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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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miércoles, septiembre 02, 2026

Carlos Castro Madero y el Invap.


INVAP 50 AÑOS EN BARILOCHE.

INVAP cumple 50 años: la empresa rionegrina que convirtió conocimiento en tecnología para el mundo.

"No al colonialismo mental. No hay proyecto que la capacidad argentina, que la materia gris argentina, no pueda encarar".

Los “chicos” que empezaron a imaginar INVAP: de una idea en Bariloche a una empresa tecnológica.

Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971 con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche. La idea era sencilla y ambiciosa: usar el conocimiento científico para “hacer cosas que sirvan”. Cinco años después nació INVAP.

Conrado Varotto impulsó el grupo que dio origen a INVAP y fue su primer gerente general.
Gentileza INVAP.

A comienzos de los años 70, un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche empezó a hacerse una pregunta que terminaría teniendo consecuencias mucho mayores de las que entonces podían imaginar: qué podían hacer con todo lo que sabían.

Conrado Varotto impulsó el grupo que dio origen a INVAP.

“La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) resultó fundamental en ese proceso. Varotto destaca especialmente el papel de Carlos Castro Madero, quien asumió la presidencia de la Comisión en 1976 y respaldó la iniciativa. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que yo”, afirma”.

Suplemento INVAP 50 AÑOS Diario Río Negro. 1º de septiembre del 2026.

Leer nota completa.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/los-chicos-que-empezaron-a-imaginar-invap-de-una-idea-en-bariloche-a-una-empresa-tecnologica/

Publicado en GPA.

https://guillermopirriargentino.blogspot.com/2026/09/conrado-varotto-reconstruye-el-camino.html

Conrado Varotto impulsó el grupo que dio origen a INVAP.

“La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) resultó fundamental en ese proceso. Varotto destaca especialmente el papel de Carlos Castro Madero, quien asumió la presidencia de la Comisión en 1976 y respaldó la iniciativa. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que yo”, afirma”.


Carlos Castro Madero (1927 — 22 de diciembre de 1990) fue un militar argentino.

Biografía

Carlos Castro Madero asistió a la Escuela Naval Militar y egresó con la misma promoción a la que pertenecieron Luis Pedro Horacio Sánchez Moreno y Jorge Isaac Anaya. Luego se recibió con un doctorado del Instituto Balseiro en 1967.

Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 ejecutado por las tres Fuerzas Armadas argentinas en conjunto, la flamante Junta Militar designó, el 29 de marzo, al capitán de navío Castro Madero delegado en la Comisión Nacional de Energía Atómica.Durante su administración al frente de este organismo, 15 personas fueron víctimas de desaparición forzada y otras 10 de detención ilegal. Precisamente, estos delitos ocurrieron entre 1976 y 1979.También, la administración despidió a cientos de profesionales por razones políticas e ideológicas.

Impulsó la construcción de una planta de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu (Río Negro). Castro Madero comenzó a trabajar en el proyecto cuando la administración del expresidente norteamericano, Jimmy Carter, cortó la venta de uranio enriquecido a los países que se negaban a firmar el Tratado de No-Proliferación Nuclear, en 1978. Incluso a principios de la década de 1980, cuando el gobierno militar estaba colapsando, se continuaron los trabajos y en noviembre de 1983 -ya en pleno gobierno democrático- Castro Madero anunció el éxito de la capacidad de enriquecimiento por el método de la difusión gaseosa, y la planta de Pilcaniyeu fue dada a conocer al mundo, en lo que constituyó un hito científico importantísimo para la Argentina.

Con la finalización del Proceso de Reorganización Nacional (1983), Castro Madero dejó de conducir la CNEA.

En 1984, fue contratado por la Organización Internacional de Energía Atómica.

En 1987 comenzó a trabajar en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.

Coescribió, junto a Esteban Takacs, el libro Política nuclear argentina: ¿avance o retroceso? (1991).En este libro, manifestó su oposición al desarrollo de una bomba atómica por parte de la Argentina.

Carlos Castro Madero falleció el 22 de diciembre de 1990.

Datos Wikipedia.

martes, agosto 18, 2026

PASÉ A SER UN DESAPARECIDO. 'Crónica de una vida. Memorias' de Hipólito Solari Yrigoyen

 





PASÉ A SER UN DESAPARECIDO.

(Fragmento del libro 'Crónica de una vida. Memorias' de Hipólito Solari Yrigoyen).

"Fui secuestrado el 17 de agosto de 1976 en mi casa de Puerto Madryn. Recuerdo la fecha con exactitud pues es el día del Libertador San Martín. El operativo ilegal lo hizo una comisión militar. Serían las 2 de la mañana cuando una perra que dormía al lado de mi dormitorio me despertó con sus ladridos y sentí que sonaba el timbre. Me levanté y fui a una ventana del primer piso que da al jardín del frente de la casa y vi que mi domicilio estaba rodeado de militares con uniformes de fajina y de varios vehículos.

Los procedimientos, llamados arbitrariamente “antisubversivos”, para intentar justificar la ilegalidad, los hacía el área represiva 536, con base en Trelew, que estaba a cargo de un mayor del ejército.

Uno de los militares que intervino en el operativo del que fui víctima, dijo ser capitán del Ejército y que venía a traerme un radiograma. Por el contexto de terror, que entonces se vivía, tuve conciencia que me esperaban momentos muy graves y que mi vida estaba en peligro. Descendí a la planta baja y abrí la puerta. Me dispararon un tiro y fui consciente de que la bala me había rozado la frente.

Este disparo fue registrado por la policía de Puerto Madryn que encontró la cápsula de la bala y constató el orificio en la pared. De inmediato, unos hombres uniformados se me tiraron encima. Me ataron de pies y manos, las manos por detrás, lo que no tardé en aprender que es un tormento que provoca un gran sufrimiento. Me amordazaron, vendaron los ojos y encapucharon. Me dieron una inyección que no se de que era pero que no me durmió ni me trajo sosiego en el inicio del calvario que empezaba a vivir. Todo el procedimiento se hacía amparado por la oscuridad, pues mi casa estaba apartada, era la última del pueblo, con calles de tierra y sin faroles de luz.

Como había sido senador nacional y vicepresidente del Bloque U.C.R. hasta el Golpe del 24 de marzo, nunca quise pedir que se me dieran esos servicios para que no se pensara que solicitaba un privilegio personal. Tampoco, por la misma razón, tenía teléfono; la empresa que daba el servicio era entonces estatal. Entre el momento en que pedí la línea y me la dieron, pasaron 12 años. En mi domicilio estaba solo. Tessy, que había ido a Bs.As donde estaban estudiando nuestros hijos, debía de regresar ese día. Al llegar, en la fecha prevista, hizo la denuncia de mi desaparición y de los robos perpetrados en nuestro domicilio por los captores. El auto de mi propiedad, que se habían robado, fue encontrado días después destrozado por una bomba en la zona de chacras del río Chubut.

Mis secuestradores me alzaron y me metieron en el baúl de un auto cerrando la tapa. Comenzó para mí una lucha para poder respirar. Sentía que me faltaba el aire y me asfixiaba. El coche se puso en marcha y anduvo una hora hasta que frenó y, de nuevo alzado, me introdujeron en un camión. El trayecto se había hecho por camino de tierra, lo que me hizo presumir que era el camino sin asfaltar que une Puerto Madryn con Rawson. Cuando el automóvil se detuvo, me introdujeron en un edificio y me acostaron. Pasó un tiempo largo, más de 2 horas, cuando nuevamente me subieron a un vehículo, el que partió y poco después arribó a un aeropuerto asfaltado donde me subieron a un avión pequeño. El único aeropuerto de esas características, en la zona, era el de la Base Aeronaval Almirante Zar, de Trelew.

En el avión percibí que había otro secuestrado. Era mi amigo, el ex diputado nacional Mario Abel Amaya. Oí sus quejidos. Amaya residía en Trelew donde fue secuestrado por un grupo de tareas. Había sido detenido por uniformados unos días antes y luego liberado por las mismas personas que en ese momento lo secuestraban, dirigidos en esa diligencia por el jefe del área represiva de la zona.

El avión comenzó su vuelo y supe que lo hacía hacia el Norte, pues el día despuntaba y se veía que su claridad venía del Este. Cuando el avión descendió, pensé que estábamos en la Base Naval de Bahía Blanca. Por mis funciones legislativas yo viajaba todas las semanas a Bs.As y podía calcular la duración del vuelo entre escalas. En ese entonces no había vuelos directos y el avión de Aerolíneas Argentinas, que unía Trelew con Bs.As, paraba en Bahía Blanca. En un vehículo, nos llevaron a Amaya y a mí a un lugar relativamente cercano donde nos bajaron a golpes. El maltrato que ahí comenzaba, pasó a ser para mí, una rutina permanente en los 9 meses que siguieron.

No sabía donde estaba, pero luego supe que era en Bahía Blanca, en el Regimiento 181 de Comunicaciones, del Vº Cuerpo de Ejército, en el campo de concentración “La Escuelita”. Las personas que nos golpeaban, en conocimiento de que Amaya y yo éramos radicales, mientras nos daban golpes y patadas, proferían groseros insultos contra Ricardo Balbín, el presidente del Comité Nacional de nuestro partido. Nos llevaron a lo que podía ser un salón, por el tamaño que podía adivinarse. A mí me pusieron en la parte superior de una cama de dos niveles, acostado sobre los hierros, sin colchón y me ataron de pies y manos a los barrotes de la cama. A Amaya lo tenía cerca. Por los gritos debidos a los golpes que recibíamos todos, pude saber que había en ese cuarto, o pabellón, muchas personas, hombres y mujeres. A una chica que estaba en la cama vecina de la mía uno de los guardianes la sometía a graves abusos sexuales y quería obligarla a decir que le gustaba lo que le hacía. La chica lloraba y pedía que no la mataran. Yo supe que estaba al lado de una ventana ya que en algunos momentos el sol, traspasando la venda, me daba en la cara y me molestaba y también supe que en alguno de sus desplazamientos, por ahí pasaba un tren pues se sentían los ruidos.

Cuando mi vista se acostumbró a las vendas, o estas se corrían un poco con los movimientos, pude ver que nuestros captores estaban uniformados y calzaban borceguíes. Sentía quejidos, llantos. Todo era un infierno. En lo personal sufrí en esos días la asfixia, torturas, trato cruel, un simulacro de fusilamiento y hasta el suplicio de Tántalo con una gota de agua que me caía sobre la cabeza, además del tormento que significa oír los gritos de otros torturados. Yo hice el servicio militar obligatorio y conocía esas grandes ollas de los cuarteles en que traían la comida. Debíamos comer con las manos porque no nos daban cubiertos. Una de las personas que me golpeaba y que sabía de mi parentesco cercano con el presidente Hipólito Yrigoyen, del que soy sobrino nieto, reflejaba su resentimiento histórico diciendo que a él en su momento, tendrían que haberlo matado.

A Amaya que era asmático, y como consecuencia de los golpes tenía dificultades para respirar, lo fue a ver un médico, también militar, que ordenó que estuviera sentado en la cama. Como me lo contaría él días después, dejaron de golpearlo. En ese salón estuvimos una semana y luego fuimos trasladados a otro, al que pese a estar a corta distancia, lo hicieron en un camión que se detuvo enseguida. En ese otro salón siguieron mis sufrimientos, aunque me sacaron la mordaza, conservaba siempre los ojos vendados. Me golpeaban con un palo de goma. Sentía que me corría la sangre entre las vendas de la cara.

Nadie podía hablar. Los guardias descubrieron que uno de los prisioneros estaba hablando. Escuché que dispararon un tiro y que uno de los guardias dijo algo así como que “este ya no va a hablar más”. Presumí que lo podían haber matado y después se sintieron movimientos y ruidos. Efectivamente, estaban retirando un cuerpo."

Publicado en historia UCR.


lunes, agosto 17, 2026

17 de agosto de 1976 - A 50 AÑOS DEL SECUESTRO DE HIPÓLITO SOLARI YRIGOYEN Y MARIO ABEL AMAYA.

 




A 50 AÑOS DEL SECUESTRO DE HIPÓLITO SOLARI YRIGOYEN Y MARIO ABEL AMAYA.

Hoy, 17 de agosto, se cumplen 50 años del secuestro de Hipólito Solari Yrigoyen en Puerto Madryn y de Mario Abel Amaya en Trelew, dos hechos inseparables de la historia de nuestra provincia durante la última dictadura militar y que, vistos a la distancia de medio siglo, permiten reconstruir no solamente lo que padecieron ambos dirigentes políticos, sino también la forma en que funcionó en Chubut el aparato represivo, con la intervención coordinada de las Fuerzas Armadas, organismos de inteligencia y la Policía provincial.
El 17 de agosto de 1976, siendo presidente de facto el general Jorge Rafael Videla, Hipólito Solari Yrigoyen fue secuestrado en su domicilio de la calle Aeron Jenkins 593 de Puerto Madryn, donde durante el operativo le dispararon un balazo que rozó su frente y terminó incrustado en una pared de la vivienda, mientras quienes participaron del procedimiento revolvieron y saquearon la casa, llevándose distintos objetos personales, entre ellos un bastón que había pertenecido a su abuelo y que Solari Yrigoyen había utilizado durante su recuperación del atentado organizado por la Triple A el 21 de noviembre de 1973.
El secuestro había sido organizado en la Jefatura de Área 536 del Ejército, con asiento en la ciudad de Trelew y a cargo de Carlos Barbott, y en el operativo intervino un grupo de tareas de la Armada llegado desde Bahía Blanca, entre cuyos integrantes se encontraba el entonces capitán de fragata Perrén, que actuó junto con personal del Ejército, entre ellos el teniente coronel Galán, mientras que la Policía del Chubut tuvo a su cargo las tareas relacionadas con la ubicación del objetivo y la preparación del terreno para que el grupo pudiera actuar sin interferencias. En aquel sector del sur de la ciudad, prácticamente despoblado, las únicas viviendas eran la de Solari Yrigoyen, la de su vecino Carlos Redondo y, a unos cien metros, “La Blanqueada”, perteneciente al ex juez federal Alejandro Godoy, circunstancia que permite dimensionar aún mejor lo que significaba liberar aquella zona durante la noche en que se produjo el secuestro.
Un escrito anónimo que en 1985 circuló por los despachos de la Gobernación del Chubut, presuntamente proveniente de sectores de la propia Policía provincial, permitió conocer con bastante detalle la forma en que se había organizado el secuestro y la participación que habían tenido miembros de esa fuerza, mencionando a los comisarios Tito Nichols, jefe de Informaciones Policiales, y Alberto Bastida, además de personal de Informaciones, entre ellos el sargento Mundin.
Durante aquella noche la Policía del Chubut controló los caminos y se ordenó a la comisaría de Puerto Madryn que todo el personal que se encontraba en la calle regresara a la dependencia policial, dejando de esa manera la zona liberada, mientras que el grupo de infantería de la Policía provincial, que casualmente se encontraba realizando un operativo de tránsito a cargo del comisario Teolmiro Ovidio Coustet, recibió de Nichols la orden de replegarse hacia Rawson para no entorpecer el operativo.
El subjefe de la Policía del Chubut, comisario Alberto Molina, quien el 18 de enero de 1968 había protagonizado el bochornoso episodio de arremeter a bastonazos contra los vecinos que compartían una cena con el Dr. Arturo U. Illia en el Hotel París y, luego de trastabillar y caer al piso en medio del incidente, acusó a Solari Yrigoyen de haberlo golpeado y ordenó su detención por algunas horas, dio además la orden de que no se recibiera ninguna denuncia en la comisaría, dando tiempo para sacar de la ciudad al secuestrado, al punto que las actuaciones policiales fueron iniciadas recién dos o tres días después del hecho, mientras que el automóvil de Solari Yrigoyen, un Renault 12 de color blanco, fue llevado por sus captores y posteriormente quemado en la ruta 3 rumbo a Comodoro Rivadavia. Según aquel documento, de esta última tarea se ocupó el comisario Alberto Bastida, por entonces a cargo de la Jefatura de Talleres, después de sustraerle las cubiertas, que fueron colocadas en un vehículo que tenía a su servicio el comisario Nichols en el sector de Informaciones.
El comisario Nichols había cursado estudios de inteligencia en la Armada y siempre trabajó para los servicios de inteligencia, cobrando por ello. También participó de la colocación de bombas en la casa de Solari Yrigoyen junto con un capitán del Ejército, Luis María Galán, quien hasta 1976 reportaba al gobernador Benito Fernández, según declaró ante la justicia el comisario Manuel García Vázquez, y un oficial de apellido Agusti, docente de inteligencia en la Escuela de Cadetes cuando Nichols era su director. Nichols fue condenado por el secuestro y la desaparición forzada de Elvio Ángel Bel, causa en la cual también se utilizó un escrito anónimo similar al referido anteriormente, que describía detalles del operativo militar y policial.
El ensañamiento contra Solari Yrigoyen tenía antecedentes que permiten comprender lo ocurrido aquella noche, porque dos meses antes del golpe de Estado había presenciado cómo Carlos Barbott requisaba un asentamiento en la ciudad de Trelew y conducía a los trabajadores por la calle, en fila, con las manos en la nuca y apuntándolos con ametralladoras, como si se tratara de delincuentes, hecho que denunció mediante telegramas dirigidos al V Cuerpo de Ejército, que tenía jurisdicción en la zona, y al presidente del Senado de la Nación, Ítalo Luder.
Pocos días después del golpe de Estado, Barbott se hizo presente durante una madrugada en el domicilio de Solari Yrigoyen para detenerlo, alegando que tenía en infracción un arma perteneciente al Senado de la Nación, pero cuando informó a Buenos Aires le respondieron que aquello no era cierto y le ordenaron liberarlo, oportunidad en la que ambos mantuvieron una áspera discusión en el despacho del militar y Solari Yrigoyen pudo comprobar cuál era la filosofía de aquel oficial, que tenía colocado en un lugar destacado de la pared el discurso pronunciado en 1975 por monseñor Victorio Bonamín, provicario castrense, con un encendido elogio de la denominada sagrada violencia: “Cuando hay derramamiento de sangre, decía el texto de Bonamín, hay redención. Dios está redimiendo, mediante el Ejército, a la Nación Argentina”. Sobre Barbott, cuyo apellido original era Barbotta, recomiendo especialmente la lectura del libro escrito por su sobrino, Héctor Barbotta, “Mi tío el francés”, en el que reconstruye la historia de su tío y de su propia familia.
El 17 de agosto de 1976 Barbott volvió por él, pero esta vez ya no se trató de una detención que pudiera ser conocida o revisada por sus superiores desde Buenos Aires, sino de un secuestro ejecutado por un aparato represivo que actuó con la zona liberada, con los caminos controlados y con la colaboración de quienes tenían precisamente la obligación de proteger a los ciudadanos.
Teresa “Tessy” Hansen, esposa de Solari Yrigoyen, se encontraba en Buenos Aires y llegó esa misma tarde a Puerto Madryn, pero al advertir que Hipólito no había ido a buscarla al aeropuerto de Trelew, como habían convenido, se dirigió a su domicilio, donde encontró las persianas bajas y comprobó que tampoco estaba el automóvil de su esposo, por lo que luego de tocar el timbre sin obtener respuesta se trasladó hasta la casa del escribano Manuel del Villar para preguntar si sabían algo de él. Su vecino colindante, Carlos Jonás Redondo, la acompañó posteriormente para ingresar a la vivienda, donde encontraron restos de sangre, un palo y la marca de una bala en la pared, que luego se supo era de calibre 9 milímetros.
De fe católica, a los pocos días Tessy concurrió a la iglesia de nuestra ciudad buscando consuelo espiritual frente a la desaparición de su esposo y sin saber siquiera si estaba vivo o muerto. Estando sola y acongojada, vio ingresar al padre Rafael Haene, quien la miró de arriba abajo y pasó frente a ella sin un gesto de saludo ni un intento de acercarse a brindarle consuelo, aunque la mayoría de los vecinos de Madryn, aun teniendo ideas políticas muy distintas, no tuvieron la misma actitud y se solidarizaron con ella y con su familia.
En noviembre de 1976 Tessy envió una carta dirigida al presidente de facto Jorge Rafael Videla, publicada en “La Opinión”, diario dirigido por Jacobo Timerman, en la que, con valentía, con la verdad de su lado y con un coraje que a muchos les faltó, defendió a su esposo frente a los trascendidos difundidos por la prensa afín a la dictadura, que pretendían justificar su desaparición mediante supuestas “vinculaciones subversivas”. Una muestra de ese discurso puede encontrarse en el editorial del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca del 17/10/1976, que bajo el título “Telón de Hipocresía… Dos Caballitos de Troya en Exposición”, se refería a Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen afirmando: “[hubo] quienes los defienden, asegurando que son inocentes de los cargos que pesan sobre ellos; […] los mal informados, sin elementos de juicio necesarios para analizar el problema, y […] los indiferentes –que son los menos–, y que piensan que ‘algo debe haber’ como para que estén detenidos”. El diario agregaba: “[…] ambos políticos estaban actuando como protectores de quienes […] quieren todo lo contrario para el país […] Son los clásicos ‘caballitos de Troya’ que utiliza la subversión marxista, amparándose en las ‘debilidades democráticas’ de un sistema de libertad”.
Aquel 17 de agosto la represión no se limitó a Puerto Madryn, porque ese mismo día fue secuestrado en Trelew el abogado y dirigente radical Mario Abel Amaya, permaneciendo ambos desaparecidos hasta que, mediante el Decreto 1878/76 del 1º de septiembre de 1976 y después de simular en cercanías de Viedma que el Ejército los había “rescatado” de manos de grupos subversivos, pasaron formalmente a encontrarse “a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”, cesando el estado de desaparición forzada.
Solari Yrigoyen y Amaya fueron trasladados a la Unidad 6 de Rawson, donde sufrieron las más crueles torturas, al igual que numerosos presos políticos alojados allí, pero la salud de Mario Abel Amaya no resistió y falleció posteriormente en el Hospital de Villa Devoto, adonde había sido trasladado, mientras que Hipólito Solari Yrigoyen logró sobrevivir y, gracias a las gestiones de Carlos Andrés Pérez, presidente de la entonces democrática Venezuela, y de varios parlamentarios y presidentes extranjeros, fue subido esposado a un avión para ser trasladado al exterior, donde permaneció exiliado junto con su familia hasta que un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación le permitió regresar al país el 11 de junio de 1983.
La vivienda de la calle Jenkins de Puerto Madryn, que había resistido las dos bombas colocadas el 15 de abril de 1975, permanece erguida como testigo de las atrocidades cometidas durante aquellos años y de la dignidad y resiliencia de una familia que debió soportar atentados, persecuciones, secuestro y exilio, pero también como un testimonio material de que el terrorismo de Estado no fue una historia lejana que solamente ocurrió en Buenos Aires o en los grandes centros urbanos del país, sino que también ocurrió acá, en Puerto Madryn, Trelew y Rawson, en nuestras calles, dentro de nuestras casas y con la participación de personas que vivían entre nosotros.
En ciudades pequeñas como las nuestras, quienes integraron o colaboraron con el aparato represivo no eran figuras lejanas ni desconocidas, sino personas que después continuaron formando parte de la sociedad, que fueron profesores de la universidad o de los colegios secundarios, policías conocidos por todos, personas que participaron en política a partir de diciembre de 1983 o que ocuparon lugares en distintas instituciones, lo que explica también por qué durante tantos años resultó más sencillo mirar hacia otro lado que preguntarse qué papel había desempeñado cada uno durante la dictadura.
Al cumplirse hoy 50 años del secuestro de Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Abel Amaya, recordarlos implica algo más que evocar a dos víctimas de la dictadura, significa reconstruir cómo ocurrieron aquellos hechos, quiénes participaron, quiénes dieron las órdenes, quiénes liberaron las calles, quiénes torturaron, quiénes negaron consuelo espiritual, quiénes callaron y quiénes prefirieron no saber o no actuar, aun cuando por sus responsabilidades institucionales tenían el deber de hacerlo, como ocurrió con el entonces juez federal de Rawson, Delfor Omar Garzonio, ya que la memoria, cuando pretende ser verdadera, no puede limitarse a recordar solamente a las víctimas, sino que debe también conservar los nombres, los hechos y las responsabilidades de quienes, por acción u omisión, hicieron posible que todo aquello sucediera.
Medio siglo después, a sus 93 años, Hipólito es también un testimonio vivo de aquella historia, de la violencia que padeció y de una vida atravesada por la defensa de la democracia, las instituciones y los derechos humanos, pero también de la posibilidad de sobrevivir a quienes pretendieron silenciarlo y de continuar dando testimonio para que aquello que ocurrió no sea olvidado.
La memoria, la verdad, aunque duela, y la justicia siguen constituyendo un compromiso con las nuevas generaciones, para que puedan comprender que la plena vigencia de los derechos humanos y del sistema democrático y republicano de gobierno nunca puede darse por definitivamente conquistada, y que conocer y recordar lo sucedido aquel 17 de agosto de 1976, aquí mismo, entre nosotros, es también una manera de contribuir a que hechos como aquellos nunca vuelvan a repetirse.




Publicado en Madryn Olvidado.

Patricio Castillo Meisen.

jueves, julio 23, 2026

23 DE JULIO DEL 1933: NACE HIPÓLITO SOLARI YRIGOYEN.

 


23 DE JULIO DEL 1933: NACE HIPÓLITO SOLARI YRIGOYEN.

Hipólito Eduardo Solari Yrigoyen nació el domingo, 23 de julio de 1933 en Buenos Aires, Argentina, radicado de joven en Chubut.

Apenas veinte días después de la muerte de Hipólito Yrigoyen  el 23 de julio de 1933 nació Hipólito Solari Yrigoyen. Hijo de Elisa Yrigoyen (sobrina de don Hipólito Yrigoyen) y del abogado Eduardo Solari. El viejo caudillo le dejó para él un poncho que la madre debía entregarle cuando cumpliera 18 años, que fue una realidad efectiva.

Su padre, Edelmiro Cecilio Solari (1897-1970) fue un militante reformista en la universidad y dirigente radical de la ciudad de Buenos Aires. Su hermano Edelmiro Solari Yrigoyen (1931-2005) también fue dirigente radical. Por el lado paterno es bisnieto de Justino Solari quien ejerció el cargo de gobernador del entonces Territorio Nacional de Misiones y por el lado materno es sobrino bisnieto de Leandro Alem y sobrino nieto del presidente Hipólito Yrigoyen.

Estudió en el Colegio del Salvador y se recibió como abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA.

Abogado que fue electo en representación de la Unión Cívica Radical como Senador de la Nación por la provincia de Chubut en dos oportunidades (1973-1976 y 1987-1995).

En 1972 participó de la fundación del Movimiento de Renovación y Cambio y se desempeñó como Convencional Nacional por Chubut y en 2008 como Presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical hasta el 2012.

“Solari Yrigoyen migró a la Provincia de Chubut, radicándose en la ciudad de Puerto Madryn. A comienzos de la década de 1970 comienza a defender a presos políticos detenidos en la cárcel de Rawson. En 1972 se produjo una fuga de presos políticos de las organizaciones guerrilleras Montoneros y ERP, durante la cual un gran grupo quedó atrapado en el aeropuerto de Trelew. En esa ocasión los fugados exigieron como garantía la presencia de los abogados radicales Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen. Pocos días después varios de los detenidos serían asesinados en lo que se conoce como la Masacre de Trelew (Wikipedia).

Fue subdirector del diario “La Razón” y fundó en Chubut el diario “El Censor”.

Se casó con María Teresa Hansen Molina con quien tuvieron tres hijos Hipólito (fallecido en febrero del 2024), Conrado y Patricio.

En 1973 se presentó a las elecciones que clausuraban la dictadura autodenominada Revolución Argentina, en su provincia, como candidato a senador nacional, ganando las mismas y asumiendo el 25 de mayo.

Solari Yrigoyen fue la primera víctima de la organización terrorista paramilitar definida como Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) durante el tercer gobierno del presidente Juan Domingo Perón, sufriendo el 21 de noviembre de 1973 un atentado que consistió en la voladura de su automóvil.

En 1975 sufrió otro atentado por parte del grupo parapolicial Triple A, durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón sufrió un nuevo atentado con explosivos en su casa de Puerto Madryn.

La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) fue un grupo parapolicial creado al amparo de José López Rega quien era en aquella época Ministro de Bienestar Social del gobierno nacional y estaba integrado por policías retirados, militares y matones a sueldo que sembró el terror a fuerza de amenazas y crímenes.

Irónicamente el senador Solari Yrigoyen fue visitado en el hospital donde se recuperaba de las lesiones recibidas en el atentado, entre otros, por la vicepresidente María Estela Martínez de Perón acompañada, como era habitual, por el ministro López Rega.

En 1976 fue detenido, desaparecido y torturado por la dictadura militar en compañía de su colega y correligionario Dr. Mario Abel Amaya quien falleció a consecuencia del trato recibido.

Amaya fue secuestrado y desaparecido de su domicilio en la madrugada del 17 de agosto de ese año, siendo recluido y torturado en el centro clandestino detención “La Escuelita” del Regimiento 181 de Comunicaciones de Bahía Blanca, junto a su amigo y colega Hipólito Solari Yrigoyén con quien fue liberado el 31 de agosto en Viedma, simulando un rapto de “organizaciones guerrilleras”, siendo encontrados por la policía y nuevamente detenidos en Bahía Blanca y posteriormente en Rawson donde son nuevamente torturados.

Amaya en estado grave es trasladado a la cárcel de Villa Devoto en Buenos Aires donde muere a consecuencia del mal trato recibido.

Posteriormente  Solari Yrigoyen fue liberado y expulsado del país, sin juicio ni condena alguna fue calificado como “terrorista de máxima peligrosidad” radicándose en París (Francia) hasta su retorno a nuestra Argentina en junio de1983.

Editó en Francia el periódico “La República” e impulsó denuncias permanentes sobre el horror de la dictadura en nuestro país; contó entre sus plumas a Julio Cortázar, Osvaldo Soriano, Teresa de Anchorena.

Siendo Presidente Raúl Ricardo Alfonsín lo designa como su asesor personal con rango de secretario de Estado y embajador plenipotenciario.


Entre 1999 y 2002 integró el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

El Instituto Nacional Yrigoyeneano lo designó Presidente Honorario.

Del “generalito” Onganía decía: “Cuando se derrocó a Illia asumió (Juan Carlos) Onganía, que no tenía idoneidad para el cargo. Como político no hubiera llegado a ser ni concejal suplente. Era un hombre muy limitado, pero representaba intereses poderosos. Tenía ambiciones imperiales y declaró que el gobierno, autodenominado pomposamente Revolución Argentina no tenía plazos sino objetivos. Era una dictadura para quedarse”, sostuvo el ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen”.  

*** De lo publicado el 8 de junio de 2012 en el diario "Río Negro" y en GPA.

El entonces senador nacional Hipólito Solari Yrigoyen fue el promotor para el cumplimiento de la ley 23940 que dispone al traslado de los restos mortales del cacique Inacayal, desde el Museo de Ciencias Naturales Florentino Ameghino de La Plata, hasta la localidad de Tecka, provincia del Chubut, para su sepultura definitiva.

El 29 de marzo del 2024, en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación, se entrega la mención de Honor Diputado Nacional Dr. Juan Bautista Alberdi por iniciativa del entonces Diputado Nacional por la provincia de Córdoba, Dr. Mario Negri.

La "Mención de Honor Diputado Juan Bautista Alberdi” constituye el máximo galardón que otorga la H. Cámara de Diputados de la Nación a aquellas personas físicas y/o jurídicas que se destaquen por sus acciones culturales, científicas, políticas, humanísticas, o por aportes que, en general, realcen los valores democráticos y republicanos.

La foto de Hipólito Solari Yrigoyen bajando de un colectivo de línea en Buenos Aires, con 85 años, en el 2018. 


Publicaciones:
  • Así son las Malvinas, Hachette, 1959
  • Las Malvinas de hoy, Oriente, 1966
  • El escándalo Aluar, Rafael Cedeño Editor, 1977
  • Los años crueles, Bruguera, 1984
  • Testimonios australes, Galerna, 1986
  • Malvinas: lo que no cuentan los ingleses: 1833-1982, El Ateneo, 1998
  • Patagonia: las estancias del desierto, Secretaría de Cultura del Chubut, 2006

Fuentes de información: Wikipedia, Efemérides Radicales, Cámara de Diputados,

Extras de GPA.

Publicado en el facebook de Solari Yrigoyen en el 2018.

sábado, julio 04, 2026

4 de julio de 1976. 50 años de la Masacre de San Patricio.

 


50 años de la Masacre de San Patricio.
El 4 de julio de 1976, en Buenos Aires (Argentina), la dictadura de Videla asesina a tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos.
Se conoce como la masacre de San Patricio al crimen perpetrado por los militares argentinos con el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos el 4 de julio de 1976, durante la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, ejecutado en la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires (Argentina).
Los religiosos asesinados fueron los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
Aproximadamente a la 1 a. m. del 4 de julio, tres jóvenes, Luis Pinasco, Guillermo Silva y Julio Víctor Martínez, vieron cómo dos automóviles estacionaban frente a la iglesia de San Patricio. Como Martínez era hijo de un militar y pensó que podría tratarse de un atentado contra su padre, fue a la Comisaría n.º 37 para hacer la denuncia. Minutos después un automóvil policial llegó al lugar y el oficial Miguel Ángel Romano habló con las personas que estaban en los autos sospechosos y se retiró. A las 2 de la mañana Silva y Pinasco vieron cómo un grupo de personas con armas largas salían de los autos sospechosos y entraban a la iglesia a la fuerza.
A la mañana siguiente, a la hora de la primera misa, un grupo de fieles esperaba frente a la puerta de la iglesia, que se encontraba cerrada. Extrañado por la situación, el joven Rolando Savino, organista de la parroquia, decidió entrar por una ventana y encontró en el primer piso los cuerpos acribillados de los cinco religiosos, boca abajo y alineados, en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja. Los asesinos habían escrito con tiza en una puerta:
Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria.
También escribieron en una alfombra:
Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M.
La sigla MSTM corresponde al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en tanto que la primera frase sobre «Seguridad Federal» está evidentemente referida al atentado con explosivos que Montoneros había realizado dos días antes en el comedor de esa dependencia policial causando la muerte de 20 policías.​ Sobre el cuerpo de Salvador Barbeito los asesinos pusieron un dibujo de Quino, tomado de una de las habitaciones, en el que Mafalda aparece señalando el bastón de un policía diciendo: «Este es el palito de abollar ideologías».​
En agosto de 1976 un grupo armado secuestró por unas horas a Mariano Grondona, conocido abogado y periodista. Al liberarlo sus captores le indicaron que debía llevar un mensaje a los obispos: que si seguían tolerando a sacerdotes de izquierda «proseguirían los episodios como el de los palotinos y sufrirían una escalada hacia la jerarquía eclesiástica». Grondona comunicó el mensaje al Nuncio Pío Laghi y al vicario castrense Monseñor Tortolo, pero no hizo denuncia alguna del secuestro ni puso el hecho en conocimiento de la justicia hasta 1984.​
Los asesinados, cuatro de nacionalidad argentina y un español, pertenecían a la congregación Sociedad del Apostolado Católico, y fueron:
  • Pedro Eduardo Dufau, sacerdote, nacido el 13 de octubre de 1908 en la ciudad de Mercedes (provincia de Buenos Aires);
  • Alfredo Leaden, sacerdote, nacido el 23 de mayo de 1919 en la ciudad de Buenos Aires;
  • Alfredo José Kelly, sacerdote, nacido el 5 de mayo de 1933 en la ciudad de Suipacha (provincia de Buenos Aires);
  • Emilio José Barletti, seminarista, nacido el 22 de noviembre de 1952 en San Antonio de Areco (provincia de Buenos Aires).
  • Salvador Barbeito Doval, seminarista, nacido el 1 de septiembre de 1951 en la ciudad de Pontevedra (España).
El 4 de julio de 2016 el cardenal Mario Aurelio Poli presidió la misa en la parroquia San Patricio haciendo referencia al martirio en su sermón:
El martirio no es un don que se busca. Es algo a lo que se llega a partir de la virtud y el testimonio en Cristo. Los hermanos palotinos llevaron con fidelidad una lógica de vida y alegría. Vivieron en compromiso con los débiles y los pobres... La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos... También las cicatrices de Jesús se vieron en los cuerpos de nuestros hermanos religiosos asesinados el 4 de julio y así se presentaron ante el Señor de la Misericordia.
Cardenal Mario Poli.