
Sonriente y de manos curtidas, Tauscheck posó junto al fotógrafo, en la puerta de su cabaña. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Tauscheck, el baqueano checo que apostó al cultivo en el
Nahuel Huapi.
Considerado el primer granjero de origen europeo que se
instaló con su familia en la zona, sirvió como guía para la Comisión de Límites
y para el arribo de otros colonos, inclusive del fundador de la zona urbana,
Carlos Wiederhold. Su final fue trágico, pero su legado habla del empuje y el
apoyo mutuo de aquellos nuevos pobladores, entre cabañas de madera, animales,
huerta y el arrullo del lago.
Por Melina Ortiz Campos.
Abundan en el archivo regional las referencias a
determinados apellidos inmigrantes y pioneros en la cordillera rionegrina, pero
poco se dice sobre él, salvo algunas menciones. Entre ellas, Francisco N.
Juárez fue el exhaustivo investigador, colaborador de este diario, que sí
profundizó en la vida de José. Tauscheck de apellido, granjero inmigrante en la
costa sudeste del lago Nahuel Huapi, su experiencia y predisposición le
valieron un perfil compatible con el rol criollo del “baqueano”, recordado por
haber orientado a la Comisión de Límites y a otros a visitantes para instalarse
en el paraíso al que con el tiempo se lo conoció como “San Carlos” y que hoy
para el mundo es inconfundible: “Bariloche”.
Corría la década de 1890 y años más, años menos, por ese
tiempo las reconstrucciones lo ubican entre los que se animaron a sumarse a
otros lugareños nativos indígenas que los precedieron, para vivir, cultivar su
alimento y cuidar a sus animales en un territorio que muchos exploraron, ya
desde el 1600, pero en el que varios no pudieron sobrevivir.
Allí Juárez lo ubicó como el responsable de mantener la
mayor parte de 15 hectáreas con papas y hortalizas, en una incipiente población
agrícola que llegó a calcularse en 500 habitantes, abastecidos por los
productos sembrados en un total de 150 hectáreas ubicadas en la margen sur del
espejo de agua, con sembrados de trigo, avena y también cebada.
Fines del 1800: recuerdo de la visita del antropólogo Leo Wherli al lote pastoril de Tauscheck, en el Nahuel Huapi. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
La exportación que Tauscheck sostenía hasta el lago Llanquihue, ubicado al oeste en línea recta del lado chileno, cerca de Puerto Montt, es uno de tantos ejemplos del fluido comercio que se realizaba por aquel entonces con el vecino país, del que se traían, a su vez, manufacturas, vinos y conservas. Y desde ese mismo lugar provenían, los colonos trasandinos o europeos que empezaron a poblar la zona en 1895 y “Valle Nuevo” (El Bolsón), desde 1897, según indicó Cesar Vapnarsky en su libro “Pueblos del Norte de la Patagonia”.
“Labriego y hacendado, explorador incesante de la cordillera
y cabeza de una familia tenaz”, lo describió Juárez, el protagonista de esta
nota había venido a Sudamérica en 1856 desde Hutzina, en la Bohemia checa,
cerca de Praga, y después de vivir con sus padres y hermanos “al pie del volcán
Osorno”, cruzó la cordillera con su propia familia, para quedarse en varias
leguas de tierra argentina.
El Nahuel Huapi le resultaba conocido, por viajes previos
que había realizado, en los que, asegura el escritor, se le atribuyó
participación en el descubrimiento del paso Puyehue (1890). Así que con esa
sabiduría acumulada, buscó su propio terruño en la costa del lago patagónico.
“Fue el primer colono espontáneo que lo hizo con la familia en pleno. Era
todavía joven, tenía 47 años, y su esposa 43 (Carolina Gerstmann Hahn)”,
recordó Juárez.
Su vivienda, ilustrada en las fotos que acompañan esta nota,
de madera con techo rústico y que compartieron con su suegra, Beatriz Hahn de
Gertsmann, quedó cerca de un arroyito que iba hasta el lago, rodeada por el
terreno que delimitó hasta “una planicie donde estableció el vergel de su
quinta”.
Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Como lo dejan ver en la foto sus manos curtidas, allí crió
animales de corral, gallinas ponedoras y hasta cerdos. Y allí lo encontró el
perito Francisco P. Moreno el 8 de marzo de 1896, durante la campaña de
Reconocimiento de la Región Andina, según recordó en sus “Apuntes
Preliminares”.
En esta nueva etapa, el cultivo y los productos pastoriles
[de Tauscheck] tenían ya “fama entre los colonos alemanes de Llanquihue” y
fueron otros visitantes, el ingeniero Emilio Frey y el ayudante C. G. Lermann,
los que recibieron su ayuda en la labor de establecer los límites en la
geografía, además de las cabalgaduras necesarias. En sus relatos, ellos le
elogiaron además, el entorno que cuidaba y que crecía “entre árboles manzanos y
maitenes sobre la ribera de un pequeño arroyito con el cual podía regar su
huerta y su magnífico jardín de flores”.
Según el Archivo de la Navegación en el Nahuel Huapi, grupo
de recopilación y datos disponible en Facebook, Tauscheck “fue uno de los
primeros en tener embarcación a vela y bote a remo”. Y en su campamento albergaba
una modesta parte de las tropas destacadas en la cordillera para controlar la
región andina de Neuquén y Río Negro.
A pesar de todo este horizonte prometedor, la vida
compartida allí duró menos de una década. “El 12 de enero de 1900, el checo
pionero con familia y granja murió ahogado en aguas del río Limay, mientras
balseaba elementos del destacamento militar de caballería”, explicó Juárez. El
accidente ocurrió a media mañana, a eso de las 10, y fue su hijo Guillermo
quien tuvo que brindar los datos para el acta de defunción.
Pese a los servicios prestados y a que la cartografía de
antaño también mostraba su nombre en dos topónimos (un arroyo, actualmente el
arroyo Bravo, Bzo Blest; y un pequeño lago, uno de los Anasagasti, fondo del
Bzo.Tristeza, según los escritos de J. M. Biedma), el Poder Ejecutivo respondió
al pedido de su viuda con un decreto adverso, que firmaron el presidente Roca y
su ministro de agricultura Ezequiel Ramos Mejía.
Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Tampoco sirvieron las referencias suyas que dio el propio
Carlos Wiederhold, considerado el fundador de la ciudad, quien aseguró haber
contado con la recomendación de José para instalarse donde lo hizo y para
registrar las bondades que presentaba la región, explorando juntos el futuro
camino del paso Pérez Rosales.
El dato central respecto a la propiedad de ese espacio
radica en que no era un sitio fiscal, sino que había sido asignado al general
Liborio Bernal, integrante de las campañas militares y luego nada menos que
gobernador del Territorio Nacional de Río Negro entre 1894 y 1897.
Frente a esta respuesta, Carolina, la viuda de José buscó
mejores horizontes en Ñorquinco y su hijo Guillermo terminó formando familia
con una descendiente de los pioneros Hube, de El Bolsón. 126 años después, hoy
las fotos y el recuerdo del rostro de José descansan en el repositorio digital
de la ETH-Zürich, una biblioteca que atesora las imágenes que tomó el
antropólogo Leo Wherli justamente en su estadía en la casa de Tauscheck a fines
del 1800, otro de tantos que recibieron allí su hospitalidad y experiencia.
Federico Silin, titular del Archivo Visual Patagónico, fue quien permitió el
acceso de este medio para poder compartirlas en este rescate.
Publicado en RURAL del Diario Río Negro.
Domingo 12 de abril del 2026.


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