GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Hispanidad.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Hispanidad.. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 23, 2026

Del americanismo en Alfredo L. Palacios. por CARLOS MARÍA ROMERO SOSA.


Del americanismo en Alfredo L. Palacios.

Propulsor de la primera ley laboral argentina en los albores del siglo XX y de una parte importante de la legislación del trabajo aún vigente, el nombre de Alfredo L. Palacios persiste como el de mayor prestigio entre los legisladores constructivos que tuvo en su historia el Congreso Nacional.

Murió el 20 de abril de 1965 en Buenos Aires y a ocho días de ello irrumpían los marines en la República Dominicana, en lo que fue la segunda invasión yanqui a la tierra primada de América (la primera invasión que duró hasta 1924, había ocurrido en 1916, cuando presidía el país antillano Juan Isidro Jimenes, sustituido a poco por el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, padre de don Pedro Henríquez Ureña y de su hermano Max, embajador de su patria en la Argentina entre 1945 y 1946).

Sin ser tentados en esta ocasión por el género de la historia alternativa o contrafáctica con exponentes como Charles Renouvier, autor en 1876 de Ucronía; o más cercano: Roger Caillois con Poncio Pilatos: el dilema del poder e incluso nuestro Adolfo Bioy Casares con su cuento “La trama celeste”, no exige demasiada imaginación suponer qué actitud hubiera tomado y qué denuncia al imperialismo habría elevado al mundo quien fue en 1904 electo como primer diputado socialista de América por la popular barriada de La Boca.

HETERODOXIA. 

Porque en Palacios, como en Manuel Ugarte, su correligionario, amigo y también alguna vez su casi contendiente en un duelo que detuvo Juan B. Justo, se reunían en algo que implicaba en los inicios del siglo XX una heterodoxia en el dogmatismo de las izquierdas europeizadas y ajenas al dispar tratamiento de la cuestión nacional debatido entre Lenin y Rosa Luxemburgo: la conciliación del socialismo proletario con el nacionalismo a secas.

Ello al entender uno y otro lo imprescindible que era para repúblicas como las nuestras, con sus capas más humildes empobrecidas, tomar sus decisiones políticas sin injerencias extranjeras o extranjerizantes, propendiendo a la defensa soberana de las riquezas naturales de los Estados de nuestra América con el arma de la integración respetuosos de sus autonomías; es decir tender al americanismo capaz de hermanar los países aquí no muy visualizados un siglo atrás, salvo excepciones, por la dirigencia oligárquica nativa.

No en vano Palacios presidió la Unión Latinoamericana fundada en 1925 por José Ingenieros como respuesta al panamericanismo promovido por Teodoro Roosevelt. De la Unión Latinoamericana formaron parte desde su creación: Carlos Sánchez Viamonte, Deodoro Roca, Aníbal Ponce, Manuel Ugarte, Julio V. González, Julio R. Barcos, Carlos Amaya y Gabriel del Mazo.

NUEVA PLUTOCRACIA. 

En la década del veinte de la pasada centuria, ya finalizada en 1918 la Primera Guerra y elevados los triunfantes Estados Unidos a potencia mundial, consolidaron su influencia sobre las naciones situadas al sur del Río Bravo, incluso más allá de lo que siempre consideró el país del norte su patio trasero: México, el Caribe y la América Central, haciendo vislumbrar proféticamente por ejemplo a Ugarte y en mucho a Palacios, cómo buscaba su plutocracia ir suplantando a Inglaterra de la posición dominante que en el plano económico mantenía en el sur del Continente. En tal sentido advirtió bien el segundo: “Estados Unidos no vendrá hasta nosotros con acorazados ni con ejércitos: vendrá con su política financiera, que limita la soberanía nacional o compromete la independencia.”

Palacios, cuando pocos en la Argentina conocían su nombre y su gesta heroica, a excepción de Hipólito Yrigoyen y por supuesto de Ugarte, alzó la voz por el patriota nicaragüense general Augusto César Sandino y por la Nicaragua convertida en un protectorado yanqui en 1911. De esa solidaridad militante que se expresó desde la Unión Latinoamericana, da cuenta su libro Nuestra América y el imperialismo yanqui publicado en Madrid en 1930. Con el devenir del siglo y consecuente con la relación discipular entablada desde largo, no es casual entonces que quien fuera su secretario particular entre los años 1946 y 1951: el periodista y escritor Gregorio Selser, haya sido el autor de la obra tan difundida y reeditada en la tierra de Rubén Darío: Sandino, General de Hombres Libres.

Por otra parte, en su conferencia sobre el americanismo que había pronunciado siete años antes, el 31 de julio de 1923 en el Ateneo del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, historió con elogio el Congreso de Panamá de 1826 impulsado por Simón Bolivar al que junto a San Martín, O’ Higgins, Monteagudo y Pueyrredón llamó: “Héroes de la solidaridad continental”.

MEJOR IBEROAMÉRICA.

Algo a destacar cuando se menciona “Latinoamérica” es que sin duda nuestro prócer civil advirtió pronto lo dudoso del término, que si bien lo originaron en el siglo XIX figuras de la cultura hijas de estas tierras como el chileno Bilbao y el colombiano Torres Caicedo, le vino como anillo al dedo a Napoleón III para sus sueños imperiales sobre México y su aventura con el Archiduque Maximiliano de Austria que terminó en tragedia para el antiguo habitante del castillo de Miramar en Trieste.

Atento entonces a la dudosa significación de la palabra “Latinoamérica”, en 1960, Palacios dio a conocer un libro con el siguiente título: Masas y élites en Iberoamérica; donde ajeno a la leyenda negra y tampoco embobado con la leyenda rosa, muestra una alta cuota de hispanismo además de revalorizar el papel cumplido por los caudillos federales en nuestras guerras civiles, apartándose en buena medida de la historiografía liberal que lo había nutrido en su juventud.

HISPANISMO.

Sucede que no hay sano americanismo sin algún condimento de hispanismo. Al respecto referiremos aquí un hecho que conocimos en la niñez de primera fuente. En 1964, un investigador del pasado y profesor de historia graduado en la Universidad de La Plata cuya presidencia había ejercido Palacios entre 1941 y 1943: Efraín H. Gómez Langenheim, dio a conocer una iniciativa elogiada en su momento por figuras de la talla del ex canciller Enrique Ruiz Guiñazú, el historiador Enrique de Gandía o el sacerdote salesiano, filólogo y miembro de la Academia Argentina de Letras, Padre Rodolfo M. Ragucci.

Se promovía allí que en la isla de Watling, en las Bahamas británicas, primera tierra pisada por Colón a la que bautizó San Salvador, se homenajeare a España, izándose para las generaciones la bandera rojigualda y creando una universidad de estudios colombinos y americanos. Aunque el autor conocía desde joven a Palacios, debido al vínculo que había sostenido con sus padres, no advirtió acercarle ese trabajo. Pero su madre y nuestra abuela materna, Flora García Black de Gómez Langenheim, una escritora y periodista que firmaba sus colaboraciones literarias en La Nación, La Prensa, Caras y Caretas y otras publicaciones con el seudónimo “Carmen Arolf”, a poco jubilada como redactora del diario católico El Pueblo -fundado en 1900 por el sacerdote redentorista alemán Federico Grote, religioso con quien en su primera juventud colaboró el después líder socialista memorado-, le hizo saber a quien era entonces nuevamente diputado nacional por la Capital, la existencia de esa iniciativa, que el legislador se interesó en conocer, rubricando el diálogo con las palabras: “Yo soy hispanista”.

Claro que por tomar citas de su mencionado libro Masas y élites en Iberoamérica, su hispanismo enraizaba en Juan de Solórzano Pereira, el jurista que en su Política Indiana asentó: “Pero los indios no quedan por esclavos ni aún por vasallos de los encomenderos y solo reconocen al Rey por señor, como los demás españoles”. Y ello fiel al mandato de las Leyes de Indias: “No se encomiendan los indios, sino los tributos”.

Y también fundaba su amor por la Madre Patria en la Recopilación –Ley 23, título X, libro VI- dictada con motivo de los malos tratos recibidos por los naturales y la enérgica consigna del monarca Carlos II: “Quiero que me deis satisfacción a mí y al mundo del modo de tratar esos mis vasallos y de no hacerlo, con que en respuesta de esta carta vea yo ejecutaos ejemplares castigos en los hubieren excedido en esta parte.”

Y ciertamente en los desvelos de Fray Bartolomé de las Casas, defensor de los naturales en el siglo XVI. O de Jorge Juan y Antonio de Ulloa que en el siglo XVIII informaron a Fernando VI “sobre la miserable, infeliz y desventurada suerte de una Nación que sin otro delito que el de la simplicidad, ni más motivo que el de una ignorancia natural, han venido a ser esclavos.”

SOLIDARIDAD. 

El 5 de abril del año en curso dimos a conocer en La Prensa el artículo “Convergencia entre opuestos”, donde tratamos sobre la común admiración y solidaridad que despertó tanto en el socialista, como en el nacionalista católico Juan Carlos Goyeneche, la figura mártir del dirigente independentista puertorriqueño, la más notoria del Partido Nacionalista de Puerto Rico creado en 1922 por José Coll y Cuchí: el doctor Pedro Albizu Campos.

*** Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Del-americanismo-en-Alfredo-L-Palacios--575027.note.aspx

domingo, julio 19, 2026

ESPAÑA CAMPEONA DEL MUNDO 2026.

 


ESPAÑA CAMPEONA DEL MUNDO 2026.

España 1 – 0 Argentina.

Hoy la madre venció a la hija.

La Madre Patria, España, levantó la Copa del Mundo mientras abrazaba a su hija Argentina, que lloraba la derrota con dignidad y orgullo. No hubo odio ni separación: hubo el dolor de una final entre quienes comparten sangre cultural, lengua y memoria.

El marcador quedó grabado para la historia:

ESPAÑA 1 – 0 ARGENTINA.

Pero el verdadero triunfo fue aún mayor.

La madre ganó a la hija, sí… pero la madre no humilla a la hija: la protege, la consuela y la abraza.

Por eso esta imagen no representa una enemistad, sino el vínculo eterno entre dos pueblos hermanos. España sostiene el título; Argentina sostiene el honor de haber llegado hasta la final; y ambas sostienen un legado común que atraviesa océanos y generaciones.

Una lengua. Una cultura. Un corazón compartido. Un legado que ningún resultado puede romper.

Hoy Madrid abraza a Buenos Aires. Hoy la victoria se celebra con respeto al rival. Hoy el mundo ha visto que, incluso cuando la madre vence a la hija, la familia permanece unida.

Que gane el mejor, pero que viva siempre lo que nos une.

PASE LO QUE PASE, YA HA GANADO LA HISPANIDAD.

La madre ganó a la hija. La Hispanidad ganó al mundo.

Publicación de Hispanistas España.

lunes, octubre 13, 2025

Gustavo Martínez Zuviría y el escudo de Buenos Aires.

 


Gustavo Martínez Zuviría y el escudo de Buenos Aires.

El 12 de octubre de 1934, en el contexto del XXXII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, se desarrolló un acto solemne en el Teatro Colón con la presencia del Presidente de la Nación y del Legado a látere de Su Santidad, el Cardenal Eugenio Pacelli, además de otras altas autoridades entre las que se encontraba el Arzobispo de Toledo y Primado de España.

El primer orador de la función fue Gustavo Martínez Zuviría, quien en ese momento era director de la Biblioteca Nacional y Presidente de la Comisión de Prensa y Publicidad del Congreso Eucarístico. En sus palabras hizo expresa referencia al escudo de la Ciudad de Buenos Aires, y por ello nos complace compartir hoy, en igual fecha de 2025, la parte inicial de su discurso, en la que se refiere al blasón porteño. 

Ilustramos el texto con versiones del escudo porteño de 1580.

Escudo de Buenos Aires en una placa
en Parque Centenario
(foto propia)

«No os sorprenda, señores, mi emoción al usar de la palabra en este momento y en presencia de tan ilustre concurso.

He vacilado mucho al entrar, os lo confieso, pero he recordado la hermosa oración de Esther, antes de llegar a la presencia del rey Asuero, y la he repetido mentalmente: "Acordaos de mí, Señor, vos que domináis todo poder. Poned en mi boca lo que debo decir, a fin de que mis palabras sean agradables al príncipe".

Eminentísimo Señor, que representáis con incomparable majestad al Vicario de Cristo en la tierra, rey de reyes, aunque se firme "siervo de los siervos de Dios": dignaos aceptar el corazón palpitante de esta gran ciudad latina, que tiene en su escudo una cruz.

Y a vos, Excmo. Señor Presidente de la Nación, dejadme que os diga que el pueblo argentino, que anoche visteis desfilar, y cuya fé se muestra en forma intergiversable, está orgulloso de veros continuar la lista de sus presidentes católicos, y de afirmar con palabras elocuentes y con hechos prácticos vuestras sinceras convicciones, fuentes de buen gobierno, porque como vos mismo lo dijisteis en vuestro discurso de anoche: los pueblos sueñan todavía con el reino de la justicia y del amor que les anticipara el Divino Maestro.

Me complace aludir al escudo de Buenos Aires delante de V. E., Monseñor Gomá y Tomás, Primado de España, porque es recordar al gran español don Juan de Garay, que en 1580 abrió los cimientos de esta ciudad, y en testimonio de su fe católica la puso bajo la advocación de la Santísima Trinidad y le dio por blasón un águila coronada, que empuñaba una cruz roja, semejante a la que llevan en su manto los caballeros de Calatrava.

Las armas de Buenos Aires son ahora la insignia del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, con la diferencia de que el águila no levanta una cruz, sino la resplandeciente custodia eucarística.

A vos, Excmo. Señor, que habéis dado gloria a Dios y a las letras castellanas escribiendo con pluma de oro libros profundos y hermosos por su ciencia y por su fervor, os complacerá sin duda descubrir en los cimientos de Buenos Aires esta roca firme de la fundación, sellada con la católica y españolísima cruz de aquellos caballeros que hacían voto de defender, aún con las armas, la Inmaculada Concepción de María, objeto de vuestra ardiente devoción y tema de algunos de vuestros libros».

Cerramos con esta entrada los festejos del Día de la Raza y de la Hispanidad.

El texto y las imágenes pertenecen a Heráldica en la Argentina.

https://heraldicaargentina.blogspot.com/2025/10/gustavo-martinez-zuviria-y-el-escudo-de.html

sábado, mayo 24, 2025

Trump honra a Colón y al 12 de Octubre.

 

Trump honra a Colón y al 12 de Octubre.
Por María Eugenia Talerico (*) e Ignacio F. Bracht (**)

El domingo 11 de mayo, el presidente Donald Trump anunció su intención de restablecer el Columbus Day, celebrado tradicionalmente el segundo lunes de octubre. Con esta decisión, busca rendir homenaje a Cristóbal Colón, figura central en la historia de América y símbolo del legado hispánico, denostado en años recientes por sectores del progresismo global y movimientos como Black Lives Matter, y la izquierda woke.

En 2020, estatuas de Colón, San fray Junípero Serra, Isabel la Católica, Cervantes e incluso Thomas Jefferson fueron vandalizadas, junto con iglesias católicas y protestantes.

Este proceso de falseamiento histórico ideologizado no surgió de la nada: fue impulsado desde el ámbito académico.

La Universidad de Stanford, por ejemplo, eliminó el nombre de fray Serra -el único hispano con estatua en el Capitolio- de una calle del campus, acusándolo injustamente de genocida. En realidad, fray Junípero fue un misionero franciscano que fundó nueve de las treinta misiones que jesuitas y franciscanos establecieron en la costa oeste de América del Norte, y que hoy llevan sus nombres en la toponimia. Fue un defensor incansable de los pueblos originarios y llegó incluso a lograr la destitución de un gobernador por abusos, gracias a su protesta ante el virrey Bucareli, del vasto virreinato de Nueva España en el siglo XVIII.

DIMENSION HISPANICA

La iniciativa de Trump no solo tiene resonancia en la comunidad ítaloestadounidense -que reconoce a Colón como genovés-, sino que es también un acto de justicia hacia la dimensión hispánica de los Estados Unidos. Colón llegó a América en nombre de Castilla, y gran parte del actual territorio estadounidense, las dos terceras partes del actual territorio -California, Texas, Florida, Nuevo México, Arizona, Luisiana, Puerto Rico, Alabama, Georgia, Alaska, entre otros- formó parte del imperio español.

Más aún, la independencia de las 13 colonias no habría sido posible sin el apoyo de España. Además de aportar fondos y armamento, la Corona envió navíos, tropas (integradas por peninsulares, criollos -entre los que figuró Francisco de Miranda-, mestizos e indígenas) que combatieron a los británicos en batallas clave como Baton Rouge, Natchez y Pensacola. Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, fue una figura decisiva en este conflicto bélico. Esto hizo posible la victoria de George Washington,en la derrota definitiva sobre los británicos en Yorktown.

En 1796, ya independiente los Estados Unidos, la Nación Cherokee y otras diez tribus indígenas firmaron un tratado de amistad y soberanía con la monarquía española. Todo esto ha sido sistemáticamente silenciado por la llamada Leyenda Negra, hoy revivida por discursos que promueven un indigenismo excluyente, despegado del contexto histórico y de la realidad del mestizaje que definió América.

En contraste, el presidente Joe Biden reemplazó en 2021 el Columbus Day por el Día de los Pueblos Indígenas, desplazando una festividad federal instaurada por Franklin D. Roosevelt en 1934. En Hispanoamérica, esa misma línea ideológica ha sido promovida por gobiernos del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla, como los de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Todos ellos comparten un mismo enfoque: desvalorizar la herencia hispánica -conformada por el idioma español, la fe católica mayoritaria, el mestizaje cultural y étnico, y la inclusión de las poblaciones indígenas- en favor de un indigenismo impostado, ideologizado y sectario, que pretende borrar las raíces reales de nuestros orígenes.

Bienvenida sea, entonces, la determinación del presidente Trump de rescatar a Colón y, con él, al legado hispánico en América. Su gesto recuerda que la historia no se puede construir sobre negaciones ni sobre relatos forzados.

En Argentina, este debate también está abierto. El presidente Javier Milei afirmó que “hará lo que Trump haga”. Si esa declaración tiene sustancia, podría restaurar el 12 de octubre como Día de la Hispanidad, tal como lo estableció Hipólito Yrigoyen en 1917, denominándose Día de la Raza, en alusión a la identidad mestiza que define a nuestra civilización. Esa denominación fue sustituida en 2010 por el kirchnerismo, que adoptó la línea trazada por Hugo Chávez, que la había bautizado como el “Día de la Resistencia Indígena” y Cristina Kirchner lo estableció por decreto como el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. El cambio no fue revertido por el gobierno de Mauricio Macri, y permanece vigente hasta hoy.

(*) Miembro fundador de la OnG Será Justicia. Ex Vicepresidente de la UIF y actual candidata a diputada nacional por Potencia Buenos Aires.

(**) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación. Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Trump-honra-a-Colon-y-al-12-de-Octubre-559995.note.aspx

martes, abril 29, 2025

Hispanizar es la consigna. Por Germán Masserdotti.


En un mundo secularizado o liberal como en el que vivimos, pareciera exótico invocar a la Hispanidad. Toda ella responde a una cosmovisión en la que cual debe existir una alianza entre la política y la religión, entre el Estado y la Iglesia. Históricamente, a tal punto fue así que el mismo poder político se puso a la cabeza de la obra evangelizadora. No otra cosa se seguía de las exigencias del Patronato Regio.

Esta misión cristianizadora, conviene recordarlo, obligaba en conciencia a los mismos reyes y gobernantes en América (las Indias).

RAZONES.

Existen varias razones para argumentar en favor de la hispanización del mundo como respuesta a un globalismo cultural, político y económico inmanentista, inhumano e ideológico. Algunas de ellas son:

1. La Hispanidad es misionera: desde el comienzo de la empresa descubridora, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, cumplen con el mandato de la Iglesia de evangelizar a los naturales de América. El codicilo de Isabel es una muestra ejemplar de este propósito cristianizador. Pero no se agota en ellos esta misión. Ciertamente durante el reinado de los reyes de la Casa de Habsburgo (Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II) la corona española se empeñó en el establecimiento de otras tantas cristiandades en América como la ya existente en la Península Ibérica. En la inteligencia y en la voluntad de España, no alcanzaba con evangelizar a los individuos. Había que edificar una civilización cristiana con las particularidades propias de lugar y de la idiosincracia de pueblos nativos. Y así sucedió. Basta ilustrar con los virreinatos de Nueva España (México) y del Perú como ejemplos más notables sin olvidar el resto de América.

2. La Hispanidad es humanizadora: consecuencia natural de la misión evangelizadora de España en América con el correspondiente cumplimiento sin perder de vista las limitaciones del caso, fue la labor humanizadora que se practicó en beneficio de los indígenas. Mucho de esta tarea se verifica en la “reducción a la vida política” de la que hablaron tanto los misioneros como los gobernantes y legisladores que vivieron en América, sobre todo en el siglo XVI. En relativamente poco tiempo, se verificaron los tres momentos de la obra de España en estas tierras: el descubrimiento, la conquista y la pacificación. Así como los virreinatos son ejemplos de civilizaciones cristianas –lo mismo en esencia, no obstante las atendibles diferencias–, el Derecho Indiano, animado profundamente del espíritu cristiano, es un caso concreto de consideración de la condición real de los habitantes de América, en particular de los indígenas. Gracias a la labor de España, ellos dejaron, paulatinamente, malas costumbres como la idolatría y la poligamia –entre otras– y adquirieron buenos hábitos como la laboriosidad.

3. La Hispanidad es realista: el realismo hispánico se sigue del espíritu cristiano y del sentido de humanidad antes mencionados. Lejos de todo apriorismo ideológico que prefabrica “órdenes jurídicos” iluministas en vistas de un futuro estado de perfección utópico, la Hispanidad hecha corpus jurídico, es decir, el Derecho Indiano, no pierde de vista las circunstancias en vistas a resolver con justicia cada caso. En palabras de Víctor Tau Anzoátegui, se trata de casuismo y no de sistema. Un ejemplo singular de realismo jurídico es el del tratamiento que las leyes brindan a los indígenas. Entre otras instituciones que podrían mencionarse, se encuentra la de la defensoría o protectorado de indios. Levante la mano alguna potencia europea que cuente con algo similar en su legislación. Nadie levantó la mano. Por todo lo dicho, hispanizar es la consigna.

El orden social inspirado en el inmanentismo que confía en el restablecimiento del Paraíso terrenal mediante la cultura democratista y libremercadista cruje. En el mejor de los casos, se afana en conjurar las consecuencias que se siguen de los mismos principios que las explican.

La Hispanidad es un ejemplo inspirador para que se restablezca la paz en el mundo. Sin ilusiones pseudo-mesiánicas que, en realidad, responden a intereses más o menos confesados. Antes bien, con la convicción de que al secularismo se lo vence con la profesión limpia y clara del reinado de Cristo.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Hispanizar-es-la-consigna-559074.note.aspx

domingo, marzo 30, 2025

¿Fue Mamerto Esquiú el primer hispanista argentino? Por Germán Masserdotti.


¿Fue Mamerto Esquiú el primer hispanista argentino? 

Por Germán Masserdotti.

La Hispanidad, como tema, no se ha puesto de moda dado que ella es un clásico. Lo que sucede es que ha cobrado actualidad como respuesta al globalismo secularista. Podría decirse que la naturaleza –y la gracia– vuelven por sus fueros. Una –la naturaleza– y otra –la gracia– debido a que la Hispanidad es un ejemplo de orden social cristiano. Bastaría recordar la consideración que el Derecho Indiano tenía de las jerarquías naturales en la organización social de los pueblos indígenas, por una parte, y la misión evangelizadora de la Corona española en América, por otra, para terminar por concluir en la singularidad del “caso español” a lo largo de la historia y en comparación con otras potencias europeas.

En este contexto de reviviscencia del tema de la Hispanidad, resulta interesante plantear una pregunta vinculada al desarrollo del concepto bajo estudio. Partimos de un hecho: el aporte de la Argentina al estudio de la Hispanidad es por demás importante. No solamente porque hay expositores nacionales del asunto sino también porque en nuestra tierra vivieron autores españoles que son, por otra parte, faros obligados a la hora de profundizar en la noción de Hispanidad. Valga mencionar a dos de ellos: Ramiro de Maeztu y el P. Zacarías de Vizcarra.

La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿quién puede considerarse el primer hispanista argentino?

La respuesta está suponiendo la clarificación de qué es un hispanista. Brevemente, y sabiendo que puede haber mejores caracterizaciones, podría decirse que hispanista es aquél que se interesa por la obra de España en América y Las Filipinas, la estudia y difunde y, no menos importante, establece una relación empática con ella. Empatía, por otra parte, que no excluye una mirada crítica desde la buena fe.

ELOGIO FUNEBRE.

Dicho esto, en la búsqueda de antecedentes para responder a la pregunta planteada, figura un escrito del beato fray Mamerto Esquiú (1826-1883) conocido como “Elogio fúnebre del ilustrísimo fundador de la Universidad de Córdoba, Rmo. D. Fr. Fernando de Trejo y Sanabria”, pronunciado en la Iglesia de la Compañía de Jesús, el 23 de diciembre de 1881. Este elogio fúnebre Esquiú lo pronunció en la Ciudad de Córdoba.

Allí dice el fraile catamarqueño, en lo que se refiere a nuestra materia:

“A juicio de todo el mundo ilustrado, el siglo XVI fue para la España un verdadero siglo de oro en las letras, en las bellas artes y en hechos de sin par magnificencia; era aquello la digna corona del héroe de setecientos años por la fe y por la patria. Pero lo que no siempre se tiene en cuenta es que ese siglo fue de tanto valor para las letras y grandes hechos, sino porque fue de encumbradísimo mérito en la piedad cristiana.

Para conocer la íntima y admirable relación que lo bello, verdadero y fuerte de aquel siglo tenían con la fe y piedad cristiana que florecían en España, basta nombrar a Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, los tres Luis (de Granada, de León y Vives), Cervantes, Herrera y Velázquez de Silva, Garcilaso de la Vega (el de Toledo), y Calderón de la Barca, que fue como el digno crepúsculo de ese gran día. Basta mencionar el Escorial, las gigantescas campañas de América, la batalla de Lepanto, y hombres como Cisneros, Felipe II e Ignacio de Loyola. ¡Ah! Qué astro del cielo cristiano era esa España, que a un mismo tiempo despedía hacia el oriente hasta la India y el Japón un rayo de luz como Francisco Javier, y hacia el occidente hasta las playas del Océano Pacífico un Toribio de Mogrovejo y un Francisco Solano, sin hablar de las Rosas de Lima y de las Azucenas de Quito, y los Sebastián de Aparicio y Felipe de Jesús de México. Sin temor a ser desmentidos, podemos decir, y siendo obligación de los hijos confesar y honrar a la madre, sin temor, repito, podemos y debemos decir que la España, nuestra madre, fue en el siglo XVI un verdadero sol de la civilización cristiana, por su resplandor purísimo y por los rayos de verdad y de gracia que ha irradiado hasta las extremidades de la tierra”.

El fragmento transcripto, como puede apreciarse, contiene muchas virtualidades. Aquí me interesa destacar algunas de ellas.

Afirma Esquiú que el dorado siglo XVI en España era “la digna corona del héroe de setecientos años por la fe y por la patria”. Es decir, esa España que se convertiría en descubridora de las Indias desde fines del siglo XV hasta poco más de mediados del siglo XVI estaba animada por el espíritu de reconquista que había forjado a los peninsulares al punto de marcar de modo indeleble la nacionalidad española con el signo de la Catolicidad –tema que trata otro gran hispanista como Manuel García Morente–. Podría plantearse, entonces, que la empresa evangelizadora del Descubrimiento, conquista y pacificación de América fue un sucedáneo de esa Reconquista española que combatió victoriosamente contra el Islam.

De este modo, se comprende mejor la afirmación final de Esquiú en el fragmento transcripto: “podemos y debemos decir que la España, nuestra madre, fue en el siglo XVI un verdadero sol de la civilización cristiana, por su resplandor purísimo y por los rayos de verdad y de gracia que ha irradiado hasta las extremidades de la tierra”.

SENTIDO MISIONAL.

Fuera del aspecto entrañable que tiene afirmar que España es “nuestra madre”, lo importante es señalar que, para Esquiú, ella fue “un verdadero sol de civilización cristiana” y que este orden social según el derecho natural y cristiano lo irradió “hasta las extremidades de la tierra”. En este sentido, la justificación de la presencia de España en América y Las Filipinas fue el sentido misional, es decir, evangelizador. Por esto el descubrimiento, la conquista y la pacificación deben entenderse a la luz de esa finalidad cristianizadora. La finalidad evangelizadora suscitó, evidentemente, un orden social consecuente. Mucho de esta configuración social se debió al monumental Derecho Indiano, una pieza única en la historia universal.

Entonces, teniendo en cuenta que el beato Esquiú pronunció este elogio fúnebre en 1881, ¿se lo podría considerar el primer hispanista argentino? A cuenta de hacer una investigación más exhaustiva, podría sostenerse como probable esta condición de primero. En cuanto a su condición de hispanista, se podría afirmar que lo fue no tanto porque abunden los textos como por la contundencia del texto transcripto.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Fue-Mamerto-Esquiu-el-primer-hispanista-argentino-557799.note.aspx

domingo, octubre 06, 2024

Reivindicar el 12 de octubre.


Reivindicar el 12 de octubre.

Entramos en octubre. Una fecha que suena con fuerza porque hay hechos históricos que por su magnitud tienen que seguir siendo recordados y valorados. Uno de esos sin lugar a dudas fue el descubrimiento de América por parte de la corona española.

Ese 12 de octubre de 1492 el Almirante Cristóbal Colón y sus tres carabelas arribaron al Nuevo Mundo y a partir de allí comenzó la unión de los dos mundos.

Es así que en el mes de octubre de 1917, el Presidente de la Nación Dr. Hipólito Yrigoyen, decretó Fiesta Nacional, el 12 de octubre. Desde ese momento pasó a denominarse al 12 de octubre "Día de la Raza". Esta denominación no tiene que ver con lo biológico sino con lo espiritual, con una estirpe determinada. Y para nada es peyorativa de quienes no comparten la misma estirpe racial.

Otros presidentes como Illia y Perón repitieron los mismos considerandos del decreto de Yrigoyen, quien proclamaba lo siguiente:

"1º. Que el descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al espíritu.

2º. Que se debió al genio hispano intensificado con la visión suprema de Colón, efemérides tan portentosa, que no queda suscrita al prodigio del descubrimiento, sino que se consolida con la conquista, empresa ésta tan ardua que no tiene término posible de comparación en los anales de todos los pueblos.

3º. Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana.

«Por tanto, siendo eminentemente justo consagrar la festividad de la fecha en homenaje a España, progenitora de las naciones a las cuales ha dado con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua una herencia inmortal, debemos afirmar y sancionar el jubiloso reconocimiento"...

SIN LEYENDAS.

La leyenda negra y la leyenda rosa son dos construcciones y como tales alejadas de la realidad de los hechos históricos que se recuerdan ese día.

La Leyenda Rosa se ha contado durante muchos años de la mano de “los tres barquitos de nuez empujados por el viento” en los que todos los actores de los hechos que llegaron al desolado territorio eran movidos solo intereses heroicos y generosos.

Nos incumbe especialmente la Leyenda Negra que tanto mal ha hecho no solo a la veracidad de nuestra historia, sino también a nuestra identidad y autoestima como hijos de la cultura hispánica.

El padre de la Leyenda Negra, paradójicamente, fue un fraile dominico español. Bartolomé de las Casas utilizó cifras adulteradas acerca de la matanza de indios para desacreditar el actuar de España en América. A él se le debe la idea dicotómica de los españoles malos y los indios buenos que nos persigue cada 12 de octubre.

A Don Bartolomé lo asistía una razón teológica, errada, pero teológica al fin. Para él los indios eran seres a los que no había alcanzado el pecado original y por lo tanto seguían inclinados al bien en “su paraíso” hasta la llegada de los españoles.

Inglaterra, en guerra con España entre los años 1585 y 1604, abonaron a esta teoría compitiendo en una carrera de expansión en América y vieron con muy buenos ojos exagerar e imaginar perversiones del enemigo. La guerra de propaganda no es un invento de nuestros tiempos.

La Leyenda Negra fue difundida primero en ambientes académicos y con el paso del tiempo se difundió a tal punto que llegó a todos los niveles. En su obsesión anticatólica, la izquierda cultural tomó el relato y lo hizo su bandera. La aversión a la obra evangelizadora de España también fue un factor que aglutinó al progresismo en la propagación de La Leyenda Negra.

HISPANOAMÉRICA.

Lejos de las cuestiones ideológicas, el decreto de Yrigoyen plasmó en pocos artículos todo lo bueno que generó la unión de dos mundos: el de los españoles y el de los habitantes de lo que más adelante se llamaría América, dando origen a millones de criollos.

También apreció la cultura, la fe católica y la maravillosa lengua de Castilla que se habla desde México hasta la Tierra del Fuego. Del mismo modo, valoró el amor por la libertad y la justicia. Prueba de esto es que los Reyes Católicos reconocieron como súbditos de la Corona española a los aborígenes, brindándoles el mismo estatus que a un español nacido en la península.

En palabras de Ignacio Tejerina Carreras, presidente del Instituto de Cultura Hispánica de Córdoba, “...arte, cultura, lengua, tradiciones, religión fueron la gran herencia española que Yrigoyen supo valorar, y quiso que nosotros la valoráramos…”

Después de años soportando relatos, muchos sostenemos que ha llegado el momento de retomar el camino de la verdad histórica y revalorizar nuestras raíces. Es así que desde esta columna proponemos al Congreso de la Nación y al Gobierno Nacional que se denomine al 12 de octubre “Día de Hispanoamérica”.

Por Myriam Mitrece.

PorCarlos Ialorenzi.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Reivindicar-el-12-de-octubre-550998.note.aspx

lunes, julio 01, 2024

SE CUMPLIERON 150 AÑOS DE SU NACIMIENTO. Don Ramiro de Maeztu, un mártir olvidado.

 

POR ANTONIO CAPONNETTO.

En el pasado mes de mayo se cumplieron 150 años del nacimiento de Don Ramiro de Maeztu, varón ejemplar si los hubo, de aquello que insistimos en llamar Madre Patria o Patria Originante. Prevaleció el olvido hiriente, la desaprensión imperdonable, la ignorancia culposa de su figura. Por eso nos ha confortado tanto recibir el obsequio de nuestro joven y emprendedor amigo, Francisco de Asís Gamazo, miembro destacado de la Asociación Cultural Luz de Trento y de la Asociación Jóvenes por España. El obsequio mentado es un libro reciente y desconocido del mismísimo Maeztu, que lleva el desafiante y promisorio título de ¡Santiago y cierra España!. Dios premie a quienes lo hicieron posible. De un modo particular a José Javier Esparza, quien prologa las páginas.

Para hablar de Maeztu hay que empezar por el principio; y ese incipit, para un católico, no puede ser sino su muerte mártir, que lo condujo derechamente al Divino y Eterno Comienzo.

Si tenemos legítimamente por veraces las palabras finales que se le atribuyen a nuestro arquetipo, antes de recibir los perdigones homicidas de los rojos, algún espíritu superficial podría sostener que las susodichas palabras no se han cumplido. En efecto, he aquí el postrero alegato: “Vosotros no sabéis porqué me matáis; yo en cambio sí sé porque muero: para que vuestros hijos sean mejores que vosotros”. Los hijos de aquellos criminales hoy son poder en España, y bajo su tiranía oprobiosa, España se ha traicionado a sí misma sin honor ni respeto. Pero sería impropio e injusto quedarse con esta única filiación presente de aquellos progenitores victimarios. Hay otros críos leales del león hispánico, nos recordaría Rubén Darío. Por eso los segadores no han vencido ni vencerán del todo. Ni menos al final de la Final Contienda.

MIRADA BIOGRÁFICA.

Para entender a Maeztu se lo puede abordar biográficamente. No como cronología –allí están para quienes se interesen, las difundidas “Tablas Cronológicas” de Dionisio Gamallo Fierros, o los apuntes siempre cálidos de su hermana María- sino como itinerario espiritual, como camino de perfección, diríamos más ascéticamente. En este sentido, la vida de Maeztu es un dechado nítido de que para el cristiano también la propia y personal historia es más regreso que progreso; o mejor aún, que el progreso consiste en regresar, en volver por el Germen Inaugural, en culminar la parábola y retornar a la Casa del Padre.

Es que Maeztu, como todos, fue fruto y consecuencia de su ambiente y de su tiempo: una nación que se quebraba y reducía territorialmente, y el furor iconoclasta y nihilista con que aquella generación vivió ese tránsito complejo al siglo XX. Si su hogar lo marcó con una crianza en la que se entremezclaron el españolismo decimonónico y el talante aristocrático y religioso británico, recibido a través de su madre, sus numerosos viajes y contactos por Europa y por América, lo rodearon de influencias que no siempre supo ordenar.

La izquierda suele reivindicar su período 1897-1904, o el fabianismo y el guildismo de los años 1905 a 1916, o las inclinaciones kantianas en sus visitas juveniles a Alemania, pero no hay con qué sostener definitivamente esta hipótesis. Da pena, por ejemplo, ver los esfuerzos de un Edward Inman Fox en tal dirección. Porque Don Ramiro, aún entonces, veía más de lo que miraba, dejaba entreleer más de lo que escribía y callaba lo mejor –rumiándolo en silencio- para otorgárnoslo a su hora. Entregó temporariamente al error sus corazonadas más que su entendimiento; y la inteligencia lo salvó del naufragio devolviéndole el ritmo exacto a sus corazonadas.

Por eso él no gustaba hablar de conversión -y la palabra, en rigor, no le cabe- pero nos dejó narrados en varios pasajes, principalmente en los de su Autobiografía, el encendimiento de fervores que lo recondujo a Jesucristo, en plenitud de entrega y de servicio. Por sensibilidad genuina ante los problemas sociales (culposamente ausente hoy en quienes gobiernan) abrevó en la Doctrina Social de la Iglesia; por lealtad a la Iglesia se enraizó aún más en las esencias de la patria; y por ese amor lacerante a la patria se consagró entero al amor de Dios. Peregrinar de virtudes, su camino, parece ir de la caritas a la pietas, y desde aquí a la Fe, en un trazo vacilante a veces, pero con la belleza de las líneas rectas que parecen buscar el infinito.

MIRADA BIBLIOGRÁFICA.

En segundo lugar, a Maeztu, se lo puede encarar bibliográficamente. No como catalogación de títulos, por cierto, sino como radiografía de una docencia que ganó en fecundidad y en discípulos en la medida que se hizo menos novedosa; esto es, menos subjetiva y más expresión de verdades perennes. Y que ganó en resonancia y reverberación cuanto mejor se hizo eco o repique de la música antigua y sacra de la Sabiduría. Esa que él entonó con carácter notable, con actitud hímnica; admirable concordia entre lo lírico y lo épico. La gran herencia maeztusiana es el símbolo convocante de la Tradición. El estilo es el hombre; ya se sabe. Él y la Tradición cruzaron caminos convergentes por el puente del estilo. Desde entonces, decir maeztusiano, como decir quijotesco, es una categoría que define y califica.

Pero este acercamiento bibliográfico que mentábamos, es una tarea ímproba, tanto por la fecundidad de lo que ha producido como por lo que sobre su obra convocante se sigue publicando. Desde su primer artículo en El Porvenir Vascongado, en 1896, hasta el último dirigido a La Prensa de Buenos Aires, en el año de su muerte, don Ramiro no dejó de escribir. Cuando Vicente Marrero –sin duda su mejor biógrafo- se hizo cargo de dirigir la edición de sus obras completas en Editora Nacional primero, y en Rialp después, el plan comprendía treinta volúmenes, sin dejar de ser antología. La exhumación total de sus páginas aún no ha concluido, y no le han faltado en justicia quienes se ocuparan de ellas. Como estos camaradas españoles de Luz de Trento, que mentábamos al principiar la nota.

Es que Maeztu escribía como un hábito incesante, como una disciplina espiritual severamente reglada; pero escribía también como una prolongación de su buen combate y casi como una lid intensa sin tregua alguna posible. Su prolificidad era su modo de acometida y su carga a fondo, y al igual que Job, podría haber repetido cada mañana: “¡Quién me diera que mis palabras se escribiesen! ¡Quién me diera que fuesen consignadas en un libro!” (Job, 19-23).

De la vigencia de sus letras es una nueva y patente prueba la obra ya citada ¡Santiago y cierra España!. Allí, verbigracia, en el capítulo “El fracaso de la libertad”, se afirman ideas que parecen escritas para este aciago aquí y ahora del ideologismo liberal opresivo. “La libertad –nos dice- no es en sí misma principio positivo de organización social. Hablar de una sociedad cuyos miembros tengan la libertad de hacer lo que quieran es una contradicción en los términos mismos. La libertad en este sentido no constituiría sociedad alguna [...]. Es una extraña superstición hacer creer a tantas gentes que la libertad les da derecho legítimo a negarse a desempeñar función alguna necesaria a la sociedad a la que pertenecen”. Pues en esta superstición se nutre la “peste perniciosíma del liberalismo”, como lo retrató Pío IX.

Alguien podría argumentar que los escritos de Maeztu no son más que una sucesión de notas periodísticas y por ello mismo marcados con el sello de lo contingente o efímero. Él mismo pareció responder esta objeción, cuando hacia 1931, con ocasión de recibir el Premio Luca de Tena, declaró en un reportaje que coincidía con los germanos en la distinción entre “también periodistas” y “sólo periodistas”, situándose con sencillez en este último rubro. Creemos que es exactamente al revés: sus escritos periodísticos no son sólo éso. Plausibles u objetables esa es su característica común. Pero además, Don Ramiro, no consideró igualmente importantes todas sus hojas. Deseó sin poses ni falsas modestias, sino con el dolor sincero del arrepentimiento, que una parte de ellas fuesen olvidadas y quemadas; y creyó genuinamente que su mensaje podría reseñarse en pocos pero capitales párrafos. No era un desplante esteticista ni un juego borgiano. Era el fruto de su metanoia, en el sentido más empinadamente teológico del término.

LEGADO DE UN CONVERSO

¿Cuál su legado, su cesión o encomienda, a siglo y medio de su natalicio? Sería aventurada una síntesis –al menos hecha por nosotros- pero se nos permitirá acercar una respuesta posible. El gran legado de Ramiro de Maeztu es la Hispanidad.

No siendo su pluma, haría falta para explicárnosla, la de Zacarías de Vizcarra, Eugenio Montes, Agustín de Foxa o la de nuestro Braulio Anzoátegui. Pero al no ser posible el milagro de que aunadas las suyas sustituyan a este calamo currente, digámoslo con la imperfección del caso. La Hispanidad que amó y defendió Maeztu, y por la cual vertió su sangre, no es una categoría étnica ni geográfica; no es siquiera enteramente una cuestión política, aún conteniendo como contiene el justiciero y necesario elogio de la monarquía. Poco tiene que ver tampoco su planteo de fondo con cuestiones geoestratégicas o de posicionamiento hemisférico. No es la España moderna la que lo desvela, crecida al calor de la Revolución Mundial Anticristiana, con todas sus etapas antañonas y actuales, pero todas inicuas. Ni es el borbonato de ayer remozado hoy, pero siempre ahíto de felonía y de ultraje, de masonismo y de apostasía, de “taberna al final de una noche crapulosa”. Al contrario, contra todo esto y tanto más lidió heroicamente Don Ramiro.

Su Hispanidad, que quiere ser la nuestra, es la Christianitas Hispánica, la corporización en tierras ibéricas del “¡Id y predicad!”, del “¡Bautizad y convertid!”; es la consumación del mandato y de la misión confiados por Nuestro Señor a Santiago Apóstol; es uno de los nombres de Cristo, diría Fray Luis de León, hablando analógicamente. Porque las tres cosas que más amaba Jesús las repartió en vida y en agonía a quienes alta y superior confianza les tenía. A Pedro le dejó Su Iglesia, a Juan le dejó Su Madre y a Santiago le dejó Su España. Un nombre que debe proferirse y pronunciarse aunque sea en el exilio de los nombres al que nos tiene sometido el Innombrable.

LA HISPANIDAD.

La Hispanidad, entonces -y entiéndase que estamos abreviando- es una cuestión teológica, no ideológica; de índole mistérica y no problemática, de condición y no de situación, misional y no coyuntural, ontológica, no fenomenológica y, por lo tanto, plenamente inteligible sub specie aeternitatis. Negar la Hispanidad, mediatizarla o subalternizarla, abdicar de ella, abjurar de nuestra savia es, en ultimísima instancia, renegar de Cristo y protestar de espaldas a Él. Asumir en cambio la Hispanidad como proyecto posible, regenerador y unitivo, ante las amenazas de enemigos reales y poderosos, es ser. Por eso gustaba repetir Maeztu aquello de que ser es defenderse. Ser es afianzar lo propio frente a las extranjería del alma y la barbarie del espíritu.

Por no entender cabalmente este concepto clave del pensamiento maeztusiano, es que parecen querer oscurecer el horizonte actual de nuestra causa por lo menos dos grupos estrafalarios de ideólogos. Uno se jacta de apatridismo, amañando citas de los Padres y de Santo Tomás de Aquino, para justificar lo injustificable. Son unos pusilánimes. Forman ese partido de los intelectuales o devotos, que desenmascaraba Peguy; y que se caracterizan por creer que son de Dios porque no se atreven a batallar en el mundo. No aman a nadie, pero se consideran monopolizadores del amor a Dios. El otro bando lo constituyen ciertos enajenados mitómanos que, en el afán indiscriminado de condenar la totalidad del proceso independentista americano, sin separar el trigo de la cizaña, lo lícito de lo espurio, incurren en la hybris del malvado Tersites, que osó insolentarse contra los héroes. Son, redondamente, una reata de mentirosos.

De allí que resulte tan importante conocer el ideario de Don Ramiro sobre la Hispanidad y sus frutos en América. Ese “ser es defenderse”, que él nos pidiera, lo veía realizable en la unión del logos con el coraje. Por eso despreciaba a los intelectuales sin valor y a los valientes sin intelecto. Por eso hizo de su vida de soldado una prefiguración de su lucha metafísica, y de ésta un acuartelamiento en la Verdad. Y por eso, tal vez, cuando lo asesinaron, se le podría haber aplicado el juicio de Ortega ante el asesinato de otro Ramiro: Ledesma Ramos; y era tal juicio decir que “habían matado a un entendimiento”. Podría acotarse asimismo que mataron a un arrojo, pues ambas cualidades lo definían. Razón y Pasión por Dios y por España.

Ahora sí cobra mayor sentido que retomenos el comienzo de esta nota. Sus hidalgas palabras finales no han dejado de cumplirse, ni él ha dejado de pronunciarlas. Cuando los tiros rencorosos de los comunistas acabaron con su vida, por las calles y los caminos y los paisajes de España prometía clarear la Hispanidad, se juraba devolver la risa de la primavera, y caer en donde Dios lo ordenara, con la camisa azul, la boina roja o la guerrera caquiverdosa de los novios de la muerte. Eran “los hijos” que habían aprendido a ser mejores.

“España es una encina medio sofocada por la yedra”, comienza su célebre Defensa de la Hispanidad. Hoy -nos parece que así lo diría- la yedra ha sofocado a la encina y casi no se la puede reconocer ni ver a España. Cuando el Señor de los Ejércitos disponga podadores que limpiando la fronda horrible permitan ver de nuevo –aquí y allá- el rostro de la Hispanidad; cuando los nuevos y fecundos hijos recuperen con sangre y sones de Cruzada la filiación traicionada, se cumplirán una vez más, redondamente, sus palabras echadas al rostro vil de sus verdugos; y podremos evocarlo victorioso con los versos de Pemán:

“Ramiro de Maeztu,

Señor y Capitán de la Cruzada:

¿dónde estabas ayer, mi dulce amigo,

que no pude encontrarte?

¿Dónde estabas?

¡Para haberte traído de la mano,

a las doce del día, bajo el cielo

de viento y nubes altas,

a ver, para reposo de tu eterna inquietud

tu Verdad hecha ya vida

en la Plaza Mayor de las Españas!”.

 Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Don-Ramiro-de-Maeztu-un-martir-olvidado-546433.note.aspx