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| Gentileza: Nora Battaglia. |
Meditación sobre la ´Patria Crucificada´
Por Argentino de la Cruz.
Enseñaba sabiamente el Padre Leonardo Castellani traduciendo
a Paul Verlaine en su Canción del amor patrio que:
“Amar a la Patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios
y si es crucificado y verdadero
ya son un sólo amor, ya no son dos.
Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios”.
Son palabras muy profundas para solamente citar. Por lo que humildemente trataremos de meditar en el marco del reciente Viernes Santo.
MIMESIS.
La patria padece hace décadas -algunos dirán más tiempo- una
larga hora oscura, donde su cuerpo y su alma se encuentran abatidos por dolores
de muerte. Asolada por tentaciones, llora por sus hijos entregados a la
Rebelión de la Nada, al decir del recordado historiador Enrique Díaz Araujo.
Vendida por treinta monedas, abandonada por los suyos,
dejada en manos de lobos rapaces, hicieron con ella lo que quisieron. Fue
maniatada, injuriada, escupida, golpeada, acusada, calumniada y enjuiciada
injustamente, condenada por guías ciegos que manipularon y confundieron a las
turbas que prefieren la vida cómoda a la heroica, el goce terreno e instantáneo
a la conquista de la celestial gloria.
Parece un despojo la patria crucificada: agobiada de
dolores, se encuentra desfigurada, flagelada, descarnizada, despedazandose en
una larga agonía desolada.
¿Habrá una mimesis entre esta patria doliente y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo? Dios quiera que así sea. Y por ello escribimos estas líneas, pues allí radica nuestra esperanza: no hay Domingo de Resurección sin Viernes de Pasión.
LUCHA ESPIRITUAL .
Los argentinos que trabajamos día tras día para conocer,
amar y defender la patria la contemplamos crucificada sin correr la cara. Nos
acompaña un corazón contrito. Pues por un lado, su dolor nos lastima, nos
hiere, nos conmueve. Pero al mismo tiempo nos conduce a permanecer firmes al
pie de la cruz, por compasión y porque somos conscientes de que su pasión es la
nuestra. Y por medio de ella se están pagando los innumerables delitos y
pecados arrastrados de generación en generación -muchos de los cuales claman al
cielo- que hemos cometido como nación y que contrarían la ley de Dios y orden
natural.
Aquí aparece un llamado de atención del cual no podemos ser
indiferentes. Se está librando en cada alma, personal, grupal y comunitaria,
una lucha espiritual por el ser o no ser de la patria. Y en esta encrucijada
vista con ojos teológicos, comprendemos que el dolor es medio para la redención.
Porque desde lo alto de su patíbulo, la patria crucificada manifiesta en sus
llagas que el tiempo es propicio para la conversión y la penitencia, para la
lucha contra vicios y bajezas, para crecer en humildad y llorar abrazados a
ella, para limpiar la ignominia unidos a sus padecimientos, para replantearnos
dar comienzo de una vez por todas a una vida virtuosa aprendiendo de la vida
coherente de los referentes que la historia nos regala como modelos de vida.
Por eso afinamos que la patria solamente se comprende y ama en cruz, pues de esa manera, nos está brindando la mayor prueba de amor posible en tanto y en cuanto: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos” (Jn. XV; 13). Pues como dijo Santo Tomás de Aquino: “El amor se pone a prueba en la dificultad.”
BAJO LA CRUZ DE CRISTO.
Como católicos afirmamos que sólo en la Pasión de Cristo,
los dolores patrios cobran su pleno sentido. Y se nos da un programa de vida
para no bajar los brazos, porque a partir de la Cruz descubrimos que no estamos
solos: Tenemos un Dios que nos ama y ha dado la vida por nosotros. Una Madre
con cuya omnipotencia suplicante, vela permanente por nosotros.
Y al mismo tiempo, héroes y santos que han trazado la vida
de nuestro pueblo en forma de cruz -siguiendo la didáctica marechaliana-
brindado generosamente su vida por Dios, la Familia y la Patria (valores
superiores de nuestro ser nacional) y lo hicieron como sacrificio unido a la
Pasión Redentora de Jesús. Y ello es una noticia que nos da una fortaleza
invencible de saber que cada pequeña acción realizada en servicio del bien
común completo ordenada hacia la gloria de Dios -según Chesterton- hablan del
lenguaje de la eternidad.
Solo en la Cruz de Cristo, entonces, que es vera escuela de
amor, nuestra vida, historia, tradición, identidad, cosmovisión, patria, encuentran
sentido pleno, perdón, reconciliación y amor sin medidas.
Preguntémosle sobre ello a nuestros héroes de la Gesta del Atlántico Sur de 1982. Sirva a modo de ejemplo este fragmento que dejó escrito en su testamento post mortem el teniente Roberto Néstor Estévez, héroe de Malvinas del Regimiento de Infantería 25, a su padre: “Restauren una sincera unidad de la familia bajo la Cruz de Cristo”. He aquí nuestra misión.
GRATITUD.
Por ello, invitamos a pensar para obrar. Y a dar un salto de
fe. Pedir este don. No esquivarlo. Para no avergonzarnos de vivir y crecer en
una Patria Crucificada. Es más, personalmente me atrevo a dar gracias a Dios
por ello. Porque si no fuera así, no habría posibilidad de examen de
conciencia, de arrepentimiento, de perdón, de conversión, ni de redención
alguna.
Queda en nosotros pedir y merecer los frutos de esa gracia
infinita obtenida con la precisiosima sangre de Cristo en el calvario un
Viernes Santo, sacrificio renovado en cada Santa Misa.
Y librar el Buen Combate hasta el último instante de
nuestras vidas, porque como enseñaba San Agustín de Hipona: “Quien te hizo sin
ti, no te salvará sin ti”. Debemos poner nuestra parte.
Orar y laborar. Cada uno en su lugar. Como ser social, como
familias, como cuerpos intermedios, como estado. Porque dónde hay orden habrá
justicia y dónde haya justicia se alcanzará la paz. Ánimo porque “cuando todo
parece perdido a menudo surge la esperanza” dejó escrito J.R.R. Tolkien. Y el
eco de un pasado cargado de girones de gloria compartida nos convoca.
Pidamos, pues, a Nuestra Señora de los Dolores, Corredentora y Mediadora de todas las Gracias, que cobije con su manto azul celeste y blanco a nuestra Patria y nos dé la fortaleza de ser fieles servidores que no teman ir contracorriente, dando testimonio de la Verdad Crucificada y Resucitada en cada palabra y gesto cotidiano, por más pequeño que sea, mientras aguardamos la Venida en Gloria y Majestad de Jesucristo Rey quien juzgará a vivos y muertos y todas las naciones (sobre lo cual tiempo y ruego que nuestros héroes y santos intercedan por nosotros y por nuestros innumerables pecados). Para premiar a cada uno según su fe y sus obras, nos resucitará en el último día y su Reino no tendrá fin.
Publicado en Diario LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/Meditacion-sobre-la-Patria-Crucificada-570683.note.aspx

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