GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

jueves, mayo 24, 2012

EL MERCADO NEGRO.

HISTÓRICAS REGINENSES.
ANECDOTARIO DE JUAN BENEDETTI
UNO DE LOS PRIMEROS POBLADORES REGINENSES.

EL MERCADO NEGRO.
Anécdotas curiosas tiene el Valle, como la que relata uno de los primeros pobladores de Villa Regina, Juan Benedetti.
Cuenta este hombre, que llegó aquí en 1928, que la crisis del ’30 fue profunda y duradera en estos lugares. Crisis que, por otra parte, hizo emerger oficios tan peculiares como los de destiladores y traficantes de grapa.
“La crisis del ’30 duró como 10 años acá. Pegó fuerte en la región –relata Juan– sobre todo porque a la crisis ésta, que era mundial, se sumó un tiempo de superproducción de vid en la Argentina que hizo estragos entre los chacareros que generalmente empezaban haciendo viña porque entraba rápidamente en producción. Mi padre fue uno de los fundadores de la primera Cooperativa local, la Reginense. El sistema funcionó bien por un tiempo, pero hacia el final no se pagaba nada la uva y los chacareros pasaron al tomate. Pero con el tomate pasó igual. Creo que no hubo buen asesoramiento, porque todos hacían uva, después todos hacían tomate y se provocaba una superproducción. Al principio sólo había una fábrica que compraba el tomate para industria. Los chacareros solían pasar la noche haciendo cola frente a la fábrica con su producción. Hasta llevaban pasto para darle de comer al caballo. Y cuando le tocaba el turno venía una mujer, una empleada bien vestida y con tacos, y decía: ‘No, esto no va’ y el chacarero se iba para el Salado a tirar sus tomates. ¿Sabe qué triste? Pero bueno, nosotros veníamos con ideas cooperativistas, porque en Italia se manejaban así. Vimos que funcionaban. En la zona nuestra hay cooperativas de lácteos que tienen muchísimos años. Pero para integrar una cooperativa hay que saber de qué se trata. Acá se desvirtuó la cosa, siempre querían mandar dos o tres y así nunca iba a funcionar”.
De modo que los inmigrantes llegaban con sus saberes, sus prácticas y sus secretos. Aun así, no siempre sus injertos de ideas eran exitosos. Habían visto que las cooperativas en Europa funcionaban e intentaban reproducirlas, pero las experiencias no salían como allá. Sin embargo, quizá haya algo que sembraron como enseñanza y tiene que ver con la capacidad de sortear las crisis, que también conocían y en abundancia.
En este sentido puede acomodarse este dato : “Otra cosa –continúa su relato–, muchos chacareros que tenían viña hicieron sus piletas. Todos los italianos sabían manejar la viña, parece que lo tenían en la sangre… Imagínese esta proporción, si había 300 chacareros, 200 tenían piletas. Al principio estuvieron bien porque no pagaban impuestos, pero después, entre las inspecciones que eran muy rigurosos y los impuestos, se dejó de hacer vino. Muchos sobrevivieron haciendo algo que nunca se cuenta. Cuando vino la crisis se empezó a hacer grapa clandestinamente; había destilerías por todo Regina. Conocí a uno que hizo 15 bordelesas de grapa... Se vendía por todo el país. En el mercado negro. Salía en latas de aceite que lavaban bien y, luego de llenarlas de grapa, la soldaban y las llevaban escondidas entre colchones, cajones de fruta y mercaderías. El negocio fue muy común, parecía la tierra de Al Capone (risas). También se hizo cognac.
”La grapa iba en gran cantidad a la zona de Comodoro Rivadavia. Decían que allá había yanquis en las petroleras que la demandaban. Yo vi a un hombre hacer una bordelesa de 200 litros preparada para meter adentro un barril de 100 litros de grapa y luego llenar lo que quedaba de espacio con vino, de modo tal que, si lo inspeccionaban, lo primero que veía era el vino. Así llevaban en camiones la grapa para Comodoro… ¡Iban en cada camión! Cruzaban dos balsas, en Choele y en Paso Peñalva.
”Esas destilerías funcionaron por años. Pero no sólo se volcaba en el mercado negro. Llegabas a cualquier casa y te invitaban con una grapita. En ese tiempo, en medio de la malaria y las destilerías, mucha gente se perdió con la grapa”.

* Publicado en suplemento "El Rural" del diario "Río Negro", sábado 26 de mayo de 2007.

martes, mayo 22, 2012

Peronismo y kirchnerismo por Carlos Salvador La Rosa.


TEMAS DE OPINIÓN Y DEBATE ARGENTINO.

Peronismo y kirchnerismo por Carlos Salvador La Rosa.
Hoy reaparece el viejo debate interno acerca de quién es peronista de verdad y quién infiltrado. Y, como siempre pasa, cada bando cree que el infiltrado es el otro aunque, en realidad, ambos sean peronistas hasta los tuétanos.

No es la primera vez que ocurre en la historia argentina -y probablemente no será la última- en que el peronismo no sólo ocupa el centro de la escena política sino que la ocupa toda entera, centro, costados y periferia, nada le es ajeno. El peronismo por enésima vez creó su propia oposición interna, mientras que la externa ha dejado de serlo. Todos los flancos está cubiertos por el tradicional movimiento. El mapa de sus internas coincide exactamente con el mapa completo de la política nacional.
No somos nada. Si los radicales o los socialistas quieren apoyar en Malvinas o YPF sólo pueden votar a libro cerrado sin aportar ni una coma, por lo cual todo consenso es mera sumisión, por más que después crean ingenuamente poder diferenciarse en la votación artículo por artículo. Así, la oposición por “izquierda” sólo tiene dos destinos: ser co-responsable de un eventual fracaso de aquello en lo que apoyó al gobierno o no recibir ni el más mínimo reconocimiento si lo que apoyó resulta exitoso. Su única opción es elegir si el tiro en la cabeza se lo pega con la mano derecha o con la mano izquierda.

Por eso, en estos días andaban tan contentos Macri y la oposición de “derecha”, creyendo que la confluencia del oficialismo y del resto de la oposición dejaba para ellos un formidable espacio vacío desde donde construir. Pamplinas, porque ahí nomás apareció Scioli y en menos que canta un gallo le cubrió por “derecha” todo el espacio opositor que el ingenuo de Macri creyó vacío.

Queda, por cierto, la oposición extrema, anti todos, lugar que sueña con ocupar Carrió pero ese espacio hoy no existe (para que existiera sería necesario que el pueblo creyera que algún político es mejor que otro, pero eso hoy no lo cree nadie) por lo cual Lilita cada día hace menos política y cada vez hace más crónica periodística. Nos informa, critica y opina, da testimonio, pero políticamente no se conduce ni a sí misma.

¿Quién está primero? ¿Perón o Kirchner? Con Scioli en escena, reaparece también el eterno debate entre peronistas: aquél que divide entre el peronismo verdadero (portador sano) versus los infiltrados. Y, como siempre pasa, cada bando cree que el infiltrado es el otro aunque, en realidad, ambos sean peronistas hasta los tuétanos.

Sin embargo, hoy por hoy, el debate es sutilmente otro en la medida que todavía nadie importante discute en serio el liderazgo de Cristina. En estos momentos lo que se discute es si el kirchnerismo es una expresión más del peronismo o si el peronismo es apenas una parte del kirchnerismo. Algo difícil de entender, como lo es casi todo dentro del peronismo, pero trataremos de explicarlo.

Para el peronista tradicional -del cual Scioli hoy es su gran esperanza blanca- Cristina sigue siendo la líder, como ayer lo fue Néstor, antes Duhalde, antes Menem, antes Isabelita y antes Perón. La política la fija siempre el líder y el peronista la obedece siempre, por más profundas que sean las contradicciones entre los sucesivos conductores. Nada nuevo bajo el sol. Eso ya ocurrió en el imperio romano, en las monarquías y sigue aconteciendo en el Vaticano.

El peronismo funciona como una monarquía plebeya, una iglesia laica, una democracia verticalista. Al principio lo movió la fe en Perón y Evita y ahora lo mueve la tradición que, en política, no es más que la fe burocratizada donde entran todas las ideologías mientras no se discuta la “lealtad”, que no es más que la versión populista de “muerto el rey, viva el rey”.
El problema es que a esta tradición, el kirchnerismo le ha agregado una peculiaridad que se apoya argumentalmente en aquella juventud que en los 70 cuestionó el liderazgo de Perón, estando éste aún vivo.

Néstor y Cristina nunca se sintieron herederos de Perón sino que aceptaron a éste como parte del movimiento que culminó en ellos. Creen que en 1945 lo que nació fue el kirchnerismo, del cual el peronismo fue apenas su primera expresión, más burguesa con Perón, más revolucionaria con Evita pero, en ambos casos, meros antecedentes anunciadores de lo que vendría después... después del año 2000. El peronismo es una parte de ese todo que es el kirchnerismo.

Poniéndonos un poco filosóficos, podría decirse que Perón y Evita fueron la tesis, Menem y Duhalde la antítesis mientras que Néstor y Cristina son la síntesis final. Es que el kirchnerismo es fundacional siempre, por definición. Basta ver las películas sobre San Martín y Belgrano realizadas por los ideólogos K en las que los padres de la patria aparecen como meros antecedentes de los líderes del presente, para comprender por qué a Perón lo ven de ese mismo modo.

La izquierda que sigue al kircherismo es la que siempre creyó que el peronismo es un movimiento burgués pero, también, lo más revolucionario que hay dentro del capitalismo. Por lo tanto, si se profundizan las contradicciones dentro del peronismo, a la postre se acabará con el capitalismo, con lo cual también se acabará con el peronismo porque ya no será necesario nada burgués.

Cristina simula llevarles la corriente -como antes también lo hizo Néstor- pero en realidad ambos siempre fueron peronistas y sólo simuladores de izquierda, pero necesitaban de esa impostura para poder conducir al país en estos tiempos tan diferentes al de los orígenes del peronismo. Al menos para conducirlo en términos hegemónicos, donde los de afuera sean de palo y los de adentro se le arrodillen, aunque los odien.
Dos peronismos, dos Argentina. En 1945, para conducir una nación socialmente dividida, Perón decidió eliminar cualquier conato de enfrentamiento dentro del naciente movimiento y entonces pulverizó a todos los líderes internos para unificar la conducción.

Kirchner no se encontró con una Argentina dividida socialmente en dos pero sí con una sociedad anarquizada y furiosa contra todo tipo de política. Para intentar conducirla, decidió aplicar un remedio parecido al de Perón: adueñarse enteramente del peronismo, eliminando a todos los líderes rivales.

Por eso luego de haber exterminado a Duhalde, no se cansó de advertir a Cristina -en sus últimos días- que debían acabar con Moyano y Scioli, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Cristina está siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Néstor pero también enfatiza en aquello que era aún más propensa que su marido: en reinventar la historia para que el kirchnerismo no se explique dentro del peronismo sino que el peronismo se explique dentro del kirchnerismo.

Es que, a diferencia de Perón y Evita, por tratarse de una época despolitizada, los Kirchner no tienen debajo suyo masas fervorosas que los idolatran aunque sí han sabido contener todo el voto peronista tradicional, ése que hoy se mueve más por tradición que por fe. Pero como con ese voto solo, no alcanza para perpetuarse en el poder, a la vez, están intentando forjar un relato histórico que los explique no sólo por ser peronistas sino por haber creado un mito nuevo. Fundadores, no continuadores.

Néstor lo intentó buscando recrear divisiones sociales como en las épocas de Perón donde él fuera el héroe y los otros los villanos, pero la sociedad no estaba dividida como en aquellos tiempos. Cuando se encontró con el conflicto del campo creyó ver allí la simiente de la división que tanto buscaba, pero ocurrió que ese conflicto, artificialmente exagerado por él, casi se lo lleva puesto.

Cristina, a diferencia de Néstor, no busca dividir a la sociedad sino que aspira a imponer la unanimidad por abajo. Por eso la apelación a los sentimientos patrios con Malvinas o YPF, pero tampoco funciona porque todo sigue siendo muy artificial.

La intolerancia durante el primer peronismo era cultural y social. Se le puede, quizá, reprochar a Perón haberla incentivado en vez de morigerarla (aunque eso igual vale para casi todos los políticos de aquel tiempo) pero lo cierto es que el General no la inventó, mientras que la intolerancia K es un invento de intelectuales que no tiene correlato en las bases sociales. Antes se odiaba por arriba y por abajo, hoy sólo por arriba.

Tenemos una sociedad poca afecta a la política por las experiencias vividas, pero no una sociedad dividida ni tampoco una sociedad a la que se la pueda movilizar unánimemente por causas supuestamente patrióticas contra un supuesto grupo de gorilas internos y en guerra contra el imperialismo externo. Son delirios de élites.

El pueblo argentino hoy no es políticamente divisionista ni unanimista, ya que varias décadas de práctica democrática (con todo lo imperfectas que hayan sido) no acontecieron en vano. La sociedad hoy es básicamente pluralista y vota priorizando sus intereses.

No lo hace tanto por convicciones porque siente que nadie la representa acabadamente, como sí lo sintió durante el primer peronismo, en el que la convicción y los intereses estaban muy unidos, incluso con predominancia de la convicción (tanto en peronistas como en antiperonistas). No obstante, el pueblo sigue siendo más sensato que sus representantes, aunque ningún pueblo puede conducirse a sí mismo y siempre estará incompleto en tanto no se mejoren sus representaciones.

Pero, como una paradoja del destino, la pasión peronista que el kirchnerismo no pudo recrear en las masas, sí lo logró en otro sector social: los intelectuales. El kirchnerismo es una religión de intelectuales, no de masas, las cuales en una gran proporción siguen siendo culturalmente peronistas (aunque más por tradición que por fe) pero no kirchneristas, o tan kirchneristas como antes menemistas o duhaldistas.

Y por ser una religión de intelectuales, todo es un gran escenario montado donde los actores protagonizan una obra altamente politizada para un público altamente despolitizado. Lo que ayer fue drama social hoy es drama teatral. Pero lo que le importa a la sociedad y a la élite son cosas cada vez más diferentes. Por eso los de abajo ven a los de arriba con desprecio o indiferencia mientras los de arriba ven a los de abajo como a un pueblo que no se interesa en política, cuando en realidad no se interesa en la política que no se interesa en él.
Publicado en Diario "Los Andes", domingo 20 de mayo de 2012.


lunes, mayo 21, 2012

José Carioca al servicio de las relaciones exteriores.


ACUARELA DE BRASIL.
ARTE Y COMUNICACIÓN AL SERVICIO DE LAS RELACIONES EXTERIORES.
Esta es la primera aparición del personaje José Carioca en una serie animada del Walt Disney un papayo que invita al Pato Donald para que aprenda los pasos de la samba brasilera por las calles de Río de Janeiro al son de la música “Aquarela do Brasil” de Ary Barroso y "Tico tico no fubá" de Zequinha de Abreu. José Carioca en Brasil alcanzó tal popularidad que superó al Ratón Mickey. José Carioca conocido como Joe en Estados Unidos y Zé en Brasil y en muchos países que se habla el castellano Pepe Carioca. Es un papagayo que fuma habano, usa camisa a rayas y toca el pandeiro.

A partir de los años ´30 el gobierno norteamericano buscaba estrategias destinadas a estrechar lazos comerciales, políticos y culturales con los países de Nuestra América especialmente con nuestro país la Argentina, Brasil y México. Una política de “Buenos Vecinos” inaugurada por el presidente Franklin Delano Roosevelt (donde resultamos ser los buenos y los americanos los vecinos) y de “América para los Americanos”.
Esta joyita es un dibujo animado fue incluído en film “Saludos amigos” que cobró vida en 1943 popularizó el tema de Barroso alcanzara fama internacional y la grabara en idioma inglés “La Voz” Frank Sinatra.Por entonces el gobierno de los Estados Unidos buscaba una política de aproximación con la República de Brasil y Walt Disney realizó este y otros cortos de antología.
Era época del final de la Segunda Guerra Mundial y de la llamada “guerra fría” y el Gobierno Americano temía que el Brasil se tornara un país comunista.
Esta maravilla animada fue creada en los años ´50, enteramente a mano, sin computadoras, efectos digitales u otros recursos mágicos del cine de hoy.

LA CREACIÓN DE LOS ESTUDIOS DISNEY.


Foto antigüa de Copacabana...

domingo, mayo 20, 2012

El mito de Lula y el antimito de Dilma.



El mito de Lula y el antimito de Dilma. 
La presidenta de Brasil pretende convertir en realidad lo que su predecesor vendió al mundo.


Brasil está cambiando, a mejor, gracias a una antítesis: el mito de Lula frente al antimito de Dilma. Son dos caras de una misma moneda, ambos responsables del salto dado por Brasil hasta convertirse en la sexta potencia económica del mundo. El mito de Lula, creado a través de sus méritos de genio de la política y de su biografía de niño pobre del norte que huyó con su familia a la rica São Paulo en busca de trabajo; y que de limpiabotas y vendedor ambulante, sin poder estudiar, pasó a fundador del mayor partido de izquierdas de América Latina y sindicalista de hierro, se nutre de superlativos. El antimito de Dilma está más bien basado en los diminutivos.
El mito de Lula quedó consagrado por Obama, cuando calificó al líder brasileño en la cumbre de su gloria de “político del mundo”. Su mito vendió al mundo no sólo las posibilidades aún en ciernes de un Brasil con mil sombras y lagunas, sino del país ideal donde todo, hasta la sanidad pública “había alcanzado la perfección”. A Lula le bastaba decir, fuera y dentro del país, que en Brasil ya no había pobres, que Europa tenía que aprender de aquí, o que se habían construido millones de casas populares, para que sus palabras se transformaran en la realidad percibida, porque los mitos no se equivocan ni son discutidos. Pero Lula también creó realidades muy concretas, como la llegada a la clase media de 30 millones de pobres. El mantenimiento de la política económica liberal de su antecesor Cardoso, fue imprescindible para devolver a Brasil su orgullo nacional perdido y proyectar el país a nivel planetario haciéndolo objeto de deseo de los empresarios de medio mundo.
¿Y el antimito de Dilma? Curiosamente a ésta la llevó al poder Lula con la fuerza de su popularidad y la promesa de que ella continuaría el mito de un Brasil ya perfecto. Dilma, sin embargo, ya en su primer año de gobierno se ha revelado como un verdadero antimito. Su fuerza es la ausencia de hipérboles; su eficacia, la fuerza de sus gestos simbólicos. Lula gritaba, Dilma susurra o grita sólo en privado a los ministros que no ofrecen resultados en su gestión. Habla poco, no le gusta aparecer. Trabaja en el palacio presidencial todo el día. Sale sólo lo indispensable y, en general, de mala gana.
¿Cómo se explica que en un país acostumbrado al mito de Lula que lo ocupaba todo con la fuerza de su carisma, la discreta Dilma le haya superado —y ampliamente— en consenso popular tras un año en el Gobierno y apareciendo justamente como un antimito? Aunque es aún pronto para responder a esa pregunta, algunas respuestas empiezan sin embargo a pergeñarse. A los brasileños les está agradando el carácter simbólico y antihéroe de Dilma que ha usado muy poco su biografía de ex guerrillera, de ex presa y ex torturada durante la dictadura militar, y que es capaz de no negar lo que a Brasil le falta aún para ser de verdad un gigante americano.
Ante la sociedad y sobretodo en privado, ante sus ministros y altos funcionarios, Dilma se irrita con lo que en Brasil aún no funciona: sus infraestructuras, su violencia crónica, su falta de eficiencia en la gestión de la máquina pública, la carencia de vivienda para ocho millones de ciudadanos, y los aún 16 millones de pobres. Le duele que Brasil aparezca aún en los análisis y sondeos internacionales en el furgón de cola de los índices de calidad de vida, de calidad de la enseñanza primaria y de la distribución de renta; o en los puestos de cabeza en los de corrupción política y de asesinatos. Lula llegó a pedir que Brasil protestara públicamente por esos estudios internacionales, porque según él, “son injustos” con Brasil. Dilma prefiere callarse y trabajar para que dichos índices mejoren lo antes posible.
Lula, enemigo de planillas y estudios, era y es más político que Dilma. Se preocupaba más por mantener unida y feliz a la base aliada de los 12 partidos —desde la extrema izquierda a la extrema derecha— que apoyaban a su Gobierno. Dilma privilegia los resultados concretos. Si Lula llegó a afirmar que la salud pública era perfecta, Dilma se irritó en público cuando supo que en muchos hospitales se almacenaban aún empaquetadas o sin funcionar por falta de técnicos, cientos de máquinas para realizar mamografías que habían costado millones mientras las mujeres no conseguían hacerse los exámenes preventivos. Si Lula mantenía por amor a la unidad política del Gobierno a ministros acusados de corrupción, Dilma echó a seis de ellos antes de completar su primer año de gobierno, a pesar de que Lula pidiera a dichos ministros que “tuvieran caparazón y no dimitieran”. Son dos estilos diferentes de gobernar. Lula echaba la culpa de las acusaciones de corrupción a las intrigas de la oposición, Dilma los pone en la calle. Y ésta, con su sola autoridad, sin el carisma de Lula, está consiguiendo disciplinar mejor que él las votaciones del Congreso a favor de su gestión.
Lo curioso es que Brasil, que a pesar del peso del atraso que arrastra ha tomado el tren del progreso y camina ya con respeto internacional en el mundo actual convulsionado y en crisis, ha necesitado y sigue necesitando para ello, primero del mito de Lula, el genio de la publicidad que supo vender, como nadie lo había sabido hacer en el pasado, su país al mundo, y ahora del antimito de Dilma. Lo que ésta pretende con su obsesión por los resultados en la gestión de lo público, con su estilo discreto, con minúscula y sobre todo con sus gestos simbólicos, es convertir en realidad el Brasil que Lula vendió al mundo. Sus últimos gestos van por ese camino: colocar en su Gobierno a personas cualificadas para el cargo sin tener excesivamente en cuenta los apetitos a veces espurios de los políticos, como el nombramiento para el importante Ministerio de Ciencia y Tecnología de un físico, Marco Antonio Raupp, y de una química, María da Graça Fuster, como presidenta de Petrobras, la empresa más importante y emblemática del país.
A ello hay que añadir sus dos grandes eslóganes que forman parte ya de su biografía de presidenta y que revelan tanto su desasosiego con la corrupción política o económica como su defensa a ultranza de la libertad de expresión —el supremo valor democrático— hoy tan castigado en otros países de este continente americano y que ella está respetando con rigor y convicción. Uno es “seré inflexible en mi lucha contra la ilegalidad”, y el otro, “prefiero el ruido de los periódicos al silencio de las dictaduras”. Frente a una parte de su propio partido que le exigía el eufemístico control social de los medios, respondió con humor: “Yo no conozco otro control que el mando de la televisión”. En este primer año de gobierno ha sido fiel a ambos principios, base de su presidencia, que entre otros frutos le ha brindado el consenso de la clase media que no la había votado. El resto se verá.
Diario "El País" (España), 25 de febrero de 2012. http://elpais.com/elpais/2012/02/23/opinion/1330023859_594511.html


sábado, mayo 19, 2012

COMO TRAER UNA MASERATI A LA ARGENTINA POR 80 MIL DOLARES.

-¿Cuánto pagaste por el auto y cuánto te costó el trámite para tenerlo en la Argentina?
-La Maserati costó 45 mil dólares con los impuestos de allá incluidos y acá Aduana la tomó con un valor de 41 mil dólares. De acuerdo a ese valor, los impuestos a pagar sumaron 42.800 dólares.
POR LA REPATRIACIÓN DE LAS MASERATI.
LA MASERATI ES MÍA...

Acá le damos la respuesta...
Se sabe: la Argentina es un país de ciclos. Así como en épocas de crisis expulsa y fomenta la emigración de muchos ciudadanos, cuando la mala golpea con más fuerza en el exterior, se produce una oleada a la inversa.
Son los llamados repatriados: argentinos que vivieron un tiempo en el exterior y muchas veces vuelven al país con souvenirs envidiables de sus estancias en otras tierras.
El secuestro de una Maserati Quattroporte por parte de la AFIP a causa de la violación del régimen de repatriación de vehículos, generó la semana pasada muchas consultas de los lectores de Autoblog.com.ar.
Encontrar una Maserati en la Argentina es toda una rareza. El único ejemplar de segunda mano que está publicado en este momento es una 3200 GT de 1999. Piden 68 mil dólares.
Y, teniendo en cuenta que una GranTurismo nueva no baja de 250 mil dólares, el caso que se comenta a continuación tiene una ecuación más que interesante.
Alejandro Armendano se ofreció a compartir su propia experiencia de repatriación con esta preciosa Maserati GranSport Coupé del 2006.
***
-¿Cuánto tiempo estuviste viviendo en el exterior y cuándo volviste a la Argentina?
-Viví en New York unos 12 años y volví hace exactamente dos meses y medio.
-¿Cómo te enteraste del sistema de repatriación para los autos y por qué elegiste esta Maserati?
-Trabajé siempre ligado al tema de importaciones y exportaciones. Eso hizo que tuviera siempre presente la posibilidad de traer un auto en caso de que decidiera emprender el regreso. Y la Maserati fue consecuencia de buscar un auto que me gustara. Había tenido la suerte de que la compañía para la que trabajaba me regalara un auto nuevo, Nissan Sentra, con el mantenimiento completo incluido. Esto hizo que cambiar o comprar un vehículo que satisfaga otras necesidades estuviera fuera de discusión. Sobre el Nissan no puedo decir más que cosas positivas, ya que jamás me dio problemas, nunca me dejó tirado y eso que al momento de venderlo ya tenia 180 mil kilómetros. Pero llegó el momento de renegociar mi contrato de trabajo y decidí optar por agregar este beneficio del auto -con el ajuste correspondiente- a mi salario. Y salí en busca de un auto para mí, elegido por mí. Quería algo que me permitiera tener otras sensaciones. Contemplé autos de diferente naturaleza. Una de las que más me había gustado era la Porsche Cayenne S, hasta que un día apareció una Maserati Coupé del 2002, que estaba dentro del presupuesto. Creo que al verla ya me impactó, sobre todo la calidad de las terminaciones. Se nota lo artesanal de la manufactura. Pero lo que me decidió por este auto fue el momento en que el propietario puso primera y salimos a probarla. No recordaba sentir nada igual. Había tenido la suerte de manejar autos de Mercedes, BMW e incluso Porsche, pero esto era diferente. No es el auto más potente, el más veloz ni tal vez sea el más lindo. Pero tiene algo que la hace muy especial. Es muy divertida manejarla y hace que te sientas conectado. Párrafo aparte para el sonido de ese tremendo motor hecho por Ferrari. A partir de ese momento, empecé a investigar el modelo y decidí buscar algo un poco más nuevo. Al mismo tiempo surgió la posibilidad de volver a la Argentina y ahí me volqué por esta GranSport 2006, que es una versión retocada de la Coupé y tiene algunos detalles mejorados: escape diseñado por la firma italiana Tubi, admisión nueva y suspensión electrónica. Más allá de estos detalles, algo que me parece único también en la Maserati es el equilibrio que existe entre lo deportivo, lo exótico y la elegancia. No hay muchas marcas que tengan ese balance. Y elegí la que ahora tengo en particular por el estado general y la combinación exterior-interior.
-¿Durante cuánto tiempo hay que ser propietario del auto en el exterior para poder repatriarlo a la Argentina?
-Tenés que tenerlo a nombre tuyo más de seis meses y no debe tener ninguna deuda pendiente, ya sea de prendas o multas.
-¿Cuánto tiempo demoró el trámite de repatriación, desde que iniciaste el papeleo hasta que retiraste la Maserati en Buenos Aires?
-El trámite arranca desde el momento de decidir viajar: en el consulado de origen, tenés que certificar el título del vehículo (ya sin deudas) y la factura de compra para evitar dolores de cabeza al momento de valorizar el auto en Aduana. Eso te lleva más o menos una semana. Un detalle no menos importante es que para poder “calificar” como mudanza particular, hay que justificar el haber vivido en el exterior más de dos años. Una vez arribado el auto a Buenos Aires, si actuás organizadamente y con rapidez, el trámite es relativamente corto. Mi auto llegó un sábado y el siguiente viernes estaba en la cochera de casa. Luego, agregale otras dos semanas para los trámites en la sección Aduana del Registro Automotor y el patentamiento final.
-¿Cuánto pagaste por el auto y cuánto te costó el trámite para tenerlo en la Argentina?
-La Maserati costó 45 mil dólares con los impuestos de allá incluidos y acá Aduana la tomó con un valor de 41 mil dólares. De acuerdo a ese valor, los impuestos a pagar sumaron 42.800 dólares.
-¿Podés vender el auto en la Argentina o tenés que conservarlo en tu poder durante algún tiempo?
-Esto va a depender bajo qué resolución lo ingreses al país. Para lo que son mudanzas particulares existen en este momento dos resoluciones en las cuales podes basarte. Si el vehículo que intentás traer tiene un valor menor a los 15 mil dólares (incluyendo el flete y seguro), podés ingresarlo haciendo uso de una nueva resolución de la AFIP, la 3109/11. En ese caso no paga impuestos, pero el auto debe quedar a tu nombre por el término de dos años. En el caso de que el valor del auto sobrepase este monto, la resolución por la que debés optar es la 1568/92 y en este caso hay que pagar los impuestos. Si te toca esta resolución es necesario tenerlo a tu nombre sólo por un año. Es importante aclarar que en ambos casos el único autorizado a manejar el vehículo es el titular. Por ende, no te dan cédulas azules durante estos períodos. Para observar que esto se cumpla, Aduana te comunica al momento de la liberación que durante este tiempo un inspector va a pasar para verificar que tengas el vehículo patentado con los papeles en orden y en el domicilio que declaraste al momento de ingresarlo. Si te mudás, tenés que informarlo en Aduana, ya que si el inspector no puede localizar el vehículo o al propietario te revocan el derecho y por ende te confiscan el auto.
-¿Y podés volver a irte en el país?
-Sí, podés volver a irte, pero tenés que cumplir con lo asumido ante Aduana, que es lo que te comenté antes.
-Si tuvieras que hacer el trámite otra vez, ¿qué cosas cambiarías o harías más fácil?
-Aduana es tan pero tan burocrática que asusta y puede llegar a estresarte fácilmente. Para facilitar las cosas, lo ideal sería que te dieran las resoluciones vigentes por escrito en el consulado de origen con los pasos a seguir.
-¿El trámite compensa el hecho de tener ahora una Maserati GranSport en la Argentina?
-Sí, sin dudas, más allá que desde el día que la subí al contenedor en New York hasta que finalmente pudo salir a la calle hayan pasado casi dos meses (tuve la mala suerte de que me tocó Semana Santa en el medio). En mi caso, creo que poder seguir disfrutando del auto vale el esfuerzo.
-¿Por qué hay tantos argentinos repatriando autos últimamente?
-Creo que uno de los motivos es la nueva resolución de AFIP que permite que traigas tu auto sin pagar impuestos (si estás dentro de los valores que mencioné antes). Cuando tomás la decisión de volver y empezás a mirar los valores de los autos acá en la Argentina, es una decisión casi automática de tomar.
AUTOBLOG.COM.AR, 16 DE MAYO DE 2012.
http://autoblog.com.ar/2012/05/repatriacion-como-traer-una-maserati-a-la-argentina-por-80-mil-dolares/#comment-300658

El Presidente Mujica le habló a los menores delincuentes: "No seas gil".


"Vas a terminar como una rata de cárcel en el mejor de los casos"  dijo el Presidente de Uruguay, José Mujica.  
Siempre directo y campechano pero a la vez claro en sus conceptos utilizando palabras de una charla de café para dirigirse a los menores de edad que delinquen.
Estas expresiones las realizó en el canal estatal VTV de la República Bolivariana de Venezuela donde Mujica aconsejó que  a los menores delincuentes se les debe hablar "en un lenguaje bien duro", al tiempo que sostuvo que es necesario que sus familiares los "aviven". "No seas gil, nabo de mierda. Vas a terminar como una rata de cárcel, en el mejor de los casos". "Hay que decirlo así, en un lenguaje bien duro. Sos un gil, un abombado" y luego agregó  "el trabajar para ir en cana, buscando un triunfo fácil, es la mayor estupidez".
"Hay que cuidar la vida, no regalarla", subrayó.
El mandatario enfatizó que "aún en la más cruel sociedad capitalista no podemos someter a la juventud a esos avatares que estamos viendo en América latina. Los gurises apresurados que quieren resolver la cosa con una (pistola) 45 y entrar a robar algo".
La sociedad uruguaya está conmocionada por el asesinato de Gastón Hernández un mozo de la tradicional pizzería "La Pasiva", a quien un grupo de delincuentes menores asesinó a sangre fría al ingresar al local para robar en la madrugada del último sábado.

viernes, mayo 18, 2012

EL RITO EXPROPIATORIO.


El rito expiatorio de la nacionalización por Fernando Molina.
A menudo las ideas políticas, en especial las más populares, son bastante simples. Hasta pueden expresarse por medio de una superproducción hollywoodense como “Avatar” (no por casualidad la película favorita de Evo Morales). Este filme recrea la visión de la mayoría –en todo caso: de muchos– de los latinoamericanos sobre el “sistema mundial”. Trabaja con un muy sencillo esquema de tres elementos: a) abundante riqueza natural, b) que por derecho pertenece a la población autóctona, los Nav’i, pero que c) atrae la codicia de una transnacional (en este caso de una “transplanetaria”). Entonces el juego consiste, para unos, en posibilitar el “saqueo” y, para los otros, en impedirlo.
Se trata de una representación simplificada del mundo, pero dotada de una gran efectividad política, porque es capaz de movilizar emociones que, todo lo contrario, no son simples en absoluto. De todas ellas, la emoción ubicua, la que sirve de fondo y base a las otras, es el sentimiento del fracaso histórico, de haber estado (los pueblos latinoamericanos) equivocados todo el tiempo, puesto que, sin importar lo que intentaran, nunca consiguieron alcanzar el desarrollo. Esta sensación es la que nos quedó al cabo de nuestra secular imitación de –y nuestra constante comparación con– Europa y Estados Unidos, los permanentes “objetos del deseo” y, al mismo tiempo, de la envidia continental.
(Dicho sea de paso, este antiguo rencor es una de las explicaciones del antinorteamericanismo que uniformó a los gobiernos latinoamericanos de izquierda y derecha en la última cumbre continental).
Todo fracaso necesita una explicación, y la explicación más a mano, la más conveniente, es la que recurre a chivos expiatorios. Quien lo dijo de manera perdurable fue Eduardo Galeano:
¿Por qué los países latinoamericanos no logramos lo que los europeos y estadounidenses? Porque éstos nos lo impiden, saqueando nuestras riquezas naturales; dejando abiertas, de un violento tajo, las nutricias venas de América Latina.
¿Qué puede corregir esta situación, entonces? No el trabajo duro, ni el mejoramiento educativo, ni la innovación, sino algo, ya lo dijimos, mucho más sencillo: la política. Lo que hay que hacer es inmolar chivos expiatorios en las aras de la Historia, diosa vengativa que así resulta apaciguada y que concede, a cambio, una nueva oportunidad a la emancipación social.
Éste es el sentido profundo de las nacionalizaciones latinoamericanas, como la que acaba de realizar Argentina en contra de la petrolera española Repsol. Las nacionalizaciones son una ceremonia ritual. Ayudan a identificar y sujetar las fuerzas maléficas, aquellas cuya existencia explica los dramas del pasado. Y, mediante un sacrificio (el sufrimiento temporal de la economía), permiten preparar y limpiar a la nación, a fin de hacerla merecedora de un destino mejor.
Existen, sin embargo, claro está, diferencias entre ellas, particularidades locales. En Bolivia, donde el fracaso histórico ha sido completo, el rito se cumple con todos sus ornatos, cíclicamente. En Argentina, en cambio, su móvil no es tanto el fracaso real, como la frustración por lo que se pudo haber sido y no se llegó a ser. Aun así, este sentimiento basta para asegurar el éxito de los sumos sacerdotes de la nacionalización: los políticos que recetan la propiedad estatal como una medicina capaz de curar todos los males. (Tómese en cuenta que, al mismo tiempo, los expertos piensan que la nacionalización de Repsol no resolverá, sino todo lo contrario, agravará la crisis energética argentina).
Es cierto que la ingenuidad de los milagreros del Estado no le da la razón a los profetas de la “privatización inmaculada”. Pero los problemas que las empresas privadas causan, o los que son estructurales y éstas no logran resolver, deberían enfrentarse con realismo, esfuerzo y espíritu cooperativo, no por medio de exorcismos histéricos y dolorosas cacerías de brujas… Porque los latinoamericanos sólo dejaremos de fracasar cuando dejemos de actuar como perdedores.
Fuente: Infolatam. La Paz (Bolivia), 18 de mayo de 2012.

EXPROPIA QUE NADA QUEDA por Carlos Alberto Montaner.
Las expropiaciones vuelven a estar de moda en América Latina. El presidente Chávez las llegó a convertir en un frecuente espectáculo televisivo.“Exprópiese”,decía ante cualquier compañía que le parecía conveniente pasar al sector público, apuntando con el índice como si fuera un Harry Potter socialista con una varita mágica, mientras sus acólitos aplaudían con entusiasmo.
Hace pocas fechas la furia expropiatoria le llegó a la presidente Cristina Fernández. La víctima fue la multinacional española Repsol. Tras un simple trámite perdió su filial YPF y ahora discuten el monto de la indemnización. Probablemente será muy bajo. En esas transacciones, especialmente después de cierto tiempo, el monto que se alcanza suele ser un tercio de lo que originalmente se solicita.
A los gobiernos que se apoderan de lo ajeno les resulta muy fácil hacer las cuentas del Gran Capitán, entre otras razones, porque en los países neopopulistas cualquier relación entre la ley y la justicia es pura coincidencia, y el Código Civil algo así como las tiras cómicas dominicales. En esos ambientes, apelar a los tribunales suele ser una manera heroica de practicar la coprofagia.
El último gobernante en incurrir en ese disparate ha sido Evo Morales. El primero de mayo tuvo la cortesía de regalarles a los obreros de Bolivia una empresa, también española, que distribuía energía eléctrica. Ignoro por qué no les regaló a los hijos de los obreros unos cuantos McDonalds o una cadena de pizzerías.
A los muchachos les encanta la comida chatarra y Evo hubiera podido acompañar los platos con infusiones de esa coca maravillosamente nutritiva que sirve para no quedarse calvo o para mantener vigoroso y peleón el extremo de la uretra, dos de las preocupaciones recurrentes del pintoresco personaje.
Expropiar, no obstante lo popular que resulta, es un camino generalmente corto hacia el desastre económico. El capital se esconde, huye o se inhibe de llegar a los sitios donde corre peligro. Por otra parte, la empresa expropiada no tarda en convertirse en un saco sin fondo, ineficiente y tecnológicamente atrasada, permanentemente necesitada de inyecciones de capital para que no se hunda bajo el peso de la corrupción y el clientelismo.
¿Por qué el Estado es un empresario tan rematadamente malo? Sencillo: porque al Estado lo dirigen los políticos. Los fines que éstos persiguen son diferentes y opuestos a los de los propietarios de los negocios cuando operan en un mercado regido por la competencia.
A los políticos, salvo a los más responsables y mejor formados, no les interesa la competitividad empresarial, la rentabilidad de la inversión y obtener utilidades para invertir y continuar creciendo, sino controlar los presupuestos para beneficiarse y beneficiar a sus partidarios.
Tampoco les conviene adversar a los sindicatos, pidan lo que pidan o trabajen lo que trabajen. Es mejor complacerlos. Total: el dinero con que se remunera a los empleados públicos no proviene del bolsillo propio sino del nebuloso producto de los impuestos. Es lo que los españoles llaman “disparar con pólvora del rey”. Le cuesta a otro.
El negocio de los políticos es ganar elecciones. Es una especie voraz que se alimenta de votos, de aplausos y, cuando son deshonestos (algo que, afortunadamente, no ocurre siempre), del dinero ajeno. Por eso es un error poner a un gobierno a operar una fábrica de pan. Al cabo de cierto tiempo el pan no alcanzará, resultará carísimo y, encima, saldrá duro como una piedra.
Donde las sociedades son sensatas y las gentes quieren progresar y prosperar, en lugar de expropiar negocios y constituir ruinosos Estados-empresarios, lo que hacen los políticos más sagaces, impulsados por sus electores, es propiciar la incesante creación de un denso tejido empresarial privado que paga impuestos para beneficio de todos.
En esas naciones desarrolladas del Primer Mundo, las personas entienden que es mucho más inteligente y rentable ser los socios pasivos de miles de empresas que entregan una parte sustancial de sus beneficios sin propiciar la corrupción, sin fomentar el clientelismo, y sin que el conjunto de la sociedad corra riesgos. Los fracasos los pagan los capitalistas. Los beneficios los recibimos todos.
Eso sí: en esas sociedades los políticos tienen mucho menos poder relativo que en el siempre crispado mundillo neopopulista. Por eso les va mucho mejor.