![]() |
| Redes sociales. |
Emilio Fermín Mignone.
5 de diciembre de 2018.
CONTE, OLIVEIRA, DEFENSORES EJEMPLARES.
Patricia Bullrich -de 25 años- luego de años de exilio, en
su vuelta definitiva a Argentina, iba en aliscafo rumbo a Uruguay en 1982,
cuando efectivos de la SSF (ex-Coordinación Federal) la detuvieron. Tenía orden
de captura del ejercito argentino. Fue interrogada por las FF.AA. Su detención
fue denunciada enseguida por Organismos de Derechos Humanos. Augusto Conte se
hizo cargo de su defensa y dio aviso a la prensa internacional. Otra abogada de
Cels -Alicia Oliveira- también tomó el caso. Al otro día la trasladaron. El
auto en el que iba Bullrich fue seguido de inmediato por defensores de Derechos
Humanos para observar adónde la llevaban. Llegaron a Tribunales. Augusto Conte
y Alicia Oliveira controlaron que se cumplieran las garantías de su debido
proceso. El juez les aconsejó que la sacaran del país, porque no había
garantías. Esa noche Patricia Bullrich durmió en casa de su abogada Alicia
Oliveira, Cels -Alicia Oliveira- también tomó el caso. Al otro día la
trasladaron. El auto en el que iba Bullrich fue seguido de inmediato por
defensores de Derechos Humanos para observar adónde la llevaban. Llegaron a
Tribunales. Augusto Conte y Alicia Oliveira controlaron que se cumplieran las
garantías de su debido proceso. El juez les aconsejó que la sacaran del país,
porque no había garantías. Esa noche Patricia Bullrich durmió en casa de su
abogada Alicia Oliveira, quien la protegió hasta que la familia de Bullrich la
llevó hasta la frontera con Brasil. Tras el regreso de la democracia, Patricia
Bullrich anduvo en la renovación peronista; pero en los 90's pasó a acompañar a
Carlos Menem y fue diputada. Augusto Conte (padre de un desaparecido y fundador
del Cels) se quitó la vida en 1992, tras los indultos otorgados por Menem a los
genocidas.
Emilio Fermín Mignone – Facebook.
Ahora bien, en tren de desacralizar, diré que la política del gobierno peronista de acallar a los medios de prensa opositores, no fue democrática ni feliz. Y su reacción fue la creación de canales informales como los discursos desde los púlpitos eclesiales, las oleadas de rumores y los panfletos clandestinos. Años después Perón dirá: “con toda la prensa en contra ganamos, y con toda la prensa a favor nos derrocaron”.
Los panfletos fueron una especie de prensa clandestina que cumplieron un papel fundamental en la preparación del golpe. Había distintos grupos panfletistas y distintos tipos de panfletos. Cuando se leen en orden cronológico, vemos que parten de una actitud de protesta o defensiva, pero van evolucionando a promover una violencia verbal y física cada vez mayor.
La acción violenta de grupos civiles o militares irregulares, siempre va precedida de discursos y escritos de agitación que van persuadiendo al publico objetivo de pasar a la acción violenta. Como la frase del himno a Sarmiento: “con la espada, la pluma y la palabra”, pero invirtiendo el orden de los términos. El público objetivo de los panfletos eran los jóvenes estudiantes de clases medias y altas católicos o no, que van a ser el activismo civil de la conspiración, y los integrantes de la fuerzas armadas y de seguridad.
Las temáticas mas comunes eran: la defensa de la educación religiosa, contra la ley de divorcio, contra ley de profilaxis (interpretado como libertad de prostitución), contra el supuesto comunismo del gobierno, contra el convenio petrolífero con la California, denuncias de detenciones por desacato de laicos y sacerdotes, contra el “destape” sexual en el cine, contra ciertas practicas de la UES consideradas inmorales, contra la censura de prensa, contra algunos funcionarios acusados de corrupción, condimentado con una diatriba permanente hacia “el dictador” y la figura de Eva Perón. En algunos temas eran muy contradictorios, por un lado se acusaba de pro-comunista al gobierno, pero en el tema del tratado petrolero, se acusaba a Perón de estar en acuerdo con EUU y específicamente con el ex embajador Spruille Braden.
Dedicaban muchas paginas a auto-victimizarse por “la quema de la bandera” y los incendios a las iglesias. Incluso ya al final inventaban “desapariciones” y “jóvenes tirados de los aviones” suena a lenguaje premonitorio. Está comprobado, que de todas las cosas que se acusaron al gobierno de Perón, solo hubo un caso de un muerto por la acción represiva de la policía de Santa Fe, el doctor Ingallinela, cuyos autores fueron juzgados y condenados.
El colmo de la auto-victimización es el relato de lo que ellos llaman “la revolución del 16 de junio” que fue el salvaje bombardeo a Plaza de Mayo que dejó 309 muertos y 800 heridos. En los panfletos evitan mencionar la cantidad de victimas inocentes y de esa jornada solo se refieren a los incendios de algunos templos esa noche.
En la historia oral y escrita quedará grabado “el día que quemaron las iglesias” y no el día que la Marina bombardeó Plaza de Mayo y realizó una masacre. Pero ademas, reiteradamente el argumento de los panfletos, es que la culpa de la masacre fue de Perón por no avisar y desalojar de civiles el centro de Buenos Aires.
A partir de marzo del 55 los panfletos llamaban a armarse contra el gobierno. Veamos algunas frases:
"Si quieres la paz, prepárate para la guerra. Todo ciudadano honesto y consciente, debe aplicar esta máxima en su conducta para con el régimen.”
“Civiles. Olvidarse de las diferencias políticas o religiosas. Muñirse de armas y de toda clase de medios de defensa. Salir a la calle al primer amago de desorden. Custodiar a los agitadores, entregadores y espías. Defender casa por casa, calle por calle, templo por templo. Tirar sin asco a matar.”
“Los vecinos vienen organizando activamente en cada manzana grupos de defensa interna, que han previsto con minuciosidad su táctica defensiva para el eventual día del "Desorden": contralor de personas sospechosas, vigilancia de los accesos, depósitos de inflamables y subsuelos; fuego cruzado en combinación con los vecinos de enfrente, etc.. Coordinación que en algunos barrios se ha completado con grupos móviles de defensa externa, que al mando de jóvenes Oficiales de Reserva acudirán prestamente al lugar donde se provoquen los desórdenes.”
En el más elaborado de los panfletos llamado “Verdad” daban instrucciones para fabricar bombas molotov: “Tómese una botella y llénese-la en sus 4|5 partes con nafta, tapándola con un corcho seguro. Cubra el culo de la botella con una media o trozo de algodón bien atado con alambre. Cuando vaya a arrojarla contra los atacantes, empape la media o algodón con alcohol o kerosene, encienda la mecha-y lance de inmediato la botella a una distancia no inferior a15 metros (para evitar que lo dañe la explosión). Si considera necesaria una defensa más eficaz, cúbrala íntegramente con un grueso envoltorio de algodón que la proteja en su caída. Empape el algodón con alcohol o querosene, enciéndalo y arroje de inmediato el artefacto contra los asaltantes a una distancia no inferior a 20 metros. (Échese al suelo por precaución, salvo que actúe desde un balcón). La botella, al caer, no se romperá, pero a. los pocos segundos, el calor del algodón encendido, la hará explotar y los vidrios actuarán como esquirlas de granada.”
El libro de Lafiandra escrito en 1956, evita dar nombres de quienes participaban de esta actividad conspirativa. Pero, el ex-comando civil Florencio Jose Arnaudo, en su libro “El año en que se quemaron las iglesias”, editado en 1995 recuerda: “Luego de la clausura del diario católico “El Pueblo” (en enero del 55), llegamos a la conclusión que era necesario iniciar un campaña de volantes clandestinos. Había que conseguir varios mimeógrafos para imprimir el mayor número de ejemplares. Se le dio forma de hoja periódica y se le puso el nombre “Verdad”...
...De la redacción se encargaban Emilio Mignone, Horacio Storni y Jose Miguens. De la impresión , se había ocupado quien llegaría a ser el panfletista máximo, el rey del mimeógrafo clandestino: el hermano Septimio Walsh.” Agrega que “tuvo destacadísima actuación en la campaña panfletista y en la coordinación de los comandos civiles católicos, cuya conducción asumió espontáneamente”.
Seguramente hubo mas gente redactando e imprimiendo los famosos panfletos que por razones de clandestinidad no se conocen sus nombres. Pero por en el testimonio de Arnaudo, estos nombres son los que aparecen.
Lo llamativo de los nombres que da Arnaudo es evolución posterior que tuvieron estos personajes. Algo que se repite en muchísimos casos, y que es motivo reflexión.
Emilio Mignone un católico ferviente, se inició como funcionario del peronismo, luego por el conflicto con la Iglesia militó en el antiperonismo. Durante la dictadura de Onganía fue Vice-ministro de educación. En 1973 se afilio Partido Justicialista y fue Rector de la Universidad de Luján hasta el 24-3-76. El 1976 luego del secuestro y desaparición de su hija Mónica, (militante de la JP) fue uno de los fundadores del CELS y hasta su fallecimiento un reconocido y valorado luchador por los DDHH.
Jose Miguens tiene una trayectoria similar. Sociólogo, dirigente de la Acción Católica, desempeño distintas funciones en el gobierno peronista hasta 1953. Milito junto a los comandos civiles contra Perón. En 1962 se involucró activamente en el bando Azul (en el conflicto de militares Azules y Colorados). En 1966 fue funcionario de la dictadura de Onganía. En 1973 el Coronel Damasco lo sumo al gobierno peronista, e incluso hizo aportes en la elaboración del Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, legado póstumo de Perón.
Horacio Storni, fue un poeta y escritor argentino que militó en el antiperonismo, pero no tuvo una actuación política conocida.
Septimio Walsh perteneció a la congregación Hermanos Maristas. En la pagina web Historial Marista se puede leer: “ En aquél período persecutorio, desde el 8 de diciembre de 1954 hasta la caída del dictador Perón en septiembre de 1955, Septimio preparaba originales de panfletos. Se distribuían a varios centros de multiplicación, que los desparramaban en sus lugares. El Hno. Tiburcio (Jesús Casal) era el transportista hacia La Plata.”
Septimio posteriormente a 1955, se desempeñó como Secretario del Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) junto a Alfredo Manuel van Gelderen también participe de los grupos católicos antiperonistas. Roberto van Gelderen (familiar de Alfredo) fue un militante montonero secuestrado y desaparecido en mayo de 1977.
Hasta aquí quienes según Arnaudo producían el panfleto “Verdad”. Pero yo he mencionado otras veces algunos de los nombres que doy a continuación. Jóvenes que en 1955 fueron duros opositores al peronismo, incluso algunos de ellos activos comandos civiles, en los años setenta terminaron militando dentro del peronismo o en grupos aliados.
Entre los sacerdotes mas conocidos que en 1955 fueron militantes antiperonistas incluso varios encarcelados por desacato figuran: Carlos Mugica, Alberto Carbone (detenido en 1970 por vinculo con Montoneros), Enrique Angelleli (era la mano derecha del padre Quinto Cargnelutti jefe de los comandos civiles de Córdoba), el padre Ernesto Leyendeker del Ateneo Santa Fe (en los 70 fue asesor espiritual del grupo inicial de Montoneros Santa Fe), el padre Santiago Raúl Mac Guire de Rosario (colaborador de Montoneros en Rosario) .
Diego Muñiz Barreto fue destacado Comando Civil. En 1953, junto a Mariano Castex, intento asesinar a Perón. En 1966, fue funcionario de Onganía. En 1970 conoció y se convirtió en mecenas de Rodolfo Galimberti, quien lo invitó a conocer a Perón. A través de Diego, Galimberti conoció a la familia Bullrich Luro Pueyrredón, y fue quien introdujo en Montoneros a Julieta y Patricia Bullrich. En 1973 asumió como diputado por la JP Montoneros. Renunció a la banca en enero del 74 y se vinculó al ERP. Fue detenido por el comisario Luis Patti en febrero de 1977 y asesinado.
Rodolfo Walsh quien tuvo un breve paso por la Alianza Libertadora Nacionalista. En los años 50 no era un militante político, pero estaba vinculado al antiperonismo y como periodista escribía en la revista Leoplan a favor de la “libertadora”. Su hermano Carlos era un aviador naval que combatió en septiembre contra las tropas leales a Perón.
Luis B Cerruti Costa, Ministro de Trabajo de la Libertadora. En 1973 será director del diario El Mundo, el órgano periodístico del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Augusto Conte Mac Donell. Fue secretario general del Ministerio de Educación de Aramburu; su hijo militante montonero, fue detenido desaparecido en 1976 y Augusto se convirtió en uno de los principales referentes de los DDHH.
Conrado Eggers Lan, Profesor universitario y opositor al peronismo en los años 50, en los 70 adhirió al peronismo combativo y a la CGT de los Argentinos.
Marcelo Sánchez Sorondo. Primero opositor al peronismo, se alejó de la Libertadora y en 1956 creó el periódico Azul y Blanco . Entre sus discípulos estaba Juan Manuel Abal Medina, hermano de Fernando, uno de los fundadores de Montoneros. En 1973 fue candidato a senador por el Frejuli en Capital. Su hijo es el obispo del mismo nombre, que está en el Vaticano desde hace cincuenta años.
Entre los jóvenes universitarios que estuvieron en la oposición a Perón y que luego van a tener activa participación en los 70 encontramos a: Rodolfo Ortega Peña y Ernesto Laclau, militantes de izquierda. Esteban “Bebe” Righi y Mario Hernández, de la ARD (Agrupación Reformista de Derecho). Moisés Ikonicoff, militante socialista. Norma Kennedy y Carlos Corach, de la FJC (Federación Juvenil Comunista). Guido Di Tella, de la FUA. Eric Calcagno, Ricardo Mosquera y Ricardo Rojo, abogados de la FUA. Abel A. Latendorf, David Tieffenberg, Pablo Giussani, y Elisa Rando, de la Juventud Socialista. Rodolfo Pandolfi, Ismael y David Viñas, León Rozitchner, Juan José Sebreli, Oscar Masotta y Noé Jitrik, de la revista Contorno. Carlos González Gartland fue uno de los principales dirigentes de la FUA en la lucha contra Perón; en los 70 se destacó como abogado de presos políticos y en 2003 asumió en la Secretaría de Derechos Humanos. Otros dirigentes de la FUA, Elías Semán y Rubén Kriskaustzky, fueron detenidos desaparecidos por su militancia en Vanguardia Comunista.
Ernesto Bonasso, periodista y padre de Miguel Bonasso, que fue detenido en abril de 1953, sospechado de participar en el atentado terrorista con bombas en un acto en Plaza de Mayo que dejó seis muertos y noventa heridos. El ingeniero químico Héctor Abrales, como militante de la FUA, estuvo detenido en Devoto en 1954. En los 70 ingresó a Montoneros y en 1979 fue detenido desaparecido. El escritor Dalmiro Saenz fue militante antiperonista. En los 70 participó de la organización Montoneros.
En una nota anterior agregue al final la frase de Tzvetan Todorov en “Los abusos de la memoria”. : “La tarea es que el recuerdo se mantenga vivo pero también que la sacralidad de la memoria se ponga en discusión.”
Se que desacralizar puede resultar disruptivo. Algunos no terminan de creer, otros se enojan. Pero, estoy convencido que es un ejercicio sano y necesario. No solo para interpretar la historia pasada, sino para comprender mejor la realidad política-social en la que estamos inmersos.
Aldo Duzdevich (*) El columnista es autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.
Publicado en Diario "La Mañana del Neuquén".
Domingo 11 de Junio del 2023.
https://www.lmneuquen.com/la-preparacion-del-clima-golpista-1955-n1030450
Enlace de interés:
| Augusto Conte (padre) |
En un reportaje del archivo digital de la Biblioteca Nacional, Taty Almeyda, dirigente de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, contó cómo recibió el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
“Mi padre, Carlos Vidal Miy, fue un oficial de Caballería de origen salteño; y mi madre, Alicia Uranga, era de una familia muy tradicional de Paraná. (...) En fin, toda una familia militar y muy antiperonista. A mi hijo Alejandro se lo llevan el 17 de junio de 1975, durante el gobierno de Isabel… Para mí, la culpa de todo la tenían los peronistas… Yo me movía en ese entorno… Cuando se lo llevan a Alejandro yo lo fui a ver a (Albano) Harguindeguy que había sido oficial de mi padre y jefe de uno de mis cuñados. (Orlando Ramón) Agosti había sido compañero de uno de los maridos de mis hermanas y (Leopoldo Fortunato) Galtieri fue jefe de mi hermano… Harguindeguy me decía: ‘Señora, son los peronistas’, y yo decía: ‘¡Claro!’. A mí me han preguntado hace años pero nuevamente lo cuento: cuando llegó el Golpe yo dije: al fin se van estos negros de mierda y vienen mis conocidos y yo lo voy a recuperar a Alejandro… eso era lo que yo creía (…) pasa el tiempo y pienso, aquí está pasando algo… me entero, después de mucho tiempo, y decido acercarme a Madres, sería por el año 81, 82. A todo esto, Galtieri era jefe de mi hermano, Agosti, compañero de mi cuñado; a todos ellos los fui a ver, por supuesto nadie sabía nada..”
El ex militante montonero Cacho de María relató: “En diciembre del 75, en una casa muy lujosa de Martínez, un ex-compañero me había invitado a su cumpleaños. En un momento su madre levantó la copa y brindó por el intento de golpe del brigadier (Jesús Orlando) Cappellini. Años después, supongo sería en 1980, en una foto de la Razón, de la ronda de las Madres, descubro su rostro con un pañuelo blanco, llorando. Fue un doble golpe, enterarme así que el compañero había desaparecido y la dolorosa sensación de recordar a su madre en aquella actitud tan distinta”.
Augusto Conte Mac Donell fue uno de los fundadores del partido Demócrata Cristiano que apoyó la llamada “Revolución Libertadora”, el golpe de Estado que derrocó a Perón; y en 1955 fue subsecretario de Educación del dictador Pedro Eugenio Aramburu. Su hijo Augusto María se vinculó en 1974 a la organización Montoneros. En julio de 1976, mientras realizaba el servicio militar obligatorio, fue detenido y desaparecido. Respecto a las circunstancias de su detención ilegal, hay dos versiones.
La primera de esas versiones es que fue secuestrado en la Base Aeronaval de Punta Indio; y una segunda, es la que, recién el 26 marzo del 2005, el escritor Osvaldo Bayer, amigo personal de Augusto Conte Mac Donell, relató en Página 12:
“En este aniversario veintinueve [del golpe de Estado de 1976] voy a recordar a un buen amigo. Se llamó Augusto Conte. En Alemania nos encontramos en un congreso de derechos humanos. Y una noche me dijo que la única forma de superar esa tragedia era la muerte.(...) Me miró con enorme tristeza, y agregó: ‘Mi error fue tan grande que el único futuro mío es ir en búsqueda de mi hijo, allí desde donde no se regresa’.
No hubo forma de convencerlo. Poco después, él mismo buscó su muerte. No encontró otro remedio para ‘pagar mi culpa’ como él definía su error.
La cosa fue así. En plena dictadura de la desaparición, el departamento de su hijo Augusto María fue allanado por una patota del Ejército. El joven no estaba. Como de costumbre, se robaron todo y el resto lo destruyeron.
Esto causó verdadera consternación en Augusto Conte, el padre. Se puso en contacto con el hijo para preguntarle si él pertenecía a alguna organización perseguida. El hijo le contestó que no, que evidentemente se trataba de un error. Entonces, Augusto Conte cometió el más grande error de toda su vida. El había sido amigo o compañero de colegio del general Carlos Suárez Mason, en ese momento comandante del 1er Cuerpo de Ejército. Le resultaba un asco ir a verlo, pero estaba en juego la vida de su hijo. Fue así como le dijo a su hijo Augusto María: ‘Bien, a ese error hay que aclararlo, si no te va a costar la vida. Yo conozco al general Suárez Mason. Le voy a pedir una entrevista. Vamos los dos y vos le aclarás personalmente que contigo están siguiendo una pista falsa’. Y así se hizo.
El general de la Nación –como gusta llamarse– aceptó que lo fueran a ver. Los recibió muy amable. Escuchó al hijo de Conte y a su padre. Y entonces les puso la trampa. Un general argentino tramposo, deleznable, despreciable por los siglos de los siglos de la historia de la humanidad. Le pidió a Conte que el hijo permaneciera unas horas en el cuartel del 1º de Infantería para limpiar todos los antecedentes y dejar todo aclarado. Y ellos aceptaron, crédulos, la palabra del general argentino. Augusto Conte dejó el despacho del artero. Su hijo quedó. Y desapareció para siempre. El llanto desesperado acompañó el relato. ‘Yo soy el culpable’, me lo repitió cien veces. Mil veces.”
El 5 de febrero de 1992, luego de dieciséis años de incansable lucha, y después de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y los Indultos de Menem, Augusto Conte Mac Donell decidió partir en búsqueda de su hijo, allí desde donde ya no regresaría, y se quitó la vida.
Por Aldo Duzdevich.
(*) El columnista es autor de "Salvados por Francisco" y “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Peron”.
PUBLICADO EN DIARIO "LA MAÑANA DE NEUQUÉN".
13/02/2022.