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LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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lunes, mayo 25, 2026

25 de mayo de 1862: murió en la pobreza y casi olvidada Juana Azurduy de Padilla.

 


25 DE MAYO DE 1862

MUERE JUANA AZURDUY, HEROÍNA DE LA INDEPENDENCIA EN EL ALTO PERÚ.
Por Revisionismo Histórico Argentino.
Por Damian Leandro Zanni.
El 25 de mayo de 1862 murió en la pobreza y casi olvidada Juana Azurduy de Padilla, una de las mayores heroínas de la independencia sudamericana. Su fallecimiento ocurrió exactamente cincuenta y dos años después de la Revolución de Mayo, la misma revolución por la que entregó su vida combatiendo en los campos del Alto Perú contra el dominio español. Mientras muchos de los grandes nombres de la historia oficial ocupaban monumentos y libros escolares, Juana moría lejos del reconocimiento que merecía, después de haber comandado tropas, organizado guerrillas y sostenido durante años la resistencia patriota en una de las regiones más difíciles de la guerra emancipadora.
Nacida el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca, en el Alto Perú —actual Bolivia—, Juana Azurduy creció en una sociedad profundamente desigual, atravesada por jerarquías coloniales y tensiones sociales entre españoles, criollos, mestizos e indígenas. De origen mestizo y vinculada desde joven a las tradiciones populares e indígenas de la región, desarrolló una fuerte sensibilidad hacia las injusticias que sufrían los sectores más humildes del territorio colonial.
Desde muy joven aprendió a montar a caballo, manejar armas y desplazarse por las geografías difíciles del Alto Perú. Aquella formación práctica, poco habitual para una mujer de la época, sería decisiva años más tarde cuando la revolución transformó completamente la vida política de América del Sur.
LA REVOLUCIÓN Y EL NACIMIENTO DE UNA GUERRERA.
La Revolución de Mayo de 1810 repercutió rápidamente en el Alto Perú, región estratégica para la guerra de independencia por su riqueza minera y su posición geográfica. Juana y su esposo, Manuel Ascencio Padilla, abrazaron inmediatamente la causa patriota, comprendiendo que la lucha no era solamente contra España, sino también contra siglos de explotación colonial sobre indígenas, campesinos y mestizos.
Mientras los ejércitos patriotas intentaban consolidar posiciones desde Buenos Aires y el norte argentino, el Alto Perú se convirtió en uno de los territorios más violentos y disputados de toda la guerra. Allí Juana Azurduy emergió como una figura extraordinaria.
Lejos de limitarse a tareas auxiliares, organizó milicias populares, coordinó guerrillas y participó directamente en combate. Su liderazgo no provenía de títulos nobiliarios ni de jerarquías heredadas, sino de la confianza que despertaba entre indígenas, campesinos y gauchos que combatían bajo su mando.
LA GUERRA DE GUERRILLAS EN EL ALTO PERÚ.
Tras las derrotas patriotas de Vilcapugio y Ayohuma, la situación revolucionaria en el norte parecía derrumbarse. Sin embargo, Juana Azurduy y Manuel Ascencio Padilla reorganizaron la resistencia en las llamadas “Republiquetas”, pequeños focos guerrilleros que mantuvieron viva la lucha independentista durante años. Juana comprendió rápidamente que enfrentar de manera convencional a los ejércitos realistas era imposible. Por eso desarrolló tácticas de guerra de guerrillas basadas en movilidad constante, ataques sorpresa, emboscadas nocturnas y conocimiento del terreno.
Sus tropas estaban integradas principalmente por indígenas, campesinos, mestizos y gauchos pobres que encontraban en la revolución una posibilidad concreta de transformación social además de independencia política. La lucha de Juana no era solamente militar. También defendía a las poblaciones locales frente a saqueos, represalias y abusos del ejército español. Su figura terminó convirtiéndose en símbolo de resistencia popular en todo el Alto Perú.
EL RECONOCIMIENTO DE BELGRANO Y GÜEMES.
La valentía de Juana Azurduy impresionó profundamente a Manuel Belgrano. Después de su destacada actuación en la batalla de El Villar, donde logró derrotar fuerzas españolas superiores en número, Belgrano la ascendió al grado de Teniente Coronel y le entregó su propio sable como reconocimiento.
Aquel gesto no era simbólico únicamente: representaba el reconocimiento político y militar de una mujer que había demostrado capacidad estratégica y liderazgo en plena guerra revolucionaria.
Martín Miguel de Güemes también comprendió la importancia decisiva de Juana en la defensa del norte. Las guerrillas del Alto Perú y las milicias gauchas salteñas formaban parte de una misma estrategia de resistencia popular que impedía el avance realista hacia el sur. Juana colaboró activamente en operaciones vinculadas a Humahuaca, Maimará y otras regiones estratégicas donde las fuerzas patriotas necesitaban mantener abiertas rutas de abastecimiento y comunicación.
LA MUERTE DE PADILLA Y LA CONTINUIDAD DE LA LUCHA.
Uno de los golpes más duros de su vida fue la muerte de Manuel Ascencio Padilla en 1816. Los realistas decapitaron su cuerpo y exhibieron su cabeza como escarmiento público. Sin embargo, Juana no abandonó la lucha. Recuperó los restos de su esposo y reorganizó nuevamente las fuerzas patriotas, demostrando una fortaleza política y humana extraordinaria.
Incluso embarazada participó de campañas militares y continuó dirigiendo tropas en condiciones extremadamente precarias. Su vida estuvo atravesada por pérdidas constantes: hijos muertos durante la guerra, hambre, persecución y pobreza.
Aun así jamás abandonó la causa independentista.
JUANA AZURDUY Y LA PATRIA GRANDE.
La figura de Juana Azurduy también expresa el carácter latinoamericano de las guerras de independencia. Combatió en territorios que hoy pertenecen a Bolivia y Argentina, colaboró con fuerzas vinculadas a Belgrano y Güemes, y formó parte de una revolución continental que no entendía las fronteras nacionales modernas como límites definitivos.
Por eso su figura fue reivindicada tanto en Argentina como en Bolivia. Simón Bolívar reconoció públicamente su valentía y, según diversas versiones históricas transmitidas por la tradición americana, llegó a afirmar que Bolivia debería llamarse “Padilla o Azurduy” por el sacrificio realizado por ambos en la guerra emancipadora. Más allá de debates sobre la literalidad exacta de esa frase, el reconocimiento de Bolívar hacia Juana existió y reflejaba el enorme prestigio que había alcanzado entre los líderes independentistas sudamericanos.
EL OLVIDO DE LA HISTORIA OFICIAL.
Tras la independencia, Juana Azurduy no recibió el reconocimiento material que merecía. Como ocurrió con muchos combatientes populares de la revolución, fue marginada por las nuevas élites políticas surgidas después de las guerras independentistas.
Murió el 25 de mayo de 1862 en condiciones de extrema pobreza en Chuquisaca. Sus bienes habían sido confiscados años antes y gran parte de su vida quedó relegada al olvido oficial durante décadas.
La historiografía liberal tradicional tendió a reducir la independencia a una sucesión de grandes hombres ilustrados y campañas militares regulares, dejando en segundo plano el papel de mujeres, indígenas, gauchos y guerrillas populares que sostuvieron gran parte de la resistencia revolucionaria.
La figura de Juana Azurduy rompía además con muchos prejuicios de la época: era mujer, mestiza, guerrillera y líder militar popular. Por eso su reconocimiento tardó tanto en ocupar el lugar central que merecía dentro de la historia sudamericana.
EL LEGADO DE JUANA AZURDUY.
Con el tiempo, Juana Azurduy fue reivindicada como una de las grandes figuras de la emancipación americana. Su nombre hoy identifica escuelas, monumentos, espacios públicos y unidades militares tanto en Argentina como en Bolivia. Su historia representa mucho más que una hazaña individual. Expresa el protagonismo de los sectores populares en las guerras de independencia y demuestra que la emancipación americana no fue obra exclusiva de élites ilustradas, sino también de indígenas, campesinos, gauchos y mujeres que combatieron directamente por la libertad de sus pueblos.
Juana Azurduy se convirtió en símbolo de coraje, resistencia y entrega absoluta a la causa de la independencia. Su vida recuerda que la libertad americana no fue concedida: fue conquistada en los campos de batalla por hombres y mujeres dispuestos a sacrificarlo todo por la soberanía de su tierra.
Por Damian Leandro Zanni.

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