LA "PATRIADA" QUE NO PUDO TORCER LA HISTORIA.
Por Diego Barovero.
La democracia argentina restaurada definitivamente en 1983 cumplió sus primeros cuarenta y dos años de continuidad ininterrumpida. Es pues, el más largo período de continuidad de las instituciones republicanas sin alteraciones de toda nuestra historia.
Ese mismo año de la definitiva restauración democrática constitucional comenzó con una pérdida irreparable. El 18 de enero fallecía Arturo Umberto Illia, precisamente un símbolo humano de las virtudes cívicas republicanas, quien merecía el respeto y consideración de la totalidad de sus conciudadanos.
La sociedad argentina de entonces, aunque golpeada por la violencia política de los años setenta, dos largos períodos dictatoriales (1966/73 y 1976/83) a cargo de las fuerzas armadas que incluyeron la brutal represión ilegal y la desastrosa guerra contra el Reino Unido en el Atlántico Sur, se encaminaba a hacia la normalización democrática en el momento justo en que perdía un referente insoslayable de la vida política, que luego de haber sido derrocado por los militares en 1966 se fue a su casa en un auto particular y volvió a ejercer su profesión de médico. Aunque no abandonó jamás la militancia política y siguió recorriendo el país, visitando y hablando a sus correligionarios y conciudadanos predicando el evangelio de la democracia.
Illia había sido un presidente ejemplar, honesto, proclive al diálogo y al respeto por las normas del Estado de derecho y la convivencia democrática además de un auténtico estadista. Su gobierno impulsó un claro proceso de nacionalismo económico (anulación de contratos petroleros lesivos de la soberanía, Ley de Medicamentos), la defensa de los intereses de los sectores populares asalariados (Ley del Salario mínimo, vital y móvil, mayor participación en la distribución de la renta nacional), la mayor inversión presupuestaria en educación, ciencia y tecnología (25% del Presupuesto Nacional) y una política exterior de firme contenido antiimperialista, americanista y de autodeterminación de los pueblos. También logró el máximo éxito diplomático en la causa de las Islas Malvinas a través de la Resolución 2065 de la ONU.
Su desaparición física en la aurora de nuestra democracia contemporánea privó a la sociedad de su insoslayable referencia. Sin embargo, no nos impide reconocer el inmenso legado doctrinario de alta política que nos dejó el presidente Arturo Illia que debería ser ejemplo para cualquier gobernante en la actualidad.
* Historiador. Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
Publicado en LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/Un-simbolo-de-las-virtudes-civicas-568029.note.aspx
Hace sesenta años, el 12 de octubre de 1963 asumió la presidencia de la República el doctor Arturo Umberto Illia para dar comienzo a un gobierno lamentablemente breve y ejemplar. Se vio interrumpido en 1966 por un golpe militar con colaboración civil y en especial sindical. Una acción desestabilizadora persistente instaló la idea del presidente viejo y decrépito y de una administración lenta e inoperante. Todas falacias absolutas.
Illia fue un hombre de partido, radical hasta la médula que se había fogueado políticamente en la Córdoba que fue cuna del reformismo universitario y en las luchas cívicas de la UCR mediterránea que capitaneaba Amadeo Sabattini y que le ganó limpiamente a los conservadores en plena Década Infame, liberando para siempre a la provincia del fraude en que éstos la tenían sumida como al resto de la República. Illia fue senador provincial y vicegobernador de la gestión progresista de Santiago del Castillo, otro gran referente del radicalismo cordobés.
En el apogeo peronista, Illia llegó como diputado al Congreso para incorporarse a la legendaria bancada radical de los 44 que presidía Balbín y vicepresidía Frondizi (siendo amigo de ambos aún luego de las discrepancias que los llevaron a la división partidaria) y, ya convertido en referente nacional insoslayable del radicalismo, fue elegido gobernador de Córdoba en 1962 aunque no pudo asumir por la anulación de los comicios que precedió a la destitución del gobierno constitucional de entonces.
Su candidatura a presidente de 1963 fue la jugada magistral de Balbín y el radicalismo del pueblo para asegurar un triunfo que podría escapársele a manos de los candidatos del continuismo como el general Aramburu o el Frente que los militares azules tejieron con el peronismo. Illia y la UCRP ganaron legítima y limpiamente las elecciones del 7 de julio de ese año y de acuerdo al régimen electoral consagrado por la Constitución Nacional de 1853 obtuvieron la mayoría absoluta de los votos de los colegios electorales. Nunca existió el mal llamado "pecado de ilegitimidad" difundido por el sindicalismo peronista, el periodismo desestabilizador y el poder económico concentrado para justificar el golpe. La proscripción del peronismo no fue tal, procuraron por todos los medios llegar a la elección de 1963 con un candidato consensuado con los militares (que incluyó al mismísimo Onganía como alternativa) y cuando se les cayó la negociación con los militares azules y el ministro Rodolfo Martínez para consagrar un candidato (el conservador Vicente Solano Lima), finalmente Peron mandó a votar en blanco obteniendo un magro resultado, inferior al 20% que fue superado por Illia que obtuvo más del 25% que se elevaba al 32 % de los votos afirmativos válidos (exceptuando el voto en blanco y nulo).
Illia fue un presidente ejemplar, mal que les pese a los militares que lo derrocaron en concupiscente pacto con sindicalistas corruptos, periodistas ganapanes al servicio de intereses económicos .
Algunos comunicadores y muchos políticos incluso de su propio partido se limitaron a señalar que Illia era manso, bondadoso, honrado y respetuoso de las formas democráticas.
Opacaban así las verdaderas condiciones de estadista que enmarcan la gigantesca personalidad de ese gran hombre que presidió el país por apenas mil días.
Durante su gobierno impulsó un fuerte proceso de nacionalismo económico (anulación de contratos petroleros lesivos de la soberanía nacional, Ley de Medicamentos) y planificación indicativa, la defensa de los intereses de los sectores populares asalariados (Ley del Salario mínimo, vital y móvil, mayor participación en la distribución de la renta nacional), la mayor inversión presupuestaria en educación, ciencia y tecnología (25% del Presupuesto Nacional) y una política exterior de firme contenido antiimperialista, americanista y de autodeterminación de los pueblos. Fue entonces que se logró el máximo éxito diplomático respecto del reclamo sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas a través de la Resolución 2065 de la ONU que imponía a Gran Bretaña el diálogo bilateral que hubiera significado a mediano o largo plazo la recuperación pacífica del archipiélago. Todo esto dentro del marco de la plena vigencia del régimen constitucional, incluyendo todas las libertades civiles y políticas, aún para el peronismo al que los militares de 1955 habían proscripto y al que Illia cumpliendo su promesa rehabilitó electoralmente. La simple constatación de datos disponibles en la Memoria del Banco Central correspondiente al período 1960/1970 son suficientes para comprobar que Illia presidió uno de las mejores administraciones argentinas del siglo XX.
Acaba de publicarse un libro extraordinario de la prestigiosa historiadora María Sáenz Quesada "1966. De Illia a Onganía. El prolífico de la Argentina violenta" (Editorial Sudamericana). Su lectura es imprescindible para comprender no sin nostalgia que pocas veces la Argentina se encontró como en el gobierno de Illia en la antesala de un sostenido y virtuoso desarrollo socioeconómico en un marco de vigencia de las instituciones democráticas y las libertades, y que sacrificó esa notable oportunidad internándose en una incierta aventura que en pocos años abrió las puertas a uno de los ciclos más dramáticos y decadentes del país cuyas consecuencias aún padecemos.
* Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.
Publicado en Diario LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/Arturo-Illia-un-presidente-ejemplar-535918.note.aspx
Pasadas unas horas de su rara ampliación de indagatoria decidida por voluntad unilateral de Cristina Fernández, que considera que merece el privilegio de pasar por encima del Código Procesal y hasta del propio rechazo in límine del tribunal que la juzga, casi se han agotado las opiniones sobre esa suerte de defensa anticipada y extemporánea, que deja descolocados a sus propios abogados defensores, que ahora tienen el pobre payasesco papel legal de ratificar sus dichos, simplemente, por vacuos que fueren.
También ha quedado claro que la viuda no sólo se siente dueña de todos los dólares que existen o lleguen al país y de las exiguas reservas, sino también del Senado, que considera su otro domicilio o feudo privado, desde el que, refugiada como en una madriguera, impera y hace su voluntad.
Por supuesto que la seudo defensa ejercida por la procesada no sólo no lo es, en cuánto se limita a acusar a otros de haber hecho lo mismo que ella, algo innecesario ya que había sido puesto en vergonzosa evidencia con el caso de Los cuadernos y su centenar de cómplices empresarios que han aceptado su culpabilidad, a fin de que, como todo ladrón arrepentido, no les caiga el peso de la ley sobre sus cabezas, y con algunos benefactores de la patria que en el extremo de la impunidad y el caradurismo, mandaron presos a sus amanuenses. Habría que ver, para ser justos, si esos confesos coimeros tienen ahora algún grado de participación, subcontrato o acuerdo de compras en el gasoducto que lleva orgullosamente el nombre de Néstor Kirchner, también mandado al frente por corrupto por su esposa, en su verborrágica catarsis. Eso mostraría definitivamente que Argentina se ha terminado.
Debe quedar claro que el negociado con Clarín del que acusó a su difunto favorito, involucra al socio del matrimonio presidencial David Martínez Guzmán, un súbito billonario mexicano, y acaba de culminar en este gobierno, luego de varias fusiones y ventas, en el mayor y más alevoso de los monopolios. La fusión de Multicanal-Cablevisión-Fintech-Telecom-Telefónica Personal- Fibertel, inadmisible en cualquier otro país más o menos serio. Martínez, como Eskenazi, es seguramente otro experto en mercados regulados, frase en la que sólo creen los descuidados, como la SEC americana.
Esta rotura de la omertá, el juramento sagrado mafioso que se pena con la muerte en el mundo corleoniano, no es fruto de un descuido ni del despecho. Es la convicción de la señora Fernández de que ha sido ella la traicionada por algunos de los miembros de la mafia. Simplemente se ocupa de recordárselo. Más que una defensa de la acusación de la Justicia, es un reproche contra los que cree que rompieron primero ese pacto de silencio y secreto. Este supuesto la guía, la alimenta, le enciende la llama que se manifiesta en cada intervención, en cada mise en scène, porque su lógica no es la lógica de la política ni la lógica de la justicia ni siquiera la lógica de la moral: es la lógica de la mafia. Eso no le permite comprender que las situaciones no son simétricas. Si a consecuencia de cualquier denuncia ante la justicia fuera condenado cualquier funcionario que no le perteneciera, nadie saldría a hacer marchas, ni a pedir la remoción de la Corte, ni a postrarse ante los organismos internacionales inventados que se burlan de la Constitución Nacional y que han sido creados para perpetuar las mafias mundiales en todos sus formatos.
A esta altura de la realidad, pocos ignoran que el sistema político argentino es un sistema mafioso multipartidario, con una maraña de leyes que subordinan a los políticos a someterse al poder de las finanzas, con una boleta sábana que excede al simple formato impreso, con un montón de ganapanes que hacen de la política un linkedin, y el poder un objetivo por el poder mismo. Se dirá que eso pasa en muchos países. Es cierto. Pero no es el objetivo de esta columna el salvar a la humanidad, sino evitar la mayor cantidad posible de desencantados y de emigrantes argentinos. En el otro extremo, está la polarización, herramienta fundamental para todo formato corrupto y sobre todo, de burócratas inútiles. El fanatismo, el hinchismo. El barrabravismo que impide ver lo mal que juega el equipo del que se tiene un escudo en la puerta del placar, o en el espejito del auto.
La URSS debe haber sido, aún más que el nazismo, uno de los ejemplos más claros de adoctrinamiento que se conocen. Su pueblo estaba impregnado de un enorme fanatismo, creía además que estaba salvando a su patria, que lo esperaba el progreso, la justicia, la equidad, la grandeza y la felicidad. En nombre de esa creencia auspiciaba dictadores salvajes, asesinos, oprobios, esclavitudes, purgas, millones de muertes, segregación, racismo, confiscaciones, hasta ofrendar sus derechos y libertades al poder omnímodo de sus amos en nombre de su odio y su resentimiento. Ese adoctrinamiento lo llevó a la sumisión. Quién haya conocido aquel pueblo de la Unión Soviética, no puede evitar la comparación con la actualidad nacional, la irracionalidad y fanatismo de los planteos, la negación, heredada del materialismo dialéctico que ahora ha devenido en relato, que sostiene que todo lo que se niega no existe, por evidente que fuera.
Al mismo tiempo, y en paralelo, la viuda de Kirchner es la madrina de la mafia peronista. La jefa del Cartel kirchnerista. Si es atacada por la justicia y es juzgada, ningún otro jefe ni padrino estará en su contra. La sanción social o la prisión no cambian el hecho. Aún los peores enemigos saben que el poder no está en la sociedad, ni en la ley, ni en la justicia, ni en la policía. El poder está en la mafia. Sólo los otros padrinos pueden decidir su destino. La cosa nostra no recurre a la justicia. Fiscales abstenerse. Aunque se llamen Elliot Ness.
Por eso, se observa que líderes peronistas como Miguel Pichetto, por ejemplo, que aparentemente habían tomado un camino de sensatez, de pronto se cuelga de la teoría delirante del law fare, o se solidarizan con el criterio de que, si el pueblo la ha votado, la justicia no puede arrogarse el derecho a ignorarlo, aunque se hubiese robado un presupuesto entero, y en especial a las clases más pobres. Y lo mismo pasa con quienes deben favores al padrino, o la madrina, si se prefiere. Eso explica los Manes, pero también explica el silencio sin nombre de varios supuestos adalides liberales, de quien la sociedad sospecha del origen de su financiamiento, que omiten personalizar, que hablan de su oposición a la corrupción, pero dejan incólume o al menos eluden la mención a Cristina y su procesamiento concreto, que prefieren expresarse con eufemismos y generalidades, como las reinas de belleza que abogan por la paz universal, y ahora por la lucha contra el cambio climático, por los trans y contra el machismo.
Mafias. Grandes, pequeñas, potenciales. Pero todos los padrinos defienden al padrino más grande. Lo odian, pero lo apañan y le temen. Por eso se vio al periodismo militante o al periodismo neutral defendiendo la elección popular, o condenando la supuesta proscripción que implica inhabilitar a alguien para la función pública, sanción que está consagrada por la ley y por la misma Constitución Nacional. Es la hora de cobrar los favores. O de pagar por los favores recibidos. La mafia no perdona. Ni olvida.
Por esa condición ancestral de comportamiento animal, como las marabuntas o la manga de langostas, que parecen desarrollarse con un caos y un desorden crecientes pero que conducen inexorablemente a un final preciso y fatal, el concepto de “me juzgará el pueblo” o “ya me juzgó la historia”, el criterio de que la política está por encima de la ley, coincide, punto por punto, con la línea que están siguiendo los otros partidos o movimientos latinoamericano pro Patria Grande, con la prédica de la Iglesia de Puebla fundada por Francisco I en base al Documento de Puebla, (¿será de ahí de donde proviene el término pueblada?, con la constitución de Chile, que elimina el tercer poder, el judicial y lo reemplaza por un Tribunal de penas político, o con la constitución proyectada colombiana, por supuesto por la línea del partido único que todo lo juzga de Castro o Maduro, o de China, Corea del Norte o la vieja URSS. También está en línea con el concepto de justicia transnacional que hace que orgas de inútiles burócratas sublimados invadan las constituciones de cada país y le quiten el tercer poder, el poder de contralor, el poder republicano de los tres poderes que se controlan entre sí.
Hace rato que el neomarxismo con nombres diversos, desde socialismo a progresismo, viene siguiendo la línea Marx-Gramsci, de combatir al capitalismo con su mayor arma, hasta apoderarse de ella y esgrimirla como bandera propia: la democracia. Pero esa democracia socialista no es lo mismo que estamos dispuestos a morir para defender. Es una democracia de partido único, de Cristinas Fernández, donde no hay poder judicial, donde los políticos se controlan entre políticos, una democracia sin república, o sin principio republicano. Una democracia dictatorial, en la que el que gana manda y el que pierde simplemente obedece o se somete. Sin control, sin jueces, sin derecho administrativo que detenga los abusos del estado contra los ciudadanos. Una democracia venezolana, o cubana, o de la Alemania del Este.
Aun países serios como Uruguay sufren ese embate de confusión y deseducación, aunque todavía no se da cuenta. El exvicepresidente Sendic, una versión guerrillera simbólica oriental, todavía no pudo explicar en qué perdió mil millones de dólares ANCAP durante su gestión, y fue condenado por la justicia apenas por usar su tarjeta de crédito oficial para compras relativamente ridículas. Allí casi es considerado de mal gusto demandar que los funcionarios públicos se sometan a la acción de la justicia. Justamente la brillante advocación del fiscal Luciani.
Fuera del subcontinente, cada día crece más la demanda de democracia popular o directa, que, sin explicitarlo traen al dorso la eliminación de la justicia como poder, el argumento del law fare o la elección por votos de los jueces, que llevan al fraude, a la democracia sin república, a la esclavitud del que pierde, sin ningún derecho. Esa es la demanda básica de todos los movimientos que promueven el redistribuicionismo, la religión woke, el reseteo global y la agenda 2030: países donde quien gane, o algún partido único que gane, decida sin ningún límite judicial o legal el destino de todos: en vez de apelar al viejo apotegma “el que gana gobierna y el que pierde ayuda”, que tampoco quiere decir nada, aunque ahora se es más sincero: el que gana manda y roba lo que quiere. Para repartir o para quedárselo. Todo control judicial es considerado antidemocrático. Para eludirlo basta invocar el law fare. Palabra del Papa, palabra de Dios. Esa es la nueva democracia. Una democracia sin republicanismo. Sin controles mutuos ni defensa del ciudadano. A eso se suma el embrutecimiento educativo, el choripanismo y la indoctrinación del estilo URSS, y el populismo, que no es nada más que coimear al votante, con dádivas, con fanatismo, con patrioterismo o haciéndolo creer que está salvando a su país de quién sabe qué enemigos, o del tremendo cambio climático (Preguntar a España) o de algún otro enemigo invisible.
Cuando Hayek en su inmortal Camino de Servidumbre que le valiera el Nóbel analiza este mismo tema, encuentra el modo de unir la metodología de la burocracia de izquierda o derecha, más allá de nombres y consignas. “Todo gobierno de planificación central termina siempre en dictadura”, dice. Por un lado, porque cuando la sociedad (la acción humana) no actúa de acuerdo a sus planes o a sus ecuaciones, prefiere cambiar a la sociedad, no a sus planes. Entonces ordena, prohíbe, rige, encepa, confisca, reparte. Quiere suplantar miles de mercados con decretos. Hasta que el pueblo se muere de hambre. Cuando se acaba lo que hay para repartir y prometer y viene la miseria, se consolida la dictadura, siempre de partido único o del oligopolio político. Por eso el populismo no es ideológico, no es de izquierda ni de derecha. Es simplemente un instrumento de sojuzgamiento. Es simplemente humillante. Y además, no quedan dudas que alguien que pretende controlar el valor del dólar, repartir equidad, eliminar desigualdades, redistribuir la riqueza, está haciendo planificación central.
El otro gran pensador de la democracia, Alexis de Tocqueville, concluyó al final de su vida que hay que redefinir lo que es democracia y gobiernos democráticos, que no es un simple sistema de votación, sino que es un sistema de equilibrio de poderes y derechos, de respeto por las minorías y de honestidad, sin la que nada sirve, ni siquiera hay democracia auténtica posible. El progresismo o socialismo woke ha redefinido la democracia de la peor manera: el poder por el poder mismo a como cuadre. El poder absoluto para el que gana. Pero a los muchos problemas que ese concepto acarrea, hay uno adicional: la corrupción. Nada peor que un sistema sin controles, o autocontrolado. O sin límite alguno. Terminará siempre en un gobierno de ladrones. Con sus socios empresarios privados delincuentes, por supuesto. Con sus sindicatos cómplices delincuentes, por supuesto. Con sus organizaciones de desarrapados veniales, por supuesto. Con su pueblo hambreado, como cualquier argentino sabe. Porque la justicia, aun con todos los defectos humanos que pueda tener, es el único límite posible. Y en una democracia republicana, los funcionarios judiciales también son susceptibles de rendir cuentas, y de ser sancionados si se desvían de la línea honesta.
Sin quererlo, o no, quien sabe, Cristina Fernández está en la línea del progresismo neomarxista, de la agenda 2030, o de la encíclica socialista no escrita de Francisco I. Ellos no lo saben, pero como decía Perón, son todos peronistas. No importa la ideología.
PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.
Imagen: Diario La Prensa.
Algunos ya nos estamos poniendo grandes para que nos machaquen sandeces mayúsculas que contradicen abiertamente nuestra historia. Hay que mantener algo de pudor y abstenerse de presentar al peronismo como algo razonable. Mario Vargas Llosa con razón ha dicho: “El peronismo es la fuente de todos los males argentinos” y Jorge Luis Borges consignó: “Pienso en Rosas con horror como pienso en Perón con horror”. Ningún observador serio puede entender la monotonía del colapso en la que está enredado nuestro país.
Prestemos un mínimo de atención a la pasmosa decadencia que parió el fatídico golpe militar del 43, una continuación muy acentuada del golpe fascista del 30, en el que también participó activamente Perón. Se han probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras y adoctrinamiento sistemático (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda) y la destrucción moral y material en gran escala (Ignacio Montes de Oca, María Zaldívar).
A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190). A lo que cabe agregar la vergonzosamente laudatoria carta de Perón a Mao el 15 de julio de 1965 en medio de las horrendas y repetidas masacres de ese nefasto régimen, misiva que comienza con “Mi querido Presidente y amigo”.
También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza). En otra ocasión anunció: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó: “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).
Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto, sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de Economía José Ber Gelbard, quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató de que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder, debido a lo cual optó por combatirlos.
La razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el corrupto IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una degradación en todos los niveles gubernamentales.
En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del ministro consejero de la embajada de Alemania en Buenos Aires, Otto Meynen, a su “compañero de partido” en Berlín, capitán de navío Dietrich Niebuhr O.K.M., fechada en Buenos Aires el 12 de junio de 1943, en la que se lee: “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ‘Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete’” (copia de la correspondencia mecanografiada la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p. 56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.
Las redistribuciones de ingresos operadas desde los aparatos estatales necesariamente van a contramano de las asignaciones realizadas por los consumidores según sean sus prioridades y requerimientos. La manía del igualitarismo, es decir, la guillotina horizontal, se traduce en una pésima utilización de los siempre escasos recursos, lo cual indefectiblemente empobrece. El estatismo termina por favorecer a pseudoempresarios que se alían con el poder político para usufructuar de privilegios que permiten explotar miserablemente a sus semejantes.
Es de interés destacar que el caso del menemato en el contexto de reiteradas apologías a la tiranía rosista resultó en incrementos del gasto público, el déficit y la deuda en medio de gran corrupción, desde el sonado caso de los guardapolvos hasta el contrabando de armas y la explosión de Río Tercero, recurriendo a los fueros para evitar la cárcel. Ajeno a este clima, el ministro de Economía estableció la “convertibilidad” junto con otras medidas con intención meritoria, que por lo dicho explotaron junto a las deficiencias de traspasos de monopolios estatales a manos de monopolios privados, en cuya situación naturalmente los incentivos operan en una dirección más fuerte para expoliar a los congéneres.
Winston Churchill el jueves 6 de octubre de 1955 –cinco meses después de haber dejado su cargo como primer ministro– condensó ante la prensa internacional la política que aquí comentamos de la siguiente manera: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias”.
De más está decir que lo señalado no es para experonistas que se han percatado de su error, quienes son recibidos con los brazos abiertos por el espíritu liberal.
Por Alberto Benegas Lynch (h).
El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos Academias Nacionales.
PUBLICADO EN DIARIO LA NACIÓN.
27 DE MAYO DEL 2022.
https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-inaudito-bautismo-de-peronismo-republicano-nid27052022/
FOTO: WEB.
Nacido en Pergamino (provincia de Buenos Aires) el 4 de agosto de 1900 fue testigo de un siglo XX cambalache, problemático y febril.
Hijo de inmigrantes italianos su padre, Martín Illia (1861-1948), era oriundo de Samolaco, Val Chiavenna, provincia de Sondrio, Lombardía y su madre, Emma Francesconi, de Gratacasolo, provincia de Brescia, Lombardía, Italia.
En 1918 cursa estudios de medicina en la Universidad de Buenos Aires, y participa activamente de la famosa “Reforma Universitaria” de ese año. Se afilia a la Unión Cívica Radical.
Se recibe de médico en 1927. Como médico de los Ferrocarriles del Estado se radicó en la Ciudad de Cruz del Eje (provincia de Córdoba).
En 1963 asumió la presidencia de la Nación Argentina con una vasta experiencia política: fué senador provincial por el departamento de Cruz del Eje (1936-1940), vicegobernador de la provincia de Córdoba (1940-1943), diputado nacional (1948-1952) y gobernador electo de la provincia de Córdoba (1962).
En la gestión de Illia se destaca la resolución 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, instaba a los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas. Por primera vez en muchos años se redujo la deuda externa, de US$3390 a US$2650 millones.
Aumentó el PBI, bajó la desocupación, disminuyó la deuda externa. Se levantan algunas restricciones que pesaban sobre el Justicialismo, que estaba proscripto. Cinco días después de que Illia asumiera el gobierno, los simpatizantes del peronismo realizaron un acto conmemorativo por el 17 de octubre en Plaza Miserere. Pero se mantuvo la proscripción a Juan Domingo Perón exiliado en España. En 1964, impidió el ingreso a la Argentina del expresidente Perón solicitando a la dictadura militar brasileña que detuviera el avión en el que viajaba hacia Buenos Aires.
Durante la presidencia de Illia se establecede la Ley del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Se fomentó la industria nacional, se destinó el 23 % del presupuesto nacional a la educación, se sanciona la Ley de Medicamentos conocida como "Ley Oñativia".
En 1964, ante la dificultad para colocar en los mercados internacionales una cosecha excepcional de trigo, Illia decidió vender varios millones de toneladas a China Popular, aún gobernada por Mao Tse-tung. La Argentina se convertía en el primer país de occidente en comerciar con China. Sentido común en un mundo "divido en dos", en plena guerra fría.
Arturo Umberto Illia, fue un humilde y sencillo médico de Cruz del Eje que vivía en una casa donada por el gremio ferroviario al servía profesionalmente.
Durante el gobierno de Illia "la Sociedad Rural y la Unión Industrial se habían unido en una asociación anti estatal llamada ACIEL (Acción Coordinada de las Instituciones Empresarias Libres). Ambas atacaron persistentemente el déficit del Estado, la inclinación del gobierno por los controles de precios y de cambio" (Wikipedia).
Acosado por las fuerzas armadas, el sindicalismo vandorista y Diarios como El Mundo y Crónica que publicaban caricaturas en las que se veía a Illia representado como una tortuga. Mariano Grondona en Primera Plana, Bernardo Neustadt en la Revista Todo y Mariano Montemayor hicieron campaña de prensa en contra de la gestión de Arturo Illia.
"El general Julio Rodolfo Alsogaray, el brigadier Rodolfo Pío Otero —jefe de la Casa Militar de la Casa Rosada—, el coronel Luis Perlinger y un grupo de oficiales se presentaron en el despacho presidencial para solicitarle que se retire de la Casa de Gobierno, asegurándole en todo momento su integridad física. Este se negó rotundamente y luego de una fuerte discusión les manifestó: «El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo», provocando que los militares abandonasen el despacho. Ante la fuerte negativa los efectivos policiales ingresaron con pistolas lanzagases, mientras que las tropas rodearon por completo la Casa Rosada. Perlinger volvió a solicitar al presidente que se retirase, asegurándole que en caso contrario «no podría garantizar la seguridad de las personas que lo acompañaban». Finalmente, Illia optó por abandonar el lugar.
Rodeado por sus colaboradores bajó por la escalera hasta la planta baja, cruzó por la entrada y se dirigió a la calle, pudo llegar a la puerta de salida de la Casa de Gobierno rodeado por un montón de gente que seguía gritando… Le ofrecieron un coche de la presidencia, pero lo rechazó. En eso vió que se acercaba entre la gente el que había sido su ministro de Educación, Alconada Aramburú, y le decía que vaya con él. Lo siguió y se metieron en el coche de él. Adentro íban siete personas. Así llegamos hasta la casa de su hermano en la localidad bonaerense de Martínez.
Al día siguiente asumió el general Juan Carlos Onganía, autodenominando al golpe Revolución Argentina" (Wikipedia).
Illia fue derrocado en una fría mañana de invierno del 28 de junio de 1966.
“Cuando se derrocó a Illia asumió (Juan Carlos) Onganía, que no tenía idoneidad para el cargo. Como político no hubiera llegado a ser ni concejal suplente. Era un hombre muy limitado, pero representaba intereses poderosos. Tenía ambiciones imperiales y declaró que el gobierno, autodenominado pomposamente Revolución Argentina no tenía plazos sino objetivos. Era una dictadura para quedarse”, sostuvo el ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen. De lo publicado el 8 de junio de 2012 en el diario "Río Negro".
Cuando lo derrocaron en un golpe que tiene “olor a medicamentos” por “el generalito” Onganía tuvo que refugiarse en la casa de un hermano pues él estaba en la pobreza y no tenía ninguna propiedad.
Estando su esposa enferma, cuando era presidente, vendió su auto particular para hacer frente a los gastos; jamás utilizó un peso de los gastos reservados durante su presidencia 1963/1966. Rechazó la jubilación que le correspondía como expresidente y volvió a su pueblo para seguir dedicándose a la medicina.
En las redes sociales se publicó de autor desconocido una historia que pinta a Illia como era.
LA HUMILDAD DE UN GRANADERO.
Cierta vez, retirándose de la Casa de Gobierno, el Sr Presidente, el Dr. Arturo Illia, al pasar por el cordón de honor que le realizaban los Granaderos a Caballo, vio que uno de aquellos Conscriptos no tenía buen semblante. Ya próximo a subir al auto oficial, volvió sobre sus pasos, y se detuvo frente al Granadero que había visto. Su instinto de médico le indicaba que algo no andaba bien.
-¿Se siente bien Granadero?- le pregunto Illia.
-Si, si, Sr. Presidente... -contesto titubeante el soldado.
-Le ordeno que me diga la verdad. ¿Se siente bien?.
-La verdad que no, Sr. Presidente. Me siento descompuesto.
Inmediatamente Illia ordenó que fuera relevado de su puesto y lo mandó al dormitorio de tropa, no sin antes revisarlo y diagnosticar un ataque de hígado.
Durante varios días, siempre que sus obligaciones se lo permitieran, Illia se iba hasta el dormitorio de tropa para ver la evolución del Granadero a Caballo...
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Illia se había acondicionado una pequeña habitación cerca del despacho Presidencial. Apenas una cama y una mesita de luz. Solamente los fines de semana iba a Olivos, porque decía que era mucho gasto viajar todos los días desde la Residencia Presidencial hasta la Rosada.
Era muy frugal en lo que comía, y también muy estructurado. Casi siempre era un churrasco a la plancha, con ensalada o puré.
Cada noche, antes de ir a dormir a su pequeña habitación, recorría toda la Casa de Gobierno, apagando en persona todas las luces innecesarias, ya que decía que era una forma de ahorrar también el dinero del pueblo...
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El Dr. Illia sentía una predilección especial por los Granaderos a Caballo, ya que él mismo había sido uno de ellos, siendo Custodia y Escolta del Presidente Alvear.
El 28 de junio de 1966, Arturo Illia fue derrocado. Cuando abandonó la Rosada, declaró ante el Escribano Mayor de la Casa de Gobierno los siguientes bienes: su casa y su consultorio; tres trajes grises; un traje negro; dos sacos sport; tres camperas; cuatro pulloveres; ocho camisas de vestir; cuatro camisas de manga corta; diez pares de medias; tres pares de zapatos negros; un par de chinelas; un desavillé; una salida de baño; ocho juegos de ropa interior; diez corbatas; tres pijamas; un par de anteojos negros y un portafolio. No tenía auto: lo había tenido que vender.
Arturo Illia dejó un ejemplo de honradez, auteridad republicana, decencia, integridad, ética y valores morales. Un ejemplo que nos sirve de Ley.
Por Agustín Barletti (*)
A principios de los 80, siendo estudiante de Derecho, tuve la suerte de compartir varios encuentros con Arturo Illia, quien gobernara la Argentina entre 1963 y 1966. Se llevaron a cabo en el hotel Bristol de la Ciudad de Buenos Aires, donde Illia contaba con una habitación sin cargo. Eran siempre temprano, y luego de que el gran demócrata cumpliera con dos de sus ritos matutinos. Primero, le dedicaba varios minutos a bañar de crema a sus manos.
``La mano es lo único que tengo para ofrecerle a mi interlocutor, lo mínimo es que la encuentre tersa y suave'', me explicó una vez.
Luego se interiorizaba de las noticias de Argentina y el mundo leyendo el diario La Prensa. Lo hacía por su sólido contendido editorial e informativo, pero también como una suerte de reconocimiento y gratitud a un periódico que, por defender la libertad de expresión, había padecido más de un problema a lo largo de su historia.
Nacido en 1900 y testigo de un siglo, más de una vez me relató su presencia cerca del histórico edificio de La Prensa para seguir algún acontecimiento de trascendencia.
Con diez años, siendo estudiante del colegio salesiano Pío IX del barrio de Almagro, recordaba el temor que reinaba en la sociedad frente al paso del Cometa Halley que se produciría el 18 de mayo de 1910. Muchos creían que el fenómeno astronómico traería aparejado el fin de los tiempos. La ola de terror era planetaria, y provocó suicidios en cadena en distintos países.
``Desde el diario La Prensa habían avisado que a las doce de ese día harían sonar su sirena para que toda la población supiese que había llegado el momento de pronunciar las últimas plegarias. Gracias a Dios nada de eso sucedió, salvó el paso del cometa por el cielo porteño'', recordaba Illia.
El joven Arturo, ya estudiante de medicina, se acercaría nuevamente al edificio de La Prensa en 1923. La Avenida de Mayo presentaba ese 14 de septiembre un inusitado aspecto, un mar de gente esperaba noticias del gran combate. Para amenizar la espera, actuó un dúo campero de guitarra y voz, integrado por un tal Rodríguez, oficial del Ejército, y un joven de la provincia de Buenos Aires llamado Chavero, quien años más tarde entraría en la cultura popular con el nombre de Atahualpa Yupanqui. En el otro extremo del continente, unas 80.000 personas colmaban el Polo Grounds de Nueva York para ver la pelea del siglo entre el indestructible campeón de peso completo Jack Dempsey, y nuestro "Toro Salvaje de las Pampas", Luis Angel Firpo.
"La señal era clara. Se encendería la luz verde si ganaba Firpo, o la luz roja su perdía'', me contó el ex presidente.
En 1938, Arturo Illia hacía malabares con sesiones legislativas, pacientes y comités, para viajar cuantas veces pudiese a Buenos Aires para ver a su novia, Silvia Martorell, la que un año más tarde sería su esposa.
``Las visitas tenían lugar siempre en el sillón de novios del living, ante la inquisidora presencia de mi futuro suegro que ocultaba cabeza y agudizaba oído detrás del ejemplar del diario La Prensa que simulaba leer'', me confesó entre sonrisas el gran repúblico.
LIBERTAD DE PRENSA.
Arturo Illia fue respetuoso del periodismo y de la libertad de prensa. Siendo presidente no tuvo vocero ni secretario de Prensa. Esto fue así porque consideraba que era demagógico utilizar los fondos públicos para publicitar actos de gobierno.
El origen de esta intransigente postura puede encontrarse en el viaje que realizó a Europa entre agosto de 1933 y diciembre de 1934, donde tuvo la oportunidad de verse cara a cara con el fascismo.
Pasó dos días preso en un calabozo de Berlín por negarse a saludar a una patrulla de las SS. En una tribuna política estuvo a metros de Hitler y presenció los actos de Benito Mussolini.
``¿Sabés por qué una gran nación con una ancestral cultura como la alemana se desvió tanto en su manera de vivir? Fue por la propaganda y por el cerrojo a la prensa. Había que caminar por las calles de Berlín para comprobar que no se podía publicar un diario que no fuese partidario del gobierno, ni era posible opinar nada en su contra. Vi un pueblo con temor, sometido y enfermo por carencia de democracia y libertad'', me reseñó Arturo Illia.
Su viaje prosiguió por los países nórdicos donde palpó de cerca sus monumentales democracias, y luego por Londres y París.
Por simple comparación entonces, abrazó la libertad y la democracia como estilo de vida.
GUARISMOS POSITIVOS.
De esa misma libertad, se colgaron quienes impulsaron la campaña de prensa tendiente a desprestigiar a un gobierno que mostró positivos guarismos que no se volverían a repetir en el futuro.
El aumento del PBI fue del 10,3% en 1964, del 9,1% en 1965, y del 4,7% en los primeros seis meses de 1966. La industria creció 18,9% en 1964 y 13,8% en 1965; el sector agropecuario lo hizo al 7% y al 5,9%.
Casi sin inflación, bajó el gasto público y el déficit del presupuesto se redujo de $4.054,1 millones en 1963, a $2.778,9 millones en 1965.
La partida destinada a educación alcanzó el 24% del presupuesto nacional, la más alta de la historia, y un Plan Nacional de Alfabetización benefició a 350 mil alumnos de 18 a 85 años.
Durante su gobierno se sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil. En 1965, la tasa de desempleo fue del 4,4% y la participación del sector asalariado en el PBI pasó del 36% en 1963, al 41% a junio de 1966.
Illia obtendría el mayor triunfo diplomático en la causa Malvinas. La resolución 2065, aprobada el 16 de diciembre de 1965 por el 87% de los países miembros de la ONU, instaba a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas. Por tal motivo, en enero de 1966 el secretario de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Michael Stewart, viajó a Buenos Aires e inició las primeras conversaciones con la diplomacia argentina.
VISION DE ESTADISTA.
Su visión de estadista se expuso en 1964, cuando se convirtió en el primer presidente del mundo occidental en comercializar con una China Popular, gobernada por Mao Tse Tung que ni siquiera estaba reconocida por la ONU. Le vendió varias toneladas de trigo contra el pago en libras esterlinas al contado, a través del Banco de Londres en Hong Kong que actuó como agente financiero chino. Recién seis años más tarde, en 1970, el presidente norteamericano Richard Nixon viajaba a China con similar propósito.
Arturo Illia concretó la exportación sin moverse de la Casa de Gobierno. No hubo grandilocuentes comitivas ni misiones comerciales. Para ello contó con la ayuda de Josué de Castro, fundador del Instituto de Nutrición de la Universidad del Brasil, y elegido en 1952 presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Además, el directivo brasileño actuó como asesor de la Reforma Agraria de Mao y había vivido varios años en China.
También se adelantó al proceso de integración regional durante el encuentro con su par chileno Eduardo Frei, el 28 de octubre de 1965. Le propuso y avanzaron juntos en la creación de una Confederación Argentino Chilena con sede en la ciudad de Córdoba.
Cuesta entender cómo con estos resultados pudo recibir el mote de "tortuga". Claro que más tarde la zoología política nos mostraría que también existían los cangrejos, que ni siquiera van para adelante.
$240 MILLONES EN EFECTIVO.
A quienes fueron a derrocarlo les dijo que no representaban a las Fuerzas Armadas, y que como salteadores nocturnos llegaban de noche a la Casa Rosada para robarle los sueños a los argentinos. También les aseguró que sus hijos se avergonzarían de lo que estaban haciendo. Años más tarde, la mayoría de los que participaron en el golpe expresaron públicamente su arrepentimiento.
Al día siguiente de su destitución, los asaltantes del poder encontraron $240 millones en efectivo en la caja fuerte del despacho presidencial. Era la totalidad de los fondos reservados que Arturo Illia pudo haber usado sin rendir cuenta a nadie. El coronel Horacio Ballester, a cargo del operativo, solo atinó a decir: "Para qué lo habremos sacado a este tipo".
(*) Autor de la novela histórica "Salteadores Nocturnos" sobre la vida de Arturo Illia.
PUBLICADO EN DIARIO "LA PRENSA", 31/10/2021.
https://www.laprensa.com.ar/508417-Illia-La-Prensa-y-su-apego-a-la-libertad.note.aspx