Hoy celebramos a la , una de las advocaciones marianas más amadas del mundo católico.
Esta devoción nace de un icono sagrado, de estilo bizantino, probablemente pintado en Creta, entre los siglos XIV y XV.
Creta tenía una fuerte tradición de iconografía cristiana, y de allí habría salido esta imagen que después llegó a Roma.
La tradición cuenta que el icono fue llevado desde Creta hasta Roma, donde fue venerado durante siglos. Más tarde, después de tiempos difíciles y de quedar casi olvidado, la imagen fue confiada a los Padres Redentoristas.
En 1865, el papa Pío IX les encargó custodiarla y difundir su devoción con una misión clara: darla a conocer al mundo. Desde 1866, los Redentoristas extendieron esta advocación por muchos países.
El icono es una catequesis visual.
María sostiene al Niño Jesús, pero no lo retiene para sí: lo presenta al mundo. Jesús aparece mirando los instrumentos de su Pasión, sostenidos por los arcángeles Miguel y Gabriel. El Niño se aferra a la mano de su Madre, como quien busca refugio ante el dolor que se aproxima.
La sandalia suelta recuerda su humanidad; los instrumentos de la cruz anuncian su misión redentora; y la mirada serena de María nos enseña que el auxilio verdadero siempre nos conduce a Cristo.
Por eso se le llama Perpetuo Socorro: no porque María sustituya a Dios, sino porque como Madre intercede constantemente por sus hijos y nos lleva al único Salvador, Jesucristo.
Esta devoción se vive con mucha fuerza en muchos países, pero una de sus expresiones más grandes y visibles está en Filipinas, especialmente en el Santuario Nacional de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, en Baclaran, Manila. Allí, cada semana, miles de fieles acuden a Misa y a la novena; el propio santuario habla de hasta 150,000 devotos que se congregan semanalmente. Los miércoles son tan importantes que popularmente se les conoce como “Baclaran Day”.
Se celebra con novenas, Misas, procesiones, cantos, peregrinaciones, acción de gracias y súplicas. Muchos llegan con lágrimas, promesas, peticiones familiares, enfermedades, problemas económicos y cargas del alma.
Cuando el miedo llega, cuando la cruz pesa y cuando el alma tiembla, no estamos solos. María no quita a Cristo del centro; nos toma de la mano para llevarnos más cerca de Él.
Santa María del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

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