CONRADO VAROTTO: DEL CONOCIMIENTO A LA TECNOLOGÍA ARGENTINA.
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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).
“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
jueves, septiembre 10, 2026
Conrado Varotto doctor honoris causa en un acto realizado en nuestro Instituto Balseiro
miércoles, septiembre 02, 2026
El 1° de septiembre de 1976 nació INVAP, a partir de un convenio entre la CNEA y el Gobierno de Río Negro.
martes, septiembre 01, 2026
Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971 con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche.
INVAP 50 AÑOS EN BARILOCHE.
INVAP cumple 50 años: la empresa rionegrina que convirtió conocimiento en tecnología para el mundo.
Los “chicos” que empezaron a imaginar INVAP: de una idea en
Bariloche a una empresa tecnológica.
Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971
con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche. La idea era sencilla y
ambiciosa: usar el conocimiento científico para “hacer cosas que sirvan”. Cinco
años después nació INVAP.
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| Conrado Varotto impulsó el grupo que dio origen a INVAP y fue su primer gerente general. Gentileza INVAP. |
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| Conrado Varotto, durante los primeros años de la historia de INVAP en Bariloche. Archivo Diario Río Negro. |
A comienzos de los años 70, un grupo de jóvenes del Centro
Atómico Bariloche empezó a hacerse una pregunta que terminaría teniendo
consecuencias mucho mayores de las que entonces podían imaginar: qué podían
hacer con todo lo que sabían.
Conrado Varotto, doctor en Física y egresado del Instituto
Balseiro, todavía no tenía 30 años cuando ensayó una respuesta sencilla y, al
mismo tiempo, ambiciosa: “hagamos cosas que sirvan”.
Medio siglo después, uno de los fundadores y primer gerente general
de INVAP vuelve sobre aquellos años para reconstruir cómo una inquietud surgida
entre jóvenes científicos comenzó a transformarse en una empresa tecnológica.
El regreso de Stanford y una pregunta en Bariloche.
Era 1971 y Varotto acababa de regresar de Stanford, Estados Unidos, donde había conocido una relación entre ciencia, formación académica y actividad productiva diferente de la que encontraba en Argentina. “Cuando volví traté de amoldar esas ideas que tenía, teniendo en cuenta lo que había visto, pero acorde a las circunstancias de la Argentina”, recuerda.
Un “grupo de chicos” del Centro Atómico Bariloche se
entusiasmó con la propuesta. La cuestión era cómo aprovechar el conocimiento
científico que habían adquirido para desarrollar tecnología y resolver
problemas concretos.
De esa inquietud nació el Programa de Investigación Aplicada (PIA). “Empezamos a interactuar con empresas aplicando los conocimientos que teníamos”, explica Varotto.
Los proyectos comenzaron a crecer y con ellos apareció un
problema nuevo. Para avanzar necesitaban una estructura que permitiera trabajar
con dinámica empresarial, pero que al mismo tiempo protegiera la continuidad
del proyecto frente a los cambios políticos.
La búsqueda de una forma para aquella idea.
“Argentina es un país pendular”, resume Varotto al explicar
uno de los dilemas que enfrentaron. Una empresa privada convencional podía
poner en riesgo un proyecto que utilizaba conocimiento, infraestructura y
recursos humanos que habían sido desarrollados por el Estado. Había que
encontrar otro modelo.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) resultó
fundamental en ese proceso. Varotto destaca especialmente el papel de Carlos Castro Madero, quien asumió la presidencia de la Comisión en 1976 y respaldó la
iniciativa. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que
yo”, afirma.
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| Conrado Varotto durante su etapa al frente de la actividad espacial argentina, que impulsó el desarrollo de satélites y nuevas capacidades tecnológicas. Gentileza. |
Río Negro aportó la otra pieza decisiva. La provincia
participó en la búsqueda de una figura jurídica hasta encontrar en la Ley de
Sociedades del Estado la herramienta que permitiría constituir la empresa. Así,
aquella inquietud que había comenzado entre científicos en Bariloche encontró
en hace 50 años una estructura empresarial desde la cual crecer.
El vínculo con Río Negro que atravesó los gobiernos.
Para Varotto, una de las claves de esa construcción fue la
continuidad que consiguió el proyecto a pesar de los cambios políticos que
atravesaron el país y la provincia durante las décadas siguientes.
El vínculo con Río Negro logró mantenerse más allá de las
distintas administraciones. “Pasaron gobiernos de todos los colores y, sin
embargo, siempre respetó la forma de ser de INVAP”, destaca.
Conrado Varotto, junto a José Kenny, agregado científico de la Embajada de Italia; Lino Barañao, secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Mario Varotto; y Héctor Otheguy, gerente general de INVAP, durante la entrega de la Distinción Investigador de la Nación 2018.
La estructura elegida en aquellos primeros años permitió
combinar una característica poco habitual: una empresa perteneciente al Estado
provincial con capacidad para desarrollar proyectos tecnológicos, buscar
clientes y competir en mercados nacionales e internacionales.
“Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún
lado”.
Varotto se resiste a contar el nacimiento de INVAP como la
historia de una sola persona. “Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas
a ningún lado”, sostiene. Una idea, explica, necesita un grupo dispuesto a
convertirla en algo propio. “Fue una casualidad que yo fuera el que sacó la
banderita, nada más”, dice al recordar su papel en aquellos comienzos.
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| Conrado Varotto durante su infancia, mucho antes de convertirse en una de las figuras centrales del desarrollo científico y tecnológico argentino. Gentileza. |
Esa concepción colectiva terminó formando parte de una
cultura de trabajo que, según describe, cada generación transmitió a la
siguiente sin necesidad de establecerla formalmente. “No es que hay algo
escrito que diga: ‘Nosotros vamos a seguir estos principios’. Es cultural y se
va transmitiendo de unos a otros”, explica.
Las crisis y quienes tomaron la posta.
La historia que comenzó en los años 70 estuvo lejos de
avanzar en línea recta. INVAP atravesó crisis económicas, cambios políticos y
momentos en los que su continuidad enfrentó enormes dificultades.
Al recordar esas etapas, Varotto destaca especialmente a
“Cacho” Otheguy, quien lo sucedió y tuvo que conducir la empresa durante
algunos de sus períodos más complejos. “Yo personalmente no hubiera podido
afrontar lo que afrontó Cacho”, reconoce.
La frase vuelve sobre una idea que atraviesa su relato:
INVAP pudo continuar porque las nuevas generaciones fueron tomando
responsabilidades y sosteniendo una cultura construida colectivamente.
“Nos veo en Marte y en el más allá”.
Cuando piensa en los próximos 50 años, Varotto recupera la
misma lógica de los comienzos: imaginar primero, incluso cuando todavía no se
sabe exactamente cómo alcanzar el objetivo. “Nos veo en Marte y en el más
allá”, dice. Y enseguida amplía la idea: “¿Qué será? No lo sé. No hay límite”.
Cuando INVAP cumplió 30 años, Varotto había resumido su
trayectoria con una frase: “30 años y un sueño mirando para atrás”.
Dos décadas después, el fundador cambia la dirección de esa
mirada. “Ahora yo diría: 50 años y un sueño mirando al futuro”.
Es otra manera de regresar a aquella pregunta que un grupo
de “chicos” empezó a hacerse en Bariloche a comienzos de los años 70: qué
podían hacer con lo que sabían.
Suplemento INVAP 50 AÑOS Diario Río Negro.
1º de septiembre del 2026.
https://www.rionegro.com.ar/sociedad/los-chicos-que-empezaron-a-imaginar-invap-de-una-idea-en-bariloche-a-una-empresa-tecnologica/
lunes, agosto 31, 2026
INVAP, CINCUENTA AÑOS.
INVAP, CINCUENTA AÑOS.
domingo, mayo 24, 2026
22 de mayo de 1951 se creó la Planta Nacional de la Energía Atómica de Bariloche.
ANIVERSARIO DEL CENTRO ATÓMICO BARILOCHE.
domingo, mayo 03, 2026
3 de marzo de 1902: Julio Argentino Roca se fundaba la ciudad de San Carlos de Bariloche.
La Ciudad de San Carlos de Bariloche es cabecera del departamento de Bariloche y la más poblada de la provincia de Río Negro. Y es una de las Ciudades argentinas más importantes de la Patagonia con una gran diversidad.
El 3 de mayo de 1902, en las costas del lago Nahuel Huapi por medio de un decreto del poder Ejecutivo Nacional en manos de Julio Argentino Roca se fundaba la ciudad de San Carlos de Bariloche.
San Carlos de Bariloche fue fundada el 3 de marzo de 1902.
Debe su denominación al nombre de pila del propietario que estableció el primer comercio de la zona, Carlos Wierderhold, y a la deformación del vocablo indígena vuriloche (o furilu - che), que viene del araucano y era el modo en que los araucanos chilenos designaban a los aborígenes de aquende los Andes (“gente del otro lado”).
Bariloche es además uno de los polos científicos y
tecnológicos más importantes de América, encontrándose INVAP, empresa
provincial de alta tecnología que diseña y construye reactores nucleares, generadores eólicos, radares y satélites, entre otros y el Institito Balseiro.
En 2022, INVAP empleaba directamente a unas 1600
personas.[4] Es la única empresa en Latinoamérica certificada por la NASA para
realizar sistemas satelitales completos, desde su diseño y construcción hasta
su operación (exceptuando el lanzamiento).
lunes, abril 27, 2026
La reina Máxima diserta en el poderoso Foro Llao Llao.
domingo, abril 12, 2026
Tauscheck, el baqueano checo que apostó al cultivo en el Nahuel Huapi.

Sonriente y de manos curtidas, Tauscheck posó junto al fotógrafo, en la puerta de su cabaña. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Tauscheck, el baqueano checo que apostó al cultivo en el
Nahuel Huapi.
Considerado el primer granjero de origen europeo que se
instaló con su familia en la zona, sirvió como guía para la Comisión de Límites
y para el arribo de otros colonos, inclusive del fundador de la zona urbana,
Carlos Wiederhold. Su final fue trágico, pero su legado habla del empuje y el
apoyo mutuo de aquellos nuevos pobladores, entre cabañas de madera, animales,
huerta y el arrullo del lago.
Por Melina Ortiz Campos.
Abundan en el archivo regional las referencias a
determinados apellidos inmigrantes y pioneros en la cordillera rionegrina, pero
poco se dice sobre él, salvo algunas menciones. Entre ellas, Francisco N.
Juárez fue el exhaustivo investigador, colaborador de este diario, que sí
profundizó en la vida de José. Tauscheck de apellido, granjero inmigrante en la
costa sudeste del lago Nahuel Huapi, su experiencia y predisposición le
valieron un perfil compatible con el rol criollo del “baqueano”, recordado por
haber orientado a la Comisión de Límites y a otros a visitantes para instalarse
en el paraíso al que con el tiempo se lo conoció como “San Carlos” y que hoy
para el mundo es inconfundible: “Bariloche”.
Corría la década de 1890 y años más, años menos, por ese
tiempo las reconstrucciones lo ubican entre los que se animaron a sumarse a
otros lugareños nativos indígenas que los precedieron, para vivir, cultivar su
alimento y cuidar a sus animales en un territorio que muchos exploraron, ya
desde el 1600, pero en el que varios no pudieron sobrevivir.
Allí Juárez lo ubicó como el responsable de mantener la
mayor parte de 15 hectáreas con papas y hortalizas, en una incipiente población
agrícola que llegó a calcularse en 500 habitantes, abastecidos por los
productos sembrados en un total de 150 hectáreas ubicadas en la margen sur del
espejo de agua, con sembrados de trigo, avena y también cebada.
Fines del 1800: recuerdo de la visita del antropólogo Leo Wherli al lote pastoril de Tauscheck, en el Nahuel Huapi. Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
La exportación que Tauscheck sostenía hasta el lago Llanquihue, ubicado al oeste en línea recta del lado chileno, cerca de Puerto Montt, es uno de tantos ejemplos del fluido comercio que se realizaba por aquel entonces con el vecino país, del que se traían, a su vez, manufacturas, vinos y conservas. Y desde ese mismo lugar provenían, los colonos trasandinos o europeos que empezaron a poblar la zona en 1895 y “Valle Nuevo” (El Bolsón), desde 1897, según indicó Cesar Vapnarsky en su libro “Pueblos del Norte de la Patagonia”.
“Labriego y hacendado, explorador incesante de la cordillera
y cabeza de una familia tenaz”, lo describió Juárez, el protagonista de esta
nota había venido a Sudamérica en 1856 desde Hutzina, en la Bohemia checa,
cerca de Praga, y después de vivir con sus padres y hermanos “al pie del volcán
Osorno”, cruzó la cordillera con su propia familia, para quedarse en varias
leguas de tierra argentina.
El Nahuel Huapi le resultaba conocido, por viajes previos
que había realizado, en los que, asegura el escritor, se le atribuyó
participación en el descubrimiento del paso Puyehue (1890). Así que con esa
sabiduría acumulada, buscó su propio terruño en la costa del lago patagónico.
“Fue el primer colono espontáneo que lo hizo con la familia en pleno. Era
todavía joven, tenía 47 años, y su esposa 43 (Carolina Gerstmann Hahn)”,
recordó Juárez.
Su vivienda, ilustrada en las fotos que acompañan esta nota,
de madera con techo rústico y que compartieron con su suegra, Beatriz Hahn de
Gertsmann, quedó cerca de un arroyito que iba hasta el lago, rodeada por el
terreno que delimitó hasta “una planicie donde estableció el vergel de su
quinta”.
Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Como lo dejan ver en la foto sus manos curtidas, allí crió
animales de corral, gallinas ponedoras y hasta cerdos. Y allí lo encontró el
perito Francisco P. Moreno el 8 de marzo de 1896, durante la campaña de
Reconocimiento de la Región Andina, según recordó en sus “Apuntes
Preliminares”.
En esta nueva etapa, el cultivo y los productos pastoriles
[de Tauscheck] tenían ya “fama entre los colonos alemanes de Llanquihue” y
fueron otros visitantes, el ingeniero Emilio Frey y el ayudante C. G. Lermann,
los que recibieron su ayuda en la labor de establecer los límites en la
geografía, además de las cabalgaduras necesarias. En sus relatos, ellos le
elogiaron además, el entorno que cuidaba y que crecía “entre árboles manzanos y
maitenes sobre la ribera de un pequeño arroyito con el cual podía regar su
huerta y su magnífico jardín de flores”.
Según el Archivo de la Navegación en el Nahuel Huapi, grupo
de recopilación y datos disponible en Facebook, Tauscheck “fue uno de los
primeros en tener embarcación a vela y bote a remo”. Y en su campamento albergaba
una modesta parte de las tropas destacadas en la cordillera para controlar la
región andina de Neuquén y Río Negro.
A pesar de todo este horizonte prometedor, la vida
compartida allí duró menos de una década. “El 12 de enero de 1900, el checo
pionero con familia y granja murió ahogado en aguas del río Limay, mientras
balseaba elementos del destacamento militar de caballería”, explicó Juárez. El
accidente ocurrió a media mañana, a eso de las 10, y fue su hijo Guillermo
quien tuvo que brindar los datos para el acta de defunción.
Pese a los servicios prestados y a que la cartografía de
antaño también mostraba su nombre en dos topónimos (un arroyo, actualmente el
arroyo Bravo, Bzo Blest; y un pequeño lago, uno de los Anasagasti, fondo del
Bzo.Tristeza, según los escritos de J. M. Biedma), el Poder Ejecutivo respondió
al pedido de su viuda con un decreto adverso, que firmaron el presidente Roca y
su ministro de agricultura Ezequiel Ramos Mejía.
Foto: Leo Wehrli-Frey | Biblioteca ETH-Zürich.
Tampoco sirvieron las referencias suyas que dio el propio
Carlos Wiederhold, considerado el fundador de la ciudad, quien aseguró haber
contado con la recomendación de José para instalarse donde lo hizo y para
registrar las bondades que presentaba la región, explorando juntos el futuro
camino del paso Pérez Rosales.
El dato central respecto a la propiedad de ese espacio
radica en que no era un sitio fiscal, sino que había sido asignado al general
Liborio Bernal, integrante de las campañas militares y luego nada menos que
gobernador del Territorio Nacional de Río Negro entre 1894 y 1897.
Frente a esta respuesta, Carolina, la viuda de José buscó
mejores horizontes en Ñorquinco y su hijo Guillermo terminó formando familia
con una descendiente de los pioneros Hube, de El Bolsón. 126 años después, hoy
las fotos y el recuerdo del rostro de José descansan en el repositorio digital
de la ETH-Zürich, una biblioteca que atesora las imágenes que tomó el
antropólogo Leo Wherli justamente en su estadía en la casa de Tauscheck a fines
del 1800, otro de tantos que recibieron allí su hospitalidad y experiencia.
Federico Silin, titular del Archivo Visual Patagónico, fue quien permitió el
acceso de este medio para poder compartirlas en este rescate.
Publicado en RURAL del Diario Río Negro.
Domingo 12 de abril del 2026.
viernes, febrero 06, 2026
06/02/1914: Arriba a Neuquén Capital el ingeniero y geólogo norteamericano Bailey Willis.
06/02/1914
lunes, diciembre 29, 2025
Efectos del cientificidio: advierten que “está en riesgo la continuidad” del Instituto Balseiro.
Efectos del cientificidio: advierten que “está en riesgo la continuidad” del Instituto Balseiro.
Profesores e investigadores de la institución alertaron que la “pérdida acelerada de docentes experimentados” por el “creciente deterioro salarial––que hoy alcanza niveles pocas veces vistos en su historia–– está llevando a la posible desaparición de una institución reconocida internacionalmente que tanto ha entregado a la Argentina a lo largo de 70 años”.
El impacto del ataque a la ciencia por parte del gobierno de Javier Milei tiene implicancias en el presente y a futuro. Si la situación no se revierte, podría tener consecuencias tan drásticas como la desaparición del prestigioso Instituto Balseiro, que lleva siete décadas especializando físicos e ingenieros de la región.
Profesores e investigadores de la institución alertaron que la “pérdida acelerada de docentes experimentados” por el “creciente deterioro salarial––que hoy alcanza niveles pocas veces vistos en su historia–– está llevando a la posible desaparición de una institución reconocida internacionalmente que tanto ha entregado a la Argentina a lo largo de 70 años”.
Así lo expresaron quienes integran el Colegio de Profesores Permanentes del Instituto Balseiro en una carta dirigida –a principios de mes- a la Asociación Física Argentina. La enviaron con el objetivo de visibilizar “las serias dificultades que están afectando la reconocida capacidad” del emblemático instituto ubicado en Bariloche.
En su mensaje destacaron “la necesidad de medidas urgentes que permitan revertir esta situación”.
Un circuito que se resquebraja
El Instituto Balseiro fue creado durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, en abril de 1955, en un gran predio de 46 hectáreas, a 9,5 kilómetros de la ciudad de San Carlos de Bariloche, sobre la ruta E. Bustillo que conecta a la ciudad con Llao Llao. Nació sobre la base de un convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), refrendado por el Gobierno Nacional.
En la actualidad se dictan allí cuatro carreras de grado: Licenciatura en Física, Ingeniería Nuclear, Ingeniería Mecánica e Ingeniería en Telecomunicaciones. En cuanto a los posgrados, la oferta es amplia: Carrera de Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear (CEATEN), Especialización en Física Médica Clínica, Maestría en Física, Maestría en Física Médica, Maestría en Ingeniería, Doctorado en Física, Doctorado en Ciencias de la Ingeniería, Doctorado en Ingeniería Nuclear y Doctorado en Investigación Interdisciplinaria Vinculada a Salud.
Según resumieron los docentes en su carta “cada año el IB forma aproximadamente 60 egresados de grado, 20 de especializaciones, 30 de maestrías y 20 egresados de doctorados. Una fracción significativa de estudiantes de maestría y doctorado se desempeña en el Instituto como Ayudante de Primera (AP) o Jefe de Trabajos Prácticos (JTP). Este esquema genera un recambio ‘natural’ de docentes: al graduarse, entre 15 y 20 personas por año dejan el IB por razones laborales o vocacionales. Esto representa una pérdida regular que varía entre el 6 y el 8% del plantel de AP y JTP––, la cual ha sido compensada históricamente por la incorporación anual de estudiantes de posgrado”. En problema –cientificidio mediante- es que ese circuito se está resquebrajando.
Atentado al futuro
Históricamente, quienes egresan del Instituto se vuelcan a proyectos nacionales e internacionales en el campo de la ciencia, la tecnología y la industria. Sobre todo, con aportes a las Ciencias Físicas y áreas de la tecnología nuclear, aeroespacial y de las telecomunicaciones. El fuerte de la institución está dado por la experiencia de quienes forman a las y los futuros expertos: quienes enseñan son por lo general a su vez investigadores y/o tecnólogos activos que trabajan en temas de avanzada. En un alto porcentaje, estos docentes se desempeñan en el Centro Atómico Bariloche (CAB) y tienen su cargo principal como personal de la CNEA, del CONICET o la UNCUYO.
La carta advierte que “en el momento actual el IB ha llegado a una situación crítica por la pérdida de docentes altamente capacitados, quienes se ven obligados a buscar otros horizontes, a causa de los muy bajos salarios que reciben como investigadores de la CNEA o del CONICET con lugar de trabajo en el CAB. Las causas identificadas por quienes se han desvinculado incluyen: salarios no competitivos que resultan insuficientes para cubrir alquiler, manutención familiar o servicios básicos; jubilaciones anticipadas motivadas por la incertidumbre respecto de cambios normativos; limitaciones institucionales para extender la actividad docente y restricciones presupuestarias”.
Esto implica que al recambio habitual de docentes –que permitía que la rueda siguiera girando- se suma el éxodo de profesores experimentados que no pueden ser reemplazados por pares de su mismo nivel: “La actual ola de desvinculaciones impacta de manera significativa en profesores con 15 o 25 años de experiencia, lo cual incluye a los adjuntos, asociados y personal cercano a la edad jubilatoria. Las primeras estimaciones disponibles indican que esta pérdida adicional eleva la salida anual total a niveles que se ubican entre el 10 y el 20% del plantel docente”.
Ese éxodo de docentes –sobre el que ya se advertía desde el año pasado- “compromete significativamente la capacidad del IB para sostener la docencia de grado en áreas críticas, la continuidad de líneas de investigación estratégicas, la tutoría de estudiantes de maestría y doctorado y la articulación con proyectos de la CNEA en áreas de alta relevancia y pertinencia tales como medicina nuclear, reactores, neutrónica, materiales, seguridad radiológica y tecnologías avanzadas”.
A esto se suma la disminución del ingreso a los posgrados ––en particular, a los doctorados–– que amenaza la reposición natural de formadores, “lo cual afecta directamente la capacidad académica del IB en las áreas de Ciencias Físicas y de Ingeniería. Paradójicamente muchos de los profesionales que dejan el CAB se suman a empresas y proyectos impulsados por el Gobierno Nacional, en muchos casos sin un compromiso de continuar apoyando las actividades del IB”.
El riesgo es claro: “si no se revierte la tendencia actual es inminente la disminución de la calidad de la enseñanza e incluso peligre la continuidad de las actividades regulares del Instituto, porque se va perdiendo hasta la capacidad de dictar cursos básicos. Además, en el corto y mediano plazo se afectará crucialmente la posición histórica del Instituto como generador de recursos humanos para la CNEA pues, como se sabe, la recuperación de tales capacidades insume décadas”.
Éxodo de científicos
Ante el 70 aniversario del instituto que hoy corree peligro, su exdirector Carlos Balseiro destacó días atrás que “es importante tener estos centros de conocimiento avanzado porque es lo único que nos va a permitir sentarnos en los foros de discusión que definen cuál va a ser el futuro del mundo y de nuestro país en particular”.
“Si no podemos acceder a esos foros simplemente vamos a ser espectadores y alguien va a decidir qué va a ser de nuestro futuro –lamentó- Para poder acceder a esas instancias tenemos que aportar algo. No vamos a poder hacer ciencia de primerísima calidad en todos los frentes del conocimiento, pero en biotecnología la Argentina se destaca, en tecnología nuclear se destaca, en algunas áreas de física también. Esas son las cosas que van a poder ayudarnos –si son bien manejadas- a avanzar hacia un país desarrollado. No existió nunca un país que haya podido desarrollarse, avanzar, sin apoyarse en la creación de conocimiento”.
Lo dijo en diálogo con El Destape Radio, y alertó que “los chicos se reciben y buscan nuevos horizontes y muchos están buscando terminando su formación doctoral en el exterior. Cuando eso pasa, es difícil recuperarlos después. Si uno pierde una generación de gente es un atraso de muchos años para la ciencia de nuestro país”.
Publicado en TIEMPO ARGENTINO.





















