GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, mayo 29, 2022

29 de Mayo de 1810: "DÍA DEL EJÉRCITO". REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE PATRICIOS.

29 de Mayo de 1810: "DÍA DEL EJÉRCITO".  REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE PATRICIOS.


El Regimiento de Infantería “PATRICIOS”, es una unidad del Ejército Argentino que tuvo su origen en el cuerpo miliciano formado el 15 de septiembre de 1806 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, luego de la primera invasión inglesa respondiendo a la proclama del Capitán de Navío y posterior virrey Santiago de Liniers y Bremond. Santiago de Liniers que convocó a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo pirata inglés. 

Así nació la “Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires”. 

Tuvo su bautismo de fuego el  5 de julio de 1807 defendiendo Buenos Aires durante la segunda invasión.

Fue su primer Jefe el, entonces, Teniente Coronel Don Cornelio Saavedra. Esteban Romero fue elegido comandante del 2.º Batallón y José Domingo Urien del 3.º Batallón. Manuel Belgrano fue elegido sargento mayor. Figuraron como oficiales Feliciano Chiclana, Martín Lacarra, Gregorio Pedriel, Vicente López y Planes, Eustoquio Díaz Vélez y miles de valientes criollos.

Es considerada la unidad de Combate con más de 200 años de historia, la más antigua del Ejército Argentino y de Hispanoamérica.

Estuvo presente en las jornadas de mayo de 1810.

Mediante la proclama del 29 de mayo de 1810, sólo cuatro días después de asumir el gobierno, la Junta dispuso ampliar los batallones de milicias existentes al rango de regimientos.

Otros datos:

Durante la Guerra de la Independencia, participó entre otras, en las gloriosas jornadas de Suipacha, San José, Las Piedras, Montevideo y Tucumán.

En el año 1833 intervienen en la campaña del desierto de Juan Manuel de Rosas.

En la década de 1840, participó exitosamente en el rechazo de las sucesivas incursiones anglo-francesas a las costas argentinas, alcanzando su mayor brillo el 20 de noviembre de 1845 en el Combate de la Vuelta de Obligado.

Participó activamente en la infausta guerra del Paraguay (o de la Triple Alianza), luchando en Yatay, Paso de Patria, Tuyutí, Estero Bellaco y Curupaytí, Yatayty-Corá, Humaitá y Lomas Valentinas.

Es en el asalto a Curupaytí, trágica jornada de esta guerra para las armas aliadas, cuando chocaron frontalmente contra la inexpugnable posición de la defensa paraguaya. Allí murió, entre muchos otros, el teniente coronel Manuel Rosetti, jefe del Batallón de Patricios.

A fines del siglo xix, el regimiento recuperó su nombre y se lo destinó a escolta del comandante en jefe del Ejército Argentino.

En 1989 participó en la recuperación del cuartel del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 “General Belgrano”, sito en La Tablada, provincia de Buenos Aires, copado por elementos del Movimiento Todos por la Patria. En la actualidad tiene también el papel ceremonial de escolta del Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el recibimiento de los presidentes extranjeros que visitan Argentina y en la custodia del Cabildo de Buenos Aires.

Fuente de información se utilizaron datos de Wikipedia y La Gazeta Federal.

sábado, noviembre 23, 2019

22 de noviembre de 2019: fallece Francisco Pascasio Moreno.-


Francisco Pascasio Moreno, también conocido como el Perito Moreno (Buenos Aires, 31 de mayo de 1852 - Buenos Aires 22 de noviembre de 1919). 
Ayer 22 de noviembre de 2019 se cumplieron 100 años de la fallecimiento de Francisco Pascasio Moreno. Sus restos descansan en la Isla Centinela, ubicada en el brazo Blest del Lago Nahuel Huapi, Patagonia Argentina.
Hijo una familia patricia acomodada.
Su padre había estado exiliado en Uruguay durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas y su madre era hija de un oficial británico que había sido capturado en el transcurso de la segunda de las Invasiones Inglesas, en 1807, y que luego se radicó en el Río de la Plata.
A partir de 1863 estudió en el Colegio San José, a cargo de los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram (Padres Bayoneses) y desde 1866 en el Colegio de la Catedral al Norte.
A partir de 1863 estudió en el Colegio San José, a cargo de los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram (Padres Bayoneses) y desde 1866 en el Colegio de la Catedral al Norte.
Moreno tuvo un espíritu altruista, especialmente hacia la niñez. Adhiriendo a la coherencia de sus propias aseveraciones: “un niño con barriga vacía, no puede aprender a escribir la palabra pan” en 1904 creó los comedores escolares donde, diariamente, se servían 350 platos de sopa costeados por él. Para hacer frente a los gastos, vendió las tierras que el Gobierno argentino le otorgó como reconocimiento por su trabajo como perito de límites.
En 1874, Francisco Moreno emprendió su primer viaje a la Patagonia, impulsado por un espíritu de aventura, el interés por aprender sobre la geología, la historia natural, la flora y fauna de la región. A su paso por la localidad de Carmen de Patagones, ya había recolectado numerosos cráneos, puntas de flechas, puntas de lanza y sílices tallados. Estos cráneos, dan origen a nuevos estudios antropológicos que fueron publicados en París por el profesor Brocca y despertaron el interés de estudiar a las razas indígenas de América del Sur.
A partir de 1874 las autoridades argentinas le encomendaron al joven Moreno sucesivas expediciones de exploración que tuvieron un doble objetivo: consolidar la soberanía argentina y recabar datos para el avance de las ciencias. En julio de 1874, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, recibió el encargo del Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Dr. Carlos Tejedor, de investigar las inmediaciones de la bahía Santa Cruz. Moreno embarcó en el bergantín “Rosales” para explorar dicha zona donde existía un asentamiento de colonos chilenos.
Francisco Moreno es considerado el padre de los parques nacionales.
Es perito más famoso de nuestro país o de la historia del país, cuyo nombre bautiza una de las maravillas naturales más impactantes del mundo en suelo argentino.
Moreno el primer hombre blanco que llegó al lago Nahuel Huapi desde el Atlántico, donde a los veintitrés años izó la bandera argentina a orillas del mismo. Descubrió el Lago Argentino, al cual también dio ese nombre y supo de su gran glaciar; aunque no alcanzó a llegar a él. Descubrió los lagos Buenos Aires, Viedma y San Martín, así como numerosos picos montañosos. Recorrió incansablemente, a caballo, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén.
Gracias a la intervención del perito Moreno, nuestra Argentina obtuvo cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados en disputa con Chile.
Moreno fue un notable impulsor del scoutismo en la Argentina. El 4 de julio de 1912 se constituye la Comisión Organizadora del Movimiento Scout que se deonominará: “Asociación de Boy Scouts Argentinos” conformaca como Presidente por el  Dr. Francisco P. Moreno; vicepresidente: Gral. Rosendo Fraga; Tesorero: Sr. Montheit Dreysdale, Secretario: Dr. Modesto Quiroga, vocales: Gral. Angel P. Allaria, Sr. José Juan Biedma , Sr. Juan Canter, Dr. Manuel J. Corvalán, Gral. Luis Dellepiane, Sr. Ricardo Dowdall, Sr. Clemente Onelli, Gral. Pablo Richieri, Sr. Tomás Santa Coloma, Sr. Carlos Ripamonti, Cnel. Martín Rodríguez, Dr. Frank Soler, Arq. Carlos Thays, Ing. Arturo Young y Comisionado Nacional Sr. Russel Cristian.
Fue artífice de la primera cumbre presidencial entre Argentina y Chile, que tuvo lugar, ya superado el diferendo fronterizo, el 15 de Febrero de 1899, entre los presidentes Julio Argentino Roca y Federico Errázuriz Echaurren, en el Estrecho de Magallanes.
En el libro Recuerdos de mi abuelo Francisco Pascasio Moreno, su nieta Adela Moreno Terrero de Benites, manifiesta: “Durante muchos años no comprendí la grandeza de ese hombre, al contrario, lo juzgué y confieso que mucho cariño no le tenía, me costaba entender cómo en 1897 al morir abuela Nenena, puesto en la disyuntiva de elegir entre sus cuatro hijos pequeños y la Patria, elige a ésta. Pero la vida enseña mucho y cuando con varios años más empecé a profundizar la vida de esa personalidad, me encontré con un ser maravilloso, y cuantos más datos conseguía recabar, más lo fuí admirando”.
Falleció el 22 de noviembre de 1919, en la pobreza más absoluta, después de solicitar infructuosamente al entonces presidente, Hipólito Yrigoyen, que lo recibiera.
Pocos días antes de su muerte escribió las siguientes palabras: “Tengo 66 años y ni un centavo… Yo, que he dado mil ochocientas leguas a mi Patria, y el Parque Nacional donde los hombres de mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mis cenizas”…
En 1920 el Banco de la Nación Argentina remató judicialmente todos sus bienes, para cubrir sus deudas y créditos pendientes.
Su ataúd fue cubierto por la bandera argentina y tres ponchos que pertenecieron a los caciques: Saihueque, Pincén y Catriel; simbolizando la integración de la Nación Argentina, con los pueblos aborígenes. El féretro fue luego trasladado a la Isla Centinela en pequeño barco "Modesta Victoria", cuyo nombre lleva hoy otra embarcación que también surca el Nahuel Huapi.

martes, febrero 27, 2018

La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato. La Bandera Nacional la insignia que Belgrano nos legó.

Belgrano es el creador de la bandera “azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre.  La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul.  Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer.  El Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.
Tampoco fueron “celeste y blanca” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”.  Fueron solamente blancas.  La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires.
Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en la Batalla de Ituzaingó durante la guerra con Brasil, y en la guerra del Paraguay.  En 1813, José Gervasio de Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”.  La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes.  La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera.  Cuando Lavalle inició la invasión “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) también uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional. ….. “ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165).
Juan Manuel de Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí?  Por varias razones: porque el “azul real” es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc.  Rosas pensó que el color argentino era el azul, porque así lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones.  Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 – 1834) en el Combate de la Vuelta de Obligado y en Batalla de la Angostura del Quebracho (1845 – 1846), y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 cañonazos.
El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribió al encargado de la Guardia del Monte, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que “…Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad.  Esta es la bandera Nacional por la ley vigente.  El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios.  Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!”.  La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs. As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder.  La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo.
Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836.  “Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos.” (José Luis Busaniche) “El color verdadero de ella porque está ordenado y en vigencia hasta la promulgación del código nacional que determinará el que ha de ser permanente es el azul turquí y blanco, muy distinto del celeste.”  Y le recordó que las enseñas nacionales que llevó a las pampas y la del Fuerte, tenían los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires.
Rosas usó la azul y blanco y le adicionó cuatro gorros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820 (que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs. As y las provincias), la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargó a Bs. As. las relaciones exteriores y la guerra) , y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 (creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias).
Derrocado Juan Manuel de Rosas, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” del Combate de la Vuelta de Obligado diciendo además que “la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra”.
Mitre se basa en el “celeste” basándose entre otros argumentos en un óleo de San martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente.  El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”.
En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas.  Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca”  La misma bandera que acompaño a San Martín en su gloriosa gesta y la misma que acompaño los restos del propio Juan Manuel de Rosas en Southampton.
Fuente
Corvalán Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg.
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Fernández Díaz, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, Nº 11.
Portal www.revisionistas.com.ar
Ramallo, Jorge María: “Las Banderas de Rosas”. Rev. J. M. de Rosas, N’ 17.
Ramírez Juárez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”.
Rosa, José María – Historia Argentina.
Turone, Gabriel O. – Manuel Belgrano (2007).
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Fuente de información: www.revisionistas.com.

viernes, septiembre 15, 2017

15 de Setiembre de 1759: en la Villa Imperial de Potosí, en lo que hoy son los Andes bolivianos nace Cornelio Judas Tadeo de Saavedra, Presidente de la Junta del 25 de Mayo de 1.810.

Brig Grl Cornelio Saavedra (1759-1829).
Cornelio Judas Tadeo de Saavedra vio la luz el 15 de Setiembre de 1759 en la Villa Imperial de Potosí, en lo que hoy son los Andes bolivianos. Su familia era de vieja raigambre americana y su hogar rezumaba prestigio y tradición. Pero las difíciles condiciones climáticas de aquella región impulsaron a la familia Saavedra a regresar a Buenos Aires, de donde era oriundo el padre. Entonces Cornelio cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, distinguiéndose por su inclinación a la filosofía. No obstante, siguiendo el camino de sus mayores, se dedicó al trabajo de la tierra. Casado en 1788 con su prima hermana Francisca de Cabrera y Saavedra, ingresó a la función pública en 1797 como Regidor. Dos años después fue nombrado procurador; en 1801 Alcalde de segundo voto y en 1805 Administrador del depósito pública de trigo. De 1799 data un documento suyo poco conocido: un alegato en pro de la libertad de comercio y la libertad de trabajo.
Las Invasiones Inglesas descubrieron en Saavedra una inesperada vocación por las armas. A propósito de esta iniciación castrense, estampó en sus memorias su propia explicación: “Este fue el origen de mi carrera militar: el inminente peligro de la patria, el riesgo que amenazaba a nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella”.
En efecto, durante las invasiones ingleses, el cuerpo de Patricios lo eligió Comandante, marchando él a la cabeza como primer combatiente de este cuerpo, integrado por tres batallones y 23 compañías. Entre quienes despedían a las tropas que iban rumbo a Barracas figuraba su segunda esposa – la primera había fallecido en 1798 -, Saturnina Bárbara de Otárola y del Ribera. Su prestigio creciente en la población de Buenos Aires lo llevó a desempeñar un papel decisivo en las jornadas de Mayo. En la reunión de comandantes del 20 de Mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días más tarde, en el Cabildo abierto, al votar por la destitución del Virrey, obtuvo la adhesión de 86 cabildantes, entre quienes figuraban Castelli, Belgrano, French y otros.
Presidente de la Junta del 25 de Mayo, Saavedra tuvo que enfrentar las alternativas de un clima el cual no estaba acostumbrado. Es decir, un clima político de sutilezas y argucias, de fervor revolucionario con todos los posibles excesos y deformaciones inevitables en un movimiento de esta naturaleza. Después del golpe del 5 y 6 de Abril de 1811 (en el cual Saavedra creyó fortalecerse, apresurándose a separar a los elementos morenistas) abandonó Buenos Aires con rumbo a Salta, con el objeto de reorganizar el derrotado ejército del Desaguadero. Pero el viaje fue aprovechado por sus adversarios para asestar varios golpes: separado del gobierno y del ejército, se intentó confinarlo en San Juan, pero, alertado a tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes por ignotos caminos, arribando a tierra chilena en compañía de su hijo Agustín, de 10 años de edad. En 1814 decido volver a la patria, para no caer en manos españolas, pues los ejércitos reales amenazaban por entonces a Coquimbo. Y mientras vuelve a cruzar la cordillera, su esposa tramita en San Juan el ingreso de Saavedra, que es negado por el Teniente de Gobernador. Doña Saturnina, apela al Gobernador Intendente de Cuyo, es decir a San Martín, quien accede a la solicitud.
Finalmente, Saavedra es enviado a Buenos Aires con escolta para hacer acto de presencia en el juicio que se lo había iniciado y tras la revolución del 15 de Abril de 1815, el Cabildo le devolvió su grado militar. De inmediato, sin embargo, al asumir Alvarez Thornas el cargo de Director suplente lo relega a Arrecifes. En 1818 obtuvo la rehabilitación, Desempañó varios cargos militares, aunque de escasa importancia, y en 1822 se le otorgó el retiro absoluto del ejército.
Murió el 29 de Marzo de 1829, y dos días después el diario “El Tiempo” se hizo eco del fallecimiento en escuetas líneas: “A las 8 de la noche del domingo murió repentinamente el Brigadier General Cornelio de Saavedra. Los buenos patriotas deben sentir su pérdida, por los servicios que aquel ciudadano ha prestado el país”.
En Diciembre del mismo año, el gobierno del General Juan José Viamonte concretó su homenaje trasladando los restos de Saavedra a un mausoleo de la Recoleta.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Fuente de información: Portal www.revisionistas.com.ar

lunes, agosto 29, 2016

26 de agosto de 1833: Antonio Rivero y sus gauchos recuperaron las Islas Malvinas y estuvieron al gobierno de las Islas, donde izaron la bandera Nacional Argentina, hasta el 7 de enero de 1834.

Antonio “El Gaucho” Rivero en el entonces poblado de Montiel, Provincia de Entre Ríos nació el 27 de noviembre de 1808 fue un gaucho peón de campo argentino conocido por liderar un alzamiento en las islas Malvinas en 1833.
Tenía más de veinte años y se conchabó como peón de campo, para criar y esquilar ovinos en las Islas Malvinas alrededor de 1826 acompañó a la expedición de Luis Vernet a las Malvinas para la empresa del mismo Vernet.
Luis Vernet fue nombrado comandante Político y Militar de las Islas Malvinas en 1829, y estuvo al mando de ellas hasta que fue desalojado por los ingleses en 1833.
El 3 de enero de 1833 el Reino Unido ocupó por la fuerza las islas con la corbeta HMS Clio. Su capitán John Onslow, dejó como administrador del archipiélago al colono irlandés William Dickson, quien además era el encargado de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara un barco y todos los días domingos.
Con la autorización británica y desde Buenos Aires, Vernet prosiguió con su empresa privada en la colonia de Puerto Luis, controlándola a través de sus encargados.
De los 13 gauchos y "aborígenes acriollados" que todavía vivían en nuestro territorio las Islas Malvinas Argentinas, un grupo de ocho de ellos se sublevó en desacuerdo con la nueva situación, el 26 de agosto de 1833, seis meses después de la invasión británica de las islas.
Su caudillo era el gaucho Antonio Rivero. Lo secundaban otros gauchos: Juan Brasido, José María Luna, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre.

“Los asesinados fueron:  El capitán Brisbane, quien era en ese entonces el representante inglés de las islas y segundo de confianza de Vernet. Recordemos que Inglaterra abandonó las islas luego de haberlas usurpado y no dejó ningún grupo a cargo de la seguridad, en las islas. Juan Simón era francés y dirigía los trabajos de los gauchos. Rivero y su grupo tenían extrema confianza en él, sin embargo fue asesinado. William Dickson era el despensero y había recibido órdenes de los ingleses al igual que Simón. Ventura Wagner era alemán. Ventura Pasos era un simple ocupante de las islas.
La Población:  No superaba el número de 26, y escaparon a las islotes cercanos por miedo a ser asesinados. Vivieron atemorizados y casi sin víveres durante cuatro meses hasta que la flota británica Challenger llegó a las islas. Sobre lo acontecido ese día no queda bien en claro el objetivo de la revuelta, pero para algunos Rivero es un héroe, es quien se reveló contra la corona británica y defendió los derechos argentinos. Para otros es un simple asesino. No hay pruebas suficientes para saber que el accionar de Rivero fue heroico, es decir, que la revuelta tuvo por objetivo defender los derechos argentinos sobre las Islas” (http://www.elmalvinense.com/).
Llegado a Buenos Aires con el tiempo se incorpora en el ejército de Buenos Aires, siendo gobernador don Juan Manuel de Rosas y allí prestó servicios en el Batallón de Patricios.

Enm la Batalla de Vuelta de Obligado falleció este gaucho patriota, al pie de una batería argentina combatiendo contra los ingleses el 20 de noviembre de 1845.

viernes, febrero 05, 2016

Patricio Horacio Randle 3/3/1927 - 1/2/2016. SALVA DE DESPEDIDA.

SALVA DE DESPEDIDA.
Patricio Horacio Randle 3/3/1927 - 1/2/2016

† Patricio Randle, q.e.p.d.

Me piden que prologue este libro y mi pregunta ha sido: ¿Por qué yo? Honestamente, mi campo no es la Psicología por mucho que haya estimado al Padre Castellani. Me contestan que la razón del pedido es porque soy el único sobreviviente que conocen que haya asistido al curso sobre cuya versión textual dictada por el autor en 1953 se ha editado esta obra. 

La lectura de los originales ha sido para mí una experiencia muy honda porque me ha hecho revivir un momento de mi vida y recordar esas maravillosas lecciones recibidas del Padre. 

He dicho que no soy psicólogo y no importa ciertamente pues lo que nos enseñara Castellani era lo que un hombre medianamente culto debiera saber de Psicología y que precisamente no coincide con lo que nos dictaran en el bachillerato sino como la contracara de aquello. Lejos de la Psicología positivista, de la Psicometría y de una Psicología reñida con la Metafísica, las lecciones que siguen demuestran que para ser buen psicólogo se necesita cultivar el hábito y no encerrarse en el método, pero teniendo una base filosófica. 

Que es lo que demuestra Castellani enseñando con lenguaje llano —nunca hablaba “en difícil”— aun de las nociones más sutiles del alma. Todo sin neblinas subjetivas (a las que son proclives especialmente los psicoanalistas), transparente, lúcido y todo sobre un fondo de la realidad como es: completa, sin abstraer nada de su contexto. 

Para lo cual acude, cuando las circunstancias lo aconsejan, a la anécdota oportuna, el chiste ocurrente, al juego de palabras ingenioso; todos recursos didácticos finísimos que ayudan a entender mejor las cuestiones del alma que se presentan como una imagen y no como productos de puros raciocinios. 

Recuerdo que las clases de este curso memorable durante los meses de inviernoempezaban a las 18:30 en punto los martes y costaban $10, lo cual era una pobre retribución a enseñanzas que no tenían precio pero que le venía bien al Padre desheredado por la Compañía y sin un lugar donde caerse muerto. ¡Por suerte vivió 27 años más! El lugar era el Teatro del Pueblo que ya no existe más aunque el edificio de Diagonal Norte a un paso del Obelisco todavía existe. Había que bajar al sótano por una escalera estrecha lo cual le daba el aire de una cueva subversiva, como lo fue originalmente esta sala donde se representaban exclusivamente obras de autores socialistas y anarquistas, con la particularidad de que después de la función había un debate. En este teatro insólito, el Padre Castellani subía al escenario, que estaba muy alto, con toda energía y se paseaba ágilmente de un extremo al otro mientras hablaba o se detenía frente a un pizarrón donde dibujaba esquemas o escribía nombres y frases que apelaban a la retentiva del público. Su voz modulaba dentro de un amplio registro convirtiéndose en vozarrón viril cuando convenía, adoptando tonos inesperados cuando imitaba a los personajes de los relatos y jamás cayendo en la monotonía. 

Mi encuentro con los originales de este curso no podría celebrarlo más pues es para mí como recobrar la memoria de un recuerdo muy caro intelectualmente hablando. Por sus características, leerlo ahora es como estar oyéndolo a su autor con su estilo directo, sin remilgos, sin frases hechas, con ese estilo conversado que tenía su oratoria no dirigida al mundo abstracto sino a cada uno de sus oyentes. De allí que pudiera decirse en verdad que el Padre Castellani daba estas conferencias para todo público, en el buen sentido de la expresión pues aunque fuera heterogéneo cada uno en su nivel recibía su mensaje. Tal vez podría compararse su fecundidad a un mar lleno de pesca la cual pudiera ser recogida con distintos tipos de redes según las especies. Porque nadie se quedaba sin cosechar. 

Me acuerdo bien que hablando con mi novia de entonces —que es mi mujer desde hace más de 40 años— le previne de que el Padre era un poco excéntrico y que tal vez le chocara. Para mis adentros yo tenía un poco de respeto humano porque me parecía que no podía presentarlo como un gran profesor por tener esa modalidad. Ella acababa de llegar de Cambridge en cuya Universidad se graduara y después de la primera conferencia me respondió: “El Padre Castellani me recuerda mucho más a los buenos profesores que tuve allá que a esos profesores pomposos que son tan comunes aquí.” Y es cierto, la falta de convencionalidad es una buena cualidad de los docentes universitarios ingleses —como lo pude comprobar después teniéndolos como maestros y como colegas en Londres— que se caracterizan por tener una soltura de espíritu no muy fácil de hallar entre nosotros. 

Estas clases de Psicología ciertamente no se parecen en nada a la lectura de un Tratado, como suelen ser frecuentemente las clases “doctorales”, sino que más bien se asemejan a una visita guiada a un laboratorio; no tenían nada de librescas y en todo caso uno participaba del experimento antes de sacar las conclusiones del caso. Todo lo que decía el Padre tenía una “fuerza tremenda”, eso que él mismo define como “la suprema cualidad de la literatura”. Por lo cual me quedó siempre pendiente una pregunta que me hubiera gustado hacerle: siendo así: ¿por qué quería y admiraba a Borges?, ya que haciendo aquella afirmación había dado en el clavo de por qué Borges no puede ser considerado un gran autor puesto que toda su literatura carece de esa fuerza tremenda que está necesariamente emparentada con la noción de “mysterium tremendum” que define a la Religión. Vaya uno a saber; el caso es que releyéndolo ahora me ha ayudado a descubrir el quid de la cuestión. 

Es que muchas cosas que he venido dando por sabidas hasta ahora, como descubiertas por mí mismo, me parece que las aprendí en este curso inolvidable. Algún psicólogo pedante y superficial dirá que la bibliografía que cita Castellani está pasada de moda. El contestaría que sí y remarcaría de moda pero también nos recordaría con von Monakof que “lo que en Psicología no es tan antiguo como el mundo es falso”. Suprema sabiduría de detectar primero lo permanente, lo principaly dejar lo accesorio en segundo lugar. 

Es curioso que, cuando hablando de la educación de los sentimientos hace algunas recomendaciones sobre la formación de un seminarista, resulte que todas las virtudes aconsejadas las tenía él en grado sumo: una sólida formación intelectual, educación artística, don de oratoria y hasta cierto histrionismo sin el cual la predicación puede ser poco efectiva: el ideal del hombre completo que él llenaba a las mil maravillas con humildad y hasta una exagerada timidez que sabía vencer cuando era preciso establecer comunicación con un auditorio nutrido y heteróclito. 

Porque el Padre Castellani no sólo sabía Psicología teórica sino que daba testimonio de dominar la práctica igualmente. Que es la que demostró en este curso felizmente rescatado para este tiempo y el que venga. 

Algún lector se preguntará si este es un libro de Psicología religiosa ya que su autor es un sacerdote y habrá que contestarle que sí, pero de la buena. Nunca cae en el lugar común, ni en la beatería. Al contrario, la combate. Lo religioso en este libro no viene prefabricado ni es, por lo tanto, deleznable. Pero todas sus reflexiones ayudan extraordinariamente al conocimiento del alma, de la propia alma, sin lo cual las virtudes personales pierden todo sustento. Y eso hay que saber agradecerlo porque no hay muchos autores que nos ayuden en ese sentido: una Psicología “desde el alma” en vez de sólo “hacia el alma”. 

Patricio H. Randle*

"Palabras Liminares" a Psicología Humana del P. Leonardo Castellani.

Biografía publicada por la Fundación Konex al otorgarle el Premio 1987.



Patricio Randle
Premio Konex 1987: Científica y Técnica.


Nació el 03/03/1927. Arquitecto (UBA, 1950). Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (UBA). Director de la Fundación Argentina en la Ciudad Internacional de la Universidad de París. Asesor técnico en la Delegación Argentina ante la UNESCO y Director de UNIUR (CONICET). Columnista del diario La Prensa (PK). Director de Proatlas (CONICET). Investigador Superior del CONICET (PK). Presidente de la Corporación de Científicos Católicos. Miembro de la Academia Nacional de Geografía. Autor de numerosos trabajos: Introducción al planeamiento, La ciudad pampeana, El método de la geografía, Atlas del desarrollo territorial de la Argentina, Teoría de la ciudad y del urbanismo, La geografía en la educación, Geografía histórica de la Argentina, Espacios y escalas urbanas, Ciudades intermedias, Historia del urbanismo: La ciudad antigua. Obtuvo numerosos premios, entre ellos: Perito Moreno por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos y el Primer Premio a la producción regional por la Secretaría de Cultura de la Nación.

Biografía ampliada.

Arquitecto recibido en la Universidad de Buenos Aires, 1950. Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, 1958-1993. Director de la Fundación Argentina en la Ciudad Internacional de la Universidad de París, 1966-1969. Asesor Técnico en la Delegación Argentina ante la UNESCO, 1966-1969. Director de UNIUR (Instituto del Conicet), 1976-1985. Visiting Scholer de la Universidad de Londres, 1971-1972. Columnista del diario La Prensa, 1973-1993. Miembro de Número de la Academia del Plata, 1980. Vocal de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, desde 1963. Miembro de Número de la Academia Nacional de Geografía, 1984. Director de Proatlas (Programa del Conicet), 1992. Investigador Superior del Conicet, 1993. Presidente de la Corporación de Científicos Católicos, 1994.
Becas obtenidas: beca otorgada por el Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, 1949; beca otorgada por el Gobierno de Francia, 1950; beca de investigación otorgada por la Universidad de Buenos Aires, 1959; beca otorgada por el Conicet, 1961.
Premio recibidos: Premio Perito Moreno otorgado por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, 1972; Primer Premio a la producción regional otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, 1973; Segundo Premio Nacional de Arquitectura y Urbanismo otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, 1975-1978; Premio Sexagésimo Aniversario de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, 1983; Primer Premio Nacional de Arquitectura, Urbanismo y Diseño otorgado por la Secretaria de Cultura de la Nación, 1986; Primer Premio "Metas para un futuro argentino" otorgado por la Fundación Banco de Bostón, 1991; Premio de Consagración "Ing. Luis V. Migone" otorgado por la Academia Nacional de Ingeniería, 1995; Primer Premio al Mérito Urbanístico otorgado por la Asociación de Planificadores Urbanos y Regionales, 1995; Premio otorgado por la Fundación Astra, 1988.

Libros y trabajos publicados.
"Introducción al planeamiento" - Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1961.
"Geografía histórica y planeamiento" - EUDEBA, 1966.
"La ciudad pampeana" - EUDEBA, 1969.
"El método de la geografía" - 1978.
"Teoría de la ciudad y del urbanismo" - 1984.
"La geografía en la educación" - Editorial Docencia, 1988.
"Geografía histórica de la Argentina" - 1987.
"Espacios y escalas urbanas" - OIKOS, 1989.
"Ciudades intermedias" - Fundación Banco de Bostón, 1992.
"Historia del Urbanismo: La Ciudad Antigua" - Editorial Claridad, 1994.

martes, mayo 05, 2015

Un patriota de segunda mano.

Tengo el extraño privilegio –junto a toda mi generación– de haber sido de las primeras camadas que hicieron toda su educación escolar en tiempos democráticos. Contrariamente a lo que vivieron otras instituciones, en mi colegio no existió la desmalvinización de los ochentas. Es más, la Marcha de las Malvinas ocupaba el segundo lugar de mi ranking de canciones militares para el pogo detrás, obviamente, de la Marcha de San Lorenzo, nuestra Bohemian Rhapsody de los hitazos militares.
En cada 17 de agosto, el papel de San Martín se lo daban a otro Nicolás, hijo de la maestra de 4to A. A mí me pintaban la cara con corcho quemado y me ponían de Sargento Cabral. Lo odiaba. Era casi colorado y mi vieja gastaba tres corchos en lograr un color que tardaba semanas en irse. Y todo para rescatar al boludo de mi tocayo de una certera muerte bajo un caballo de cartulina y palos de escoba. La única vez que salí sorteado para representar a un prócer, me tocó Sarmiento: el único pelado.
Cada proximidad de una fiesta patria era un acontecimiento único, como pequeñas nochebuenas que venían en cuotas. Arrancaba con los especiales de la Anteojito y la Billiken. Sí, las dos. Y como cada año, el juego era el mismo: pegar el Cabildo o la Casa de Tucumán en una cartulina, aguantar una noche, recortarla, armar la maqueta, poner a He-Man de Belgrano, etcétera. Como todavía estaba en la primaria, ser abanderado o escolta era un orgullo propio y no un sinónimo de tragalibros o chupamedias.
En la semana del evento, los docentes nos daban clases especiales para que aprendiéramos qué onda. Honestamente, nos importaba muy poco si habían o no paraguas el 25 de mayo de 1810, de qué color era el caballo blanco de San Martín o si cruzó los Andes en camilla por una úlcera estomacal. Lo único que tenía en claro es que la fecha patria no era un feriado, sino una fiesta de la comunidad en la que, si pintaba, comíamos churros con chocolate en el colegio, y si nos sacábamos la lotería, nos caía la banda del Regimiento de Granaderos.
Lo importante de todo esto es que, con el paso de los años, empecé a sospechar de esos tipos a los que me presentaron como patriotas. Como toda persona con un poquito de intriga, me armé mi camino historiográfico y formé mis propios conceptos de aquellos hombres. Y como era de esperar, los años me hicieron mandar todos los análisis a la mierda y convertirlos en hombres políticos, seres de su época y, por consiguiente, imposibles de juzgar desde la comodidad de mi teclado en el siglo XXI.
Amé a San Martín, desprecié a Sarmiento, odié a Roca, ignoré a Belgrano más allá de la Bandera, adoré el romanticismo de Moreno, admiré a Rosas, insulté la memoria de Urquiza, me cagué en Mitre, reivindiqué a Dorrego, vilipendié a Lavalle, me maravillé con Güemes y sus infernales, menosprecié al General Paz. Odiaba a los Unitarios y me encandilaba el rojo punzó a tal punto que El Matadero de Esteban Echeverría me parecía más un puchereo de quinceañera sin vals que una protesta contra una forma de ejercer la política. Fui formado por una educación que ponderaba a la generación del ´37, más no así a la del ´80, de la cual a los 12 sabía tanto como de la Teoría de Cuerdas, pero mucho más que lo que sabe un egresado de hoy en día. Convengamos que los billetes circulantes no ayudaban demasiado. A los chicos les llaman la atención los billetes. Cuanto más pequeños de edad, mayor admiración por esos papeles de colores que usan los adultos. Agarrar uno era inspeccionarlo. Y ahí tenía los australes: Rivadavia, Urquiza, Derqui, Mitre y Sarmiento del 1 al 100. Con la inflación empezaron a aparecer los liberales, como si un acto inconsciente los llevara a probar alguna receta pagana, y Avellaneda y Roca se colaron en los de billetes de 500 y 1.000 australes.
Los años pasan para todos y los devenires políticos de mis tiempos me llevaron, en algún punto, a perdonar a todos. No, no es soberbia suponer que necesitan de mi perdón: era perdonarme a mí mismo por haberme tomado el atrevimiento de juzgar a quienes hicieron lo que tuvieron que hacer en su momento en función de sus convicciones, que no tuvieron problemas en dejar la sangre por sus ideas, o pasar al ostracismo y sacrificar los honores con tal de “no desenvainar contra un compatriota”.
Como todo joven rosista, Sarmiento me parecía lo más cercano que teníamos al anticristo. Que la casa de descanso del Restaurador de las Leyes –las suyas– se convirtiera en un parque al que, por si fuera poco, bautizaron 3 de Febrero, para que nadie se olvide de cuando le rompieron el totó y lo mandaron al exilio, me resultaba un insulto. No puteaba a Urquiza y a Mitre, lo puteaba a Sarmiento por el arrebato vengativo. De Roca mucho no hablaba, porque me resultaba un genocida conservador, aunque en ésta tengo que reconocer que algo de culpa tuvieron mis educadores católicos.
Obviamente, para encontrar el punto medio hay que conocer los dos extremos. Curiosidades de la vida, un día caí en que las herramientas que me permitieron una mente crítica habían sido instauradas por Sarmiento, Avellaneda y Roca. Que si mis viejos elegían pagar una cuota para que recibiera una enseñanza católica, se lo debían a Roca y que esta Patria, que fue tan progre desde 2003 hasta la llegada del Papa Peronista, rompió relaciones con el Vaticano por que a don Julio Argentino le pareció que no correspondía enseñar religión en un país que impulsaba la libertad de culto en su Constitución Nacional.
Finalmente entendí que, si tenemos unas hectáreas a las que le podemos llamar país, se lo debemos a todos esos locos, y que por eso se los considera patriotas. Y que se los glorificó porque toda Nación que se precie de tal necesita de mitología. Las civilizaciones antiguas tenían a sus dioses y semidioses, los norteamericanos a sus padres fundadores. Nosotros tenemos a nuestros patriotas, un montón de tipos dispuestos a matarse entre sí por imponer sus ideas, pero que mientras sobrevivían nos dejaron determinadas bases que, aún hoy, nadie pudo destruir del todo. Por otro lado, es superador. Porque no sé si se dieron cuenta que en Argentina todavía nos debatimos entre Unitarios y Federales y pretendemos superar el antagonismo entre peronismo y antiperonismo.
Redondeando, podría afirmar que para ser considerado un patriota, habría que hablar primero de Patria y, al mismo tiempo, haber contribuido notablemente a la creación, defensa o engrandecimiento de la misma. Y el concepto de Patria nos lo desdibujaron tanto con eso de Patria Grande y nuestroamericanismo por un lado, nacionalismo chovinista y anticolonialista por otro, y entreguista faldero de cualquier colonialismo comercial que no sea el anglosajón-norteamericano, que cuesta saber de qué cazzo estamos hablando a la hora de decir Patria. Si encima pretendemos encarar el concepto de patriota desde un punto de vista tan básico como el amor por la Patria –ese lugar compuesto por otros compatriotas a los que hay que respetar por pertenecer a la misma tierra– el asunto se nos va de las manos.

Todos los que llamamos próceres nos dejaron algo, incluso los que más odiamos. [Estimado lector, elija a su prócer más despreciado, no importa cuál. Cuente las letras de su apellido, multiplíquelo por 5, réstele las letras del nombre: Si el número le da entre 1 y 100 mil, no importa el resultado, usted le debe algo] Y acá viene el temita de ver a Cristina descubriendo los cuadros de Néstor Kirchner y Hugo Chávez en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos.
Todo bien, convengamos que no podíamos pedir demasiado de parte de una Presidenta que sostiene que éste es el modelo que Belgrano y San Martín soñaron, de lo que se desprende que el que donó su patrimonio para construir una escuela y el que decidió alejarse del Poder para evitar confrontaciones, soñaron con un país generador de semianalfabestias en que se confunde igualdad con justicia social y en el que la meritocracia es un insulto a la moral y buenas costumbres de un Gobierno que en doce años de gestión logró el curioso récord de dejar el país con los mismos índices de pobreza que tenía al asumir y rogándole inversiones a países en los que la democracia y los derechos humanos son teorías abstractas.
Lo que cuesta creer es que la Presi, de la que se puede poner bajo un manto de sospecha su título de abogada, pero de cuyo paso por la educación primaria y secundaria sí existen constancias, desconozca cuestiones tan básicas como que jamás podría denominarse “bolivariano” a un sistema como el instaurado por Chávez y continuado por el payaso triste Nicolás Maduro. Va con onda, pero además de ser uno de los libertadores de América, Simón Bolívar era un demócrata liberal que, entre sus frases más famosas, dijo que “nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder” porque “el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. No hace falta recurrir a un estudio revisionista profundo como para saber que un país en el que tienen que elegir entre Patria o limpiarse el culo con papel higiénico no es precisamente el ideario que soñó don Simón.

En cuanto a Néstor, vuelvo al cálculo que propuse unos párrafos arriba. Si después de doce años tenés que agradecer el asistencialismo social, te cagaron. Si tras una década larga reconocés como logro que el gobierno utilice tus aportes patronales para financiarte la compra de un pantalón en doce cuotas, te la pusieron al trote. Si después de 143 meses sentís que es un golazo de media cancha que haya paritarias todos los años, cuando siempre las cierran por debajo de la inflación real, se te cayó la capacidad de discernimiento en el camino. Si pasaron 4.363 días y considerás un mérito loable que la única forma de pegar una casa propia es esperar a que palmen tus viejos y hermanos, o ganar un crédito por Lotería Nacional, fijate que se te perdió la brújula de la dignidad humana tras dos millones de años de evolución. Si ya transcurrieron más de 100 mil horas del mejor gobierno desde que Gaboto fundó el fuerte Sancti Spiritu y creés que ver los partidos gratarola es una reparación histórica por los goles que nos secuestraron y no el mayor despilfarro en propaganda política de las últimas décadas, consultaría con un especialista para ver si en un estornudo no se te escapó el lóbulo frontal.
Igual, va con onda. Los entiendo. El concepto de patriotismo va ligado al amor por el suelo en el que uno nacio o adoptó como propio. Y cómo no amar un país en el que te podés forrar en guita mientras decís que todo lo hacés por la Patria. Si a la RAE le pedimos que se cope con esta nueva acepción, que Néstor Kirchner sea bienvenido a la Galería de los Patriotas Latinoamericanos.
RELATOS DEL PRESENTE 2015.
http://blogs.perfil.com/relatodelpresente/2015-05-05-3523-un-patriota-de-segunda-mano/

martes, abril 29, 2014

EL PATRIOTERISMO por CARLOS SCHULMAISTER.

Es la patrolatría de los que independientemente de su ubicación social, no tienen conciencia de que el mito de la Patria les ha secuestrado sus mentes y sus cuerpos, pese a lo cual se sienten y se creen dueños de sí mismos, de sus pensamientos, de sus gestos y de sus voces en el momento de su tensión pro patria.
Por eso, ya fueran patricios o plebeyos, su fanatismo patriótico los convertirá inevitablemente en clientes de la Patria, es decir, de aquellos que ejercen el poder en su nombre.
El patrioterismo es falsamente espontáneo.
Permanece ligado a formas exteriorizadas y programadas a condición de ser vistas y difundidas extensamente, pues de lo contrario no brindan rédito a sus autores.
Surge de los arrebatos temperamentales o de las emociones elementales antes que del ejercicio del raciocinio. En estos raros casos, suele ser el fruto de inducciones expresas o implícitas de los dueños del poder a través de mecanismos y recursos culturales, educativos o comunicacionales.
Es epidérmico, frívolamente exhibicionista, desbordante, melodramático, jactancioso, exaltado e histérico. Sobre todo, narcisista.
Y así como estalla repentinamente, bien pronto desaparece sin que nada pueda arraigarse en él ya que es como las arenas movedizas, o como simples cáscaras que nada encierran, pues sus signos distorsionan los posibles significados.
Es ridículo, patético; a quien lo observa desde afuera le provoca vergüenza ajena. Se queda en el gesto crispado, violento, en el grito destemplado, desmesurado, en el cliché copiado de la cultura audiovisual que adocena las expresiones contestatarias de las masas desde acá hasta la China.
El patrioterismo es la antesala, entre otras desgracias, del chauvinismo, ya que el patriotero no puede retroceder, so riesgo de licuar su imagen de bizarría trabajosamente construida con gestos tremendistas, de los cuales más de uno de sus cultores espera poder comer el día de mañana.
En ese instante se produce la máxima tensión posible al interior de las contradicciones inherentes al mito de la Patria: nosotros contra el resto del mundo.
Es demagogo, intolerante, autoritario y excluyente, como aquel que alardea de patriota por poner a la entrada del living de su casa un felpudo con la imagen de la bandera británica, para ser constantemente hollado al entrar y salir, lo cual no afecta en lo más mínimo a Gran Bretaña, pues sólo funciona como señal para terceros cercanos respecto del supuesto gran patriotismo del dueño de casa; pero en realidad sí sirve para algo más: para mostrar la poca monta y la degradada condición de su patriotismo.

Algo similar ocurre con aquel que propone declarar obligatoria y universal la enseñanza y aprendizaje de la lengua mapuche en las escuelas de Argentina; o con los que proponen prohibir la enseñanza-aprendizaje del idioma inglés en la escuela pública por ser la lengua emblemática de los dominadores mundiales; o prohibiendo la difusión audiovisual de la música académica, de rock and roll o de jazz, por representar la avanzada de la penetración cultural imperialista, o por considerarlas elitistas o atentatorias contra el “ser nacional”, el cual se hallaría representado únicamente por el folklore y el tango.

Sentir un nudo en la garganta, una congoja que oprime el pecho, unas lágrimas tibias mojando unas mejillas, será para algunos como un lavado del alma, pudiendo experimentar la sensación de hallarse en conexión con la patria por haberse activado en ellos un cierto sentido o facultad que pudiera llamarse sensibilidad patriótica.
Pero cuando estas emociones son reflejos condicionados, causados a repetición por la manipulación o inducción patriotera, se trata en realidad de sensiblería patriótica, correlato habitual del patrioterismo, ya que éste nace y muere en la emoción, a lo sumo en una representación o un mito sintetizador, pero el bien --en este caso un bien recóndito-- vale muy poco si se reduce a una idea, una sensación, una emoción, o la pura fe, y no se convierte en acto o en obras positivas, pues esto último es, en definitiva, la esencia del patriotismo, de la solidaridad y el amor patriótico.
El patrioterismo es siempre una desviación, un atajo, una operación de enmascaramiento de la verdad que, en definitiva, no representa los verdaderos intereses de las mayorías sino sólo los de los grupos dirigentes que dicen ser los representantes de aquellas.
Esto equivale a una mentira encubierta. Se explica por la acción fomentadora de sus beneficiarios en las sombras, y por la extendida carencia de conciencia política racional en un contexto, y por causa de la crisis de la política, a su vez derivada de las renuencias, renuncios y traiciones de la mayoría de los políticos y otras dirigencias.
Entre nosotros, el patrioterismo es algo cotidiano que harta hasta el infinito, que brega por nuevos fueros, es decir, que tiene una tendencia en alza y un nuevo desenfado y petulancia, como se observa crecientemente tanto en los espacios privados como en los públicos, donde son registrados y difundidos por los Mass Media multiplicando sus efectos docentes (persuasivos, disuasivos, coercitivos y finalmente formativos).
En síntesis, patrioterismo equivale a irracionalidad, a atraso, a no haber aprendido ninguna lección de la historia, es decir, de la historia como devenir. Y sobre todo, a dependencia, pero no de una potencia extranjera, sino de nuestra propia ignorancia.
¿Hasta cuándo seguiremos así?

Publicado en: http://www.alfinal.com/politica/patrioterismo.php

Imagen: internet.

sábado, marzo 29, 2014

29 DE MARZO DE 1829: FALLECE CORNELIO SAAVEDRA PRESIDENTE DE LA PRIMERA JUNTA DE 1810.

Cornelio Saavedra.



Brig. Gral. Cornelio Saavedra (1759-1829)
Cornelio Judas Tadeo de Saavedra vio la luz el 15 de Setiembre de 1759 en la Villa Imperial de Potosí, en lo que hoy son los Andes bolivianos. Su familia era de vieja raigambre americana y su hogar rezumaba prestigio y tradición. Pero las difíciles condiciones climáticas de aquella región impulsaron a la familia Saavedra a regresar a Buenos Aires, de donde era oriundo el padre. Entonces Cornelio cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, distinguiéndose por su inclinación a la filosofía. No obstante, siguiendo el camino de sus mayores, se dedicó al trabajo de la tierra. Casado en 1788 con su prima hermana Francisca de Cabrera y Saavedra, ingresó a la función pública en 1797 como Regidor. Dos años después fue nombrado procurador; en 1801 Alcalde de segundo voto y en 1805 Administrador del depósito pública de trigo. De 1799 data un documento suyo poco conocido: un alegato en pro de la libertad de comercio y la libertad de trabajo.
Las Invasiones Inglesas descubrieron en Saavedra una inesperada vocación por las armas. A propósito de esta iniciación castrense, estampó en sus memorias su propia explicación: “Este fue el origen de mi carrera militar: el inminente peligro de la patria, el riesgo que amenazaba a nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella”.
En efecto, durante las invasiones ingleses, el cuerpo de Patricios lo eligió Comandante, marchando él a la cabeza como primer combatiente de este cuerpo, integrado por tres batallones y 23 compañías. Entre quienes despedían a las tropas que iban rumbo a Barracas figuraba su segunda esposa – la primera había fallecido en 1798 -, Saturnina Bárbara de Otárola y del Ribera. Su prestigio creciente en la población de Buenos Aires lo llevó a desempeñar un papel decisivo en las jornadas de Mayo. En la reunión de comandantes del 20 de Mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días más tarde, en el Cabildo abierto, al votar por la destitución del Virrey, obtuvo la adhesión de 86 cabildantes, entre quienes figuraban Castelli, Belgrano, French y otros.
Presidente de la Junta del 25 de Mayo, Saavedra tuvo que enfrentar las alternativas de un clima el cual no estaba acostumbrado. Es decir, un clima político de sutilezas y argucias, de fervor revolucionario con todos los posibles excesos y deformaciones inevitables en un movimiento de esta naturaleza. Después del golpe del 5 y 6 de Abril de 1811 (en el cual Saavedra creyó fortalecerse, apresurándose a separar a los elementos morenistas) abandonó Buenos Aires con rumbo a Salta, con el objeto de reorganizar el derrotado ejército del Desaguadero. Pero el viaje fue aprovechado por sus adversarios para asestar varios golpes: separado del gobierno y del ejército, se intentó confinarlo en San Juan, pero, alertado a tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes por ignotos caminos, arribando a tierra chilena en compañía de su hijo Agustín, de 10 años de edad. En 1814 decido volver a la patria, para no caer en manos españolas, pues los ejércitos reales amenazaban por entonces a Coquimbo. Y mientras vuelve a cruzar la cordillera, su esposa tramita en San Juan el ingreso de Saavedra, que es negado por el Teniente de Gobernador. Doña Saturnina, apela al Gobernador Intendente de Cuyo, es decir a San Martín, quien accede a la solicitud.
Finalmente, Saavedra es enviado a Buenos Aires con escolta para hacer acto de presencia en el juicio que se lo había iniciado y tras la revolución del 15 de Abril de 1815, el Cabildo le devolvió su grado militar. De inmediato, sin embargo, al asumir Alvarez Thornas el cargo de Director suplente lo relega a Arrecifes. En 1818 obtuvo la rehabilitación, Desempañó varios cargos militares, aunque de escasa importancia, y en 1822 se le otorgó el retiro absoluto del ejército.
Murió el 29 de Marzo de 1829, y dos días después el diario “El Tiempo” se hizo eco del fallecimiento en escuetas líneas: “A las 8 de la noche del domingo murió repentinamente el Brigadier General Cornelio de Saavedra. Los buenos patriotas deben sentir su pérdida, por los servicios que aquel ciudadano ha prestado el país”.
En Diciembre del mismo año, el gobierno del General Juan José Viamonte concretó su homenaje trasladando los restos de Saavedra a un mausoleo de la Recoleta.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

domingo, marzo 23, 2014

LOBO MARINO JUNTO AL LIBERTADOR GRAL. SAN MARTÍN.



QUERIDOS AMIGOS: UN LOBO MARINO de dos pelos salió del mar aquí en la Base Esperanza de la Antártida y se estacionó al lado del busto de SAN MARTIN. Nuestro amigo ROMAN LABROUSSE consiguió estas magníficas tomas que espero les alegre el domingo, de nuestro LOBO PATRIOTA...

que reproduce el Sr. Muñoz Aspiri.

miércoles, febrero 17, 2010

ANTIGUA BENDICIÓN IRLANDESA.




Que el camino venga a tu encuentro, Que el viento sople siempre a tu espalda, Que el sol te de siempre en la cara, Que la lluvia caiga lentamente en tu campo y hasta, Que volvamos a vernos... Que Dios te tenga en la palma de su mano.

Anónimo.