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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, septiembre 01, 2026

Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971 con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche.


INVAP 50 AÑOS EN BARILOCHE.

INVAP cumple 50 años: la empresa rionegrina que convirtió conocimiento en tecnología para el mundo.

"No al colonialismo mental. No hay proyecto que la capacidad argentina, que la materia gris argentina, no pueda encarar".

Los “chicos” que empezaron a imaginar INVAP: de una idea en Bariloche a una empresa tecnológica.

Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971 con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche. La idea era sencilla y ambiciosa: usar el conocimiento científico para “hacer cosas que sirvan”. Cinco años después nació INVAP.

Conrado Varotto impulsó el grupo que dio origen a INVAP y fue su primer gerente general.
Gentileza INVAP.


Conrado Varotto, durante los primeros años de la historia de INVAP en Bariloche.
Archivo Diario Río Negro.

A comienzos de los años 70, un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche empezó a hacerse una pregunta que terminaría teniendo consecuencias mucho mayores de las que entonces podían imaginar: qué podían hacer con todo lo que sabían.

Conrado Varotto, doctor en Física y egresado del Instituto Balseiro, todavía no tenía 30 años cuando ensayó una respuesta sencilla y, al mismo tiempo, ambiciosa: “hagamos cosas que sirvan”.

Medio siglo después, uno de los fundadores y primer gerente general de INVAP vuelve sobre aquellos años para reconstruir cómo una inquietud surgida entre jóvenes científicos comenzó a transformarse en una empresa tecnológica.

El regreso de Stanford y una pregunta en Bariloche.

Era 1971 y Varotto acababa de regresar de Stanford, Estados Unidos, donde había conocido una relación entre ciencia, formación académica y actividad productiva diferente de la que encontraba en Argentina. “Cuando volví traté de amoldar esas ideas que tenía, teniendo en cuenta lo que había visto, pero acorde a las circunstancias de la Argentina”, recuerda.

Un “grupo de chicos” del Centro Atómico Bariloche se entusiasmó con la propuesta. La cuestión era cómo aprovechar el conocimiento científico que habían adquirido para desarrollar tecnología y resolver problemas concretos.

De esa inquietud nació el Programa de Investigación Aplicada (PIA). “Empezamos a interactuar con empresas aplicando los conocimientos que teníamos”, explica Varotto.

Los proyectos comenzaron a crecer y con ellos apareció un problema nuevo. Para avanzar necesitaban una estructura que permitiera trabajar con dinámica empresarial, pero que al mismo tiempo protegiera la continuidad del proyecto frente a los cambios políticos.

La búsqueda de una forma para aquella idea.

“Argentina es un país pendular”, resume Varotto al explicar uno de los dilemas que enfrentaron. Una empresa privada convencional podía poner en riesgo un proyecto que utilizaba conocimiento, infraestructura y recursos humanos que habían sido desarrollados por el Estado. Había que encontrar otro modelo.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) resultó fundamental en ese proceso. Varotto destaca especialmente el papel de , quien asumió la presidencia de la Comisión en 1976 y respaldó la iniciativa. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que yo”, afirma.

Conrado Varotto durante su etapa al frente de la actividad espacial argentina, que impulsó el desarrollo de satélites y nuevas capacidades tecnológicas. Gentileza.

Río Negro aportó la otra pieza decisiva. La provincia participó en la búsqueda de una figura jurídica hasta encontrar en la Ley de Sociedades del Estado la herramienta que permitiría constituir la empresa. Así, aquella inquietud que había comenzado entre científicos en Bariloche encontró en hace 50 años una estructura empresarial desde la cual crecer.

El vínculo con Río Negro que atravesó los gobiernos.

Para Varotto, una de las claves de esa construcción fue la continuidad que consiguió el proyecto a pesar de los cambios políticos que atravesaron el país y la provincia durante las décadas siguientes.

El vínculo con Río Negro logró mantenerse más allá de las distintas administraciones. “Pasaron gobiernos de todos los colores y, sin embargo, siempre respetó la forma de ser de INVAP”, destaca.


Conrado Varotto, junto a José Kenny, agregado científico de la Embajada de Italia; Lino Barañao, secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Mario Varotto; y Héctor Otheguy, gerente general de INVAP, durante la entrega de la Distinción Investigador de la Nación 2018.

La estructura elegida en aquellos primeros años permitió combinar una característica poco habitual: una empresa perteneciente al Estado provincial con capacidad para desarrollar proyectos tecnológicos, buscar clientes y competir en mercados nacionales e internacionales.

“Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”.

Varotto se resiste a contar el nacimiento de INVAP como la historia de una sola persona. “Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”, sostiene. Una idea, explica, necesita un grupo dispuesto a convertirla en algo propio. “Fue una casualidad que yo fuera el que sacó la banderita, nada más”, dice al recordar su papel en aquellos comienzos.

Conrado Varotto durante su infancia, mucho antes de convertirse en una de las figuras centrales del desarrollo científico y tecnológico argentino.
Gentileza.

Esa concepción colectiva terminó formando parte de una cultura de trabajo que, según describe, cada generación transmitió a la siguiente sin necesidad de establecerla formalmente. “No es que hay algo escrito que diga: ‘Nosotros vamos a seguir estos principios’. Es cultural y se va transmitiendo de unos a otros”, explica.

Las crisis y quienes tomaron la posta.

La historia que comenzó en los años 70 estuvo lejos de avanzar en línea recta. INVAP atravesó crisis económicas, cambios políticos y momentos en los que su continuidad enfrentó enormes dificultades.

Al recordar esas etapas, Varotto destaca especialmente a “Cacho” Otheguy, quien lo sucedió y tuvo que conducir la empresa durante algunos de sus períodos más complejos. “Yo personalmente no hubiera podido afrontar lo que afrontó Cacho”, reconoce.

La frase vuelve sobre una idea que atraviesa su relato: INVAP pudo continuar porque las nuevas generaciones fueron tomando responsabilidades y sosteniendo una cultura construida colectivamente.

“Nos veo en Marte y en el más allá”.

Cuando piensa en los próximos 50 años, Varotto recupera la misma lógica de los comienzos: imaginar primero, incluso cuando todavía no se sabe exactamente cómo alcanzar el objetivo. “Nos veo en Marte y en el más allá”, dice. Y enseguida amplía la idea: “¿Qué será? No lo sé. No hay límite”.

Cuando INVAP cumplió 30 años, Varotto había resumido su trayectoria con una frase: “30 años y un sueño mirando para atrás”.

Dos décadas después, el fundador cambia la dirección de esa mirada. “Ahora yo diría: 50 años y un sueño mirando al futuro”.

Es otra manera de regresar a aquella pregunta que un grupo de “chicos” empezó a hacerse en Bariloche a comienzos de los años 70: qué podían hacer con lo que sabían.

Suplemento INVAP 50 AÑOS Diario Río Negro.

1º de septiembre del 2026.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/los-chicos-que-empezaron-a-imaginar-invap-de-una-idea-en-bariloche-a-una-empresa-tecnologica/

 

lunes, agosto 31, 2026

INVAP, CINCUENTA AÑOS.


 INVAP, CINCUENTA AÑOS.

Al cumplirse cincuenta años de su proceso constitutivo, corresponde celebrar la obra entera de INVAP: la aventura intelectual que le dio origen, la voluntad política que la hizo posible y el arco de realizaciones que, desde aquel primer día hasta hoy, la convirtió en la nave insignia de la ciencia aplicada al desarrollo provincial y nacional.
Celebramos medio siglo de un edificio levantado piedra sobre piedra por generaciones de científicos, ingenieros, técnicos y trabajadores que hicieron de la Patagonia rionegrina, a orillas del Nahuel Huapi, el lugar desde el cual la Argentina le habla al mundo en el lenguaje de la tecnología de vanguardia.
La génesis de esa construcción se sitúa en el Centro Atómico Bariloche y lleva el nombre de Conrado Franco Varotto.
Llegado de Italia a los nueve años, se formó íntegramente en el sistema científico público argentino: primero, en Exactas de la UBA y, después, en el Instituto Balseiro, donde se doctoró en física. Completó su preparación con un posdoctorado en Stanford, en el corazón de lo que hoy llamamos Silicon Valley.
Allí vio la sinergia entre una universidad de élite y las empresas tecnológicas que florecían a su alrededor y maduró la convicción que ordenaría su vida: el conocimiento debía tener impacto social.
A su regreso, en octubre de 1970, impulsó en Bariloche el Programa de Investigación Aplicada y, al año siguiente, ante la pregunta de dos jóvenes colegas -Héctor Otheguy y Ricardo Sagarzazu- sobre qué buscaba, respondió con la frase que se convertiría en el lema fundacional de la empresa: “Muchachos, ¡hay que hacer cosas que sirvan!”.
El Programa se creó formalmente en 1972 y se convirtió en el Departamento de Investigaciones Aplicadas, con el respaldo de Hugo Juan Erramuspe y de Oscar Quihillalt, presidente de la CNEA.
Varotto convocó entonces al grupo que puso los cimientos: Otheguy; Eduardo Santos, quien años más tarde presidiría la CNEA; Pablo Tognetti, su «ladero» en los días inaugurales; Tomás Buch, Horacio Osuna, Juan Carlos Fourcade, Daniel Esparza, Daniel Vassallo, Oscar Bressan, Miguel Audero y Roberto Pascual, entre otros. Todos ellos se habían formado en el sistema científico público y cada uno fue un eslabón indispensable de aquella cadena.
Entre 1972 y 1976, el grupo demostró que la investigación aplicada podía responder a demandas reales: desarrolló un acelerador implantador de iones para FATE Electrónica; optimizó los hornos de cinc de la Metalúrgica Austral Argentina; produjo ferritas y relés de microondas para ENTel y electrodos de carbón para ALUAR; y fabricó, para la propia CNEA, detectores semiconductores de una calidad equiparable a la del principal fabricante mundial.
Sobre ese fundamento material se erigió la empresa y esa vocación encontró su correlato en el clima político de la época: el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional asignó un lugar central a la inversión estatal en los sectores estratégicos, y el gobierno de Mario José Franco ejecutó en Río Negro su propio Plan Trienal, articulando proyectos provinciales con organismos nacionales.
La Ley 20705 de Sociedades del Estado, sancionada en agosto de 1974 por impulso del presidente Juan Domingo Perón, se constituyó en la llave que el contador José Pastorelli, a cargo de Personas Jurídicas de la Provincia, encontró para encuadrar a la empresa en la figura jurídica idónea. A ello se sumaron el aporte intelectual de Jorge Sabato, ideólogo de la empresa tecnológica, y el respaldo de Pedro Iraolagoitía al frente de la CNEA.
El 1 de septiembre de 1976 se suscribió el acta constitutiva de la empresa, que nació con un capital de tres millones de pesos y dos objetivos: asistir al plan nuclear de la CNEA y crear fuentes genuinas de trabajo en la provincia.
El estatuto, redactado por Varotto, aseguró la presencia de la CNEA en el directorio, mientras que el convenio celebrado entre la Comisión y la nueva sociedad definió a esta última como “el brazo ejecutor” de aquella.
Su primera sede fuera del Centro Atómico fue una casa de dos plantas ubicada en Elordi 31, Bariloche. Origen modesto de una potencia tecnológica de alcance mundial.
Desde aquella casa hasta nuestros días, INVAP ha levantado un edificio de realizaciones que asombra.
En el área nuclear diseñó, construyó y exportó reactores de investigación y producción de radioisótopos —el RA-6 en Bariloche, el NUR en Argelia, el ETRR-2 en Egipto, el OPAL en Australia, uno de los más avanzados del mundo, el PALLAS en los Países Bajos, el RA-10 y el prototipo CAREM—, mientras que, bajo la conducción del propio Varotto, el dominio del enriquecimiento de uranio en el Complejo Pilcaniyeu se afirmaba como un hito de autonomía tecnológica en la región.
En el sector espacial situó a la Argentina como el único país latinoamericano capaz de fabricar satélites de telecomunicaciones de alta complejidad, con los ARSAT-1 y ARSAT-2, los satélites de observación de la Tierra SAC y la constelación de radares SAOCOM.
A ello se suman los radares que integran el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial; los drones y los sistemas de control para la defensa; los centros de radioterapia y las plantas de radioisótopos instalados en diversos continentes; los aerogeneradores y las turbinas hidrocinéticas.
Cada uno de esos desarrollos exporta valor agregado y materia gris rionegrina, y ratifica el papel estratégico de INVAP en la soberanía tecnológica de la Nación.
Como hijo de esta provincia, celebro este aniversario con el orgullo que sentimos los rionegrinos y las rionegrinas al saber que nuestra tierra acunó y acompañó el sueño de un puñado de jóvenes que se propusieron hacer cosas que sirvan, y con la certeza de que aquel mandato permanece vivo en la principal empresa estatal de nuestra provincia -la más importante del país en materia de desarrollo tecnológico- y se proyecta hacia el medio siglo que viene con la genialidad de una obra maestra, profundamente Argentina.
Con gratitud y en memoria de quienes ya no están…




Autor: Pedro Pesatti.
Imágenes: Facebook de P. Pesatti.

domingo, mayo 24, 2026

22 de mayo de 1951 se creó la Planta Nacional de la Energía Atómica de Bariloche.

 


ANIVERSARIO DEL CENTRO ATÓMICO BARILOCHE.

El 22 de mayo de 1951 se creó la Planta Nacional de la Energía Atómica de Bariloche, que dio origen al actual Centro Atómico Bariloche (CAB) de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Este predio es la cuna de la ingeniería nuclear en Argentina y Latinoamérica, referente en investigación científica, desarrollo tecnológico y la formación de profesionales.
El CAB cuenta con el reactor de investigación RA-6 entre sus principales instalaciones, además de laboratorios de vanguardia en nanotecnología, física médica, química, robótica, materiales y estudios ambientales.
Dentro de este predio se encuentra el Instituto Balseiro, dedicado a la formación en física, ingeniería nuclear, mecánica y telecomunicaciones; y el Centro de Medicina Nuclear INTECNUS, que brinda diagnóstico y tratamiento médico de avanzada.

lunes, diciembre 29, 2025

Efectos del cientificidio: advierten que “está en riesgo la continuidad” del Instituto Balseiro.

 


Efectos del cientificidio: advierten que “está en riesgo la continuidad” del Instituto Balseiro.

Profesores e investigadores de la institución alertaron que la “pérdida acelerada de docentes experimentados” por el “creciente deterioro salarial––que hoy alcanza niveles pocas veces vistos en su historia–– está llevando a la posible desaparición de una institución reconocida internacionalmente que tanto ha entregado a la Argentina a lo largo de 70 años”.

El impacto del ataque a la ciencia por parte del gobierno de Javier Milei tiene implicancias en el presente y a futuro. Si la situación no se revierte, podría tener consecuencias tan drásticas como la desaparición del prestigioso Instituto Balseiro, que lleva siete décadas especializando físicos e ingenieros de la región.

Profesores e investigadores de la institución alertaron que la “pérdida acelerada de docentes experimentados” por el “creciente deterioro salarial––que hoy alcanza niveles pocas veces vistos en su historia–– está llevando a la posible desaparición de una institución reconocida internacionalmente que tanto ha entregado a la Argentina a lo largo de 70 años”.

Así lo expresaron quienes integran el Colegio de Profesores Permanentes del Instituto Balseiro en una carta dirigida –a principios de mes- a la Asociación Física Argentina. La enviaron con el objetivo de visibilizar “las serias dificultades que están afectando la reconocida capacidad” del emblemático instituto ubicado en Bariloche.

En su mensaje destacaron “la necesidad de medidas urgentes que permitan revertir esta situación”.

Un circuito que se resquebraja

El Instituto Balseiro fue creado durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, en abril de 1955, en un gran predio de 46 hectáreas, a 9,5 kilómetros de la ciudad de San Carlos de Bariloche, sobre la ruta E. Bustillo que conecta a la ciudad con Llao Llao. Nació sobre la base de un convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), refrendado por el Gobierno Nacional.

En la actualidad se dictan allí cuatro carreras de grado: Licenciatura en Física, Ingeniería Nuclear, Ingeniería Mecánica e Ingeniería en Telecomunicaciones. En cuanto a los posgrados, la oferta es amplia: Carrera de Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear (CEATEN), Especialización en Física Médica Clínica, Maestría en Física, Maestría en Física Médica, Maestría en Ingeniería, Doctorado en Física, Doctorado en Ciencias de la Ingeniería, Doctorado en Ingeniería Nuclear y Doctorado en Investigación Interdisciplinaria Vinculada a Salud.

Según resumieron los docentes en su carta “cada año el IB forma aproximadamente 60 egresados de grado, 20 de especializaciones, 30 de maestrías y 20 egresados de doctorados. Una fracción significativa de estudiantes de maestría y doctorado se desempeña en el Instituto como Ayudante de Primera (AP) o Jefe de Trabajos Prácticos (JTP). Este esquema genera un recambio ‘natural’ de docentes: al graduarse, entre 15 y 20 personas por año dejan el IB por razones laborales o vocacionales. Esto representa una pérdida regular que varía entre el 6 y el 8% del plantel de AP y JTP––, la cual ha sido compensada históricamente por la incorporación anual de estudiantes de posgrado”. En problema –cientificidio mediante- es que ese circuito se está resquebrajando.

Atentado al futuro

Históricamente, quienes egresan del Instituto se vuelcan a proyectos nacionales e internacionales en el campo de la ciencia, la tecnología y la industria. Sobre todo, con aportes a las Ciencias Físicas y áreas de la tecnología nuclear, aeroespacial y de las telecomunicaciones. El fuerte de la institución está dado por la experiencia de quienes forman a las y los futuros expertos: quienes enseñan son por lo general a su vez investigadores y/o tecnólogos activos que trabajan en temas de avanzada. En un alto porcentaje, estos docentes se desempeñan en el Centro Atómico Bariloche (CAB) y tienen su cargo principal como personal de la CNEA, del CONICET o la UNCUYO.

La carta advierte que “en el momento actual el IB ha llegado a una situación crítica por la pérdida de docentes altamente capacitados, quienes se ven obligados a buscar otros horizontes, a causa de los muy bajos salarios que reciben como investigadores de la CNEA o del CONICET con lugar de trabajo en el CAB. Las causas identificadas por quienes se han desvinculado incluyen: salarios no competitivos que resultan insuficientes para cubrir alquiler, manutención familiar o servicios básicos; jubilaciones anticipadas motivadas por la incertidumbre respecto de cambios normativos; limitaciones institucionales para extender la actividad docente y restricciones presupuestarias”.

Esto implica que al recambio habitual de docentes –que permitía que la rueda siguiera girando- se suma el éxodo de profesores experimentados que no pueden ser reemplazados por pares de su mismo nivel: “La actual ola de desvinculaciones impacta de manera significativa en profesores con 15 o 25 años de experiencia, lo cual incluye a los adjuntos, asociados y personal cercano a la edad jubilatoria. Las primeras estimaciones disponibles indican que esta pérdida adicional eleva la salida anual total a niveles que se ubican entre el 10 y el 20% del plantel docente”.

Ese éxodo de docentes –sobre el que ya se advertía desde el año pasado- “compromete significativamente la capacidad del IB para sostener la docencia de grado en áreas críticas, la continuidad de líneas de investigación estratégicas, la tutoría de estudiantes de maestría y doctorado y la articulación con proyectos de la CNEA en áreas de alta relevancia y pertinencia tales como medicina nuclear, reactores, neutrónica, materiales, seguridad radiológica y tecnologías avanzadas”.

A esto se suma la disminución del ingreso a los posgrados ––en particular, a los doctorados–– que amenaza la reposición natural de formadores, “lo cual afecta directamente la capacidad académica del IB en las áreas de Ciencias Físicas y de Ingeniería. Paradójicamente muchos de los profesionales que dejan el CAB se suman a empresas y proyectos impulsados por el Gobierno Nacional, en muchos casos sin un compromiso de continuar apoyando las actividades del IB”.

El riesgo es claro: “si no se revierte la tendencia actual es inminente la disminución de la calidad de la enseñanza e incluso peligre la continuidad de las actividades regulares del Instituto, porque se va perdiendo hasta la capacidad de dictar cursos básicos. Además, en el corto y mediano plazo se afectará crucialmente la posición histórica del Instituto como generador de recursos humanos para la CNEA pues, como se sabe, la recuperación de tales capacidades insume décadas”.

Éxodo de científicos

Ante el 70 aniversario del instituto que hoy corree peligro, su exdirector Carlos Balseiro destacó días atrás que “es importante tener estos centros de conocimiento avanzado porque es lo único que nos va a permitir sentarnos en los foros de discusión que definen cuál va a ser el futuro del mundo y de nuestro país en particular”.

“Si no podemos acceder a esos foros simplemente vamos a ser espectadores y alguien va a decidir qué va a ser de nuestro futuro –lamentó- Para poder acceder a esas instancias tenemos que aportar algo. No vamos a poder hacer ciencia de primerísima calidad en todos los frentes del conocimiento, pero en biotecnología la Argentina se destaca, en tecnología nuclear se destaca, en algunas áreas de física también. Esas son las cosas que van a poder ayudarnos –si son bien manejadas- a avanzar hacia un país desarrollado. No existió nunca un país que haya podido desarrollarse, avanzar, sin apoyarse en la creación de conocimiento”.

Lo dijo en diálogo con El Destape Radio, y alertó que “los chicos se reciben y buscan nuevos horizontes y muchos están buscando terminando su formación doctoral en el exterior. Cuando eso pasa, es difícil recuperarlos después. Si uno pierde una generación de gente es un atraso de muchos años para la ciencia de nuestro país”.

Publicado en TIEMPO ARGENTINO.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/efectos-del-cientificidio-advierten-que-esta-en-riesgo-la-continuidad-del-instituto-balseiro/

domingo, agosto 31, 2025

De un sueño frustrado a un legado duradero: la historia del Proyecto Huemul.

 


CRÓNICAS DE LA ENERGÍA.

De un sueño frustrado a un legado duradero: la historia del Proyecto Huemul.

Lo que nació como un experimento fallido en la isla Huemul terminó siendo el punto de partida de un camino distinto: el que hizo de Bariloche y Río Negro un referente en ciencia, innovación y tecnología nuclear. Una historia patagónica que muestra cómo incluso de los fracasos pueden surgir legados duraderos.

Una isla verde en medio del Nahuel Huapi, a pasos de Bariloche, fue el escenario donde la Argentina se propuso algo que sonaba a ciencia ficción: reproducir en la Tierra la energía que sostiene al Sol. Corrían fines de los años cuarenta y el mundo recién empezaba a comprender la potencia de la fisión nuclear (partir átomos pesados como el uranio para liberar energía) mientras la fusión (unir núcleos livianos de hidrógeno) aparecía como la promesa mayor: más energía por unidad de combustible, menos residuos, un horizonte casi inagotable. El desafío era monumental: alcanzar temperaturas y presiones extremas y, sobre todo, confinar un plasma que tiende a escaparse de cualquier pared.

En ese clima de expectativas, el físico austríaco Ronald Richter llegó a la Argentina en 1947, convencido de que podía forzar reacciones termonucleares mediante descargas eléctricas de muy alta potencia en gas de deuterio. La idea, audaz, mezclaba intuiciones reales de física de plasmas con una instrumentación todavía débil para medir lo que prometía medir. Convenció a Juan Domingo Perón de que el país podía adelantarse al resto del mundo y lograr el Santo Grial de la energía.

Algunos llegaron a mencionar a Ronald Richter como el «Loco» que engañó al Presidente Juan Domingo Perón.

La elección del lugar fue tan simbólica como práctica: la isla Huemul, a poca distancia de la costa frente a San Carlos de Bariloche, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. El agua alrededor ofrecía aislamiento y seguridad; la cercanía a una ciudad en crecimiento aportaba logística. En la isla se levantaron laboratorios, recintos de hormigón para blindaje, talleres, salas de potencia eléctrica y viviendas para el personal. Para la escala científica de la Argentina de comienzos de los años cincuenta, fue una inversión pública tan ambiciosa como inédita. La señal política era clara: el Estado estaba dispuesto a apostar fuerte por conocimiento estratégico.

Imagen de la Isla Huemul en el Parque Nacional Nahuel Huapi – Bariloche (Foto La Mañana de Cipolletti)

El 24 de marzo de 1951 llegó el anuncio que sacudió al país y repercutió afuera: Perón, en cadena nacional, afirmó que la Argentina había logrado reacciones termonucleares controladas en la isla Huemul. De un día para otro, un país del sur parecía ponerse delante de Estados Unidos y la Unión Soviética en la carrera tecnológica más sensible del momento. Se hablaba de energía abundante para industrializar, de independencia, de un nuevo mapa de desarrollo. La Patagonia, convertida en laboratorio del futuro, se asomaba, al menos en el relato, a una era distinta.

Luego vino la prueba de fuego que ordena a la ciencia: la verificación independiente. Lo que cuenta no es el anuncio, sino lo que puede medirse y repetirse con protocolos claros. Y ahí aparecieron los huecos. Faltaban diagnósticos robustos para detectar neutrones inequívocamente asociados a fusión; no había mediciones confiables de temperaturas que justificaran el fenómeno; las señales reportadas no se reproducían bajo control de terceros; la documentación técnica era incompleta y los procedimientos, poco transparentes. En 1952, una comisión con físicos de primer nivel, como José Antonio Balseiro, Mario Báncora y Teófilo Isnardi entre otros, auditó las instalaciones y los experimentos. Su conclusión fue terminante: no había evidencia de fusión nuclear controlada. El proyecto se clausuró y el prestigio de Richter se desmoronó.

Hasta aquí, la crónica de una promesa que no se cumplió. Pero Huemul no es solo la historia de lo que no fue: es también el punto de partida de lo que sí llegó a ser. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), creada en 1950, se fortaleció con una hoja de ruta más sobria: método científico, ingeniería, control del Estado y validación entre pares antes que discursos. En 1955 nació en Bariloche el Instituto de Física de Bariloche, luego Instituto Balseiro, semillero de físicos e ingenieros nucleares, mecánicos y electrónicos que sostuvieron, durante décadas, la trama de capacidades del país. De ese entramado CNEA-Balseiro surgió el Centro Atómico Bariloche y, tiempo después, INVAP (1976), la empresa rionegrina que colocó a la Patagonia en el mapa global de la tecnología aplicada: reactores de investigación exportados, radares, satélites, misiones complejas que combinan ciencia, industria y soberanía tecnológica. En paralelo, la Argentina diseñó y operó sus propios reactores de investigación y consolidó un parque de generación nuclear comercial (Atucha I, Embalse, Atucha II) con fabricación local de componentes críticos y un capital humano que la distingue.

Restos de lo que alguna vez fue la casa de Ronald Richter en la Isla. (Foto El Cordillerano)

Imágenes del edificio del Reactor Nuclear. (Foto: Diario Río Negro)

(Foto: Diario Río Negro)

Actualmente la vegetación volvió a adueñarse de todo el lugar, irrumpiendo entre los restos del edificio.
(Foto Diario Río Negro)

Huemul dejó, además, un conjunto de lecciones que siguen vigentes. La primera: la política puede y debe fijar la dirección, pero la ciencia manda con datos, reproducibilidad y revisión independiente. La segunda: los proyectos estratégicos necesitan hitos intermedios medibles (diagnósticos de plasma, contajes de neutrones, balances energéticos) antes de prometer el resultado final. La tercera: incluso cuando un objetivo máximo no se alcanza, la inversión en equipamiento, formación y organización crea capacidades que perduran y multiplican valor. La cuarta: transparencia y gobernanza (documentación, auditorías, publicaciones) no son un lujo administrativo, sino el andamiaje que evita confundir entusiasmo con logro.

¿Y la isla? Tras el cierre de 1952, las instalaciones quedaron primero desmanteladas y luego vencidas por la vegetación. Terminó el uso exclusivo que había tenido durante el proyecto y la isla volvió a integrarse al régimen del Parque Nacional Nahuel Huapi, con las reglas propias de conservación, memoria y acceso ordenado. No hay población permanente; se llega únicamente por agua, y subsisten ruinas de laboratorios y estructuras de hormigón que el bosque va cubriendo año a año. Es un sitio silencioso que guarda, en sus restos, el relato de un intento desmesurado y el comienzo realista de otra cosa: la decisión de construir, con método y paciencia, un ecosistema científico-tecnológico que hoy es orgullo de Río Negro y de la Argentina.

Actualmente la vegetación volvió a adueñarse de todo el lugar, irrumpiendo entre los restos del edificio. (Foto Diario Río Negro)

Mirar Huemul desde la Patagonia no es quedarse en el mito ni en la anécdota. Es entender que la primera gran experiencia nuclear del país, con su exceso de promesa y su déficit de evidencia, terminó encendiendo otro tipo de energía: la que se fabrica en aulas, talleres, laboratorios y plantas; la que genera trabajo calificado, exportaciones tecnológicas y reputación. No encendimos un sol sobre el Nahuel Huapi, pero aprendimos a encender motores más lentos y duraderos: instituciones, carreras, empresas, un modo de hacer que convirtió a Bariloche en un faro del conocimiento aplicado. Esa es, al final, la mejor luz que Huemul dejó encendida.

 

Línea de tiempo.

1947–1949: Llega Ronald Richter a la Argentina y toma forma el proyecto en la isla Huemul (Nahuel Huapi, frente a Bariloche).

1950: Se crea la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), marco institucional de la política nuclear.

24 de marzo de 1951: Perón anuncia por cadena nacional reacciones termonucleares controladas en Huemul.

1952: Comisión científica (Balseiro, Báncora, Isnardi) audita, concluye que no hubo fusión; el proyecto se clausura.

1955: Nace en Bariloche el Instituto de Física de Bariloche, luego Instituto Balseiro.

1976: Se crea INVAP; el polo Bariloche consolida su perfil de tecnología aplicada.

Hoy: Isla Huemul sin población permanente, con ruinas visibles; uso público regulado dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi.

¿Tenés una crónica para contar? Si conocés historias, testimonios, fotos o documentos sobre la construcción de la ciencia y la energía (minería, hidrocarburos, hidroeléctricas, etc) en Río Negro o la Patagonia, escribinos a redaccion@energia360.com.ar.

En Energía 360 queremos que esta memoria patagónica siga creciendo con el aporte de quienes la vivieron y la sienten propia, formá parte de esta comunidad y ayudanos a contar la historia.

Publicado en ENERGÍA360.

https://energia360.com.ar/

31/8/2025.

 https://energia360.com.ar/de-un-sueno-frustrado-a-un-legado-duradero-la-historia-del-proyecto-huemul/

https://energia360.com.ar/

 

jueves, septiembre 14, 2023

Premios Konex 2023: los 8 científicos ganadores de Neuquén y Río Negro.

 

Los premios Konex fueron creados en 1980 por Luis Ovsejevich para distinguir a las personalidades e instituciones más distinguidas de la Argentina que sirven de ejemplo a la juventud.

10/09/2023 2:00 AM | ACTUALIZADO 13/09/2023 7:16 PM.

Este martes 12 de septiembre será la entrega de los prestigiosos Premios Konex Diploma al Mérito 2023. Se distinguirá a 100 personalidades de la ciencia y la tecnología que se han destacado durante la última década, y 8 de ellas han nacido o trabajan en Neuquén y Río Negro. 

Se trata de la 44°edición de los premios, que cada año van variando el rubro. Esta vez es la quinta ocasión en que la actividad de la ciencia y la tecnología es considerada.  

En el pasado, fueron Konex de Brillante, máximo galardón otorgado por la Fundación Konex, Luis Federico Leloir en 1983, René G. Favaloro y César Milstein en 1993, Luis Caffarelli y Mirta Roses en 2003, y Alberto R. Kornblihtt y Juan Martín Maldacena en 2013. 

Aquí van los 8 ganadores de Patagonia Norte y qué han hecho: 

Roberto Zysler: Obtuvo doctorado en Física en el Instituto Balseiro/ UNCuyo. Realizó estudios posdoctorales en CNR-Italia. Es investigador superior del Conicet y Profesor Titular del Instituto Balseiro. Se dedica al estudio básico de sistemas de nanopartículas magnéticas. También se concentra en aplicaciones de esas nanopartículas en biomedicina. Desde 2021 es gerente de investigación, desarrollo e innovación de la Comisión Nacional de Energía Atómica. 

Fabiana Gennari: Nació en Neuquén y se graduó como ingeniera química en la Universidad Nacional del Comahue. Es doctora en Ingeniería (UNLP, 1998). Trabaja como investigadora principal del Conicet, directora del departamento fisicoquímica de materiales de CNEA y profesora del Instituto Balseiro (UNCuyo). Es especialista sectorial de la consultoría convocada por la Secretaría de Asuntos Estratégicos para definir la Estrategia Nacional de Hidrógeno 2030. Fue distinguida con el premio Nacional L’Oréal-UNESCO Por las Mujeres en la Ciencia en 2016. Es considerada una referente en tecnologías del hidrógeno y transición energética. 

Marcelo Aizen: Es doctor en biología por la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos, e investigador Superior del CONICET. Es  Profesor Titular en el Departamento de Ecología de la Universidad Nacional del Comahue. Sus investigaciones han influido fuertemente en la comprensión contemporánea de la polinización y sus implicancias para la conservación y la agricultura en el mundo. Recibió el premio Michel Bergeron (2022) otorgado por la Federación de Organizaciones Científicas para el Avance de la Ciencia en las Américas (Interciencia), y la Association Francophone pour le Savoir (ACFAS). 

Lucas Garibaldi: Es ingeniero agrónomo y doctor en ciencias agropecuarias. Dirige el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural, que depende de la Universidad Nacional de Río Negro y Conicet en Bariloche. Es también investigador, profesor y autor o coautor de 172 artículos, 9 libros y 27 capítulos o partes de libros. Recibió 23 premios, entre ellos el Golden Bee Award, premio Houssay y premio Fundación Bunge y Born. Trabaja ad-honorem en plataformas intergubernamentales científico-políticas, con asociaciones de productores y realizando series audiovisuales, entre otros. 

Alberto Caneiro: Es doctor en Física e investiga en ciencia de los Materiales con énfasis en materiales para la Energía. Es Jefe del Departamento de Caracterización de Materiales del Centro Atómico Bariloche e investigador superior del Conicet, y profesor del Instituto Balseiro. Colabora con YPF-Tecnología para el desarrollo de un laboratorio de microscopía electrónica que dé soporte a varios proyectos de investigación y desarrollo.

Damián Zanette: Es doctor en Física y realizó investigación posdoctoral en varios institutos de Italia y Alemania. Es investigador del CONICET en el Centro Atómico Bariloche y profesor del Instituto Balseiro. Estudia fenómenos colectivos emergentes y auto-organización en sistemas biológicos y socioeconómicos. También se interesa por las propiedades estadísticas de los lenguajes naturales, como los idiomas humanos y la música.  

Adrián Gadano: Nació en General Roca, Río Negro. Médico especialista en Medicina Interna,Gastroenterólogía y Hepatología y doctor en Medicina (UBA, 2007). Dirigió la Sección de Hepatología del Hospital Italiano de Buenos Aires (1998-2020). En 2015 creó el Departamento de Investigación del Hospital Italiano de Buenos Aires. Diseñó la estrategia del primer trasplante hepático en Sudamérica utilizando soporte hepático bio-artificial y diseñó el reemplazo hepático no biológico actualmente en desarrollo. Introdujo en Argentina el programa ECHO (Extended Community Healthcare Outcome), por el cual se entrenó a más de 400 profesionales de la salud de nuestro país y de otros países de Latinoamérica.

El Gran Jurado de los Premios Konex 2023 está constituido por 20 destacadas personalidades. Es presidido por Alberto Kornblihtt (Premio Konex de Brillante 2013), su Secretaria General es Mirta Roses (Premio Konex de Brillante 2003) y su Invitado Especial, Juan Martín Maldacena, quien investiga en la Universidad de Princeton  y Premio Konex de Brillante 2013). 

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/ciencia/premios-konex-2023-los-7-cientificos-ganadores-de-neuquen-y-rio-negro-3132232/

miércoles, junio 21, 2023

73 aniversario de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

 

Argentina desarrolla su primer reactor nuclear de potencia diseñado y construido en el país. El proyecto Carem 25 lo lleva adelante la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en un predio ubicado en Lima, provincia de Buenos Aires. (Télam).

“…Con nuestro esfuerzo cotidiano –ha expresado Adriana Serquis, presidenta de CNEA—queremos celebrar al cumplir 73 años de CNEA, la posibilidad de poner nuevamente a nuestra Institución en un lugar de protagonismo en el sector nuclear, para potenciar el desarrollo de la soberanía energética y de la autonomía tecnológica de nuestra Nación”.

Creada el 31 de mayo de 1950 por decreto 10936 del entonces Presidente Juan Perón, próxima a cumplir en 2025 tres cuartos de siglo de vida, la CNEA constituye el emprendimiento científico y tecnológico más importante de nuestra historia.

Logros.

No alcanzaría este breve espacio para reseñar los más importantes beneficios alcanzados. Sólo por citar los más destacados, mencionamos el reactor nuclear de potencia “0″ RA1, la Central Nucleoeléctrica Atucha 1 (primera en Latinoamérica), la tecnología del enriquecimiento del uranio, asistencia de tecnología nuclear a varios países del mundo, exportación de reactores de investigación a Australia, Perú, Egipto y Argelia, desarrollo del CAREM (ver más adelante) y aplicaciones en medicina nuclear, en agricultura y en otras industrias.

Desarrollo pacífico.

Pero sin hesitación, el mérito mayor en los esfuerzos sin pausa (por momentos heroicos y hasta descomunales), ha sido para la CNEA, la preservación excluyente de los usos pacíficos como Política de Estado observada por todos los gobiernos que se sucedieron en Argentina desde 1950 al presente.

Nos hemos referido con encomio a este mérito, en la docencia universitaria y en todas las publicaciones que hemos efectuado en los últimos 48 años.

El presente.

La CNEA ha transitado por difíciles momentos en varias ocasiones, fuera ya por presiones internacionales o en ocasiones -incomprensible por cierto-, debido a la ineptitud o a la claudicación de autoridades y funcionarios nacionales y provinciales.

Pero la excelencia y patriotismo de los hombres y mujeres de la CNEA y de sus empresas conexas, establecidas a lo largo y ancho del territorio argentino, ha terminado por consagrar un blindaje extraordinario, garantía para la continuidad de este emprendimiento único en el planeta.

Sin mella de la continuidad que se sigue observando en los planos mencionados, en fecha reciente se ha resaltado --para los difíciles momentos que cursa la humanidad (Argentina no es ajena a ello)--, los siguientes paradigmas:

1 - Nucleoelectricidad:

A - Concreción del CAREM, un RMP (reactor modular pequeño, menor de 300 MW de potencia), de diseño nacional que registra un avance del 75% y que por su versatilidad satisfaría requerimientos eléctricos en lugares alejados o donde se requiere un rápido suministro eléctrico. Se prevé una importante demanda local e internacional a la luz del fenómeno del calentamiento global y del crecimiento económico mundial en las próximas décadas.

B - Se suma a ello la reactivación de la PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada en Arroyito, Neuquén) esencial para el sostenimiento y ampliación de la matriz nucleoeléctrica (actual 7% de la generación total).

2 - Medicina nuclear:

Conclusión del RA10 (registra un 95% de avance) que permitirá ampliar la producción de radioisótopos para satisfacer los requerimientos nacionales y de exportación.

3 - Protonterapia:

Supone una terapia de vanguardia en Latinoamérica -a concluir en 2024- para la lucha contra el cáncer (tratamiento de tumores de difícil acceso).

¿Y en Mendoza?

Como ocurriera con el petróleo (Carlos Fader 1886), Mendoza ha sido pionera en Minería del uranio (Mina Huemul, Malargue, 1953). Sierra Pintada (San Rafael) reemplazó en 1979 la producción de yellow cake (U3O2) hasta que Menem, con el silencio cómplice del ex Gobernador Rodolfo Gabrielli, dispuso su incomprensible e inconsulto cierre en 1.995 (en violación a normas del Código de Minería y del entonces vigente Convenio Mendoza-CNEA de 1989).

Solicitada (por el autor de esta nota) la reactivación de Sierra Pintada en 2003, y efectuados por “CNEA-San Rafael” todos los estudios necesarios para ello, la iniciativa fue abortada por el “lobby importador del U302″ que hasta el día de hoy goza de buena salud (y que supone una erogación anual superior a u$s 50 millones), mientras muchos sanrafaelinos de CNEA siguen en vano, en espera del “milagro de la reactivación” que no llega.

La ley 7722.

Esta ley provincial (confirmada por fallo de la CSJN) prohíbe la utilización del ácido sulfúrico en el beneficio de los minerales. Tratándose el mismo de un insumo esencial para la lixiviación del uranio, no es dable augurar una solución en este sentido (salvo ley provincial modificatoria)

Ello así, resta determinar si las significativas reservas de uranio del Sur Mendocino (San Rafael y Malargüe) pudieran explotarse mediante otros métodos, lo que permitiría la reactivación de ese sector de la Minería de Mendoza.

IMPSA.

Los requerimientos internacionales que han acompañado al cambio climático y últimamente el conflicto bélico en Ucrania, han disparado –lo que era impredecible hace 10 años—, el relanzamiento de las centrales nucleoeléctricas en el planeta. Ello abre, para nuestro país, posibilidades ciertas y excepcionales para la exportación de tecnología nuclear, destacándose nuestro reactor CAREM como una de las más auspiciosas.

Ante este panorama recobra fundamental importancia la experiencia desarrollada por IMPSA en la fabricación de componentes de centrales nucleares, lo que le permitiría afrontar con absoluta solvencia las oportunidades que se presentarán en este ámbito.

Asimismo, para el Sur de Mendoza y como lo hemos sostenido en numerosas oportunidades, debiera crearse en 25 de Mayo, San Rafael, una delegación del Instituto Balseiro, perteneciente a nuestra querida Universidad Nacional de Cuyo.

Formulo estas ideas desde el respeto que me inspira el reconocimiento del patriótico esfuerzo desplegado desde su origen, por miles de argentinos que han formado parte de este maravilloso emprendimiento científico y tecnológico llamado Comisión Nacional de Energía Atómica.

Carlos Pincolini * El autor es abogado.

Publicado en Diario LOS ANDES de Mendoza.

https://www.losandes.com.ar/opinion/73-aniversario-de-la-comision-nacional-de-energia-atomica/