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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, mayo 28, 2020

REVOLUCIÓN DE MAYO: UNA HERENCIA LARGA QUE HOY AGITA LAS COPAS.

Un festejo patrio con dos tonos que van más allá de los colores de la escarapela: el tinto y el blanco. Descubrí las uvas autóctonas de nuestra vida adulta como país.
Por Joaquín HIDALGO.
Semana de mayo, tiempo de escarapelas y de colores patrios. Al celeste y blanco que cuelga de balcones y decora negocios deberíamos sumarle el tinto y el blanco, al menos si miramos el largo plazo y descorchamos algunos vinos patrimoniales.
Razones hay suficientes. En tiempos de la Revolución de Mayo ya se hacían vinos en nuestro territorio. Y si romper con España implicaba entrar en la turbulenta historia que supimos conseguir, también significó comenzar a andar caminos propios en materia de vides. Es verdad: las plantas, como las costumbres, trascienden las ideas, y por eso sobrevivieron en el viñedo local algunas variedades españolas, que luego fueron salpimentadas con otras italianas y principalmente francesas.
Pero puestos a mirar el país desde aquella celebrada tertulia de mayo, desde sus escritorios de madera manchados de tinta rebelde y quizás de vino español, las industrias de tierra adentro pudieron cobrar cierto vuelto propio. Como la del vino, sin dudas. Pero esa es otra historia.
La pregunta que nos hacemos hoy es otra: pasada esa revolución, emprendido el camino independiente, ¿desarrollamos también vides y vinos locales? ¿Existen vinos patrimoniales?

Las uvas argentinas.

En materia de uvas, Argentina le ha aportado al mundo un puñado nacidas tierra adentro. Las más famosas son sus tres Torrontés, de la que el Riojano es el más reconocido por su aptitud para hacer vinos. Surgida de un cruce entre la españolísima Listán Prieto y la mediterránea Moscatel de Alejandría, el Torrontés Riojano ganó fama como vino aromático. Restan el Torrontés Sanjuanino, usado en otro tiempo para destilar y habitué de las zonas pisqueras de Chile, devenido del mismo cruce, y el torrontés Mendocino del que sólo se conoce un ascendente (la Moscatel) pero no así la otra parte, otra uva criolla aún no identificada genéticamente.
Pero hay más. El Instituto Tecnológico Agropecuario viene trabajando de manera firme en el estudio de otras uvas criollas con cierto potencial para hacer vinos. Con nombres tan poéticos como Glabro, Canela y Ferra, y otros menos sonoros como Huevo de gallo o Criolla Número 1, hay una veintena bajo la lupa de la ciencia agronómica que podría dar lugar a vinos patrimoniales.
A este pelotón claramente desarrollado en Argentina, podemos sumarle al menos dos más que están descuadradas de la bibliografía. Olvidadas en su tierra, como colonos verdaderamente afincados encontraron en este país su lugar en el mundo. El Malbec es el ejemplo más cabal, claro, y con poblaciones de plantas y algunos clones supone una reserva genética adaptada al desierto. La otra es Bonarda Argentina, genéticamente identificada como Charbono y proveniente de la Saboya francesa donde es casi testimonial. Aquí da vinos ampliamente bebidos, tanto que con 18 mil hectáreas es la segunda tinta plantada, luego del Malbec, que ya alcanza las 44 mil.

Los vinos patrimoniales.

En tiempos de la revolución de Mayo, los vinos que circulaban por las pulperías eran el Carlón si se lo podía pagar (tinto español) o el Clarete o Clarín, cuyo origen es poco conocido. En Mendoza, por ejemplo, se hacían vinos a partir de las uvas tintas de Canarias como Listán Prieto, luego bautizada aquí como Criolla Chica, que da un tinto ligero de color y perfume frutal. Esos son el primer paso de los vinos patrimoniales.
Lo que siguió fue el desarrollo de una serie de vinos locales con matriz inmigrante a los que podríamos llamar los sabores de la nostalgia. En eso, las revoluciones pierden siempre contra los gustos adquiridos. En el siglo que va desde 1810 a hasta el primer centenario, en nuestro país nacieron vinos (pero no sólo vinos) de inspiración europea, principalmente de Francia e Italia.
Pero en el bicentenario el escenario es bien diferente. Los estilos locales, con tintos de cuerpo y frescura moderada y buen paladar carnoso, dominan la escena. Y los blancos de altura, con expresión madura y a la vez fresca, no se parecen mucho a lo que ofrece el mundo, salvo algunos vinos mediterráneos.
Pero con el Malbec como bandera, Argentina tiene para dar al mundo un sabor que es propio, tanto como sucede con el Torrontés y el Chardonnay, vinos que gustan dentro y fuera del país.
Si la historia de los países pudiera ser una parábola de una persona, haber adquirido este sentido propio, de lo que nos gusta y de lo que podemos ofrecer en materia de vinos con orgullo, se parece mucho a convertirnos en adultos. Algo que en el ideario de Mayo era un germen en plena gestación.
Publicado en Vinómanos, 26/05/2020.

viernes, abril 27, 2018

En California ya recomiendan al torrontés como el "vino de la primavera".

En California ya recomiendan al torrontés como el "vino de la primavera".
Un  informe de The Durango Herald, en el estado estadounidense de Colorado, expresa que con la llegada de la primavera en el Hemisferio Norte,  un gran vino blanco de primavera / verano que muchos no conocen en los estados Unidos es una alternativa divertida y refrescante, incluso compitiendo con espumantes y vinos rosados. Ese vino es el torrontés argentino.
Según explica, el perfil de ADN hecho sobre la variedad por la Universidad de California-Davis reveló que este varietal es un cruce entre Muscat de Alejandría y Criolla Chica, que normalmente solo se cultiva en Argentina. Si bien hay tres variaciones clonales de la uva, la dominante y de mayor calidad es Torrontés Riojano. Argentina cuenta con la mayor concentración mundial de viñedos de altura, con algunos lugares a 9000 pies, mientras que la mayoría se encuentran entre 3500 y 5500 pies. La gran altitud permite un mayor tiempo de colgado para las uvas. Los largos tiempos de suspensión a temperaturas considerablemente más frías dan como resultado vinos que retienen una mayor acidez natural y, a la inversa, menores contenidos de alcohol. Los vinos con largos tiempos de espera suelen ser excesivamente alcohólicos y flácidos.
El estudio de la universidad californiana explica que "la región más septentrional de Argentina, Salta, es una zona prometedora con un gran potencial. Podría decirse que es el hogar de los mejores torrontés. Hay excelentes vinos procedentes de Mendoza, más al sur, pero los mejores de los mejores provienen de la altitud más alta de Salta. Esta región es única ya que el paisaje está lleno de cactus y huesos secos, lo que obliga a los productores a regar. Durante la última década, se han dado cuenta de que demasiada irrigación conduce a un cultivo excesivo y, en última instancia, a un vino inferior. Este problema no solo afectaba a Salta, sino también a Argentina en general. Ahora que los argentinos se han dado cuenta de la importancia de la calidad sobre la cantidad, estamos viendo vinos de mayor calidad exponencialmente con más concentración y estructura".
De esta manera, la investigación advierte que el torrontés es distintivo en su composición parental. Algunos bebedores de vino pueden temer que uno de sus padres, el moscatel de Alejandría, aumente su dulzura. Los vinos, sin embargo, están secos y no tienen azúcar residual. Hay excepciones, pero en general, los vinos se fermentan en seco. El bouquet es inconfundible con notas de cáscara de naranja, flores de flores y melocotones. Los vinos pueden variar de ligeros a de cuerpo entero y ofrecen una sensación muy limpia y crujiente que se adapta a los amantes del pinot grigio y sauvignon blanc por igual.
En cuanto al maridaje, el articulo de The Durango Herald, remarca que debido a la impresionante acidez del vino, el  torrontés ofrece excelentes maridajes. El bouquet exótico funciona armoniosamente con platos chinos, tailandeses, sushi e indios que son vegetarianos o de carne blanca. Además de la cocina asiática, los vinos funcionan muy bien como vinos cócteles con una gran variedad de quesos y aperitivos. La mejor parte, sin embargo, es el costo amigable, con precios que van desde los 10 a 20 dólares.

miércoles, noviembre 25, 2015

El origen del Torrontés: ¿un cruce entre uvas negras y blancas?

Nuevas evidencias históricas afirman que la única uva originaria de Argentina nació en las estancias jesuíticas de Mendoza a comienzos del siglo XVIII.
Un estudio realizado por el historiador Pablo Lacoste volvió a agitar el misterio en torno a la única uva criolla argentina con proyección internacional. Publicado por Wines of Argentina en 2014, en él se afirma que el Torrontés podría haberse originado en Mendoza y no en Salta o La Rioja, contrariamente a lo que se creía.
Lacoste, fiándose de una ingente documentación notarial, en la que se detallan los viñedos anteriores a 1850 en la Capitanía General de Cuyo y el Reino de Chile, pasa revista a la larga historia del Torrontés. Según su tesis, esta uva criolla debió haber nacido en alguno de los solares en los que trabajaban los jesuitas a comienzos del siglo XVIII. ¿Qué uvas le dieron origen y cómo obtuvo su nombre?
Las criollas del continente

Desde la conquista de América los poblados coloniales tuvieron sus parras de uvas para hacer vinos corrientes y para consumo en fresco. Conocidas como Mision en California, País en Chile, en el nuestro se las denominó Criollas. Componen un universo de diversos colores, entre las que destaca la Criolla negra y la Cereza, como las más plantadas en nuestro medio.
Según la documentación reunida por Lacoste, también era así en 1850, cuando  la criolla negra representaban poco más de la mitad del viñedo entre Argentina y Chile: “los datos compulsados –escribe– revelaron la presencia de 64.505 ejemplares (56%). Por testimonios de cronistas y viajeros se sabe que era la cepa hegemónica”, sostiene en el paper Variedades De Uva En Chile Y Argentina (1550-1850).
Sin embargo, los jesuitas no la tenían en la misma estima que a la uva Italia. Con ese nombre se conocía a la Moscatel de Alejandría, que ingresaron a Mendoza proveniente de chile a comienzo del siglo XVIII. Según la contabilidad realizada por Lacoste, para 1850 la uva Italia representaba una de cada diez plantas si se excluía a la Criolla Negra.
Y aquí es donde interviene la genética moderna para determinar el origen del Torrontés. Siguiendo el estudio realizado Cecilia Agüero y publicado en American Journal of Enology and Viticulture en 2003, esta uva nació del cruzamiento entre Italia y Negra Criolla, con cuyo ADN coincidiría. Lo que lleva a Lacoste a hipotetizar que ese cruzamiento natural tuvo lugar en alguno de los solares cultivados por los jesuitas.
El historiador concluye que, “de acuerdo a las fuentes examinadas hasta ahora, se puede estimar que el torrontés nació en Mendoza. La causa aparente se encuentra en el liderazgo de los jesuitas. Ellos introdujeron el cultivo de la uva de Italia en la viña del Colegio de Nuestra Señora del Buen Viaje, y desde allí, se propagó por la región. (…) Mendoza fue su principal polo de interés. Por lo tanto, su integración genética con la uva negra pudo ocurrir en cualquier zona de esta región, teniendo Mendoza mayores oportunidades. Además, el informe hasta ahora más antiguo que menciona la existencia de torrontés –escribe Lacoste–también corresponde a Mendoza”.
Más allá de quién o quiénes la propagaron por el actual territorio nacional, llevándola hasta La Rioja y Salta, si se originó en Mendoza, aún queda una pregunta por responder: ¿quién la bautizó con el nombre de Torrontés?
Lost in traslation

Así como las toponimias esconden historias curiosas, el bautismo del Torrontés también lo hace. Lacoste bucea en la bibliografía disponible y afirma que el nombre proviene de un típico error de traducción. En su tesis, sostiene, probablemente fue Daimán Hudson, el naturalista mendocino, el que primero describió esta variedad particular en La Rioja y, al consultar a los hombres de ciencia del siglo XIX acerca de uvas similares, la registró en los Anales de la Sociedad Rural como Torrontés, una homónima cultivada en España.
Para más confusión, cuando el escritor Eusebio Blanco, en su afán por mejorar la vitivinicultura mendocina tradujo los tratados franceses de enología de Henry Machard, empleó el término Torrontés como sinónimo de Sauvignon Blanc. Por suerte, el ingeniero Alberto Alcalde terminó con la confusión en 1989, cuando se publicó su tratado de ampelografía llamado Cultivares Vitícolas Argentinos. En ese libro, se documenta al Torrontés según los tres grupos de vides que encierra su nombre: el riojano, el sanjuanino y el mendocino, de los que sólo el primero tiene potencial para dar vinos perfumados y sabrosos, con proyección global.
¡Extra! Sabores florales

Única variedad de uva producida y propagada en Argentina, el Torrontés se distingue del resto por una condición sencilla: huele intensamente a flores blancas, como jazmín o azahar. Y esos aromas, terminan ofreciendo sabores primaverales al paladar, donde se ofrece como un blanco austero, algo delgado y de paso chispeante en sus versiones más modernas. En nuestro medio, son los que se cultivan en Salta los más expresivos.
Fuente: http://www.vinomanos.com/
Publicado en  WINESUR.COM