LA CNEA REVELÓ EL ORIGEN DEL SABLE CORVO DE SAN MARTÍN.
En 1966, tras la restitución del Sable Corvo del General San Martín, el Regimiento de Granaderos a Caballo solicitó a la CNEA analizar la estructura metalográfica del arma.
Para preservar la pieza, en la CNEA se trabajó con un ensayo no destructivo llamado “de réplica”, que permitió examinar su superficie sin extraer muestras y analizar la microestructura del material sin dañarlo. Para esto se creó una copia negativa de microcelulosa que luego se analizó en un microscopio metalográfico.
Durante el análisis, en lugar del desgaste homogéneo típico de los aceros comunes, aparecieron bandas claras y oscuras alternadas. Este patrón, veteado, correspondía a la característica principal del legendario acero de Damasco.
El hallazgo científico confirmó que el Sable no era de fabricación europea, como se creía, sino un auténtico “shamshir” persa, forjado con la técnica del acero de Damasco, reconocido por su resistencia, belleza y filo excepcionales.
Este estudio pionero, que unió metalurgia, microscopía e historia, permitió develar el origen del símbolo material más importante de la Nación Argentina.
Comisión Nacional de Energía Atómica de la República Argentina.

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