Ángel María Zuloaga, el piloto argentino ídolo de los
astronautas del Apollo XI.
Experto en pilotear aviones y globos aerostáticos, en 1915
batió récords, como unir en 11 horas a la Ciudad de Buenos Aires con Sao
Leopoldo (Brasil). Y, en 1916, cruzar la cordillera de los Andes, siempre a
bordo del globo libre “Eduardo Newbery”.
Ángel María Zuloaga nacido en la provincia de Mendoza
el 21 de mayo de 1885. Fallece en Buenos
Aires el 29 de agosto de 1975. fue un militar y aviador que llegó al grado de
brigadier general y se destacó como uno de los pioneros de la aviación mundial.
El 13 de abril de 1915 en una ascensión junto a Eduardo
Bradley batió el récord de altura con 6.920 metros y el 29 de octubre de 1915
el de distancia (900 km) al unir en 11 horas y 5 minutos la ciudad de Buenos
Aires con Sao Leopoldo, en Brasil. En ambos casos utilizó el globo libre
“Eduardo Newbery”.
El 24 de junio de 1916, junto a Eduardo Bradley, realizó el
primer cruce en globo de la Cordillera de los Andes, partiendo de Santiago de
Chile y llegando a la localidad de Uspallata en Argentina.
Designado en el cargo de agregado militar en la sede
diplomática argentina en Francia, realizó en este país un curso Aeronáutico de
perfeccionamiento por medio del cual obtuvo en 1919 el brevet de Aviador
Militar Francés.
En los años siguientes ocupó distintos cargos asignados por
el Arma a la que pertenecía. Fue Director de la Escuela Militar de Aviación
durante 1925, agregado militar en la Embajada de Estados Unidos entre 1926 y
1930 y Director General de Aeronáutica, entre ese año y 1936. Durante su
gestión el gobierno impulsó en la Fábrica Militar de Aviones la construcción de
máquinas de concepción nacional y creó la Base Aérea Militar “Los Tamarindos”,
posteriormente llamada Base Aérea El Plumerillo, actual sede de la IV Brigada
Aérea. En 1936 fue designado Director General del Material Aeronáutico del
Ejército y en 1937 se desempeñó como miembro de la Comisión de Adquisiciones en
Europa. El 31 de diciembre de 1940 fue el primer aviador militar en ascender al
grado de General de Brigada. Estuvo en los años siguientes como Comandante de la
Aviación del Ejército, Director General de Personal del Ejército y, entre 1943
y 1945, como adscripto al Ministerio de Guerra. En este último año pasó, por su
pedido, a revistar en la recientemente creada Fuerza Aérea Argentina, con el
grado de Brigadier, y solicitó su retiro activo. Por decreto del gobierno
provisional ascendió al grado de Brigadier General en febrero de 1956. El 19 de
marzo de 1968, fue designado “Benemérito” de la Aviación Uruguaya por el
gobierno de este país.
“Esta es la simple, humilde y semi-oculta bóveda de un
aviador llamado Angel Zuloaga, fallecido en 1975. Nunca visitada y fuera de los
"recorridos top" del Cementerio de la Recoleta, nunca me pierdo el
honor una vez al mes de pasar por ella para desprenderle algunas de las
telarañas que el paso inexorable del tiempo insiste en tejer y adosar al frio
mármol. El Ministro de Defensa del Gobierno de Onganía (Dr. Cáceres Monié), no
se cansaba nunca de contar el siguiente hecho (que yo tuve la suerte de escuchar
de sus labios mas de una vez): cuando en 1969 los primeros seres humanos que
pisaron la luna llegaron a Argentina dentro de la gira triunfal que habían
comenzado alrededor del mundo para ser aclamados y agasajados, él fué el
encargado de recibirlos y no apartarse de ellos en las ceremonias, ya que Monié
hablaba perfectamente inglés y los americanos ni una gota de español. El tema
es que Caceres Monié estaba ahí donde fuera, paradito junto a Neil Armstrong,
Michael Collins y Edward "Buzz" Aldrin, flanqueados por la bandera
Argentina por un lado y la Norteamericana por el otro. La recepción era en
Cancillería, frente a la Plaza San Martin y entre cada saludo y cada saludo
Armstrong que se acercaba al oído de Caceres Monié y le susurraba: "Ud.
crée que esto va a finalizar rápido?" _decía el americano con gesto de
preocupación- "Pero porqué"- preguntaba Monié extrañado- A lo que
Collins (en la oreja opuesta de Monié) susurraba: "Es que nosotros vinimos
a Argentina solo para ver al "Loco" y sabemos que a las 8 de la noche
se retira a dormir"...."Y nosotros partimos de Ezeiza mañana a las
7hs!!!".....Neil Armstrong lo aturdió al Ministro de Defensa con este
reclamo, porque él queria ir a ver a su héroe, su único héroe de la infancia,
al "Loco". Solo el ancho de la Plaza San Martin separaba la
Cancilleria del humilde departamento del 7mo. piso del edificio de Florida y Av
Santa Fé. Un departamento en el cuál en ese momento un viejito muy débil,
frágil y bajito le pasaba una franela a sus libros en la biblioteca, un plumerito
a esa artesanía en madera tan amada por él que representaba a Ícaro, y le
pasaba (orgulloso) una virulana a una plaqueta de bronce que su amigo Belisario
Roldán le había regalado en 1916 y que decía "Yo tengo una cosa aguda que
decirle a los astros: ya no son ellos los únicos que han visto a los Andes
desde arriba". Y es que ese viejito, a los 31 años, junto a su inseparable
compañero Eduardo Bradley realizó la mayor proeza hasta ese momento: por
primera vez cruzó con su globo remendado "Eduardo Newbery" las
aterradoras montañas de Los Andes por encima de los agudos picos nevados, en
trayecto de Santiago de Chile a Mendoza. Soportan temperaturas de 33° bajo cero
pero el globo no termina de subir, se estabiliza a los 6.500 metros y ven como
van a estrellarse o contra el Aconcagua o contra el Tupungato: había que
desprenderse de todo el peso posible. Arrojaron las bolsas de arena y nada.
Lanzaron las bolsas con comida. Nada aún. Tiraron por la barquilla los
revólveres y las municiones. Las paredes seguían acercándose a colisionar de
lleno contra ellos. Nada aún. Con todo dolor se desprendieron de todos sus
instrumentos cientificos, catalejos, relojes y anclas. Igual. En un ultimo
intento, se desprendieron de su ropa de abrigo pesada y luego de la liviana.
Cuando ya estaban por quitarse los calzones y las camisetas y desprender la
barquilla para solo quedar atados a las cuerdas del globo, una proverbial
corriente de aire los levanta y pasan a escasos 6 metros por encima del
Aconcagua. Ven los valles mendocinos y se largan a llorar como chicos, por más
que el porrazo del descenso fué memorable, aunque sólo rasguños. Quedaron al
borde de un abismo, tambaleando como la piedra movediza, pero unos paisanos los
salvaron. Esa misma tarde en Mendoza casi 2000 personas los llevaron en andas.
A los 2 dias en Buenos Aires iban en andas sobre casi 40.000. A ese viejito los
franceses lo llamaron "Capitán Soulage", ya que colaboró anónimamente
con la aviación militar francesa durante la Primera Guerra, produciendo múltiples
derribos a los alemanes y era público y sabido que Manfred von Richthofen (el
Barón Rojo) siempre buscó por los cielos al "único halcón que vuela como
yo", para dirimir talentos, aunque nunca se encontraron. Ese viejito fué
galardonado como "Caballero de la Legión de Honor de Francia" y como
"Comendador de los Cielos del Imperio Británico", amén de todas las
condecoraciones en todo lugar del mundo recibidas. El que creó la Fuerza Aérea
Argentina, estaba limpiando todo para que su hogar luciera impecable para
recibir a tamaños visitantes, aunque (en su humildad) no entendía mucho porqué
querian conocerlo. Se estaba por ir a dormir cuando a las 8 en punto de la
noche, tocan el portero eléctrico. Escucha como su hija Esther habla en
perfecto inglés con los visitantes y luego de la subida por ascensor, les abre
la puerta........fué verlo, que Zuloaga los saludara con una franca sonrisa,
que Collins casi no pudiera ni emitir palabra en los 45 minutos que duró la
reunión, que "Buzz" Aldrin le hiciera todas las preguntas que su
compañero no podia ni balbucear (mientras le sacaba foto tras foto) y que el
gigante, duro y ya legendario Neil Armstrong (Comandante de la Apolo Xl) no
parara de llorar como un chico. En el país de Superman, Batman y no sé cuantos
héroes mas de ficción, él estaba en ese momento ante el único superhéroe de su
infancia, cuyas historias lo habían llevado a apasionarse por la aviación y ser
el primer hombre en pisar suelo lunar. Simplemente estaba ante Angel María
Zuloaga, el "Loco", y fué el dia más feliz de su vida. Pd: Los
legendarios astronautas (cuál simples cholulos) quisieron llevarse un recuerdo
de Zuloaga, cualquier cosa. Y al "Loco Zuloaga" se le ocurrió ir a la
cocina a lavar los platitos, las cucharitas y los pocillos que tenían impreso
el escudo de su viejo globo "Eduardo Newbery", los mismos pocillos
con los que hasta hacía un rato había compartido un cafecito con los
imprevistos visitantes. Si uno va hoy al Museo de la NASA en Cabo Cañaveral,
bajo increíbles artefactos y rodeado de objetos que representan epopeyas, en
una vitrina y bajo una campana de cristal se encuentran expuestos a la
admiración el juego de tres pocillos con sus platitos y cucharas utilizados en
aquella pequeña velada. El cuarto pocillo con su cuchara y platito, el
utilizado por Angel Maria Zuloaga, sigue estando aún hoy expuesto en el hogar
del ya fallecido "Capitán del Espacio" Neil Armstrong, en la que él
llamaba su habitación de trofeos.
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