La empresa inglesa que hace un siglo transformó el negocio de las peras y manzanas en la Patagonia.
Argentine Fruit Distributors, vinculada al Ferrocarril del
Sud, organizó la producción, el empaque y la exportación de fruta desde el Alto
Valle, dejando una huella que aún perdura en Río Negro y Neuquén.
Pocos conocen la historia de la compañía británica que ayudó
a convertir al Alto Valle en el corazón de la producción de peras y manzanas de
la Argentina.
La historia del Alto Valle de Río Negro y Neuquén está
estrechamente vinculada al ferrocarril y al desarrollo del riego. Ambos
factores hicieron posible la transformación de una extensa región de estepa en
uno de los principales oasis frutícolas de la Argentina. En ese proceso
desempeñó un papel decisivo la empresa Argentine Fruit Distributors S.A. (AFD),
vinculada al Ferrocarril del Sud y al capital británico. A través de una
compleja red de empaque, transporte y comercialización, la compañía contribuyó
a organizar la producción frutícola destinada tanto al mercado interno como a
la exportación, dejando una profunda huella en la economía y en el paisaje
urbano del Alto Valle.
Para comprender el papel de AFD es necesario retroceder a
fines del siglo XIX, cuando la expansión ferroviaria y las grandes obras de
irrigación comenzaron a modificar de manera definitiva el territorio. La
llegada del Ferrocarril del Sud y la construcción del sistema de riego
permitieron el desarrollo de colonias agrícolas que, pocas décadas después,
convertirían al Alto Valle en uno de los centros frutícolas más importantes del
país.
El preludio: El tren y el agua.
La llegada del ferrocarril al Alto Valle estuvo marcada por
razones económicas, estratégicas y militares. En 1899, la empresa Ferrocarril
del Sud inauguró la línea que unía Bahía Blanca con la confluencia de los ríos
Limay y Neuquén (actual ciudad de Cipolletti). El objetivo inicial del
presidente de la Argentina de ese momento, General Julio Argentino Roca, era
asegurar el transporte de tropas y pertrechos hacia la frontera con Chile, pero
los ingenieros ingleses rápidamente advirtieron el potencial agrícola de las
tierras que bordeaban el río Negro. El suelo aluvial era fértil, el sol
brillaba casi todo el año y el agua corría con fuerza milenaria; solo faltaba
ordenarla.
A principios del siglo XX, el ingeniero italiano César
Cipolletti diseñó el sistema de riego que domaría los ríos de la región. El
Estado argentino financió la construcción del gran Dique Ballester, inaugurado
parcialmente en 1916 y culminado a principios de la década de 1920.
Los trenes de la época que llevaban la fruta en tren directamente al puerto de Buenos Aires.
Con el agua corriendo por los canales secundarios, la tierra
del valle comenzó a fragmentarse en parcelas aptas para el cultivo. Inmigrantes
italianos, españoles y de otras latitudes llegaron para labrar la tierra. Sin
embargo, los colonos se enfrentaron rápidamente a un cuello de botella: sabían
cómo plantar y cosechar, pero carecían de los medios, el conocimiento y los
canales comerciales para llevar frutas sumamente perecederas a los mercados de
Buenos Aires o Europa. Es aquí donde el capital británico vio una oportunidad
de oro para generar carga para sus vagones y dividendos para sus accionistas en
Londres.
El nacimiento de AFD.
En la década de 1920, los directivos del Ferrocarril del Sud
comprendieron que para que el negocio ferroviario en la Patagonia fuera
rentable a largo plazo, debían propiciar el desarrollo de una industria de
carga de alto valor. La lana y el cuero no eran suficientes. Inspirados por el
éxito de las corporaciones frutícolas norteamericanas en California, decidieron
intervenir directamente en la cadena de valor de la fruta.
Hacia fine de la década del '20, el Ferrocarril del Sud
fundó AFD. No se trataba de una empresa productora en el sentido tradicional
—aunque poseía algunas chacras experimentales—, sino de una gigantesca
plataforma de servicios de poscosecha, comercialización y logística.
Los ingleses trajeron al Alto Valle una mentalidad
estrictamente 'fordista' y un despliegue tecnológico sin precedentes en la
Argentina rural. Contrataron a expertos californianos y sudafricanos para
estudiar el clima local y determinar qué variedades de manzanas y peras se
adaptarían mejor. Fue AFD la que promovió de forma masiva variedades icónicas
como la manzana Red Delicious (y su antecesora, la Delicious) y la Granny
Smith, así como las peras Williams y Packham's Triumph.
La red de galpones y la revolución tecnológica.
El impacto de AFD se materializó en el paisaje del valle a
través de una red de imponentes galpones de empaque estratégicamente ubicados a
la vera de las vías del tren. Se construyeron instalaciones en localidades
clave como Cinco Saltos, Cipolletti, Allen, General Roca, Villa Regina y J.J.
Gómez.
Durante décadas, la compañía británica controló el empaque, la logística y la comercialización de la fruta patagónica, sentando las bases de una actividad que sigue siendo clave para la región.
Estos galpones no eran simples cobertizos de acopio; eran
verdaderas fábricas de procesamiento industrial que funcionaban con precisión
de relojería británica. En su interior, el proceso seguía una línea de montaje
perfecta:
-Recepción y lavado: La fruta traída por los colonos en
carros y camiones se volcaba en piletones de agua para limpiarla y eliminar
residuos de curas o tierra.
-Clasificación y selección: Las manzanas y peras pasaban por cintas transportadoras donde mujeres y hombres —bajo la estricta mirada de capataces entrenados por la empresa— separaban la fruta de primera calidad de aquella que presentaba defectos estéticos.
-Calibrado: Máquinas mecánicas importadas de Estados Unidos
e Inglaterra clasificaban la fruta por su tamaño (calibre) basándose en el peso
o el diámetro.
-Empaque: Embaladores profesionales envolvían individualmente
cada fruta en papel sulfito (muchas veces impregnado en aceites minerales para
evitar la propagación de hongos) y las acomodaban con precisión geométrica en
cajas de madera, conocidas formalmente como "cajones tipo
exportación".
El sello de AFD en las tapas de las cajas de madera se
convirtió en una garantía internacional de calidad. Las marcas de la empresa,
como "El Crucero", "Pájaro Azul" (Blue Bird) o
"Canguro", ganaron reputación rápidamente en los mercados de
ultramar.
Detrás de la emblemática marca 'El Crucero' estuvo AFD, la
empresa inglesa que revolucionó el empaque, el transporte y la comercialización
de la fruta del Alto Valle.
Para resolver el problema de la distancia y el calor durante
el trayecto de más de mil kilómetros hacia el puerto de Buenos Aires, el
Ferrocarril del Sud construyó, a instancias de AFD, una flota de vagones
frigoríficos. Estos vagones se cargaban con bloques de hielo producidos en
plantas que la propia empresa instaló en el valle (como la fábrica de hielo de
Cipolletti). De este modo, la fruta viajaba en una atmósfera aclimatada que
garantizaba que llegara al puerto con la firmeza y frescura exigidas en Europa.
El "paternalismo industrial" y la vida en los
campamentos ingleses
La presencia de los ingleses en el Alto Valle no se limitó a
lo comercial; configuró un orden social y urbano particular. En ciudades como
Allen y Cipolletti, la empresa construyó barrios y colonias para su personal
jerárquico. Los gerentes, contadores e ingenieros, en su mayoría británicos, trajeron
consigo sus costumbres, su arquitectura y su estilo de vida.
Los chalets de estilo inglés, con techos de chapa
galvanizada a dos aguas, galerías de madera, paredes de ladrillo visto y
jardines perfectamente podados, irrumpieron en medio del paisaje árido. Estos
complejos habitacionales contaban con comodidades extraordinarias para la
época: agua corriente, sistemas de saneamiento y electricidad provista por las
usinas de la empresa.
El "paternalismo industrial" británico se tradujo
en una estructura social sumamente jerárquica pero organizada. Los directivos
fomentaban la práctica de deportes como el tenis, el golf y el fútbol,
construyendo clubes y campos de juego para el esparcimiento del personal. El
Club Ferrocarril y AFD se convirtieron en centros de la vida social de la élite
local y de los empleados jerarquizados.
La historia de AFD, la firma británica que convirtió las manzanas y peras del Alto Valle en un producto de exportación y dejó una marca imborrable en la Patagonia.
Para los colonos e inmigrantes que proveían la fruta, AFD
era un gigante ambivalente. Por un lado, era el socio necesario que financiaba
las cosechas, proveía los cajones, vendía los pesticidas y garantizaba la
compra de la producción bajo estrictos contratos. Por el otro, era un monopolio
extranjero que imponía los precios, decidía arbitrariamente qué fruta servía y
cuál se descartaba, y ejercía un control férreo sobre la economía regional. No
obstante, el sistema funcionaba: el rigor en los estándares de calidad de AFD
obligó a los chacareros del valle a tecnificarse y a convertirse en productores
de excelencia mundial.
La Segunda Guerra Mundial y el cambio de rumbo.
El apogeo de AFD se prolongó durante toda la década de 1930.
El Alto Valle se había transformado en el principal exportador de manzanas del
hemisferio sur, compitiendo directamente con Sudáfrica, Australia y Nueva
Zelanda. Los barcos cargueros con las bodegas refrigeradas llenas de fruta del
río Negro zarpaban regularmente desde el puerto de Buenos Aires con destino a
Londres, Liverpool, Amberes y Hamburgo.
Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial en
1939 asestó un golpe demoledor al modelo de negocios de AFD. Las rutas
marítimas del Atlántico se volvieron extremadamente peligrosas debido a la
guerra de submarinos alemanes, y los países europeos priorizaron la importación
de alimentos básicos y material bélico por sobre las frutas frescas.
Ante el cierre casi total del mercado europeo, AFD tuvo que
reorientar sus esfuerzos de manera urgente. El mercado interno argentino,
concentrado en la pujante Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, absorbió
una parte de la producción. Paralelamente, se consolidó el comercio con el
mercado de Brasil, que se convertiría en un cliente histórico e indispensable
para la fruta del valle.
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| El mercado de Abasto ubicado en el centro porteño, en la década del 40, hacia donde AFD orientaba la mayor parte de sus ventas. |
A pesar de esta reconversión, el conflicto bélico marcó el
inicio del fin de la era del absoluto predominio británico en la economía
argentina. Las dificultades para importar repuestos para las maquinarias de
empaque y los vagones ferroviarios, sumadas al desgaste de las finanzas del Imperio
Británico, debilitaron la posición de las empresas matrices en Londres.
Nacionalización y legado: El fin de una era.
El desenlace final de la aventura británica en el Alto Valle llegó tras el fin de la guerra, de la mano de los cambios políticos estructurales que vivía la Argentina. En 1948, bajo la primera presidencia de Juan Domingo Perón, el Estado nacional adquirió la totalidad de los ferrocarriles de capital británico en cumplimiento de los acuerdos del tratado Miranda-Eddy.
Al nacionalizarse el Ferrocarril del Sud (que pasó a
llamarse Ferrocarril Nacional General Roca), la estructura de AFD quedó
desconectada de su matriz logística y financiera original. Los ingleses
comenzaron su retirada ordenada de la Patagonia. La infraestructura de AFD no
desapareció, sino que cambió de manos. Muchos de sus imponentes galpones de
empaque, talleres y plantas de frío fueron adquiridos por empresarios locales,
cooperativas de productores integradas por los antiguos colonos italianos y
españoles, o pasaron a formar parte de nuevas empresas estatales y mixtas (como
la Corporación Frutícola Argentina o, más tarde, firmas privadas nacionales
como Moño Azul, PAI y otras).
Publicidad aparecida en los periódicos y principales revistas de Buenos Aires en la década del 40, presentando la oferta productiva de AFD.
La retirada de los administradores británicos dejó un vacío
en el control de calidad absoluto que ejercían, pero abrió paso a una
democratización y diversificación del negocio frutícola. Los colonos,
organizados en cooperativas, asumieron el control de la cadena de valor que los
ingleses habían diseñado.
Las huellas del "Imperio de la Fruta".
Hoy en día, a casi un siglo de la fundación de AFD, las
huellas de la presencia inglesa siguen vivas en la geografía urbana y cultural
del Valle de Río Negro y Neuquén. Caminar por las zonas aledañas a las
estaciones de tren de Cipolletti, Allen o General Roca permite descubrir los
viejos galpones de empaque de AFD. Aunque algunos han sido reciclados para
funciones culturales, comerciales o universitarias, y otros yacen en el
abandono como gigantes de chapa y ladrillo, sus estructuras de pinotea, sus
techos parabólicos y sus andenes de carga atestiguan la escala monumental de la
empresa.
Las colonias y los chalets ingleses, ocultos tras densas
arboledas de álamos que originalmente se plantaron como cortinas rompevientos
para proteger las plantaciones, forman parte del patrimonio arquitectónico de
la región. Asimismo, términos técnicos del empaque frutícola que se usan cotidianamente
en el valle (como el tamaño de los "calibres", el uso de ciertas
maderas o sistemas de estiba) derivan directamente de los manuales de
procedimiento redactados por los ingenieros de la empresa en la década de
1930.
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| Uno de los grandes galpones que AFD tenía a mediados de la década del 30 en la cuidad de Cinco Saltos, Río Negro. |
Argentine Fruit Distributors S.A. fue, en última instancia,
el catalizador que transformó una actividad agrícola de subsistencia en una
industria global. A través de la disciplina, la inversión tecnológica y una red
de transporte que unía las chacras patagónicas con las mesas de los
consumidores europeos, los ingleses sentaron las bases materiales del Alto
Valle moderno, convirtiendo a la fruta en el sinónimo definitivo de la identidad
rionegrina y neuquina.
FUENTE: Investigación bibliográfica de la Redacción +P y
fotos publicadas por Gervasio Rosales.
Publicado en LA MAÑANA DE NEUQUÉN.
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Fotos AFD VILLA REGINA.
Fotos de Gervasio Rosales.
NOTA:
Argentine Fruit Distributors,(AFD). Estas plantas (Galpones de
Empaque de frutas) se costruían en las mismas playas ferroviarias, el Galpón de
Regina estaba emplazado en el terreno donde hoy esta la Cooperativa
"Hormiga Circular" – Teatro Reginense.
Por la parte de atrás del Galpón que daba a las vías se
arrimaban vagones que eran cargados con los cajones ya embalados de manzanas, peras,
duraznos, ciruelas, que salían rumbo a Bahía Blanca y Buenos Aires. Cerca de
ese lugar también salía las cargas de frutas, sidra de la Cooperativa La Reginense.
Luego de la AFD funcionó la Coop. Flor del Manzano Ltda. hoy
solo queda lo que es la Hormiga Circular, el resto se destruyó en un incendio.
Hoy funciona la Cooperativa de Trabajo Artístico La Hormiga
Circular.
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HISTORIA REGINENSE.
ANTIGUA COLONIA REGINA. Históricas Reginenses.
El empaque y la comercialización.
La comercialización de la producción en los primeros años de
la colonia Regina se realizaba a través del Ferrocarril del Sud.
Esta empresa estaba particularmente interesada en el
desarrollo efectivo del circuito de comercialización por un lado, por el
monopolio que ejercía sobre el transporte, y por otro lado para lograr la
monopolización de la comercialización.
Es así que se creó la Argentine Fruit Distributors (AFD) en
1928 con los mismos capitales británicos y con el carácter de subsidiaria del
Ferrocarril Sud, con el objetivo de promover la exportación de frutas.
Primero se instalaron las plantas de empaque en Cinco Saltos,
Cipolletti, Allen, y kilómetro 1.156, y con posterioridad en Villa Regina.
Estas plantas se construían en las mismas playas
ferroviarias, circunstancia que las colocó en franca ventaja con respecto a
otras empresas similares, puesto que su producción pasaba directamente a los
vagones.
Hasta el momento de su construcción, en la Colonia Regina el
procedimiento de empaque era precario.
La empresa impuso el uso de cajones cosecheros estándar
(field boxes) en los cuales se trasladaba por camión o por carro la fruta
recién cosechada desde la chacra al galpón.
Allí se clasificaba en forma mecánica por tamaño y a mano
por calidad, teniendo en cuenta la presentación. Luego cada fruto se envolvía
con papel especial y se embalaba con cajones tipificados de madera de álamo.
Así se remitía a Buenos Aires, según detalla un informe de César Vapnarsky.
Esta empresa acometería también otro objetivo: el de
asesoramiento técnico para los chacareros en todo el Valle. Así la estación
Agronómica del Ferrocarril Sud pasó en 1930 a depender de la AFD, proveyendo a
los productores de los insecticidas, fertilizantes y del asesoramiento
necesario, siempre acorde a los intereses del capital británico.
La AFD llegó durante los años de preguerra a comercializar entre el 70 y el 80% de la producción frutícola del Alto Valle y a empacar un porcentaje aún mayor porque también prestaba servicios a terceros.
El sistema de comercialización que estableció, y que con
pocos cambios persiste hasta hoy, fue el de consignación del producto y
liquidación posterior para su venta, sin que el chacarero pudiera saber por
anticipado el precio que finalmente se le pagaría, finaliza el informe de
Vapnarsky.
"Me lo contó mi abuelo", de la historiadora
reginense Silvia Zanini.
CENSO FRUTÍCOLA DE LA AFD EN 1935.
La Colonia Regina guarda como fecha de fundación el año
1924; entonces se habilitó la primera zona que iniciará el poblamiento y la
agricultura en esa parte del Alto Valle.
En 1926 se habilitó la estación de trenes; hasta su apertura
los colonos llegaban a la estación 1.120 (Ingeniero Huergo).
En 1930 comenzó a funcionar la primera Comisión de Fomento,
bajo la presidencia de Ítalo Rafaelli. Por esa fecha ya se había habilitado la
tercera zona productiva.
"En esta colonia -señala Antonio Rodríguez en 'El alto
Valle de Río Negro'- se hizo la primera planta industrial que se trajo al
Valle, la fábrica de tomate, a la que años después la Argentine Fruit
Distributors agregó instalaciones para la elaboración de tomate deshidratado,
el Tomacó. (...) A Villa Regina se le debe la primera fábrica de dulce y una de
las primeras y más importantes cooperativas vitivinícolas de la región".
Pocos registros hay de lo que se producía y plantaba en la
década del '30 en esa localidad. Sin duda un documento ineludible para contar
con datos de este tenor es el censo frutícola que la AFD hizo en 1935. El mismo
se realizó en el departamento General Roca y en el Confluencia de Neuquén. Se
trata del primer relevamiento realizado para todas las especies y variedades
frutales y a través de él podemos saber qué plantaban los productores de peras
y manzanas, cuáles eran las variedades más difundidas y en qué año fueron
implantadas.
La Colonia Regina tenía cerca de 400 productores que ya
contaban con sus primeras plantas de peras y manzanas. Los frutales que primero
fueron plantados -entre 1925 y 1928- correspondieron a las familias de
pioneros, entre ellos, Juan Alba, Ernesto y Guido Allemanni, César
Alessandroni, Alfredo Alippi, Pío Andreolo, Onorato Angeloni, Luis Bachetta,
Antonio Bante, José Barale, Alberico Batocchi, Gaetano Bellamogli, Héctor
Benatti, Pablo Benedetti, Antonio Bernabé, Antonio Bertoldi, Bernardo Berzibi,
Héctor Bettio, José Biacucci, José Bisconti, Blasick Matte, Bonadé Bottino,
Bonelli Jorge, Bontorno Vito, Juan Borando, Borguese, Borsani, Francisco Brito,
Luis Broda, Julio Brunetti, Businello, Caviatti, Caporalini, Ángel Carra,
Emiliano Ciminelli, Valentín Cimolai y Dalssasso.
Los hijos de José del Tedesco (ver "Historia de
vida") plantaron 180 manzanos de distintas variedades, 400 de peras
William's en 1926 y 2.000 en 1930 y 900 plantas más de manzanas Rome en 1934.
Este productor fue, sin dudas, uno de los primeros en incursionar en la
fruticultura en la Colonia Regina, junto a Carmelo Dimartino, Antonio Fedalto,
Alejandro Fasulo, Luis Fenizi, Bernardo Ferriccioni, Alfonso Fiordelli,
Gregorio Rufino; Antonio Liberati, Benito Marco, Maximiliano Massaccesi ,
Torcuato Mei, José Melojanich, Juan Mion, Luis Mosquini, Francisco Mungai,
Bartolomé Padín, Vicente Pece, A. Pesce, Jaime Picotti, la familia Perazzolli,
Francisco Pimbelli, Domingo Poli, José Pretto, Nazareno Prislei, Primero
Reineri, Julio Rey Pastor (que implantó manzanas y peras en esta zona y en
Huergo, en 1922), Eugenio Rigatto, Luis Rigoni, Ángel Rossi, Antonio Rozza,
Juan y Cayetano Rotter, Gregorio Rucabila, Mariano Scarolli, Blas Sferco,
Orfeso Solca, Nazareno Silvetti, Marcelo Steffano, Ángel Tesolin, Antonio
Ucotick, Eugenio Vecchi, Romano Venica, Francisco y Juan Vertua, José Vesprini,
Juan Vitulich, Juan Zampa y Santos Zanini, entre otros. (S. Y.).
Publicado en Diario "Río Negro".
http://www1.rionegro.com.ar/diario/tools/imprimir.php?id=12262
Publicado en ¡BIEN DE REGINA!

Perteneció a la empresa Argentina Fruit Distributors (AFD) que concentraba el circuito frutícola más importante de la región. ANR.


















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