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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, julio 27, 2026

"CHONGOS" Y "GENTE DE CLASE". PORTEÑOS DE COLOR. Mágicas Ruinas 1967.

 


"CHONGOS" Y "GENTE DE CLASE".

PORTEÑOS DE COLOR.
Aunque no se conozcan se saludan al cruzarse por la calle: son unos tres mil, entre negros, pardos y mulatos; se los encuentra en el Dock, en Ensenada, donde alborotan con sus candombes, y en los escenarios. Nos legaron, además de su música, la empanada y el arrorró.
Hubo tiempos en que Buenos Aires tuvo también su rostro negro, su perfil africano. Eran los tiempos en que los habitantes de color, nucleados en cofradías y "naciones" según su procedencia, alborotaban con sus candombes, iluminaban la ciudad con su alegría de raza triste.
Tiempos viejos, cuando había en la capital del Virreinato 22.000 negros y mulatos y solo 8.000 blancos, como en 1806, en que pelearon en primera línea contra el inglés Beresford. Tiempos en que dejaban centenares de cadáveres en los campos de Maipo, a las órdenes de San Martín.
Después fueron carne de cañón en las contiendas civiles, en la guerra contra el Brasil o el Paraguay. Y finalmente el aluvión inmigratorio disgregó a la raza, y el mestizaje hizo el resto. La historia apenas los recuerda, pero ellos nos dejaron algo de su música, fueron también los porteros del tango, nos legaron la herencia de algunas palabras dulces, como arrorró, alfajor, empanada...
Ahora se los ve raramente en una calle cualquiera, en una boite, en un aula universitaria, en un escenario, y llaman la atención, excitan la curiosidad. Son algunos de los 3.000 negros, mulatos y pardos que restan en Buenos Aires.
¿Quiénes son, qué hacen, qué piensan los argentinos de color? Esta nota trata de ser una respuesta.
¡Pase, calunga!
En una confitería céntrica, el dueño se acercó a la mesa y comenzó a quejarse de su personal:
—Estos negros son una porquería...
Justamente había en la mesa una persona de color, el actor Rey Charol, que increpó duramente al hombre. Este se disculpó:
—Pero no, morocho, no lo decía por usted... Yo tengo gran simpatía por ustedes los morochos. Los que me fastidian son esos negros, los cabecitas negras. ..
Mientras contaba esta anécdota, que data de 1956, año en que llegó a Buenos Aires desde el Uruguay, Charol se vestía con el uniforme de vigilante del 900, en su camarín del Astral. Hombre de rostro bueno y mirada inquisitiva y tierna a la vez, hablaba con cierto tono socarrón, y durante una hora recordó anécdotas, detalles con frecuencia sutiles:
—A veces, cuando camino por la calle, noto que la gente se da codazos, como diciendo: "Ahí va"... Me divierte mucho cuando alguien, al verme, se toca la rodilla. Algunos lo hacen con verdadero y cómico disimulo. Otros creen que es más efectivo tocar un objeto de oro. Por eso algunas mujeres se palpan distraídamente la muñeca buscando su pulsera o juegan con el anillo...
Cuando Charol pregunta a los practicantes de tan misteriosa cábala el motivo de su actitud, suelen contestarle: "Es que ustedes los negritos traen suerte"... Y hasta hubo una señorita que le recordó la famosa copla: Oro toco, negro veo, /San Benito querido, / que se cumplan mis deseos... Sin embargo, ya se sabe que no todo es amable o risueño en el reino del prejuicio:
—Cuando me cruzo con algunas monjas invariablemente se santiguan. Creen que somos hijos del diablo...
En una oportunidad, Charol oyó que una señora le decía a su hijo: "Si no te portas bien, el señor te va a llevar". Pero dejemos que lo cuente él mismo:
—Yo me indigné, y le dije a esa señora que le estaba haciendo a la criatura un daño irreparable. Por ejemplo, si alguna vez llegara a perderse tendría miedo de pedirle ayuda a un negro. Y acto seguido lo alcé y comencé a jugar con el chico hasta que lo hice reír...
Charol tiene que entrar en escena. Antes, cuando llegamos al camarín, nos había recibido con "¡Pase, calunga!", que significa "compañero" en dialecto bangué. Ahora, mientras sale, se despide con una reflexión:
—No quisiera pasar por resentido, porque le debo mucho a la Argentina. Pero aquí hay un racismo solapado. Si hasta desprecian a los propios cabecitas... Nunca pude comprender por qué hay tantas incomprensiones entre los hijos de un mismo país. ¿No te parece, calunga"!
El "chongo" y la "clase"
Cuando dos personas de color se cruzan por la calle, se saludan aunque no se conozcan. Ya nos lo había explicado Guillermina Latorre, presidenta del Shymmy, un club de gente de color: "Es como si tuviéramos un imán en la mirada". Y Rey Charol: "Cuando veo un negro por la calle me dan ganas de gritarle: "¡Chau, hermano!". Y Emilio Montero, cajero del Ministerio de Hacienda: "Es que, ¿sabe?, así uno se siente menos solo".
Católica en su mayoría, la gente de la colectividad porteña de color, una colectividad dispersa que no conserva prácticamente ninguna de sus tradiciones, sigue fiel sin embargo a San Benito, antiguo patrono de los negros, y en algunos hogares hemos visto su imagen. Como toda colectividad, tienen también sus expresiones peculiares, una especie de "santo y seña" para uso interno. Cuando dos personas de color conversan sobre un tercero y quieren saber si es de su raza, generalmente preguntan: "¿Es de clase?". La expresión de clase quiere decir, precisamente, negro, de color, y la clase implica a la colectividad en su conjunto. Un muchacho nos dijo en su casa de Liniers, mientras saboreábamos el mate preparado por las manos expertas de su madre: "Mi hermana está de novia con un chongo". Quería decir que el cortejante era un joven blanco.
Kary Vane, una mujer elegante, culta, de seductora conversación, manifestó que "hay tres clases de negros": el usté, el vos, y el che o chau. El primero sería el que se empeña en progresar, en realizarse en una vocación; el segundo, el que se conforma con un empleo u oficio cualquiera; y los últimos, "los que no hacen nada, y ni se peinan aunque tengan la cabeza llena de abrojos".
Cuando una persona de color visita a gente de la clase, siente una íntima satisfacción si ve la casa arreglada, si se respira confort: como lo expresó una muchacha del barrio de Floresta, "eso quiere decir que la raza anda bien". Del mismo modo, admiran a todo negro "que sea alguien", toman como propio su triunfo: "Sidney Poitier ganó un Oscar. ¡Nos enorgullece que sea de color!", exclamó César Salas, bailarín del Maipo. "Nos llena de alegría que hombres como Nat King Cole, Armstrong, Sammy Davis, Richard Wright, sean negros", comentó su compañero Edmundo Da Cruz, un joven de expresión reflexiva que de día trabaja en la Administración General de Puertos y de noche baila también en el Maipo.
De labios de Eugenia País, una anciana de 75 años, que exhibe una rara lucidez, escuchamos estas palabras: "A Luther King le dieron el Premio Nobel de la Paz. ¡Es como si nos lo hubieran dado a todos los negros!"
"Cada vez somos menos"
Sin embargo, a pesar de esta suerte de cohesión nostalgiosa, la gente de color de Buenos Aires constituye una colectividad dispersa, en extinción, que no hace vida comunitaria. Pocos saben que existe el Shymmy Club, una entidad casi fantasmal que no cuenta con sede propia ni desarrolla ninguna actividad cultural: se limita a organizar bailes en los salones del Sindicato de Cerveceras, de Humahuaca al 4000, el primer sábado de cada mes, y en la Casa Suiza (Rodríguez Peña al 200) durante los Carnavales.
Alfredo Núñez, empleado del Congreso de la Nación y presidente del Shymmy, nos recibió en su casa del barrio Coronel Dorrego. En "la veredita florida", como él la llama, nos sentamos a conversar. Nos dijo: "Nuestra gente va desapareciendo por los matrimonios mixtos. Los negros somos cada vez menos". La dicharachera y cordial Haydee San Martín, o "la Parda Haydee", Dama de Honor del Shymmy, corroboró la afirmación de Núñez. Haydee, que a los 77 años muestra una alegría contagiosa, nos lanzó esta humorada: "Antes, cuando hacíamos un baile, el salón parecía una carbonería"... Y comentó luego: "Ahora la mayoría son blancos. La clase de nosotros se está extinguiendo". Guillermina Latorre nos acogió en su casa de Somellera 943, que hace las veces de secretaría del club y donde reciben la correspondencia. Sobre el bargueño, una muñeca blanca y otra negra parecían todo un símbolo: su marido, el entusiasta Emilio Pérez, director de la típica Chiclana y vicepresidente de la entidad, no es hombre de color.
Para expresarlo con palabras "de José Luis Lanuza, los sobrevivientes de nuestra raza negra se están disolviendo en la Argentina blanca "como una pizca de canela en una taza de café con leche". Ello parece tener su correlativo en la ausencia de continuidad cultural. En general, la gente de color no es aficionada a la música propiamente africana. Le gusta el jazz, el tango, la música tropical, aunque hay un reducido grupo de candomberos, que son vertiginosos bongoceros o tumbadores. "En el salón grande se baila lo que le gusta a todo el mundo, y el candombe en el fondo, frente al bufet", explicó Pérez. Aunque no es raro que, al final, se produzca una especie de candombe general, en el que intervienen todos.
El candombe que se ejecuta en Buenos Aires, al que no hay que confundir con el 'candomblé' o la 'macumba' de los afrobrasileños, con sentido ritual y religioso, mereció esta opinión a Néstor Ortiz Oderigo, reconocido especialista en música afro: "Entre nosotros, lo único que queda del candombe son unos ruidos de tambor".
De todos modos, aunque muchos ignoren su existencia y en los bailes no haya, a veces, más de 100 personas de color sobre un total de 400 ó 500, el Shymmy es la única entidad que los nuclea: "Cuando siento nostalgias de la raza, voy al Shymmy", nos confesó Alicia País, dibujante y modelista de 23 años, esposa de un conocido cortometrajista.
El doctor-ordenanza
No hace mucho, un profesional de color con oficinas en el centro de la Capital, protagonizó un equívoco de perfiles grotescos. Un desconocido preguntó por el doctor, y luego de unos momentos la secretaria lo hizo pasar al estudio. ¡Lo recibió un hombre de color de mediana edad, y como el visitante insistiera en que quería hablar "con el doctor", éste le contestó: "El doctor soy yo". El eventual cliente creyó ser objeto de una broma, y le replicó con displicencia: "Vaya, vaya, llame al doctor; usted es el ordenanza". Finalmente, el prejuicioso señor tuvo que convencerse; expuso su problema y se retiró confundido. Pero no volvió.
Este es un ejemplo típico del prejuicio según el cual, para emplear la expresión de Enrique Nadal, estudiante de sociología de color, se considera a los negros "solamente aptos como personal de maestranza".
La atractiva Elida Obella, propietaria del Instituto de Belleza Chanel, de Bogotá al 4440, en Floresta, que resultó segunda en el certamen organizado en 1965 por la empresa Coca-Cola para elegir la Reina del Carnaval, convino en que a veces se confunde un problema de nivel cultural con una cuestión racial, pero insistió en que no siempre se trata de fantasmas creados por una sensibilidad aguzada. Su novio, un muchacho blanco que trabaja en una repartición oficial, nos contó que en una pizzería de las inmediaciones de Rivadavia y Lacarra no los quisieron atender y hasta les hicieron bromas de mal gusto: "Nos apagaron las luces para que comiéramos a oscuras".
Este tipo de experiencias, que lógicamente pueden crear un sentimiento de minusvalía, provocan en ciertas personas de color una actitud explicable, aunque falsa: "Mi hermanito Juan Carlos desprecia a los de su misma raza", nos confesó un empleado municipal. "No quiero que el día de mañana, cuando vaya a la escuela a buscarlo, mi propio hijo se avergüence de mi color", reflexionó a su vez un joven intelectual preocupado por la educación de su retoño.
En algunos casos, este rechazo de la propia condición no es sino una transferencia inconsciente; rechazan, en realidad, una vida pobre, sin posibilidades, e identifican un nivel social bajo con la condición racial. Cuando ello ocurre, la gente de color es víctima de un prejuicio a la inversa.
Música y combinación de colores
"Me gustaría ser vendedora en una boutique, pero cuando usted acude por un aviso del diario, la gente se siente incómoda. Le dicen invariablemente: "Ya la vamos a llamar". La queja de Kary Vane, una mujer que recorrió "el país y sus alrededores" cantando a dúo con Oscar Porra, el "Carusso Negro" ya fallecido, coincide con las experiencias de otras personas. Por ejemplo, con las de Raquel Ana Moreno: "El negro tiene muchas cualidades, pero solo lo van a buscar para que haga payasadas". Más o menos lo mismo dijo Mamina, bailarina del Florida (tiene 25 años, estudió piano, folklore, danzas clásicas y españolas): "Solo nos quieren para la cocina. Nos dan papeles de sirvienta o mucama. A mí me llamaron de un canal de TV para que apareciera alcanzándole el teléfono y una carta al niño del programa. ¡A las negras les dan buenos papeles cuando son made in!". Ya Rey Charol nos había comentado que si el autor de una obra no especifica que tal o cual papel debe ser protagonizado por un negro, "nuestros directores no son capaces de incluirnos en el reparto para un papel convencional". Y hasta a veces para ciertos papeles, prefieren pintar a un blanco; "¡Eso es lo que más me rebela!", exclamó su compañero Juan Carlos Lima.
Augusto Marcelino, brasileño con más de treinta años de residencia en Buenos Aires, profesor de guitarra y autor de un revolucionario sistema de notación musical simplificada basado en la guitarra, declaró categóricamente: "Hasta no hace mucho tiempo, con excepción de los conjuntos formados en cooperativas, en la Argentina las orquestas importantes no admitían negros, porque la mezcla de color era mal vista por los directores. Por eso los negros decidían formar su propio conjunto".
En el terreno de los prejuicios, un hecho insólito entre nosotros conmovió recientemente a los argentinos: en la Guardería El Grillito, de Salguero 1115, fue rechazado Osvaldo Ernesto Nadal, de un año y medio de edad. La dueña de la guardería, Susana de Yakamoto, declaró muy ufana: "No queremos negros motosos". Por insistir en la admisión del niño fue despedida la psicóloga. La mayoría de las madres retiró a sus niños, y las maestras renunciaron en solidaridad.
Un Harlem argentino
Pocos saben que ahí no más, como quien dice, existe algo así como un Harlem criollo. Barrio humilde en el que abundan casas de chapa y madera, en el que se respira un clima popular de boliches y corrillos callejeros; estamos en Dock Sud, o en el Dock, como lo llaman familiarmente quienes lo habitan. Allí, en cualquier esquina, en cualquier bar puede verse un rostro de rasgos africanos junto a un italiano, yugoslavo, español o polaco. Mezcla de Harlem y Hong-Kong en miniatura, nuestro Dock está poblado por estibadores, marineros, maquinistas, hombres de mar que suelen permanecer tres meses en sus hogares y el resto del año en lejanas tierras.
Allí lo encontramos a don Hilario Díaz, en una esquina. Parecía mirar hacia el pasado, remontar el curso de sus 91 años en un momento de ensoñación. Cuando le hablamos le costó respondernos, tal vez porque estaba mirando hacia adentro y tardó en volver. Pero en seguida sentimos una simpatía profunda por este hombre que llegó al Dock hace cincuenta o sesenta años desde la isla de Cabo Verde, dominio portugués en la costa africana y antiguo destino de desterrados políticos y esclavos negros. Nos hicimos amigos, fuimos a su casa, nos presentó a sus compatriotas y a los hijos de sus compatriotas, argentinos negros o mulatos, o pardos, o casi blancos.
Paradójicamente, esta colonia, relativamente nueva, constituye el único conjunto de hombres de color que en nuestro país hace verdadera vida comunitaria, y conserva ciertas prácticas solidarias de alguna manera semejantes a las de las antiguas cofradías porteñas: por ejemplo, la Asociación de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana, que cuenta con 600 socios (algunos viven en La Plata, Tigre, Berisso, Lanús o Buenos Aires), se hace cargo de los gastos toda vez que fallece un miembro de la colectividad y obsequia una corona. En el local de la Asociación se puede saborear la 'cachupa', un plato africano parecido a nuestro locro.
Sin embargo, los miembros de esta colectividad de color se refieren a sí mismos solo como integrantes de la colectividad portuguesa, aunque los lusitanos blancos tienen su propio club en la Capital Federal, el Centro Patria Portuguesa. Al principio, cuando nos acercamos, se mostraron esquivos respecto a su condición de hombres de color. Pero después nació la confianza, y hubo orgullo por su origen africano.
¡Welcome to the Dock!
En la Asociación conocimos a Eudino Livramento, Augusto Custodio, Alberto Monteiro (secretario de la entidad), Felipe Cançado, Andrés Almeida. Livramento, un hombre de tez oscura y ojos verdes, hijo de un blanco y una mujer de color, nos presentó a su esposa morena, a su hijo rubio: "Nunca tuve problema. Ya ve que mi chico es blanco. Si viviera en África del Sur, ¿cree que podría ir al cine con mi hijo?"...
El Dock parecía desmentir ciertas impresiones de algunos argentinos de color que viven dispersos por Flores, Floresta, Liniers, Palermo o el centro de Buenos Aires. Allí la gente se mostró extrañada por nuestras preguntas, parecía no comprender, "¿Dificultades? ¡Por favor! Aquí no hay un solo negrito que no haya tenido cinco o seis novias blancas. Ellas los prefieren negros", expresó con sonrisa traviesa Alberto Monteiro, que trabaja en una cooperativa de Barracas. Y en seguida nos contó una anécdota: el año pasado, cuando vino el "Norkfold", de la marina de guerra norteamericana, lo fueron a visitar e invitaron a varios marineros de color a un baile que se realizó en la Asociación: "Al principio no se atrevían a bailar con las chicas blancas. Hasta que los pusimos frente a varias beldades y al fin se convencieron".
El Moreno de la payada
No es casual que frente a nuestros grandes payadores de la leyenda o la literatura se plante siempre un payador negro. Aunque a veces se lo olvide, su voz puede oírse de pronto, como en el Santos Vega, o dialogando en fascinante contrapunto con Martín Fierro. Sin los gauchos negros, síntesis del negro esclavo y el negro alzado, no podríamos entender nuestra historia. Tampoco el génesis del tango o la milonga sin los tambos o cofradías de negros: la palabra tango parece provenir, precisamente, de tambo o de la expresión toca-tangó (tocar tambor), y según Augusto Marcelino, milonga, plural de mulenga, es palabra bunda, que significa palabrerías, pendencia, acepción que aún hoy es moneda corriente en nuestra habla popular.
Del mismo modo, no podríamos comprender nuestro contorno actual negando la presencia negra en el coro de nuestras voces. Nosotros quisimos que a través de estas líneas volviera por sus fueros el Moreno de la payada, para que escucháramos su palabra tierna, su voz a veces indignada o amarga, para que se filtrara algo de su alegría siempre dispuesta a estallar.
Cada vez son menos, porque, como lo expresó pintorescamente Eleuterio Fernández, obrero de color de Avellaneda, en nuestro país cosmopolita "el negro se casa con la blanca, el blanco con la mulata, el negro con la parda, el pardo con la parda, la parda con el blanco, y ¡cataplún! ¿dónde está el negro?"... Es bueno que así sea, que la mayoría de nuestros compatriotas se fije solamente "en el color del corazón". Esta fusión amorosa nos viene de lejos, desde la época en que se había popularizado la traviesa copla:
Padre negro y madre negra
y niño blanco,
aunque el amo me lo niegue
aquí hubo trampa,
Cachumba, caracatachum...
MÁXIMO SlMPSON
Revista Panorama
junio de 1967.

Publicación de Mágicas Ruinas.

miércoles, abril 22, 2026

El Museo Emma Nozzi compartió la reseña para revalorizar la importancia de la comunidad afro en la región. El lazo afro entre Malvinas y la comarca Viedma – Patagones.

El Museo Emma Nozzi compartió la reseña para
revalorizar la importancia de la comunidad afro en la región.
Foto: Gentileza
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247° aniversario: el lazo afro entre Malvinas y la comarca Viedma – Patagones.

Primera capital de la zona cuando todo el sur integraba una gran gobernación, la comunidad de Viedma - Patagones lleva dentro suyo una profunda diversidad incluso previa, gracias a su cercanía con el mar. En el medio, un nacimiento fue trascendental.

Por Melina Ortiz Campos.

La vida costera le valió a este rincón histórico de la Patagonia características únicas y un aporte, desde su población, que sumó a una lucha de siglos por la soberanía argentina, nada menos que en las Islas Malvinas. Fue la llegada al mundo de un niño en el archipiélago, la muestra y el símbolo de la presencia maragata y afroargentina en aquel sitio, cuando era disputado desde hacía tiempo, por ingleses, franceses y norteamericanos.

Conocida es la gesta del 7 de marzo de 1827 que protagonizaron los pobladores del Fuerte del Carmen, cuando respondieron al arribo de las naves de la marina imperial de Brasil, pero hubo también otro acontecimiento, a 1200 kilómetros y que tuvo como escenario ese archipiélago del Atlántico Sur, en el que una vida gestada en el vientre de una madre esclava, marcaría presencia en ese espacio reclamado.

Los archivos señalan que para las primeras décadas del 1800, después de varios intentos y fracasos de asentamiento por el clima implacable y la distancia, fue el viaje de Luis Vernet (1828), designado por el Gobierno de Buenos Aires como comandante político y militar, el que llevó a un grupo de 31 “morenos” desde Patagones hasta Malvinas (18 hombres y 12 mujeres), con el objetivo de establecer población junto a indígenas patagónicos, gauchos criollos y otros colonos inmigrantes europeos, según explicó Norberto Pablo Cirio en su trabajo “Tras su manto de neblinas… Presencia de afroargentinos del tronco colonial en las Islas Malvinas en el siglo XIX”.

En ese contexto, le tocó nacer a Daniel.

«Jueves 10 de Diciembre: Nublado con chubascos de granizo y lluvia, como también un poco de nieve. Viento sud muy fuerte. Parió esta mañana a las cinco y cuarto la negra Francisca a un mulatito”, registró el diario de Emilio, hermano de Luis Vernet, desde las islas.

Compartido por el Museo “Emma Nozzi”, el momento relatado habla del primero de varios nacimientos (siete en total, 6 varones y 1 mujer, entre 1829 y 1837) que se dieron allí, en una colonia que llegó a tener casi un centenar de habitantes, entre los que los afrodescendientes representaban un 25%, afirmó Cirio. Distante pero concreta, por la exclusión de la época, su mención sirvió para dar cuenta del primer malvinense argentino del que se tiene registro.

Foto: Gentileza Facebook Museo Emma Nozzi.

Pocos años después, en 1833, la ocupación británica interrumpió el desafío que sostenían esos pobladores en ese paisaje hostil, agregó el museo en su reseña: “Muchos fueron desplazados, pero otros resistieron. Se logró saber que Daniel con apenas 3 años partió «apresado» a Montevideo en 1832 y de ahí, al Patronato de Buenos Aires.

Un siglo y medio después, así como Patagones dio a Malvinas uno de sus primeros hijos, contribuyendo a la construcción de derechos sobre el archipiélago, en 1982 también “estuvo presente cuando hubo que defenderlos”, valoró la institución, en homenaje a los excombatientes que hoy integran la Asociación VGM. 

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/el-lazo-afro-entre-malvinas-y-la-comarca-viedma-patagones/

sábado, febrero 07, 2026

¿El primer desclasado? Bernardino Rivadavia, alias "doctor Chocolate", el afrodescendiente oligárquico.

 


¿El primer desclasado? Bernardino Rivadavia, alias "doctor Chocolate", el afrodescendiente oligárquico.

Un 7 de febrero de 1826, Bernardino Rivadavia fue nombrado por el Congreso General Constituyente a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, inaugurando formalmente la figura del “primer presidente argentino”.

La efeméride suele presentarse como un hito institucional, pero omite un dato central: Rivadavia asumió bajo una Constitución unitaria rechazada por la mayoría de las provincias, que nunca reconocieron ni el texto ni su autoridad. No fue electo por el pueblo, sino designado por una elite porteña que pretendía imponer un proyecto centralista, liberal y profundamente excluyente.
Su breve presidencia estuvo marcada por el endeudamiento externo, el alineamiento con los intereses británicos, el desprecio por el federalismo y un modelo político pensado para Buenos Aires, no para una nación diversa y en construcción. La resistencia provincial fue inmediata. El experimento fracasó. Rivadavia renunció en 1827 y partió al exilio.

Por eso, más que el nacimiento del poder ejecutivo nacional, el 7 de febrero de 1826 recuerda el intento de imponer de manera tramposa un acontecimiento que no es más que una farsa.

Pero hay un detalle más que no quiero dejar de pasar que en el fondo es la humillación del sentir unitario, porteño, racista... de aquellos que en el barrio los llamamos Mabel y Rubén.

Acá viene lo entretenido y verdaderamente sorpresivo. Resulta que el breve gobierno de Bernardino Rivadavia es lo que se enseña en las escuelas argentinas como el sueño de todo liberal. Un gobierno centralista, en detrimento de las provincias y con un claro proyecto donde se beneficiaba claramente a la oligarquía porteña son sus rasgos principales.

El Profesor de Historia en la Universidad de Pittsburgh, con especialización en América Latina y estudios de raza comparada, George Reid Andrews reveló en su libro "Los afroargentinos de Buenos Aires" que el "ídolo" de la derecha argentina era un afrodescendiente.

Transcribimos esta breve referencia de su libro que, sin lugar a dudas, pondría muy nerviosa a cualquier señora paqueta de la Recoleta o de La Paternal pero que piensa igual que la señora rica.

Dice George Reid Andrews:

"Un número de importantes individuos, en la Argentina del siglo XIX, parecen haber sido de ascendencia mixta afro-indio-europea, pero la sociedad de la época los aceptaba como blancos. La familia Taboada, uno de los pilares de la oligarquía gobernante en la provincia de Santiago del Estero, era conocida en toda la Argentina por sus numerosos miembros de piel oscura." 51

José Bernardo Monteagudo, un temprano patriota y luego ministro de Guerra y Marina de Perú, se cree que tenia antepasados negros. 52 Los argentinos están familiarizados con el debate acerca de los antecedentes raciales de Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino. Rotulado como blanco en el censo de Buenos Aires de 1810, también se desempeñó como oficial en un regimiento de milicianos blancos.
Se rumoreaba que la familia de Rivadavia incluía antepasados africanos, y "doctor Chocolate" era uno de los despectivos motes que le daban sus opositores políticos. Este retrato probablemente date aproximadamente del periodo de su presidencia (1825-27). Fotografía, cortesía del Archivo General de La Nación. sus ancestros africanos eran lo bastante persistentes como para que se le adjudicara el apodo de "doctor Chocolate", entre sus opositores políticos. Un ingles que escribió una memoria anonima de su propia residencia en Buenos Aires durante la década de 1820, describió al presidente como de piel oscura, observando al pasar que el aspecto de Rivadavia "ofrece algunas peculiaridades" que hubiesen hecho de el una fácil victima de los caricaturistas ingleses.53 El historiador J. A. Rogers incluyo a Rivadavia como uno de los ocho latinoamericanos en su antología biográfica Great Men of Color. 54

El estigma del ancestro africano era una pesada cruz que se debía soportar en la sociedad de Buenos Aires; toda vez que se presentaba la posibilidad de quitársela de encima y de pasar como blanco, solo una persona rara no la hubiese aprovechado. Es sumamente difícil documentar el proceso por el cual los afroargentinos dejaban la categoría racial negra o mulata y entraban en la blanca, dado que una parte integrante de ese proceso era la destrucción o el oscurecimiento de los registros relativos ala ascendencia africana. Solo una investigación exhaustiva y tediosa del ancestro de miles de individuos podría establecer de manera definitiva la tasa a la cual la gente de raza mixta experimentaba una alteración de su condición racial social y legal. Sin embargo hay una buena cantidad de evidencias indirectas que sirve para sugerir tanto el mecanismo por el cual se producía el proceso como la frecuencia con que se verificaba."

Reid Andrews, George. Los afroargentinos de Buenos Aires. Ediciones de la Flor, 1989. Pág 96-98

Referencias

51. Tulio Halperin Dong hi, Revoluci6n y guerra (Buenos Aires, 1972), p. 57.

52. Rout, African Experience, p. 171.

53. Un ingles, Cinco afws en Buenos Aires (Buenos Aires, 1962), p. 105.

54. J. A. Rogers, Great Men of Color, 2 vols. (Nueva York, 1972), 2: 187-91.
George Reid Andrews es Profesor de Historia en la Universidad de Pittsburgh, con especialización en América Latina y estudios de raza comparada. Entre sus publicaciones destacan Afro-Latin America: Black Lives, 1600-2000 (Links to an external site.) (Harvard University Press, 2016), Blackness in the White Nation: A History of Afro-Uruguay (Links to an external site.) (University of North Carolina Press, 2010), Afro-Latin America, 1800–2000 (Links to an external site.) (Oxford University Press, 2004). 

Bernardino Rivadavia circa de 1809 (Archivo General de la Nación).

Publicado en
https://walteronorato.blogspot.com/

martes, mayo 27, 2025

BUENOS AIRES se llama " TANGO ".

 


BUENOS AIRES se llama " TANGO ".

De los barcos bajaron inmigrantes europeos y también africanos esclavizados que fueron configurando el mestizaje cultural que hoy somos los y las argentinos La presencia africana en la República Argentina, se sabe, estuvo invisibilizada e insonorizada durante siglos. La historia blanca, centrada en Europa, fue la que pobló los manuales escolares y los relatos oficiales. Sin embargo, en la últimas dos décadas la historia silenciada de los afroargentinos del tronco colonial (argentinos descendientes de esclavizados en este territorio) comenzó a emerger dando cuenta de una presencia innegable, que forma parte de nuestras raíces como nación. Tal es así, que incluso uno de los símbolos de la identidad argentina como es el tango, tiene en su ADN la negruitud. Esta es la historia negra del tango...Si bien los estereotipos asocian al tango con la figura de Carlos Gardel, los conventillo de inmigrantes, la incorporación del bandoneón y una historia dominante centrada en los blancos, la palabra tango aparece desde el siglo XVIII siempre vinculada a prácticas musicales y danzarias de afros.
El documento escrito porteño más antiguo en que aparece la palabra “tango” data, casualmente, del 11 de noviembre de 1802 y es un boleto de compra-venta de un “sitio de negros” en el barrio de La Concepción (hoy Constitución).
Pablo Cirio, antropólogo del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega, halló este documento en su afán por comprender el origen y desarrollo del tango desde una perspectiva multiétnica y pluricultural. “Los inmigrantes europeos enriquecieron, complejizaron e hicieron evolucionar el tango a lo que hoy conocemos. Pero el género fue, en su origen, negro, vinculado con la milonga urbana y ésta con el candombe y otros géneros afroporteños menos conocidos. Todos ellos tienen la misma matriz afro. Cuando escuchás el candombe porteño, que siempre tiene letra, que se baila, que tiene letra, y analizás la cadencia de la melodía, la estructura armónica que la sustenta, empezás a oír estructuras parecidas a las de un tango antiguo. Pero sucede que la escucha es cultural y hemos sido educados para no ver ni escuchar a los negros. Cuando escuchas el tango y la milonga con un oído abierto a la diversidad, lo empezás a oír negro".
¿ALGUIEN ESCUCHÓ A LOS O LAS AFROARGENTINAS CONTAR LA HISTORIA DEL TANGO?
Pablo Cirio afirma que la historia oficial fue escrita consultando fuentes investigadas por blancos, desde un racismo científico naturalizado de neutral. El antropólogo ha venido entrevistando desde hace tres décadas a distintas generaciones de afroargentinos de muchas partes del país, y afirma que es posible construir una historia del tango a partir de esa memoria oral, de sus documentos y testimonios.
Los afroargentinos del tronco colonial nunca dejaron de tocar, de componer, de bailar, de gestar lugares donde compartir sus tradiciones. Si bien durante largos periodos lo hicieron por fuera del espacio público, se puede rastrear su presencia en cada momento hito del tango.

Sergio Pantaleón Montero tocando la guitarra. Buenos Aires, 1920 (Col. Pablo Cirio).
Las fuentes oficiales ubican a “El entrerriano” (1897), del compositor y pianista afroporteño Anselmo Rosendo, como el primer tango formalmente creado, dándolo como inicio del período conocido como Guardia Vieja (1897-1920).
Cirio lleva identificados 40 los compositores afroargentinos (con cerca de un millar de composiciones, publicadas e inéditas). Si bien en su mayoría son desconocidos, algunos se convirtieron en mojones ineludibles de la evolución del género.

Al centro José Delgado, afroporteño guitarrista y zapateador de jazz. Buenos Aires, ca. 1930 (Col. María del Carmen Obella).
Gabino Ezeiza (1858-1916) nació en San Telmo y fue quien introdujo en 1884 en un café
de Barracas que aún existe, la milonga en la payada. También fomentó la participación de
mujeres en la payada, como su hija natural Matilde Ezeiza.
En el apogeo del tango en Europa, que se da de la mano de Carlos Gardel y sus músicos (entre 1920 y 1930), aparecen las figuras de dos de sus guitarristas y compositores: los afrodescendientes Guillermo Barbieri (1884-1935) y José “el Negro” Ricardo (1888-1937).
“La pulpera de Santa Lucía” (1929), uno de los valses argentinos más reconocidos, fue compuesto por Enrique Maciel. Lo mismo sucedió con el conocido tango romanza “Margarita Gautier”(1935), cuyo autor es el afrodescendiente Joaquín Mora.

Joaquín Mora.
El gran afroargentino del tronco colonial Horacio Salgán (1916-2006) marcó con “A fuego
lento” (1955) el inicio de un nuevo estilo del que se nutrió Astor Piazzolla.
Desconocido para muchos, el contrabajista afro Ruperto “el Africano” Thompson (1890-1925) introdujo lo que se llamó “estilo cayengue”, un sello del tango moderno, que se basa en dar pequeños golpes al instrumento como si fuese un tambor.
“Los negros reelaboraron sus músicas junto con los inmigrantes que empezaban a llegar y con el mundo hispánico, con los que convivían hace siglos. Y así fue surgiendo el tango de una manera muy lenta. Que sean afro, no implica que toda su producción lo sea pero si no conocemos la música afroargentina no podemos juzgar qué partes de esas músicas tienen rasgos de negritud. Si no tengo la sensiblidad auditiva y corporal del hacer musical y danzario afroporteño, no puedo entender cabalmente melodías tan bellas como “El ciruja”, tango del entrerriano Ernesto Natividad de la Cruz (1898-1985) que, desde que lo
grabó su amigo Gardel, es emblema del lunfardo", argumenta Cirio.
LOS LAZOS SOCIALES DE LA MEMORIA
“Cuando se deja de hablar de un tema con el paso de las generaciones se corta el lazo que mantienen viva esa memoria, y después esos temas pasan al olvido, o mejor dicho, es reemplazado por otra memoria, en este caso la de los grupos hegemónicos.. Eso es lo que sucedió con los afroargentinos”, explica Pablo Cirio.
A pesar que en 1778 el 46% de la población argentina tenía origen africano, producto de los 72 mil esclavos que ingresaron al puerto de Buenos Aires y Montevideo entre 1777 y 1812, y que en la actualidad viven alrededor de 2 millones de afrodescendientes, según las organizaciones que nuclean a africanos y afrodescendientes, la narrativa dominante dejó de hablar del tema afro o lo redujo a pequeñas menciones en libros, alguna foto pintoresca o a los actos del 25 de mayo donde se los representó siempre en roles subalternos.
Del sitio BUENOS AIRES se llama " TANGO ".

sábado, agosto 03, 2024


LAS ACHURAS.

Son una herencia que perdura en el Río de Plata desde la época de la esclavitud y representa lo más característico del asado argentino.
Los negros que trabajaban como personal de servicio, realizaban tareas domésticas y se dedicaban en especial a cocinar.
En esa época, al no haber métodos de conservación de carnes y abundancia de vacas, los blancos comían carnes asadas y desechaban las achuras. Las mollejas, riñones, chinchulines, etc eran consumidos por los negros, que además preparaban condimentos especiales según las costumbres africanas.
También preparaban comidas de cocción larga y lenta como guisos y pucheros, ya que de esa manera podían realizar tareas de limpieza y planchado mientras preparaban la comida; algunos elaboraban dulces y confituras que eran apreciados por sus patrones.
Publicado en MEMORIAS CURIOSAS ARGENTINAS / Facebook. 

domingo, julio 28, 2024

¿Por qué no hay negros en la Selección Argentina?


¿Por qué no hay negros en la Selección Argentina?

Por Daniel Molina.

Parece un chiste pero no lo es. Cada vez que la Argentina enfrenta una competencia deportiva internacional aparecen analistas norteamericanos y europeos que critican a la sociedad argentina por racista. Sucedió durante el Mundial de Fútbol de Qatar, cuando una columnista en el Washington Post criticó a la Argentina por no tener jugadores de fútbol negros en su Selección Nacional. Volvió a suceder cuando la Argentina ganó la Copa América en la final de Miami. Ahora está sucediendo en los Juegos Olímpicos de París, en los que los equipos argentinos deben lidiar con la agresividad del público francés, entre otras cosas por el supuesto racismo argentino. ¿Es la sociedad argentina especialmente racista?

Comencemos por responder el artículo del Washington Post de diciembre de 2022, que si bien fue muy debatido en las redes sociales y en los medios, nunca quedó claro cuál era el problema de la columnista norteamericana ni cuál es la realidad argentina. En primer lugar, la columnista del Washington Post usa datos falsos, los pocos que son válidos están fuera de contexto y todas las conclusiones que saca es a partir de esa falsedad descontextualizada. Es como si tomáramos un estudio sobre la gente más pobre de los EEUU y concluyéramos que ese país -reflejado en ese estudio sobre un grupo muy pequeño del total de habitantes- es el más miserable del planeta.

En toda la época colonial (de 1550 a 1810, digamos) hubo en lo que fue el Virreinato del Río de la Plata (que incluía también a Uruguay, Paraguay, Bolivia, Norte de Chile y Sur de Perú) unas 200.000 personas que llegaron de Africa como parte del negocio de la esclavitud. Esos negros vivieron en las principales ciudades y zonas más ricas, de Buenos Aires o Córdoba a Montevideo, Asunción o Potosí. Apenas realizada la Revolución de Mayo, el Virreinato del Río de la Plata estalló: muy rápidamente se separa Paraguay, ya en 1812 se pierde lo que hoy es Bolivia. En la década de 1820 se separa Uruguay. En la zona de lo que hoy es la Argentina queda un 65% de la población que tenía el Virreinato: unas 380.000 personas, de las cuales alrededor de unas 100.000 eran negras.

Muchas de las personas negras se unieron a los ejércitos revolucionarios y murieron muy jóvenes en las batallas. Pocas regresaron. Entre 1820 y 1880, el país vivió en estado de guerra civil permanente. Muchos afrodescendientes participaron de esas batallas incesantes y también murieron allí muy jóvenes. La población negra que había en la Argentina en 1900 era menor a la que existía un siglo antes, con el “agravante” de que entre 1880 y 1910 vinieron a la Argentina 3.000.000 millones de inmigrantes europeos. La proporción de personas negras disminuyó muchísimo. En los años 60 del siglo XX era muy raro ver a una persona negra en las grandes ciudades argentinas. Por dos motivos: el primero es el que se comentó en los párrafos anteriores (la poca población de origen africano que sobrevivió a las guerras del siglo XIX y la irrupción de millones de europeos a comienzos del siglo XX); lo segundo fue el mestizaje masivo.

La sociedad argentina de hace un siglo, a diferencia de la norteamericana y de muchas sociedades europeas, no sentía repulsa por las parejas étnicamente mixtas, en especial entre la gente pobre o de clase media baja. Muchas mujeres indias y negras tuvieron hijos con varones blancos. Y no fue raro el caso de mujeres blancas que tuvieran hijos con varones de los pueblos originarios y con negros. Eso creó una gran cantidad de gente que hoy se autodenomina “marrón”, hijos del mestizaje masivo que vive la sociedad argentina. La Argentina no fue ni es un paraíso de la integración racial, pero está muy lejos de los extremos del racismo suprematista blanco que aun hoy es endémico en amplias capas de la sociedad norteamericana y que fue absolutamente masivo durante más de un siglo y medio en ese país.

En sus clases del Collège de France, tituladas “Genealogía del racismo”, Michel Foucault demuestra que el pensamiento racista sistemático que llevaría al nazismo hitleriano fue inventado por los nacionalistas franceses del siglo XIX. Justamente ese pensamiento racista francés fue denunciado, décadas antes de Foucault, por Borges en su ensayo “El escritor argentino y la tradición” en el que les dice, irónicamente, a los nacionalistas vernáculos que sus ideas fanáticas de defensa de una argentinidad inmaculada y sin mezcla con otras culturas son de origen francés, no criollas.

¿Es racista la sociedad argentina? En la Argentina hay racismo, como en todos los países del planeta, pero es muy moderado. Ni es tan moderado como sueñan los que creen que nuestra sociedad es perfecta, ni es tan acentuado como nos critican franceses y norteamericanos, dos sociedades que son tradicionalmente muy racistas.

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