GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Melina Ortiz Campos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Melina Ortiz Campos.. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 22, 2026

El Museo Emma Nozzi compartió la reseña para revalorizar la importancia de la comunidad afro en la región. El lazo afro entre Malvinas y la comarca Viedma – Patagones.

El Museo Emma Nozzi compartió la reseña para
revalorizar la importancia de la comunidad afro en la región.
Foto: Gentileza
.

247° aniversario: el lazo afro entre Malvinas y la comarca Viedma – Patagones.

Primera capital de la zona cuando todo el sur integraba una gran gobernación, la comunidad de Viedma - Patagones lleva dentro suyo una profunda diversidad incluso previa, gracias a su cercanía con el mar. En el medio, un nacimiento fue trascendental.

Por Melina Ortiz Campos.

La vida costera le valió a este rincón histórico de la Patagonia características únicas y un aporte, desde su población, que sumó a una lucha de siglos por la soberanía argentina, nada menos que en las Islas Malvinas. Fue la llegada al mundo de un niño en el archipiélago, la muestra y el símbolo de la presencia maragata y afroargentina en aquel sitio, cuando era disputado desde hacía tiempo, por ingleses, franceses y norteamericanos.

Conocida es la gesta del 7 de marzo de 1827 que protagonizaron los pobladores del Fuerte del Carmen, cuando respondieron al arribo de las naves de la marina imperial de Brasil, pero hubo también otro acontecimiento, a 1200 kilómetros y que tuvo como escenario ese archipiélago del Atlántico Sur, en el que una vida gestada en el vientre de una madre esclava, marcaría presencia en ese espacio reclamado.

Los archivos señalan que para las primeras décadas del 1800, después de varios intentos y fracasos de asentamiento por el clima implacable y la distancia, fue el viaje de Luis Vernet (1828), designado por el Gobierno de Buenos Aires como comandante político y militar, el que llevó a un grupo de 31 “morenos” desde Patagones hasta Malvinas (18 hombres y 12 mujeres), con el objetivo de establecer población junto a indígenas patagónicos, gauchos criollos y otros colonos inmigrantes europeos, según explicó Norberto Pablo Cirio en su trabajo “Tras su manto de neblinas… Presencia de afroargentinos del tronco colonial en las Islas Malvinas en el siglo XIX”.

En ese contexto, le tocó nacer a Daniel.

«Jueves 10 de Diciembre: Nublado con chubascos de granizo y lluvia, como también un poco de nieve. Viento sud muy fuerte. Parió esta mañana a las cinco y cuarto la negra Francisca a un mulatito”, registró el diario de Emilio, hermano de Luis Vernet, desde las islas.

Compartido por el Museo “Emma Nozzi”, el momento relatado habla del primero de varios nacimientos (siete en total, 6 varones y 1 mujer, entre 1829 y 1837) que se dieron allí, en una colonia que llegó a tener casi un centenar de habitantes, entre los que los afrodescendientes representaban un 25%, afirmó Cirio. Distante pero concreta, por la exclusión de la época, su mención sirvió para dar cuenta del primer malvinense argentino del que se tiene registro.

Foto: Gentileza Facebook Museo Emma Nozzi.

Pocos años después, en 1833, la ocupación británica interrumpió el desafío que sostenían esos pobladores en ese paisaje hostil, agregó el museo en su reseña: “Muchos fueron desplazados, pero otros resistieron. Se logró saber que Daniel con apenas 3 años partió «apresado» a Montevideo en 1832 y de ahí, al Patronato de Buenos Aires.

Un siglo y medio después, así como Patagones dio a Malvinas uno de sus primeros hijos, contribuyendo a la construcción de derechos sobre el archipiélago, en 1982 también “estuvo presente cuando hubo que defenderlos”, valoró la institución, en homenaje a los excombatientes que hoy integran la Asociación VGM. 

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/el-lazo-afro-entre-malvinas-y-la-comarca-viedma-patagones/

domingo, abril 12, 2026

Tauscheck, el baqueano checo que apostó al cultivo en el Nahuel Huapi.

 

Sonriente y de manos curtidas, Tauscheck posó junto al fotógrafo, en la puerta de su cabaña. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.

Tauscheck, el baqueano checo que apostó al cultivo en el Nahuel Huapi.

Considerado el primer granjero de origen europeo que se instaló con su familia en la zona, sirvió como guía para la Comisión de Límites y para el arribo de otros colonos, inclusive del fundador de la zona urbana, Carlos Wiederhold. Su final fue trágico, pero su legado habla del empuje y el apoyo mutuo de aquellos nuevos pobladores, entre cabañas de madera, animales, huerta y el arrullo del lago.

Por Melina Ortiz Campos.


Abundan en el archivo regional las referencias a determinados apellidos inmigrantes y pioneros en la cordillera rionegrina, pero poco se dice sobre él, salvo algunas menciones. Entre ellas, Francisco N. Juárez fue el exhaustivo investigador, colaborador de este diario, que sí profundizó en la vida de José. Tauscheck de apellido, granjero inmigrante en la costa sudeste del lago Nahuel Huapi, su experiencia y predisposición le valieron un perfil compatible con el rol criollo del “baqueano”, recordado por haber orientado a la Comisión de Límites y a otros a visitantes para instalarse en el paraíso al que con el tiempo se lo conoció como “San Carlos” y que hoy para el mundo es inconfundible: “Bariloche”.

Corría la década de 1890 y años más, años menos, por ese tiempo las reconstrucciones lo ubican entre los que se animaron a sumarse a otros lugareños nativos indígenas que los precedieron, para vivir, cultivar su alimento y cuidar a sus animales en un territorio que muchos exploraron, ya desde el 1600, pero en el que varios no pudieron sobrevivir.

Allí Juárez lo ubicó como el responsable de mantener la mayor parte de 15 hectáreas con papas y hortalizas, en una incipiente población agrícola que llegó a calcularse en 500 habitantes, abastecidos por los productos sembrados en un total de 150 hectáreas ubicadas en la margen sur del espejo de agua, con sembrados de trigo, avena y también cebada.

Fines del 1800: recuerdo de la visita del antropólogo Leo Wherli al lote pastoril de Tauscheck, en el Nahuel Huapi. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.

La exportación que Tauscheck sostenía hasta el lago Llanquihue, ubicado al oeste en línea recta del lado chileno, cerca de Puerto Montt, es uno de tantos ejemplos del fluido comercio que se realizaba por aquel entonces con el vecino país, del que se traían, a su vez, manufacturas, vinos y conservas. Y desde ese mismo lugar provenían, los colonos trasandinos o europeos que empezaron a poblar la zona en 1895 y “Valle Nuevo” (El Bolsón), desde 1897, según indicó Cesar Vapnarsky en su libro “Pueblos del Norte de la Patagonia”.

“Labriego y hacendado, explorador incesante de la cordillera y cabeza de una familia tenaz”, lo describió Juárez, el protagonista de esta nota había venido a Sudamérica en 1856 desde Hutzina, en la Bohemia checa, cerca de Praga, y después de vivir con sus padres y hermanos “al pie del volcán Osorno”, cruzó la cordillera con su propia familia, para quedarse en varias leguas de tierra argentina.

El Nahuel Huapi le resultaba conocido, por viajes previos que había realizado, en los que, asegura el escritor, se le atribuyó participación en el descubrimiento del paso Puyehue (1890). Así que con esa sabiduría acumulada, buscó su propio terruño en la costa del lago patagónico. “Fue el primer colono espontáneo que lo hizo con la familia en pleno. Era todavía joven, tenía 47 años, y su esposa 43 (Carolina Gerstmann Hahn)”, recordó Juárez.

Su vivienda, ilustrada en las fotos que acompañan esta nota, de madera con techo rústico y que compartieron con su suegra, Beatriz Hahn de Gertsmann, quedó cerca de un arroyito que iba hasta el lago, rodeada por el terreno que delimitó hasta “una planicie donde estableció el vergel de su quinta”.


Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.

Como lo dejan ver en la foto sus manos curtidas, allí crió animales de corral, gallinas ponedoras y hasta cerdos. Y allí lo encontró el perito Francisco P. Moreno el 8 de marzo de 1896, durante la campaña de Reconocimiento de la Región Andina, según recordó en sus “Apuntes Preliminares”.

En esta nueva etapa, el cultivo y los productos pastoriles [de Tauscheck] tenían ya “fama entre los colonos alemanes de Llanquihue” y fueron otros visitantes, el ingeniero Emilio Frey y el ayudante C. G. Lermann, los que recibieron su ayuda en la labor de establecer los límites en la geografía, además de las cabalgaduras necesarias. En sus relatos, ellos le elogiaron además, el entorno que cuidaba y que crecía “entre árboles manzanos y maitenes sobre la ribera de un pequeño arroyito con el cual podía regar su huerta y su magnífico jardín de flores”.

Según el Archivo de la Navegación en el Nahuel Huapi, grupo de recopilación y datos disponible en Facebook, Tauscheck “fue uno de los primeros en tener embarcación a vela y bote a remo”. Y en su campamento albergaba una modesta parte de las tropas destacadas en la cordillera para controlar la región andina de Neuquén y Río Negro.

A pesar de todo este horizonte prometedor, la vida compartida allí duró menos de una década. “El 12 de enero de 1900, el checo pionero con familia y granja murió ahogado en aguas del río Limay, mientras balseaba elementos del destacamento militar de caballería”, explicó Juárez. El accidente ocurrió a media mañana, a eso de las 10, y fue su hijo Guillermo quien tuvo que brindar los datos para el acta de defunción.

Pese a los servicios prestados y a que la cartografía de antaño también mostraba su nombre en dos topónimos (un arroyo, actualmente el arroyo Bravo, Bzo Blest; y un pequeño lago, uno de los Anasagasti, fondo del Bzo.Tristeza, según los escritos de J. M. Biedma), el Poder Ejecutivo respondió al pedido de su viuda con un decreto adverso, que firmaron el presidente Roca y su ministro de agricultura Ezequiel Ramos Mejía.


Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.

Tampoco sirvieron las referencias suyas que dio el propio Carlos Wiederhold, considerado el fundador de la ciudad, quien aseguró haber contado con la recomendación de José para instalarse donde lo hizo y para registrar las bondades que presentaba la región, explorando juntos el futuro camino del paso Pérez Rosales.

El dato central respecto a la propiedad de ese espacio radica en que no era un sitio fiscal, sino que había sido asignado al general Liborio Bernal, integrante de las campañas militares y luego nada menos que gobernador del Territorio Nacional de Río Negro entre 1894 y 1897.

Frente a esta respuesta, Carolina, la viuda de José buscó mejores horizontes en Ñorquinco y su hijo Guillermo terminó formando familia con una descendiente de los pioneros Hube, de El Bolsón. 126 años después, hoy las fotos y el recuerdo del rostro de José descansan en el repositorio digital de la ETH-Zürich, una biblioteca que atesora las imágenes que tomó el antropólogo Leo Wherli justamente en su estadía en la casa de Tauscheck a fines del 1800, otro de tantos que recibieron allí su hospitalidad y experiencia. Federico Silin, titular del Archivo Visual Patagónico, fue quien permitió el acceso de este medio para poder compartirlas en este rescate.

Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 12 de abril del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/rural/tauscheck-el-baqueano-checo-que-aposto-al-cultivo-en-el-nahuel-huapi-4535715/

martes, enero 27, 2026

Stefenelli, el agricultor: recuerdo de la escuela audaz que se convirtió en semillero. Por Melina Ortiz Campos.

 Stefenelli, el agricultor: recuerdo de la escuela audaz que se convirtió en semillero.

Cuando apenas algunos cultivos sobrevivían, este referente mejoró el riego, explicó las técnicas y brindó un oficio rural que sirvió además, para desarrollar el Valle. Décadas después, esa formación se convirtió en título de Nivel Medio, orgullo en el testimonio de un protagonista.

Por Melina Ortiz Campos.

Belleza original: así lucía la Escuela Agrícola en Gómez, su segunda sede, donde hoy funciona el INTA. Las arcadas servían para el ingreso de carros.
Foto: Archivo Histórico Salesiano.

Una placa en el patio del Colegio San Miguel, al este de Roca, señala con su dedicatoria el aspecto que quizás define mejor el legado que dejó Alejandro Stefenelli: lo reconocen como el “propulsor de la agricultura en el Alto Valle”.

Fue sacerdote católico, es cierto, salesiano para ser más precisos (de hecho fue el primero ordenado en Patagones), pero poner el foco en ese aspecto, sin desmerecer su consagración religiosa, limita la posibilidad de entender sus talentos, su visión de desarrollo y la confianza que él tuvo en el potencial de los cultivos en esta zona, algo que se terminó cumpliendo.

El repaso habitual y las reseñas en torno al aporte de este italiano, nacido en Fondo (Trento), nos remiten generalmente a cómo parte de su obra, el actual edificio escolar ubicado en Pellegrini y Ruta 22, sobrevivió a la gran crecida que registró el río Negro en 1899.

Pero esa fue solo una de varias estructuras que logró construir, cortando y cocinando ladrillos y consiguiendo dinero y materiales por donde fuera posible, apenas una muestra del empuje que Stefenelli sostuvo y la siembra que dejó, a pesar de las amarguras. Y es allí donde cobra relevancia su Escuela Agrícola o la Escuela de Agricultura Práctica, como él mismo la llamó, porque con ella sentó las bases de una formación que sirve hasta el presente.

Enfrentar la pobreza.


Foto: Archivo Histórico Salesiano.

“En numerosos viajes tuve ocasión de conocer palmo a palmo las riberas de los ríos Negro y Colorado, y desde entonces, formó mi ensueño la idea de ver transformadas aquellas tierras en preciosos centros agrícolas, activados por laboriosos agricultores, que disfrutando de las aguas corrientes, enriquecerían a sus hogares y al país”, escribió Stefenelli en la memoria que envió, en 1899, a la Cámara de Diputados y Senadores nacionales, buscando aportes.

Desde su arribo a la por entonces Colonia General Roca, su designación apuntaba al rol de misionero, tras el avance de la Campaña al Desierto sobre tierras y familias originarias, pero, como rescata el libro “Stefenelli, la agricultura y el riego en el Alto Valle”, se le ocurrió un proyecto más abarcativo e incluso desafiante para los intereses de las autoridades.

Niños indígenas y criollos, aprendieron las técnicas rurales, adaptadas al Nivel Primario.
Foto: Archivo Histórico Salesiano.


Escrito por Jaime Belli, otro respetado presbítero, ese rescate describe el panorama con el que Alejandro se encontró al llegar, cuando tenía 24 años: niños y niñas, indígenas y criollos, que padecían la extrema pobreza, por el avance previo y posterior de las tropas, y cuyo número crecía por los hijos naturales o adoptivos que resultaron con el tiempo, sin que nadie los cuidara.

Él mismo era huérfano así que por eso, esas situaciones lo interpelaron aún más. Entonces, siguiendo la mirada de su época, Stefenelli pensó en contenerlos y darles enseñanza “para que fueran útiles a la sociedad y a la Patria”, pero además (y aquí empieza a verse una cuota extra de conciencia), para ofrecerles un oficio que les permitiera autosustentarse junto a sus familias. Se animó a creer que así como podían trabajar en establecimientos ganaderos y agrícolas ajenos, también podían obtener sus propias parcelas, “en los pueblos fundados o a fundarse”.

Potencial y fertilidad.


Foto: Ing. Carlos Magdalena – INTA.

Las condiciones del suelo esperanzaron al cura, que conocía de Ciencias Naturales y Meteorología. Sabía que aprovechando la nivelación natural, con la ayuda del riego, sería posible reemplazar la zampa, el alpataco y el piquillín y que el impulso de unos pobladores, alentaría a los demás.

Las crecidas intempestivas le demostraron también que con buen caudal de agua, los pastos criollos como el trébol, la cebadilla, el alfilerillo y la cola de zorro lograban crecer con exuberancia y por eso, sabía que garantizando un riego regular y extensivo, el desarrollo era posible.

Ya había experiencias perseverantes en las hectáreas del por entonces coronel Fernández Oro, con trigo, alfalfa y viñedo, además de incipientes álamos y frutales en crecimiento, pertenecientes a Hilarión Furque, José Escales, Francisco Díaz y otros más.

Con todo eso en mente, Stefenelli se las ingenió para avanzar, aprovechando las pocas promesas de presupuesto cumplidas y esquivando unos cuantos desengaños. Gracias a su tenacidad, la ansiada Escuela Agrícola tuvo varias instancias, pero con la misma esencia: con la coordinación de algunos instructores y un ingeniero agrónomo, decenas de estudiantes aprendían la teoría y completaban las prácticas, adaptadas al Nivel Primario lógicamente, pero ya con nociones para la preparación del suelo y la cosecha, teniendo en cuenta la calidad y la sanidad de cada proceso.


Foto: Centro Regional Patagonia Norte del INTA.

A la primera etapa de formación, a mil metros del actual edificio del Colegio San Miguel, en dirección al río, la siguió una segunda ubicación, en el predio histórico que hoy custodia el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) en la zona de Gómez, cercano al antiguo “Canal de Los Milicos”.

En el medio Alejandro sumó maquinarias, avances y generó recursos vendiendo parte de la producción, además de abastecer a sus niños. Sin embargo, entre 1912 y 1913, las diferencias con las autoridades de Irrigación por el uso de la tierra y la permanencia de los pequeños productores motivaron su desalojo, pese a que se trataba de terrenos donados y comprados. El armado de una Estación Experimental y vivero fue el argumento, pero eso nunca prosperó.

“¿Es posible que los bien intencionados políticos no pudieran encontrar otra tierra para expropiar?”, cuestionó Belli en su libro, sabiendo que la Colonia tenía 50.000 hectáreas y 45 kilómetros de canal.

Después de eso, Alejandro partió a Italia y no volvió, aunque lo llamaron para superar con su experiencia, las dificultades que sufría el intento de proyecto que quiso reemplazarlo. Murió a los 88 años, en 1952, después de conocer que en su homenaje, habían bautizado a la estación de tren del Pueblo Viejo, con su nombre.

Hoy el ingeniero Carlos Magdalena, exdirector del Centro Regional Patagonia Norte del INTA, es quien recibió a RÍO NEGRO en la sede, que aún funciona a la vera de la Ruta 65. Testigo de la última etapa del proceso de restauración, 90 años después de la partida de Stefenelli, el profesional habló de la admiración que les genera su figura, la relevancia de su legado y las sensaciones encontradas que provoca conocer la historia y el amargo revés que sufrió aquel italiano, con alma de agricultor.

Multiplicar la siembra.

Bachilleres agrónomos: la prueba de que perduró el legado de Stefenelli, décadas después – Foto: Gentileza Ernesto Wolfschmidt.



Foto: Gentileza Ernesto Wolfschmidt, agachado, el primero a la derecha.

El desenlace parece terminal pero la formación que soñó Alejandro logró trascender el tiempo, superando cambios y complicaciones. Gracias a eso, en 1972 y a partir de la perseverancia de los estudiantes, se logró la primera promoción de “Bachiller agrónomo”, cuando todavía se sostenía el sistema de internado, con pupilos a cargo.

Ernesto Wolfschmidt es uno de ellos, que atesora desde Allen todo lo aprendido y que pudo transmitírselo a su hijo Andrés, quien actualmente heredó la coordinación del vivero familiar sobre Ruta 22, cerca del acceso Biló. Junto a otros 12 compañeros lograron el nivel máximo que pudo alcanzar esa experiencia, que se extendió por 15 años, desde 1964, al cumplirse los 75 años del Colegio, según el blog de la institución.


Padre e hijo con el mismo amor a la tierra. Foto: Gentileza.

El uso de las herramientas, las técnicas de poda e injerto, el armado de invernaderos aislados con matras de carrizo para el techo en tiempo de heladas, la elaboración de compost, el cuidado de animales de granja fueron algunos de los conocimientos que aprendieron de la mano de reconocidos ingenieros pero con mucha experiencia de campo, algo tanto o más valioso. Saberes que incorporó mejor en esos años en Roca, que en lo cursado en la Universidad del Sur, en Bahía Blanca.


Ernesto y su esposa Susana Michetti, otro de los pilares de la continuidad del vivero. Foto: Archivo.

El propio Jaime Belli, cuyo nombre hoy bautiza a la sede del INTA en Gómez, fue quien sostuvo la revalorización de la obra de Stefenelli, recordó Ernesto, al hablar de cómo le sumó su impronta, respetada por muchos, por su visión del devenir productivo.

Colaborador en su momento del CET 14, el actual secundario con orientación agroindustrial allense, este vecino defendió esta opción académica como algo lógico, que se debe profundizar en una región como la nuestra. Con alumnos de diversas localidades que viajan para cursar en ese sitio, por ejemplo, “eso da la pauta de la necesidad creciente que hay en la zona, de estudiar algo propio”. Como ocurrió con su propia trayectoria, remarcó: “Hay que darles la posibilidad al menos y que ellos luego se especialicen”.


El CET 14 Agroindustrial de Allen es uno de los colegios de Nivel Medio con esta modalidad en la región. Foto: Gentileza.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 25 de enero del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/rural/stefenelli-el-agricultor-recuerdo-de-la-escuela-audaz-que-se-convirtio-en-semillero/

lunes, enero 19, 2026

De las primeras vitrinas en Buenos Aires al tiempo de las frutas gigantes en el Valle. Viaje al tiempo de las frutas gigantes en el Alto Valle.

Los "trofeos" que salieron de una chacra en Allen, en este caso, en la familia de Nicolás Peche.

Viaje al tiempo de las frutas gigantes en el Alto Valle.

La belleza, el sabor y la intensidad del color de estas frutas fue generando devoción, en una actividad que trajo desarrollo y trabajo, pero grande fue la sorpresa cuando los cosechadores fueron bajando de la escalera con ejemplares de ¡800 gramos, un kilo y más!

Con el tiempo se popularizaron por su increíble peso y belleza, y no faltó el fruto que llegó a la gran capital, para el popular "Corte de la manzana", en el programa "La noche del domingo", de Gerardo Sofovich.

Veneradas en monumentos, fiestas y hasta juegos de plaza, estas frutas hoy nos hablan de identidad y legado. Frutas mayúsculas cosechadas en el Valle, de 800 gramos, un kilo y más, con las que posaron adultos y niños, como prueba de las bondades de una tierra fecunda y del trabajo y la paciencia de familias enteras.

Melina Ortiz Campos.

::: ::: :::

De las primeras vitrinas en Buenos Aires al tiempo de las frutas gigantes en el Valle.

Símbolo de orgullo e identidad regional, peso y tamaño de peras y manzanas dejaron con la boca abierta a más de uno, en tantos años de trayectoria de la actividad. RÍO NEGRO las destacó en sus páginas y los testimonios de hoy las recuerdan.

Por Melina Ortiz Campos.

Las manzanas gigantes se ven en Roca, en el emblemático monumento que creado por Martín Frullani, y hasta en los juegos de plaza. También se ven en Regina, en el homenaje que se luce en Ruta 22 y calle Belgrano (que, por si no sabías, originalmente colgaba de una columna en plena barda, por obra del metalúrgico Gino Marzolla). Y si de peras se trata, ocurre lo mismo en Allen, con el inmenso ejemplar que la localidad ostenta en una de sus plazoletas. Así, la lista podría seguir…

La devoción por los frutos que hacen a la principal actividad productiva es evidente y sus buenos motivos tiene: alrededor de un siglo de vida desde que se consolidó en el Valle, la cosecha trajo desarrollo, trabajo y ventas, pero también, ofreció desde entonces, algunas sorpresas, dignas de exhibirse en una vitrina.

Sin un cajón con capacidad suficiente como para embalarlas junto a sus “compañeras de rama” ni mercado que las recibiera, de todos modos la posibilidad de venderlas tampoco aparecía en el pensamiento de sus dueños o del trabajador rural que las encontraba.

Por el contrario, con un tamaño como ese, la mayoría de los entrevistados dudaba incluso acerca de qué hacer con ellas: frutas mayúsculas cosechadas en el Valle, de 800 gramos, un kilo y más, con las que posaron adultos y niños, como prueba de las bondades de una tierra fecunda y del trabajo y la paciencia de familias enteras.

 

Registro de la charla de RÍO NEGRO con Edgardo Constanzi, de
Colonia Marconetti, en 1995.

Poda y fertilización con guano de pollo y productos inorgánicos eran, por ejemplo, las posibles razones que encontraba Edgardo Constanzi para que tres peras de la variedad Packham’s Triumph superaran los 800 gramos en la zona de la Colonia Marconetti, entre las Rutas 65 y 22, en Cipolletti. Salidos de las hectáreas de su familia, estos hallazgos fueron compartidos en abril de 1995, según el archivo de RÍO NEGRO.

Y como él, otro productor de Godoy, recordaba la crónica por esos meses, había aparecido en televisión con sus frutas, para mostrarlas al país durante el popular «Corte de la manzana», en el programa «La noche del domingo», de Gerardo Sofovich.

Premio a las más suculentas.

 

Recuerdo del monumento a la manzana en Regina, sobre la barda.
Foto: Italianos en Río Negro.

Siguiendo el incentivo para enaltecer a la producción rionegrina, hubo una entrega de premios que apuntó a conectar a los comercios con las familias chacareras, valorando resultados como estos. Al margen del concurso que calcula “El Peso de la Manzana” realizado en la Fiesta Nacional, la camisería roquense “Avenida” era el escenario del certamen que valoraba la Manzana de Mayor Peso, acompañado por el Municipio, que reconocía a aquellos inscriptos que presentaban ejemplares de gran tamaño.

Con un mínimo obligatorio de 600 gramos para ser incluidos en la competencia, los organizadores celebraban que en 2012 por ejemplo, la fruta ganadora había pesado 838 gramos y anticipaban que debido al interés, se iba a permitir además, la participación de productores de pera, tal como registró RÍO NEGRO.

Las galardonadas quedaban en exhibición en las vidrieras de calle Tucumán al 700, para que toda la comunidad pudiera verlas en vivo y en directo. Finalmente el primer premio 2013 fue para la manzana de 907 gramos que presentó Marta Rojo (Mainqué), el segundo lugar lo ganó Ariel Carrasco (Regina), con una manzana de 874 gramos y el tercero fue para una manzana de 833 gramos que presentó Mario Muñoz (El Chañar).

Entre las peras, el primer puesto (bautizado “Ubaldo Apestegui” por el nombre del dueño del comercio anfitrión, fallecido en 2011) fue para Daniel Arbeloa (Roca), que concursó con una pera de poco más de un kilo y el segundo premio fue para Sebastián Sáez (Roca), con una pera de 803 gramos.  

La “fruta zapallo”, afuera del bins.

Por esos años, las bisnietas de Nicolás Peche, recuerdan haber sentido en Allen la misma alegría, cuando en una visita durante las tardes calurosas de la “temporada”, se encontraron con las manzanas gigantes que salieron de la chacra, en Ruta 65 y calle Bahía Blanca. Hoy es Encarnación, hija de aquel chacarero español y abuela de esas niñas convertidas en adultas, la que compartió con RÍO NEGRO la ternura de las fotos y el recuerdo de un tiempo de actividad plena.

Encarnación, segunda generación de productores en Allen.

Ya desde principios del 1900, la belleza de los frutos salidos de la Norpatagonia se lucía en la Estación de tren de Bahía Blanca, idea que luego replicaron en Constitución. El libro “Mi vida de ferroviario”, de Arturo Coleman, recuerda el origen de esa iniciativa ya que “por más que la producción ganadera, mineral y frutícola del Alto Valle del río Negro y del Territorio Nacional del Neuquén eran importantísimas, muchísimas personas, ignoraban sus verdaderos alcances y posiblidades” en el centro del país, explicó el autor en 1948.

Fue por eso que el mismo Coleman aseguró haber impulsado la colocación de vitrinas, a partir de 1918, para que los miles de pasajeros que pasaban por los andenes principales, vieran las muestras que los productores del Valle le enviaban, orgullosos de sus resultados. Eran destacadas junto a minerales, miel, seda natural, vinos elaborados, fotografías, y más, así como también ocurría con verduras de gran porte, como las cultivadas en Cipolletti y Choele Choel.

Las vitrinas en Bahía Blanca con las mejores frutas del Valle en 1918.

De la misma manera, 90 años después, en 2011, la familia de Encarnación hacía lo propio, mucho más sencillo, pero con el mismo orgullo, en la mesa principal del hogar rural, antes de que el “gran trofeo” se deshidratara. 

En la jerga popular, propia del rubro, esos ejemplares eran conocidos como la “fruta zapallo”, que desentonaba frente al tamaño de las demás y que para que no se mezclara, era apartada en el borde del cajón bins por los cosechadores.

Generalmente crecían en las ramas superiores de las plantas, sobretodo en aquellas que habían quedado cerca de las acequias”, porque recibían buena provisión de agua. ‘Guano’ de chivo para las manzanas, ‘guano’ de pollo para las peras, eran las formas de asegurar buena fertilización de la tierra, además de la poda y el raleo.

En eso coincidieron desde el INTA Guerrico ante la consulta de este medio: estos son casos excepcionales que ya no se ven, pero en sí, el calibre de la fruta depende de la intensidad de poda, una fertilización adecuada, raleo químico y manual, gestión del riego y control de maleza.

“Teníamos la costumbre de regar bien incluso hasta 20 días antes de la cosecha, para que no crecieran tanto y que tomaran color”, recordó esta vecina, que llegó a encontrar joyas de hasta 750 gramos. Todavía residente en esas cinco hectáreas que su padre trabajó y donde descansan sus restos, Encarnación sigue honrando el legado de estas anécdotas y de tanta experiencia.

Un peral cargado, con conducción libre, en 1929.

Manzanos de la misma época, a fines de los años ’20.

Las verduras también sorprendieron en la región de Cipolletti y Choele Choel –
Foto: Libro Arthur Coleman.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 18 de enero del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/rural/de-las-primeras-vitrinas-en-buenos-aires-al-tiempo-de-las-frutas-gigantes-en-el-valle/

domingo, diciembre 14, 2025

El primer cultivo del Valle que se reinventa 100 años después de la mejor época.

La mano de obra dedicada a la labor dio vida a la cotidianeidad de los pueblos.
Foto: Archivo Diario Río Negro.

El primer cultivo del Valle que se reinventa 100 años después de la mejor época.

Miles de hectáreas componían, en los años ‘20, la extensión de tierra dedicada a la alfalfa, este noble forraje que supo dar fertilidad y alimento donde parecía imposible. Un siglo después, el uso de tecnología genera un escenario nuevo y sobre todo, prometedor.

Por Melina Ortiz Campos.

Donde hace décadas pasó el rastrón tirado por caballos, usado para bajar médanos y emparejar terrenos, hoy drones y equipos sirven para fertilizar, fumigar y hasta sembrar. Los usos de una tecnología soñada se fueron haciendo realidad en experiencias concretas, como lo que hoy se ve con la alfalfa en Huergo, y como resultado, se optimizan tiempos, gastos y labores, de formas que antes parecían impensadas.

¿Pero dónde comenzó todo? y ¿qué tan importante fue la alfalfa en esta región? Para aquellos que dieron por cierto que esta zona fue siempre frutícola, desde sus inicios, la historia de la economía regional viene a recordar el papel que cumplió este forraje, en la primera mitad del siglo XX.

Adaptable, ya que no necesitaba tierra seleccionada, esta alternativa ofreció la posibilidad a los primeros productores de empezar con cosechas sin tanto tiempo de espera y sin tanto riesgo ante las heladas y el clima riguroso que se registraba durante el año.

Daba buenos rendimientos para la época, recordó Cesar Vapnarsky en su libro “Pueblos del Norte de la Patagonia”, al compartir como dato, que la alfalfa disponible permitía tres o cuatro cortes por año, durante unos siete años, hasta que fuera necesario roturar y volver a sembrar. Hoy se sabe que ese ritmo se reformuló, con más cortes pero con recambio cada menos tiempo, para cuidar el suelo y sus propiedades.

Antes, eran tiempos en los que los vehículos de la agricultura se movían, en su mayoría, con tracción a sangre, con equinos al frente, sobre todo caballos, por lo que conseguirles alimento también era un problema que se resolvía con la alfalfa, para pastoreo o en fardos. A modo de combustible natural, sus nutrientes permitieron, a su vez, dar vida al transporte en sulky, por ejemplo, que conectaba la zona rural con el incipiente radio urbano de las distintas poblaciones.

La publicidad hace 100 años, en las páginas de RÍO NEGRO.
Una de las secciones especializadas, en 1925.
Foto: Archivo Diario Río Negro.

La crónica habla de tecnificación, en octubre de 1965.

En ese contexto, se les sumaba la demanda que generaba la exportación hacia Europa y que llegaba hasta el puerto gracias al tren. Por eso, la cantidad de hectáreas dedicadas a este tipo de plantación creció exponencialmente: de 5000 en 1911 pasaron al récord de casi 30 mil promediando los años ‘20 y así se mantuvo con fluctuaciones hasta la década del ‘50.

La calidad de la tierra era la necesaria pero también cabe decirlo, salió beneficiada, porque junto al avance del riego, ésta recibió el aporte de las raíces de la alfalfa, que alimentaron un proceso útil para enriquecer sus propiedades. Se supo que eran valiosas para un “basilo radicular” que ayudaba a fijar el nitrógeno atmosférico, pasándolo a la plata y a la tierra por descomposición, explicó Vapnarsky. Esto generó que cuando llegaron nuevas opciones para el desarrollo agrícola, como papas, leguminosas y luego la fruta, los resultados también quedaron a la vista.

Hacía 1930, la alfalfa cedió su lugar a la fruticultura, pero fue en Huergo justamente, dónde en ese tiempo empezó a industrializarse, pasando por molinos para generar un polvo finísimo que seguía siendo vendido a Europa. Esas posibilidades se incrementaron y por eso, tantos años después, continúa su presencia allí, ahora creciente y ayudada con enfardadoras y enrolladoras de última generación, junto al sueño de lograr en algún momento importar vaporizadoras para lograr una humedad controlada. Una muestra más de que el Valle se reinventa para seguir activo.

Exportación con rumbo a Europa y consumo interno para el pastoreo, los usos principales.
Foto: Archivo Diario Río Negro.

*** Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 15 de diciembre dell 2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/el-primer-cultivo-del-valle-que-se-reinventa-100-anos-despues-de-la-mejor-epoca/

martes, octubre 28, 2025

Retazos de historia para volver al pasado en Mainqué.

 

Retazos de historia para volver al pasado en Mainqué.

Así como el pueblo llegó a su centenario, lo mismo celebra su Escuela, la N° 61, punto de partida para la vida urbanizada. Este y otros detalles en el medio, la convirtieron en lo que es hoy.

Por Melina Ortiz Campos.

El recuerdo del primer espacio educativo,
con el emblema del cóndor.
Foto: Gentileza.

La Guía Comercial 1931 ubica en la estación Mainqué (ex «Kilómetro 1127») a Santiago André como encargado de la Estafeta de Correos. Apellido francés pero con legado fundacional en el Alto Valle del río Negro, la labor de ese vecino alentó mucho más que la recepción y el envío de correspondencia, en una tierra que intentaron poblar y cultivar ya desde 1912, aunque para ver los primeros resultados tuvieron que esperar hasta la década del ‘20, gracias a las obras de irrigación del Gobierno.

Dependiente en sus primeros años de “Ingeniero Luis Augusto Huergo” (nombre completo del poblado vecino), donde funcionaba el Juzgado de Paz y la Oficina de Enrolamiento, tuvo Escuela antes que Estación de tren, como detalla el blog “Boletín Caminos de Hierro”, dedicado al mundo ferroviario. Y si de trámites bancarios y escribanía se trataba, el incipiente desarrollo los obligaba a ir incluso más allá en las rutas de tierra, hasta Roca, que en esa época funcionaba aún con la categoría de “Fuerte” delante de su denominación, herencia de la organización impuesta por el Ejército.

Gracias a los datos que anuda uno detrás de otro el Libro Histórico del primer colegio, el N° 61, se sabe que su movimiento diario por esos años, a pesar de la falta de mejores vías de comunicación, era activo y variado, motivado por la vida de bodegas y básculas agrícolas, que aprovechaban los denominados “trenes locales” y se potenciaban alentadas por el cooperativismo.

Eso permitía el movimiento de toneladas de fardos de pasto primero, gracias a cultivos como la alfalfa, para seguir con el vino producido localmente, luego con la fruta y también con el tomate, este último que cobró fuerza con la elaboración de conservas. Maquinaria norteamericana, herramientas y materiales para las bodegas de origen francés, italiano y alemán, todo fue sumando facilidades para consolidar el trabajo intensivo que permitió el riego.

El Club Social y Deportivo Mainqué y la Capilla en honor a “San José” eran otras de las instituciones locales que con el tiempo fueron completando el funcionamiento de la comunidad, que se desarrolló al norte de la Patagonia.

Apellidos ligados a la tierra productiva,
escenario de otro tiempo, en los años ‘60.
Foto: Gentileza Proyecto Allen.

Un nombre y un escudo.

Identificada en un principio por la cantidad de kilómetros que la separaban de Buenos Aires, esos 1127 que marcaba la vía Neuquén en el ramal, fueron reemplazados por un término que en mapudungun se traducía como “cóndor” (mañke).

Registrado por el diario de viaje que llevaba Manuel Olascoaga como jefe de la Oficina Topográfica, junto a las tropas del presidente Roca en su paso por la región, Magüé” era la palabra, dice el libro histórico de la Escuela 61, para referirse a ese sitio bautizado por los pueblos originarios. El error ortográfico, sin embargo, se extendió incluso más lejos hasta derivar en el “Mainqué” que todos conocen hoy.

“Algún tiempo después el Ministro de Obras Públicas Ing. Octavio Pico dio el decreto que confería el nombre a la Estación, pero como se pudo comprobar, hubo un pequeño error de ortografía (…) una reclamación posterior hecha recibió la promesa de parte del funcionario de una rectificación pero las preocupaciones del momento no permitieron todavía el cambio deseado”, señalaron los archivos escolares.

Aún así, la figura del ave andina siguió presente en iconos emblemáticos de la localidad, como en las referencias educativas y el escudo que ostenta el municipio. Según Turismo de la Provincia, este último diseño fue presentado por Hugo Pérez, para la conmemoración del 50° aniversario local, en 1975.

¿Colonia Francesa?

La Estación, el sitio que le sirvió a Mainqué para comunicarse con la región y exportar. Foto: Gentileza Miguel González.


Al principio se hablaba de la comunidad como la “Colonia Francesa” porque su desarrollo económico comenzó con la labor en las chacras que regenteaban inmigrantes de esa nacionalidad, la N°362, 371 y 378, “que fueron las que dieron impulso a todas las tentativas de progreso y adelanto de la zona”, dicen los escritos realizados a mano en el Libro Histórico de la Escuela 61.

Si bien el dato genera discrepancias con quienes consideran que no fue una “colonia”, como asentamiento poblacional, sino más bien la presencia de una “compañía” que impulsó allí los trabajos relacionados al uso agropecuario, lo cierto es que su titular sí era de origen franco y su desempeño en la incipiente comunidad quedó registrado en servicios y aspectos de mucha relevancia para la época.

Santiago André era ese vecino, dedicado a la cría de ovejas, que figura, por ejemplo, en la Guía Comercial 1931 como impulsor de la estafeta de correos, servicio de comunicación que convivía con los inicios de la telefonía, en un ejido que todavía no tenía ni transporte ni hospedaje para visitantes.

Su nombre también aparece asociado a la catequesis que mantuvo vigente la actividad religiosa, la presencia consular del Gobierno de Francia y la representación de esa zona ante la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio (CAIC), que nació con un sentido mucho más regional que la actual (desde Plottier a Choele Choel), para promover la producción regional y su comercialización. André hacía lo propio respondiendo a Mainqué y Cervantes, mientras que Baltazar López y Baldomero González lo cumplieron por Huergo, por ejemplo, según nota de archivo de Diario RÍO NEGRO escrita por Susana Yappert. Con el tiempo, la mayoría de habitantes inmigrantes pasaron a ser italianos y españoles.

Escuela, cuna desde el inicio.

Hay quienes afirman que la Escuela comenzó con el N°72 para luego recibir el N°61. Foto: Gentileza Mario Ituarte.

Junto con la localidad, también cumple su centenario el primer espacio educativo, nacido en un ámbito mayormente rural, en el que se impartieron conocimientos desde un lejano 28 de octubre de 1925.

Barbarita Lapierre, la esposa de Santiago André, quien cedió el espacio para el inicio de la tarea, se convirtió en su directora y posteriormente en asesora de su cooperadora. Hay quienes afirman que comenzó con el N°72 para luego recibir el N°61.

Allí se desempeñó con los primeros niños que residían en las chacras cercanas en un galpón a préstamo, hasta que viendo la inacción del Consejo Nacional de Educación, el propio André optó por iniciar la construcción de una sede por su cuenta, esta vez en la Chacra 371, que por esos años pertenecía a Enrique Vallé.

Ese inmueble fue inaugurado el 19 de abril de 1927 y, según se recuerda, en su construcción se cuidaron particularmente los detalles de higiene, aireación, facilidad de limpieza y conservación, entre otros. Sirvió hasta que en 1951 se trasladaron al de la Avenida Primeros Pobladores 19, según compartió la actual conducción del establecimiento.

En la cooperadora escolar, creada en 25 de junio de 1947 y bautizada con el nombre de Lucio Mansilla, acompañaron a Lapierre en la comisión directiva otros vecinos como Catalino Martín, Pedro Verdecchia, Juan García, Mario Verdecchia, Luis Humberto Figueroa, Agustín Verdecchia y entre los vocales a Nidia Rajneri.

La Estación, cuna del vínculo con la región.

“Seis años de lucha tenaz” tuvieron que pasar en la colonia hasta que pudo por fin despachar sus propios productos en el kilómetro 1127 del ramal, señala el Libro Histórico del colegio. Todo comenzó con un primer informe elevado con fecha 4 de noviembre de 1923, pedido que fue contestado el 4 de enero de 1924, para recién habilitarla en noviembre de 1929.

En el medio ocurrió la primera asamblea popular que dio lugar, a la posteridad, a la elección de la fecha del centenario, por lo vivido entre las familias que habitaban el caserío, un 28 de octubre de 1928, en la estructura de una estación que había empezado a construirse en el año 1923, “constituyendo un claro instrumento de desarrollo”. Allí se izó la enseña patria y se entonaron las estrofas del Himno Nacional, recuerdan los archivos.

Útil para el transporte ferroviario de alfalfa, semillas de alfalfa, forraje, frutas, legumbres, vino y papas, su predio contaba con una superficie cubierta de galpones de 128 m2, en un terreno que fue comprado por todo el vecindario a Vicente Pagliaccio y donado a la Empresa del Ferrocarril.

Publicado en suplemento 100 Aniversario de la localidad rionegrina de Mainqué en el Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/retazos-de-historia-para-volver-al-pasado-en-mainque/