECONOMÍA Y SALUD COMO BANDERAS.
Uno de los grandes atributos de la Refres-Cola era su rendimiento. El slogan lo expresaba sin rodeos: “Con una botella sola / 40 vasos de Refres-Cola”, lo que equivalía a casi diez litros por envase. En un país donde el salario crecía pero el ahorro seguía siendo un valor, esto resultaba decisivo. Además, Patrich remarcaba que su bebida no contenía ácido fosfórico ni cafeína, dos componentes presentes en la Coca-Cola y cada vez más cuestionados, lo que la convertía en una opción más saludable para toda la familia.
PRODUCCIÓN ARTESANAL Y ESFUERZO FAMILIAR.
Imponer la Refres-Cola no fue sencillo. La producción era casi artesanal: una cuba de madera de 200 litros, sin bombeadores ni filtros, y botellas llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por Saúl Patrich y sus hermanos. A pesar de esas limitaciones, el producto logró expandirse y conquistar el mercado nacional.
EL JUICIO CONTRA LA COCA-COLA.
Uno de los hitos más notables de esta historia fue el triunfo judicial de Patrich frente a la multinacional. Ganó el primer juicio del mundo contra la Coca-Cola por el uso de la palabra “Cola”, demostrando que incluso un emprendimiento nacido en el patio de una casa podía enfrentar y vencer a un gigante internacional cuando había convicción y fundamentos legales.
UN ÉXITO NACIONAL EN TIEMPOS DE PERÓN.
Durante casi veinte años, la Refres-Cola fue un éxito en todo el país. Su presencia fue tan fuerte que muchos llegaron a atribuir su creación al propio Perón, lo que revela hasta qué punto era percibida como un producto ligado a la Argentina industrial, popular y soberana. No era solo una bebida, sino parte del paisaje cotidiano de los almacenes de barrio y de la mesa familiar.
EL FINAL DE UNA EXPERIENCIA NACIONAL.
La historia de la Refres-Cola se apaga con el desmantelamiento de la industria nacional, la desaparición de los almacenes tradicionales y el avance de las grandes marcas internacionales. No cayó por falta de calidad ni de aceptación, sino por un cambio de modelo que dejó de proteger lo propio. La figura de Saúl Patrich y su creación quedan como testimonio de una Argentina capaz de inventar, producir y competir, incluso frente a los monopolios más poderosos del mundo.
Por Zanni Damián.

martes, noviembre 05, 2024

JUGOS CIPOLLETTI. Bébase bien helado: la historia del jugo Cipolletti.


JUGOS CIPOLLETTI.

Bébase bien helado: la historia del jugo Cipolletti.

La historia del Jugo Cipolletti marcó la memoria de miles de personas con su sabor a manzana. Vaivenes de un relato exitoso que tuvo un final mezquino.

Por Nico Visne.

Bébase bien helado: la historia del jugo Cipolletti.

Todo esto comenzó hace un par de meses cuando fui a comprar vino a “La Vinoteca” de calle Alem en Cipolletti y detecté un par de etiquetas enmarcadas y colgadas en la pared y un sachet! de jugo Cipolletti de manzana verde, algo decolorado, sobre una de las heladeras.

Le pregunté a Rodrigo, su dueño, si podía ver el sachet de cerca y la nostalgia me envolvió y tocó mi corazón. Fue así que me lancé a buscar respuestas sobre esos interrogantes que nunca quedaron muy claros sobre la historia de este jugo revolucionario.

Desde su lanzamiento en la década del 70, el jugo Cipolletti marcó un antes y un después en la industria argentina de bebidas. Su recorrido, con subidones de tristeza, felicidad, éxito y nostalgia reflejan los vaivenes de una época en la que la innovación y la calidad se aliaron para dar vida a un producto único.

En pleno corazón de Cipolletti, sobre la calle Tres Arroyos, funcionaba la empresa “Industrias Cipolletti” primero como una sencilla elaboradora de sidra y, luego, con el jugo de manzana que pasó a ser un ícono en la Patagonia y el resto del país.

Los galpones de “Industrias Cipolletti” estaban pegados a lo que fue el frigorífico Fadec, destruido por una explosión a raíz de un escape de gas el 24 de agosto de 1974, mientras Boca y River disputaban su clásico y la ciudad estaba bajo un corte total de luz. Este hecho lamentable terminó con la vida de varios miembros de una familia que vivían ahí y de un trabajador del lugar.

A raíz de esta tragedia el techo del galpón de Industrias Cipolletti, que estaba al lado, quedó bastante dañado y sus responsables decidieron arreglar el lugar y comenzar a fondo con la producción de jugos, ya que el mercado internacional, sobre todo Estados Unidos miraba con muy buenos ojos ese delicioso liquido frutal que aquí se producía y lo esperaba con los brazos abiertos.

Según Marcelo Hirsch, director ejecutivo de Industrias Cipolletti, la fábrica inicialmente era una sidrera: “Llegado el momento las ventas no eran buenas y lo nuevo era tener la misma manzana con la que se hacía la sidra para hacer jugo concentrado de manzana y exportarlo. La sidra se vendía en el Mercado Interno. El jugo era 100% exportación, Mercado Interno no había”.

La Vinoteca de calle Alem de Cipolletti conserva un sachet de jugo de manzana.

El nacimiento de Industrias Cipolletti, tuvo en su seno a un grupo de empresarios y productores locales de cooperativas, chacras y galpones de empaque como Gato Negro, Gasparri, Frigorífico Cipolletti, Moño Azul y Tres Ases entre otros. Juntos, apostaron por la producción de jugos concentrados, vislumbrando un mercado con potencial de exportación, pese a la existencia de dos competidores fuertes en la región: Orfiva, en Plottier, y Zumos Argentinos, en Cinco Saltos, de capital alemán. Con una gran disponibilidad de fruta de descarte y los bancos de Río Negro y Neuquén apoyando, el proyecto parecía tener buenos cimientos.

Según cuenta Hirsch: “el proyecto arranca con un jugo a valor de 8 dólares, el galón. La primera producción la terminamos vendiendo a 2,30 el galón y la compra un tal Julio Galo, que fue tapa de Times, un tipo que según cuentan tenía 20 teléfonos y depende de cuál sonaba, era o del gobierno, o de la bolsa o de vaya a saber que otras esferas. Galo compra toda la producción a un precio casi cuatro veces menos de lo que valía. Arrancamos mal. En el año 78 Martínez de Hoz mete la tablita, donde 0.80 centavos de peso era un dólar y ahí Industrias Cipolletti pierde hasta las ganas de comer. Todo lo que era fruta daba pérdida” comenta Hirsch.

A medida que Industrias Cipolletti avanzaba, la oferta de fruta en el Alto Valle permitía abastecer hasta trece jugueras en simultáneo. Sin embargo, el mercado pronto se saturó, y las dificultades de distribución y competencia llevaron a la empresa a un momento crucial: necesitaban un producto diferenciado que pudiera posicionarse más allá del mercado regional.

El sello característico de "Industrias Cipolletti" con la tipografía de la marca. Gentileza Marcelo Pelozo.

1984 El año de la transformación.

En 1984, Industrias Cipolletti decidió cambiar el rumbo y apostar por un producto de consumo masivo. Este año fue clave para la empresa, que adquirió maquinaria alemana avanzada para refinar el proceso de extracción de jugo y conservar el perfil aromático de la fruta. Con estas inversiones, comenzó la fabricación de un jugo transportable y de calidad. Solo faltaba una marca y una estrategia de marketing adecuada para introducirlo en el mercado.

Cuenta Ernesto Bassi, presidente del directorio de Industrias Cipolletti que la investigación del producto y de la marca surgieron juntos: “ Contratamos a una empresa de publicidad que nos ayudó, Henderson y Antelme, y nos invitaron a la oficina en Buenos Aires y trajeron no menos de cinco o seis biblioratos con marcas para comprar. ¿Qué marca le quieren poner?, preguntaron. Había unos nombres estrafalarios porque lo más rápido era, para registrar una marca, comprarla. Cuando estábamos medio agotados, después de una sesión de discusión sobre la marca, me empezaron a preguntar los creativos, ¿Si ustedes venden en Estados Unidos, allí como lo llaman?... Cipolletti, le digo. ¿Los llaman Cipolletti? dicen ... .entonces esa es la marca. Como consecuencia, en esa época todavía, igual que Pindapoy, se podía registrar una marca con el nombre del lugar.Mientras tanto, con Ginóbili, el ingeniero químico, buscábamos un envase detrás del cual no hubiera que hacer una inversión gigante”.

En 1984 nació oficialmente el jugo Cipolletti en un envase pionero: el Doypack, un sachet laminado de aluminio traído desde Francia, que preservaba el frescor de la bebida y le daba una apariencia novedosa. El envase no solo era práctico sino también estético, y su imagen rápidamente quedó grabada en la memoria colectiva de los argentinos.

Con sabores de manzana roja y manzana verde (tuvo uno de pera que no fue tan exitoso, pero que fue realmente delicioso), el jugo Cipolletti conquistó a los consumidores. En 1989, su envase innovador y la estrategia publicitaria de Henderson Antelme le valieron a la marca el prestigioso Clio Award, un premio internacional de publicidad. La imagen de la bolsita de aluminio de pie, que invitaba a beber directo de sus bordes, se convirtió en un ícono, y el jugo Cipolletti ganó popularidad a nivel nacional.

Alfio Macari trabajó en la agencia Henderson Antelme como director creativo. Durante diez años estuvo a cargo de la marca Cipolletti. Entre las cosas que recuerda hay una que particularmente llama la atención: “Hacía muy poquito que teníamos guardado en un cajón hecho un comercial para Cipolletti que, bueno, después se hizo, digamos, como famoso porque trabajaba Karina Rabolini antes de ser Karina Rabolini Modelo. Eran otros tiempos y en esa época se usaba la temática, hoy sería por ahí cuestionado. El comercial giraba en torno a la tentación,a la dulce tentación y había un velero donde Karina Rabolini entraba como si fuese la tentación y había un muchacho con un perrito, la miraba, no la miraba, sí la miraba, hasta que el perrito giraba alrededor de ellos con la correa, les juntaba las piernas y se quedaban cara a cara. Esa era la historia del comercial. Como hecho cómico, hoy estaríamos todos presos porque para que ese perrito haga eso, además de estar entrenado, se lo tuvo un día sin comer y los operarios de la productora iban tirando un pedazo de carne alrededor para que el perro gire y haga este efecto de envolver a los dos. Según la legislación de la época, Karina Rabolini quien llegaba al set de filmación y venía con un uniforme de escuela, su madre tenía que firmar los permisos porque era menor de edad para ese comercial. El comercial nunca salió al aire porque Cipolletti no lo necesitó” comenta Macari.

En las paredes de La Vinoteca de Cipolletti, recuerdos de la etiqueta de manzana roja del jugo.

Si bien a la agencia nunca le fue redituable y en términos económicos no tuvieron ganancias, lograron prestigio y chapa porque Jugos Cipolletti era el cliente más mostrable.

“El producto fue una gran derrota para la agencia económicamente porque se hizo el packaging y una vez que se puso en góndola el producto era totalmente consumido por la gente. La góndola hacía que el packaging sea adquirido. Se hizo el comercial, se hizo publicidad y se hicieron las piezas, digamos. En esa época era época de piezas manuales, llevaba su tiempo, folletería y todo y nunca lo necesitó el producto. Entonces realmente la agencia prácticamente no ganó un peso después de haber hecho el trabajo inicial. Sí siguió siendo cliente nuestro y se hacían materiales internos y todo. A mí me tocó la transición al Tetra Pak. Fue una transición muy simple porque básicamente lo que permitía el Tetra Pak en contra del DoyPack, que era aluminizado, era poner la manzana transpirada tanto en la verde como en la roja y bueno en el shablon la etiqueta que tenía se conservó. El Tetrapack fue un packaging que sacó Lápiz de Platino acá en Argentina. Directamente pasó de los kioscos a los supermercados y la gente lo tomó como el mismo producto así que se vendió muy bien. Una postilla divertida de la época, las fotos de las manzanas verdes y las manzanas rojas que estaban en el packaging y que después se usaron también en el packaging de Tetra Pak fueron sacadas por un fotógrafo polaco que vivía acá en Argentina, que en realidad era polaco de padres pero él era paraguayo, se llamaba Vladimiro Borecki. En esa época las placas no había forma de digitalizarlas porque no existían las computadoras todavía en nuestro trabajo. Entonces las placas originales las teníamos guardadas en una caja de seguridad en el Banco de Canadá. Esas fotos se sacaban exclusivamente cuando teníamos que hacer fotocromos para hacer algún trabajo pero los dos originales estaban guardados en una caja de seguridad porque eran para nosotros como un material increíble e intocable” cuenta Alfio Macari trayendo datos de la historia totalmente inéditos para muchos.

El boom del jugo de manzana Cipolletti.

En los años 80 y 90, con el jugo Cipolletti en auge, la empresa comenzó a invertir en una red de distribución sólida. En sus comienzos, firmó acuerdos con Mendizábal, conocida por la producción de queso crema Mendicrim, y luego se asoció con la marca de galletitas Terrabusi, que ayudó a llevar el jugo Cipolletti a más rincones del país. Durante estos años, la demanda aumentó tanto que la planta de producción tuvo que contratar más personal y ampliar sus turnos. Otra persona clave en la producción fue la ingeniera química Monica Napoli a cargo del control de calidad: “ Luego de Cipolletti no hubo en el mercado un jugo que se le parezca, sobre todo en sus características organolépticas” comentó Napoli.

El éxito en ventas llevó a que el jugo Cipolletti se convirtiera en un símbolo de la Patagonia, llegando a todos los puntos del país y creciendo en el mercado interno. Cuenta Hugo Capellán, distribuidor del jugo para la empresa Terrabusi, que la política de la famosa distribuidora de galletitas era algo extraña ya que en lugar de enviar el jugo a su planta de Neuquén, desde Cipolletti, direccionaba los pedidos a Buenos Aires y de ahí enviaban entre otros puntos al valle: “A veces los sachets venían pinchados y el olor era terrible. Era muy complejo detectar cuáles eran los rotos entre tantos, pero sin lugar a dudas fue un éxito rotundo” Cuenta Capellán.

Manzanas cipoleñas. Protagonista de uno de los jugos más revolucionarios de Argentina.

Coyuntura y sectores favorecidos.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín y desde la Secretaría de Industria y Comercio Exterior a cargo de Roberto Lavagna se generaron las famosas promociones industriales, que giraban en torno a la desgravación impositiva y que beneficiaron a un par de empresas del sector perjudicando a las restantes y marcando un desequilibrio importante que originó la desaparición de la mayoría de esas empresas, generando el crecimiento de las beneficiadas. Esto finalizó en Río Negro con el manejo del sector entre dos empresas que originaron acuerdos entre ambas para la compra de la materia prima, haciendo perder competitividad al sector productor de frutas.

La entrada de Peñaflor: el comienzo del declive.

En 1994, el contexto económico cambió, y las dificultades financieras llevaron a Industrias Cipolletti a vender el 25% de sus acciones al grupo Peñaflor, que también producía jugos y vinos. Peñaflor buscaba aprovechar la red de distribución de Cipolletti, pero también impuso cambios significativos en el producto y en la empresa. La decisión de producir el jugo en Mendoza y modificar su fórmula original, además de eliminar el emblemático envase Doypack, le restó al jugo Cipolletti el carácter distintivo que lo había hecho tan popular.

A medida que varios socios originales de Industrias Cipolletti vendían sus acciones, la identidad del jugo se diluía, y el negocio, que antes era altamente rentable, comenzó a decaer. La producción del jugo se trasladó a la planta de Jugos INCA en Mendoza, eliminando el vínculo local y sentimental que los consumidores sentían hacia la marca Cipolletti. Esto marcó el comienzo de su declive, y aunque el producto seguía siendo de buena calidad, había perdido el toque que lo hacía único y ligado a su origen patagónico.

El envase Tetrapack obtuvo el premio lápiz de platino y comenzó a utilizarse luego de la compra de acciones por parte del grupo Peñaflor. Gentileza: Marcelo Pelozo.

Coca Cola...¿Es sentir de verdad?

En el año 2004 y con un jugo Cipolletti completamente aniquilado de su identidad cultural y de las góndolas de los supermercados se produce el último movimiento entre empresas para terminar de enterrar el sueño del jugo rionegrino.

Coca Cola compra cinco grandes marcas de jugos de Argentina al fondo de inversión DLI, dueño de la bodega Peñaflor, quienes de esta forma se bajan definitivamente del negocio de las bebidas sin alcohol.

Se estima que para comprar las marcas de jugos Cepita y Cipolletti, y las de jugos concentrados Carioca, Montefiore y Caribe, Coca Cola de Argentina desembolsó más de cinco millones de dólares, según fuentes periodísticas de la época.

La multinacional estadounidense de bebidas gaseosas se hizo cargo además de deudas de la empresa vendedora por otros cinco millones de dólares.

Actualmente la marca Jugos Cipolletti pertenece a Coca Cola.


La ilustración del jugo Cipolletti de Gonzalo Zarba para la tienda textil Chacra.

BONUS TRACK.

Para los nostálgicos cada recuerdo que asoma desde las profundidades de la memoria es una bocanada de melancolía y evocación. Son pocos y casi nulos los archivos fotográficos y material de la época en la actualidad. Los hermanos Zarba, Gonzalo y Santiago, se fueron de Cipolletti a Buenos Aires y montaron la tienda textil CHACRA, donde estampan, en remeras y buzos, ilustraciones propias en serigrafía y son un verdadero éxito. Uno de los diseños es la portada del jugo Cipolletti, dentro de su catálogo es uno de los clásicos que siempre se mantiene y que como definieron ellos, los conecta con el pueblo y despierta en muchas personas aquel recuerdo nostálgico del juguito maravilloso.

Publicado en LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmneuquen.com/el-comedor/bebase-bien-helado-la-historia-del-jugo-cipolletti-n1152799

3/11/2024.

EXCELENTE TRABAJO DE INVESTIGACIÓN DE NICO VISNE.

Jugos Cipolletti despierta ver las imágenes nostalgía de los tiempos que han pasado. Se le pianta un lagrimón el recuerdo y las broncas de la crisis eternas argentinas, la inestabilidad, la falta de rentabilidad para el que produce. 

Jugos Cipolletti elaborado en el Valle del Río Negro es el dolor de yá no ser. Genera lo que denomino "dolor-país" como en Villa Regina la perdida de la industria Crybsa y otras industrias.

viernes, septiembre 25, 2020

Jorge Mullor, el gran científico santafesino que frenó a la Coca-Cola.


Funcionario público a cargo de Bromatología de Santa Fe,/ el Dr. Jorge Mullor levantó una barrera infranqueable para el ingreso de la multinacional Coca Cola a la provincia/. Hecho que aconteció entre principios de los años 40 y 1967/ Su planteo era sencillo:/ nadie tiene derecho a comerciar públicamente productos cuya composición ignora el Estado,/ y que por su contenido en cafeína y ácido fosfórico/ su consumo debería regularse en la niñez. /Mullor fue docente e investigador de la Facultad de Ingeniería Química de la UNL,/ además de Rector de esa casa de altos estudios./ El Dr. Jorge Mullor fue el ideólogo del Instituto Bromatológico de Santa Fe en 1939 /y quien redactó el Código Bromatológico provincial, vigente a partir de 1941, /el primero a nivel provincial en todo el país, y modelo para varios códigos bromatológicos provinciales./ Mullor era parte de un destacado núcleo de científicos locales, /como el Dr. Josué Gollán o el Dr. Angel Mantovani,/quienes se habían desempeñado en la Oficina Química Municipal desde principios del Siglo XX. /La tarea de Mullor al frente del Bromatológico, tras su apertura a fines de 1940, /coincidió con la gestión del ministro de salud y trabajo de entonces, el Dr. Abelardo Irigoyen Freire. /Por entonces, el impulso del gobierno provincial a la cuestión sanitaria/ fue parte de una estrategia de legitimidad política de los gobiernos conservadores de Iriondo y Argonz, /para poner en un segundo plano la ilegitimitad institucional de esa etapa histórica denominada “fraude patriótico”/ La impronta de Jorge Mullor tenía que ver con la búsqueda irrestricta de la salud de la comunidad, /evitando los abusos de las empresas alimenticias,/ los fraudes y falsificaciones de alimentos,/ hechos hasta ese momento prácticamente sin control, /sujetos a una intervención de municipios y comunas muy poco efectiva. /El texto legal y normativo del Código Bromatológico elaborado por el Dr. Mullor /regulaba los aspectos relacionados con la elaboración, el almacenamiento y la venta de alimentos./ El Instituto dirigido por este científico local no se dedicó meramente a cuestiones bromatológicas./ Asesoró al Estado santafesino en toda la materia química,/ y además desarrolló investigaciones,/ explorando soluciones extranjeras para adaptarlas a los procesos y productos locales./ Se controlaba la producción de drogas y preparados medicinales en la provincia./ Y se asesoraba a industrias locales. Mullor postuló la doctrina del “alimento puro”, /prohibiendo toda operación que no estando destinada a mejorar el valor higiénico o biológico de los alimentos/ o los hábitos del hombre, /pudiera permitir o favorecer fraudes o adulteraciones, o manipulaciones antihigiénicas. /Este principio conducía al rechazo de los conservantes, a priori. / Pero la defensa del alimento puro conllevaba consecuencias económicas,/ de interés para la nación argentina: / paraMullor, la legislación nacional debía proscribir todo procedimiento destinado a crear, parcial o totalmente,/ sustitutos de alimentos naturales producidos en el país. Durante la etapa del primer peronismo, /Mullor tuvo fuertes cruces con el gobernador, /hecho reconocido como uno de los detonantes centrales de una intervención federal a Santa Fe/. Por entonces, existía mucho respeto entre el Dr. Ramón Carrillo,/ el primer ministro de salud de la Argentina y el Dr. Jorge Mullor,/ lo que explicó que el científico santafesino interviniera activamente en la redacción del primer Código Alimentario Argentino,/ en 1953. Posteriormente el Dr. Alberto Mullor fue cesanteado por la autodenominada “Revolución Libertadora”, /por haber sido parte de la gestión justicialista. /Una ironía teniendo en cuenta la formación liberal-positivista de Mullor,/ fuertemente emparentado al movimiento reformista universitario de 1918. / La posición irreductible de Mullor en defensa de la salud fue tenazmente asediada./ Durante la etapa del gobernador Tessio,/ desde el Poder Legislativo se intentó, sin éxito, modificar el Código Bromatológico local / para permitir el ingreso de Coca Cola. /Recién un año después de la llegada del dictador Juan Carlos Onganía al poder,/ en 1967, /la empresa norteamericana pudo entrar a Santa Fe y Argentina, de la mano de su política extranjerizante./ En esa etapa Onganía impulsó reformas al Código Alimentario de 1953 /que desestimaron la defensa de la salubridad pública en beneficio de los intereses económicos de las grandes empresas y multinacionales, como Coca Cola. Sin dudas, el Dr. Jorge Mullor, fue una de las personalidades santafesinas destacadas del siglo XX / un hombre cuyo compromiso con la ciencia /en aras de la salud alimentaria del conjunto de la población/ marcó una etapa histórica. Informe Textual de Punto de Partida de Luis Moro.

http://tvdoc.com.ar/video/jorge-mullor-el-cientifico-santafesino-que-freno-a-la-coca-cola/



jueves, febrero 25, 2016

Saúl Patrich, el creador de la bebida argentina más popular de los años ‘60: la Refres-Cola.

Haciendo cola.

A fines de los años ‘40, un bioquímico de apenas 22 años que trabajaba para una fábrica de Fernet catando bebidas y creando recetas, descubrió el que se consideraba uno de los secretos mejor guardados del mundo: la fórmula de la Coca-Cola. Ni lento ni perezoso, mudó el laboratorio al patio de su casa de Devoto, le ganó el primer juicio del mundo a la multinacional por el uso de la palabra “Cola” y empezó una empresa que en los siguientes veinte años se convertiría en un éxito nacional tan grande que hasta se le atribuía al mismísimo Perón. Y que murió con el desmantelamiento de la industria industrial, los almacenes y el sifón de mesa.
Foto: Nora Lezano.
Si esta historia fuera una película, seguramente comenzaría en un laboratorio. Apenas iluminado por la luz mortecina de una bombita de 25 watts, la primera toma mostraría a un científico enfundado en su guardapolvo blanco en el preciso instante en que descubre, por accidente, una valiosísima fórmula secreta. Casi como si hubiera dado con la piedra filosofal del siglo XX, aunque en este caso, en vez de transmutar el plomo en oro, lograra convertir el agua en (algo similar a la) Coca-Cola. Sin embargo, la historia es real y su protagonista se llama Saúl Patrich, el creador de la bebida argentina más popular de los años ‘60: la Refres-Cola.

Eureka: un hallazgo accidental.

En 1948, Patrich era un técnico químico especializado en bromatología que, pese a sus escasos 22 años, ya había trabajado para diversas firmas elaboradoras de bebidas como asesor y degustador profesional. Esta experiencia le había permitido desarrollar un “paladar absoluto” y con sólo probar un sorbo era capaz de detectar sus componentes. Tal vez por eso los dueños de Fernet Leocatta, para quienes trabajaba, acudieron a él como su última salvación: su Fernet era un fracaso, pero un distribuidor se había comprometido a comprarles toda la producción si cambiaban de rubro y lograban una imitación de un conocido amargo serrano. “¿Usted puede hacerlo?”, le preguntaron a Patrich, y de inmediato le extendieron un vaso con el producto a emular. El joven técnico hizo un buche y dejó que el líquido recorriera su boca para estimular las papilas gustativas, sopesó sus componentes, realizó unos cálculos mentales, tragó y respondió: “Dénme una semana”.
Luego visitó una herboristería y compró todo tipo de hierbas, las llevó a su laboratorio, las trituró, las maceró en alcohol y elaboró ocho muestras distintas. De una de ellas derivaría el amargo serrano que le habían solicitado y las siete restantes serían descartadas. Pero sucedió algo inesperado: “En la prueba número 6 encontré una pista —recuerda como si narrara una investigación detectivesca—. Al principio no sabía adónde me iba a llevar, aunque intuí que podía ser algo grande; así que me dediqué día y noche a experimentar con esa muestra para ver si podía dar con la clave de ese gusto tan extraño”. Y si bien a él mismo le costaría creerlo, esa pesquisa resultó clave para acercarse al sabor de aquella gaseosa de color negro y nombre raro originaria de los Estados Unidos.
Seis años antes, el lunes 3 de agosto de 1942, Coca-Cola había llegado al país y su primer aviso publicitario se difundía en los principales diarios a página completa. “Usted no olvidará jamás la inefable sensación de frescura y exquisito sabor de Coca-Cola”, decía el spot, pero a la vez advertía: “Eso sí, pídala siempre ¡bien helada!”. Hasta ese momento, el mercado de las gaseosas estaba dominado por Bilz, Pomona y Crush, los chicos tomaban chocolatada Vascolet y deportistas como Juan Manuel Fangio y el futbolista Vicente de la Mata recomendaban Kero, una bebida nutritiva “rica en dextrosa (sic)”.
Para imponerse en el gusto popular, Coca-Cola desplegó una enorme campaña publicitaria que aún continuaba seis años después de su arribo a estas tierras, y de ese modo llegó a manos de quien desentrañaría su preciado secreto: “Una tarde encontré un camión gigante de Coca-Cola en la esquina de casa, en Beiró y Bermúdez”, rememora Patrich, y agrega con una sonrisa: “Había dos chicas lindísimas: una rubia y una morocha repartiendo botellitas. Como no me podía decidir, le pedí una a cada una”. Apenas entró a su hogar, el químico destapó uno de los envases y probó su contenido. “No está mal”, pensó. Era un gusto nuevo, absolutamente original. Guardó la segunda botella y sólo la retiró días más tarde, para llevarla a su precario laboratorio en la fábrica Leocatta y cotejar su contenido con los resultados de su experimento número 6. Allí trabajó día y noche, haciendo innumerables pruebas hasta dar con la fórmula. “Era medianoche —señala don Saúl—, pesé cada hierba por separado en la balanza de precisión y anoté cuidadosamente las cantidades. Luego hice un jarabe con 50 gramos de azúcar, y le agregué acidez tartárica. Mezclé todo, lo diluí con agua y lo probé, lo comparé con la Coca-Cola y grité: ‘¡Lo tengo!’”.

La batalla por el nombre.

Al poco tiempo, Patrich dejó su puesto en la firma Leocatta y abrió su propia fábrica... en los dos metros cuadrados que abarcaba el patio trasero de su casa. Allí ajustó su fórmula y preparó varias jarras que dio a probar entre familiares y vecinos.
—Es muy bueno. ¿Cómo se llama? —le preguntaban.
—Refres-Cola —respondía, con el pecho henchido de orgullo.
No obstante, pronto se toparía con un problema. “Yo quería registrar el nombre ‘Refres’ porque consideraba que ‘Cola’ era de uso genérico, pero Coca-Cola se oponía”, afirma. Claro que eso no lo amedrentó, todo lo contrario; y se puso a investigar a su contrincante. “Las bebidas cola son ácidas, y la acidez puede ser cítrica o tartárica, aunque en el caso de la Coca-Cola no detectaba ninguna de las dos”, explica el técnico, a quien le llevó tres años resolver el misterio: “Un día se me ocurrió consultar el código bromatológico de Estados Unidos y vi que ahí estaba permitido el ácido fosfórico. Entonces hice nuevas pruebas y descubrí que ésa era la sustancia responsable de la acidez de la Coca-Cola”.
Con ese dato, descubierto en los fondos de una modesta casa de Devoto, le inició juicio a una de las compañías más grandes del mundo: “Mi argumento era que la marca estaba mal concedida, porque ellos utilizaban ácido fosfórico, que en ese entonces no estaba habilitado por el código bromatológico de nuestro país”. Y debió ser un argumento de peso porque los abogados de Coca-Cola le propusieron llegar a un acuerdo para evitar el juicio. Así, la palabra “Cola” pasó a ser de uso genérico y pudo ser utilizada por otras bebidas.

Los duros inicios.

Patrich había ganado la batalla por el nombre, pero ahora tenía que convertirlo en una marca reconocida. Para empezar, la Refres-Cola no era una gaseosa sino un jarabe concentrado listo para ser diluido con soda. De hecho, su etiqueta mostraba una familia tipo con el padre en el acto de accionar un sifón. Sus ventajas consistían en que podía ser utilizada mucho después de abierto el envase, sin perder sus cualidades, y que cada persona podía regular la intensidad del sabor a su gusto, como una gaseosa bajo el concepto “hágalo usted mismo”. Aunque su principal atributo era económico, como proclamaba uno de sus slogans: “Con una botella sola / 40 vasos de Refres-Cola”. Es decir que rendía casi 10 litros por botella. “Y aparte era más saludable —añade don Saúl— porque no contenía ácido fosfórico ni cafeína, que son las sustancias más cuestionadas de la Coca-Cola.” Pese a todo esto, no le fue sencillo imponer una bebida elaborada en el patio de su casa, con una cuba de madera de 200 litros sin bombeador ni filtro, y cuyas botellas eran llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por el propio Patrich y sus hermanos.
El primer almacén que exhibió la Refres-Cola estaba en Canning y Warnes. El químico hacía el reparto a bordo del colectivo 124. “Cuando llegaba al comercio dejaba los cajones afuera, me asomaba y gritaba: ‘¡Un cajón de Refres-Cola!’. El dueño me pedía que lo bajara como si tuviera el transporte estacionado en la puerta. Entonces yo salía, esperaba un poco, y volvía a entrar con el cajón”, recuerda risueño. Luego alquiló una camioneta con chofer una vez por semana. La Refres-Cola empezó a ganar clientes y su dueño, dolores de espalda, por cargar los 12 kilos que pesaba cada cajón. Ese moderado éxito lo obligó a trasladar la “fábrica”: tras compartir una planta con otra firma en Haedo, tuvo su primera sede propia en un modesto galpón de Navarro al 4547, equipado con una llenadora de seis picos, una encorchadora manual, una bomba y un filtrador. Las ventas crecieron bastante, pero después se estancaron. Sin embargo, a Patrich le aguardaba un inesperado golpe de suerte.

El enigmático señor Pollak

Una tarde de 1955, el técnico recibió la visita de un desconocido que se presentó como León Pollak, quien le ofreció comprar toda su producción para ser su representante exclusivo.
—¿Pero usted sabe cuál es nuestra producción? —le preguntó Patrich.
—No, pero eso es un detalle menor —contestó Pollak en tono despectivo.
El dueño rechazó la oferta. No obstante, días más tarde, recibió un llamado de Raúl Pereyra, director de la agencia de publicidad Naype: Pollak le había encargado una gigantesca campaña publicitaria para difundir la Refres-Cola y él había preparado afiches para vía pública y tenía reservados espacios en diarios, revistas y radios. Pero Pollak había desaparecido y la agencia quería saber cómo recuperar el dinero invertido. “Lo lamento —se excusó Patrich—. Yo tengo una pequeña fábrica y no puedo afrontar semejante gasto.” Entonces Pereyra le propuso un pacto de caballeros: él asumiría la inversión y si la campaña daba resultado, se cobraría los costos de las ganancias. En cambio, si fracasaba, el químico no tendría que pagar nada.
El slogan ideado por la agencia destacaba la principal virtud de la bebida, era efectivo y hasta admitía cierta belleza poética: “Haga cola con Refres-Cola... y verá que resulta más”. A las semanas, esa frase empapelaba las paredes de Buenos Aires, se leía en los laterales de los tranvías, en las páginas de los diarios y se escuchaba en forma de jingle por las principales radios. La repercusión fue descomunal y la capacidad productiva de la modesta sede de la calle Navarro se vio rápidamente desbordada. “Recibimos tantos pedidos que los camioneros se llevaban las botellas sin etiquetar y pegaban las etiquetas en el camino”, rememora don Saúl.

Auge y caída

Dos años después de esa campaña, el 12 de octubre de 1957, quedó inaugurada la nueva fábrica de Refres-Cola: una planta modelo totalmente automatizada que ocupaba una manzana completa de Ciudadela; y con ella comenzó la edad dorada de la bebida, que se extendió desde fines de los ‘50 hasta principios de los ‘70. De Rivadavia 12120 partían 20 camiones por día a las órdenes de las 28 distribuidoras que hacían llegar la Refres-Cola a todo el país. Los salones de fiestas encargaban damajuanas para preparar sus propias jarras de gaseosa y hasta hubo un pedido de Aerolíneas Argentinas, que en uno de sus vuelos convidó a sus pasajeros con la cola nacional. “Pero se ve que no prosperó porque no volvieron a pedirla”, dice Patrich.
Durante los ‘60, Refres-Cola fue un habitual auspiciante de programas de radio y televisión. Su repercusión fue tal que los memoriosos aún recuerdan el rumor que afirmaba que la bebida había sido un invento de Juan Domingo Perón para amargarle la vida a los capitales foráneos, versión que el técnico desmiente a carcajadas.

La época de oro de la gaseosa: publicidad en las calles.

Publicidad directa.

Para posicionar su producto y competir con Coca-Cola, Saúl Patrich tuvo que recurrir al ingenio; y a tal fin le pidió ayuda al actor Max Berliner, con quien el técnico químico y su mujer tomaban clases de teatro en ídish en la escuela Scholem Aleijem.
De esa relación, una amistad que se mantiene hasta la actualidad, surgió la idea de montar una suerte de escena de teatro callejero en la que Berliner entraba a bares, restaurantes, cafés y almacenes a solicitar la primera cola nacional y detrás de él, separados por pocos minutos, ingresaba Patrich en su rol de vendedor.
—Por favor, una botella de Refres-Cola —pedía el actor.
—No, no tengo. Sólo me queda Coca-Cola —recibía siempre como respuesta.
—¿Cómo que no le queda? Yo quiero Refres-Cola —insistía el supuesto interesado.
Berliner recuerda: “Empezamos en la esquina de Corrientes y Canning (hoy Scalabrini Ortiz), primero por una vereda, hasta Juan B. Justo, y regresamos por la otra, hasta el mismo punto de partida”. Y agrega entre risas: “Como actor, Saúl era un poco duro, aunque evidentemente su parte no la hizo tan mal porque obtuvo un montón de pedidos”.
“El resultado final de esa gira fue 18 cajas vendidas, todo un record. Era el efecto de la publicidad directa”, rememora Patrich.
Los vaivenes de la industria a mediados de los ‘70 y la lenta aunque inexorable decadencia del almacén y el sifón, sus dos principales aliados, signaron el declive de la Refres-Cola, cuya producción continuó hasta fines de los ‘80, cuando los costos de distribución hicieron el negocio inviable. A principios de los ‘90, como un amargo signo de aquellos tiempos, don Saúl vendió la marca de la primera bebida cola argentina a una multinacional, que sólo la utilizó para una efímera campaña publicitaria. Hoy, a casi 60 años de su descubrimiento, Patrich se enorgullece: “Creé un producto nuevo y logré que entrara a todos los hogares. Esa es mi mayor satisfacción”, sostiene. Sin embargo, si bien no lo proclama, también es el responsable de un capítulo significativo en la memoria emotiva del país.
Quizás en algún bar desmemoriado todavía sea posible pedir una Refres-Cola, echar una medida en el vaso, agregar soda y brindar por eso.
Publicado en Página 12, 7 de enero de 2007.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3509-2007-01-07.html

viernes, febrero 12, 2016

INVENTOS ARGENTINOS: SAÚL PATRICH... Bioquimico argentino el inventor de la "REFRESCOLA"...

SAÚL PATRICH... Bioquimico argentino el inventor de la "REFRESCOLA"...

A fines de los años ‘40, un bioquímico de apenas 22 años que trabajaba para una fábrica de Fernet catando bebidas y creando recetas, descubrió el que se consideraba uno de los secretos mejor guardados del mundo: la fórmula de la Coca-Cola. Ni lento ni perezoso, mudó el laboratorio al patio de su casa de Devoto, le ganó el primer juicio del mundo a la multinacional por el uso de la palabra “Cola” y empezó una empresa que en los siguientes veinte años se convertiría en un éxito nacional tan grande que hasta se le atribuía al mismísimo Perón. Y que murió con el desmantelamiento de la industria industrial, los almacenes y el sifón de mesa... Para empezar, la Refres-Cola no era una gaseosa sino un jarabe concentrado listo para ser diluido con soda. De hecho, su etiqueta mostraba una familia tipo con el padre en el acto de accionar un sifón. Sus ventajas consistían en que podía ser utilizada mucho después de abierto el envase, sin perder sus cualidades, y que cada persona podía regular la intensidad del sabor a su gusto, como una gaseosa bajo el concepto “hágalo usted mismo”. Aunque su principal atributo era económico, como proclamaba uno de sus slogans: “Con una botella sola / 40 vasos de Refres-Cola”. Es decir que rendía casi 10 litros por botella. “Y aparte era más saludable —añade don Saúl Patrich (foto)— porque no contenía ácido fosfórico ni cafeína, que son las sustancias más cuestionadas de la Coca-Cola.” Pese a todo esto, no le fue sencillo imponer una bebida elaborada en el patio de su casa, con una cuba de madera de 200 litros sin bombeador ni filtro, y cuyas botellas eran llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por el propio Patrich y sus hermanos.
Fuente de información e imagen:   Miguel Angel Reyes (Facebook).