NI VIEJOS, NI SIETE, NI GRANADEROS...
San Martín, ya en Tucumán, recibió una comunicación de Belgrano en la que le pedía que se adelantara a cubrirlo pues lo perseguían los realistas. La tradición dice que ambos jefes se encontraron en Yatasto, pero historiadores como A.J. Pérez Amuchástegui, demostraron que el encuentro se produjo en la estancia de Las Juntas, propiedad de José Torrens, a unas dos leguas al oeste de Yatasto.
Belgrano, designó a San Martín segundo jefe del ejército y dispuso que regresara a Tucumán. El 29 de Enero, ambos jefes estaban en la Provincia.
Fuente: archivohistorico.tucuman.gov.ar.
Fuente: Libro sobre Efemérides de Tucumán - de Ezcurra, Marta; Puig, María Waldina.
Publicado en Historia Local y Regional: Catamarca y el NOA.
El General Gerónimo Espejo nació en Mendoza el 30 de septiembre de 1801, en el seno de una familia de cierta posición económica y social, lo que permitió se le diera una educación no muy común en los hogares de aquella época.
En 1815, al cumplir 14 años, nació en él, el deseo de incorporarse al Ejército Libertador, en presencia del Gobernador Intendente de Cuyo, Comandante en Jefe del Ejército de los Andes, solicita su incorporación a las filas, lo que se le deniega por razones de edad.
Al año siguiente insiste nuevamente y en esta oportunidad se hace lugar a su solicitud y el primero de noviembre de 1816 se inicia con el grado de Cadete de un regimiento de características análogas a las de los pontoneros e ingenieros de hoy.
El 5 de febrero del año 1817 con el grueso del Ejército de los Andes, jura la Bandera y como sus demás compañeros de causa, al levantarse el Campamento del Plumerillo el día 17 de enero se incorpora a la gloriosa gesta que va a afirmar la Libertad de Chile y conquistar la independencia del Perú.
Allende los Andes es soldado activo y está presente en Chacabuco en cuya acción de guerra mereció una distinción honorífica y una medalla al valor. Participó luego en la histórica campaña al sur de Chile, prestando servicios en el sitio de Talcahuano, y a su regreso debió sufrir las consecuencias del impresionante desastre de Cancha Rayada en la noche del 19 de marzo de 1818. Con los Regimientos a salvo bajo el mando del General Gregorio De Las Heras, en marcha hacia la Ciudad de Santiago de Chile como sus demás compañeros, fue este el momento en que la totalidad del ejército debió rendir el máximo esfuerzo y entonces obtuvo, el 5 de abril, la victoria de Maipú. En esta acción participó el joven oficial Gerónimo Espejo y se le acordó, a raíz de la misma, los despachos de Subteniente.
Durante el tiempo que media entre la Batalla de Maipú y el 20 de agosto de 1820, ocupa un puesto en el cuadro de Oficiales del Ejército expedicionario al Perú y luego integra la tropa que tiene por cometido asediar a la ciudad de Lima. En esta empresa le cabe el honor de formar parte del Destacamento de Granaderos a Caballo que, en nombre del libertador y del Ejército, ocupa la ciudad Virreinal en la tarde del 9 de julio de 1821.
En 1826, una vez más se alista para cumplir con su deber en vísperas de la guerra con el Brasil. En reconocimiento de su pericia y grado, el general en jefe del Ejército Argentino de operación en el Brasil, le confía el cargo de ayudante de campo y en este carácter está presente el 20 de febrero de 1827 en la Batalla de Ituzaingó.
Espejo alcanzó a salvar, después de los desastres de Rodeo de Chacón y de la Ciudadela, algunos baúles que contenían gran parte de la documentación y apuntes que él personalmente había tomado a todo lo largo de la Campaña del glorioso Ejército de los Andes. En esta oportunidad y aprovechando el tranquilo asilo en que vivía, consiguió poner en orden esa documentación y apuntes, que le sirvieron para redactar las más admirables crónicas que han llegado hasta nosotros: la pluma más clara y más fiel que indica el curso de los acontecimientos desde la partida desde Mendoza del Ejército de los Andes hasta la entrevista de Guayaquil.
Después de 1852 y en reconocimiento de sus méritos, Mendoza lo designa en el cargo de Diputado a la sala de representantes de su provincia natal y luego Senador Suplente al Congreso Legislativo Federal de la Confederación, funciones que desempeña entre los años 1854 y 1855.
Posteriormente ocupa cargos en la oficina de estadística de la Confederación; Oficial Mayor del Ministerio de Guerra y Marina del Gobierno Nacional en el año 1858 y finalmente se desempeña como Ayudante Mayor de Instrucción General del Ejército y como Subsecretario del Ministerio de Guerra y Marina en 1868.
Entre la obra escrita que se debe al General Gerónimo Espejo, puede citarse en primer lugar la colaboración que prestó en revistas y periódicos especializados en la publicación de trabajos de índole histórica. Escribió “Reflexiones sobre las causas del mal éxito de la expedición a intermedios”, “Apuntes históricos sobre la expedición libertadora al Perú. 1820 “Recuerdos históricos”, “San Martín y Bolívar” y “Entrevista de Guayaquil”.
Cargado de años y de mérito, el General Espejo se radica en Buenos Aires. En la Capital Federal contrae nupcias con su sobrina, Carolina Espejo, en el año 1884 poco tiempo después queda completamente invalido. Rinde su vida en la noche del 18 de febrero de 1889.
Años después se inició en Mendoza un movimiento a favor del traslado de los restos del General Espejo, que yacía en el cementerio de la recoleta. El 12 de febrero, en horas de la mañana y haciendo coincidir la fecha con el aniversario de la histórica batalla de Chacabuco, los restos fueron conducidos al Campo del Plumerillo.
El 15 de noviembre de 1980 los restos del General Espejo fueron trasladados al Templete de nuestro Instituto.
Liceo Militar General Espejo,
https://liceoespejo.edu.ar/lmge/biografia-del-general-espejo/
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| Doña Paula Albarracín de Sarmiento junto a una de sus hijas, una de las madres más importantes de la historia nacional. Foto: Gentileza. |
Detrás de cada hijo prócer hubo una mujer que enseñó con su
ejemplo. El amor por sus familias se convirtió en amor por la Patria.
Hay madres que no sólo dieron a luz a un hijo, sino a un
símbolo. En los albores de la Patria, cuando el territorio era incierto y los
sueños aún estaban por escribirse, muchas mujeres sostuvieron con sus manos
aquello que la historia escribiría con mayúsculas.
En sus casas se aprendió lo que en las guerras se defendió:
la dignidad del trabajo, la fe en el conocimiento, la compasión y el coraje.
Cada una de estas mujeres —Gregoria Matorras, María Josefa González Casero,
Paula Albarracín, Agustina López de Osornio y Agustina Paz de Roca— representa
una raíz distinta del mismo árbol: la Argentina naciente.

Gregoria Matorras madre de José de San Martín.
Gregoria Matorras: la raíz española del Libertador.
Llegó desde España con la templanza de quien no teme al mar ni al destino. Gregoria Matorras del Ser, nacida en Paredes de Nava en 1738, cruzó el Atlántico acompañando a su primo, el gobernador Gerónimo Matorras, y terminó uniendo su vida a la del capitán Juan de San Martín. De ese matrimonio, en una modesta vivienda de Yapeyú, nacería José Francisco de San Martín, el hombre llamado a libertar medio continente.
Gregoria fue una mujer de su tiempo, pero con la entereza de
otra época. Siguió a su esposo por destinos duros, desde Buenos Aires hasta el
remoto Yapeyú, con cinco hijos pequeños. Su ejemplo marcó el espíritu del
Libertador: disciplina, sobriedad, trabajo y sentido del deber.
Cuando la familia volvió a España, Gregoria continuó siendo
el centro moral del hogar. Murió en Orense en 1813, sin saber que su hijo sería
un héroe continental.
María Josefa González Casero: la fe silenciosa detrás de
Belgrano.
Detrás del creador de la bandera hubo una madre
profundamente piadosa y discreta. Doña María Josefa González Casero, nacida en
Buenos Aires en 1743, pertenecía a una familia distinguida que practicaba la
caridad como una religión. Casada con Domingo Belgrano Peri, un comerciante
genovés, tuvo dieciséis hijos, entre ellos Manuel José Joaquín del Corazón de
Jesús Belgrano, nacido en 1770.
Fue una mujer de recogimiento y acción silenciosa. Educó a
sus hijos en la devoción, la honestidad y el amor por el estudio. Belgrano
heredó de ella su religiosidad profunda, su compasión por los desposeídos y ese
sentido del deber que lo llevó a morir pobre, tras haberlo entregado todo por
la patria.
Murió en 1799, antes de ver flamear la bandera que su hijo crearía
en nombre de la libertad
Paula Albarracín: la madre que tejió la patria bajo una
higuera.
En San Juan, bajo el sol implacable y la sombra de una
higuera, esta mujer hilaba destino. Doña Paula Albarracín, nacida en 1774, fue
la madre de Domingo Faustino Sarmiento. Su vida fue una sucesión de pruebas:
pobreza, soledad y trabajo incansable. Cuando su esposo, el arriero José
Clemente Sarmiento, partía por largas temporadas, ella quedaba a cargo del
hogar, los hijos y el telar que sería su salvación.
Sarmiento recordaría en Recuerdos de Provincia la fuerza de
aquella mujer que levantó su rancho “con sus propias manos” y que hizo de la pobreza
una escuela de dignidad.
Fue, además, maestra sin título: enseñó a leer, a rezar y a
pensar. A los 76 años cruzó la cordillera para despedirse de su hijo en el
exilio, no volvería a verlo: la muerte se la llevó antes del reencuentro. Su
nombre quedó unido para siempre al del hombre que cambió la educación
argentina. Paula no fue sólo madre de un prócer: fue madre de la escuela
pública, del esfuerzo y de la fe en el saber.
Agustina López de Osornio: la fortaleza en tiempos de
frontera.
La historia argentina también se forjó en los confines de la
civilización. Agustina López de Osornio, nacida en Buenos Aires en 1769, creció
en los campos donde el peligro era cotidiano y la vida, una conquista diaria.
Desde muy joven administró la estancia familiar “Rincón de
López”, al sur del río Salado, enfrentando tormentas, indígenas y soledades. Su
fuerza y decisión la convirtieron en pionera de la ganadería argentina.
Casada con León Ortiz de Rozas, fue madre de diez hijos,
entre ellos Juan Manuel de Rosas, el futuro gobernador de Buenos Aires. A él le
enseñó el valor del trabajo, la disciplina y la autoridad. Fue una mujer dura,
estricta, educadora del carácter. Y aunque madre e hijo chocaron con intensidad,
su influencia fue indeleble.
Su vida fue una mezcla de poder y austeridad. En 1828, durante la revolución unitaria, prefirió mandar degollar sus caballos antes que entregarlos al enemigo. Murió en 1845, sin perder nunca la firmeza que la caracterizó.
Agustina Paz de Roca: la madre del orden y la modernidad.
La última de estas madres nació con la patria misma.
Agustina Paz de Roca, tucumana, hija del ministro Juan Bautista Paz y hermana
del vicepresidente Marcos Paz, vino al mundo en 1810, el año de la Revolución.
De linaje ilustrado y espíritu práctico, fue símbolo de una generación de
mujeres que supieron unir el hogar con la política.
En 1836 conoció al coronel Segundo Roca, un militar valiente
pero condenado a muerte por participar en una campaña contra el caudillo
Alejandro Heredia. Fue su padre quien intercedió para salvarlo: “No lo fusile
—le pidió—, es el prometido de mi hija”. Un año después, Agustina y Segundo se
casaban. Como regalo de bodas, recibieron la estancia El Vizcacheral, que luego
se convertiría en plantación de caña de azúcar.
Allí nació su hijo más célebre, Julio Argentino Roca, futuro
presidente de la Nación. En una carta escrita a su esposo, Agustina explicó el
origen del nombre:
“Julio, por ser el mes de la Patria; Argentino, porque
espero que haga cosas grandes por el país.”
Fue una mujer culta, de carácter sereno y fe inquebrantable.
Desde Tucumán, acompañó en silencio la vida militar de su esposo y educó a
nueve hijos en el amor al estudio, al trabajo y a la patria. Murió en 1855, a
los 45 años, sin saber que su hijo transformaría el mapa del país.
Cinco madres, una sola Patria.
Cada una de ellas representa una raíz esencial de la Nación.
Gregoria Matorras enseñó el valor del deber; María Josefa González Casero, la
fe y la caridad; Paula Albarracín, el trabajo y la educación; Agustina López de
Osornio, la autoridad y el coraje; Agustina Paz de Roca, la esperanza en el
porvenir.
No empuñaron sables ni redactaron constituciones, pero todas
engendraron carácter, ideales y destino. Fueron madres de hombres, pero también
de símbolos: del esfuerzo, de la libertad y del país que crecía en torno a sus
hijos.
En este Día de la Madre, recordarlas es más que un homenaje:
es reconocer que la historia argentina también se escribió entre telares,
cartas y rezos. Porque ellas, desde sus hogares, parieron una Patria.
Por Luciana Sabina.
Publicado en LOS ANDES.
https://www.losandes.com.ar/las-cinco-madres-mas-importantes-la-historia-argentina-n5966799
DÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE CUYO.
PATRONA Y GENERALA DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES.
“La decidida protección que ha prestado al Ejército de los
Andes su Patrona y Generala, Nuestra Madre y Señora del Carmen, son demasiado
visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora
(que se venera en el Convento que rige Vuestra Paternidad) el adjunto bastón
como propiedad suya y como distintivo del mando supremo que tiene sobre dicho
Ejército.”
Mendoza, Agosto 12 de 1818. General José Francisco de San
Martín.
*** Regimiento de Granaderos a Caballo "General San
Martín".
El 8 de septiembre recordamos el día de la Virgen del Carmen
de Cuyo, Patrona y Generala del Ejército de Los Andes. La virgen se encuentra
en la Basílica de San Francisco, con el Bastón de Mando del General. El propio
San Martín expresó: "La decidida
protección que ha prestado al Ejército de Los Andes su Patrona y Generala, son
demasiado visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha
Señora el adjunto bastón como propiedad suya y como distintivo del mando
supremo que tiene sobre dicho Ejército. Dios guarde a V.P. muchos años.
Mendoza, Agosto 12 de 1818. José de San Martín."
... ... ...
Desembarco de la Expedición Libertadora del Perú en la Bahía
de Paracas: 8 de Setiembre de 1820.
Escenario de la Expedición Libertadora y Accionar
Sanmartiniano en el Perú:
El Ejército de Los Andes, armado, instruido y puesto en
condiciones de emprender su empresa en la valerosa provincia de Mendoza, bajo
el férreo gobierno de la Gobernación-Intendencia de Cuyo a cargo de San Martín
y de su eficiente administración militar, ha hecho la campaña de los Andes en
menos de 30 días, han batido los realistas en Chile y ha restituido la “Patria
Vieja”, aquella que se perdiera en 1814 por desinteligencias entre los partidos
y que al igual que Bs. As. había visto la luz en el glorioso 1810.
Así la fuerza y el ingenio Sanmartiniano restablecieron en
Chile el gobierno patrio, esta vez en manos del ala más moderada de los
partidos chilenos, representado por O’Higgins. Este era el cuadro de situación
de la liberación de Chile.
Muy distinto al escenario, realidad e ideas imperantes en el
rancio, rico y tradicional Virreinato del Perú. En efecto las ricas tierras de
los incas habían representado por siglos el apogeo y epicentro de la dominación
española, siendo incluso desde este punto geográfico desde donde se difundían
las doctrinas del real gobierno español y las reales células que emitía la
corona hacia el resto de las posesiones en América.
La sociedad peruana, fiel reflejo de las cortes madrileñas;
era mucho más rígida y anclada en castas que cualquier otra en América, siendo
la única capital importante de la América Hispana, donde los intentos
revolucionarios no progresaron; así Lima se convirtió incluso, en el centro de
la represión de los demás focos independentistas, no existiendo prácticamente
agrupaciones de criollos que operaran a favor de la causa americana.
Tal es el escenario sobre el que San Martín se prepara a
operar, siendo importante destacar además que en el plano militar, la
expedición libertadora intentará hacer frente con poco más de 4.000 hombres, a
los más de 20.000 que tiene Pezuela ( Virrey del Perú).
Este teatro de operaciones, muy lejos de la base de
aprovisionamiento del ejército de Los Andes, ahora Ejército Unido (de Chile y
las Provincias Unidas), será el más grande desafío profesional y humano que San
Martín deberá enfrentar pero al mismo tiempo su más grande realización y
enseñanza para sus contemporáneos y la posteridad.
Fuente: "San Martín Modelo de Líder Americano"
páginas 99/109.
... ... ...
Textos e imagen del sitio de Facebook:
San Martín: Modelo de Líder Americano.
Efemérides. 8 de Septiembre de 1800. Nace Mercedes Álvarez Morón. Considerada una de las Patricias Argentinas, especialmente por su participación en la confección de la bandera del ejército libertador.
El Pasaporte Nacional Sanmartiniano no es solo una invitación a recorrer los caminos por lo que transitaron quienes nos dieron la libertad, sino también a redescubrir y valorar nuestro patrimonio histórico y cultural. Artículo del académico correspondiente por la provincia de Mendoza, Lic. Juan Marcelo Calabria.
La figura del General José de San Martín es uno de los pilares fundamentales en la historia de Argentina y América Latina. Su gesta libertadora y su visión política y militar no solo nos dieron la libertad, sino que también nos dejaron un legado inmaterial que perdura en el tiempo. Desde esta visión surge el programa "Los Caminos de la Libertad: Pasaporte Nacional Sanmartiniano". El objetivo de este programa es promover el turismo cultural relacionado con la figura de San Martín, incentivando la visita a sitios históricos a través de un circuito temático que abarca, a escala provincial, regional y nacional, los principales lugares relacionados a la vida y obra del Libertador de América.
Los participantes pueden documentar sus visitas mediante el sellado en el Pasaporte, generando interés y empatía por la figura del General San Martín, al mismo tiempo que podrán participar por diferentes premios y reconocimientos al ir completando las etapas del recorrido.
De esta manera, el Pasaporte Nacional Sanmartiniano propone un viaje en el tiempo, conectando a los visitantes con los hitos y momentos históricos más significativos de la vida y obra del Libertador San Martín. Las diferentes provincias que integran el recorrido han postulado diversos sitios y/o bienes patrimoniales que participan como lugares sanmartinianos, los cuales han sido revisados y validados por instituciones del ámbito patrimonial y cultural de cada jurisdicción. Entre estos lugares se incluyen museos de sitio, residencias, edificios públicos, postas, caminos en los pasos cordilleranos y campos de batalla que fueron testigos de la gesta sanmartiniana de liberación continental.
La implementación de este tipo de turismo cultural, histórico y patrimonial trae consigo beneficios no sólo culturales, sino además sociales y económicos, permitiendo y motivando un desarrollo sostenible al rescatar y poner en valor el patrimonio material e inmaterial de nuestro país. Por otro lado colabora en la conservación y puesta en valor de los diferentes bienes y/o sitios, además de despertar el interés de los visitantes tanto locales como extranjeros, en tanto el programa sirve como una herramienta educativa, proporcionando un recurso valioso para el aprendizaje sobre la historia de la Independencia de América y la vida de San Martín y de los héroes y heroínas, en escuelas e instituciones educativas de todos los niveles del país.
A través de su vida y acción pública, así como de los principios que rigieron toda su existencia, José Francisco de San Martín no solo nos dejó un legado histórico reconocido a nivel mundial, sino también una serie de valores y enseñanzas que siguen siendo relevantes en la actualidad. Su vida, atravesada por ideales de libertad, coraje y amor a la patria, lealtad, honestidad y transparencia, credibilidad y confianza, es fuente de inspiración para todos los argentinos y americanos. Al visitar los sitios sanmartinianos, los participantes pueden desarrollar una mayor empatía y comprensión de las luchas y experiencias de nuestros fundadores y su sacrificio, apreciándolos de manera genuina y memorable. No solo como parte de un pasado de glorias y remembranzas, sino también de un presente y un futuro de enseñanzas y aprendizaje continúo.
La puesta en valor de los sitios sanmartinianos también contribuye a fortalecer la identidad nacional y el orgullo cívico, recordando a las generaciones actuales y futuras la importancia de los ideales y sacrificios de aquellos hombres y mujeres que forjaron nuestra nación. Cada visita, cada recorrido por estos lugares emblemáticos, es una oportunidad para conectar con nuestra historia y transmitir ese legado de esfuerzo, unidad y libertad a las nuevas generaciones.
Nos parece oportuno agradecer haber sido invitados a formar parte del equipo del Programa 'Los Caminos de la Libertad: Pasaporte Nacional Sanmartiniano' junto a un prestigioso grupo de profesionales como la Mgter. Fabiana Mastrangelo, la Dra. Arq. Liliana Girini, personal y autoridades del Emetur de la Provincia de Mendoza y el Ente Regional Cuyo de Turismo, como así también a las instituciones y especialistas de todo el país que brindaron sus valiosos aportes y sugerencias, y en especial al Instituto Nacional Sanmartiniano por su permanente colaboración y adhesión.
Estamos convencidos de que esta iniciativa representa una acertada política pública de rescate e innovación en los ámbitos patrimonial, histórico y cultural, buscando promover el turismo cultural relacionado con la figura del General José de San Martín, la Gesta Libertadora y su legado. El Pasaporte Nacional Sanmartiniano "Caminos de la Libertad" propone un viaje en el tiempo, destacando los valores y sacrificios que forjaron nuestra nación. El impacto educativo y la promoción de la identidad nacional son pilares fundamentales de este proyecto, que refuerzan el legado de nuestros fundadores y su impronta de una nación libre e independiente, que además colaboró con la libertad de medio continente.
El Pasaporte Nacional Sanmartiniano no es solo una invitación a recorrer los caminos por lo que transitaron quienes nos dieron la libertad, sino también a redescubrir y valorar nuestro patrimonio histórico y cultural. Iniciativas como esta conmueven por su proyección e impacto, y los valores que transmiten y que nos recuerdan la importancia de mantener viva la memoria quienes lucharon por nuestra Independencia, y que nos inspira a ser parte de esta experiencia única adentrándonos en el legado de San Martín y los héroes de la Libertad de América.
Juan Marcelo Calabria.
El autor es docente de la Universidad Nacional de Cuyo y Escritor. Miembro correspondiente por la provincia de Mendoza de la Academia Sanmartiniana.
El Instituto Nacional Sanmartiniano fue creado en 1933. Entre sus principales objetivos, se destacan la investigación histórica y la difusión del pensamiento del Libertador General Don José de San Martín.
El Instituto Nacional Sanmartiniano se encuentra abocado a la investigación histórica y difusión de la vida, personalidad e ideario del Libertador General José Francisco de San Martín.
Su misión, difundir un saber sanmartiniano basado en la excelencia, utilizando para ello las herramientas tradicionales y modernas de comunicación. En tal sentido, evocan la herencia del General San Martín cuando decía: “Deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres” y "La biblioteca es destinada a la ilustración universal y más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia”.
Principales objetivos:
Como dijo el Gran Capitán: “Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos”. Esta frase puede resumir el espíritu que anima al Instituto Nacional Sanmartiniano y a quienes trabajan en él.
En la Ciudad de Buenos Aires, el 5 de abril de 1933, en fecha coincidente con la conmemoración del 115º aniversario de la Batalla de Maipú, por iniciativa del doctor José Pacífico Otero y en la sede del Círculo Militar, se llevó adelante la fundación del Instituto Sanmartiniano.
El doctor Pacífico Otero, historiador especializado en la trayectoria de San Martín, escribió la monumental obra en cuatro tomos Historia del Libertador José de San Martín, fruto del esfuerzo de años de investigación y que ha merecido los más elogiosos juicios. Presidió el Instituto desde la fecha de su fundación hasta el momento de fallecer, el 14 de mayo de 1937.
En 1941, su viuda, Manuela Stegmann de Otero, donó al Instituto -en memoria de su fallecido esposo- una casa a construir: reproducción de la que ocupara el General San Martín en Grand Bourg, entre 1834 y 1848.
La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, durante la gestión del general Basilio Pertin, cedió un terreno de 290 m2 en la plaza formada por las calles Sánchez de Bustamante (hoy Mariscal Castilla) y Alejandro Aguado, en la que se concretó la donación, siendo la fecha de inauguración de su nueva sede el 11 de agosto de 1946. El edificio reproducido, diseñado por el arquitecto Julio F. Salas, es un tercio más grande que la casa que el General San Martín compró en Grand Bourg, a 25 km de París: ubicada en las proximidades de los dominios del noble español Alejandro Aguado, quien lo ayudó y asistió económicamente durante su exilio.
Considerando el Poder Ejecutivo Nacional la necesidad de dar carácter oficial a una institución encargada de difundir la gloria, vida y obra del Libertador, dada la magnitud del héroe máximo y la trascendente obra histórica de la entidad, dispuso darle al Instituto la jerarquía que merecía. Por eso el 16 de agosto de 1944, con el decreto N.° 22.131, se oficializó la denominación de “Instituto Nacional Sanmartiniano”.
El 27 de junio de 1945, se designó su primer Consejo Superior, presidido por el coronel Bartolomé Descalzo con dependencia del entonces Ministerio de Guerra. En la actualidad depende de la Secretaría de Cultura del Ministerio de Capital Humano de la Nación.
La preocupación de Pacífico Otero para difundir por todos los medios posibles el mejor conocimiento de la personalidad del Libertador, de su vida y de sus hechos, se proyectó a nivel internacional con la fundación de Institutos Sanmartinianos en los siguientes países: Bélgica (Bruselas); Bolivia (La Paz); Brasil (Río de Janeiro); Colombia (Bogotá); Costa Rica (San José y Puerto Limón); Chile (Santiago); Ecuador (Quito y Guayaquil); El Salvador (San Salvador); España (Madrid, Sevilla y Cádiz); Estados Unidos (Washington DC, Nueva York y Los Ángeles); Francia (París y Boulogne-sur-Mer); Guatemala (Guatemala); Honduras (Tegucigalpa); Italia (Roma); México (México DF); Nicaragua (Managua); Paraguay (Asunción); Perú (Lima y Cuzco); Panamá (Panamá); Uruguay (Montevideo y Colonia del Sacramento) y Venezuela (Caracas).
La Academia Sanmartiniana se incluye en la estructura del Instituto y está integrada por miembros de número existiendo, además, miembros correspondientes en el interior y exterior de nuestro país. Las Asociaciones Culturales Sanmartinianas, que funcionan en todo el país, tienen por objeto divulgar entre la población el conocimiento del prócer y propender a su honra y exaltación. Para estimular la investigación histórica, o bien, para reconocer la colaboración extraordinaria prestada a la obra del Instituto, se estableció el otorgamiento de las Palmas Sanmartinianas, máxima distinción que da este Instituto.
En diciembre de 2017, el Poder Ejecutivo Nacional, por Decreto N.º 1056/2017, declaró “Monumento Histórico Nacional” al edificio del Instituto Nacional Sanmartiniano y bien de interés artístico nacional al conjunto escultórico denominado “El Abuelo Inmortal”, que representa a San Martín anciano con sus nietas María Mercedes y Josefa, del ingeniero-escultor Ángel Eusebio Ybarra García. Ambos forman parte del Circuito Sanmartiniano de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde su fundación, el Instituto Nacional Sanmartiniano ha desarrollado la misión de investigar y difundir la vida, obra y legado del Padre de la Patria, rindiéndole homenaje permanente. En la actualidad, miles de alumnos de escuelas públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires y del interior visitan todos los años la sede y participan de clases didácticas sobre la vida del prócer. Para los adultos, el Instituto ofrece ciclos de conferencias y cursos de capacitación en variados temas históricos. En julio y agosto, meses de la Independencia y del Libertador, respectivamente, el ciclo de cine sanmartiniano y las visitas guiadas por toda la sede son actividades de gran interés para el público. El Instituto participa también con mucho éxito de la “Noche de los Museos” y del “Día de los Monumentos Nacionales”.
A 250 años del nacimiento de Don Juan Fermín de San Martín y Matorras.
El 5 de febrero de 1774, a las tres de la tarde -hace 250 años- nació Juan Fermín de San Martín y Matorras, en la estancia de la Calera de las Vacas en la Banda Oriental, en el hogar formado por Juan de San Martín y Gregoria Matorras.
Don Juan, oficial del ejército español estaba instalado en esa propiedad y establecimiento agropecuario modelo de más de 42 leguas cuadradas que había sido de los padres de la Compañía de Jesús desde la expulsión de los mismos en 1767.
En junio de 1770 otorgó poder en Buenos Aires para desposar en su nombre a doña Gregoria Matorras, ceremonia que celebró el obispo don Manuel Antonio de la Torre en el palacio episcopal porteño el 1º de octubre de ese año.
En el mismo lugar establecieron su hogar, donde nacieron sus primeros tres hijos: María Elena el 18 de agosto de 1771, Manuel Tadeo el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, bautizado al día siguiente de su nacimiento por Juan Rodríguez Cisneros, partida que como la de sus mencionados hermanos se encuentran en la Parroquia de Carmelo en la República Oriental del Uruguay.
Dos vecinos del lugar Pedro Rodríguez de Arévalo y Juana Cazador y Arpide representaron a los padrinos don Fermín de Aoiz y su mujer doña María Rafaela de la Moneda Igarzábal, residentes en Buenos Aires.
Es interesante señalar la casualidad que Aoiz, habría de ser años después tío abuelo de Remedios de Escalada.
El 12 de diciembre 1774 su padre entregó la administración a su sucesor el teniente de milicias Pedro Manuel Quiroga, y trasladado a Yapeyú, donde nacieron sus otros hermanos Justo Rufino y José Francisco.
Hijo del gobernador intendente además de los juegos infantiles con los niños del lugar, recibió las primeras letras y la instrucción religiosa de los frailes Francisco Pera, Ascencio Lucero, Joaquín de la Rosa, Juan Bautista Solís y Domingo Maciel que se sucedieron en el lugar, y eran de la Orden de Predicadores conocidos como dominicos a los que estuvo tan ligada la familia y nuestro Libertador.
Después de una corta estadía en Buenos Aires, cuando Juan Fermín apenas llegaba a los diez años, embarcaron rumbo a Cádiz en la fragata Santa Balbina adonde arribaron a comienzos de abril de 1784, lo que nos hace calcular que su cumpleaños lo pasó navegando cerca de la línea del Ecuador.
Según constancias de un expediente iniciado en Madrid en mayo de 1774 por don Juan de San Martín, su situación era angustiosa, debido a sus achaques de salud y a los pocos recursos. Suplicó algún destino, pero se le otorgó el retiro con el grado de capitán, agregado a la Plaza de Málaga donde pasó a residir la familia.
El 23 de setiembre de 1788 Juan Fermín ingresó en el empleo de cadete al Regimiento de Infantería de Soria, junto con su hermano Manuel Tadeo La unidad gozaba de merecida fama, sus orígenes llegaban al año 1509 y era la fuerza expedicionaria enviada al reino de Nápoles por el Rey Fernando El Católico para repeler los ataques franceses, y se denominó Tercio de Zamudio tomando el apellido de don Pedro, el primer oficial que estuvo a su mando.
En 1715 adquirió el nombre de Soria y algunos batallones estuvieron en acciones en Gibraltar, en la revuelta de Túpac Amaru en el Alto Perú, y en la invasión napoleónica. En esa unidad alcanzo sus primeros ascensos, subteniente en mayo de 1793 y en el mismo grado de granaderos en octubre del año siguiente; 2º teniente en junio de 1796, hasta octubre de 1802, lo que sumaban 14 años, 1 mes y 7 días; desde ese momento ascendido a capitán sirvió en el Batallón Veterano Príncipe Fernando por 2 años, 11 meses y 1 día, hasta el 2 octubre de 1805.
En esta fecha alcanzo el grado de Sargento Mayor Veterano del Regimiento de Milicias Húsares de Aguilar y luego en el Escuadrón de Húsares de Luzón, lo que según documento fechado en Manila a fines de noviembre de 1816, sabemos que era teniente coronel y llevaba 28 años sirviendo al ejército español.
Una calificación dada a los comienzos de su carrera señalaba: “Es oficial de las más distinguidas circunstancias, por su aplicación, celo e inteligencia, muy a propósito para el mando, y para cualquier encargo del real servicio. Valor: acreditado. Aplicación: sobresaliente. Capacidad: mucha. Conducta: Buena. Estado: casado”.
Estaba en Manila cuando en diciembre de 1816 se dirigió a Fernando VII, solicitando a que en mérito a los 23 años que acreditaba como oficial, se le concediera la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, distinción instituida dos años antes por el monarca como reconocimiento a la constancia de los oficiales del Real Ejército. Su superior el brigadier Mariano Fernández de Folgueras la elevó a S.M. para que decidiera considerando que concurrían en el suplicante las circunstancias para otorgarla por su “honradez y decoro”.
No hay constancias que la distinción le fuera acordada, a pesar de haber sido muchos sus méritos, seguramente porque en esos días su hermano José doblegaba a las tropas españolas en la cuesta de Chacabuco.
En 1821 fue destinado a Mindanao, donde estuvo durante un año al frente del Real Fuerte de Nuestra Señora del Pilar de Zamboanga, donde debió contener una insurrección de sectores musulmanes en conflicto con la población del lugar y las autoridades españolas.
Casó con la hija de un oficial español y una aborigen filipina, con la que hubo descendencia directa la que continuó hasta la muerta de su ultimo bisnieto en 1949.
Se desconoce retrato alguno de don Juan Fermín, pero como una forma de honrar la memoria de quien descansa y formó su familia en Filipinas y los lazos que nos ligan a su nombre, y también al Uruguay su tierra natal, se habrá de entregar en breve una caja con tierra de la Calera de las Vacas a la señora embajadora.
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