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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, septiembre 16, 2025

A 70 años del golpe de Estado de 1955 (Entrega Nº 3). El antiperonismo al poder. Por Gustavo DALMAZZO.

 

Rojas y Aramburu dirigen un mensaje al país por cadena nacional,
desde la Casa Rosada, en 1956.


  • Lonardi es considerado como un militar nacionalista, profundamente católico, que comulgaba con la Doctrina Social de la Iglesia.
A 70 años del golpe de Estado de 1955 (Entrega Nº 3).

El antiperonismo al poder.

Por Gustavo Dalmazzo.

Relevado el general Eduardo Lonardi de la presidencia provisional, el grupo liberal se hizo cargo de la conducción de la autodenominada Revolución Libertadora. El general Pedro Eugenio Aramburu ocupó el sillón de Rivadavia.
Aramburu había nacido en Sampacho, provincia de Córdoba, el 21 de marzo de 1903. En 1919 ingresó al Colegio Militar del cual salió como subteniente del Arma de Infantería. Con el golpe de Estado de 1930, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, ocupó cargos políticos menores en la provincia de Santiago del Estero donde, además, se casó con Sara Herrera, futura madre de sus dos hijos: Sara Elena y Eugenio.
Durante el gobierno peronista fue agregado militar en Brasil y en 1951, ya general de brigada, fue designado a cargo de la Dirección General de Sanidad del Ejército. Tres años más tarde ascendió a general de división.

ISAAC F. ROJAS.
En el ejercicio de la vicepresidencia continuó el marino Isaac Francisco Rojas. Porteño nacido en 1906, ingresó en la Escuela Naval Militar en 1925, de la cual egresó, en 1928, como guardiamarina. Durante el gobierno peronista tuvo importantes destinos como agregado militar en Brasil y Uruguay, como así también dentro de la fuerza naval, en donde llegó a ser director de la Escuela Naval. Todas designaciones que muestran a un oficial de confianza del poder político.
Durante los días posteriores al 16 de septiembre, Rojas, desde el buque 17 de Octubre, bombardeó las instalaciones petroleras del puerto de Mar del Plata y las de La Plata, operaciones que dejaron muertos y heridos. Su decisión lo convirtió en un adalid del “gorilismo”, fama que conservará toda su vida.
Rojas presidió la Junta Consultiva Nacional, una especie de comité asesor, que funcionó en el Palacio Legislativo, integrado por representantes de los partidos políticos antiperonistas, menos el Partido Comunista.
En realidad pretendió ser un sustento político del gobierno militar que pasó sin mayor pena ni gloria.

DESPERONIZACION.
La gestión Aramburu-Rojas llevó adelante un fuerte proceso de “desperonización” del país. Se prohibió al Partido Peronista, sus símbolos, cantar la marcha partidaria y la sola mención del nombre del presidente derrocado se convertía en un delito; se intervino la Confederación General del Trabajo; se borraron los nombres de Perón y Eva Perón de calles, instituciones y provincias; se impuso en actos oficiales y escolares la Marcha de la Libertad; se suprimió por decreto la Constitución reformada en 1949; se secuestró el cadáver de Eva Perón, que estuvo más de quince años escondido, y se fusiló a civiles y militares que se sublevaron contra “la Libertadora” en junio de 1956, antes de decretar la Ley Marcial.

CRISIS ECONOMICA.
La crisis económica que atravesó la Argentina peronista de los años cincuenta se la intentó corregir con consabidos planes de ajuste que estuvieron a cargo de los tres ministros que tuvo Aramburu: el radical Eugenio Blanco, que años más tarde lo será también de Arturo Illia; el liberal Roberto Verrier y Adalbert Krieger Vasena, que será, en 1967, el ministro estrella del dictador Juan Carlos Onganía. En estos años la Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional.
Los partidos políticos, la prensa y el movimiento estudiantil, opositores al gobierno de Perón, recuperaron las libertades perdidas. Pero lejos de pacificar al país, como deseaba Lonardi, la violencia contra el peronismo llegó a un grado superlativo. La cárcel y el exilio fueron aspectos cotidianos.
Y mientras el peronismo padecía la venganza, los liberales gozaron de plenos derechos. Cierto que en las universidades se levantó la censura anterior y comenzaron a vivir una etapa de esplendor que durará hasta el golpe de Estado de1966. También se dio luz verde, en educación, a la instalación de la universidad privada, conflicto que estallará en la presidencia de Arturo Frondizi.
Para reemplazar la derogada Constitución, el gobierno convocó a una Asamblea Constituyente en 1957. Diecinueve partidos políticos estuvieron representados, habiendo conseguido la mayor cantidad de votos la Unión.
Cívica Radical del Pueblo, la versión más antiperonista del partido de Alem y de Yrigoyen.
El resultado de la Convención fue restablecer la carta magna de 1853 y podar mayormente los derechos sociales consagrados en la de 1949.
El gobierno dictatorial convocó a elecciones nacionales para el 23 de febrero de 1958 para entregar el gobierno el 1 de mayo: “ni un minuto antes, ni un minuto después”, como había prometido Aramburu.
Seguramente “los libertadores” fueron a las elecciones de febrero confiados en que los resultados electorales de la Constituyente se repetirían. Se equivocaron.

ARTURO FRONDIZI.
El ganador resultó ser Arturo Frondizi, de la Unión Cívica Radical Intransigente, el sector más moderado y acuerdista del radicalismo, que contó con el voto del proscripto peronismo. Habiendo logrado casi el 50% de los votos, la UCRI obtuvo mayoría parlamentaria en las dos Cámaras y en todos los distritos electorales del país. Aramburu hizo caso omiso a las presiones castrenses que consideraban un mandato de Frondizi como un retroceso respecto de los postulados de 1955.
El nuevo Congreso Nacional ascendió a Aramburu al grado de teniente general y a Rojas a almirante. Sin embargo, ambos actuaron durante los gobiernos de Frondizi y de su sucesor José María Guido como la voz cantante del orden antiperonista en su versión más “gorila”.
Rojas participó en la última sublevación colorada, en 1963, durante los enfrentamientos entre Azules y Colorados. Terminó detenido. Su actuación política siguió en el Instituto Browniano, en su carácter de miembro de número. Presidió la Comisión Permanente de Homenaje a la Revolución Libertadora y la Comisión de Homenaje a los Libres del Sur, la sublevación de los hacendados bonaerenses contra Rosas en 1839. Exponente rancio del liberalismo vernáculo fue socio de numerosas entidades sociales y culturales como el Jockey Club, Rotary Club, Centro de Criadores Aberdeen Angus, Centro Naval, Círculo Militar y Círculo de Armas. Falleció el 13 de abril de1993. Dejó escrito un libro de memorias.
Aramburu, a diferencia de su vicepresidente, se metió en la vida política partidaria creando su propia estructura. Buscó organizar el voto liberal y antiperonista más decidido. Fue un importante protagonista de la política nacional hasta su trágica muerte en 1970.
A 70 años del golpe de Estado de 1955 (Entrega Nº 3). 
El antiperonismo al poder

*** Publicado en LA PRENSA.
14/9/2025
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A setenta años del golpe de Estado de 1955 (Entrega N.º 1)

El derrocamiento de Perón

Autor: Gustavo Dalmazzo.
24/8/2025.
Entrega Nº 1 se pueden leer haciendo click en enlaces:

sábado, marzo 30, 2019

30 de marzo de 1875: muere el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield.

UN DÍA COMO HOY

Fallece el autor del Código Civil Argentino.

Un 30 de marzo de 1875 muere el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield, abogado, autor del Código Civil Argentino. También redactó, junto con el doctor Eduardo Acevedo, el Código de Comercio. Había nacido en Córdoba el 18 de febrero de 1800.
Dámaso Simón Dalmacio Vélez Sarsfield (Amboy, 18 de febrero de 1800 – Buenos Aires, 30 de marzo de 1875) fue un abogado y político argentino, autor del Código Civil de Argentina de 1869, vigente hasta 2015.
Dalmacio Vélez Sarsfield estudió en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Monserrat de la ciudad de Córdoba, luego seguiría la carrera de derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. Se graduó a los 22 años; fue además un aventajado estudioso de las matemáticas y las lenguas, dominando el idioma inglés, el francés, el italiano y el latín.
En 1823 se instaló en Buenos Aires y se casó con Paula Piñero. Inició una intensa actividad política, fue secretario en el congreso rivadaviano de manera interina en la primera sesión, en 1824, por la costumbre de asignar esa tarea al más joven (la presidencia interina se otorgaba al de mayor edad, en su caso el Deán Funes). Ese mismo año fue nombrado catedrático de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
La toma del poder por Juan Manuel de Rosas significó el fin temporal de su carrera política; Vélez Sarsfield abandonó Buenos Aires y marchó a Córdoba. Tras representar al caudillo porteño en una ronda de negociaciones con Estanislao López que acabó en la firma de un armisticio, regresó brevemente a Buenos Aires para ejercer la abogacía, pero pronto volvió a enemistarse con Rosas y se exilió en Montevideo. Los vaivenes de su relación con Rosas lo trajeron poco más tarde de nuevo a Buenos Aires como jurisconsulto en materia de límites y derecho internacional; en esta época redactó además una exhaustiva compilación del derecho canónico existente, presentada en un Tratado Público Eclesiástico en Relación al Estado que mereció grandes alabanzas.
Tras el fin del rosismo, Vélez Sarsfield retornó a la política. Ocupó sucesivamente los cargos de senador, encargado de la reorganización del Banco Provincial de Buenos Aires, canciller y negociador diplomático entre Buenos Aires y la Confederación.
En 1858, el Estado de Buenos Aires (separado de la Confederación Argentina) le encargó la tarea de redactar un código de comercio, el cual fue redactado en colaboración con el prestigioso jurisconsulto uruguayo Eduardo Acevedo, se terminó en 10 meses, y fue sancionado en 1859. El mismo, después de la reunificación nacional, sería aprobado como código nacional de comercio por el Congreso, mediante la Ley n.º 15 el 10 de septiembre de 1862,2 siendo reformado en 1889, se mantuvo en vigor hasta el 1 de agosto de 2015. En el mismo año 1862 se le encargó a Vélez Sarsfield la redacción del Código Civil de la República Argentina. La composición de este no se inició hasta 1864, siendo presidente Bartolomé Mitre. Su redacción, ricamente provista de notas y comentarios, le llevó casi cinco años; en 1869 se dispuso del texto completo, que se aprobó a libro cerrado en 1869, y estuvo en vigor entre el 1 de enero de 1871 y el 1 de agosto de 2015, siendo reemplazado por el Código Civil y Comercial de la Nación.
Durante un año, Vélez Sarsfield fue ministro de Hacienda de Bartolomé Mitre, y luego ministro del Interior de Domingo Faustino Sarmiento, quien asumió la presidencia en 1868. Sarmiento y Dalmacio Vélez Sarsfield fueron los mayores propulsores de la telegrafía eléctrica en el país. El 5 de agosto de 1874, en las postrimerías de su período presidencial, Sarmiento inauguró la primera comunicación telegráfica con Europa. Sarmiento decretó que el día de la inauguración del cable telegráfico ―que, en sus palabras, convertía a todos los pueblos en «una familia sola y un barrio»― fuese feriado nacional. La ceremonia contó con la presencia entre otros del ya exministro Vélez Sarsfield, a quien Sarmiento atribuyó en el acto «el honor exclusivo de la atrevida idea y de la rápida ejecución de la red de telégrafos, que contribuye a dar paz a la República y bienestar a sus hijos».
Vélez Sarsfield fundó el diario El Nacional (en la misma época en que Bartolomé Mitre fundó el diario La Nación); el periódico tuvo una historia difícil, y cerró al poco tiempo. Para las mismas fechas suscitó una gran atención su crítica a la Historia de Belgrano publicada por Mitre, en la que fue la primera de las grandes controversias historiográficas de la Argentina.
Falleció en Buenos Aires el 30 de marzo de 1875.3 Sus restos descansaban en el cementerio de la Recoleta, hasta que fueron trasladados al Palacio de Justicia de la ciudad de Córdoba.
Una avenida, un barrio, un club, un hospital, una estación de Metrobús y un colegio de la Ciudad de Buenos Aires llevan su nombre.

lunes, diciembre 10, 2012

SOBRE EL NUEVO PROYECTO DE CODIFICACIÓN.


Declaración del Instituto de Filosofía Práctica.

SOBRE EL NUEVO
PROYECTO DE CODIFICACIÓN.
“Las leyes positivas no podrán en las cosas de la vida
reemplazar totalmente el uso de la razón natural”
(Jean-Etienne Portails)
I. UNA ADMIRADORA VERNÁCULA DE NAPOLEÓN
Hace ya un tiempo, esa particular “jurista” que tenemos por presidente, expresa su admiración por Napoleón, se compara con el emperador francés, quisiera emularlo en su obra legislativa, pero además, agravia sin razón a Dalmacio Vélez Sársfield, el autor de nuestro Código Civil vigente.
Y así pontifica: “en materia civil seguimos rigiéndonos por el Código que hizo Napoleón, que fue maravilloso para la época en que lo hizo” y agrega “el Código Civil Argentino, Vélez Sarsfield lo copió… es una copia del Código Civil Francés… que fue realmente una de las cosas más revolucionarias que hizo Napoleón… un personaje que a mí me gusta mucho” (cfr. Presentación del sitio Infojus, 2011).
Aquí tenemos dos elementos relevantes: Vélez fue un copista, un plagiario, y el Código fue una de las cosas más revolucionarias del emperador.
II. VÉLEZ, ¿PLAGIARIO?
Respecto a la originalidad de nuestro Código, a fines del siglo XIX escribe José Olegario Machado: “es cierto que el codificador argentino ha tenido un guía seguro en el proyecto del Dr. Freitas, que la mayoría de las notas no son originales… pero si esto disminuyera en algo el método de su trabajo, en cuanto a la originalidad, nadie puede negar que la obra de conjunto es soberbia en su grandeza” (“Exposición y comentario del Código Civil Argentino”, Lajouane, Buenos Aires, 1898, XVI).
Lo interesante es destacar que un reconocido jurista como Machado, también sostiene que no hay demasiada originalidad, pero se refiere a la guía de Freitas, sin mencionar al Código Napoleón.
En otro Comentario, y en los mismos años, otro clásico de nuestro derecho civil, Baldomero Llerena destaca la pluralidad de fuentes que consultó Vélez: “Sólo por el deseo de ser útil en algo a todo con lo que se relaciona con los inmutables principios de justicia y de equidad, hemos consagrado más de la mitad de nuestras horas de descanso… a investigar las fuentes de que el Dr. Vélez se sirvió para formar su Código” (Carlos Casavalle, Buenos Aires, 1887, II), lo que muestra a las claras su variedad y cantidad.
Vélez jamás pensó, como sí lo hizo Napoleón, que su construcción era pétrea. Así, su biógrafo, Abel Cháneton, escribe que “un Código nunca es la última palabra de la perfección legislativa, ni el término de un progreso” (“Historia de Vélez Sarsfield”, Buenos Aires, 1937, tomo II, pág. 32).
 
III. MÁS ACERCA DEL PLAGIO: RESPUESTA DE UN EX PRESIDENTE
Vélez tuvo en sus tareas un secretario de lujo, entonces muy joven, que luego fue presidente de la República, el Doctor Victorino de la Plaza, quien ocupó el cargo a la muerte del Doctor Roque Sáenz Peña.
En el diario “La Prensa”, al fin de sus días terrenales, escribe un artículo titulado: “En el cincuentenario del Código Civil”. Allí, este testigo ocular destruye por anticipado la acusación de plagio, cuando escribe:
“El Dr. Vélez Sársfield, al contemplar el fin de su honrosa labor, debió respirar con una amplitud de desahogo y satisfacción bien merecidos y bien ganados, sintiéndose como eximido del enorme peso y responsabilidad que lo había abrumado por cinco años.  No se le notaba, ni en su semblante ni en su físico, el cansancio”.
Y fue así porque Vélez practicaba la virtud de laboriosidad y si hoy viviera estamos seguros que no estaría acogido a ningún plan “trabajar”, ya que era, según la misma fuente, “un hombre acostumbrado a un trabajo asiduo; sencillo y metódico en sus hábitos, lector insigne… como con una fiebre de saber; constitución robusta, espíritu templado, más bien esquivo de palabras”.
Madrugador en invierno y en verano, le ganaba horas al día.  Al contarnos como era la tarea, señala de la Plaza:
“Los cuadernos originales salían poco a poco de aquel dictado matinal, e iban abultándose con tiras de papel, en las que se ampliaba el texto, que el doctor Vélez las pegaba en los costados, escritas generalmente de su puño y letra; agregando, además, entre líneas en las páginas”.
Para concluir con el tema del plagio nos encontramos que se enfrentan argumentos de autoridad: uno a favor, el de la actual presidente, que habla después de más de ciento cuarenta años de los hechos y acusa sin ninguna prueba, y con total irresponsabilidad; y otro, en contra, expresado por un testigo presencial, secretario de Vélez, poco antes de recibir el diploma de doctor en jurisprudencia, ex presidente, con una larga vida en la función pública, de quien a su fallecimiento, se señaló como el “carácter principal de su espíritu: la serena equidad de juicio… la conducta virtuosa y recta… fue el consejero más probo y el administrador más austero… que supo guiar a la nación con prudencia y tacto” (“La Prensa”, 2 de octubre de 1919).
IV. VÉLEZ: JURISTA BIBLIÓFILO
 
Vélez Sársfield era un hombre culto; su biblioteca, que no la tenía de adorno, era una herramienta de trabajo intelectual.
Como no era un jurista puro, además de obras jurídicas importantes, encontramos allí a Séneca, a Cicerón, a Tácito y a Virgilio; a Moratín y a Shakespeare; a Comte y a Balmes.
Estaban las Siete Partidas de Alfonso el Sabio, glosadas por Gregorio López, la Recopilación de Las Leyes de Indias y obras de Derecho Romano, como las de Heinecio y Vinnio.
Especialmente estaba presente el Derecho Civil y entre las obras estaba el Proyecto de Código español de 1851, con las concordancias de Florencio García Goyena.  No faltaban obras acerca del Derecho Mercantil y del Derecho Canónico.
Con relación a todo esto pueden consultarse las obras de nuestro amigo José María Castán Vázquez, “Vélez Sársfield, jurista bibliófilo”, Córdoba, Argentina, 2000 y “La influencia de García Goyena en las codificaciones americanas”, Murcia, 1989.
V.  ACERCA DEL CÓDIGO COMO UNA OBRA REVOLUCIONARIA
El Código Napoleón fue una obra revolucionaria, en cuanto a la metodología, en el sentido que señala Jacques Leclercq: “en adelante el matrimonio, la venta o el alquiler, no serán reglamentados por un derecho tradicional que el Estado se limita a reconocer, sino por un derecho que el Estado establece” (“Del Derecho Natural a la Sociología”, Morata, Madrid, 1961, pág. 206).
Esto conlleva consecuencias negativas, dado que, de esa manera, la ley pretende hacerse fuente única y omnipotente del derecho y prolifera “en forma tan pluriforme como absorbente.  Lo peor es que muchos juristas empiezan a no saber moverse sin el texto legal; ante cualquier punto dudoso piden una reforma; para aplicar las leyes solicitan reglamentos y luego órdenes aclaratorias y circulares. Se ha perdido el hábito de razonar jurídicamente” (Vallet de Goytisolo, Juan: “La crisis del Derecho”, Reus, Madrid, 1946, pág. 13).
Pero no fue una obra revolucionaria respecto a muchos de sus contenidos.  Y aquí, dejamos la respuesta a uno de los redactores del Código, Jean Etienne Portalis, encargado por los otros miembros, Tronchet, Bigot de Preámeneau y Malleville, de su presentación.
La misma fue publicado entre nosotros con el título “Discurso Preliminar sobre el Proyecto de Código Civil presentado el primero de Pluvioso del año IX por la Comisión designada por el Gobierno Consular” (Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1959).
En dicha presentación, aparece ante todo una reflexión útil para los gobernantes de todo tiempo y lugar: “Las leyes no son meros actos de autoridad; son, sobre todo, actos de sabiduría, de justicia, de raciocinio” (pág. 21).
Luego, una afirmación de raíces evangélicas: “las leyes son hechas para los hombres y no los hombres para las leyes” (pág. 22).
En la España visigoda, ya señalaba San Isidoro de Sevilla, que la ley “debe ser ajustada al lugar y al tiempo”; encontramos aquí un eco de esto cuando se afirma que las leyes “deben adecuarse al carácter, a los usos, a la realidad humana del pueblo para el cual son dictadas” (pág. 22).
Esto es lo que hizo Vélez Sársfield, quien, según Héctor Lafaille, “tuvo el genio de la adaptación y el sentido de la realidad.  De ahí que su Código contenga lo más selecto de la doctrina y de las leyes de su época, ajustadas cuidadosamente a lo que era entonces el país” (“La Prensa”, 29 de junio de 1937).
Luego, Portalis nos da un buen consejo, en la línea de las ideas de Santo Tomás de Aquino, respecto a la cautela que debe observarse en la modificación de las leyes: “cuando se legisla es preciso ser sobrio en materia de novedades ya que… no es posible… conocer de antemano los inconvenientes que sólo la práctica habrá de evidenciar” (pág. 22).  Consejo que no ha sido tenido en cuenta por la presidente, ni por sus comisionados, en su Proyecto de reforma del Código Civil y Comercial.
Indica también un sano criterio para corregir los males de nuestro país, azotado a la vez por la anomia y la inflación legislativa, con la inseguridad consiguiente:
“No deben dictarse leyes inútiles ya que ellas debilitan la vigencia de las existentes y, en consecuencia, comprometen la certeza y majestad de la legislación positiva” (pág. 25).
En el Proyecto de Reforma presentado no queda espacio alguno para el derecho natural; otro era el pensamiento de Portalis, quien afirma que “la equidad es el retorno a la ley natural y a ella hay que acudir ante el silencio, la contradicción o la obscuridad de las leyes positivas” (pág. 42).
Entendemos que Portalis refuta en forma contundente a la admiradora vernácula de Napoleón, y que su análogo argentino llamado Lorenzetti, se le parece solamente en el blanco del ojo, para no agregar otro parecido físico poco académico: el Código napoleónico no fue lo revolucionario que nos cuenta el “relato”, contradiciendo una vez más la realidad.
 
VI. ACERCA DEL PROYECTO DE REFORMA VERNÁCULO
En otro lugar hemos sometido a nuestra evaluación y crítica el Proyecto de reforma del Código Civil y Comercial y el tema excede el marco de una declaración.  Pero no podemos dejar de señalar aquí, que el mismo es una herramienta poderosa para colaborar en la destrucción de esa empresa colectiva que se llama la Argentina.
La Reforma tiene aspectos positivos en el ámbito que podemos llamar técnico jurídico, con la incorporación de nuevas instituciones en los ámbitos civil y mercantil, que aparecen reconocidas y por lo general, bien reguladas.
Pero en lo atinente a aspectos sustanciales y permanentes de la organización social, comenzando por el reconocimiento de la industria y manipulación genética, por el trato dado al embrión producido en forma artificial reducido a un mero objeto, por la degradación del matrimonio, por las regulaciones del divorcio, del concubinato, de la adopción, de la familia, el Proyecto reniega de las exigencias de la ley natural y de la ley divina positiva, degrada a la persona, y si es aprobado, se seguirá favoreciendo y acentuando el proceso de pérdida de valores objetivos, degeneración en las costumbres y hasta en el lenguaje.
Hace muy poco, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ha destacado en esta materia, al inscribir a un niño como hijo de dos “padres” (¿?); criatura desarrollada en el vientre de una mujer de la India, que lo alquiló  a estos particulares progenitores.  La noticia aparece en una nota de media página del matutino “La Nación”, en la cual no aparece ninguna consideración ética, pero sí la imagen sonriente y respaldatoria de un importante referente del gobierno de la Ciudad.
Esta es una prueba contundente de lo que podemos esperar, en el orden moral, de los opositores políticos y de la prensa opositora, todos los que deseamos que se acabe esta noche oscura, sin luna, ni estrellas, y advenga un nuevo amanecer en nuestra sufrida Patria.

Bernardino Montejano, Presidente
Orlando Gallo, Secretario.
Fuente: Revista Cabildo.