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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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viernes, diciembre 17, 2021

Murió el reconocido filósofo José Pablo Feinmann. Falleció a los 78 años luego de sufrir las secuelas de un ACV.

A los 78 años, murió José Pablo Feinmann, reconocido filósofo y escritor. En 2016 sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que deterioró su salud.

Nació el 29 de marzo de 1943 y se recibió en la UBA donde ejerció como profesor de Filosofía. En 1979 publicó su primera novela, Últimos días de la víctima que fue llevada al cine en 1982 por Adolfo Aristarain.

Su segunda novela, Ni el tiro del final, fue adaptada por Juan José Campanella y se rodó en Nueva York. Feinmann escribió 14 guiones de películas y ganó dos veces el premio que otorga la Asociación de Críticos Cinematográficos de la Argentina

También se destacó por escribir columnas en la Revista Humor y en Página 12. Estuvo al frente de distintos proyectos en televisión como El cine por asaltoCine contexto Filosofía aquí y ahora.

ue militante de la Juventud Peronista en los años ’70. Fue crítico del gobierno de Carlos Menem y trabajó como asesor de Néstor Kirchner. En 2011 publicó un ensayo sobre el expresidente titulado El Flaco.

El ACV que sufrió en 2016 lo dejó más de dos meses internado. Debió realizar una rehabilitación especial para recuperar la movilidad en sus piernas.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO".

miércoles, abril 15, 2020

A 40 años de su muerte, el legado intelectual de Jean-Paul Sartre El autor de "El ser y la nada" y "La náusea" murió el 15 de abril de 1980 a los 74 años.

El legado intelectual de Jean-Paul Sartre.

A 40 años de la muerte del pensador francés filósofos argentinos analizan su impacto en la historia de la filosofía, el de sus ideas y si sus libros y premisas han quedado fuera del discurso académico actual.

El 15 de abril de 1980, a los 74 años, luego de medio siglo de pensamiento infatigable, de escribir obras filosóficas y literarias, de fundar medios, de haber participado y hasta protagonizado las revueltas intelectuales y políticas más importantes del siglo XX y de haber obtenido y rechazado el Premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre se despedía de este mundo: cinco días después su cuerpo fue acompañado al cementerio parisino de Montparnasse por más de 20.000 personas.
Sartre estudió filosofía en París durante la década del 20, en la Escuela Normal Superior; allí conoció a Simone de Beauvoir, su pareja de toda la vida, con quien estableció una dupla intelectual y amorosa sin igual.
Luego de participar como meteorólogo en la Segunda Guerra mundial y caer prisionero de los nazis, en 1943 publicaría su libro de filosofía más importante: “El ser y la nada”.

Desde entonces se convertiría en una de las figuras intelectuales más célebres del mundo: pensó y se solidarizó con las revoluciones de la juventud, del tercer mundo y con las luchas anticolonialistas; escribió obras filosóficas (“Crítica de la razón dialéctica”), teatrales (“Las moscas”, “A puerta cerrada”), novelas (“La náusea”), cuentos (“El muro”), ensayos (la serie “Situaciones”) y crítica literaria (“El idiota de la familia”); y en 1964 obtuvo y rechazó el Premio Nobel de Literatura.
Sus ideas (“El ser humano está condenado a ser libre”; “El infierno es el Otro”) le sobreviven como eslóganes de una particular pregnancia; en las décadas del 50 y 60, en el mundo pero también en la Argentina, Sartre era leído y discutido hasta en los bares, y fue elevado a la categoría de héroe intelectual por la generación beat en los Estados Unidos y por la llamada “generación del 60” en nuestro país.
Para Mariana Gardella Hueso, doctora en Filosofía e investigadora del Conicet, “en la historia de la filosofía hay un antes y un después de Sartre.
Luego de la publicación de ‘El ser y la nada’ todo cambió. Esta obra es el acta de nacimiento del existencialismo francés, un movimiento filosófico que, en el contexto de la Segunda Guerra mundial, propuso una nueva forma de pensar nuestro lugar en el mundo y el alcance de nuestras acciones”.

Gardella Hueso explica a Télam que “el principio básico del existencialismo se resume en la conocida afirmación sartreana ‘la existencia precede a la esencia’. Esto quiere decir que lo que somos no está determinado por ninguna forma fija o naturaleza esencial, sino por nuestra existencia concreta. Cada persona empieza por no ser nada. Se encuentra arrojada en el mundo y tiene la responsabilidad de proyectarse, de hacerse, de auto-determinarse a través de la acción”.
“El existencialismo es una teoría vital que concede un lugar privilegiado a la noción de libertad. Sobre esta noción se funda una nueva ética que nos permite construir quiénes somos ante la mirada de otros que deben emprender la misma tarea: construir quiénes son. El mayor regalo que nos ha hecho Sartre fue habernos devuelto la responsabilidad por nuestra existencia”, agrega Gardella Hueso.
Y concluye: “Desde entonces no hay nada ni nadie a quien podamos echarle la culpa de lo que somos. No hay dioses, mundo de esencias fijas, ni mandatos que nos determinen. Somos ante todo proyecto y tenemos la difícil tarea de decidir qué queremos ser y hacer. Ese es el valor y el costo de la libertad”.
El filósofo y docente Tomás Abraham es uno de los pensadores que más ha estudiado el legado de Sartre. Y cree que en la actualidad su obra “no ocupa un rol central para la filosofía”. Aunque, agrega, “los nombres que hoy circulan por los medios y venden libros al estilo de vida líquida, sociedad del cansancio, homo sapiens o neocomunismos son enanos al lado del gigante, de aquel gigante de un metro y medio”.
¿Se lee y enseña a Sartre en las universidades? ¿Tiene algún peso en el discurso académico actual?

Abraham asegura que no: “No se lo lee en las universidades porque no es parte de los modismos de hoy, aunque sí lo es su compañera Simone de Beauvoir, por su libro ‘El segundo sexo’. Lo curioso es que el feminismo que la rescata no se detiene en el hecho de que ella en gran parte de su obra se dedicó a divulgar las tesis de su marido sin libreta”.
Sobre el legado sartreano, Abraham cree que su obra fundamental es “El ser y la nada”: “Se trata de un libro de filosofía que combina talento literario con una imaginación teórica aplicada a elaborar un nuevo concepto de libertad”.

Y destaca “sus obras de teatro, algunas de las cuales tiene una particular intensidad, sus ideas sobre la literatura, desde su crítica a la poética surrealista, al romanticismo y sus variantes. Además de cómo, en la última parte de su vida, ciego y sin posibilidades de escribir, llevó a cabo una extraordinaria epopeya para desdecirse de todo lo que hizo y recomenzar de nuevo”.

El ensayista y filósofo Luis Diego Fernández afirma que “la filosofía francesa del siglo XX se puede dividir en dos cabezas pensantes: Sartre en la primera mitad y Foucault en la segunda”. Y cree que por eso mismo “su lugar es incuestionable”.
Aunque aporta algunas ideas que explican, según su opinión, el descrédito en el que en ciertos círculos pueden haber caído su obra y su figura: “El tiempo colocó a Sartre como una figura demasiado hija de su tiempo, y su obsolescencia se hizo evidente”.
Sabe que su recepción en la Argentina fue enorme y diversa: “Desde Juan José Sebreli a Tomás Abraham, pasando por José Pablo Feinmann, hubo filósofos ideológicamente opuestos que lo han tomado como referencia”.
"En las últimas dos décadas su pensamiento ha desaparecido, quizá producto de una concepción antropológica anticuada y de un modelo voltaireano que concibe al intelectual como portavoz de verdades universales que hoy resulta entre naif y absurdo, así como pretencioso y narcisista. En tiempos donde la subjetividad es plástica, el modelo sartreano quedó a años luz, al igual que su construcción del rol de un intelectual”, concluye Fernández.
Publicado en Télam, 15/04/2020.

martes, marzo 03, 2020

MAURICIO MACRI Y JUÁREZ CELMAN.

MAURICIO MACRI Y JUÁREZ CELMAN.

El ex presidente en el llano: baile y timba financiera
Por José Pablo Feinmann.
La figura poselectoral del ex presidente Mauricio Macri es penosa, irritante o, digamos, patética. Se trata de un personaje indescifrable. Es cierto que tuvimos presidentes campeones en eso de provocar vergüenza ajena. Galtieri (presidente de facto) era un fanfarrón prepotente. Menem se transformó de un modo asombroso. Pretendía ser un caudillo federal heredero de la cabellera de Juan Facundo Quiroga (eso que Sarmiento llamó “un bosque de pelo”) y pasó a ser un neoliberal muñecoide, adicto a los deportes y los estruendos de la farándula. Que privatizó todo lo que pudo y con esa privatización vendió el país a precios miserables que se guardaron él y toda la pandilla que lo acompañó. Se cansó, sin embargo, de ganar elecciones. Algo tiene que ver este pueblo con las nefastas figuras que lo gobiernan. De la Rúa decretó un estado de sitio beligerante y se fue dejando más de treinta muertos a lo ancho y largo del país. Era un político radical, centrista de toda la vida que, ni bien se calzó la banda presidencial, empezó a transformarse en un neoliberal rodeado de hijos ávidos y pidiendo blindajes a la banca financiera mundial, miles de millones que no blindaron nada y abultaron los bolsillos de sus amigos y familiares. Pero acaso Macri haya ido más allá. No vamos a insistir con la narración de los desdichados actos de su desdichado gobierno. Nos inquietan las cosas que hace ahora en el llano. Es cierto que él y los suyos no se sintieron tan, tan derrotados en las elecciones de octubre. Ese 40,8% (41% dicen ellos muy desafiantes) es una ofrenda que gran parte de nuestro pueblo les entregó para que siguieran estorbando, metiendo palos en la rueda cautelosa del nuevo gobierno. Cautelosa, decimos de esa rueda, porque tal vez no tiene más remedio que serlo. El 40,8% es parte importante de la herencia infausta que recibió el presidente Alberto F. Y alimenta el coraje aguerrido y belicoso de la oposición que comanda un ser hecho para la confrontación y no para el acuerdo solidario. Haber dejado a Patricia Bullrich como presidenta del PRO es una incitación al conflicto brutal, antidemocrático. Cuando lo hicieron ya sabían qué tipo de oposición harían. Una oposición salvaje, de choque, impiadosa. Pero Macri parece estar como ausente. Se lo vio en un video acusando a sus asesores de haberlo aconsejado mal. “Yo conozco a los mercados”, dijo. “Cuando no se les paga no prestan más”. Pero (insistía en decir) él había advertido a sus adláteres. “Así nos vamos a la mierda”. (A este campeón del antipopulismo le gusta usar el lenguaje áspero del tablón futbolero.)
Ahora se lo ve saliendo de una fiesta en Punta del Este. Lamenta algo: hace diez años que no venía a una. La tarea del presidente obliteró al pibe farrista de los noventa. Pero ha regresado a Punta. Se lo ve algo agitado. El periodista le pregunta si bailó mucho. El ex presidente contesta: “Yo soy un gran bailarín”. Caramba, Macri. ¿Cree que a alguien le importa que sea un gran bailarín? Si hasta la sra. Lagarde (usted se lo reprochó) omitió decirlo. Y eso que era desmedidamente generosa con usted. Le dio tantos dólares que usted mismo se asombró. A propósito: ¿a dónde fueron? A la timba financiera de sus amigos y hacia paraísos fiscales. A nosotros (por decirlo claro) no nos importa si usted baila bien o mal. Habríamos preferido que fuera un buen presidente. Ud. fue, no sólo el peor presidente de la democracia, sino uno de los peores de nuestra historia. Sólo los blindados del aberrante genocidio lo superaron. Pero después de esa etapa macabra hay que remontarse a Miguel Juárez Celman para encontrar algo tan deleznable. ¿Sabe quién fue Juárez Celman? No, nunca jugó en Boca Juniors. Gobernó el país entre 1886 y 1890. Llegó apadrinado por Roca, que luego se avergonzaría de él arrojándole crueles aunque sin duda merecidos epítetos. Impuso algo que se llamó Unicato. Que consistía en centrar todos los poderes en manos del presidente de la República. Promovió la inmigración porque el elemento nativo del país le repugnaba. Pidió desmedidos préstamos externos. Convirtió al país en una timba financiera. La bolsa de Buenos Aires convocaba todos los afanes de la gente acomodada y de los sectores medios (aunque mucho menos) también. El escritor Julián Martel escribe una novela a la que titula La Bolsa, llena de pasajes antisemitas. Surge la Unión Cívica, en la que hasta Mitre milita. Pero su gran figura es Leandro N. Alem. Saben que jamás ganarán por la vía electoral, ya que Juárez Celman sólo tolerará elecciones fraudulentas. Entonces (¡esos eran radicales!) los de la Unión Cívica hacen una revolución. Usted, Macri, nunca tuvo que preocuparse por eso. No tuvo un Leandro Alem sino a unos radicales dóciles, obsecuentes que le votaron las leyes y hoy lo siguen en la feroz oposición (que ya linda con lo destituyente) que le hacen al gobierno de Alberto Fernández. La revolución del 90 (llamada la revolución del Parque) fracasa militarmente, pero en el plano político el Unicato ha muerto. Juárez Celman, exigido por Roca y Pellegrini que lo abominaban, renuncia y se va. Deja una Argentina endeudada y sometida por completo al capital británico. El país es tierra arrasada. Lo mismo que con usted. Bailaba en los grandes salones y muy bien. Tenía un aspecto de gran aristócrata y así se sentía: un hombre intocable, superior, destinado a sostener las jerarquías. Dejó la peor memoria que un presidente puede dejar. Lo sucede Carlos Pellegrini y los radicales se preparan para el alzamiento de 1905 contra Quintana. Ahora se preparan para seguirlo a usted, para oponerse tercamente al gobierno de Fernández, para no tocar la justicia corrupta de las espías y los arrepentidos, la del lawfare. Para mantenerles esas descomedidas jubilaciones de privilegio que ofenden a nuestra gente. Y Ud. sigue adelante. En su mejor estilo, bailando en Punta del Este, festejando vaya uno a saber qué y gambeteando a lo Tévez (gran amigo suyo y de sus negocios) la mano corta, escasa de la justicia que lo cuida. Habrá que ver hasta cuándo. Porque en Comodoro Py y en Jujuy hay muchas cosas que arreglar. Alberto F. lo sabe y seguramente lo hará.

domingo, abril 20, 2014

Linchamientos en la literatura argentina por José Pablo Feinmann.

José Pablo Feinmann.
Como la literatura, en sus orígenes, la escriben los cultos, las víctimas son ellos. Ningún culto, en el siglo XIX, escribirá el sacrificio de un pobre, de un bárbaro, ya que los cultos no son de linchar. Los cultos vienen a traer al país lo contrario de esa práctica deleznable. Los cultos tienen su espacio en la ciudad y la ciudad es el esprit de finesse, el lugar de los buenos modales, de la vida civilizada. El unitario de “El Matadero” se da de boca con su tragedia porque, precisamente, ha equivocado su camino. Tenía que ir a la ciudad, ese lugar al que él pertenece, en que es respetado, en que nada puede pasarle, y equivoca sus pasos. La historia de Echeverría es la historia de un extravío, pero no de los habituales sentidos con que esta palabra se usa. Se sabe que un extraviado puede ser un loco. Para no abundar en ejemplos, digamos: un hombre que ha perdido el camino de la razón. Así le sucede al unitario. Si bien, en una primera lectura, su extravío es territorial: equivoca su camino y termina en los parajes del matadero y no en los de la ciudad, en ese mismo extravío sale de la razón y entra en la barbarie.
Echeverría narra con mucho detalle el padecimiento del joven, la humillación a la que es sometido, su orgullo que nunca cede, la alegría de la “chusma”, la sangre que se derrama en ese matadero que no sólo es de bestias sino de seres humanos también, con algún propósito. Queda claro luego de leer el cuento que la “barbarie rosina” es ajena a la conciencia moral civilizada. Una de las preguntas que deja pendiente este cuento (que es muy bueno y cumple con todos sus objetivos sin escapar de la literatura) es qué se hará con esta gente el día que triunfen los que son lo Otro de ellos. Porque, en el planteo echeverriano, no hay alternativas, ni conciliación posibles. Ese antagonismo feroz no es dialéctico. Como no es dialéctica la contradicción civilización-barbarie, no hay una superación. No existe el aufheben (superar-conservando) hegeliano que permitiría llegar a una síntesis superior conciliadora que contuviera a los dos elementos antagónicos superándolos. Todo está pensado en términos de guerra. ¿Cómo contener, encauzar todo este odio? El bárbaro es el Otro absoluto del unitario. El unitario es el Otro absoluto del bárbaro. Así seguimos aún. Los que toman-un-café-en-Tolón son el Otro absoluto del que delinque o del sospechoso de hacerlo y siempre del que tiene “cara de chorro”. Hoy se mata por la cara. Se odia la cara morocha del llamado “negro de mierda”. Este personaje, que encarna la “negritud”, es el Otro de los ciudadanos de Tolón.
La semilla que plantó Echeverría sigue viva. No lo vamos a culpar, a enviar al infierno de los culpables de nuestra historia, nada de eso. El tenía sus motivos. Seguramente el episodio que narró es cierto. Pudo ocurrir en muchos ámbitos de la Confederación de Don Juan Manuel. No perdamos tiempo: matar, mataron todos. Tampoco vamos a entrar en estadísticas. Aunque nadie ignora quién ganó la guerra civil y (también se sabe) una guerra la gana el que más gente le mata al enemigo. Y el que menos consideraciones humanitarias tiene con él. De aquí que los revisionistas que siempre han exaltado la honorabilidad de Angel Vicente Peñaloza cuando, en el Tratado de las Banderitas, devuelve sus prisioneros con vida y pide los suyos a los porteños, quienes no los tienen porque los pasaron por las armas, deberán comprender por qué los porteños ganaron la guerra. Porque no tenían consideraciones de humanidad. El honorable Chacho era un hombre bueno. Pero los hombres buenos no sirven –en general y casi siempre– para la guerra.
Cuando Chacho les dice a los hombres de Mitre, ¿no éramos nosotros los bárbaros? ¿No eran ustedes los civilizados? ¿Dónde están entonces nuestros prisioneros? ¿Es posible imaginar que los han matado? Sí, los mataron a todos. Porque los hombres de Mitre representan un capitalismo neocolonial que hará un país terriblemente injusto y subalterno. Pero Angel Vicente Peñaloza representa un orden aún campesino, aún agrario y precapitalista. El filósofo agrario Martin Heidegger elegiría a Peñaloza, en caso de poder acercársele, olerlo. Diría que es el enemigo de esa modernidad que olvidó al ser y se entregó a la conquista de lo ente. Diría que el Chacho es la tierra, que no busca arrasarla, tecnificarla. Que no es hijo de la técnica, sino que, naturalmente, sólo por su condición de campesino, está más abierto al ser. Karl Marx diría que todas esas son pavadas reaccionarias. Que el progreso es el avance del capitalismo. Y ese progreso, con todas sus atrocidades, lo representa, en la Argentina, Mitre y Buenos Aires; así como en México Estados Unidos, potencia capitalista, representa el progreso ante los hombres de Santa Ana, pues EE.UU. penetrará en esas tierras con todo su vigor histórico, acabará con el feudalismo y surgirá de esa dialéctica espléndida el proletariado y su revolución liberacionista, la sociedad sin clases.
Los textos que siguen salen siempre de plumas cultas. La refalosa, de Hilario Ascasubi, poeta unitario, feroz enemigo de Rosas, es desagradable y exagerado. La exageración de estos textos es temible porque implica una advertencia: esto que Uds. hoy nos hacen a nosotros mañana se lo haremos a Uds. tres veces peor, lo menos. Importa señalar que, si bien hay sin duda un valor de verdad en lo narrado, el odio lo ha exasperado hasta el límite. El odio de las clases dirigentes argentinas suele ser inexplicable para muchos. Aun para ellas mismas. Por ejemplo, Adolfo Bioy Casares, comentando “La fiesta del Monstruo”, del que algo renegaba, decía: “El cuento está lleno de odio. Estábamos llenos de odio bajo el peronismo”. Tiene su explicación. Lo que no se tolera es que se le discuta algo que considera propio por historia y linaje. La clase media se suma a esto y quiere sentirse tan dueña del país como los dueños de la tierra. Habrá que entender que, aquí y en cualquier parte, para un burgués tener los odios de la oligarquía es sacar patente de distinción, de clase. “Yo odio lo que ellos odian, yo pertenezco a lo que ellos pertenecen. Somos iguales.” Para los días de hoy el siguiente ejemplo es perfecto. El burgués mediocre, de vida gris, de pronto descubre al inmigrante. Lo insulta y dice a todos: “Nos vienen a robar Argentina”. De ser nada súbitamente él es Argentina. Cualquier argentino que dice que un peruano le viene a robar el país se siente, de golpe, dueño de la Argentina. La gente necesita odiar. La oligarquía –por naturaleza– desprecia y por hábito (ante cualquiera que la contradiga con cierto grado de seriedad) odia. Bioy lo dice con abierta sinceridad: él y Borges estaban llenos de odio durante el peronismo. También –en los señorones de la oligarquía– está el asco que les produce que les solivianten a las masas. Sin embargo, aguantaron una década de grasada menemista sin chistar. Porque la juntaban con pala. El bolsillo manda.
Con los escritores de la burguesía que toman –desde su originaria libertad– partido por el proletariado empiezan a aparecer algunos textos en que los castigados son los poseedores. No sabría decir si “Casa tomada” de Cortázar es uno de ellos. El autor no había tomado partido por casi nada cuando lo escribió. Más claro –o demasiado claro– resulta “Cabecita negra” de Rozenmacher, que cita “Casa tomada” como antecedente de su texto, como si el mismo viniera a resignificar al de Cortázar. Aquí el agredido es un señor de clase media en ascenso y los que castigan un policía y una prostituta, si es que eso son. Se trata de un texto de 1961, se convirtió en un best seller y fue acremente reseñado por la revista Sur, que lo consideró peronista. Peronista o no, Rozenmacher nunca lo fue, aunque murió, desdichadamente, muy joven y muy absurdamente, el cuento toma partido por los morochos (o los cabecitas negras) y trata con desdén al protagonista, al que no deja de llamar “señor Lanari”, como hacen los malos polemistas con sus rivales. Importa su texto final porque refleja el odio de ese señor de clase media que ha sido injuriado por dos “negros de mierda”, según el eterno vocabulario clasemediero. “La chusma”, dijo para tranquilizarse, “hay que aplastarlos, aplastarlos (...) La fuerza pública (...) tenemos toda la fuerza pública y el ejército”. Sintió que odiaba... Y Rozenmacher, según los tiempos, termina con unas líneas amenazantes para los poseedores y esperanzadas para los negros: “Y de pronto el señor Lanari supo que desde entonces jamás estaría seguro de nada”. Más exactamente: las clases bajas y todos los que unieron su praxis política e ideológica a ese destino, lejos de estar tranquilos, sufrieron las salvajes persecuciones de las fuerzas que el señor Lanari invocaba para vivir tranquilo.
El texto que con mayor impiedad exhibe el padecimiento del proletario ante los niños de la oligarquía es “El niño proletario” de Osvaldo Lamborghini. Es posible, a causa de esa impiedad, que sea el más actual de todos. Lamborghini es un escritor difícil de leer. Puedo compartir las afirmaciones que Germán García ha hecho sobre el autor: “Burgués asustado”, etc. Pero, como él, no me quedo tranquilo. Siempre siento que he sido injusto. Que Lamborghini es más que un escritor que quiere horrorizar a sus lectores de clase media, ya que no hay otros. De todos modos, “El niño proletario”, si bien narra el padecimiento extremo de ese personaje, es precisamente, casi imposible de leer. Sobre todo por los propios proletarios. Hice la prueba, lo juro. Y siempre terminaron puteándome. Y que les leyera otra cosa, qué joder. Ignoro si “El Matadero” provocó en su tiempo lo que texto de Lamborghini provoca hoy. Llevamos cuarenta años de su aparición y aún es ilegible para los lectores masivos. Para los que, de todos modos, no lo escribió Lamborghini. ¿Es un gran cuento? Creo que no. Es valioso, sin duda. Pero es una explosión de los conflictos internos del autor. Que los haya unido a los del proletariado es un hallazgo excepcional. Paco Jaumandreu, en el film Eva Perón, le dice a ella, que se muere de cáncer en pocos días: “Señora, en este país de machos, ser pobre, ser puto y ser Eva Perón es la misma cosa” (Eva Perón, film dirigido por Juan Carlos Desanzo protagonizado por Esther Goris y con guión mío). El texto que he citado encabeza los panfletos o textos de la agrupación Putos Peronistas, que, dicen, se llaman así, porque “gay es de garcas”.
Publicado en Diario "Página/12"
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-244486-2014-04-20.html
Imagen: internet.

martes, agosto 17, 2010

FELIPE VARELA según José Pablo Feinmann.




La Guerra de la Triple Infamia y Felipe Varela.

La guerra del Paraguay, necesidad interna de la política mitrísta, sería difícil encontrar la causa principal que motivó llevar la guerra a territorio paraguayo. Fueron demasiadas: los pactos de alianza con el Brasil, la posibilidad de obtener un nuevo mercado para los sueños mercantiles de la burguesía porteña, la urgencia británica por conseguir algodón a bajos costos y ubicar también sus manufacturas y sus empréstitos, la incomoda existencia en América de un Estado proteccionista (claro ejemplo de la posibilidad de realizar un modelo de desarrollo autónomo, no dependiente del colonialismo europeo, o en todo caso: no mero apéndice de su economía fabril), y, en fin, la ingenuidad (por decirlo suavemente) de la ideología mitrista, que pensaba adquirir con esa guerra "un carácter simpático y armónico con las grandes aspiraciones del siglo XIX". " Lo que por el contrario no resulta difícil es encontrar la causa desencadenante de esta guerra. "La cuestión del Paraguay (escribió Alberdi), no es mas que una faz de la cuestión interior argentina. Esta cuestión interior ha sido toda la causa y origen de la Guerra del Paraguay." "Mitre, en efecto, nunca había ignorado que la derrota del Paraguay era condición insoslayable para acabar con la resistencia interior. De aquí su empecinamiento en llevar adelante la guerra. Varela , por su parte, comprendiendo claramente la estrategia mitrista, estructuró su movimiento en forma paralela a la lucha mantenida por López. Esta alianza de ningún modo debe interpretarse como una ayuda a los planes de un país extranjero. Contrariamente a lo que se intentaba hacer creer en Buenos Aires, no eran traidores Varela y sus hombres (como tampoco lo eran Alberdi, José Hernández y los otros hombres de Paraná). A través de la extensa tradición del Virreinato, el Interior argentino no podía sino sentir como una misma entidad nacional la constituida por su territorio y el paraguayo. Si a esta identidad de cultura, sumamos la de sus intereses económicos y políticos, habremos comprendido lo que siempre supo Mitre: el Paraguay y Varela eran lo mismo, el mismo peligro, el mismo enemigo.



Felipe Varela y el Litoral

Felipe Varela buscó incansablemente un aliado estratégico para su causa: el litoral entrerriano. Urquiza, en una palabra.

Pero Urquiza tenía otros planes. Si después de Cepeda no se decide a eliminar por completo a Mitre no es precisamente, como intenta hacérnoslo creer Victorica, "por no penetrar a sangre y fuego en una ciudad como Buenos Aires con un ejército de dieciséis mil hombres". Nada de eso. Estanciero, litoraleño, librecambista, el caudillo entrerriano coincidía en demasiadas cosas con los porteños como para decidirse a una guerra total.

¿Y Varela entonces? ¿cómo explicar su urquicismo? "El magnánimo capitán Urquiza (dice en su proclama a los entrerrianos), os acompañará, y bajo sus órdenes venceremos todos una vez mas a los enemigos de la causa nacional." ¿Deberemos aceptar, como se ha dicho, que reclamaba "ingenuamente" el apoyo de Urquiza? De ningún modo, ya veremos mas adelante con que esquema metodológico se manejan los que hablan de la ingenuidad de Varela.

Creemos que es posible ofrecer interpretaciones mas validas. Por ejemplo: ver en las exhortaciones de Varela el intente de colocar a Urquiza entre la espada y la pared, exigirle una definición: por la causa nacional o en su contra.

De este modo, al tornarse evidente su traición, tenia ya López Jordán todos los motivos que necesitaba para dar su golpe. Pues era él, en definitiva, el hombre a través del cual Varela esperaba incorporar a su movimiento las fuerzas del litoral entrerriano. El nuevo frente debía abrirse de inmediato para poder realizar las acciones en forma combinada.

Como asesor intelectual de López Jordán, ya Figura un brillante periodista y poeta: José Hernández. ¿Qué puede esperar Varela de estos dos hombres? Es lo que trataremos de averiguar.

Alberdi gustaba distinguir entre dos Urquiza: el entrerriano y el porteño. El primero había derrotado a Rosas, había abierto los ríos y había triunfado en Cepeda. El segundo, anteponiendo sus intereses a los de la Confederación, se había entregado a la política de Mitre. He aquí, entonces, que aparece López Jordán para afirmar que el Litoral no esta vencido: elimina al Urquiza porteño y, de entre sus cenizas, hace renacer, en su propia persona, al Urquiza entrerriano.

Nadie había realmente muerto en el palacio de San José. Urquiza estaba allí, en su sucesor, tan vigente y combativo como en Caseros y Cepeda. López Jordán lo hereda todo de él. Primeramente: su exclusivismo entrerriano. "Entre Ríos (denuncia en 1870), instrumente glorioso de la libertad de todos, es el último que llega a sentarse en la comunidad de los libres." Se trata, en cambio, de que sea el primero. Para ello, López Jordán, conservará invariables los principios básicos de Urquiza: su filosofía y táctica políticas.

Como filosofía política, el liberalismo. "Nada tenemos que crear (afirmaba en 1868). Los principios de 1810, consagrados en nuestra carta, existen sancionados ya por el juramento de los pueblos y con la corroboración de solemnes tratados de comercio y civilización con potencias extranjeras."

Como táctica política, la alianza con el Brasil. En 1874, imposibilitado de contar con el apoyo de las provincias (no porque estas fueran adictas al gobierno de Buenos Aires -como le había ocurrido a Urquiza frente a Rosas-, sino porque por entonces ya estaban derrotadas), López Jordán decide buscar el apoyo brasileño.

El error primero de los hombres del litoral entrerriano, en tanto condición de posibilidad de los restantes, consiste en la reducción de las necesidades y perspectivas del país a sus propios intereses. Compartían así la miopía y el egoísmo de sus adversarios porteños. La cuestión argentina, pensaban, era un asunto entre ellos. Es cierto que, fieles a su tradición federal, buscaron siempre la unión y no el enfrentamiento con las provincias mediterráneas. Se alinearon así, muchas veces, en la causa nacional. Pero nada nos permite creer, al considerar sus proyectos políticos (y, en última o primera instancia, sus acciones concretas), que alguna vez hayan tomado seriamente en cuenta los intereses de las provincias mediterráneas. "Uno de los primeros pasos del general Urquiza (escribe Andrade), fue la apertura de los ríos al comercio del mundo. Los tratados de julio con Inglaterra, Francia y Estados Unidos, fueron saludados por el aplauso unánime y estrepitoso de las provincias). Nada mas claro que este texto para advertir hasta que punto para estos hombres las provincias argentinas se reducían a las provincias litorales. Eran ellas, en efecto, las únicas que, obsesionadas por sus propios intereses, podían saludar con entusiasmo la apertura de los ríos y el comercio con Inglaterra y Francia.

"¡Ahí están las dos políticas frente a frente!”, Tronaba Andrade refiriéndose a Mitre y Urquiza. Se equivocaba, Buenos Aires y el litoral proyectaban una sola y única política, solamente discutían el derecho a dirigir su ejecución y asimilar sus principales beneficios. Eran otras las dos políticas que se enfrentaban en la República Argentina : una de complementación y sometimiento al expansionismo europeo y otra de resistencia y desarrollo nacional (Felipe Varela y el Paraguay). No es otra, por otra parte, la antinomia teórico-política con la cual se reemplaza la sarmientina de Civilización y Barbarie.

¿Debemos concluir entonces que Varela reclamaba también "ingenuamente" el apoyo de López Jordán?. De ningún modo. Por el contrario, de haberse podido realizar la combinación de ambos movimientos, las fuerzas de Varela, contando además con el apoyo paraguayo y las simpatías chileno-bolivianas, hubieran resultado realmente poderosas. Solo hay que aclarar que, en caso de lograr la conquista del gobierno el enfrentamiento de ambos caudillos habría sido posiblemente inevitable. En esa encrucijada, a riesgo de perderlo todo. Varela no hubiera tenido otra alternativa que imponer su tendencia americana y proteccionista sobre el liberalismo litoraleño de López Jordán.

Basado en el libro: “Filosofía y Nación”, estudios sobre el pensamiento argentino. Autor: José Pablo Feinmann, Editorial Planeta.