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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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miércoles, octubre 23, 2024

Gesta de Malvinas: ¿Cinismo o ignorancia?


Por Nicolás Kasanzew. 

No pasa una semana sin que uno tenga que asombrarse de la liviandad con que funcionarios y políticos argentinos, de toda laya, afiliación y jerarquía, actuan en temas referidos a nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas. ¿Cinismo o ignorancia? Siendo benévolos y pensando en la segunda variante ¿será que se cumple aquella máxima de que uno no puede amar lo que no conoce? ¿Y que dichos funcionarios y políticos necesitan un breve curso sobre lo que fue nuestra noble y justa guerra del 82? ¿Algo así, quizá, los pueda conmover y empuje a reconsiderar?

LA RECUPERACION.

La recuperación de las Islas Malvinas se llevó a cabo de manera incruenta para las tropas británicas en el llamado Operativo Rosario, aunque la misma le costó la vida al capitán Pedro Giachino, el primer héroe de la Gesta, quien a pesar de estar mortalmente herido hizo rendir al gobernador Rex Hunt.

A todas luces la Junta Militar había caído en la trampa, tendida por Gran Bretaña con ayuda del Pentágono, de que podía hacer una suerte de “toco y me voy” para después sentarse a negociar. Lejos de eso, la intención de la primera ministra Margaret Thatcher era provocar a la Argentina para tener un “casus belli” que sirviera de justificación a una nueva invasión británica y al establecimiento de la Fortaleza Falklands en el archipiélago.

Hay que recordar que en 1982 la OTAN ya no tenía ninguna base militar en el Atlántico Sur, que pudiera servir de contrapeso a la creciente presencia de la flota soviética en esas aguas, y necesitaba asegurarse a futuro la explotación de petróleo en la zona, el control del cruce interoceánico y sobre todo la proyección a la Antártida, último gran reservorio de minerales y agua dulce del planeta.

La Junta Militar nunca había pensado en ir a una guerra contra la OTAN pero, como intento de disuasión, ante la zarpada de una poderosa flota británica, comenzó a enviar tropas a las islas -con armamento incompleto- a la espera de que las Naciones Unidas pararan el conflicto bélico. Durante todo el mes de abril se montó un impresionante puente aéreo entre el continente y el archipiélago, que se ha llegado a comparar por su magnitud con el puente aéreo de los Aliados a Berlín, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

EL 1° DE MAYO

Tras establecer un cerco en torno a las islas, la aviación británica atacó la Base Aérea Malvinas, bombardeándola con bombas de mil libras y bombas de fragmentación tipo Beluga en la madrugada del 1° de mayo, con aviones Vulcan y Sea Harrier. La eficaz respuesta de la artillería antiaérea consiguió derribar varias de esas máquinas, evitando así que quedara fuera de servicio el aeropuerto. De hecho, a pesar de que la pista fue el blanco principal de los británicos, que durante todo el conflicto estuvieron bombardeándola hasta tres y cuatro veces por día, nunca lograron su objetivo. Siguió operativa hasta el último día del conflicto, permitiendo que aterrizaran en ella los aviones Hércules de la Fuerza Aérea y los Fokker de la Armada, trayendo abastecimiento y armamento y evacuando heridos.

Ese día 1° de mayo la Fuerza Aérea atacó a las fragatas británicas, causándoles daños y también se enfrascó en las llamadas “peleas de perro” con los aviones Harrier británicos, muy superiores en tecnología y armamento, ya que los Estados Unidos los habían provisto con los misiles Sidewinder L, de última generación. A propósito, el entonces Secretario de Marina de los Estados Unidos, John Lehman declaró que sin esos misiles el Reino Unido habría perdido la guerra.

La Argentina contaba con cinco aviones ultramodernos, los Super Etendard, con sus respectivos misiles Exocet, pero la mayoría de los aviones de la Fuerza Aérea eran de la década del 50, los Skyhawk A4. Sin embargo, sus pilotos, conocidos como los Halcones, suplieron esos 30 años de diferencia en tecnología con pericia, coraje y mística religiosa, diezmando a la flota del Reino Unido. Sorprendido, el jefe de la Task Force, almirante Sandy Woodward, anotaba en su diario (que luego fue editado como libro bajo el título ‘Los cien días’): “Si me preguntan quienes están ganando la guerra, nosotros ciertamente no somos”. Y en otro pasaje comenta que le quedan solamente tres buques operativos (había zarpado de Gran Bretaña con más de cien unidades, entre buques de guerra y logísticos).

Finalmente, el día 13 de junio, después de enumerar todas las bajas que los Halcones le habían causado a la flota, escribe: “Si los argentinos pudieran soplarnos, nos caemos”. Y justamente el 13 de junio el general Menéndez, jefe de la Guarnición Malvinas y gobernador militar, decide rendirse, tras mostrar durante todo el conflicto una asombrosa pasividad. Lo hace cuando a los británicos ya se les estaban acabando los pertrechos, por cuanto un avión Super Etendard de la Armada Argentina les había hundido el portacontenedores militar Atlantic Conveyor.

Después de la guerra se publicó un “paper” de la Inteligencia británica donde se habla del “factor Genta” en la guerra de Malvinas. Allí se explica que los cadetes de la Escuela de Aviación Militar habían sido formados en las enseñanzas de este filósofo nacionalista católico, asesinado por la guerrilla marxista en 1974, que los había imbuido de la mística que les permitió tener un desempeño tan eficaz en el conflicto.

HUNDIMIENTO DEL BELGRANO.

La embajadora de los EE.UU. en la ONU, Jeanne Kirkpatrick, estaba haciendo denodados esfuerzos en conjunto con el presidente del Perú y el Secretario General de la entidad, para detener la guerra, y prácticamente se estaba por acordar un cese de fuego, pero a fin de frustrarlo y continuar con la guerra, Margaret Thatcher ordenó hundir el crucero General Belgrano, que estaba navegando de regreso al continente. Ya no habría marcha atrás.

Tras el hundimiento del Belgrano, la Armada retiró a la flota de mar del teatro de operaciones, a tal punto que el único de sus navíos que en Malvinas entró en combate, fue el pequeño aviso Sobral, que audazmente ingresó en aguas dominadas por los británicos para tratar de rescatar a dos pilotos derribados de la Fuerza Aérea.

Atacado por helicópteros artillados, presentó combate a pesar de la inferioridad de su armamento y sufrió numerosas bajas comenzando por su comandante, el capitán Gómez Roca, pero no se entregó y logró arribar al continente (en las Georgias había llegado a entrar en combate la corbeta Guerrico). De esta manera quienes salvaron el honor de la Armada en Malvinas fueron los aviadores navales, algunas fracciones de la Infantería de Marina, el submarino San Luis y las tripulaciones de ciertos buques mercantes.

Dos días después del hundimiento del Belgrano llegó el contragolpe de la Aviación Naval. Aviones Super Etendard atacaron y hundieron al Sheffield, el buque más moderno y sofisticado de la flota británica.

De ahí en adelante se sucedieron ataques de aviones de la Fuerza Aérea que salían del continente y que debían volar a ras del agua, para no ser captados demasiado temprano por los radares del enemigo, luego atravesar el erizo de fuego defensivo de las fragatas, descargar las bombas en el puente de las mismas y hacer el escape con una cantidad mínima de combustible, perseguidos además por los Harrier con su armamento tan superior.

DESEMBARCO BRITANICO.

Recién el 21 de mayo los británicos se animaron a desembarcar y lo hicieron en San Carlos, lugar que oficiales de Inteligencia argentinos habían identificado como probable. Sin embargo, el general Menéndez solo había mandado 60 hombres a la zona. Encabezados por el teniente primero Carlos Daniel Esteban, estos soldados enfrentaron el desembarco de unos 2500 británicos y derribaron tres helicópteros antes de replegarse hacia Puerto Argentino.

Alertados por el teniente de navío Owen Crippa, que en la mañana del 21 de mayo atacó con su avión de entrenamiento AerMacchi a toda la flota británica en el estrecho de San Carlos, averiando a la fragata Argonaut, desde el continente comenzaron a llegar oleadas de cazabombarderos de La Fuerza Aérea y la Aviación Naval que sometieron a un feroz castigo a la flota británica, hundiendo varios buques y averiando a otros.

Desde San Carlos, los británicos emprendieron la marcha hacia la localidad de Darwin-Pradera del Ganso, donde funcionaba la Base Cóndor de la Fuerza Aérea y estaba desplegado el Regimiento 12 de Infantería y fracciones de los Regimientos 8 y 25, está última al mando del teniente Roberto Estévez.

A todo esto, los Halcones seguían asediando a la flota británica, causándole ingentes daños. Así, por ejemplo, el 25 de mayo el primer teniente Mariano Velasco hundió al destructor Coventry y los pilotos Pablo Carballo y Carlos Rinke pusieron fuera de combate a la fragata Broadsword. El general Menéndez, en cambio, persistía en su actitud pasiva. Había enterrado a unos 8.000 soldados alrededor de Puerto Argentino, en pozos de zorro inundados y con insuficiente alimentación, ya que había prohibido que se carnearan las centenares de miles de ovejas que había en las islas. Tampoco había cambiado de dirección la cuña defensiva que apuntaba hacia el mar, cuando los británicos avanzaban por tierra. Solamente salían a buscar al enemigo las compañías de comandos. Fueron las únicas unidades que tomaron prisioneros, y que capturaron una enseña británica. Además fueron las fracciones que proporcionalmente más bajas tuvieron.

El dia 27 de mayo los británicos comenzaron a atacar las posiciones argentinas en Darwin-Pradera del Ganso. Se habían jactado que a las 5 de la tarde ya estarían tomando el té de la victoria, pero los combates finalizaron recién el 29. En los mismos se destacó la Sección del teniente Roberto Estévez, que contraatacó y detuvo a las fuerzas británicas – superiores en número – durante cinco horas. Aún herido, Estévez siguió comandando, combatiendo y cuidando a sus soldados conscriptos hasta que cayó muerto. También se distinguió en las acciones el subteniente Juan José Gómez Centurión, quien abatió a un teniente de paracaidistas y rescató, internándose detrás de las líneas enemigas, a un suboficial herido.

Uno de los hombres de Estévez, el conscripto Oscar Ledesma, de 18 años, abatió en un mano a mano al jefe de los paracaidistas británicos, el teniente coronel Herbert Jones. Su accionar, como el de muchos otros soldados conscriptos, echa por tierra el mito de los “chicos de la guerra”, mote infamante endilgado a nuestros soldados a fin de sugerir que no eran aptos para el combate y solamente dignos de lástima.

Asimismo se destacó en el combate el subteniente Claudio Braghini, que amén de haber derribado aviones Harrier, utilizó los cañones bitubo de su batería antiaérea para arrasar a la infantería enemiga.

El teniente coronel Italo Piaggi rindió la guarnición el 29 de mayo, pero los británicos nunca más volvieron a atacar a la luz del día, como lo habían hecho en esta oportunidad, por la cantidad de bajas que sufrieron.

Al tiempo que continuaba la batalla aeronaval, los británicos marchaban por tierra hacia Puerto Argentino, pero el 8 de junio intentaron realizar un desembarco de tropas en Bahía Agradable. Una escuadrilla de la Fuerza Aérea comandada por Carlos Cachón atacó al enemigo en el momento justo del desembarco, causando estragos entre los buques y los soldados, a tal punto que los propios ingleses calificaron ese 8 de junio como “El día más negro de la flota británica”. El general Menéndez, que aún disponía de 12 helicópteros en condiciones de transportar tropa, no hizo nada para rematar el desembarco, a pesar de la corta distancia entre Puerto Argentino y Bahía Agradable.

A partir del 9 de junio se intensificaron los combates en los montes aledaños a Puerto Argentino. En el monte Dos Hermanas se destacó por su valentía y eficacia la fracción encabezada por el subteniente Marcelo Llambías, y en el monte Harriet, el teniente primero Jorge Echeverría, un oficial de Inteligencia sin mando de tropa, organizo la resistencia e incluso realizó un contraataque, antes de caer herido por cinco impactos.

La superioridad numérica del enemigo hizo imposible retener esos montes, aunque en las cercanías había varios regimientos argentinos –el 3, el 25, el 6 – que prácticamente nunca entraron en combate (salvo algunas de sus fracciones pequeñas). El general Menéndez, haciendo gala de su sempiterna pasividad no los movilizó.

La batalla clave se produjo en la noche del 11 al 12 de junio por el control del Monte Longdon, defendido por el Regimiento de Infantería 7 y pequeñas fracciones de otras unidades. El encarnizado combate duró once horas, destacándose el contraataque realizado por la Sección del teniente Raúl Castañeda, que estuvo a punto de desalojar a los británicos. Pero al no recibir apoyo por parte de otros efectivos, el Monte Longdon quedó en manos enemigas.

A partir de ahí fue central el accionar de la artillería argentina para contener el avance británico. Como ejemplo cabe citar que la Batería A del Grupo de Artillería 3, comandada por el teniente primero Luis Caballero, disparó sus cañones Oto Melara de 105 mm durante 60 horas seguidas, hasta agotar munición.

El 13 de junio una escuadrilla de la Fuerza Aérea, encabezada por el capitán Carlos Varela atacó audazmente el puesto comando británico en tierra, causando numerosas bajas y obligando al máximo jefe enemigo, general Jeremy Moore, a tirarse en una zanja para salvar su vida.

Esa misma noche se produjo el contraataque en Wireless Ridge del teniente primero Víctor Hugo Rodríguez, al mando de dos Secciones del Regimiento 3. Y en el monte Tumbledown resistió durante diez horas el embate de fuerzas inglesas superiores en número en una relación de uno a diez, la Cuarta Sección de la Compañía Nácar del Batallón de Infantería de Marina 5, al mando del teniente de corbeta Carlos Daniel Vázquez. El grueso de esa unidad nunca fue empeñado en combate de infantería por su jefe, el capitán Carlos Robacio. Sólo lo hicieron pequeñas fracciones como la de Vázquez y del guardiamarina Alejandro Koch en el Monte Sapper.

El 14 de junio a la mañana el general Menéndez se rendía, sin haber dado nunca una orden de ataque o contraataque. El cese de fuego tuvo lugar a las 10 de la mañana. La guerra había terminado, a pesar de que la Fuerza Aérea quería seguir combatiendo.

Los 632 soldados argentinos caídos en el conflicto son los centinelas garantes de que el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas nunca será abandonado por la Nación. ¿Entenderán finalmente los funcionarios y políticos argentinos que la sangre derramada no se negocia?

Nicolás Kasanzew.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Gesta-de-Malvinas-Cinismo-o-ignorancia-551848.note.aspx

martes, agosto 01, 2023

Roberto Estévez: Un cruzado en Malvinas (Primera parte).

Por Jorge Martín Flores*


"Dichoso aquél que muere por su casa y su tierra.
Pero sin haber hecho dolo ni fuerza injusta, Dichoso aquél que compra su tálamo de tierra, Que compra con su sangre la cama eterna y justa.
Dichoso aquel que muere por la cosa solemne, Aunque sea más chica que un granito de anís.
Dichoso aquel que muere para que siga indemne La vida de un niñito, la gloria de un país.
Dichoso aquel que muere por la Cosa Perenne, Por un Santo Sepulcro, Dulcinea, Beatriz, O por un sol en campo de color cielo y Lis."
(Charles Péguy - P. Leonardo Castellani).

El 28 de mayo de 1982 tenía lugar el combate de Darwin-Pradera del Ganso, primer combate terrestre en la defensa armada de nuestra soberanía nacional en las Islas Malvinas contra las tropas del Reino Unido y la OTAN.
Allí, la 1° Sección “Bote” de la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 25 se batió heroicamente contra 2 Compañías del 2° Batallón de Paracaidistas Británicos (PARA 2) y ofrecía 12 héroes a la Patria.
¿Qué dijeron los británicos sobre este combate? Afirmó el Comunicado oficial del Ministerio de Defensa británico (30-5-1982): “Cuando los paracaidistas avanzaron hacia el sur, encontraron una fuerte y creciente posición defensiva, bien protegida y dispuesta en profundidad. (…) Nuestras fuerzas fueron blanco del fuego particularmente violento de dos ametralladoras y el ataque podría haber claudicado. (…) Ésta es probablemente una de las acciones más brillantes y valientes libradas por un Batallón desde la Segunda Guerra Mundial”.
Los periodistas Hastings y Jenkins en su libro “La batalla por las Malvinas” escribieron: “(…) Al romper el día, el balance de la batalla se inclinó bruscamente en contra de los ingleses. Estaban atrapados en terreno abierto, con el único refugio completamente al flanco, y un enemigo preparado para el combate al frente (…) Los informes sobre una guarnición desmoralizada y desganada parecían sin fundamento. Tantas mentiras que se nos dijeron acerca de que no querían pelear, y están peleando como leones. (…) En Prado del Ganso los argentinos demostraron que si los soldados poseían una virtud, ésa era la tenacidad en defender posiciones preparadas (…) resultaban un hueso muy difícil de roer.”
Y el mayor John Crossland (jefe de la Cía. "B" inglesa) dijo: "Si en esta primera batalla nos enfrentamos a esto, espero que la guerra termine pronto, sino...".
Como se ve, este combate les dio a los británicos una lección tremenda: Jamás volverían a atacar de día ni subestimarían a los soldados argentinos. Esto no era un paseo. “No Picnic”, así llamó a su libro Julian Thompson, jefe de la 3ª Brigada de Paracaidistas: “¿De dónde salieron estos leones argentinos de 19 años que combatieron en Darwin Pradera del Ganso, sosteniendo la bandera en su lugar y dispuestos a dar la vida por ella? ¿Quién los formó, inspiró y guio a desafiar la misma muerte con ese coraje, convicción y entrega?”.
La respuesta: Un teniente argentino de 25 años, Comando, señor de sí mismo, auténtico modelo de liderazgo que moría combatiendo al lado de sus hombres, dándoles el ejemplo y sirviéndolos hasta dar la última gota de sangre por Dios y por la Patria. ¿Su nombre? Roberto Néstor Estévez. Un cruzado en Malvinas.
 

NO SE DA LO QUE NO SE TIENE.
Estévez (Toto para sus familiares y amigos) nació en Posadas, Misiones el 24 de febrero de 1957. Séptimo hijo de una familia tradicional conformada por nueve hermanos. Era un chico simpático, amiguero y familiero. Amante de la buena música y de los buenos libros. Inteligente y determinado en todo lo que emprendía. Defensor de las causas justas, especialmente aquellas que el mundo consideraba “perdidas”. Católico formado y práctico. Patriota apasionado.
Desde niño soñaba con ser soldado. Dibujaba mapas, diseñaba vehículos y armas, planificaba estrategias y desplegaba tácticas con soldaditos de plomo pensando en cumplir su misión en el mundo: recuperar -ni más ni menos- ¡que las Islas Malvinas! Incluso inventó una historieta que lo tenía como protagonista, vestido de gaucho y dirigiendo los ejércitos para recuperar nuestras tierras australes. La tituló “Rob Dick”.
Como podemos ver, una “causa perdida” para el mundo era motivo de la predilección y desvelos de este niño misionero que soñaba despierto con restaurar en ellas nuestra soberanía...
NO SE AMA LO QUE NO SE CONOCE.
En 1975 ingresó al Colegio Militar de la Nación integrándose a la segunda compañía de infantería, venciendo día a día sus debilidades y limitaciones físicas.
En 1978 alcanzó el grado de sargento cadete encargado de la sala de armas de la compañía. Y el 12 de octubre fue ascendido a subteniente, recibiendo su primer y único destino: el Regimiento 25 de Infantería en Colonia Sarmiento, provincia de Chubut.
Su tenacidad, determinación, constancia y convicciones llevaron a qué hacia fines de 1980, fuese elegido como el mejor oficial de la unidad, recibiendo el honor de ser el abanderado. Para esa época, realizaba los siguientes análisis de la realidad a la luz de una verdadera concepción metafísica de la vida y teológica de la historia, escribiéndole a su novia Marta Beatriz López“Las sociedades que cambiaron la herencia cristiana, occidental y greco-latina por el universalismo, ateo, materialista y tecnocrático cientificista va a desaparecer y trágicamente y me alegro de ello. Lo que sí, roguemos a Dios para que nuestra Nación no se aliste tras ellos (…). Esa realidad solo puede ser revertida por una actitud de definida oposición y de toma de conciencia de que la única organización justa y definitiva, es en El Orden Natural y para el Bien Común. -Y en ésto no se puede ni se debe transar o admitir- Hacia ese actual orden de cosas aberrantes y subversivo dedicó toda mi rebeldía y mi rechazo, desde el fondo de mi ser”-
Y desde allí encontraba el sentido profundo de su vocación militar. Para Estévez “Milicia es la vida del hombre sobre la tierra” (Job 7, 11). Era pacífico, pero no pacifista. Como decían los antiguos romanos: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, afirmando: “Si algún día llega a hacerse carne en el espíritu de los hombres argentinos la pasión guerrera, allí, sí va a haber paz en esta tierra (…) No tenemos que desear la paz de los vencidos sino una paz digna, de gente con honor”.

* Profesor de historia. Vicepresidente de la Asociación Civil Movimiento Jóvenes por Malvinas. Colaborador de la Asociación Civil Malvinas: Educación y Valores. Integrante de la Asociación Civil Docentes por Malvinas Julio Rubén Cao. Integrante del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de Lomas de Zamora.

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/532829-Roberto-Estevez-Un-cruzado-en-MalvinasPrimera-parte.note.aspx