06/02/1914
El Museo de la Patagonia exhibió el cráneo del lonko Catriel y su poncho desde la inauguración en 1940 hasta 1991. Tras un largo trámite, los restituyó a la comunidad mapuche.
El intendente del parque Nahuel Huapi, Horacio Paradela, explicó que, «en ese entonces, era una política institucional conseguir colecciones arqueológicas a través de compras o donaciones que, en algunos casos, contenían restos humanos. Las fotos de las vitrinas del museo dan cuenta de la cantidad de restos humanos y de la decisión de exponerlos como parte de los pueblos originarios que, en ese momento, se decía que ya no estaban«. Esa política cambió en la década del 90.
El pedido de restitución por parte de la comunidad se oficializó en 1999 ante Parques Nacionales. En 2008 el antropólogo del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), Fernando Pepe Tessaro, tomó el planteo que se concretó recién en 2018, después de una larga década de trabajo con la comunidad. No fue simple ya que las partes no se ponían de acuerdo.
El primer paso consistió en que el Museo de Ciencias Naturales de La Plata restituyera los restos de seis individuos a la comunidad Catriel. Luego se solicitó a Parques Nacionales la devolución del cráneo y el poncho del cacique.
«Cuando surgió el reclamo, empiezan los debates internos dentro de Parques a principios del 2000: ¿eran objetos de museo o debían ser devueltos, reconociendo los derechos a las comunidades que lo solicitaban? Parques decidió que debían ser restituidos», contó Paradela que promovió esta restitución desde el área de Patrimonio Cultural de Parques en Buenos Aires. Ya en Bariloche como jefe de Conservación del parque Nahuel Huapi, asistió a la restitución.
«No se logró antes por peleas internas entre los descendientes de Catriel. Recién en 2018 se consiguió cuando se llega a un un acuerdo judicial», añadió.
Las 22 restituciones.
Desde el INAI, el organismo que conduce Magdalena Odarda, Pepe Tessaro trabaja con 29 pueblos originarios distribuidos por todo el país, Paraguay, Bolivia y Chile. Intervino en la primera restitución a comunidades en 2010 y 12 años después, lleva 22. Una de ella compete al Museo de Bariloche.
El cacique Cipriano Catriel fue asesinado en 1875. «Le cortaron la cabeza que se exhibió en el Museo de Bariloche como un trofeo hasta que cambió el paradigma. Cuando trasladan el cuerpo del Perito Moreno y lo sepultan en la Isla Centinela en 1944, sobre el ataúd había varios ponchos de caciques. Uno de ellos era el de Cipriano Catriel«, relató Pepe Tessaro que coordina el Área de Identificación y Restitución de Restos Humanos Indígenas y Protección de Sitios Sagrados del INAI.
Paradela confirmó que el cráneo de Catriel fue donado al Museo por una persona, aunque antes, habría estado en poder de Franciso Pascasio Moreno. En una carta a su padre, Perito Moreno escribió que había limpiado «esa joya envidiada por muchos» porque tenía mal olor.
El primer pedido de restitución lo efectuó Modesta Catriel, la bisnieta de Cipriano. Cuando murió, el pedido lo continuó Marta Catriel, su tataranieta. También murió en la espera y el chozno Domingo Catriel tomó la posta.
La restitución se llevó a cabo en la sede de Parques Nacionales en Buenos Aires en 2018. La comunidad decidió enterrar el cráneo en la plaza Respeto a los Pueblos Originarios, en Azul, donde hay un mausoleo.
«El día de la restitución los miembros de la comunidad tenían sus sentimientos a flor de piel. Fue un momento tremendo por toda la violencia simbólica y material que significó ver el cráneo de su antecesor, los años de espera y la ausencia de Marta y Modesta que no pudieron ver el fruto de su lucha de años», contó.
El Museo de la Patagonia aún conserva los estribos, boleadoras, un rebenque y un sableo de Cipriano que no fueron incluidos en el pedido original de sus descendientes.
¿Cuál es el peso de una restitución? «Desde mi lugar -respondió Pepe Tessaro- entiendo que es una reparación histórica para las comunidades, la sociedad y la antropología. Es una deuda pendiente desde el genocidio que, al día de hoy, tiene secuelas».
Esta restitución demoró casi dos décadas. Por lo general, las instituciones que conservan estos restos humanos se niegan a entregar lo que consideran «un patrimonio de la Nación». «Restituir tiene varias implicancias y se niegan a realizarlas porque no quieren reconocer que fueron parte del genocidio y saben que las comunidades van por los restos humanos, pero también por los tesoros de las comunidades que guardan los grandes museos», señaló Pepe Tessaro.
Paradela, por su parte, consideró que la restitución «fue cumplir con una solicitud histórica de los descendientes de Catriel. Tiene que ver con cumplir la normativa nacional y es lo mínimo que el estado debe hacer en lo que hace al reconocimiento de lo que ha sido la conquista militar en Patagonia».
Planteó el cuidado y respeto que requieren estos procesos ya que «no se aborda un objeto sino el reconocimiento de una persona con nombre, apellido y una historia. Además, se debe reconocer la particularidad cultural con la ceremonia, rito y proceso de cada pueblo».
Antropología de la demanda.antro
Los especialistas comenzaron a analizar las restituciones en el 2006, cuando a partir de la gran cantidad de solicitudes de las comunidades, se hizo una antropología de la demanda. Se pedían los restos en exhibición. Pepe recordó que «hubo hombres, mujeres, niñas y niños que murieron prisioneros, en exhibición«, por ejemplo, en el Museo de La Plata.
La ley de restituciones -la devolución de restos humanos indígenas que forman parte de museos y colecciones a los pueblos descendientes que los reclaman- fue promulgada en 2001 pero recién nueve años después, la entonces presidenta Cristina Kirchner firmó el decreto reglamentario a pedido de algunos antropólogos. A partir de ese momento, el INAI pasó a ser un actor central.
La resistencia de la antropología no solo se genera en Argentina, advirtió, sino también en Europa. Puso como ejemplo el Museo del Hombre en París que hasta ahora, se ha negado a devolver los restos del cacique mapuche tehuelche Liempichún Sakamata, que estuvieron exhibidos en esa institución luego de que un conde francés profanara su tumba a fines del siglo XIX. En la última visita del presidente Alberto Fernández a Francia, Emmanuel Macron aceptó el reclamo argentino.
Los primeros días de abril los restos de seis cuerpos de pobladores originarios que fueron encontrados en Las Grutas entre 2015 y 2017 fueron restituidos a la comunidad mapuche Traun Kutral. En una ceremonia, procedieron a enterrarlos en el cementerio al sur de esa localidad.
Los restos correspondían a 5 adultos y a una niña y se encontraron cuando la firma Aspa SRL realizaba un movimiento de suelo en ese lugar.
PUBLICADO EN DIARIO RIO NEGRO.
https://www.rionegro.com.ar/sociedad/el-museo-de-bariloche-le-devolvio-el-craneo-de-un-cacique-mapuche-a-sus-descendientes-2296486/
Personal de Prefectura Naval Argentina a bordo del guardacostas monitoreó el área con igual resultado. "De todas maneras, personal del Parque continuará realizando el monitoreo de la situación a fin de evaluar medidas a implementar en caso de ser necesario", señaló la Intendencia del parque nacional.
Como se explicó en comunicado anterior, el puma es un animal silvestre, adaptado a las condiciones climáticas de la región, buen nadador y no necesita de asistencia humana para su supervivencia.
El puma había sido el martes sobre un témpano del Glaciar Upsala por 80 turistas nacionales de un crucero que realizaba una excursión en el Lago Argentino, en Santa Cruz, cerca de El Calafate.
"Llevábamos 80 pasajeros en una excursión de ocho horas que había partido a las 9 de la mañana y a las 13,15 en la entrada del Canal Upsala, en uno de los témpanos divisamos un animal que enseguida por la silueta nos dimos cuenta que se trataba de un puma", dijo a Télam Pablo Mazzei, capitán del crucero María Turquesa.
El capitán de la embarcación dijo que al divisar el puma decidieron acercarse "sigilosamente hasta unos 50 metros, para poder capturar las secuencias" de imágenes y videos que se viralizaron.
"Fue tremendo", aseguró Mazzei sobre el avistaje, y dijo que al acercarse el catamarán, de unos 18 metros de alto por 40 metros de largo, el puma "subió más arriba del témpano bastante grande que avistamos".
El capitán, oriundo del sitio turístico que tiene al Glaciar Perito Moreno como su mayor atracción mundial, dijo que nunca había visto un ejemplar de puma arriba de un témpano.
"Tenés que tener una suerte bárbara, son milésimas de segundo que pasamos por un lugar o por otro, y llegar a agarrarlo justo en ese momento es espectacular", añadió.
Mazzei dijo que eran turistas de todo el país los que pudieron apreciar el espectáculo, que se produjo cuando estaban por divisar el Glaciar Upsala.
"Hoy no hubo navegación, estamos navegando tres veces por semana, pero seguro que ya está en tierra firme, ayer mismo seguro, porque es habitual que crucen, lo que no es habitual es verlos. El puma anda en la nieve y en el hielo", destacó Mazzei.
La intendencia del Parque Nacional Los Glaciares por su parte, emitió un primer comunicado en el que informó sobre el avistaje y enfatizó: "el animal llegó por sus propios medios al sitio, dada su condición de buen nadador, y se espera que de igual manera regrese a la costa".
"El área protegida cuenta con registros anteriores donde pumas han cruzado a nado de una costa a la otra, en sitios como el Brazo Rico. De todas maneras, personal del parque está realizando el monitoreo de la situación a fin de evaluar medidas a implementar en caso de ser necesario", añadió.
Ayer, tras rastrillar la zona infirieron que se fue por sus propios medios.
Fotos: Luis Alejandro Acharez.
PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO", 22 DE JULIO DEL 2021.
https://www.rionegro.com.ar/el-puma-se-fue-nadando-del-iceberg-a-la-deriva-en-el-calafate-1893916/
Recuerdos de mi abuelo Francisco Pascasio Moreno.
por Beatriz Chávez.
Francisco Pascasio Moreno, naturalista, padre de los Parques Nacionales patagónicos: tuve oportunidad de contactarme con recuerdos de su nieta Adela, que lo evoca en estas líneas.
Nació el 31 de mayo de 1852, fiesta de San Pascasio. Su casa estaba ubicada en Paseo Colón y Venezuela, en la Capital Federal. Perteneció a una familia acomodada, y tuvo cuatro hermanos. Su madre se llamaba Juana Thwaites. Concurrió al colegio San José (Adela recuerda que no era muy buen alumno), y luego al Colegio Catedral al Norte. A los 11 años comenzó a coleccionar objetos: su padre lo llevaba a Palermo a buscar cosas raras. Él las seleccionaba, y le fue otorgado un mirador para armar su museo.
Al principio, coleccionaba estampillas con sus hermanos, Francisco Pancho, Josué y Eduardo. Recuerda que Germán Burmeister fue a ver su “museo”: le llamaba la atención el conocimiento temprano de esta criatura de la naturaleza. Luego, se fueron a vivir a la Quinta de Moreno de 8 manzanas, donde estuvo el Instituto Bernasconi. En 1871 murió su madre de fiebre amarilla, por lo que su padre los llevó a la estancia de su hermana, cerca de Chascomús: en las cercanías descubrió un yacimiento fosilífero y juntó 40 cajones, que se hizo llevar para formar parte de sus colecciones. El Museo creció. Al cumplir 20 años su padre le regaló un inmueble, en el que plantó un aguaribay que después fue árbol histórico. Su enfática defensa, en las 1800 leguas que salvaguardó ante Chile, lo hicieron emblemático en el tema. En 1874 comenzaron sus viajes: con la intención de llegar a la Patagonia, se embarcó con Martín Guerrico y llegaron a Santa Cruz y Río Negro, pero debieron volver por razones políticas.
En 1875, la meta era llegar a la cordillera de los Andes y encontrar un paso que nos uniera a Chile. La primera parte del viaje la hizo en tren hasta estación Las Flores; luego continuó en diligencia hasta Carmen de Patagones y así sucesivamente. El 22 de enero de 1876 llegó al Nahuel Huapi. Allí el cacique Sahihueque le dio permiso para llegar al lago, pero no al paso. Además, le dio poca comida, por lo que debieron regresar. Recuerda su nieta que Francisco izó la bandera patria, bebió sus aguas en las nacientes del Limay; consideraba que militarmente fue el coronel Vinter quién había llegado en 1881. Regresó apurado porque se enteró que se hablaba de un malón en Azul. Sahihueque le tendió una celada, y el 23 de enero lo hizo llevar prisionero desde la Península San Pedro hasta los toldos de Caleufú. Se escapó el 11 de febrero de 1880 en forma cinematográfica.
Cuando llegó a su trabajo lo habían dejado cesante por exceder en los permisos. Pidió Junta médica de los Dres. Rawson, Pirovano, Herrera, Vegas, Lanús, su estado era deplorable. Luego viajó a Francia. En 1884 tramitaba con Rocha la fundación del Museo: para financiar las obras vendió unos terrenos de su propiedad en La Plata. En 1885 se casó con Marianita Menena Varela, de 17 años, y se fueron a vivir a la casa del Museo. Podemos apreciar una caricatura del Perito que acompaña el escrito enviada por su bisnieta.
“En 1896 el abuelo Pancho aceptó el nombramiento de Perito en las cuestiones de límites con Chile para las que se había preparado durante 20 años”, recuerda Adela. Félix Frías le había dicho que esa parte del territorio iba a ser discutida con Chile. Sus acciones lo definen: donó 3 leguas en Bariloche que fueron el puntapié del Parque Nacional Nahuel Huapi y, de paso, fundar Parques Nacionales.
Creó muchas guarderías y jardines de infantes. Fundó escuelas técnicas para adultos. Fue diputado. Fue vocal y vicepresidente del Consejo Nacional de Educación. El abuelo Pancho, como escribió su nieta, fue al sur, y en 1877 bautizó con ese nombre al Lago Argentino porque veía la bandera en todos lados. Dijo en una oportunidad” Yo, que he dado mil ochocientas leguas a mi Patria y el Parque Nacional, donde los hombres de mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos ni un metro de tierra donde sepultar mis cenizas”.
Murió en la madrugada del 22 de noviembre de 1919: lo llevaron a la Isla Centinela, donde todos los botes que pasan le rinden homenaje a uno de los grandes hombres que tuvo nuestra historia, un verdadero héroe civil, como es recordado muy a menudo.
Publicado en Carta de Lectores del Diario Río Negro, domingo 23 de mayo de 2021, Edición Nro. 26165.
Es que el Gualicho haciendo honor a su nombre es el ámbito terrible rodeado de hechos legendarios y personajes que escapan a toda razón. Bernabé Lucero, el salamanquero, lo conocía palmo a palmo, y en la Piedra de Poderes, entre bailarines, acordeonas, toros enfurecidos y el Señor de las Tinieblas, pactó con este para aprender a tocar la guitarra. El viejo camino del Chancho, donde hay que pedir permiso y ofrendar para tener suerte en el viaje. Mitos, leyendas que asombraron hasta investigadores como el perito Francisco Pascasio Moreno y el suizo George Claraz, entre otros.
El camarógrafo Sergio Flecha Pérez en su ameno libro Salina del Gualicho, que tuve el privilegio de prologar, en uno de sus más ilustrativos capítulos da una respuesta científica sobre los interrogantes de las preguntas sobre si la sal tiene vida propia y sobre el color de los flamencos. “Imposible pensar –dice el Flecha- que dentro de la sal exista vida. Sin embargo, la artemia salina, pequeño crustáceo branquiópodo, desarrolla su ciclo íntegro de vida en este escenario de sal y soledad, hundido a 75 metros bajo el nivel del mar”. “No vive en los mares, sí en aguas continentales saladas de todo el mundo, a excepción de la Antártida y el Polo Norte”. “Son animales filtradores y se alimentan de algas unicelulares que se encuentran suspendidas en aguas altamente salinas”, “Diminuta, sin llegar a medir un centímetro, agita sus patas creando corrientes de agua para remover los fondos y lograr así su alimento”. “En ´pocas de desove y eclosión transforman a la salina en un horizonte de color naranja, momento en que aparecen los flamencos, buscando alimentación y el tinte para sus plumas”.
“Cuando nacen los flamencos son grises o blancos. Al cabo de tres años su plumaje se torna rosado, rojo o anaranjado, como resultado de los carotenoides que adquieren en la alimentación”.