PANES DE MUERTO EN ESPAÑA: UNA TRADICIÓN OLVIDADA QUE SIGUE VIVA EN AMÉRICA.
Tal y como queda registrado en textos ya en el siglo XVI, en España era típico hacer una visita anual al cementerio y colocar pan, vino y flores sobre las sepulturas.
El pan era una ofrenda común tanto en Todos los Santos como en los funerales en general, y en especial en el norte de España. En multitud de iglesias norteñas, castellanas, aragonesas y catalanas, los feligreses llevaban panes, cocas y tortas el día de Todos los Santos y las daban al párroco, quien las bendecía y luego repartía.
Con ellos se realizaban diferentes rituales según el lugar. Los panes bendecidos tenían carácter de ofrenda, y antes de consumirlos se rezaba un Padre nuestro por las almas de los difuntos.
Esta tradición era una reminiscencia romana, según la historiadora Dolors Sanahuja señala que "esta costumbre era antiquísima y a los panes bendecidos se le asociaban propiedades milagrosas". Una vez bendecido, el pan de ánimas se repartía como limosna entre los pobres.
El carácter sagrado de este pan hizo que se prestara a la caridad, y la Iglesia comenzó a tolerar las rondas de mendicantes de comidas para los muertos, de ahí surgió la práctica de pedir puerta por puerta el día de Todos los Santos.
Esto anterior, recuerda al actual reparto de golosinas de Halloween, pero ¡pero ojo! Que no estoy diciendo que el reparto de golosinas de halloween sea español ( aclaración necesaria para los que no saben entender lo que leen).
En Canarias, una variante local es el Finados, Finaos o Pan por Dios, en el cual los niños tocan las puertas de sus vecinos pidiendo "¡pan por Dios!" o preguntando "¿Hay santitos?", a lo cual recibían pan de higos, frutas, frutos secos, etc.
Según De Hoyos, estos panes se elaboraban en diferentes partes de Castilla, como en Segovia, donde era llamado 'pan de ánima', Salamanca o León, donde era llamado 'pan de muerto' o 'pan de difuntos'. Durante la Misa de Ánimas en Zamora, se les llamaba "animeras" a las mujeres que se dedicaban a recoger los panes de muertos.
En Toledo, los panes de Todos los Santos solían tener forma de cadáver amortajado. En Sicilia, (cuando la isla era española), los panes de muerto se preparan con forma de persona con los brazos cruzados.
En otros puntos de España se les daba a las masas formas de huesos humanos y se cubrían con azúcar. En Galicia, el "pan de difuntos" se preparaba con harina de castaña. Según Hoyos Sainz, en la Cornisa Cantábrica el pan y otros alimentos se ponían sobre las tumbas de los difuntos la noche de todos los santos, cosa que hoy se ha sustituido por flores.
También en Cataluña es típica la castanyada como festividad otoñal. Se tiene constancia del pa d’ànimes por toda Cataluña, aunque las tradiciones asociadas a él varían entre pueblo y pueblo. En muchos se ofrendaba el pan en las bacías de difuntos los domingos, o en los funerales, o en días señalados como el 1 de noviembre. Inclusive, antiguamente en los hornos públicos se encontraba un armario llamado animer, en el cual se depositaban todos los panes que luego las mujeres daban a las almas de los difuntos.
El pan de muertos catalán también se llamaba pa d’absoltes (absoltes es el nombre que reciben en catalán las oraciones que se dedican a los difuntos). Otro pan mortuorio catalán es el llamado pa de memòria, una hogaza con una cruz en medio que se repartía a los asistentes de un funeral después de comer juntos.
En las islas Baleares, antiguamente por Tots Sants se hacían panets de mort (panecitos de muerto), unos panes diminutos con forma antropomórfica (de persona muerta) o zoomórfica (de conejo).
Estos panecitos se hilaban en una cuerda en forma de rosario y se regalaba a los niños de la casa para enseñarles la costumbre de rezar y llorar la muerte de sus difuntos el 1 de noviembre.
En origen se hacían con masa de pan, pero luego se sustituyó por "masa real" (mazapán). En el artículo "Costumbres Menorquinas" de la revista Menorca Gráfica del 13 de noviembre de 1927, se habla de los panets de mort, típicos de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Aunque por aquel entonces ya los daba por desaparecidos, indica que es probable que aún se hicieran en casas particulares. Dependiendo de la receta, estos panes se aromatizaban con anís.
En definitiva, así podríamos ir describiendo en cada pueblo y cada región de España los diferentes panes de muertos que se hacían por todos los Santos, una tradición que al parecer se ha perdido en gran medida.
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