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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

miércoles, marzo 04, 2020

4 DE MARZO DE 1948: LA ARGENTINA Y CHILE FIRMAN UN ACUERDO ANTARTICO, PARA LA PROTECCIÓN CONJUNTA DE LA SOBERANIA DEL TERRITORIO BLANCO.

4 DE MARZO DE 1948: LA ARGENTINA Y CHILE FIRMAN UN ACUERDO ANTARTICO, PARA LA PROTECCIÓN CONJUNTA DE LA SOBERANIA DEL TERRITORIO BLANCO.

La Argentina y Chile firman un acuerdo sobre la soberanía de la Antártida, por el que ambos países se comprometen a actuar de común acuerdo en defensa del territorio.
El 4 de marzo de 1948, la Argentina y Chile suscribieron en Santiago un acuerdo sobre la Antártida, “que ratifica la Declaración conjunta firmada en Buenos Aires, el 12 de julio de 1947”. El mismo texto fue ratificado por los presidentes Perón e Ibañez en Buenos Aires dentro del marco de los Acuerdos del llamado "ABC", tendientes a la integración regional:

-“Reunidos en Santiago, en el Ministerio de Relaciones Exteriores el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Argentina doctor Pascual La Rosa y el Ministro del ramo, don Germán Vergara Donoso, han convenido en dejar constancia en la presente declaración conjunta del resultado de las conversaciones que respecto de la Antártida Sudamericana, han celebrado de conformidad a lo acordado anteriormente por sus respectivos Gobiernos y a la Declaración del 12 de Julio de 1947./ Hasta tanto se pacte, mediante acuerdo amistoso, la línea de común vecindad en los territorios antárticos de la República Argentina y de Chile, en nombre de sus respectivos Gobiernos los señores La Rosa y Vergara Donoso, declara:
1º- Que ambos gobiernos actuarán de mutuo acuerdo en la protección y defensa jurídica de sus derechos en la Antártida Sudamericana, comprendida entre los meridianos 25º y 90º de longitud oeste de Greenwich en cuyos territorios se reconocen la República Argentina y Chile, indiscutibles derechos de soberanía.
2º- Que están de acuerdo en continuar su acción administrativa, de exploración, vigilancia y fomento de la región de fronteras no decididas de sus respectivas zonas antárticas, dentro de un espíritu de cooperación recíproca.
3º- Que a la mayor brevedad y, en todo caso, en el curso del presente año, proseguirán las negociaciones hasta llegar a la concertación de un tratado chileno argentino de demarcación de límites en la Antártida Sudamericana.
Hecho en Santiago, en doble ejemplar, a los cuatro días del mes de marzo de mil novecientos cuarenta y ocho.”
Firman: Gral Juan Domingo Peròn - Gral. Carlos Ibáñez del Campo.

martes, marzo 03, 2020

EL PERONISMO, LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO, EL CARNAVAL.

EL PERONISMO, LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO, EL CARNAVAL.

Por Facundo Cersósimo | Foto: Mariano Vega.
Durante la Edad Media y el Renacimiento el carnaval era el momento donde los sectores populares tenían permitido subvertir el orden social y religioso. Era el evento para violentar las normas establecidas y el decoro de una sociedad sumamente jerárquica y estamental. El historiador francés Georges Duby la describió como una sociedad de tres órdenes: los que luchaban (nobles), los que oraban (sacerdotes) y los que trabajaban (campesinos). Un orden donde existían obligaciones y privilegios rígidamente establecidos. Por eso el carnaval representaba una exclusión temporal del orden social. Los de abajo estaban habilitados a burlarse, a reírse, de los de arriba. Claro que era un desafío simbólico, permitido.
En las sociedades occidentales contemporáneas el carnaval perdió su sentido liberador. No porque las desigualdades sociales hayan desaparecido sino porque aparecen legitimadas con un mensaje meritocrático: no puede el que no quiere, no llega quien no se sacrifica. Claro que, a pesar del libre mercado, la democracia de masas y la universalización de los derechos individuales, también existen jerarquías y estamentos delimitados. Hay lugares exclusivos, objetos vedados, beneficios y privilegios para segmentos de personas.
En Argentina el peronismo ocupó el lugar abandonado por el carnaval. Vino a cuestionar el orden legitimado por una cultura dominante que, como tal, intentó penetrar capilarmente de arriba hacia abajo por todos los intersticios de la sociedad. A través de actitudes individuales y colectivas, símbolos y medidas de gobierno, puso en tensión las jerarquías, y la moral y buenas costumbres que todos debían reproducir. Como bien analizó el historiador británico Daniel James, la misma jornada que fijó el origen mítico del peronismo estuvo cubierta de una «atmósfera carnavalesca», con cantos populares, bailes, bombos y los trabajadores metiendo las patas en las fuentes de Plaza de Mayo.
En una escena de la película Viridiana del genial Luis Buñuel, un grupo de mendigos, los menesterosos del pueblo, que reciben la caridad de la novicia sobrina del hidalgo dueño de la propiedad, ingresan sin permiso a la casa principal y hacen uso de los objetos para ellos suntuarios: comen en vajilla de plata, beben en copas de cristal, fuman tabaco de calidad, escuchan música en un gramófono, observan obras de arte. Una escena que deriva en excesos, parodias y burlas al modo de vida aristocrático y al ritualismo católico que bien podría rememorar el carnaval medieval. Cuando el joven heredero, ahora dueño de la propiedad, regresa, contempla un escenario caótico: borrachos, destrozos, el mantel bordado manchado con vino. Sus ojos perciben desorden; los ojos de los excluidos, en cambio, acceden a un mundo desconocido, un mundo vedado, tan prohibido que los condujo a los excesos de lo nuevo, a un uso desmedido de esos bienes de consumo.
Al igual que el dueño de la hacienda, un sector de la sociedad se siente invadido por los de abajo y convencido de que el culpable de ello es el peronismo. Una mezcla de pánico e indignación que afecta no solamente al sector de mayores ingresos. Contra esos sentimientos es difícil actuar; la grieta es esa. Es un combo de sensaciones que describió el historiador Ezequiel Adamovsky en su libro Historia de la clase media argentina, pero que transmitió mejor que nadie el comunicado de la Sociedad Rural frente a la sanción del Estatuto del Peón Rural, en octubre de 1944: «Sembrará el germen del desorden social, al inculcar en gente de limitada cultura, aspiraciones irrealizables, las que en muchos casos pretenden colocar al jornalero sobre el mismo patrón».
Trastocar el orden del lugar de trabajo, más que nada en el interior de la fábrica con la consolidación de las comisiones internas, significó rozar el nervio más sensible del capitalismo. Aunque para los de arriba se trató, y se trata, de algo más. La bronca de creer que con sus impuestos se entregan bienes y servicios a personas que no se esfuerzan lo suficiente; las mismas personas que, por si fuera poco, transgreden las normas tradicionales de conducta. Sentir que el mundo conocido, donde todos tienen un lugar asignado, se desordena: una hija ilegítima y actriz como Evita entregando máquinas de coser, bicicletas y anteojos a los humildes mientras lucía el vestuario de las damas de la alta sociedad; Perón casándose con esa actriz y expropiando, desde una cancha de golf para construir un parque educativo infantil hasta el diario La Prensa para entregarlo a la CGT; Cristina Fernández, hija de padre colectivero, otorgando jubilaciones para las amas de casa, plata a las pibas que se embarazan y permitiendo el «matrimonio igualitario»; barrios de viviendas confortables para las familias trabajadoras (donde los antiperonistas en lugar de alegrarse por el ascenso social ajeno quisieron creer que el parquet se usaba para hacer asados); netbooks para estudiantes de escuelas públicas; una coya como Milagro Sala construyendo con presupuesto público un country para los pobres de Jujuy, parque acuático incluido; la gratuidad universitaria; un paseo que combina ocio con educación como Tecnópolis donde es gratis hasta el agua para el mate; los trabajadores saliendo de compras y veraneando en los hoteles sindicales; universidades en el Conurbano… Ni el «turco» Menem llegó a ser aceptado por completo, por riojano, por sus excentricidades, por su «mal gusto».
Lo que irrita, entonces, no es la falta de consensos, un punto más o menos de retenciones, el funcionamiento del Congreso, la independencia de la Justicia ni la fórmula de la movilidad jubilatoria. Irrita la disolución de las fronteras materiales y simbólicas, que no se respete el decoro propio de la subjetividad dominante, que se derrumbe la muralla que delimita el adentro y el afuera, que el Estado observe de manera invertida el mapa de las necesidades sociales, como ese fantástico dibujo de Latinoamérica del uruguayo Joaquín Torres-García.
Acerca del peronismo puede discutirse todo, pero ¿existe otra fuerza política con la capacidad para cuestionar las fibras más sensibles del sentido común imperante? ¿Que habilite a los de abajo el acceso a bienes y lugares vedados?
En los diez años que llevo dando clases de Historia Argentina en un instituto terciario de Laferrere, es inevitable que al recorrer las unidades del primer peronismo, hasta el curso menos propenso a participar comience a narrar las vivencias de sus abuelos, padres, tíos o vecinos. No importa aquí su veracidad, los historiadores sabemos cómo opera el paso del tiempo sobre la memoria y la transmisión oral, sí llama la atención que al momento de traerlos al presente esos recuerdos siempre están asociados a etapas felices de sus historias familiares.
Es motivo de asombro e indagación, entonces, por qué a 75 años de su irrupción el peronismo aún conserva esa capacidad para transmitir una memoria histórica, para capturar retazos de la cultura popular y transformarlos en acciones contestatarias, para mixturar lo nuevo y lo viejo (Ofelia Fernández con Gildo Insfrán), para incorporar demandas sociales hijas del siglo XXI a los reclamos originados en la segunda posguerra, para interpelar a miles de pibes y pibas con su pañuelo verde, para promover a un economista investigador del Conicet como gobernador bonaerense, ser una herramienta de poder de gran efectividad; en síntesis, la capacidad de continuar irritando a los de arriba.
Una capacidad que otras fuerzas políticas de Argentina y de la región, con discursos ciertamente más radicalizados, jamás mostraron o no sostuvieron en el tiempo. La recuperación de los reflejos más plebeyos del peronismo por parte de Néstor y Cristina posiblemente brinden tan sólo una parte de la respuesta, pero los procesos históricos exceden las voluntades individuales.
Ante un capitalismo global regido por el egoísmo, la exclusión, las desigualdades de todo tipo, la estigmatización del diferente y por la depredación de la naturaleza, es necesario repensar otro modelo de sociedad donde el amor, la igualdad y la fraternidad sean el puente de las relaciones humanas. Para eso hay que trastornar el orden dominante, y en Argentina esa potencialidad sólo está contenida en el peronismo. Es cuestión de liberarla.

MAURICIO MACRI Y JUÁREZ CELMAN.

MAURICIO MACRI Y JUÁREZ CELMAN.

El ex presidente en el llano: baile y timba financiera
Por José Pablo Feinmann.
La figura poselectoral del ex presidente Mauricio Macri es penosa, irritante o, digamos, patética. Se trata de un personaje indescifrable. Es cierto que tuvimos presidentes campeones en eso de provocar vergüenza ajena. Galtieri (presidente de facto) era un fanfarrón prepotente. Menem se transformó de un modo asombroso. Pretendía ser un caudillo federal heredero de la cabellera de Juan Facundo Quiroga (eso que Sarmiento llamó “un bosque de pelo”) y pasó a ser un neoliberal muñecoide, adicto a los deportes y los estruendos de la farándula. Que privatizó todo lo que pudo y con esa privatización vendió el país a precios miserables que se guardaron él y toda la pandilla que lo acompañó. Se cansó, sin embargo, de ganar elecciones. Algo tiene que ver este pueblo con las nefastas figuras que lo gobiernan. De la Rúa decretó un estado de sitio beligerante y se fue dejando más de treinta muertos a lo ancho y largo del país. Era un político radical, centrista de toda la vida que, ni bien se calzó la banda presidencial, empezó a transformarse en un neoliberal rodeado de hijos ávidos y pidiendo blindajes a la banca financiera mundial, miles de millones que no blindaron nada y abultaron los bolsillos de sus amigos y familiares. Pero acaso Macri haya ido más allá. No vamos a insistir con la narración de los desdichados actos de su desdichado gobierno. Nos inquietan las cosas que hace ahora en el llano. Es cierto que él y los suyos no se sintieron tan, tan derrotados en las elecciones de octubre. Ese 40,8% (41% dicen ellos muy desafiantes) es una ofrenda que gran parte de nuestro pueblo les entregó para que siguieran estorbando, metiendo palos en la rueda cautelosa del nuevo gobierno. Cautelosa, decimos de esa rueda, porque tal vez no tiene más remedio que serlo. El 40,8% es parte importante de la herencia infausta que recibió el presidente Alberto F. Y alimenta el coraje aguerrido y belicoso de la oposición que comanda un ser hecho para la confrontación y no para el acuerdo solidario. Haber dejado a Patricia Bullrich como presidenta del PRO es una incitación al conflicto brutal, antidemocrático. Cuando lo hicieron ya sabían qué tipo de oposición harían. Una oposición salvaje, de choque, impiadosa. Pero Macri parece estar como ausente. Se lo vio en un video acusando a sus asesores de haberlo aconsejado mal. “Yo conozco a los mercados”, dijo. “Cuando no se les paga no prestan más”. Pero (insistía en decir) él había advertido a sus adláteres. “Así nos vamos a la mierda”. (A este campeón del antipopulismo le gusta usar el lenguaje áspero del tablón futbolero.)
Ahora se lo ve saliendo de una fiesta en Punta del Este. Lamenta algo: hace diez años que no venía a una. La tarea del presidente obliteró al pibe farrista de los noventa. Pero ha regresado a Punta. Se lo ve algo agitado. El periodista le pregunta si bailó mucho. El ex presidente contesta: “Yo soy un gran bailarín”. Caramba, Macri. ¿Cree que a alguien le importa que sea un gran bailarín? Si hasta la sra. Lagarde (usted se lo reprochó) omitió decirlo. Y eso que era desmedidamente generosa con usted. Le dio tantos dólares que usted mismo se asombró. A propósito: ¿a dónde fueron? A la timba financiera de sus amigos y hacia paraísos fiscales. A nosotros (por decirlo claro) no nos importa si usted baila bien o mal. Habríamos preferido que fuera un buen presidente. Ud. fue, no sólo el peor presidente de la democracia, sino uno de los peores de nuestra historia. Sólo los blindados del aberrante genocidio lo superaron. Pero después de esa etapa macabra hay que remontarse a Miguel Juárez Celman para encontrar algo tan deleznable. ¿Sabe quién fue Juárez Celman? No, nunca jugó en Boca Juniors. Gobernó el país entre 1886 y 1890. Llegó apadrinado por Roca, que luego se avergonzaría de él arrojándole crueles aunque sin duda merecidos epítetos. Impuso algo que se llamó Unicato. Que consistía en centrar todos los poderes en manos del presidente de la República. Promovió la inmigración porque el elemento nativo del país le repugnaba. Pidió desmedidos préstamos externos. Convirtió al país en una timba financiera. La bolsa de Buenos Aires convocaba todos los afanes de la gente acomodada y de los sectores medios (aunque mucho menos) también. El escritor Julián Martel escribe una novela a la que titula La Bolsa, llena de pasajes antisemitas. Surge la Unión Cívica, en la que hasta Mitre milita. Pero su gran figura es Leandro N. Alem. Saben que jamás ganarán por la vía electoral, ya que Juárez Celman sólo tolerará elecciones fraudulentas. Entonces (¡esos eran radicales!) los de la Unión Cívica hacen una revolución. Usted, Macri, nunca tuvo que preocuparse por eso. No tuvo un Leandro Alem sino a unos radicales dóciles, obsecuentes que le votaron las leyes y hoy lo siguen en la feroz oposición (que ya linda con lo destituyente) que le hacen al gobierno de Alberto Fernández. La revolución del 90 (llamada la revolución del Parque) fracasa militarmente, pero en el plano político el Unicato ha muerto. Juárez Celman, exigido por Roca y Pellegrini que lo abominaban, renuncia y se va. Deja una Argentina endeudada y sometida por completo al capital británico. El país es tierra arrasada. Lo mismo que con usted. Bailaba en los grandes salones y muy bien. Tenía un aspecto de gran aristócrata y así se sentía: un hombre intocable, superior, destinado a sostener las jerarquías. Dejó la peor memoria que un presidente puede dejar. Lo sucede Carlos Pellegrini y los radicales se preparan para el alzamiento de 1905 contra Quintana. Ahora se preparan para seguirlo a usted, para oponerse tercamente al gobierno de Fernández, para no tocar la justicia corrupta de las espías y los arrepentidos, la del lawfare. Para mantenerles esas descomedidas jubilaciones de privilegio que ofenden a nuestra gente. Y Ud. sigue adelante. En su mejor estilo, bailando en Punta del Este, festejando vaya uno a saber qué y gambeteando a lo Tévez (gran amigo suyo y de sus negocios) la mano corta, escasa de la justicia que lo cuida. Habrá que ver hasta cuándo. Porque en Comodoro Py y en Jujuy hay muchas cosas que arreglar. Alberto F. lo sabe y seguramente lo hará.

lunes, marzo 02, 2020

Muere Ernesto Cardenal, el "poeta, sacerdote y revolucionario" símbolo de la poesía y la rebeldía de Nicaragua

Muere Ernesto Cardenal, el "poeta, sacerdote y revolucionario" símbolo de la poesía y la rebeldía de Nicaragua.

La poesía ya había hecho de Ernesto Cardenal una figura de renombre internacional cuando una fotografía cimentó el estatus icónico del sacerdote nicaragüense, que falleció en Managua este domingo a los 95 años.
En la imagen se lo ve con su inconfundible barba y cotona blancas, arrodillado ante el papa Juan Pablo II y esbozando una leve sonrisa, su eterna boina negra reposando humildemente en una de sus rodillas.
El papa, con gesto adusto y un dedo acusador, lo amonesta públicamente frente a sus colegas del gobierno de Nicaragua, congregados ese 4 de marzo de 1983 en el aeropuerto de Managua para recibir al pontífice.
"Usted debe regularizar su situación", fue el regaño público de Juan Pablo II durante su primera visita a tierras centroamericanas.
"Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición. Mientras, enfocaban todas las cámaras del mundo", contaría luego el poeta y sacerdote en su autobiografía.

domingo, marzo 01, 2020

Nació (1998) valía 5 dólares. La época en que se compraba casi "todo por 2 pesos". Lo sacan de circulación con un valor equivalente a 0,06 dólares.

Visto en Face...

La Argentina despoblada e indefensa POR JORGE P. MONES RUIZ.

Claves del pensamiento nacional.

La Argentina despoblada e indefensa.

Luis Lacalle Pou, un presidente con arraigo porteño POR ROBERTO L. ELISSALDE.

Hoy asumirá la presidencia de la República Oriental del Uruguay el doctor Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou, un presidente con arraigo rioplatense desde el siglo XIX, .
Por su familia paterna desciende del gaditano Antonio José de Herrera, hijo de Luis Herrera Falcón y de Francisca Caballero Grande, nacido un 4 de mayo de 1731, que a los 17 años cuando embarcó rumbo a Buenos Aires en el navío “El Gran Poder de Dios” (alias)“El Amsterdam” propiedad de Fernando Sánchez de Madrid y Moreno de Mendoza, marqués de Casa Madrid. La nave de construcción holandesa tenía “henchimientos de madera”, atajadizos, puestos “con artificioso disimulo y natural imitación”, para el negocio del contrabando modificaciones que había hecho el propietario. 
Vicente Osvaldo Cutolo sostiene que Herrera venía acompañando a este personaje, lo cierto es que lo introdujo con el gobernador don José Andonaegui quien lo nombró en la administración de los Reales Derechos de Alcabala, esta consistía en un tributo que el vendedor pagaba al fisco en una compraventa, y ambos contratantes en una permuta. En trabajo tan delicado mostró su eficiencia y a los dos años pasó a la Escribanía de la Real Hacienda. 
El 8 de abril de 1758 Antonio de Herrera casó en la iglesia de la Merced con la porteña María Isabel Izaguirre, porteña de 20 años, hija legítima de don Roque de Izaguirre y de doña Josefa Xibaja, actuando como testigos el vizcaíno don José de Lezica y su mujer doña Elena de Alquiza. Doña Josefa Xibaja descendía pero además se hallaba emparentada a antiguas familias porteñas, de Córdoba y d Tucumán que se remontaban a las fundadores siglo XVI. El testigo da una prueba acabada del prestigio social de los contrayentes, alcalde ordinario, alférez real, llegó a ser uno de los vecinos más acaudalados de la ciudad de Buenos Aires desde mediados del siglo XVIII, reconocido como benefactor del convento de Santo Domingo también es conocido por haber elevado a Luján al rango de Villa y por ser benefactor del primer templo, hoy demolido, donde se levanta la actual Basílica.
El matrimonio procreó 9 hijos, uno de ellos Luis Fabián nació el 20 de enero de 1763, y no de febrero como se consigna en alguna página, y bautizado el 24 de enero en la iglesia de la Merced por el canónigo Francisco Antonio de Goicoechea, siendo su padrino don Pedro Moreno Dávila. Recibió una educación conforme a la posición social de la familia. El virrey Arredondo lo nombró oficial de la superintendencia del Virreinato. 
El 4 de setiembre de 1793, con autorización del provisor del obispado y de don Vicente Arroto, párroco de la iglesia de la Merced el clérigo don Antonio de Herrera, presidió el matrimonio de Luis Fabián de Herrera con Gervasia Josefa de Basavilbaso y Ross de 24 años, hija legítima de don Francisco Antonio de Basavilbaso y de doña María Aurelia Ross, quienes fueron testigos de la boda. Este clérigo es el padre del novio que había adquirido el estado clerical después de enviudar.
Luis con experiencia administrativa fue trasladado como contador a la Real Aduana de Montevideo y adhirió a la Revolución de Mayo, por lo que fue expulsado en 1811 de esa ciudad. Pasó al ejército sitiador donde sirvió en la comisaría del mismo, y luego a Buenos Aires, donde sirvió finalmente como Contador Mayor del Tribunal de Cuentas, en cuyo empleo falleció en 1813.
El matrimonio de don Luis y doña Gervasia procreó ocho hijos, la mayor Cipriana Justina Mercedes Josefa María de los Dolores Herrera, que casó con el oriental Francisco Joaquín Muñoz, de quien descienden al presente entre otros el embajador José María Cantilo, Magdalena Ruiz Guiñazú y el colaborador de LA PRENSA Juan Luis Gallardo entre otros; Concepción, María Ignacia, Rosa María que casó con el general Carlos Federico Lecor barón de Laguna y gobernador de Montevideo; Pastora María Josefa; Josefa Justa que casó con Laureano Anaya; Luis Rufino y Mercedes Herrera Basavilbaso.
Luis Rufino nació en Montevideo el 25 de noviembre de 1806, cuando la ciudad se encontraba en espera de un ataque a raíz del desembarco de las tropas británicas en Maldonado y San Carlos, donde había sido muerto el marino Agustín de Abreu uno de los defensores de la última ciudad. De joven fue militar y actuó en Ituzaingó, pasó en Europa la Guerra Grande y fue ministro de guerra del presidente Berro en 1863, falleció en Buenos Aires en 1869. Había casado en Montevideo el 8 de julio de 1829 con Inés Pérez Muñoz de la cual tuvieron cuatro hijos. 
El mayor de ellos Juan José de Herrera, fue el fundador del Partido Nacional, y de su matrimonio con Manuela Quevedo y Antuñana nació Luis Alberto de Herrera periodista, político e historiador, líder por más de 50 años de ese partido, casó con Margarita Uruarte Olascoaga. De ese matrimonio nació María Hortensia Herrera a quien pudimos conocer cuando se inauguró el monumento a su padre en Buenos Aires, llegó a los 98 años, casó con Carlos Pedro Lacalle y fueron los padres de Luis Alberto de Lacalle Herrera, abogado, político, presidente del Uruguay entre 1990 y 1995. Del matrimonio con Julia Pou nacieron tres hijos, entre ellos Luis Alberto un nombre que se ha repetido en muchas generaciones familiares y que la Corte Electoral ha confirmado como presidente electo de la República Oriental del Uruguay, cuyo mandato comenzará el 1º de marzo.
Así recorrimos las seis generaciones desde aquella que fundara en Buenos Aires don Antonio de Herrera, para llegar al presente. Mucho más nos queda por comentar de esta familia y sus vinculaciones y parentescos, como nos dijo el historiador uruguayo Bolívar Baliñas, que son “parte indisoluble de la gran historia rioplatense” lo que dejamos para otro momento.
Publicado en Diario "La Prensa", 29 de febrero de 2020.