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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.
LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.
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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).
“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.
martes, marzo 01, 2022
El Argentino Carlos Pistelli Especialista en conflicto bélico ruso-ucraniano.
jueves, febrero 03, 2022
miércoles, enero 19, 2022
MUERE MITRE, el cachafaz se va al averno.
Por Carlos Pistelli.
MITRE, murió el 19 de enero de 1906: Mentiroso, rapaz, incapaz.
Que la mentira más grande es aquella que oculta la verdad.
En esta frase apotegma, Bartolomé Rondeau Mitre tira la posta de su carrera política. Si yo le dijera a Ud. que Rosas es un Traidor a la Patria, Ud. se me quedaría mirando por la exagerada mentira que proferí. Ahora si le dijese que fue un Tirano que enfrentó a la Inglaterra y a la Francia sólo cuando se le metían en sus asuntos domésticos, Ud. puede que se quede reflexionando. Puesto que le he ocultado una verdad, sin decirle ninguna mentira. Mitre es así: Cuando dice, en su majestuoso y memorable «Historia de San Martín», quel Libertador le cede el sable de la Independencia al Restaurador porque ‘estaba senil’, como se desprende, no dice absolutamente nada del apoyo a la Soberanía impuesta. Es una frase suelta en su mamotreto, así como al pasar, porque es menester ocultar el rol diplomático que jugó San Martín en favor de Rosas, a quien hay que desterrar de la Historia.
La ocultación de la verdad ha sido el numen de la carrera de Mitre como Historiador. Sus seguidores en la materia, apenas son aggiornadores de la «Historia de Mitre». No hay cuestionamientos a la obra del Divus Bartholus. Es sólo adecuarla al lenguaje presente. Sus adversarios de la hora, presente, cuestionan la obra mitrista, pero desde un posicionamiento que carece de tenor científico. Los academistas contra los divulgadores. Ud. me dirá, no hay lolas entre Pueblo y Antipueblo. Es cierto. Pero si uno se deja llevar por los arrebatos de sus convicciones políticas y prescinde de investigaciones serias y acabadas, aún amateurs como son las mías, puede que entre en un barullo que no tenga salida.
Es necesario, en una ciencia como es la Historia, dotarla de rigor científico a la investigación equis. El deber del Historiador, parado sobre su honestidad intelectual, consiste en manejarse entre el difícil equilibrio de la objetividad de los hechos investigados, la subjetividad de su formación intelectual, y la lógica no-neutralidad o imposible imparcialidad de su posicionamiento político en la materia. Se lo digo chabacanamente en fulbo: El Ñubels del Tata Martino fue un gran campeón (hecho objetivo), Particularmente soy admirador del Tata (elemento subjetivo) pero como ‘canaya’ ni por putas quería que salieran campeones (imposible imparcialidad). Pero al referirme al campeonato de ese año de Ñuls, uno debiera ser equilibrado al contarlo.
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¿Le importó a Mitre todo esto?. Pues no, porque él hace historia para sostener su proyecto político. Las ocultaciones y tergiversaciones son materia de primera mano en sus escritos. Está bien, es una parte de la historiografía, que hay que conocer, y punto: El problema con el Mitre-Historiador, es que te vende su versión como la verdad revelada del Sinaí, en donde Bartolo es el Moisés que tiene las Tablillas de la Ley que nadie debe cuestionar.
Falsificador por antonomasia, el divus Bartholus fue historiador, poeta, traductor, militar, político, diplomático, referente cultural y social, periodista, Presidente de la República, senador y legislador en varias oportunidades, escritor, nombre de cigarrillos, y hasta un pez del Paraná lleva su nombre. Don Bartolomé Mitre, fracasó como peón de campo. Según Prudencio Ortiz de Rosas, hermano de don Juan Manuel, “el pibe era un vago que se tiraba a leer bajo los árboles”.
Era un mentiroso, básicamente. Y cuando las mentiras, que en su caso no tenían patas cortas, saltaban a la luz, el muchacho no tenía pudores: Quemaba las pruebas. Cuando se descubrió una copia del “Plan de Operaciones”, que destrozaba la mirada mitrista sobre Mariano Moreno y la Rev. de Mayo, la copia que cayó en su poder, se extravió misteriosamente.
Sin ir más lejos, don Adolfo Saldías, el primer revisionista, pide la aprobación del “maestro” para su “Rosas”. ¡Para qué!, Mitre se ofendió con la objetividad del trabajo de Saldías sobre el tirano, y le parloteó sobre sus nobles odios, que hay batallas, que además que se vencen, convencen. Y hasta que está bien mentir un poco si el mal lo hace necesario. Si lo sabrán Wilde y Magnasco, al meterse con el patriarca liberal: Les costó la carrera política, y el ostracismo.
Mentir, mentir, que lejos llegarán, parece decir el Mitrismo, y don Bartolus, lejos, llegó.
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Tan rapaz como trepador.
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Piense en sus lugares de trabajo, en sus varios trabajos. Busque a ese compañero que actúa con una sonrisa forzada queriendo caer bien, tirando chistes que no hacen reír si no a su carcajada. El típico empleado que busca ser una alfombra del Jefe. El Olmedo de Portales en el sketch. Ese es Bartolito.
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Tenía la facilidad de decir a cada quien lo que quisieran escuchar, sabiendo de antemano que no les iba a cumplir. Alem, quien lo trató como adversario, aliado y luego otra vez enemistado, tiró una frase que muchos entendieron dirigía a Roca o a Hipólito: Hay dos escuelas o dos sistemas para manifestar el pensamiento: uno que procede con circunloquios, con ambages y sonrisas, no obstante la expresión adversa y hasta hiriente que se revela en la voz y en los labios del que habla.
Algunos se sorprendían al conocerlo. El Emperador Pedro II tenía allegados que lo trataron y le decían que era un botarate. Don Pedro se negaba a creerlo, porque, culto como era, había leído cosas de Mitre, le llegaban los impresos de los periódicos, y todos daban con un tipo con talento, honrado y capaz. Famosa decepción se llevaría el monarca al tratarlo los días de la guerra al Paraguay.
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El problema con los trepadores, como es el caso en cuestión, es que trepan hasta llegar, pero no saben mandar, incapaces como lo son; Entonces recurren a la literatura para esconder falencias, completándose el círculo del Hombre.
Desde el surgimiento de don Bartolus a la arena grande de la política, el Mitrismo con su líder emblemático se ha caracterizado por la impaciencia de sus actos, de no medir sus consecuencias sino de resolverlo todo por la fuerza, y prescindiendo de los medios. Más allá de la concepción filosófica y política que los define, quisiera adentrarme en la incapacidad de comprender, que el tiempo está de su lado. Porque el mitrismo, la cultura política que lo representa, es el único movimiento que pervive y pervivirá entre los argentinos. Ya no hay ni yrigoyenistas ni peronistas, movimientos extintos juntos a sus emblemáticos caudillos. Pero el mitrismo, el mitrismo es eterno, como las palabras de su Profeta.
E increíblemente, son el movimiento más fracasado de la historia, Y aún así sigue existiendo. Tal vez porque la Historia Argentina sea el ensayo de un fracaso histórico.
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El presidente.
Dicen Floria y Belsunce: El lema del Liberalismo fue “Nacionalidad, Constitución y Libertad (…) una Nación unida, eminentemente superior a sus partes; una Constitución federal, garantía de los derechos de las mismas partes; libertad pública y civil. ¿Qué libertad? La concebida por el liberalismo de entonces: libre juego de las instituciones, libertad de crítica, eliminación del caudillaje autocrático que impedía a los pueblos expresarse libremente, libertad que nacía de la “civilización” y que imponía combatir la “barbarie”.
Entre 1864 y 1868, este es el balance comercial argentino: ingresan 172 millones de pesos de la época, exportamos 138. Déficit crónico total: 34 millones. Se saldan con nuevos empréstitos tomados a un 69%. Es decir, nos endeudamos por cien, para recibir 69. Ruinosa manera de tener tesoro nacional. Si agregamos que el Gobierno se arruina financieramente con las guerras civiles y del Paraguay, y debe nuevamente salir a buscar préstamos, la nota de la época es una dependencia total de la buena voluntad británica para tener un mango propio. La deuda externa al terminar el mandato presidencial alcanza los 25 millones de pesos: Se ha triplicado desde 1861. Además, todo el país se hace cargo de las deudas del Estado de Buenos Aires. La Aduana, único ingreso posible del país, es puesta en garantía de los innumerables préstamos internacionales, así como también la tierra pública. Se realiza una nueva ley de enfiteusis donde el Estado arrenda suelo fiscal para hacerse con un pequeño capital. Que terminó siendo otro negoción favorable a los apellidos tradicionales portuarios, aliados imprescindibles del Mitrismo.
Todo es inglés. Desde los ferrocarriles a la marina mercante que trasladan el producto de nuestro suelo; Desde los bancos que regulan la emisión de moneda, hasta el todopoderoso ministro de hacienda, que parece salido del riñón de la reina Victoria. De los frigoríficos que empiezan a hacerse camino, y de todo lo habido y por haber.
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Mitre, de Dictador a Presidente.
Las “provincias” por representación de Urquiza delegaron en el general Mitre la autoridad nacional, el manejo de las relaciones exteriores y la convocatoria de un nuevo Congreso Nacional. Así fue que por diez meses, de noviembre de 1861 hasta octubre de 1862, Mitre ejerció una Dictadura Presidencial, como se lo enrostró Adolfo Alsina, intentando achacarle un “rosismo” tan utilizable para repudiar a cualesquiera fuera. Los nuevos congresistas fueron elegidos “con calor al ejército de Buenos Aires” según Ramón Cárcano. Excepción hecha en Buenos Aires, donde algunos compadritos al servicio de Alsina volcaron las urnas en provecho de la causa porteña. Fraude, bah.
El nuevo Congreso se reunió el 25 de mayo de 1862. El 12 de junio se llama a elección de electores de Presidente y vice. El 4 de septiembre resulta electo Mitre por voto unánime y vicepresidente Marcos Paz. El 12 de octubre toman posesión de los cargos constitucionales. El primer gabinete liberal estuvo integrado por Guillermo Rawson en interior; los ex rosistas Rufino de Elizalde y Vélez Sarfield en relaciones exteriores y hacienda; Eduardo Costa en cultura, justicia e instrucción pública; el oriental Juan Andrés Gelly en guerra.
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Obra presidencial.
No hubo un día de paz en los siete años de gobierno Mitre (uno como ‘dictador’ y seis como Presidente), pero se las arregló para formar al Estado Nacional, deformando a la Nación: La política ferroviaria, el inicio de la deuda externa como elemento de ‘crecimiento nacional’ y las obras educativas son de su época. Un grave proceso de dominación extranjerizante en el país que los sacara a patadas quince años antes, apenas. El déficit se incrementa año tras año, y todo se resuelve con más deuda y que se arregle el que viene luego. Se destruyeron regiones prósperas y se acentuó el centralismo porteño y de su oligarquía libre-cambiante. A su vez, todo gaucho desocupado por la destrucción económica, si no es asesinado, es entendido como “un vago”, y derivado o a la policía, o a la frontera a matarse con sus paisanos, los indios. Como las leyes de 1815 y, la de 1826 que denunciara Manuel Dorrego allá lejos y hace tiempo cuarenta años ha.
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El ‘carnicero’.
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Francisco Solano López, que no es moco de pavo ni mucho menos bebé de pecho, le enrostra, con motivo del destrato a los prisioneros: “Este desprecio por la humanidad es el primer ejemplo que conozco en la historia de las guerras”. ¿Era inhumano Bartolo, o la guerra como siempre sacude a las personas a realizar lo impensado por sobrevivir?. Le daba igual. No dudaba en reprimir conatos rebeldes, acuchillar sin misericordia, aplaudir precisamente que sucediera: «La guerra de policía en La Rioja (en las guerras al Chacho y las Montoneras), quitándoles las banderías políticas, tratándolos como piratas, lo que hay que hacer, es muy simple».
Amigos, aliados, enemigos, neutrales, lo describen con una dureza que nadie expresó de otro alguno en la historia argentina: Sarmiento, siempre tan lúcido con la diatriba, termina diciendo de él: “Ha sido un sonso sin sentido de lo moral”. Juan Carlos Gómez repite: la inmoralidad del presidente que provocaría el resurgimiento del federalismo. Juan María Gutiérrez, un pacífico escritor que sólo usó su inquina contra Rosas, remata: “es el hombre más ambicioso que pueda darse, el que con más indiferencia ve derramarse la sangre. Ahí tiene usted: el hombre de los principios conculcándolos todos cuando vio que el poder y el tesoro se escapaban de sus íntimos y de sus manos… Por lo demás, créame mi amigo, que si políticamente jamás estimé a don Bartolo, ni a sus amigos ni admiradores, nunca le tuve mala voluntad personal y cuanto más, me compadecía de su vanidad, de su pedantismo… Siento de veras que haya caído tan bajo y se arrastre por el fango… No es más que un canalla más en la procesión de nuestra canalla política; en las democracias la basura sube arriba, por la ley de su propia gravedad”. Paul Groussac, uno de los historiadores menos dado a defender a los federales, dice “aun está fresca la sangre que ha costado a la república su fraseología banal de un retórico ampuloso (…) Sectario, lleno de odio, arquitecto cínico de la carnicería, exterminador, desolador, tirano que ahoga la opinión de las cuatro quintas partes del país”; Alberdi se referirá a este hombre inmundo: “le ha confiado al ejército la tarea de suprimir violentamente la verdadera democracia, arruinar la paz del país y destruir la libertad a favor de un nuevo sistema social y político que era antipopular y antipueblo”. Para Roca, el mitrismo es una secta que se cree dueña del país. Aristóbulo Del Valle, que se preocupe un poco más por los intereses argentinos que los del Brasil: Rematándola Hipólito Yrigoyen: Hacerme mitrista? Es como hacerme brasilero.
Deus salve, Glorioso Geral do Brasil, Don Bartolome Mitre.
lunes, septiembre 06, 2021
El Golpe del ’30. Escenas borrascosas por CARLOS PISTELLI Gran Historiador Argentino.
La vejez y la fiebre lo tenían sentado en el Cuartel de La Plata, donde el jefe del Regimiento le dice que descanse. Allí ha leído su dimisión al Señor Jefe de las Fuerzas Militares de La Plata, que no a Uriburu: “Ante los sucesos ocurridos, presento en absoluto la renuncia del cargo del Presidente de la Nación Argentina. Dios guarde de Ud.”
Así terminaba, la Época de Yrigoyen.
La “defensa”.
“Hay que resistir. Hay que defenderse. El Radicalismo debe ocupar la calle”.
El enfermo Presidente, volado en fiebre en su casa de Calle Brasil, ha dado las órdenes. Sus más fieles se movilizan al respecto, pero el Vicepresidente Martínez duda que te duda, “El Presidente soy yo”, produciéndose escenas borrascosas con Ábalos, ministro de Obras Públicas (que terminarán en un duelo); Escenas que se reiteran entre el general Toscano, quien en el Arsenal de Guerra organiza la represión, cuando el conspirador Agustín P. Justo fue a pedirle que depusiera las armas:
-Siempre fuiste un traidor hijo de puta! Te fusilo acá nomás, cagón. Justo, enardecido, empuña su pistola y Mosconi se abalanza entre ambos, evitando los disparos. Fue la única mancha pública del glorioso General de YPF.
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Las cosas se precipitan, porque Uriburu ya está en Plaza de Mayo. Horacio Oyhanarte, el más consumado yrigoyenista de todos, ministro de RR.EE., abrumado por las indecisiones de Martínez, abandona Casa de Gobierno para salvar al Presidente. Tal vez lleva en su poder, los mensajes del leal Francisco Bosch, enardecido en improperios porque le impidieron cortar la marcha de Uriburu. Oyhanarte quiere creer que entre las fuerzas militares todavía hay leales.
Llega a Brasil 1040. Yrigoyen delira en fiebre, y su médico le pide guardar reposo, una locura, porque las turbas iban a dirigirse a destruir la casa. El Presidente, a vuelo de pájaro, estudia a fondo lo sucedido, con su sapienza de años. Vayamos a La Plata, que Crovetto es leal, y armaremos la Defensa.
Son las 17:30. En el auto descapotable del Canciller recorren la distancia en largas y lentas dos horas, donde la vida conmueve al viejo líder. Su padre, su madre, su tío, sus hermanos, sus hijos, sus mujeres, sus revoluciones, el Pueblo que ni siquiera le ve pasar en su retirada histórica.
No hubo “defensa” pese a unos tiros en Congreso. Martínez no la quiso, Yrigoyen no presidía, y los militares tampoco se atrevieron a disparar al gentío que empezaba a acompañar la marcha de los insurrectos.
La “deposición”.
Son las seis y media de la tarde de aquel agitado día iniciado con el amanecer revolucionario. Uriburu penetra entre una multitud a la Casa Rosada.
Martínez lo recibe, rodeado por Ábalos y el teniente coronel Pomar. ¡Hasta los granaderos se han plegado a la marcha!. Todavía se le susurra resistir. Entra Luís Colombo, presidente de la UIA, su amigo personal, “Renuncie vicepresidente, debe hacerlo”. “Yo no renuncio, que me fusilen”. Uriburu entra y lo increpa, hay escenas borrascosas, tomadas en fotografía. Martinez, nervioso, se niega a hacerlo, y Uriburu hace amenazas, que no se cumplen.
Justo lo saca aparte al Vicepresidente, y consigue su renuncia. Se irá del gobierno, en apenas unas horas que pudo ejercer el poder, que nunca le perteneció. Se le han hecho graves cargos, y Ábalos lo bate en duelo. Algunos insisten, que el más amigo de Yrigoyen, el propio Elpidio González, quiso salvar al Gobierno, prescindiendo del Presidente.
Amanecer de un día largo.
Dellepiane.
Cuando los radicales se dieron a existir, en el ya lejano 1890, y su Revolución del Parque, en donde, por otro lado, Uriburu participó como cívico, junto a De La Torre y el propio Yrigoyen, un hombre tuvo las barajas en la mano: el jefe de policía, coronel Capdevilla, fiel a Juárez, sacado del medio de un balazo, cuando iniciaba la represión. Capdevilla sabía que instigaban a la Revolución, para convertirla en golpe, personajes muy cercanos a Juárez. El Presidente fue tracionado por sus propios. Pongamos propios, entre comillas.
Yrigoyen tuvo su Capdevilla, y fue el General Luis Dellepiane.
Desde mediados de año se sabe que Uriburu, con Justo, andan conspirando, en la larga conspiración desde que el Presidente asumiera su presidencia, no en 1928, ¡Desde 1916 que no lo aguantan!. Y Dellepiane, quien no es radical, pero si “profesional de carrera”, duda de personajes alredor de Yrigoyen. Especialmente, de Martínez y de Elpidio. Cree que lo están aislando de lo que pasa.
Todos conocen la conspiración, pero nadie hace nada. Un granadero se atreve a decírselo al Presidente, que con gesto paternal le descarta la advertencia. Dellepiane, munido de información, se presenta en el despacho de Yrigoyen. Éste, asesorado por Elpidio, descarta todo. Dellepiane, compungido, echa la renuncia con advertencias que caen en saco roto. No es que lo aíslan, se da cuenta, es el Presidente el que se ha aislado.
El intendente José Luis Cantilo le repite el informe, Yrigoyen se enoja: “Ud solo me trae el barro de la calle!”. Es el miércoles 3 de septiembre. Yrigoyen mandará a leer el mensaje presidencial de apertura de sesiones, ¡Que siendo septiembre todavía no ha dado inicio a sus sesiones!. Ese año fue un desquicio en todo sentido.
Un ’30 para olvidar.
En el ’28, Yrigoyen gana 800 a 400 mil a sus adversarios. En las elecciones de marzo del ’30, pierde la friolera cifra de doscientos mil votos, que van a parar al arco opositor. Sus mejores espadas están distanciadas. Pueyrredón, dolido que no le devolviera la cartera donde destacara con brillantez; Molinari, porque no le soltó un buen cargo, siendo el adalid de la campaña electoral. Alvear, quien hasta aplaudirá su caída; Vergara a las puteadas contra el viejo; El país en contra. Llega finales de agosto, y el Presidente se siente mal. Le suben líneas de fiebre, y está adocenado para tomar decisiones.
En agosto del ’30 ya todo se sabe y nadie hace nada. En una borrascosa escena, Alfredo Palacios, Decano de la UBA, exige la renuncia del Presidente. Llega De La Torre desde Rosario: Vitoreado hasta el delirio. Votos sí, botas no, arenga. La juventud aplaude en silencio. No es lo que se esperaba. El Domingo 31, Fleitas abre la exposición en la Rural: Una ensordecedora silbatina lo conmina a abandonar el palco. Lunes 1° de septiembre. Inquietudes: Una multitud salió a vitorear al enfermo Presidente, que ni siquiera sale al balcón de su casa a saludar. El Jueves es la contramarcha de jóvenes estudiantes: Uno de ellos es asesinado en la puerta de la Rosada: El gentío empapa sus pañuelos en la sangre del chico, y corren por Avenida del Mayo. El viernes 5, Yrigoyen delega el mando, firmando su último decreto: José Figueroa Alcorta (pugliese), será Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Así terminaron, los tiempos dorados, de Hipólito Yrigoyen.




