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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, noviembre 02, 2024

Murió Juan José Sebreli.


El reconocido escritor y sociólogo Juan José Sebreli murió  a los 93 años este viernes 1º de noviembre. Estaba internado desde el fin de semana en el Hospital Italiano por problemas de salud.

La semana pasada, el 25 de octubre,  había participado en la Biblioteca Nacional de la presentación del libro “El incansable polemista", escrito por Carlos Cámpora como dedicatoria a Sebreli y su trayectoria.

Juan José Sebreli​ formó parte del primer grupo de existencialistas en la Argentina.

En 1955, tras el golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Juan Domingo Perón, ascendió al poder la Revolución Libertadora.

En los años 1970 fue el creador y uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual.

En 1955, tras el golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Juan Domingo Perón, ascendió al poder la Revolución Libertadora.

Decía del fútbol y los mundiales que estaba en contra y no quería ni hablar, ni escuchar nada: “Mi preocupación por el fútbol data de la década del sesenta, una época en que los intelectuales en general y los sociólogos en particular no consideraban este tema digno de atención -se lee al inicio del prólogo de La era del fútbol (1998)-.

Decía del fútbol y los argentinos: "–Un rasgo típicamente argentino es el acostumbramiento a la ilegalidad. Y hay dos ejemplos emblemáticos que son trampas y muestran una aceptación de esa ilegalidad: el famoso gol con la mano de Dios de Maradona contra los ingleses, en 1986, y el triunfo en el Mundial del 78 en Argentina, con el recuerdo del partido contra Perú…".

Cada Mundial se encerraba en su departamento de Barrio Norte.

En 2009 publicó su obra Comediantes y mártires argentina, analizando cuatro personajes emblemáticos como Carlos Gardel, Eva Perón, el Che Guevara y Diego Maradona.

En 2015, fue reconocido ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña.

En 2018, por parte del Senado de la Nación, la mención honorífica "Senador Domingo Faustino Sarmiento".

Autodenominado "antipopulista". Sebreli fue crítico del kirchnerismo.

Sebreli fue una de las figuras públicas que se alzó contra la cuarentena y las restricciones sanitarias aplicadas por el gobierno de Alberto Fernández por la porquería del coronavirus.

Juan José Sebreli, los críticos los consideraban incoherente por sus cambios políticos fue peronista. Fue marxista, sartreano, existencialista. Anti peronista. En las últimas décadas se definía como “liberal de izquierda”. Compartió el espectro de la intelectualidad afín a Juntos por el Cambio y al expresidente Mauricio Macri.

En enero pasado opinó sobre Javier Milei durante 2023, lo veía como un peligro y un populista de extrema derecha, pero luego empezó a verlo con relativa aprobación.

Fue el introductor de Alexandre Kojeve en la Argentina y el traductor al español de Simone de Beauvoir y de Georg Lukács.

Escribió numerosos libros, entre ellos Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964); Tercer Mundo: Mito burgués (1973); Los deseos imaginarios del peronismo (1983); La era del fútbol (1998); Crítica de las ideas políticas argentinas (2002); El tiempo de una vida (2005); El olvido de la Razón (2006); Comediantes y mártires (2008); Cuadernos (2010), y El malestar de la política (2012). 

viernes, mayo 27, 2022

El inaudito bautismo de “peronismo republicano”.

 


Por Alberto Benegas Lynch (h).

Algunos ya nos estamos poniendo grandes para que nos machaquen sandeces mayúsculas que contradicen abiertamente nuestra historia. Hay que mantener algo de pudor y abstenerse de presentar al peronismo como algo razonable. Mario Vargas Llosa con razón ha dicho: “El peronismo es la fuente de todos los males argentinos” y Jorge Luis Borges consignó: “Pienso en Rosas con horror como pienso en Perón con horror”. Ningún observador serio puede entender la monotonía del colapso en la que está enredado nuestro país.

Prestemos un mínimo de atención a la pasmosa decadencia que parió el fatídico golpe militar del 43, una continuación muy acentuada del golpe fascista del 30, en el que también participó activamente Perón. Se han probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras y adoctrinamiento sistemático (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda) y la destrucción moral y material en gran escala (Ignacio Montes de Oca, María Zaldívar).

A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190). A lo que cabe agregar la vergonzosamente laudatoria carta de Perón a Mao el 15 de julio de 1965 en medio de las horrendas y repetidas masacres de ese nefasto régimen, misiva que comienza con “Mi querido Presidente y amigo”.

También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza). En otra ocasión anunció: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó: “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto, sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de Economía José Ber Gelbard, quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató de que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder, debido a lo cual optó por combatirlos.

La razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el corrupto IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una degradación en todos los niveles gubernamentales.

En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del ministro consejero de la embajada de Alemania en Buenos Aires, Otto Meynen, a su “compañero de partido” en Berlín, capitán de navío Dietrich Niebuhr O.K.M., fechada en Buenos Aires el 12 de junio de 1943, en la que se lee: “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ‘Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete’” (copia de la correspondencia mecanografiada la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p. 56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.

Las redistribuciones de ingresos operadas desde los aparatos estatales necesariamente van a contramano de las asignaciones realizadas por los consumidores según sean sus prioridades y requerimientos. La manía del igualitarismo, es decir, la guillotina horizontal, se traduce en una pésima utilización de los siempre escasos recursos, lo cual indefectiblemente empobrece. El estatismo termina por favorecer a pseudoempresarios que se alían con el poder político para usufructuar de privilegios que permiten explotar miserablemente a sus semejantes.

Es de interés destacar que el caso del menemato en el contexto de reiteradas apologías a la tiranía rosista resultó en incrementos del gasto público, el déficit y la deuda en medio de gran corrupción, desde el sonado caso de los guardapolvos hasta el contrabando de armas y la explosión de Río Tercero, recurriendo a los fueros para evitar la cárcel. Ajeno a este clima, el ministro de Economía estableció la “convertibilidad” junto con otras medidas con intención meritoria, que por lo dicho explotaron junto a las deficiencias de traspasos de monopolios estatales a manos de monopolios privados, en cuya situación naturalmente los incentivos operan en una dirección más fuerte para expoliar a los congéneres.

Winston Churchill el jueves 6 de octubre de 1955 –cinco meses después de haber dejado su cargo como primer ministro– condensó ante la prensa internacional la política que aquí comentamos de la siguiente manera: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias”.

De más está decir que lo señalado no es para experonistas que se han percatado de su error, quienes son recibidos con los brazos abiertos por el espíritu liberal.


Por Alberto Benegas Lynch (h).

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos Academias Nacionales.

PUBLICADO EN DIARIO LA NACIÓN.

27 DE MAYO DEL 2022.

https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-inaudito-bautismo-de-peronismo-republicano-nid27052022/

FOTO: WEB.

miércoles, noviembre 10, 2021

¿QUÉ SIGNIFICA SER DE IZQUIERDAS? Acerca de la herejía y la conversión por ALEARDO LARÍA RAJNERI.

 

Fernando Iglesias presentó su libro ¿Qué significa hoy ser de izquierdas? (Editorial Sudamericana) en el año 2004, en una librería de la calle Corrientes, en una mesa redonda a la que había invitado a Horacio González, a Carlos Chacho Álvarez y a su mentor intelectual, Juan José Sebreli. Eran tiempos propicios para dar lecciones a la izquierda argentina. Néstor Kirchner había lanzado la idea de la transversalidad y había abrazado la causa de los derechos humanos, derogado las leyes de obediencia debida y punto final. De modo que para un ex trotskista que había vivido en Europa ocho años y se había reciclado a las ideas de la socialdemocracia, la ocasión se presentaba oportuna para ofrecer a la izquierda tradicional argentina  las directrices que debían guiar su comportamiento. En ese entonces Fernando Iglesias tenía una mirada indulgente sobre el peronismo: “Más allá de toda crítica, la gestión de Kirchner debe contemplar que, aun con sus errores y su estilo personalista y hasta autoritario, ha sido éste el gobierno que ha hecho que la Argentina volviera de la muerte a la que la habían condenado los errores y horrores sumados durante la segunda administración de Menem, el gobierno de la Alianza y la gestión de Eduardo Duhalde; y el que, mediante la abolición de las inicuas leyes de obediencia debida, punto final y del indulto menemista, ha sentado las bases morales imprescindibles para el fin de la impunidad y la corrupción en Argentina”. Era difícil imaginar en aquella época que años después se convertiría, según la colorida expresión de su compañero de partido Daniel Lipovetsky, en “goriglesias”. Lipovetsky no se anduvo con medias tintas y se empleó a fondo: “Hace años que escucho tu antiperonismo y repetitivo discurso plagado de odio y sectarismo. Es más aburrido que un documental sobre gorilas (con perdón de los animales). En este difícil momento fomentás las divisiones. No sos demócrata ni responsable”. Sin embargo, sería caer en un error analizar la conversión de Iglesias con categorías morales. Como argumentaremos en esta nota, el tema es más complejo y merece un análisis más detenido, pero antes hay que ahondar en el itinerario ideológico del diputado de Juntos por el Cambio.

Lecciones para la izquierda.

El entusiasmo de Iglesias con la labor de Kirchner no era menor. Afirmaba que “el alto grado de aceptación y popularidad de que goza el Presidente Kirchner se basa en una agenda mínima  cuya importancia es decisiva  para un país en crisis recurrente como la Argentina: la asistencia social a los sectores sometidos a la indigencia extrema, la disputa del poder político  a sectores corporativos del sistema nacional (como las fuerzas militares y policiales o la Corte Suprema de Justicia), la preservación (parcial) del orden público sin hacer recurso a la represión directa (en el caso de los piqueteros), el replanteo  e impulso de la agenda democrática y de Derechos Humanos abandonada a medio camino por el radicalismo alfonsinista y –principalmente— el delicado manejo de la economía a través del desfiladero estrecho que pasa entre la ruptura de relaciones con los organismos internacionales, por un lado, y la aceptación incondicional de sus dictámenes por el otro”.

El análisis de Iglesias descansaba en lo que consideraba la contradicción central de la nueva realidad internacional: “El desequilibrio de poder entre un sistema económico transnacionalizado, global, mundial y un poder político democrático territorial, acotado, limitado, nacional y, por lo tanto ineficaz”. Añadía que “la puesta en práctica de un proyecto progresista es imposible porque los instrumentos antiguamente capaces de llevarlo adelante (las organizaciones políticas nacionales) son rehenes de la lógica económico-instrumental de un capitalismo transnacionalizado. Si una parte fundamental de la tradición de la izquierda es la defensa de las razones de la política sobre la economía (“la izquierda ha sido la expresión característica de la voluntad política”) y si la “intervención pública para contrapesar el poder de la minoría propietaria de la riqueza” es uno de sus principios basilares, ¿cómo hará una izquierda que quiera ser ‘política y no solo crítica cultural’ para operar dicha intervención con unas instituciones desactualizadas e ineficientes?» Se preguntaba luego: “¿Cómo enfrentar el chantaje global de bajos salarios y desocupación del capital transnacional? ¿Qué medidas económicas redistribucionistas puede tomar un gobierno nacional sin provocar una estampida de capitales, es decir crisis financiera, devaluación, recesión, hiperinflación?”, para a continuación expresar su desazón por “esa humanidad desesperanzada que sigue votando a sus victimarios neoliberales y conservadores”. Consideraba que la confusión entre globalización y neoliberalismo (es decir entre el fenómeno de la globalización en sí y la forma que la misma está asumiendo en el presente) “solo puede favorecer a una derecha neoliberal que se propone, gracias a esta graciosa concesión de la izquierda, como la única propuesta modernizadora posible”. Para asegurar a continuación que “sin un proyecto profundamente transformador y progresista la izquierda no tiene sentido, ni más rol que el de lamentable cómplice de estos administradores de lo existente que el conservadurismo neoliberal nos endilga”. Se pronunciaba a favor del control de capitales, porque “en tanto siga sin existir una regulación democrática del mercado financiero mundial y, por lo tanto, sean los estados nacionales los únicos responsables de poner un freno a las especulaciones internacionales de los capitales globales, medidas que favorezcan la inversión extranjera directa y limiten los movimientos especulativos son imprescindibles”. Y remataba su pensamiento apoyándose en autores de estirpe liberal como Adam Smith, Karl Popper y Norberto Bobbio para señalar que sus páginas “están llenas de desconfianza hacia las corporaciones económicas, de oposición al puro laissez-faire y de preocupación por las limitaciones a la libertad que se derivan de la miseria”.

Las conversiones religiosas.

Antes de analizar el fenómeno de las conversiones políticas en la modernidad, conviene repasar lo que acontecía en la Antigüedad alrededor del problema de las herejías. El mundo religioso en Roma, basado en el politeísmo, facilitaba la tolerancia religiosa y fue con la irrupción del monoteísmo cristiano y judío cuando comenzaron las persecuciones a los disidentes y a los herejes. San Agustín utilizó una cita del Evangelio para legitimar las medidas de fuerza contra los herejes. Afirmaba que la herejía es un desorden del alma que puede acarrear al hombre la condenación eterna, por lo que consideraba que no puede tolerarse un error que produce tanto daño en quien lo comete. De allí que aconsejara confiscar los bienes de las personas declaradas culpables de aferrarse a una herejía. Con la Inquisición la intolerancia a la herejía alcanza su máximo, al considerar que la muerte en la hoguera es un acto de amor, puesto que al quemar el cuerpo del hereje se consigue salvar su alma inmortal. Fue con la Reforma y el Cisma de la Iglesia Católica cuando se afianzaron las ideas de la tolerancia religiosa. John Locke publicó en 1689 su conocida Carta sobre la tolerancia, en la que señala que el Estado debe ser tolerante con las convicciones religiosas de sus ciudadanos “porque a él no le corresponde  la cura de almas. Dios no le ha conferido esa misión porque es evidente que Dios nunca le confirió a un hombre la autoridad para forzar a nadie en cuestiones religiosas”. Los argumentos a favor de la tolerancia religiosa alcanzan su máxima expresión en el Tratado teológico-político (1670) de Baruch Spinoza, un descendiente de judíos españoles y portugueses refugiado en los Países Bajos, que había contemplado con horror a tantos seres humanos llevados a la hoguera por la Inquisición española. Los principios de la tolerancia quedaron finalmente consagrados tras la Revolución Francesa en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789. En la actualidad, la tolerancia política en el marco de una democracia, parte del presupuesto de que nadie puede tener la certeza absoluta de que sus decisiones son las más correctas admitiendo la capacidad de incurrir en el error. Por lo tanto, las mayorías deben aceptar que pueden estar equivocadas y admitir el derecho de las minorías a sostener su discrepancia.

Las conversiones políticas.

La tolerancia hacia las conversiones políticas debe ser asumida sin vacilación en la medida que todo ser humano tiene derecho a rectificar sus errores. Algunos casos de notorias conversiones políticas han servido para ahorrar a los pueblos mayores sufrimientos. Pensemos, por ejemplo, en el caso de Adolfo Suárez, un político surgido del franquismo que consiguió abrir el camino de la transición a la democracia en España. Todas las personas modifican o ajustan sus puntos de vista a lo largo de su vida. Sin embargo, no dejan de ser llamativos aquellos casos de conversión radical, en que se pasa de un extremo al otro y que han sido abordados con interés por la psicología social.

Peter Berger y Thomas Luckmann analizaron en su ensayo La construcción social de la realidad (Ed. Amorrortu) “el caso extremo, en el que se produce una transformación casi total, vale decir, aquel en el cual el individuo permuta mundos”. Estas trasformaciones que parecen absolutas, aunque el individuo transformado “tendrá el mismo cuerpo y vivirá en el mismo universo físico”, han sido denominadas “alternaciones” por estos autores. ¿Cómo puede producirse el desmantelamiento  de la anterior estructura organizativa de la realidad subjetiva? “El individuo alternalizado se desafilia de su mundo anterior y de la estructura de plausibilidad que lo sustentaba, si es posible corporalmente, o si no, mentalmente”. La alternación comporta, por lo tanto, una reorganización del aparato cognitivo. Señalan que el requisito más importante para la alternación consiste en disponer de un nuevo aparato legitimador que le permita legitimarse ante una realidad nueva y el abandono y repudio de las anteriores. La realidad antigua debe volver a re-interpretarse operando dentro del aparato legitimador de la nueva realidad. “Esta reinterpretación provoca una ruptura en la biografía subjetiva del individuo en la forma de “antes de Cristo” y “después de Cristo”, o “pre-Damasco” y “post-Damasco” (en referencia a la conversión de Saulo). Ahora bien, como olvidar por completo el marco referencial anterior resulta muy difícil, se necesita una reinterpretación radical del significado que los hechos o las personas tenían en la biografía pasada. Esto lleva a fenómenos complejos. Por un lado, la necesidad de reafirmación de los nuevos dogmas, lo que supone un exceso de énfasis, para que nadie ponga en duda los nuevos significados. Por la otra, la necesidad de urdir datos o incorporar hechos que no existieron para armonizar el pasado que se recuerda con el que se reinterpreta.

Es evidente que el progreso científico y moral se construye abandonando los viejos prejuicios. Decía Popper que “aprender de la experiencia consiste en corregir nuestro horizonte de expectativas a la luz de los desengaños”. De modo que su método consistía en falsear las viejas hipótesis, poniendo en cuestión las ideas firmemente asentadas, y renovando los apotegmas del pasado. Esa capacidad muy difícil de trasladar al terreno de la política, donde predominan los contenidos emocionales y los paradigmas provenientes del mundo religioso. No es fruto de la casualidad que la expresión “converso” provenga de un espacio cultural donde la apostasía puede llegar a ser castigada con la muerte. Bienvenidos entonces los honestos conversos. Gracias a las personas que pueden desprenderse de los prejuicios predominantes en cada época se ha podido construir el progreso.

Conversos famosos han sido Giordano Bruno, Galileo y Copérnico. La ética de la responsabilidad, reivindicada por Max Weber, en ocasiones exige desprenderse del peso de las viejas convicciones y conlleva el dolor de alejarse de los viejos amigos. Ya lo señalaba Aristóteles cuando decía “soy amigo de Platón, pero me siento más amigo de la verdad”, para indicar la resolución correcta del dilema ético planteado. Solo resta añadir que el reconocimiento de viejos errores se supone que debería conducir a la adopción de una actitud más prudente, más templada, porque quien incurrió en un error es consciente que puede volver a cometerlo. Si la sabiduría es el resultado de la suma de errores cometidos en el curso de una vida, se espera que los sabios adopten actitudes alejadas de la arrogancia intelectual y que huyan del reduccionismo maniqueo, permaneciendo abiertos a escuchar las opiniones que no comparten. Pero, como lo muestran algunas biografías, siempre existen las excepciones que ponen a prueba la regla.

PUBLICADO EN EL COHETE A LA LUNA.

https://www.elcohetealaluna.com/que-significa-ser-de-izquierdas/

Imagen del mismo sitio.

lunes, agosto 24, 2020

Un paralelo estrecho entre el rosismo y el peronismo.

Por Alberto Benegas Lynch (h).
Infobae
Florencio Varela en su texto titulado “Juicio sobre el gobierno de Rosas” recopilado junto con otros escritos del mismo autor bajo el título Rosas y su gobierno consigna que ese tirano repetía “hasta empalagar las palabras leyes, republicanismo, sentimiento americano. Y, sin embargo, en donde quiera que gobiernan Rosas y sus amigos, no hay un solo pueblo donde los gobernadores no sean constantemente reelegidos y donde no estén investidos de facultades extraordinarias; es decir, donde no esté suspendida toda ley, toda garantía y aniquilada completamente la división de poderes públicos que forma la esencia de toda constitución republicana para reemplazarlos por la irresponsable voluntad de un soldado”.

Como es sabido, el doctor Varela -un distinguido representante de la célebre generación del 37- fue asesinado en su exilio de Montevideo, escapando de las fauces rosistas que finalmente le dieron alcance. Muchas otras distinguidas personalidades se vieron forzadas a buscar refugio en tierras uruguayas durante el rosismo, lo cual también ocurrió durante el peronismo y tal como me comentó un amigo de Montevideo: “Decimos que Hernandarias nos trajo la ganadería y Kirchner nos trajo la agricultura debido a los argentinos llegados a nuestras costas fugados de los zarpazos de ese gobierno”. Si las cosas no cambian, se prepara una cuarta oleada a la hospitalaria banda oriental.
No tiene sentido que políticos inescrupulosos se llenan la boca con aquello de “República Argentina” cuando va quedando poco de republicanismo puesto que su columna vertebral consiste en la igualdad ante la ley -la antítesis del estatismo- anclada al inseparable concepto de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad y, asimismo, la división horizontal de poderes la cual queda anulada cuando el Ejecutivo avanza sobre el Judicial para disimular hechos de corrupción y demás latrocinios al tiempo que coloniza al Legislativo. “Al enemigo ni justicia” -que entre muchos otros transcribe Juan José Sebreli- resume la faceta más tenebrosa del peronismo y por su parte la mazorca rosista expone del modo más horrendo la persecución a opositores.
Antes de repasar algunos hechos claves de ambos regímenes al efecto de ilustrar lo dicho, es del caso hurgar en las probables razones por las que se sigue alabando el espíritu totalitario. Estimo que un motivo central estriba en la propaganda que se han llevado a cabo desde diferentes ministerios de educación a través de la imposición de textos que suscriben variantes del estatismo vía la inspiración rosista y peronista. Por esto insisto una vez más que para comenzar a revertir los graves problema argentinos debe antes que nada comprenderse que el proceso educativo inexorablemente implica competividad y las consecuentes auditorías cruzadas en un contexto evolutivo de prueba y error donde nadie debe tener la facultad de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder. La búsqueda de la excelencia académica solo puede lograrse en un clima de libertad puesto que nadie tiene la precisa en cuanto a las asignaturas que deben impartirse, se requiere un sistema abierto donde las corroboraciones provisorias estén sujetas a refutaciones en ausencia de esa contradicción en términos que es la policía educativa. La politización debe estar ajena a un área tan delicada y trascendental como el aprendizaje y el consiguiente desarrollo de las potencialidades exclusivas de cada cual.
Al recordar hechos y dichos del andamiaje rosista-peronista es del caso subrayar un pensamiento de Ortega y Gasset en 1930 que apunta al corazón del problema, en cuanto a que “este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado”. Por otra parte, entre muchos otros distinguidos autores argentinos se estableció el correlato que ahora marcamos en esta nota periodística, así Jorge Luis Borges resumió en 1986: “Pienso en Perón con horror, como pienso en Rosas con horror.” En cuanto a las primeras damas también hay correlación estrecha, lo cual señaló Américo Ghioldi en 1952 de este modo: “Como Encarnación Ezcurra de Rosas, Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana.” Y respecto al uso desaprensivo de los pobres que ambas políticas hicieron para hacerlos más pobres mientras aquellos gobernantes se enriquecieron ilegítimamente, es del caso citar a San Agustín en su célebre carta 157 (que de paso va también para predicadores desviados): “si el mérito de aquel pobre hubiese sido su pobreza y no su justicia, no lo hubiesen llevado los ángeles al seno de Abraham, pues Abraham era rico. No honró Dios la pobreza por ella misma, ni condenó en el rico las riquezas.” Ambos gobiernos -rosistas y peronistas- extremadamente centralistas bajo la hipócrita fachada federal.
En otra oportunidad he escrito sobre Rosas, pero es oportuno transcribir nuevamente algunas de las opiniones que dejaron escritas notables personajes sobre ese sujeto en vista de haberse publicado en estos días renovados panegíricos sobre el tirano de marras. Bartolomé Mitre destaca que fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano), Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas), Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en Facundo). Félix Frías escribió que “Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas), Juan Bautista Alberdi: “los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte José Manuel Estrada afirmó que “Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires), José de San Martín relata en una misiva que “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839) y Paul Groussac concluye que “Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó).
También he escrito antes sobre Perón y el consiguiente peronismo, pero en vista de las machaconas reincidencias que son del dominio público, se hace necesario volver sobre el asunto. Ilustra la catadura moral del sujeto lo que le escribió a su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).
En otra ocasión anunció: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). También Perón consignó: “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).
Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos.
En este contexto es pertinente transcribir una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la misiva la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56).
En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017 se reproduce una misiva de Perón a Mao de la que transcribimos apenas las primeras líneas: “Madrid, 15 de julio de 1965. Al Sr. Presidente Mao Tse Tung. Mi querido Presidente y amigo, desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados por Uds. para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar”.
En los dos casos, en el rosismo y en el peronismo, la debacle institucional y económica fue monstruosa en un contexto de alarmante corrupción tal como consignan intelectuales de la talla de Joseph Potage, Félix Luna, Juan González Calderón, Vicente Fidel López, Bernardo Gonzáles Arrili, Lucio V. Mansilla, Carlos García Martínez, Uki Goñi, Roberto Aizcorbe, Hugo Gambini, Isidoro Ruiz Moreno, Ignacio Montes de Oca, Rómulo Zemborain, María Zaldívar y Nicolás Márquez, quienes además subrayan la antedicha persecución a los disidentes, la mordaza a la libre expresión y la obligación de la divisa punzó en un caso y los lutos y emblemas forzados en el otro.
Muy lejos están estos megalómanos de comprender el significado de “la mano invisible” de Adam Smith que coordina procesos espontáneos en las relaciones sociales que saca partida del conocimiento disperso puesto que tienen siempre la manía de concentrar ignorancia con sus absurdas directivas. Afortunadamente no tienen acceso al comando de los movimientos del planeta Tierra que suspendida en el espacio gira en torno a su eje a razón de 1600 kilómetros por hora y en torno al Sol a 30 kilómetros por segundo y sin piloto, de lo contrario la supervivencia no sería posible.
En los dos casos que tratamos en esta nota periodística, el abuso del poder ilimitado conculcó derechos básicos. Por ello, entre otras cosas, constituye una sandez superlativa la parla sobre rosisimo o peronismo “racional o republicano”. Es de esperar que pueda revertirse la interpretación falaz de la historia para bien de todos los argentinos. Los aparatos estatales elefantiásicos consecuencia de gastos públicos exorbitantes, impuestos insoportables, deudas gigantescas, manipulaciones monetarias inauditas, regulaciones asfixiantes y corrupciones alarmantes derivan en el caso argentino de tozudas, perseverantes y profundas raíces rosistas-peronistas que vuelven una y otra vez cual calesita macabra.

miércoles, abril 15, 2020

A 40 años de su muerte, el legado intelectual de Jean-Paul Sartre El autor de "El ser y la nada" y "La náusea" murió el 15 de abril de 1980 a los 74 años.

El legado intelectual de Jean-Paul Sartre.

A 40 años de la muerte del pensador francés filósofos argentinos analizan su impacto en la historia de la filosofía, el de sus ideas y si sus libros y premisas han quedado fuera del discurso académico actual.

El 15 de abril de 1980, a los 74 años, luego de medio siglo de pensamiento infatigable, de escribir obras filosóficas y literarias, de fundar medios, de haber participado y hasta protagonizado las revueltas intelectuales y políticas más importantes del siglo XX y de haber obtenido y rechazado el Premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre se despedía de este mundo: cinco días después su cuerpo fue acompañado al cementerio parisino de Montparnasse por más de 20.000 personas.
Sartre estudió filosofía en París durante la década del 20, en la Escuela Normal Superior; allí conoció a Simone de Beauvoir, su pareja de toda la vida, con quien estableció una dupla intelectual y amorosa sin igual.
Luego de participar como meteorólogo en la Segunda Guerra mundial y caer prisionero de los nazis, en 1943 publicaría su libro de filosofía más importante: “El ser y la nada”.

Desde entonces se convertiría en una de las figuras intelectuales más célebres del mundo: pensó y se solidarizó con las revoluciones de la juventud, del tercer mundo y con las luchas anticolonialistas; escribió obras filosóficas (“Crítica de la razón dialéctica”), teatrales (“Las moscas”, “A puerta cerrada”), novelas (“La náusea”), cuentos (“El muro”), ensayos (la serie “Situaciones”) y crítica literaria (“El idiota de la familia”); y en 1964 obtuvo y rechazó el Premio Nobel de Literatura.
Sus ideas (“El ser humano está condenado a ser libre”; “El infierno es el Otro”) le sobreviven como eslóganes de una particular pregnancia; en las décadas del 50 y 60, en el mundo pero también en la Argentina, Sartre era leído y discutido hasta en los bares, y fue elevado a la categoría de héroe intelectual por la generación beat en los Estados Unidos y por la llamada “generación del 60” en nuestro país.
Para Mariana Gardella Hueso, doctora en Filosofía e investigadora del Conicet, “en la historia de la filosofía hay un antes y un después de Sartre.
Luego de la publicación de ‘El ser y la nada’ todo cambió. Esta obra es el acta de nacimiento del existencialismo francés, un movimiento filosófico que, en el contexto de la Segunda Guerra mundial, propuso una nueva forma de pensar nuestro lugar en el mundo y el alcance de nuestras acciones”.

Gardella Hueso explica a Télam que “el principio básico del existencialismo se resume en la conocida afirmación sartreana ‘la existencia precede a la esencia’. Esto quiere decir que lo que somos no está determinado por ninguna forma fija o naturaleza esencial, sino por nuestra existencia concreta. Cada persona empieza por no ser nada. Se encuentra arrojada en el mundo y tiene la responsabilidad de proyectarse, de hacerse, de auto-determinarse a través de la acción”.
“El existencialismo es una teoría vital que concede un lugar privilegiado a la noción de libertad. Sobre esta noción se funda una nueva ética que nos permite construir quiénes somos ante la mirada de otros que deben emprender la misma tarea: construir quiénes son. El mayor regalo que nos ha hecho Sartre fue habernos devuelto la responsabilidad por nuestra existencia”, agrega Gardella Hueso.
Y concluye: “Desde entonces no hay nada ni nadie a quien podamos echarle la culpa de lo que somos. No hay dioses, mundo de esencias fijas, ni mandatos que nos determinen. Somos ante todo proyecto y tenemos la difícil tarea de decidir qué queremos ser y hacer. Ese es el valor y el costo de la libertad”.
El filósofo y docente Tomás Abraham es uno de los pensadores que más ha estudiado el legado de Sartre. Y cree que en la actualidad su obra “no ocupa un rol central para la filosofía”. Aunque, agrega, “los nombres que hoy circulan por los medios y venden libros al estilo de vida líquida, sociedad del cansancio, homo sapiens o neocomunismos son enanos al lado del gigante, de aquel gigante de un metro y medio”.
¿Se lee y enseña a Sartre en las universidades? ¿Tiene algún peso en el discurso académico actual?

Abraham asegura que no: “No se lo lee en las universidades porque no es parte de los modismos de hoy, aunque sí lo es su compañera Simone de Beauvoir, por su libro ‘El segundo sexo’. Lo curioso es que el feminismo que la rescata no se detiene en el hecho de que ella en gran parte de su obra se dedicó a divulgar las tesis de su marido sin libreta”.
Sobre el legado sartreano, Abraham cree que su obra fundamental es “El ser y la nada”: “Se trata de un libro de filosofía que combina talento literario con una imaginación teórica aplicada a elaborar un nuevo concepto de libertad”.

Y destaca “sus obras de teatro, algunas de las cuales tiene una particular intensidad, sus ideas sobre la literatura, desde su crítica a la poética surrealista, al romanticismo y sus variantes. Además de cómo, en la última parte de su vida, ciego y sin posibilidades de escribir, llevó a cabo una extraordinaria epopeya para desdecirse de todo lo que hizo y recomenzar de nuevo”.

El ensayista y filósofo Luis Diego Fernández afirma que “la filosofía francesa del siglo XX se puede dividir en dos cabezas pensantes: Sartre en la primera mitad y Foucault en la segunda”. Y cree que por eso mismo “su lugar es incuestionable”.
Aunque aporta algunas ideas que explican, según su opinión, el descrédito en el que en ciertos círculos pueden haber caído su obra y su figura: “El tiempo colocó a Sartre como una figura demasiado hija de su tiempo, y su obsolescencia se hizo evidente”.
Sabe que su recepción en la Argentina fue enorme y diversa: “Desde Juan José Sebreli a Tomás Abraham, pasando por José Pablo Feinmann, hubo filósofos ideológicamente opuestos que lo han tomado como referencia”.
"En las últimas dos décadas su pensamiento ha desaparecido, quizá producto de una concepción antropológica anticuada y de un modelo voltaireano que concibe al intelectual como portavoz de verdades universales que hoy resulta entre naif y absurdo, así como pretencioso y narcisista. En tiempos donde la subjetividad es plástica, el modelo sartreano quedó a años luz, al igual que su construcción del rol de un intelectual”, concluye Fernández.
Publicado en Télam, 15/04/2020.

miércoles, septiembre 11, 2019

La historia argentina y el desafío del liberalismo frente a la avalancha estatista por Alberto Benegas Lynch (h).

Lo primero es decir que en nuestro país y en ninguna otra parte del continente americano hubo tal cosa como "pueblos originarios", ya que todos los humanos provenimos de África y en nuestra región los habitantes primitivos caminaron a través del Estrecho de Bering cuando las aguas estaban bajas. En todo caso se trata de los primeros inmigrantes.

Habiendo dicho esto subrayamos que la primera fundación de una ciudad en nuestras tierras fue en Santiago del Estero en 1554, época, dicho sea de paso, en que esa zona era un vergel lo cual se modificó a raíz de sucesivos cambios climáticos que vienen ocurriendo desde por lo menos la era glaciar. Por eso se ha dicho que luego de los ruidos guturales, nuestros ancestros de las cuevas lo primero que probablemente dijeron fue: "¡Qué raro está el clima!".
Uno de los primeros combates de los gobernantes locales luego de fundada Buenos Aires fue el contrabando, es decir, el deseo de ingresar mercadería considerada de mejor calidad y precio más atractivo según el criterio de los locales. En este sentido, las primeras trifulcas fueren entre nuestras costas y Colonia del Sacramento y más adelante la instalación de aduanas secas, por ejemplo, en Córdoba y Jujuy.
Por su parte, las vaquerías –mucho antes de los saladeros y la muy posterior industria frigorífica- fueron la primera industria porteña que consistía en cazar ganado vacuno para sacar partida del cuero y dejar que los animales se pudran en el campo, lo cual se complementaba con la liquidación de carne para engullir y dejar el resto a las aves de rapiña. Todo esto era una manifestación burda de lo que en la ciencia política luego se denominó "la tragedia de los comunes", es decir, lo que es de todos no es de nadie y, por tanto, no hay interés en preservar y reproducir sino solo en consumir. Este fenómeno depredatorio se corrigió con la revolución tecnológica del momento: la marca primero y el alambrado después que al delimitar la propiedad no solo frenó lo anterior que se encaminaba a la extinción del ganado vacuno (igual que ocurrió con los búfalos en el hemisferio Norte) sino que los incentivos operaron en dirección a multiplicar el stock ganadero.
La denominada conquista de América por los españoles en estas regiones en general se basó en la expoliación de los llamados "indios" (como se sabe, un error conceptual debido a que las expediciones originalmente pensaban que se dirigían a las indias) a través de "guerras santas" y de instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo por las que seis siglos más tarde Juan Pablo II pidió perdón en nombre de la Iglesia (además de otros perdones) y en la época de la referida conquista hubieron defensores de los indígenas, personas extraordinarias como Fray Bartolomé de las Casas.
Los primeros gobernantes ostentaban el título de "adelantados", quienes financiaban la expedición a cambio de privilegios y dádivas de muy diversa naturaleza y de ser designados capitanes generales por la corona española quienes a su vez nombraban a miembros de la Audiencia, una institución encargada de impartir justicia y los cabildos responsables de faenas más bien municipales. Luego, esa incipiente burocracia fue reemplazada por los títulos de virreyes y gobernadores, ambos a cargo de jurisdicciones de distinta magnitud, siempre regidas bajo las Leyes de Indias que se promulgaban en España y que tenían la curiosa característica de ser lo contrario a lo que en derecho se conoce como ley, puesto que estaban dirigidas a casos particulares y no de carácter general.
Es de interés destacar que lo dicho no operaba en el hemisferio Norte, puesto que los colonos allí se escapaban de la intolerancia religiosa y el despotismo del continente europeo y de la corona británica en ese momento en manos de Jorge III. En este sentido, cabe subrayar que la historia de las colonias en lo que luego fueron los Estados Unidos se basaron en instituciones liberales que fueron un modelo para el mundo libre. Cuando en el Sur se estableció el férreo Virreinato del Río de la Plata en 1776 que cortó amarras con Lima, en el Norte se promulgó en el mismo año la Constitución que produjo la revolución que mayor progreso brindó en lo que va de la historia de la humanidad, solo comparable a la muy efímera Constitución de Cádiz de 1812 denostada y anulada por la monarquía.
Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 se puso en evidencia el deseo de los locales de abrir el comercio con Inglaterra y con el resto del mundo y zafar de las imposiciones españolas de solo comerciar con ellos o entre las colonias dominadas por España, lo cual fue estimulado en grado sumo por las importaciones clandestinas de libros que patrocinaban el librecambio y mostraban sus múltiples ventajas, muy distinto a lo que hoy ocurre en nuestras playas en cuanto a las propuestas anacrónicas y empobrecedoras de "vivir con lo nuestro".
En 1810, principal aunque no exclusivamente como consecuencia de las invasiones napoleónicas en la península, hubo varios movimientos a favor de declarar la independencia de España. Fueron muy variados los antecedentes y las conspiraciones hasta que finalmente el virrey en ejercicio, Baltasar Hidalgo de Cisneros, se vio forzado a abandonar el cargo y se generaron conatos contrarrevolucionarios como la movilizada por Liniers, quien finalmente fue fusilado en medio de trifulcas de variado tenor. Después de calurosos debates sobre si es implementaría una monarquía o un gobierno republicano, primó este último criterio y se sucedieron gobiernos que ostentaron los títulos de Junta de Mayo, Junta Grande, Primer y Segundo Triunvirato y Directorio, mucho antes de la presidencia en el Ejecutivo.
Ya cuando Fernando VII retornó al trono en 1815 los locales percibieron que reincidiría con sus tendencias absolutistas lo cual confirmó la revolución independentista. En todo caso y en definitiva, Juan Bautista Alberdi tuvo razón cuando consignó que "dejamos de ser colonos de España para ser colonos de nuestros gobiernos" pues, en la práctica, especialmente en el período hasta la caída de Rosas en 1852, dominaron el panorama político los caudillos y las luchas intestinas donde sobresalió un régimen unitario con la fachada de federal.
Es del caso detenernos telegráficamente en opiniones de reconocidos personajes sobre la tiranía rosista dado el tiempo que duró su dominación. Bartolomé Mitre destaca que fundó "una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos" (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: "Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). Domingo Faustino Sarmiento: "Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]" (en Facundo). Félix Frías escribió que "Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas). Juan Bautista Alberdi: "Los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre" (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte, José Manuel Estrada afirmó que "Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial" (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: "Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país" (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires). José de San Martín relata en una misiva que "Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país" (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839). Paul Groussac concluye que "Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita" (en La divisa punzó).
Los miembros de la generación del 37 -bautizada así por el año en que se creó el Salón Literario- conspiraban contra Rosas y muchos de ellos prepararon escritos en Buenos Aires y luego desde el exilio en Chile y Uruguay para adoptar otras perspectivas una vez finiquitada la tiranía. Y después de proclamada la Constitución liberal de 1853 y reforzado ese ideario con las contribuciones de la generación del 80 (denominada así a partir de la primera presidencia de Roca), la Argentina se convirtió en uno de los países más prósperos del planeta. Competía con Estados Unidos y en niveles muy superiores a Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, de donde provenían las abundantes corrientes migratorias atraídas por los muy jugosos salarios y condiciones de vida argentinas.
Lo vaticinó Tocqueville: es frecuente que en naciones de gran prosperidad moral y material se dé por sentada esa situación con la que los valores y los principios sobre los que se sustenta ese progreso son abandonados y, consiguientemente, irrumpe la declinación.
Así ocurrió a partir del golpe fascista del 30, cuando comenzó un proyecto de constitución corporativa propuesta por el entonces presidente de facto. Las ideas disolventes se venían gestando lenta pero firmemente, lo cual acentuó el estatismo en grado exponencial a partir del golpe militar del 43, algo que, lamentablemente, bajo una etiqueta u otra, ha venido sucediendo sin solución de continuidad hasta el presente.
En esta línea argumental y para cerrar esta nota periodística dado que el antedicho estatismo se centra principalmente en la corriente peronista, menciono al correr de la pluma los autores más prominentes que han investigado sobre el tema al efecto de ilustrar lo dicho. La corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda), la aniquilación del derecho (María Zaldívar y la correspondencia Cooke-Perón), el totalitarismo (carta de Perón a Mao y Juan V. Orona).
Es a través del peronismo que se han demolido las bases constitucionales originales para convertir la legislación vigente en un catálogo de pseudoderechos que perjudican muy especialmente a los más necesitados, a contracorriente de los establecido por maestros como Amancio Alcorta, Augusto Montes de Oca, Segundo Linares Quintana y Gregorio Badeni entre muchos otros y, desde luego, contrario a los múltiples textos de Alberdi como principal inspirador de nuestra Constitución fundadora.
Hoy en nuestro país debe celebrarse el establecimiento de múltiples entidades de muy variado tenor al efecto de estudiar y difundir el ideario de la tradición de pensamiento liberal. Si bien son por ahora minoritarias respecto a la avalancha estatista, constituyen una sólida esperanza para el futuro dadas las muy fértiles faenas que viene desarrollando muchos jóvenes profesionales que trabajan denodadamente en esas instituciones. En este sentido, confiamos que seamos capaces de retomar un camino que nunca debimos abandonar como vanguardia del mundo civilizado.
El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

miércoles, junio 12, 2019

El peronismo racional es irracional Por Alberto Benegas Lynch (h).

En momentos en que en nuestro país el actual mandatario decide asociarse en la fórmula para la próxima contienda electoral a un peronista de permanente y decidida actuación en el anterior gobierno, es del caso repasar el significado del peronismo aunque ya hayamos escrito sobre el particular. Esta decisión desafortunada en cuanto a la preservación de los valores de una sociedad libre, se adopta luego que la actual gestión ha incrementado las cargas fiscales, ha aumentado sideralmente la deuda estatal, ha ensanchado el déficit total, ha elevado el ya astronómico gasto público y mantiene una inflación mensual equivalente la anual en países civilizados. La actual administración al encontrase frente a estos resultados optó por abrir su espacio pero era de desear que lo hiciera en dirección parecida al camino indicado por políticos como Leandro N. Alem quien enfatizó “gobernad lo menos posible, porque mi
entras menos gobierno tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad.”

No ser corrupto no es suficiente, que por otra parte es lo normal y tampoco son suficientes las buenas intenciones, el tema son los resultados no las explicaciones.
Resulta sumamente curioso pero a esta altura del siglo xxi cuesta creer que existan aun personas que seriamente se dicen peronistas. Se ha probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda) a lo que cabe agregar la detallada obra de Ignacio Montes de Oca sobre las destrucciones morales y materiales del peronismo ¿Qué más puede pedirse para descalificar a un régimen?
A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).
También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza, cit. por J. J. Sebreli, Los deseos imaginarios del peronismo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1983, p. 84). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).
Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos y, también  a la vuelta de su exilio, se decidió por abrazarse con Ricardo Balbín (un antiguo opositor que a esa altura se había peronizado).
A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una corrupción en todos los niveles gubernamentales.
En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la misiva mecanografiada la reproduce Silvano Santander en  Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.
En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017 se reproduce una misiva mecanografiada de Perón a Mao:
“Madrid, 15 de julio de 1965
Al Sr. Presidente Mao Tse Tung
Mi querido Presidente y amigo:
Desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados por Uds. para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar.
Su pensamiento y su palabra de Maestro Revolucionario, han calado hondo en el alma de los pueblo que luchan por liberarse -nosotros entre ellos- que nos debatimos, en estos últimos diez años, en marchas y contramarchas propias del proceso de un pueblo, que va preparando las condiciones más favorables para la lucha final contra el Imperialismo Norteamericano y sus aliados permanentes -entre ellos ahora, los actuales dirigentes soviéticos- se equivocan cuando piensan que con el engaño de una falsa coexistencia pacífica podrán detener la marcha de estos pueblos sedientos de justicia en  pos de su liberación.
El ejemplo de China Popular, hoy base inconmovible de la Revolución Mundial, permite a los hombres de las nuevas generaciones prepararse para la larga lucha con más claridad y firme determinación.
La acción nefasta del Imperialismo, con la complicidad de las clases traidoras, han impedido en 1955 que nosotros cumpliéramos la etapa de la Revolución Democrática a fin de preparar a la clase trabajadora para la plena y posterior realización de la Revolución Socialista. Pero, de la derrota de esa fecha, hemos recogido grandes ejemplos que nos permiten prepararnos con mucha más firmeza, para que nuestro pueblo pueda tomar el poder y así instaurar la era de gobierno de los oprimidos -la clase trabajadora- única capaz de realizar una política de paz y felicidad para nuestro pueblo. Nuestros objetivos son comunes –por eso me felicito de este contacto de nuestros luchadores con esa realidad que son ustedes.
En lo fundamental somos coincidentes, y así lo he expresado muchas veces ante nuestros compañeros, la clase trabajadora y peronista de Argentina. Quedan los aspectos naturales y propios de nuestros países, que hacen a sus condiciones socio-económicas, y que modifican en cierta forma la táctica de lucha.
Los compañeros portadores sabrán explicar de viva voz nuestros puntos de vista, y el gran deseo de que la más profunda y sincera de las amistades se consolide entre nosotros.
Reciba, querido Presidente, las seguridades de nuestros mayores sentimientos. Somos confiantes en el triunfo de la justicia y la verdad. Nada ni nadie podrá detener la hora de los pueblos.
Por el triunfo de nuestras comunes luchas, por el triunfo y la felicidad del Pueblo Chino; por la liberación de los pueblos oprimidos, con toda amistad,
Un gran abrazo,
Juan Perón.”
Después de este resumen no parece racional es seguir machacando con el peronismo que ha juntado todas los desaciertos y las lacras de nuestra historia como consecuencia del abandono de muchos que no han sido capaces de mostrar las ventajas de adoptar los valores y los principios de una sociedad libre, lo cual se venía incubando desde el golpe fascista del 30 agudizado en grado extremo a partir del golpe del 43. Es del caso recordar el célebre dictum de George Santayana en cuanto a que “Aquellos que no estudian la historia están condenados a repetirla”, por lo que nunca es tarde para rectificar el rumbo si somos capaces de hacer un examen de conciencia y dar preeminencia a la integridad moral como condición para el progreso de todos.
Comentarios de lectores:
Susana Eyheralde dijo...
“...los gorilas son todos iguales, los peronistas son cada uno peronista a su manera.” (Pliner).
Siento una extraña sensación cuando escucho o leo a antiperonistas. Yo estuve ahí, por formación familiar veía los mismos males que hoy repitan quienes consideran al peronismo la causa de la decadencia del país.
Lo que me sorprende es que no ven las terribles situaciones que generaron gobiernos no peronistas. Ni tampoco ven los aciertos y logros del peronismo y, mucho menos, la enorme corrupción y atropello a las instituciones que cometieron y cometen los gobiernos antiperonistas.
El peronismo (les gusta repetir la frase de Borges: los peronistas son incorregibles) es indefinible, con políticas contradictorias según quien esté al frente en cada momento.
Pero también pueden pensar el país eludiendo adoctrinamientos rígidos, con una extraña combinación de pragmatismo y confianza en sus fundamentos. Son como las ovejas negras que hay en muchas familias, que después de ser incomprendidos se los sigue criticando y también se los valora por su creatividad que les permite renovarse continuamente.
Lo dan por terminado, y resurge nuevamente en los momentos más difíciles del país. Para bien o para mal.
(…)y porque soy libre y soy fuerte,
yo volveré de la muerte,
volveré y seré millones.
Castiñeira de Dios
Sospecho que pasaré a estar en alguna lista negra de quienes escriben y leen en este medio. Es extraño porque no soy antiperonista ( me costó mucho) pero tampoco soy peronista.