Murió Carlos Alonso, el gran pintor argentino que enfrentó a la dictadura con arte.
El artista tenía 97 años. Fue censurado, vivió en el exilio y su hija fue desaparecida, una pérdida que atravesó de manera decisiva su vida y su producción artística.
El artista recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Carlos Alonso. Pintura y tradición, dedicada a revisar su obra y sus vínculos con la tradición pictórica.
Alonso inició su formación en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudió con Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Spilimbergo en la universidad local.
El artista recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Carlos Alonso. Pintura y tradición, dedicada a revisar su obra y sus vínculos con la tradición pictórica.
Alonso inició su formación en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudió con Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Spilimbergo en la universidad local.
Nunca fue un pintor del mercado, de hecho. Su obra era directa, visceral por momentos y de una maestría irrepetible, pero no gozó, en gran parte de su carrera, de ser el preferido de los coleccionistas y tampoco de las instituciones: hay piezas suyas en el Bella Artes, en el Moderno, el Museo de Arte Tigre, en Centro Cultural Haroldi Conti, cerrado por el gobierno actual, en el Museo Superior de Bellas Artes Evita - Palacio Ferreyra (Cba), en el MBA Juan R. Vidal de Corrientes y, por su puesto, en el Museo Carlos Alonso – Mansión Stoppel, en Mendoza.
“La mitad de los cuadros de esta muestra los tenía yo, no porque me interesara guardarlos: en general tuve un alto grado de marginación. No lo he sufrido como una persecución, sino como una situación legítima de quien enfrenta ciertas problemáticas que son incómodas”, dijo Alonso, en el marco de la muestra Vida de Pintor, en el Museo Amalita en 2018.
Florencia Galesio, co-curadora de la gran retrospectiva Pintura y memoria que se realizó en el Bellas Artes en 2019, comentó entonces: “Sufrió la censura en varias oportunidades. Una de ellas fue en el Palais de Glace, cuando exponía la muestra Panorama de las artes visuales II organizada por la Fundación Lorenzutti. Le censuraron las obras relacionadas con La lección de anatomía de Rembrandt. Junto con él, y en solidaridad a Alonso, se fueron varios artistas de esa muestra. Después de eso realizó la obra La censura, una respuesta a ese momento. Luego tuvo que exiliarse. Vivió en Italia, primero, y después en España. Una hija desapareció en la dictadura. Tiene un contexto vital bastante problemático vinculado con la realidad que vivía el país”.
A mediados de la década de 1960, Alonso incorporó la simbiosis entre vaca y hombre y la violencia ejercida sobre el cuerpo. El tema había comenzado con tres collages de 1965, realizados mientras preparaba ilustraciones para El matadero, de Esteban Echeverría.
En la década también fue parte de un debate sobre el rol del arte, cuando los artistas del Instituto Di Tella planteaban que la pintura había muerto y que ya no tenía sentido continuar con esa práctica. Esa postura provocó un enfrentamiento entre pintores como Alonso y los artistas conceptualistas vinculados con el pop.
Entonces, realizó cerca de cincuenta retratos de Spilimbergo sobre la vigencia de la pintura, resaltando a su figura como modelo de una obra centrada en el oficio pictórico.
Retomó la línea de la carne en 1972 con una exposición en la Galería Giulia de Roma. La serie llegó a su punto final en abril de 1976, cuando presentó El ganado y lo perdido en la Art Gallery International, un mes después del golpe de Estado en Argentina.
Ese año partió al exilio junto con su esposa e hijo. En 1977, su hija Paloma fue desaparecida, una pérdida que atravesó de manera decisiva su vida y su producción artística.
Alonso describió la desaparición de Paloma, detenida desaparecida en 1977 a los 21 años, como uno de los momentos más trágicos de su vida y explicó que llevó el dolor a la pintura para preservar su memoria.
Durante los primeros años mantuvo la ilusión de que Paloma reaparecería. Tras regresar a Argentina, constató que la ausencia sería permanente: “Lo único que podía mitigarlo era mantenerlo y, sobre todo, trabajar para que quedara memoria de eso”.
Alonso realizó retratos de Paloma durante su infancia. También hay fotografías tomadas por Anatole Saderman y Annemarie Heinrich. “La pintura siempre fue el campo donde se debatía mi situación”, dijo. Entonces, se mantuvo seis años sin pintar hasta que pudo retomar su actividad.
De ese dolor, surgió su serie más emblemática, Manos Anónimas, que comenzó con Imagen del hombre actual del Museo Nacional de Bellas Artes de 1976, pero tras el golpe de Estado la exposición nunca se realizó y la pieza, abandonada en su taller, se deterioró hasta ser irrecuperable. Gracias al registro fotográfico, fue recreada para Pintura y Memoria. Luego, devino en más de una treintena de 30 obras y dibujos, que llevaron el mismo nombre y un número romano u otro más específico.
La obra de Alonso fue exhibida en salas internacionales y sostuvo un interés social persistente. Su pintura, dibujo y grabado reunieron las marcas de la experiencia política argentina, el dolor personal y una exploración técnica que atravesó varias generaciones. Murió Carlos Alonso, el último gran pintor argentino de su generación. Una voz única, contestataria, un verdadero maestro.
De lo publicado en INFOBAE.
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| Retrato de Hamlet Lima Hamlet por Carlos Alonso. |
Canción para Carlos Alonso.
"De alguna manera, el arte termina siendo patrimonio de la gente y parte del bien común de la sociedad. Si la obra no está hecha para decorar o expresar la propia existencia, creo que el mejor destino para la obra es que pueda servir para expresar los sucesos y lo que acontece en la vida social. La ilusión es que el arte enriquezca la vida de la gente. Por ejemplo, “Blanco y Negro”, una de las muestras que hice. El blanco y el negro no son solamente la ausencia de color, sino la posibilidad de signar un poco el mensaje y el contenido del trabajo. En esa serie el color no entraba; el color era como la fiesta de la pintura, el blanco y el negro eran la falta de la alegría y las posibilidades. Esas cosas se fueron alargando en mi trabajo y, queriéndolo o no, profundizando las diferencias entre la vida burguesa y la riqueza, y la vida de la gente pobre, de aquellos que no llegan ni siquiera al mínimo necesario para una subsistencia digna".







