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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, abril 23, 2018

El “Pato” Fillol habló sobre el mundial y la dictadura en su autobiografía.El arquero dijo que le “revolvía el estómago” cuando escuchaba decir que se trató de “la selección de los militares” y habló de “aprietes y amenazas de muerte” durante aquella sombría época.

Ubaldo Matildo Fillol, el arquero campeón del mundo con aquella Argentina de 1978, afirmó hoy que le “revolvía el estómago” cuando decían que aquel plantel fue “la selección de los militares”, un tema controversial que ocupa el primer capítulo de su libro “El Pato. Mi autobiografía”, que recientemente fue publicado por Editorial Planeta, redactado junto al periodista Sergio Renna.
“El libro empieza muy fuerte”, señaló el exarquero de Quilmes, Racing, River, Argentinos Juniors, Vélez, Flamengo de Río de Janeiro y Atlético de Madrid.
Allí expresó que cuenta “una parte de mi vida que fue muy dura, que en esa época la gente no tenía por qué enterarse, que fueron los aprietes y amenazas de muerte que tuve durante la dictadura”, relató sobre la relación que los jugadores de la selección tenían con el gobierno militar durante el Mundial de 1978.
“Sergio Renna decidió empezar por ahí, porque fue el mejor momento de mi vida deportiva, y la gente ignoraba todo eso”, agregó el “Pato”, que recordó que “en su momento fue muy bastardeada esa selección, y a mí eso me hacía muy mal”, recordó.
Hoy, con 67 años el exarquero nacido en San Miguel del Monte, en la provincia de Buenos Aires, aseguró que “escuchar a algún sector decir que era la selección de los militares me revolvía el estómago, me hacía mucho daño”, expresó.
No obstante, reconoció que en actualmente la opinión pública cambió su visión sobre la relación entre los futbolistas y la Junta Militar en aquel mundial. “Hoy, hay un reconocimiento, al menos de la gente y el periodismo, pero no de parte de los dirigentes”, disparó.
Publicado en Diario "Río Negro", 23/04/2018.

miércoles, febrero 08, 2017

LIDERAZGO.


"LOS LIDERES TIENEN QUE SER OPTIMISTAS.

SU VISIÓN DEBE IR MAS ALLÁ DEL PRESENTE."



RUDY GIULIANI.
Rudolph William Louis Giuliani III ( 1944) ex Alcalde de Nueva York.

sábado, marzo 15, 2014

El progresismo reaccionario por James Neilson.

Conforme a las pautas europeas actuales, el PRO de Mauricio Macri es un partido moderado, centrista; si descuella por algo es por su pragmatismo. Pero conforme a las pautas imperantes en buena parte del mundillo político argentino, es tan insólitamente derechista que a ninguna persona decente se le ocurriría pensar en la posibilidad de considerarlo un partido normal. Es por este motivo que ha desatado tantas polémicas airadas la sugerencia de Elisa Carrió de que el PRO podría incorporarse, aunque sólo fuera coyunturalmente, a la alianza progre Unen que está ensamblando.
En una encarnación anterior, la chaqueña coincidía en que Macri se ubicaba tan a la derecha que hombres y mujeres de buena voluntad, como ella, deberían tratarlo como un paria. Para indignación e incredulidad de sus compañeros, desde entonces ha cambiado de opinión; aunque Macri dejó saber que no le interesaba demasiado la idea, aprovecharon con regocijo la oportunidad que su líder les había brindado para llamar la atención al horror que les ocasionaba su voluntad de coquetear con un sujeto tan terrible como el jefe del gobierno porteño.
Este pequeño episodio nos ayuda a entender una de las razones por las que la Argentina parece destinada a continuar defraudando a quienes esperan que, tarde o temprano, logre poner fin a tantas décadas de declinación. Demasiados políticos respetables están tan resueltos a continuar luchando contra enemigos fantasmales que les cuesta adaptarse a la cambiante realidad del país y del mundo. Reivindican actitudes decimonónicas que son inapropiadas para el siglo XXI.
Es verdad que Macri y otros miembros del PRO no comparten las opiniones de la mayoría de los prohombres de la política nacional, pero es absurdo suponer que su ubicación en el mapa político represente un límite más allá del cual sólo se animarían a ir los extremistas más despreciables. Tal actitud sería comprensible, si bien censurable, en un país dominado por completo por una izquierda autoritaria resuelta a mantener a raya a cualquier agrupación sospechosa de inclinaciones burguesas, pero por fortuna la Argentina no es así. En teoría, por lo menos, es una democracia pluralista parecida a las existentes en el mundo desarrollado. Sin embargo, a diferencia de las demás democracias, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial le falta un gran partido conservador, de vocación democrática indiscutible, que sea capaz de alternarse en el poder con otros de aspiraciones socialistas o, si se prefiere, progresistas.
El resultado es que el país se asemeja a una embarcación precaria en que todos los pasajeros y tripulantes se apiñan a babor, negándose a arriesgarse trasladándose a estribor; como consecuencia de tanto desequilibrio, sigue dando vueltas en el océano. Quienes conforman el elenco político estable están más interesados en repartir plata que en temas a su juicio reaccionarios como la productividad. Cuando oyen la palabra maldita "ajuste", se comportan como monjas amenazadas por un sátiro. Les encanta denunciar las lacras sociales que, insinúan, se deben a la influencia nefasta del "neoliberalismo de los años noventa" que, dan a entender, destruyó una economía hasta entonces floreciente y maravillosamente igualitaria. El cada vez más esperpéntico Jorge Capitanich no es el único que parece convencido de que la Argentina es víctima de una serie de viles maniobras "neoliberales" urdidas por una camarilla de capitalistas locales y foráneos.
Si bien Macri y sus acompañantes son reacios a subrayarlo, discrepan con el análisis de los progres. Los más optimistas apuestan a que, al agravarse la crisis provocada por el populismo rampante de Cristina y por la impotencia patente del grueso de la oposición, el electorado termine dando la espalda no sólo al resto del peronismo sino también al radicalismo y, con suerte, al progresismo en su conjunto. Esperan que, por fin, la mayoría se dé cuenta de que el consenso autocompasivo al que tantos se aferran, porque les permite aprovechar las penurias ajenas afirmándose solidarios con los depauperados y decididos a luchar, con palabras elocuentes, contra la injusticia planetaria, está en la raíz de la gran debacle nacional.
¿Son realmente conservadores los macristas o sus equivalentes en otros países que, a veces con orgullo, llevan la misma etiqueta? Sólo si uno acepta el estereotipo ya tradicional según el que la izquierda constituye la vanguardia del género humano y quienes desconfían de sus recetas se encuentran en la retaguardia junto con cohortes de nostálgicos del orden feudal, fascistas, fanáticos religiosos, cavernícolas antidiluvianos y otros de la misma calaña.
Se trata de una caricatura maligna, claro está. En el mundo de comienzos del siglo XXI, los partidos conservadores de los países más prósperos y más equitativos no se destacan por su apego a modalidades anticuadas, como haría suponer su nombre, sino por su compromiso con el capitalismo liberal que, paradójicamente, es mucho más revolucionario que cualquier esquema imaginado por los marxistas. En efecto: al darse cuenta los comunistas chinos del poder del capitalismo, hicieron de él el motor principal del crecimiento de su país gigantesco. Aún se resisten a adoptar el liberalismo político, pero es por lo menos factible que andando el tiempo opten por hacerlo por motivos prácticos.
Si, como algunos parecen creer, el capitalismo liberal, en que la iniciativa privada desempeña un papel protagónico, fuera meramente una opción entre varias, el que aquí escaseen los dispuestos a reivindicarlo no sería demasiado importante, pero sucede que es la única modalidad conocida hasta ahora que ha permitido la producción de bienes en cantidades suficientes como para posibilitar la eliminación de la pobreza extrema. Hasta los convencidos de las bondades del dirigismo lo reconocen cuando dicen estar a favor del "capitalismo genuino", que a su entender es muy diferente del liberal, pero sólo hablan así a fin de incomodar a quienes se oponen a sus esfuerzos por asfixiar el siempre exangüe sector privado local. Puede que sea natural que a pocos políticos les guste un sistema que sólo se vería estorbado por su propia intervención cotidiana, pero a esta altura la experiencia universal debería haberles enseñado que a menudo convendría que se limitaran a asegurar que todos respeten las reglas sin invadir el campo de juego, con la esperanza de marcar algunos goles espectaculares.
 
Publicado en Diario "Río Negro", viernes 14 de marzo de 2014.

miércoles, noviembre 20, 2013

La importancia de llamarse Kirchner.

La década kirchnerista dará mucho que hablar a los historiadores pero, hoy por hoy, también a los argentinos. El nombre del difunto ex presidente lo pronuncian, por deseo propio y por imposición de las administraciones, los que veían en el marido de Cristina Fernández al gran líder del peronismo siglo XXI pero también los que el recuerdo de aquella figura les eriza la piel.
La muerte del último caudillo peronista que estuvo en el poder, el 27 de octubre del 2010, desató una ola frenética de bautizos en espacios públicos con el nombre Néstor Kirchner. Calles, plazas, gimnasios, puentes, túneles, ligas de fútbol, hospitales, estaciones de autobuses y hasta una delegación de la Anses (Administración Nacional de la Seguridad Social) son ahora Néstor Kirchner. En los últimos años es difícil no encontrar una localidad en Argentina donde haya algo que no se llame Néstor Kirchner.
En Río Gallegos, capital de la provincia patagónica de Santa Cruz y feudo de la familia denominaron una avenida con su nombre. La prueba piloto tuvo su eco en Tucumán. Más tarde llegaría un puente en la localidad de Cosquín, célebre por organizar un festival anual de folclore. Después vendría, un puente en Tigre donde Sergio Massa, hoy opositor al Gobierno, era gobernador hasta las pasadas elecciones legislativas. La misma experiencia se repitió en Rosario, capital de Santa Fe.
En Jujuy, provincia fronteriza con Bolivia, innovaron con la terminal de autobuses de largo recorrido y en Córdoba fue la misma presidenta, Cristina Fernández, la encargada de inaugurar el Centro Genético para vacunos en la localidad de Morteros con el nombre de su difunto esposo.

Arriba, abajo y en el centro

Néstor Kirchner arriba, abajo y en el centro de Argentina. El nombre gana terreno en el país después de haber perdido la batalla de la vida. En Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, un hospital lleva su nombre pero también un centro odontológico en Charata (Chaco) y hasta en Misiones hay una Comisaría Néstor Kirchner.
El suma y sigue se encuentra en La Plata con un comedor en su honor en el Colegio Nacional y una cátedra en la Universidad. La capital de Argentina parece ser de las pocas que se resiste a esta fiebre de renombrar lo nombrado. Gobernada por Mauricio Macri (Pro) un político moderado de corte conservador, la Legislatura ha logrado frenar el avance kirchnerista. La ley 83/89 obliga a que transcurra una década para imponer una nueva nomenclaura urbana. Pero los «K», por su cuenta, bautizarón a la Plaza de la Avenida de la Independencia esquina a Perú y a una esquina del popular barrio de La Boca con su nombre. Ancha es Castilla pero mucho más Argentina.
 

viernes, agosto 02, 2013

LA FRASE DE HENRY FORD.


Henry Ford nació en  la Ciudad de Michigan, Estados Unidos el 30 de julio de 1863 y murió el 7 de abril de 1947. Fue un industrial fundador de la "Ford Motor Company" y padre de las cadenas de producción modernas utilizadas para la producción en masa.  
Como único propietario de la compañía Ford, se convirtió en una de las personas conocidas más ricas del mundo.
A él se le atribuye el Fordismo, sistema que creó mediante la fabricación de un gran número de automóviles de bajo coste mediante la producción en cadena. Este sistema llevaba aparejada la utilización de maquinaria especializada y un número elevado de trabajadores en plantilla con salarios elevados.
Creador de la línea de ensamble un método de trabajo industrial que fue "revolucionario" o innovador para la época que permitía el abaratamiento de los costos de producción para  así lograr que los consumidores accedan a sus productos. Su primer éxito fue el carro modelo “T”.
Henry Ford tenía una animadversión hacia los judíos, hablaba de la "conspiración judía internacional" para apoderarse del planeta;  se opuso a varios símbolos de los cambios culturales y sociales  tales como las películas de Hollywood, las guarderías infantiles,  las nuevas modas en la música y el vestido.


Henry Ford, el empresario que comprobó que es posible tener mejores salarios.
 A 150 años de su nacimiento, el mundo entero recuerda al magnate de la industria automotríz como un innovador cuyo legado sigue vigente hasta nuestros días.
El fabricante automovilístico Ford conmemoró este martes el 150 aniversario del nacimiento de su fundador, con celebraciones en todo el mundo, incluido el estado de Michigan donde el 30 de julio fue declarado, en su honor, el Día Henry Ford.
Con su innovador aporte de la cadena de montaje rodante, hizo posible la producción de su automóvil Modelo T, que apareció en 1908 y del que se llegaron a fabricar más de 15 millones de unidades.
En 1927, Ford puso en práctica otra idea empresarial que sería adoptada por sus rivales y otro sectores, la integración vertical de la producción al controlar toda la cadena, desde la extracción de mineral de hierro hasta su transformación en automóviles, lo que permitió al fabricante a reducir sus costes.
Con su espíritu creativo Ford revolucionó las fábricas de todo el mundo. Sin embargo, un aporte menos mencionado, que contrasta con la historia del capitalismo, contribuyó con el nacimiento de la clase media en Estados Unidos.
De un día para otro, duplicó los salarios de sus más de 14 mil trabajadores, hecho que se conoce como the five-dollar workday.
Más allá de las razones que motivaron el aumento es importante reconocer que Ford tuvo la determinación y contó con el capital necesario para hacerlo.
Las razones del incremento fueron diversas, entre ellas, se destacó la baja productividad generada por la alta tasa de rotación de personal dentro de la empresa.
En 1913 Ford tenía una rotación anual de 370%, lo que significó que para mantener su planta laboral tuvo que contratar a más de 50 mil empleados en el mismo año.
Según los economistas Daniel Raff y Lawrene Summers, consultados por América Economía, a un año de que el empresario duplicara los salarios, la productividad de la compañía creció entre 40% y 70% y la rotación cayó a un dígito, en un entorno donde los precios de los automóviles decrecían.
Las ganancias en rendimiento se asociaron con un alza en la moral de los trabajadores que se sintieron motivados a permanecer en la empresa y a trabajar más.
Por otro lado, el aumento en el costo de la nómina fue insignificante comparado con la disminución en las erogaciones originadas por la permanencia de los trabajadores en la empresa.
Independientemente del problema laboral que Ford enfrentaba, este masivo incremento de salarios fue posible gracias a que tenía el capital necesario para cubrirlo porque estaba generando ganancias extraordinarias, siendo su decisión discrecional y personal.
Uno de los capitalistas más famosos de la historia tomó una resolución basada en el deseo de distribuir parte del capital generado por su empresa entre sus trabajadores. Ford, con una gran visión se dio cuenta de que esta decisión le traería mayores beneficios que costos.
A diferencia del empresario común, el magnate del sector automotor no intentó minimizar el costo del trabajo, sino que encontró el punto de eficiencia de su costo laboral y fijó los salarios en una línea que contribuyó a incrementar sus ganancias.
En aquel entonces, aunque la economía norteamericana estaba en manos de la banca y de la bolsa de valores, mismas que tenían control sobre los fondos y la liquidez del sistema, no se opusieron a la estrategia de Ford.
Posiblemente, los bancos presentían que esta estrategia sería exitosa y no conduciría a Ford a la quiebra. O bien, pensaron que era mejor tener como masa de clientes a una clase media y no a gente viviendo apenas con lo indispensable.
Muchos años atrás, el economista John Stuart Mill formuló una teoría de fijación de los salarios. Un postulado simplista que argumenta que el nivel de los salarios depende del capital o fondo acumulado en un periodo de tiempo para un cierto número de trabajadores.
Este axioma sigue vigente hasta nuestros días y se ejemplifica muy fácilmente: si el empresariodividiera las ganancias generadas por la empresa en partes iguales entre sus trabajadores, estos serian igual de acaudalados que él en cierto periodo de tiempo.
En otras palabras, cuando existen ganancias en la compañía que aumentan el capital del empresario, es su decisión aumentar o no los salarios.
Excluyendo a los microemprendedores, cuyo proceso de acumulación es distinto, es un hecho es que en el mundo hay cientos de miles de empresas que tienen la posibilidad de realizar la hazaña de Ford y duplicar sus salarios.
La distribución de ganancias, sello de liderazgo

En una primera instancia, los sueldos se fijan de acuerdo con la capacidad del empresario para pagar y en un segundo momento, dependen de la decisión de redistribuir los ingresos del capital entre los trabajadores, cuando las hay.

Ford quería y podía duplicar el salario de miles empleados de un día para otro.
En economía, el caso de este empresario es un proceso conocido como distribución de rentas y ha sido poco estudiado, posiblemente por la falta de casos.
Este fenómeno sucede generalmente de forma unilateral y pocas veces es producto de un pacto entre empresarios y trabajadores.
La distribución de rentas no está regulada por ninguna ley o institución y ningún sindicato en el mundo puede realmente influenciar al empresario para que duplique los salarios de un día para otro. Ello depende enteramente del dueño de la firma y de cuánto esté dispuesto a ceder de sus ingresos.
La realidad es que a lo largo de la historia, la práctica dominante fue la de minimizar el costo del trabajo y en paralelo, maximizar las ganancias del capital.
Los sueldos se han mantenido estancados con el argumento de que los costos de produccióndeben permanecer bajos, para evitar transferir los incrementos hacia los precios finales.
Además de la falta de lógica de este modelo para una economía de consumo, el problema es que generó círculos de desigualdad y pobreza, además de oligopolios, que benefician solo a algunos jugadores mientras que la mayoría de la población ve sus ingresos deteriorándose a través del tiempo.
En el mundo existen millones de personas percibiendo sueldos mínimos que no cubren sus necesidades básicas. Basta con ver las condiciones laborales y los sueldos de los trabajadores informales de Mumbai, India, un ejemplo lamentablemente muy ilustrativo.
El mundo actual de los salarios es ilógico para una economía de consumo, debido a las ineficiencias, contradicciones y desigualdades que se encuentran a través de países, industrias y empresas.
Todo parece indicar que el objetivo del modelo es que el trabajador apenas subsista y que gaste todo su ingreso corriente en productos y servicios producidos por él mismo. Es precisodejar de ver al trabajo como un costo más para la empresa y reconocer que el empresario genera riqueza y crece gracias al trabajo.
Y por su parte, el trabajador encuentra en la empresa un medio para generar valor a través de sus capacidades. Si la balanza está a favor de uno de ellos, es difícil crecer y generar competencia en la economía y ampliar a las clases medias. Si al menos existieran mil casos como el de Forden la actualidad, el mundo ya no sería igual.
A 150 años de su nacimiento, su legado de innovación sigue intacto. Así lo afirmó su tataranieto Bill Ford, presidente ejecutivo de la empresa, en un comunicado consignado por Eleconomista.es, en el que expresó que lo establecido por Henry "sigue inspirando nuestro compromiso a una empresa más sólida, productos excepcionales y un mundo mejor".