Partió don Modesto Nicanor Linares Baccarezza, de los pagos de Palacios, cerca de San Javier. Descendiente del cacique Miguel Linares, fue familiar directo del autor del Himno de Río Negro, el padre Raúl Entraigas, y del primer gobernador de la provincia, Edgardo Castello.
Don Modesto dedicó toda su vida a los trabajos rurales. Cientos de pozos hechos a pala y pico -de más de cincuenta y hasta cien metros de profundidad- los contabilizaba en un oficio ya perdido, pero que fue muy preciado por los habitantes de entonces, cuando en los campos secanos había que horadar la tierra hasta dar con el agua dulce.
Pero don Modesto fue, por sobre todas las cosas, un poeta. No tuvo la dicha de ir a la escuela, como seguramente habrá soñado tantas veces, para acceder a los libros y a la literatura. Sin embargo, la poesía llegó a él por otro camino: a través de la lectura de la realidad de sus días, de la flora, de la fauna y de la mirada de la gente.
Así compuso versos bellísimos que, hace varios años, recopilamos y publicamos en el libro Versos desde el jagüel. También produjimos un material audiovisual sobre su vida, donde narra, a lo largo de su relato, la historia nunca escrita de los hombres anónimos: puesteros, peones, pozeros y tantos otros trabajadores de la ruralidad patagónica.
Don Modesto dejó un rastro ineludible para quienes pretenden conocer la provincia profunda, la que existió antes de que nos llamáramos rionegrinos, pero que ya se estaba gestando mucho tiempo antes en la sensibilidad, el trabajo y los sueños de hombres y mujeres sencillos. Hombres y mujeres de una humanidad inmensa, de esa humanidad que ayudó a construir nuestra identidad colectiva y que hoy, más que nunca, necesitamos conservar en la memoria y honrar en nuestros actos para no perder su huella.
¡Hasta siempre, querido Modesto!
Que en paz descanses.
Del face de Pedro Pesatti.

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