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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, marzo 19, 2023

Lo que hay que leer.


Por Ignacio Di Tullio.

Diario LA PRENSA.

En una fiesta de casamiento un amigo a quien hace tiempo no veía me cuenta que de la noche a la mañana se había vuelto lector. Se reprochaba que durante años el estudio y el trabajo lo habían mantenido alejado de los libros. Para recuperar el tiempo perdido mi amigo se había impuesto un programa de lectura. Debía cumplir con un listado de nombres ordenado alfabéticamente que lo llevaría a leer las que -según dijo- eran “las obras más importantes de la literatura argentina”. Me aseguró haber llegado a la letra “F” de, entre otros, Filloy, Forn. 

José Lezama Lima solía repetir que hay ciento cincuenta libros que contienen toda la literatura. Que leyendo eso no había que leer nada más. Para el escritor cubano, uno de los primeros en la lista era la Biblia, pero sugería leerla como si fuera una gran novela. El rápido esbozo del listado podría seguir con La Ilíada, La Odisea, Moby Dick, La isla del tesoro, En busca del tiempo perdido, toda la obra de Franz Kafka y la Educación sentimental de Flaubert. Lo que se dice un buen comienzo. 

Pero, ¿dónde encontrar el tiempo y la disponibilidad de la mente para leer los clásicos, excedidos como estamos por el alud de papel impreso de la actualidad? Esa pregunta se formula Italo Calvino en la introducción de Por qué leer a los clásicos“Para mantener una dieta sin contaminación, un lector puramente entregado a las obras clásicas debería abstenerse de leer los periódicos, no dejarse tentar jamás por la última novela o la última encuesta sociológica. Habría que ver hasta qué punto sería justo y provechoso semejante rigorismo”, se cuestiona el narrador italiano. El problema es que por más que la realidad pueda ser mortificante, siempre constituye el punto donde nos paramos para mirar hacia atrás o hacia adelante. Para poder leer los libros clásicos hay que establecer “desde dónde” se los lee. Es por eso que “el máximo rendimiento de la lectura de clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad”, concluye Calvino.

En relación a los apoteóticos listados de “grandes libros”, Fabio Morabito opina que ha conocido gente que se impone este ejercicio pero que afortunadamente solemos traicionar estas listas, tentados por novedades, libros de jóvenes escritores o recomendaciones de personas en cuyo criterio confiamos. O sencillamente, releemos clásicos, acto que para Calvino equivale a la primera lectura, puesto que un clásico es una obra que no termina de decir nunca lo que tiene para decir y considerando que de la lectura a la relectura hemos cambiado, ya no somos los mismos. “Siempre vuelvo a Memorias del subsuelo, de Dostoievski, porque sé que es un gran libro pero aún no termino de entenderlo”, comenta Morabito, quien sugiere que, a fin de cuentas, lo mejor sea no elaborar listados de ningún tipo sino tan sólo leer por placer, por emoción. Y así dar finalmente con ese libro que Calvino denomina “tu clásico”esa obra frente a la cual no podemos ser indiferentes y que sirve para definirnos a nosotros mismos en relación o tal vez por contraste, pero a la cual solamente se puede llegar a través de la lectura espontánea y desinteresada, ya que es así como uno se tropieza con el libro que llegará a ser “su” libro. 

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/527147-Lo-que-hay-que-leer.note.aspx

martes, agosto 18, 2015

KAFKA Y EL OCIO.

Franz Kafka (Praga, Imperio austrohúngaro, 3 de julio de 1883-Kierling, Austria, 3 de junio de 1924) fue un escritor de origen judío nacido en Bohemia.

martes, mayo 26, 2015

Otro feriado mítico y mitrista por Alejandro Horowicz.

“De Prometeo nos hablan cuatro leyendas. Según la 
cuarta todos se cansaron de esa sinrazón. 
Los dioses se cansaron; se cansaron las águilas; 
la herida, cansada, se cerró. La leyenda trata 
de explicar lo inexplicable.”
Franz Kafka, Relatos.

El 25 de Mayo sólo es un feriado o se trata de una conmemoración histórica? Lo más parecido a un feriado es otro feriado. Y como los feriados se mueven en el almanaque para facilitar el turismo interno, organizando fines de semana largos, distinguirlos supone recordar a dónde fuimos en esa oportunidad. De modo que la idea por la cual una fecha ingresa al almanaque y su práctica real no se toca salvo por casualidad. Dicho sin vueltas: el feriado mata la conmemoración. Reducir la historia a feriados equivale a pulverizarla.
Mircea Eliade (1907-1986) especialista rumano en religiones comparadas demostró, hace un rato largo, que el tiempo mítico se devora al histórico. El relato circunstanciado de los hechos sobrevive un lapso determinado, que varía según el período histórico, hasta terminar desapareciendo. Los testimonios envejecen, se pierden, y en su lugar emerge otro relato sustitutivo. La historia devora los hechos –construcción literaria sostenida con documentos– que en un sentido riguroso tienden a volverse problema exclusivo de especialistas.
Ahora bien, qué decir cuando ni siquiera los especialistas dieron adecuada cuenta del problema. Y este es el caso del 25 de Mayo de 1810. Es que si interrogamos a un historiador académico o uno militante, a un historiador marxista o a uno liberal, incluso un investigador católico serio como el jesuita Guillermo Furlong (1879-1974), sobre cuándo el Virreinato del Río de la Plata dejó de ser una colonia de la corona de Castilla, todos responden al unísono: el 25 de Mayo de 1810. Sin embargo, con los datos que suministraba el Billiken –semanario infantil, dirigido por Constancio C. Vigil, con el que aprehendieron historia generaciones de argentinos, entre los que me incluyo– permite demostrar la labilidad de esa afirmación.
William Carr Beresford (1768-1854) el 25 de junio de 1806 desembarcó en Buenos Aires con 1400 soldados. El coronel, convencido por sir Home Riggs Popahm (1762-1820) sobre la existencia de un tesoro en plata en una ciudad desguarnecida, tomo el fuerte sin la menor resistencia. El virrey Rafael Sobremonte (1745-1827) huyó llevando en las carretas su propia fortuna personal y un millón de libras esterlinas en plata potosina. Como tras la batalla de Trafalgar, donde la flota inglesa destruye la armada franco-española el 21 de octubre de 1805, el Atlántico se vuelve un lago londinense, la plata sudamericana deja de enviarse a Madrid. Y por eso estaba depositada en Buenos Aires, ya que de lo contrario iría a parar a las arcas del gobierno de William Pitt.
La batalla que las islas británicas libraban contra la Revolución Francesa, contra el todavía invencible Napoleón Bonaparte, tras el bloqueo continental se había quedado sin mercados. La Revolución Industrial exigía remplazar las plazas, ya que un tercio de las exportaciones inglesas estaban destinadas al continente europeo. Por tanto, juntarse con la plata potosina por comercio o por saqueo era la nueva norma del mercado mundial.
El Billiken nos hace saber que Sobremonte entregó a Beresford la plata del rey para conservar su oro personal, y que Jacques de Liniers (1753-1810) marino francés al servicio de la corona, con el auxilio de milicianos retomó el control de la ciudad el 11 agosto de 1806. La ciudad, que espera otro ataque, arma a 8000 combatientes que eligen a sus comandantes mediante el voto directo. Una formidable escuadra con más de 14 mil efectivos, conviene recordar que la task force que tomo Malvinas no superaba los 7000 , conquistó Montevideo en enero de 1807.
Cuando la noticia llega a Buenos Aires, un Cabildo Abierto, donde participan los milicianos armados, destituye a Sobremonte por “imperito en el arte de la guerra”. En tres siglos de dominio español en América nunca había sucedido tal cosa. La invasión se dirige inmediatamente a Buenos Aires para ser rechazada, y Liniers, el jefe de la resistencia, se transformaría en flamante virrey, mientras el mundo entero se asombra ante tan curiosa victoria.
Entonces, el Cabildo Abierto destituyó al virrey, Buenos Aires estaba armada, y no pagaba impuestos a la corona. La autodefensa devino autogobierno, por tanto sostener que se trataba de una colonia porque el virrey declara hipotética obediencia a la Casa de Borbón no puede argumentarse con un mínimo de seriedad. Tan es así que Félix Luna, en una polémica pública que tuviera lugar el 21 de septiembre de 2004 en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, admitió el rigor de mi punto de vista. Y nobleza obliga, le bastaba a don Félix decir sin argumentar siquiera que se trataba de un “error manifiesto” para salir airoso. Desarrollé in extenso mi abordaje del problema en “El camino de Potosí”, primer tomo de El país que estalló, demostrando el carácter mistificador de ese interesado relato histórico.

Un mito fundante.
Bartolomé Mitre (1821-1906) inventó, como una operación eminentemente política, mientras estaba a cargo de la presidencia de la república, el género literario historia argentina. Con la Historia de la Revolución Francesa de Jules Michelet a la vista, Mitre construyó el mito que transformaba a la burguesía argentina en clase revolucionaria. Al igual que la francesa, y aun mejor si se quiere, puesto que fue republicana ab ovo, tuvo su caída de la Bastilla el 25 de Mayo de 1810. Pocos relatos alcanzaron mayor impacto, y pocas veces una historia fue transcripta sin variantes, con jacobinos incluidos, para ser aceptada acríticamente por tirios y troyanos.
Es cierto que el revisionismo histórico elaboró monográficamente trabajos que en el terreno fáctico, en el caso del 25 de Mayo, demuestran que en esa fecha no sucedió nada demasiado extraordinario. Tan cierto, como que nunca puso en entredicho la matriz mitrista de toda la lectura. En última instancia el revisionismo discute el panteón de Mitre, quiénes deben ser considerados los buenos y cuáles los malos de una película mediocre. Pero ese debate concluyó, forma parte de una historia política clausurada, ya que remitía a la posibilidad de un destino autónomo para la sociedad argentina.
Desde el momento en que el bloque de clases dominantes no se propone modificar la inserción nacional en el mercado mundial, sino más bien se aviene a la división global del trabajo, el debate historiográfico se transformó en novela histórica. Y la novela, quién lo ignora, más que la “verdad” –con todos los problemas que supone– requiere de la verosimilitud. Un camino sudamericano, ya lo explicó hace 75 años Federico Pinedo (1895-1971) en su celebre Plan enviado al Senado en 1940, exige del acuerdo con Brasil; sin esa escala la solución que Pinedo anticipara –conviene pensar que la Unión Europea es un proyecto de la década del ’50– el programa termina fracasando. Durante la primera década del nuevo milenio buena parte de los gobiernos sudamericanos, incluido Brasil, hicieron la finta del bloque unificado. Esa costumbre tan progre de sustituir los hechos discursivamente murió en gesto. Pero pareciera que entre la crisis mundial y las políticas instrumentadas desde el Plan Alto, entre la burguesía paulista y los políticos realistas, la rentabilidad es el único problema relevante.
La renuncia a una política sudamericana común constituye nuestra actual tragedia histórica. Helio Jaguaribe, sociólogo brasileño de nota, explicó en una de sus frecuentes visitas a Buenos Aires, en compañía de Torcuato Di Tella, que en la próxima década –lo dijo en 2007– el problema se resuelve por sí o por no. Si San Pablo, capital económica de Brasil, y Buenos Aires no acompasan sus marchas, el mercado mundial terminará decidiendo por nosotros. Y si así terminara siendo, la historia del 25 de Mayo de 1810, la mítica y la verdadera, carecerán de importancia porque los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, junto con los del Banco Mundial, reescribirán nuestra historia y Mitre será el deslucido nombre de una callecita del Mercosur.

Diario "Tiempo Argentino", 25 de mayo de 2015.